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Historia 68493 — capítulo 4

Una conversación

Hermione permaneció sentada en el salón de su casa, mientras Ron le comentaba a su compañera de cuarto, lo que había sucedido. Ella estaba indignada, enfurecida. Gritaba que tendría una conversación con aquellas detestables personas. Aunque Ron solo le pedía que se calmara, que así no conseguiría nada en particular, más que un par de problemas extras. Sin embargo, su amiga Ginny, miraba las marcas de quemaduras en sus brazos y piernas. No era justo que su mejor amiga tuviera que sufrir por querer ayudar. No iba a robarle el puesto a nadie.

Solo quería ayudar a mejorar la empresa. Negó con la cabeza, mientras Ron le brindaba a Hermione un poco de agua y con una sonrisa ligera, se sentaba a su lado, apretando sus hombros en señal de apoyo.

Hermione dejó de sollozar y simplemente cerró sus ojos suavemente. La quemazón cedía en su piel, pero no dentro de su corazón. Nada mitigaba el dolor del rechazo.

No era la primera vez y quizá no sería la última.

— Hermione, no tienes nada que temer. No estás sola en todo este asunto. Iré contigo, hablaré con tu jefa. Le haré entrar en razón. Tu ambiente laboral, no es sano.

A todas esas, Ginny se preguntaba por qué el doctor la había traído a casa. ¿No estaba muy ocupado en su consultorio?

— Tuve que hacerlo, se oía muy perturbada. Creía que terminaría como  muchos de mis pacientes. En un suicidio. No podía permitirlo, que contribuyera con esa causa tan deprimente. La vida vale mucho.

¿Cuál?

— Necesitas descansar, dormir un poco. Mañana por la mañana, hablaremos con tu jefa y...

— Pero...¡eso solo significará problemas! Eso significará que me harán la vida imposible y entonces, no podré trabajar, seguir trabajando allí. No quisiera que...

Eso tenía sentido. Algo entonces tendría que hacer. Algo extra. Quizá enviar a un evaluador de recursos humanos, demandar a la compañía.

Por supuesto. Si ella ganara la demanda por ataque físico y psicológico, con su actitudes para diseñar. Para dirigir.

Él se encargaría de ello, sin duda alguna.

— Descansa, nos veremos en nuestra cita. Muy pronto.

Hermione no contestó y soltando el vaso con agua en la mesa, caminó hasta las escaleras que conducían a su habitación y a la de su compañera de cuarto. En realidad; no tenía nada que decir que ya no estuviese dicho.

Antes de subir, se había dado la vuelta y suspirando, trató de sonreír.

— Muchas gracias, señor doctor.

— Creo que a estas alturas, podrías llamarme Ronald. No hace mucha diferencia. Además, ya que tenemos un nivel de comunicación superior al usual que comparto con mis pacientes, no veo problemas con ello.

Asintió y subió las escaleras, presa del dolor del cuerpo y alma. Ginny negaba con la cabeza, al verla sufrir de esa forma.

Ella no le había hecho mal a nadie.

— La ayudaré. Y tengo la solución a su problema.— dijo Ron y Ginny se dio la vuelta para mirarlo con sorpresa.

¿Por qué tan interesado?

— Señor doctor, usted y yo nos conocimos el verano pasado y sé como trata a las personas, a sus pacientes. Sin embargo, noto mayor interés en mi amiga Hermione, que en el resto de sus pacientes "enfermos", si quiere llamarlo así. ¿Por qué tan interesado en mi amiga?

Eso no lo podía explicar. Y sin embargo, verla sufrir de esa forma ya le daba suficiente razón como para intervenir. Tenía que ayudar, si tenía los medios y las condiciones para servirle en algo. ¿Por qué dejarla morirse sola entre sus propias lágrimas?

Además de eso, una fuerza que no se explicaba de dónde había salido, le decía que tenía que estar allí. Que aquella ayuda era valiosa.

Que cambiaría su vida. La de ambos.

— Simplemente creo que tengo estima y no me parece adecuado, con todo lo que escuché. Con todos sus problemas. Que sufra de una forma como esa. Negligencia laboral ¿sabe cuántas veces veo eso en todas partes? ¿Por qué contribuir al sistema, entonces?

Tenía un buen punto. Ginny asintió y abrió la puerta para que el doctor saliera. Con una sonrisa y agradecimientos que no podría pagar, lo miró abordar su auto e irse al perderse por una larga calle al final de aquella fila de apartamentos, en la zona menos privilegiada de Londres.

— Necesito que hagas una llamada al sindicato de trabajadores, Pansy.

— Sí, señor doctor.

Bueno; andaba lo que se dice en un hoyo negro. Muy muy ocupada y sigo cansadísima. Casi no tengo deseos ni tiempo para escribir. Y sin embargo, aquí estoy. Para los que no saben, ser "bi" es que te gusten ambos sexos.  En fin, se les quiere muchísimo. Se cuidan y les mando millones de besos. Mucha suerte.