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La Tercera Generacion de Hogwarts II — capítulo 6
- Por algo se empieza, pelirroja.
El ambiente de aquella habitación era silencioso y frio. Las piedras de la pared, gastadas por el paso de los siglos se habían desgastado; tomando un color grisáceo oscuro. De las paredes colgaban retratos de hombres ancianos que miraban a la niña con curiosidad; como un nuevo juguete que habían acabado de descubrir; pero no era así. Esos cuadros de los difuntos directores de Hogwarts habían visto a aquella niña, de ojos azules y pelo rojizo y de gran volumen, un par de veces. Aquellos hombres se morían de ganas de hablar con la niña; pero ella, algo distraída, miraba a la chimenea apagada. Rose no entendía la razón por la que su madre, la famosa heroína Hermione Weasley; le había pedido hablar con ella; precisamente en el despacho de Minerva McGonagall.
Tras varios minutos de impaciencia, una mujer de entrada edad; con pelo del volumen de un león africano; salió entre polvo mágico de la chimenea. Rose suspiro,y se abalanzo hacia ella, aun cuando hacía solamente dos o tres semanas desde que la había visto. La mujer le pidió que se sentara en un sillón, mientras ella se acomodaba en otro.
Después de preguntarse cómo estaban y que tal iban, Hermione tomo expresión distraída, y comento cuidadosamente:
-Cariño, ¿Por qué de todos los niños Gryffindor que hay; de todos los niños que hay; justamente has tenido que escoger un Malfoy como amigo? Tampoco sé como Albus le acepto, sé que es un buen chico…Pero no deja de ser Malfoy, Rosie.
La chica bajo la mirada, en el fondo sabía que su madre se daría cuenta de que el castigo que le había puesto su padre el junio anterior de no volver a dirigirle la palabra a Scorpius Malfoy no se cumpliría. Ella y Albus habían estado hablando de todas las cosas que tenia Scorpius delante de Ronald Weasley, pero este seguía fiel a sus principios.
-Las personas no pueden elegir su apellido, y si por eso están marcados toda su vida…No veo razonable, que justamente tu; digas eso, mama.
Hermione cabeceo, y sonrió pícaramente. Después adopto una expresión seria y anuncio:
-Estoy dispuesta a convencer a tu padre; diciéndole todo el historial escolar de Scorpius, incluido su noble comportamiento…Solamente si me dices la verdad.
Rose tardo en reaccionar, mientras pensaba si su madre era la mejor del mundo. Sonrió triunfante para si, por fin podría ser libremente amiga de Scorpius.
-Claro, dime.
-¿Estas convencida de que Scorpius es cómo crees y que…nunca cambiara ni te traicionara?
Rose frunció el ceño, ya que era una pregunta difícil…¿Cómo iba a saber ella el futuro? ¿Les traicionaría alguna vez su mejor amigo? ¿Cambiaria de bando?
-Mama…¿Cómo voy a saberlo? Lo que importa es el presente. Yo…a mi me da igual que me traicione, porque Scorpius es noble y no lo hará.
-Cariño, yo solo quería avisarte. Porque…todas las personas somos imprevisibles, la persona más buena puede esconder un futuro negro, y el asesino más despiadado puede tener un corazón de oro en sus momentos.
El aula había cambiado la decoración, en vez de estar todos los pupitres juntos entre si, estos habían sido apilados en un rincón; dejando un gran espacio libre. Los alumnos se miraban entre si; mientras se separaban y se juntaban con los de sus casas, a un lado alumnos de tercero Gryffindor; y en la otra Slytherin. El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras aun no había llegado; y los Slytherin no podían resistirse a hablar "pacíficamente" con una muchacha Gryffindor, de la que el amigo de Zoe Badmood, Derrick Collingwood; tenía que vengarse por el leve pero humillante castigo que le habían impuesto a su amigo, Frank Badmood. El chico se acerco a Cornelia Brooks, la muchacha que había sufrido un Crucio. El chico posaba una sonrisa socarrona, acompañado de Bellatrix Zabini. La visita fue advertida a Fred por los ojos de Susan.
-¿Te sientes mejor, sangre sucia?- Brooks estaba escuchando algo sobre un bonito restaurante en Hogsmeade que comentaba su compañera de habitación Claire Jenkins.
-Me alegra que un degenerado se preocupe por mi salud.- respondió con sarcasmo, mientras su amiga alzaba las cejas.
En ese momento, Fred se acerco a la muchacha, seguido por Susan y por James; que enseguida saco la varita de la capa.
-James, varitas quietas…Hasta que yo lo diga- ordeno el joven profesor de pelo azul y ojos violáceos. Ted Lupin hizo un movimiento de varita y un antiguo armario de color oscuro; con restos de polvo entre los huecos que los motivos florales de las repisas hacían. Mientras paseaba nervioso por la habitación, y indicaba a los alumnos que se juntasen; James decidió por su propia iniciativa guardar su varita. Finalmente Ted paro y se apoyo sobre el armario- ¿Hay alguien en esta aula que sepa lo que es un boggart?
