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La Tercera Generacion de Hogwarts II — capítulo 30

La persiana estaba abierta; la luz de una mañana soleada llegaba a sus parpados; su nariz al oler un aroma a café recién hecho; se abrió con curiosidad. Ante sus ojos se encontraba una bandeja reposada al otro lado de la gran cama. Al girarse para contemplarla mejor, tuvo que tener cuidado con su predominante barriga. La bandeja de madera; sostenía un cappuccino en una taza blanca; y una rosa recién cortada.

-Buenos días, Vic.- la despertó del todo un joven que observaba por la ventana como el Sol de principios de Mayo, se imponía en el Londres Mágico. - Un bonito día, ¿no?

El pelo del joven, del azul turquesa que Victorie se había enamorado; estaba bien peinado; lo que significaba que Ted había decidido cuidarse por fin.

-Ted...- suspiro quitándose las sabanas que la cubrían. Hizo ademan de levantarse; pero no podía, ya que su barriga y su delgado cuerpo no se lo permitían.

Ted se dio cuenta por lo que la ayudo:

-¿Dónde vas?- le pregunto mirándola. Su cabello estaba sucio, y recogido en una simple cola de caballo; sus mejillas enrojecidas; y sus ojos brillaban a compas con los de Ted.

-Quédate aquí, Ted…- le pidió mientras huía al cuarto de baño.

El joven no le hizo caso; y le siguió cuando Victorie abrió la taza del váter, y comenzó a expulsar la cena de aquella noche. Unas manos recogieron los mechones de pelo que caían; y acariciaron su espalda con delicadeza:

-Los dos juntos, Victorie.- le susurro en forma de una promesa que ambos habían hecho hacia mucho tiempo.

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El cuadro mostraba a un hombre algo envejecido; con una larga barba blanca; y unos ojos azules, que entre otras cosas, observaban a su alrededor a través del marco que lo aprisionaba. Limpiar su marco era parte del castigo de McGonagall; ese cuadro, y todos los del castillo.

Muchos retratos se quejaban, otros le insultaban;  algunos se sentían avergonzados del polvo acumulado; pero los que mas le gustaban a James y a Fred eran los que no decían ni una palabra.

En el despacho de Minerva, los cuadros eran silenciosos; lo que permitía mantener una conversación con Fred. Una  charla que llevaba planteándose desde hacia un tiempo.

-Fred…- le llamo mientras se dirigía a un cuadro con un hombre de una nariz enorme. - ¿Por qué te peleaste conmigo, en realidad?

El joven pelirrojo suspiro. Preparándose la mejor respuesta; o quizás; la respuesta que James quería oír.

-Quita tus sucias manos de mi marco, Potter.- le obligo el cuadro de Severus Snape. Las historias de su padre lo convertían en el hombre mas valiente que había conocido; pero en más de una ocasión; los  gustos  de padre e hijo, eran diferentes.

-Tengo que fregarte y no puedes hacer nada para evitarlo.- le recordó desviando la mirada a Fred; que limpiaba el cuadro de Albus Dumbledure.

El cuadro seguía quejándose; pero a James ya no le importaba. Necesitaba oír lo que Fred le iba a responder.

-Estaba equivocado…Y me arrepiento de haberlo estado.- confeso Fred.

James dejo el paño en la cuba de agua sucia y se acerco a Fred. Sabía que esa no era la verdadera razón.

-¿Por qué?- quiso saber, mientras le obligaba a dejar de limpiar el marco de Dumbledure.

-Por Susan…- solto resignado Fred, como algo que se había guardado desde hacía mucho tiempo.- Estoy enamorado de Susan Jordan desde la primera vez que la vi.- confeso a su mejor amigo. James abrió los ojos con sorpresa; no le extrañaba, era como un puzzle mental que tenia.

El joven castaño sonrió para sus adentros:

-Lo se; bueno lo intuía.- le explico James, mientras sonreía.

-Arrogancia Potter, sin ánimo de sensibilidad.- solto el cuadro de Severus Snape; después de ser asesinado por la mirada de los dos amigos.

Para Fred esa confesión era muy importante; era algo que siempre se había guardado. Esconder sus mejillas sonrojadas cuando Susan sonreía; guardarse para si mismo abrazarla; o simplemente observar como era ella.

-Pero pensé que a Susan le gustabas tú.- razono, mientras le miraba con disculpa.- Y no es así.- añadió; algo triste.

El joven abrazo a su amigo; estaba orgulloso de el; y no sabia exactamente porque. Despeino el cabello rojizo de Fred y le brindo una sonrisa:

-Estoy seguro de que Susan te quiere…Solo que quiere parecer más madura que nosotros.- le explico mientras sonreía.

