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La Tercera Generacion de Hogwarts II — capítulo 31
Antepenúltimo capítulo: "En lo más profundo del bosque."
Las ramas muertas crujían bajo sus zapatos mientras se adentraba más y más en el bosque. Sabía con certeza que ese impulso valiente no era propio de ella, y, que quizás se hubiese dejado llevar por la creencia de que la persona a la que perseguía era el fin a las amenazas escritas en papeles arrugados. Era el "basta" que ella necesitaba imponer.
Sus pies casi tropiezan cuando se dio cuenta de que había perdido el rastro. El corazón se le encogió. La oscuridad que le ofrecía el frondoso bosque le hizo sentirse observada, no veía los ojos que podían estar observándola. No se encontraba segura de plantarle cara al Slytherin que hace unos minutos era su presa.
-¡Alice!
El sonido lejano de la llamada de Albus no detuvo a la mano que agarró con fuerza la mandíbula de Alice. Una figura delgada y alta, pero lo suficientente fuerte como para desencajar la mandibula de la joven, se aferró al cuerpo de la muchacha a la vez que la apartaba del pequeño claro del bosque en el que se encontraba. Alice sintió el calor que el cuerpo desprendía en su espalda. Percibió su rostro contra el costado de su cara, el cual exhalaba un aire helado.
-No digas ni una palabra, niña.- ordenó en un susurro el hombre de voz melodiosa pero a la vez fría y distante. Era como una pieza de música perfecta en cuanta a la técnica, pero ausente de cualquier emoción.
La joven se dio cuenta en ese instante de que sus manos, las cuales tenía a su espalda, se encontraban esposadas por la mano del hombre, quien estaba apretando con fuerza y clavándole las uñas, dejándole una futura y profunda marca en sus muñecas. La mano derecha del hombre seguía aplastándole la mandibula, por lo que las muelas de la joven estaban empezando a dolerle demasiado. Alice respiraba entrecortadamente y haciendo un ruido que parecía molestar al hombre, ya que forzó el agarre para dejarla sin respiración.
-Alice, ¿dónde te has metido?- su joven amigo apareció en el claro que habían abandonado. Su rostro estaba algo difuminado por las sombras, pero la joven pudo atisbar el semblante de preocupación que portaba.
La joven hizo un ruido con la garganta para que al llamar la atención de su amigo, lograse escapar del agarre. Sintió en seguido un fuerte dolor en la mandíbula y notó como las uñas clavadas en sus muñecas habían logrado que estas sangrasen.
-No querrás que muera, niña.
Recordó la muerte de Hagrid y reaccionó en seco. En seguida se tensó y se quedo lo más quieta que pudo hasta que Albus estuvo lo suficientemente lejos de su vista. Cuando las voces de su amigo eran casi inaudibles, comenzó a moverse entre los brazos de aquel hombre. El joven, ya que Alice pudo ver facciones más juveniles de lo que esperaba, la soltó y al segundó la estrelló contra el tronco de un árbol, cuyas hojas cayeron alrededor de ellos.
-¿Qué es lo que quieres?- logró decir Alice en lo que parecía más un sollozo que una pregunta.
Su raptor la miró de reojo. Se pasó las manos por el cabello rubio mientras se ajustaba el traje. Alice se preguntó si era así cómo vestían los encapuchados realmente, ya que estaba segura de que se trataba de un miembro de esa peligrosa organización.
-No deberías hacer preguntas, niña.
-Mi nombre es Alice Hannah Longbottom.- sus ojos lo desafiaron, ardieron en una ira de la que ella misma se sorprendió e hizo de ademán de acercarse a él.
-Sé quien eres.- dijo mientras se acercaba a ella y le agarraba el antebrazo con aparente delicadeza.- Pero eso no importa.
- El joven metió las manos en los bolsillos del traje y tanteó hasta encontrar el objeto que estaba buscando.- ¿Sabes a qué piedra imita esta?
Se trataba de una piedra del tamaño de la palma de la mano del joven de un color negro azabache pero con reflejos rojizos aparentemente metalizados. Para Alice, una simple piedra.
