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Historia 68493 — capítulo 3

Tratar de enfrentar

Normalmente, ella desayunaría antes de irse al trabajo. Sin embargo ese día, su estómago había amanecido revuelto. No quería irse a trabajar, pero tenía que enfrentarlo. Su doctor tenía razón. Su amiga tenía razón. Debía enfrentarlo.

Inspirando, tomó su celular contra su pecho y entró en las enormes puertas de su empresa. Miró el ascensor que tardaba mucho en bajar hasta el recibidor y tuvo miedo de encontrarse con alguien que pudiera lastimarla verbalmente.

Se aferró una vez más a su teléfono; cuando escuchó que el ascensor se detenía en su piso y se oían risas dentro. Quizá se reían de su aparatoso momento, el día anterior.

Eran un par de mujeres y hombres. Se subió en silencio, tratando de no mirar a nadie. Marcó su piso correspondiente y esperó lo más paciente que pudo, mordiéndose el labio inferior. Sus manos sudaban y su teléfono resbalaba de una de ellas.

No podía controlar sus impulsos.

Al bajarse, escuchó murmullos tras ella.  Trataba de pensar que no estaban hablando de ella. Suspiró y se acercó a su cubículo. Se sentó de inmediato y trató de concentrarse en sus asignaciones. Mientras estaba sentada, una de las chicas, secretarias de departamentos de negocios, la miró desdeñosamente y sonrío con malicia.

— ¿Qué otra gran idea nos trae nuestra brillante diseñadora de modas?— le criticó y Hermione no respondió, tratando de encontrarse en un lugar feliz. De no pensar en las formas de salir corriendo. De huir de la situación.

— Déjame en paz, Silvia. Vete a tu puesto y trabaja.

Tragó con fuerza, mientras la mujer se levantaba de su escritorio, cuando se hubiera sentado allí para burlarse de ella y caminaba contoneando las caderas, de forma lasciva.  Hermione tomó una de sus carpetas para informes y se cubrió el rostro con ella.

Quería llorar. Quería renunciar. Sin embargo, dependía de ese trabajo.

Mientras archivaba documentación regular, su jefa pasaba por las oficinas, saludando e inspeccionando. A ella, la había ignorado por completo y le había gritado cuatro órdenes. Hermione había asentido cabizbaja y simplemente continuó dedicándose a sus oficios. ¿Por qué todo cambiaba de la noche a la mañana?

Solo quería ayudar.

Pero eso se alejó de su mente, en cuanto su teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de texto. Su amiga debía estar en clases, así que se preocupó. Quizá era una emergencia. Quizá se trataba de sus padres para quejarse. Casi nunca le escribían en horarios de oficina.

— Hola, Hermione. Soy yo, Ron. ¿Cómo va todo? ¿Has tenido algún problema que quieres conversar conmigo? Si tu trabajo te lo permite, claro.

Lo miró por unos minutos. ¿No tenía trabajo, que estaba hablando con ella? Tomó el teléfono y escribió rápidamente.

"No quiero molestarlo en su trabajo".

Dos minutos después, recibió una contesta.

"Estoy en mi receso y no me incomoda, hablar contigo. Veamos. ¿Todo ha marchado como lo platicamos anoche?"

"Bueno, hasta ahora todo ha marchado "bien". Aunque no he podido desayunar. ¡Tengo náuseas terribles!"

"Tienes que alimentarte bien. Además debes consumir medicinas con tu desayuno".

Asintió, diciéndose que tenía que comprar algo para el desayuno. Había bajado las escaleras para comprar un poco de café y un sándwich. Se dirigía al ascensor, mientras éste se detenía frente a ella, abriendo sus puertas. Un par de compañeros de trabajo, salían a su receso y la observaron. Mientras ella trataba de pasar, uno de ellos le había golpeado el hombro con fuerza. Eso hizo; que derramara su café sobre su ropa.

Su café caliente.

— ¡Me quema!— chilló, pero muy pocas personas se acercaron a ayudarle. Solamente, los clientes. Gente no asociada a la empresa donde trabajaba.

¿Por qué? Quería salir corriendo, gritando. Había marcado el número del doctor y había gritado cuatro cosas distintas, que Ron no pudo entender. Parecía desesperada. Estaba en su receso y podía escucharla.

Podía atenderla.

— Espera, espera...iré...voy a ayudarte.

Pero ella no escuchaba. Todo parecía haber terminado mal. Pedirle la dirección no iba a ser necesario. Ella había llenado los formularios y hurgando su historial rápidamente; pudo hacerse con la información necesaria.

Muy pronto estuvo en su auto y esperaba no llegar tarde. Esperaba estar allí para ayudarle.

Hermione sonaba desesperada.

Y no tardó en hallarla. Sentada en la recepción, bañada en café y con la piel roja. Lloraba, con su rostro entre sus manos. Se detuvo frente a ella y la observó, colocó una mano sobre su hombro. Al verlo, ella se levantó. Ron sabía qué hacer en esos casos.

La abrazó en silencio.

— Tranquila, todo ya pasó. Shh...no estás sola. Recuérdalo.

Era el mejor doctor que jamás había conocido. Y sus "amigas" de oficina, no daban crédito a lo que acababa de detenerse junto a esa simplona de Granger y a abrazarla como si fuese lo más importante en el mundo. La única mujer.

Mejor ellas.

— Ven conmigo. Te llevaré a casa y en el camino, podrás explicarme lo que ha sucedido.

No comprendía por qué le tenían tanto odio. Se había quemado con el café y él, la había llevado hasta un ambulatorio de la ciudad. E incluso; se había ofrecido para pagar las cuentas de lo que ella necesitara para mejorarse.

Entendía que su problema no radicaba solamente en su poca confianza, sino en su ambiente natural. Iba a necesitar una entrevista con su jefa.

— ¡Oh no! No quiero causarle problemas— le dijo, mientras Ron estaba decidido a tomar cartas en el asunto. Algo lo motivaba. Algo le causaba necesidad de ayudarla. Impresión a primera vista. No podía llamarlo amor.

¿O sí? No. No tan deprisa.

— Yo voy a ayudarte.