Pero su amigo, se sentó en el suelo. No sonreía; estaba algo desilusionado; y con sus ojos  marrones observo al suelo.

-Lo dudo, James…- titubeo.

-Lo próximo que hare será que Susan y tu seriáis mas que amigos.- le prometió James. Mientras le rodeaba el cuello con su brazo; y le despeinaba de nuevo el cabello.

-Te voy a partir la cara, Potter.- le amenazo con ironía, imitando a Snape. Después se desato del nudo de brazos de James; y le miro algo preocupado- ¿Por qué quieres ayudarme? Después de lo que te he hecho…

James se sentó a su lado mirándole, mientras le decía seriamente:

-Primero; te mereces a Susan Jordan mas que cualquier estúpido McGregor.- le aseguro guiñándole el ojo.- Y segundo y mas importante…Eres mi mejor amigo.- le confeso mientras se mordía el labio inferior.

Fred se lanzo a sus brazos, agradecido de volver a tener a James. Dando gracias a Merlín por tenerlo como mejor amigo.

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Las nubes rasgaban el cielo como heridas blancas. Y surcándolo como estelas, el equipo Slytherin entrenaba. Christopher Nott, el capitán; se enfadaba porque nadie había conseguido colarle una bludger. Los golpeadores entrenaban pasándose el quaffle; y Albus buscaba la snitch por todo el campo.

-¡Parad todos¡- advirtió Christopher; mientras todos se reunían en el césped. El joven capitán les ordeno que hiciesen un circulo alrededor de el- Si este año queremos ganar la Copa; tenemos que estar concentrados. Héctor Brown- se dirigió al esbelto muchacho de ojos negros.- quiero que todos los días lances un quaffle a los banderines de Slytherin y los hagas caer a todos desde una distancia considerable; tu puntería falla. Renata Driggs- se dirigió a la mejor amiga de Zoe Badmood.- haz el favor de no caerte de la escoba. Binns, -llamo al rechoncho compañero de cuarto de Albus.- no quiero que lances ninguna bludger al aro; perderíamos oportunidades magnificas, gracias a tu pésima puntería; tu solo encárgate de recuperar la bludger, estoy seguro de que Patrick Bennet no dejara que lo hagas, así que ponte a entrenar, ya. Amelie McMillan; deja de mirarte en cualquier reflejo; el aspecto no cambia por mirarte muchas veces. Tim Parkinson, eres el mejor cazador de Hogwarts junto con Malfoy. - después se dirigió a Albus.- Quiero que encuentres ahora mismo la snitch; y si no lo haces, Frank Badmood lo hará por ti; y créeme que no es algo que desee.

Albus asintió con la cabeza; se elevo por encima de sus cabezas e intento divisar la snitch. Su truco era pensar en algo agradable; así la snitch aparecería de la nada; por que siempre la tenia delante; y nunca la veía. Ese algo agradable era verse con la copa en las manos. Y eso siempre funcionaba; pero siempre no incluía ese día. Así que cuando vio a su hermano James en las gradas; junto con Fred riendo entre ellos; supuso que eso le alegraba…Porque la snitch estaba a cinco metros de el.

Christopher Nott se exaspero; y Renata Driggs comento:

-¡Frank es una buena elección¡- declaro.

-¡La tengo, Nott¡- aclamo Albus, triunfante.

Dado por sentado que también cogería la snitch en el partido. Christopher Nott asintió triunfante; todo el equipo estaba contra el y Albus. Y odiaban que el rubio fuese el capitán.

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El crepúsculo comenzaba; y todas las estrellas se alzaban en el cielo. La oscuridad reinaba en el Bosque; a los alrededores del castillo; pero dentro de el; la alejaban enciendo las lámparas; las antorchas… Los pasillos estaban casi vacios; todo el mundo iba a las duchas, a la cena; y los más pequeños a la cama. Pero algunos aprovechaban esos momentos para una conversación que necesitaban, para aclarar cosas, apuntes, tarea; o simplemente que estaban preocupados por sus amigos.

Dejo que una bocanada de aire saliese de su boca.

-Nada, no me pasa nada.- confeso, una joven delgada de pelo negro tez pálida y ojos de color oliva.

-Y es por eso por lo que no te creo…- explico el rubio con el ceño fruncido.-Me preocupo por ti, Alice.- le recordó Scorpius.- Solo quiero saber porque parece que te has olvidado de nosotros…Nunca pensé que tu Sala Común fuese mejor lugar que estar con nosotros.

La muchacha suspiro, en ese momento se sentía una niña perdida que no sabia que responder; no sabia si lo que hacia estaba bien; ni si quiera sabia que pintaba allí. Estaba cansada; y resignada. Algo decepcionado con ella misma. Y sobre todo, sentía como sus amigos la echaban de menos y ella no podía hacer nada.