-Ni idea.- respondió vagamente.
- Muy bien, niña. No hay conocimiento más seguro que el que desconocemos.- rió sarcásticamente ante una broma que Alice no entendió.- Tienes una misión muy importante- explicó teatralmente, pero con un sarcasmo negro impregnado en cada sílaba.- Encontrar la original. En este bosque. Así de sencillo. ¿Eres una niña astuta, verdad? Por supuesto, eres una Slytherin según tu corbata… Usa esa astucia para entender que nadie debe saber nada sobre tu propósito, ¿de acuerdo? - en ese momento el joven apretó el brazo, ante lo cual Alice asintió rápidamente.
Alice tomó la piedra en sus manos. Y entonces lo supo. Había leído historias y teorías sobre la piedra que se hallaba perdida en aquel bosque. Sólo su padre la había encontrado en secreto un día mientras buscaba un hongo en el bosque. Le había enseñado el descubrimiento a su hija porque supondría el relevo de un secreto de vital importancia para el futuro. Y ellos lo sabían. Ellos sabían que ella era la única persona vulnerable que sabía dónde estaba.
-¿Y qué hago cuando la encuentre?
-Me invocas.
Alice frunció el entrecejo descubriendo los ojos ambarinos de su oponente.
-No sé hacer eso.- explicó mientras una risa se formaba en la garganta del joven.
-Si dices mi nombre justo en esta parte del bosque, vendré. No hay ninguna estúpida barrera mágica que nos limite.- un escalofrío surgió en la columna de Alice mientras se preparaba para recordar el nombre de la persona que le había desencajado la mandíbula.- Octavio.
Y desapareció entre la oscuridad del bosque como si aquel encuentro fuese fruto de la imaginación o de la falta de sueño de la muchacha. Pero la piedra de su mano era tan real como la sangre que goteaba de sus manos. Escondió la piedra en su túnica rápidamente y lamió las heridas de sus manos con saliva para evitar alguna infección. Trató de reaccionar con naturalidad esos segundos hasta que unos brazos se cerraron sobre ella y todo el terror que llevaba dentro fue expulsado en un grito.
-Alice, tranquila, soy yo…Albus- aclaró el joven mientras la soltó y observó el semblante de su amiga. Estaba encogido en un rostro salpicado por el horror y las lágrimas le salían a borbotones de los ojos. Se arqueó sobre su cintura como si el susto le hubiese propiciado una paliza.
-Joder…- maldijo Alice.- ¿Para qué diantres me sigues? ¿Es que eres imbécil? El bosque es muy peligroso para ti.- y le propinó un bofetón sonoro en la mejilla que desplazó al joven del impacto.
El joven intentó calmar a la que iba tras él con intenciones de repetir la jugada. Sin embargo, la ira y el pudor que había supuesto el bofetón le ganaron terreno en la mente de Albus.
-¡Estoy ya harto¡- le gritó cogiéndola de un brazo, el mismo que había sido maltratado hacía unos instantes.- Harto de quedarme despierto hasta tarde por si vuelves a pasear sonámbula por el castillo con intenciones suicidas. De recibir, como respuesta, quejas, reproches o un maldito bofetón. Me preocupo por ti, Alice. Maldita sea, lo hago constantemente desde que pasó aquello.
-Se cuidarme yo solita, Sev…- susurró Alice, abrumada por la bronca que su amigo le estaba regalando.- Perdón.
-…Pero, tranquila, no lo haré jamás. Aunque me cueste al principio, procuraré ignorarte, ya que por mucho que me lo pidas me resulta… ¿Has dicho perdón?-como respuesta Alice se echó en su pecho en un abrazo inesperado.
-Tengo miedo, Al.- confesó enterrando su nariz en la camisa del joven.- Tengo mucho miedo.
El joven Potter se sorprendió así mismo en aquella nueva situación dándole un beso en la coronilla de la cabeza de la muchacha, la cual había comenzado un largo llanto de frustación. Le agarró la delicada cabeza con las dos manos y la ayudó a recostarse en su torso de forma protectora.
-Estoy aquí contigo, tranquila.
