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El que haga reír a Snape, gana — capítulo 4
Hermione estaba sentada en las gradas, lista para entrar en acción. En cuanto puso un pie fuera de ellas, de hecho, Todos los presentes habían soltado un gemido de exclamación y la miraban nerviosos. Ella sostenía su escoba con fuerza. Había aprendido a volar. No era un as como Harry, pero al menos había volado en un hipogrifo. Eso tenía que servir. Bueno. Tenía que hacer de tonta, para que Snape se riera. No resultaba agradable, ya que se imaginaba que el resto del mundo se reiría y sin embargo, Snape se quedaría allí, tranquilo. Como si nada hubiera pasado. Con una inspiración profunda, golpeó dos veces el suelo con sus piernas y se elevó por los aires. Harry parecía no entender el gesto de Ginny de que continuara con el juego e ignorara que ella estuviera allí. Nadie podía ignorarlo. Ni siquiera Ron, que parecía más torpe de lo usual, al ver a Hermione en el juego. Ella trataba de esquivar las bludgers y gemía de miedo, cuando las pesadas pelotas la seguían por todas partes. Parecían empeñados en derribarla. Y por sobretodo, mirar el suelo no era nada alentador. Se sintió mareada de solo hacerlo. Respiró y se dio cuenta al alzar la cabeza, que se iba a estrellar contra el palco de narradores. — Que alguien saque a Granger o va a terminar rompiéndose algo o rompiendo algo, lo primero que suceda— exclamó Snape junto a Minerva y la mujer pensaba igual que él. Por qué estaba dentro del partido. No debía estar allí. Su lugar era en un salón de clases, leyendo libros. Charlando con sus amigas. ¿Y ese repentino deseo de jugar al Quiddicth? ¿Era alguna especie de castigo o broma? Hermione suspiraba, luego de que los ataques habían cesado e iban tras Ginny. Con una sonrisa suave, se dio cuenta de que había permanecido en el aire, más tiempo del que esperaba poder hacerlo. Con una respiración profunda, una vez más, se dispuso a su objetivo. Competir para que Snape se riera. Qué idea tan tonta. — ¡Y entonces! Oh no, la jugadora Granger ha caído. Una bludger la ha golpeado directo en el brazo y está cayendo. Ron había sido el primero en dirigir su vuelo hacia ella, no podía alcanzarla. Estaba muy muy alto y no podría atraparla. Hermione caía como una bala, en dirección al suelo. No parecía reaccionar. La bludger le había golpeado la cabeza y sangraba por un costado de ella. Con una sonrisa suave, Draco negaba con la cabeza. El público gritaba asustado, pero había una mota negra que corría hasta las gradas. Se detuvo y su capa ondeó en la fría brisa y parecía ubicarse en posición de atraparla. Y eso había hecho. Todos habían escuchado cómo había caído en sus manos y de hecho, cómo él había caído en el suelo, en la tierra húmeda, a causa del impacto. De rodillas. Hermione estaba a salvo. Y solo él había corrido al estadium. El resto estaba muy pasmado como para reaccionar ante lo ocurrido. Hermione estaba bajo los brazos de Severus Snape, que admiraba su herida en su cabeza y parecía buscar alguna señal de pulso o de estar viva. Lo mismo. Minerva fue la segunda en bajar y admiró a Snape, mientras él apartaba los cabellos de la chica y admirar sus dedos manchados de sangre. Parecía fea la herida que tenía allí. — ¡Oh, pobre Hermione! — Nadie le dijo que metiera sus narices o su "cerebro", donde no le conviniese. Ahora está inconsciente y seguramente estará así un buen rato o un par de días. ¿Par de días? Eso no podía ser. ¡Perdería la apuesta de forma horrorosa! Y por supuesto, tendría que ceder ante la presión de los gemelos. Estaba acabada. ¿Y es que Snape no se reía con nada, Merlín santísimo?