-Eso no es cierto…¿Te acuerdas de la carta? De que me están amenazando, Scorpius…Pues ahora es más constante. - le dijo algo ruda.

Scorpius bajo la cabeza. Intuía desde hacia mucho tiempo, que Alice era una chica débil e insegura; pero muy difícil de hacerla cambiar de opinión, de manipularla; también había descubierto en ella a alguien que protegía sus secretos, sus miedos y lo que en ese momento le pasaba por la cabeza. Eso no hubiese sido ningún problema para Scorpius si no se hubiese enterado de que la estaban amenazando; el problema era que el joven sospechaba de quien se trataba; y haría todo lo que estuviese en su mano para impedirlo. Por otro lado, si Alice obedecía a las amenazas conseguirían lo que querían. Y no podía dejar que les hiciesen algo así a sus amigos.

Scorpius comprendió que era hora de hablar con Albus; y no precisamente de Alice; si no de lo que estaba pasando en el Colegio. De que el mismo podía ser su enemigo en ese momento.

-Alice, ten mucho cuidado…- le advirtió.- Y que sepas que puedes confiar en mi, se por lo que estas pasando. Y debes solucionarlo…¿Has probado a hablar con Rose?- le sugirió.

La joven tartamudeo, se giro y lo último que dijo fue:

-No puedo.

Scorpius rechazo mentalmente la carta de su padre; e hizo caso al consejo de su madre. El consejo que decía que los amigos están por encima de cualquier poder; porque el mayor poder es saber que alguien te respalda. Y en ese momento; se puso en la diana; junto con todos sus amigos; con los familiares y conocidos de estos. En la diana del Clan del Ojo.

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Los pasos resonaban en el pasillo que comunicaba al último despacho. Los empleados admiraban al hombre que se dirigía hacia allí. Era extravagante, con una larga capa azul llena de jirones de telas distintas; calzaba unas botas llenas de cordones y chapas de metal. Portaba un sombrero beige con un lazo del mismo tono; bajo el su pelo castaño le llegaba por debajo de las orejas; tenia los ojos pintados con la raya del ojo; unos profundos ojos marrones. Su sonrisa socarrona; se escondía entre un extraño bigote y una pequeña perilla.

Abrió la puerta de Harry Potter con un simple hechizo. El hombre entro con una elegancia un tanto afeminada.

-Buenos días y tardes, señor Potter.- le saludo ante la leve sorpresa de Harry.- Días en mi país y tardes en el suyo. - añadió como una simple aclaración.

Harry le señalo un mullido sillón; del que el hombre se apodero.

-Me alegra de que haya venido, Edward.- le agradeció Harry.

Edward Rolling; el mejor mago de los Estados Unidos; había sido llamado por el Ministro Ingles; pero este reunido, no había podido acudir.

-¿Así que me necesitáis, no?- reto con suficiencia. Harry bajo la cabeza.- De todas maneras…- explico mientras inspeccionaba con curiosidad un la taza de té que había en una mesita a su lado.- …En Washington estaba algo aburrido. Londres no esta tan mal…- miro a Harry con curiosidad; como un objeto más en la habitación.- ¿Qué ocurre por estas tierras?

Harry se sentó a su lado, y procuro mantener una expresión seria, y segura de si misma:

-Creemos que una amenaza viene del Norte; que alguien quiere hacer una Nueva Guerra; pero no sabemos porque.

Parecía como si Edward no escuchase lo que Harry decía:

-Corre el rumor en Massachusetts de que las Brujas de Salem han vuelto a la carga…Ya sabes; a sacrificar a Muggles.- se levanto, y Harry le imito.- No creo que sea una Nueva Guerra; si ha hecho levantar a las Brujas de Salem de su escondite.

-Pensé que hacia siglos que las habíais aprisionado.- intento recordar el ingles.

Edward solto una leve carcajada:

-Eso era lo que pretendían que pensaseis. Por favor, diez magos no podían con las tres mujercitas…Pero estamos hablando de Inglaterra.- adopto por primera vez una expresión seria.- Os ayudare a resolver porque quieren una guerra; luchare con vosotros; y…Me encantaría formar parte de…Tu grupo de magos.- añadió mientras se dirigía a la puerta.- Encantado de conocerle, señor Potter.- cerro la puerta con ímpetu.

Harry suspiro; había oído que Edward Rolling era un mago fiel, leal; con un gran poder; pero muy difícil de tratar.

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Las galletas parecían el aperitivo perfecto para un martes por la tarde. Esta vez, Lys podía estar orgullosa de no haberlas quemado, chamuscado o cambiarlas de su habitual color.  La pequeña se había decorado el pelo con dos coletas y puso las galletas en la alfombra celeste de su cuarto.