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La sonrisa de la anciana pasó de ser cálida a distante en cuanto el interrogatorio dejó de ser el habitual que le ofrecía su antiguo alumno, ya demasiado mayor y con más autoridad de la que recordaba, a uno más profesional y algo despiadado.
-O sea, que ayuda a esconder un cuerpo de un alumno… ¡Una vida entera! Teniendo en cuenta que ni sus padres ni sus amigos le recuerdan…Por la simple y llana razón de que era lo que se tenía que hacer.- el sarcasmo pasó a un tono más serio.- ¿Qué le ha pasado, profesora McGonagall?- recurrió al título con el que la había conocido para acercarse más en busca de una sincera respuesta.
-Que hemos topado con un asunto que debe estar bajo llave, Harry. Y no insistas porque lo único que me atreveré a decir es que la defunción de ese alumno fue fruto de lo que tú conoces como el Clan del Ojo.
Minerva cerró los ojos y esperó el ataque de su contricante.
-¿Crees que no lo sé? ¿Desde cuando cubres a tus enemigos? Ya que, por si no te percataste cuando Hagrid fue asesinado…
La indomable mujer se levantó de golpe.
-No. Nunca los cubriré. ¡No! - su rabia se manifestó en un puño cerrado.- Harry, como siempre, mi intención es protegerte. No tomes el camino peligroso. No intentes cortar las cabezas del Clan. Es la Hidra más grande del mundo y la más mortífera… Y cuanto menos sepas, mejor para la seguridad de todos.
Harry se mostró escéptico y la miró de solsayo:
-¿Qué nos ocultas, Minerva? ¿Cómo tienes noción de un clan que proclama una Nueva Guerra?
La mujer rió y miró a Harry como cuando este era un alumno al que tenía que recordarle que nunca se sabe lo suficiente.
-El problema es que la Guerra que proclaman es ya vieja. Puede ser comparable a la Guerra Santa de los Muggles: nació hace siglos, pero sus fieles la han extrapolado en el tiempo. Solo cuando se radicaliza por completo, tomamos conciencia de su existencia.
-¿Por qué ahora, que hay paz? No tiene sentido, el mundo mágico no tiene ningún motivo por el cual formar una guerra hoy en día. Creéme trabajo en el Ministerio de una de las grandes potencias mundiales. Además, si esta guerra toma fuerza, la detendremos. Como cuando derrotamos a Voldemort.
Los aires de prepotencia del hombre hicieron mella en los recuerdos del joven valiente que Minerva tenía de Harry. Quizás algunas personas nunca cambian.
-Harry, que matases a Voldemort no te hace inmortal, ni el héroe de todas las batallas. Te enfrentas a algo que desconoces y que, claramente, te ataca antes de que tú sepas de dónde viene el hechizo.
-Cuentame lo que sabes. Así lucharemos con ventaja, Minerva, es lo que necesitamos.
Minerva puso los ojos en blanco y se sentó, rendida ante cualquier otro debate.
-Te lo repito. El conocimiento es tan peligroso que puede matarte. A mí, por esa precisa razón, me quedarán pocos días.
-Minerva, no me hagas darte un ultimátum…
-Llévame a un interrogatorio del Ministerio. Entonces, y por medio de conjuros obscenos, responderé en contra de mi voluntad.
Harry frunció el cejo. No quería llevar el interrogatorio tan lejos. Sin embargo, Minerva no le dejaba otra opción: tenía información necesaria con la que podía derrocar el clan. ¿Por qué otra razón no compartiría su conocimiento?
-El treinta de agosto. Tendrás tu juicio por objeción a interrogatorio voluntario ante un agente del Ministerio.
Tras formular su sentencia Harry desapareció dejando a Minerva con el corazón encogido ante una pequeña traición de su antiguo alumno y, hasta ese momento, amigo. La mujer halló en un suspiro prolongado algo de alivio. Sin embargo, no era lo suficiente como para calmar la inquietud interior que sentía, producto del aparentemente inconcente juicio que supondría un réquiem para ella. Tenía ante ella su posible último verano.