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Historia 68493 — capítulo 1
Pobre muchacha
Hermione permanecía sentada, quieta, dentro del baño de su trabajo. Lloraba sin cesar, con un gran puño de papel sanitario entre sus manos. Mirando el tejado y sin mucho más que hacer; que compadecerse a sí misma de su suerte. En aquel momento, seguro, todos estaban riéndose de ella. Mientras estaba dentro, todo parecía gris y sin gracia.
Odiaba su vida. Odiaba tener que lidiar con ellos. Con lo que acababan de hacer en su contra. Ellos no eran sus amigos. Ellos solo querían utilizarla. Como aquel chico que le había confesado el amor que sentía por ella. Pero solo había sido eso. Un engaño. Se había acostado con su compañera de trabajo. Solo buscaba darle celos.
— Secretarias. ¿Desde cuándo creen que pueden dar propuestas? ¿Quién se cree ella que es?
Salió del baño, aún bajo las miradas de aquellos empresarios que seguían observándola con sonrisas bajas. Tomó su bolso y sus carpetas con lo que esperaba, pudiera ayudar en algo. Se detuvo junto al ascensor, tratando de no llorar más. Consciente de que su maquillaje negro ya era historia y su máscara facial, también era parte de esa historia.
Solo quería ayudar y su jefa la había tratado tan mal...
Que no quería regresar.
Al regresar a casa, no dejó de llorar en su auto. Mientras se bajaba, su amiga había recibido un mensaje urgente. Un mensaje de que necesitaba su ayuda. Su amiga de cuarto, con quien pagaba aquel apartamento, ya estaba afuera. Ante el frío. Esperándola.
Luego de verla, supuso que necesitaba un abrazo. Y eso le dio. Un grande y fuerte abrazo.
Un poco de té helado y galletas.
— ¿Tu jefa hizo eso? ¿Tomó tu proyecto, ese donde trabajaste por horas y simplemente lo arrojó a la basura? ¡Pero si solo querías ayudarla!
— Dijo que las secretarias no podíamos hacer esas sugerencias. Que nuestro trabajo solo era atender teléfonos y copiar fáxes...
Su compañera Ginny Weasley, se levantó del sofá y la miró con rabia. No podía estar hablando enserio. Hermione la miró con un rostro listo para echarse a llorar. Con una inspiración profunda, alzó la mirada al tejado, tratando de respirar sin ahogarse.
— No quiero volver a trabajar en ese lugar, pero es mi sueño. Ser diseñadora de modas y siento que en realidad, estoy aprendiendo. ¿Qué haré ahora?
— Yo creo que tengo la solución a tu problema.
Y fue por esa razón, que Hermione estaba parada allí. Ese día en particular. Faltaba a su trabajo, pero estaba segura de que a su jefe no le importaba. De que a una mujer como ella, no le importaba. Seguro solo estaba riéndose de ella y de lo que había ocurrido en su trabajo.
— Entonces...viene por una cita con el psiquiatra, Ronald Weasley. ¿Cuáles son sus problemas?
— Sí. Hice una reservación desde hace cuatro semanas. Como es tan conocido. Creo que podrá ayudarme.
La oficinista asintió y tomó nota, mientras Hermione le explicaba sus "complejos". Lo recortó y se lo hizo pasar a otro asistente. Hermione jamás había visto, consultorio más elegante que ese. Suspiró, impaciente. Nerviosa.
¿Y si no calificaba y nadie podía ayudarle?
— El doctor la atenderá en este mismo instante.
Hermione asintió y se sentó en la sala de espera. Mientras meditaba, se preguntaba cómo era ese famoso doctor. No había visto ni una sola fotografía suya. Estando sentada allí, en una larga hilera de pequeños sofás, unidos entre sí, la oficinista le indicó que podía pasar. ¡Vaya que era puntual, aquel doctor!
Se levantó ligeramente encorbada y caminó hasta donde la mujer le indicaba. Luego de un largo pasillo y en una puerta blanca, que le dio la impresión de estar en un manicomio.
Al entrar, se dio cuenta del enorme espacio de oficina, que el doctor tenía allí. Un enorme sofá, donde ella supuso, tenía que recostarse. Alguien le daba la espalda y miraba un par de papeles. Parecía ser su historia.
— Adelante...¿usted es...? Hermione Granger.
— Hermione Jane Granger. Mi amiga me indicó, recomendó, que viniera hasta este lugar. Que me ayudaría y...
El doctor comenzó a darse la vuelta y ella lo miró, con una sonrisa suave. Nerviosa. Aquel hombre se detuvo y la observó con sorpresa.
Una hermosa mujer. Delgada, pálida. Parecía que sufría mucho. Aunque eso no le quitaba lo hermosa que era.
— Siéntese. Hablaremos de ello. ¿Ya le ha cobrado, mi asistente?
— No.
Ronald Weasley sonrió suavemente.
— Como es su primera cita, creo que le haré una rebaja.
— ¿Una rebaja, señor? Pero... bueno, sé que es costoso...traje todo mi dinero, por si necesitaba más y...
— Estoy seguro— dijo, estirando una mano hacia ella, para que se calmara. Hermione asintió y sonrió sin decir nada. Inspirando, se acomodó en el largo sofá y comenzó su historia. La historia de su desinteresada ayuda a la compañía y cómo la habían tratado.
— Dicen que me visto horrible. Que soy una buena para nada y gorda, mujer.
Ron negó con la cabeza.
— Repita conmigo. "No hay nada malo en mí. Estoy perfectamente bien".
Trataba de hacerlo. Sin duda trataba.