-Recién hechas, Lily.- le ofreció Lyslander mientras se acomodaba en el suelo.

La pequeña pelirroja observaba con diversión las fotos del álbum de Lyslander. Fotos de cuando era pequeña, de la primera vez que vio a Lily; fotos con Lorcan; con sus padres…

-Esta la guardaras con especial cariño, Lys.- le advirtió mientras se llevaba una galleta a la boca.

Le lanzo una foto en la que aparecía ella disfrazada de gnomo de jardín junto con Hugo también disfrazado, tendido en el césped; en busca de asustar a un gnomo de verdad.

Lys la observo con cariño:

-Esta la voy a poner en el cuadro de mi habitación de Hufflepuff.- dijo con voz soñadora.

La rubia la guardo en su bolsillo y miro a Lily con curiosidad:

-Vas a ir a Gryffindor, Lys.- le amenazo la pequeña.

Lys saco otra foto del álbum y se la enseño a Lily:

-Esta también la voy a poner.- le dijo; mientras Lily sonreía de oreja a oreja.

Se trataba de una foto en la que Lys y Lily; con poco mas de dos años; mordían a la vez una galleta enorme de chocolate. El pelo platino de Lys estaba recogido en dos trenzas, y sus ojos brillaban ante la galleta; se apreciaba un poco de chocolate en su vestido blanco. Lily, a la derecha de la foto; tenia el pelo liso suelto y reía con la galleta entre dientes; tenia las mejillas enrojecidas; y el vestido verde que llevaba se perdía entre las limitaciones de la foto.

Lily siguió viendo las fotos de Lys; sabía que su hobbies era hacer fotos; y coleccionar las de cuando era pequeño. Se sorprendió  con dos fotos que saco para verlas mejor.

La primera era una de Hugo en bañador tirándose en la piscina; los músculos tensos; su pelo castaño rojizo revuelto en el aire; y una sonrisa desternillante. Esa foto era del verano pasado; en la piscina de Hugo de Londres. El joven les había invitado, y Lily recordaba que Lys estaba siempre con la cámara.

La otra foto recogía a una joven de cabello rojizo, con algún que otro rizo; era una foto de perfil; el Sol estaba justo delante de ella; por lo que los ojos resplandecían con marrones, con reflejos verdes. Tenía una sonrisa distraída; que miraba hacia el horizonte; después giraba la cabeza y se sorprendía al encontrarse una cámara.  Era ella, era Lily. Y no recordaba en que momento se había hecho esa foto. Pero tenia que haber sido este año.

-Esta me la quiero quedar, Lys.- le pidió.- ¿Cuándo la hiciste?- quiso saber.

-Pensé que sabias que te la hizo Lorcan.- le respondía algo distraída.

-¿Lorcan? No lo sabía.

-Dice que en esa foto te salen unos ojos bonitos.- añadió.

-Pues me la quedo.- repitió mientras se la guardaba en el bolsillo y seguía buscando más fotos de Lys.

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Las notas de una música distante, brusca y la voz de una cantante con una potente voz; reinaban en el local de Copenhague. Los clientes se eclipsaban con los acordes; y los deslices que hacia su voz.

En el rincón más oscuro del local; parecía que una pareja hablaba seriamente. Pero en realidad se trataban de una especie de compañeros de trabajo. De compañeros de una sociedad.

-¿En serio crees que la piedra Filosofal le dirá a Loring lo que están buscando?- pregunto la muchacha; tomándose la afirmación de su amigo a broma. La joven poseía un cabello rubio platino escalonado en rizos alrededor del cuello; sus ojos azules celestes resplandecían en su delicado rostro y sus labios carmín se posaban en la copa que bebía con fluidez.

En frente de ella; el joven Octavio optaba una expresión seria; mientras que su rostro de facciones angulosas y rectas se tensaba:

-Gwendoline; lo digo en serio. ¿Para que quiere la piedra, si no?- le reto mientras la miraba a través de la botella de Whisky.

La joven siguió bebiendo:

-Para tener más poder, Onlamein. Siempre es bueno tener poder.- hipo y después rio.- Y Loring es un completo inepto como jefe; así que da igual para que lo quiera. Tristán McOrez lo aniquilara; y ocupara él el poder de Ministro Frances.- miro a Octavio con las mejillas encendidas.

Octavio le arrebato el vaso; y lo dejo apartado de ella.

-Ya has bebido sufriente, Cross.- le reprocho con seriedad; desapareciendo, sin que nadie se percatase.

De pronto Gwen se sintió aturdida, y sola.

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Queridísimos lectores;)

Siento mucho, muchísimo, demasiado, bastante…La Enorme Tardanza.

Espero haberlo recompensado, con este capitulo.

Con infinito cariño

Hanuky.