James sabía que existía esa palabra, es más sabia que era algo relacionado con los mortifagos o por lo menos eso era lo que recordaba de las historias de su padre. Fred, sin embargo; esa palabra le sonaba a gominolas, a una escoba antigua o simplemente un hechizo. Susan sabía que era un monstruo, pero no llegaba acertar si era parecido al mino tauro o era más bien una sirena. Tras varios segundos de pensar, Cornelia Brooks levanto la mano; decidida a contestar.
-Un boggart es un ser mágico que tiene la capacidad de convertirse en la cosa o persona que más miedo tienes.
Ted aplaudió, irónico:
-Ni yo mismo lo hubiese explicado así; gracias…¿Silvia Trooks?-pregunto el profesor tanteando el nombre.- Bueno da igual, lo que importa es que seas Gryffindor- añadió ante la inquisitiva mirada del otro parte del aula.- ¿Te atreves a ser la primera?
La chica asintió; y dirigiéndose al profesor explico:
-Hay que decir Ridikkulus y pensar en algo divertido.
Ted se sonrojo:
-Ya sabéis chicos, es que se lo he dicho yo. No es que se me haya olvidado…
Toda la clase Gryffindor estallo en carcajadas. Brooks mientras tanto se acerco al armario; James la veía de reojo; temiendo que de pronto una serpiente enorme saliese de allí. El chico saco la varita y se preparo para pensar en una serpiente que se ahorcaba a si misma.Pero la nube negra no tomo la forma de la serpiente; si no una forma que a James le resultaba familiar, un hombre que James solamente había visto un par de veces pero que había logrado causarle terror. La figura de hombre alto, fornido, con la cara demacrada y cubierta de una capucha. A James se le descompuso la cara; pero la de Cornelia era aun peor. Alzo la varita, pero su mano le temblaba visiblemente.
-Venga, Brooks- le dijo William Tracker.
James no sabía lo que hacer, se había vuelto a quedar paralizado; y Cornelia igual. Pero la figura no se paro, saco su varita y apunto a la muchacha. Alzo los labios pero Ted apartando a Cornelia formulo:
-Ridikkulus- la cabeza del hombre se hincho y los ojos se les desbocarony se deshinchó quedando los calzoncillos. Ted miro a su alumna, y sin decir una palabra Ted indico la puerta, la que la chica siguió:
-Señorita Jenkins, acompañe a Brooks.- la joven morena siguió a la Gryffindor.
El profesor sonrió, como si ese pequeño accidente no hubiese pasado. James se sacudió la cabeza, y supo entonces la forma que tomaría su boggart. La clase siguió, los boggart de algunos Slytherin eran arañas o una varita; y de unos Gryffindor resultaron ser una pitón. Fred, Susan y James se escondían de Ted; pues no tenían ganas de volver a ver a los encapuchados.
-Derrick Collingwood, por favor acérquese…- le pidió el joven profesor.
Él le miro con desprecio y se acerco a la mancha negra; esta adopto la forma de un hombre, alto y con rasgos parecidos a los del Slytherin. El muchacho se escondió como pudo de la mirada seria de ese hombre; su amiga Zabini, que estaba detrás del joven se sorprendió.
-¿Tienes miedo a tu padre, Derrick?- le pregunto asombrada.
Unos metros más atrás, Fred no pudo evitar oír el comentario y sonreír ante la persona que más miedo le daba al amigo de Badmood.
-¡Mírame a los ojos cuando estoy presente¡- ordeno el hombre-boggart ante el muchacho que había bajado la cabeza.
-Esto es ridículo- murmuro para si mismo, mientras alzaba la varita y formulaba el hechizo.
Fred espero a dos personas y le toco a él; tenía miedo, pero no por el boggart si no porque no sabía lo que se iba a encontrar.
El boggart tardo en dar forma y entonces; como un haz de luz, un rayo verde salió disparado hacia Fred.
-Ridikkulus- bramo Ted Lupin, con las cejas alzadas, mientras que el rayo explotaba en mil colores.
Los niños se apartaron de Fred, quien se había quedado parado; aun algo confuso.
James detrás de él le puso una mano en el hombro y le comento:
-¿Avada Kedavra? ¿En serio?
Fred no pudo evitar sonreír, ante la atenta mirada de su nuevo profesor.
-Así, desarmado….Es lo único que podría conmigo, profe.- le explico con una sonrisa, ante las risas de sus compañeros.
-James, anda; te toca….Ya hablaremos Fred, no sé como tu madre puede contigo; de verdad.- añadió Ted haciendo reír a James.
