Tituladas 17.1% · 34,180 de 199,415 descubiertas
Rescatado 93.1% · 89,008 de 95,612 páginas identificadas · 88,408/88,774 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 68493 · de

Historia 68493 — capítulo 2

La sesión

Ron pasó la mitad del tiempo, oyéndola hablar de su vida. Pues sí. Su vida había sido una tortura desde mucho antes. Con padres que no la comprendían y con un par de enfermedades. Su madre podría tener alzheimer y su padre tenía problemas de tensión. Era delgada, pero constantemente creía que estaba gorda. En su trabajo nadie la apreciaba y creía que era toda una inútil. Solo porque era una secretaria. Había ascendido a secretaria de presidencia, usando sus uñas y dientes. Haciendo cosas de las que no se sentía orgullosa.

Pero eso no acababa allí. Tenía un terrible problema para encontrar una pareja. Era una joven "bi". O eso creía. Ron copiaba sus conclusiones y Hermione, trataba de no pensar en lo que estaba escribiendo. Además, trataba de no llorar mientras hablaba. Pero su voz siempre se ahogaba entre sus pensamientos y Ronald, terminaba pasándole pañuelos.

— Mamá nunca entendió mis problemas. Pero papá era muy controlador. Estudié química porque quiso. Ahora estudio diseño de modas. A ellos no les parece, pero yo soy feliz así. Mudarme fue toda una tortura. No aprendí a vivir sin ellos.

— Independencia. Siempre ocurre que nos cuesta. A unos mucho más que otros. ¿Tu padre te golpeaba?

— De vez en cuando. Si contestaba mal. Si me portaba mal. Pero bueno. Creo que solo cuando tuve novio, fue la vez que más se enfadó. O cuando le pedí que no me comparara con mis hermanos mayores. Ni loca le diría que soy bi.

Ron asintió, acomodándose en la silla y mirándola con una sonrisa. Hermione lomiró con curiosidad, pero él movió sus manos para que se calmara. 

— Solo tomo mis notas. Por lo que veo, necesitas más de una sesión. Hagamos un trato. No suelo hacer esto con todos mis pacientes, pero en dado caso que tú lo necesitas más, te daré esta cita gratis y además, toma.

Hermione miró el pequeño pedazo de papel. Tenía su teléfono. Además de algunas medicinas que debía conseguir.

— Te recetaré un sedante. Suave, comenzamos con una dósis pequeña. Además de un par de antidepresivos que espero, sean suaves con tu cuerpo. Si me necesitas, puedes enviarme mensajes de texto. Casi siempre estoy disponible. Si no es así, habla con la primera persona en la que confíes. ¿De acuerdo? Sobretodo...no huyas de las cosas o será peor enfrentarlas. Vence tus miedos y toma las medicinas cuando se te indique. Si ocurre algún tipo de adicción, entonces ven a verme.

Hermione asintió. Pero no podía irse sin pagar.

— Pero señor...no puedo dejar de pagarle. Por favor. Dígame cuál es el precio y yo le daré el dinero. Lo prometo.

— Está bien. Ya luego podrás pagarme. Además, con tantos pacientes que vienen con problemas mucho más pequeños y grandes, creo que puedo vivir. Tranquila. Descuida.

Se sentía especial. Aquella conversación había sido reveladora. Suspiró en asentimiento y caminó hacia la secretaria, junto a Ron. Era un hombre alto, apuesto. Su cabello rojizo, brillaba a la luz del sol que se colaba por un tragaluz. La secretaria comenzó a transcribir su historial y Hermione, miró atentamente.

Pero Ronald Weasley, no le colocaba nombres a sus problemas. Solo los describía.  Le tomó algunos minutos, ese trabajo. Se despidió de ella, con un gesto muy cordial. Su amiga tenía razón.

Era un excelente psiquiatra. Se sentía más relajada. Más fresca.

— Te dije que era un hombre espectacular. Me ayudó muchísimo cuando mi novio y yo nos separamos. Fue un proceso difícil. Teniendo relaciones, creyendo que podíamos formar una familia. A punto de casarnos.

Hermione asintió, sentándose en el sofá. Con una sonrisa. Había corrido a la tienda, por los medicamentos. No había dudado en comenzar el tratamiento.

— Estuvo muy bien. Y además; no me cobró nada. Creo que le agradé. Sí,claro.

— Pues comienza a creerlo. Casi nunca haría alguien, un gesto tan desinteresado, solo por hacerlo. Quizá le gustaste al doctorcito Ronald.

Claro. Como si eso fuera posible en una realidad creíble. O solo "realidad".

Mientras, Ron admiraba las historias que había estado trabajando. Una mujer con un pánico terrible por los insectos. Otra por los aviones.

Pero su mente estaba divagando.

— Doctor, lo veo mal. Lo veo muy involucrado en algo. ¿Qué le sucede? ¿Tiene problemas?

— Es solo que...no, ninguno. Pensaba.

— ¿Amores, doctor? Que yo sepa, aún no le conocemos una novia formal. ¿Alguna paciente?

Ron sonrió para sí y su secretaria lo miró con otra sonrisa. Lo conocía. Tantos años de trabajar con él.

— No es nada, Lavander.

— No puede mentirme, doctor. Está interesado en algo o alguien. Y creo que es en alguien. Y debe ser hermosa. Tener buenas piernas.

— Solo tiene una cara angelical. Pero sufre mucho.

La miró, cuando notó lo que había dicho. Negó con la cabeza, mientras su secretaría sonreía. Se levantó, siguiéndola por todo el lugar.

— No dije que estuviera enamorado. ¡No lo dije!

— Lo acaba de decir y ya no se puede retractar.

Hermione apretaba su almohada contra su pecho, mientras su compañera dormía plácidamente en otra cama.

Tenía una linda mirada. Eso sí.

Y un buen porte. Muy galán. Un hombre como ninguno. Llamaba la atención de solo mirarlo. Pero no.

Era su doctor. Nada más.

¿O más que eso? ¿Su amigo? Inspiró lentamente y recordó que al día siguiente, tenía que volver al trabajo.

¿Qué podía hacer? ¿Y si le escribía? No era ya muy de noche y seguramente, dormía.

O no. Tal vez no.

"Señor doctor. Estoy muy asustada. Mañana tengo que trabajar y no quisiera...usted entiende"

Miró su teléfono y se llamó la mujer más molesta del mundo. Suspiró pesadamente y se acomodó en la cama. Como una niña miedosa que no quería ir al dentista.

A los pocos minutos, recibió un mensaje de texto.

— No tienes nada que temer. Puedes llamarme Ronald o Ron. Si tienes mucho miedo, todo en tu cabeza se maximizará. Tienes que confiar en ti misma. Tienes que levantar la cabeza y creer en ti. No importa si te vieron llorar. En ti está la fuerza para demostrar quién eres. Si tú no te ayudas, ni yo ni tu amiga, ni nadie, podrá ayudarte. Tampoco las medicinas.

Sí. Él era el mejor doctor, que había visto jamás.