El boggart se transformo en varias manchas antes de tomar una alargada, elegante y algo desconocida para James, aunque si que le recordaba. Era la única figura encapuchada que no había participado en la pequeña batalla del pasado junio. Se rasco la cabeza mientras pensaba por que le daba miedo, quizás porque era una figura autoritaria; y que seguramente sería alguien importante que iba detrás del.
-Ridikkulus.- murmuro mientras el hombre se encogía hasta convertirse en una hormiga. No tenía gracia, pero para James era algo gracioso, pues alguien importante se había convertido en una hormiga.
Era el turno de Susan y sabía perfectamente quien le iba a tocar, pensaba en que la figura explotase, pero después de haberla visto en la habitación antes con Cornelia…No sentía fuerzas; ¿Cómo le conocía?
Después de haber visto cien veces el Paris mágico, un sitio donde las flores rojas salían de los balcones, y la gente paseaba por rápidamente; Victorie decidió visitar el Paris de las estampas muggles; ese en el que la Torre Eiffel se erguía sobre la ciudad, las bicicletas con ramos de flores y los pintores llenaban las calles; y que el amor se olía en el aire.
Paseo bajo la Torre Eiffel, y decidió visitar la Opera; pero para ello se metió en la estación de metro. Otras brujas se habrían perdido, pero Ted y ella habían visitado más de una vez el metro de Londres y este no sería tan distinto.
Bajando las escaleras sintió una sombra detrás de ella. Acelero el ritmo, pues podría tratarse de alguien completamente normal, pero tenía un mal presentimiento desde que había visto el sello del Clan del Ojo en el anillo del Ministro mágico de Francia.
La sombra no se aparto de ella, siempre a cierta distancia, ni cuando entro en el vagón del metro. Decidió que era hora de desaparecer, pero delante de muggles sería un grave delito, en otras palabras, estaba atrapada por un joven moreno que no conocía de nada.
Se puso justo en la puerta del metro, y el joven se acerco a ella; y se coloco justamente en frente de ella. Victorie comenzó a respirar entrecortadamente, nerviosa y desesperada. ¿Y si desaparecía en el baño? Esa era una buena idea, pero cuando fue a pasar delante del muchacho; este le apretó fuertemente del hombro y le dijo arrastrando lentamente las palabras:
-En realidad, no quiero hacerte daño.
Victorie descubrió unos ojos azul cielo; que la miraban con tristeza mientras el joven la hacía desaparecer entre dos muggles, una mujer regordeta de gafas estrafalarias y un niño pequeño moreno con un helado de chocolate.
Después del mareo que le entro, Victorie se alejo del joven; hacia la otra calle. Habían aparecido en Oxford Street, Londres. Corrió entre la gente mientras el joven se quedo allí plantado.
Olivier observo como la chica pelirroja escapaba corriendo. No podía matarla, diría que se había escapado, ya que su conciencia nunca le permitiría matar a esa chica, y seguía sin saber por qué.
Unas manzanas más lejos, Victorie desaparecía de nuevo para ir a ver a Ted; le necesitaba.
Bajo un toldo improvisado contra la lluvia, los niños veían tristemente como no podían salir al recreo. Los niños embarrados seguían a un chico castaño de ojos caramelo, quien llevaba un balón sucio y destrozado bajo su hombro. Estos habían decidido jugar bajo la carpa, sin importarle lo que las niñas que mantenían una animada conversación de alguna serie de televisión pensaran que el balón les llegara.
Una de ellas, una chica pelirroja de ojos caramelo; observaba como sus amigas, Patrice y Kate; comentaban como llevaba el pelo Christian Redgrave; el chico mas mono de la clase; y el mismo que insultaba a Lily el año pasado.
La pelota llego a las niñas, Christian, fue a por ella; mientras Patrice y Kate suspiraban como si fuesen unas adolescentes enamoradas y Lily ponía los ojos en blancos.
-¿Qué te pasa pelo zanahoria?- le pregunto el chico sonriendo socarronamente.
Lily volvió a poner los ojos en blanco y le contesto:
-Viendo como intentas jugar al futbol.
El chico se paso la mano por la barbilla:
-¿Por qué no somos amigos?
Lily suspiro,¿ que le pasaba ahora?. Se volvió a hablar con sus amigas, pero estas estaban mas interesadas en lo que ella respondiera.
-Porque me caes mal.
El chico frunció el ceño y se rio:
-¿Y si cambio serias mi amiga?
Lily sonrió y irónicamente le explico:
-¿En serio crees que cambiarias un libro por un balón?
Christian frunció el ceño, tiro el balón fuera de la carpa, haciendo que salpicara a sus amigos; y se marcho por dos segundos con un libro de lectura, entre sus manos. Las amigas de Lily soltaron risitas y ella solamente murmuro:
-Cabeza de melón.
-Por algo se empieza, pelirroja.- le contesto Christian Redgrave.
Lily se marcho dentro del centro, había sonado la sirena que indicaba el final del recreo; mientras los amigos de Christian le daban puñetazos amistosos.