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Tras la muerte — capítulo 1
Mari&Severus
Disclaimer: Nada me pertenece, excepto ideas. Personajes, locaciones y demases, pertenecen a JK Rowling
Ella estaba sonriente, mientras su hijo menor estaba estudiando. Hacía un par de meses, que se había casado con Ronald Weasley y tenía dos hijos. Rose Weasley era la mayor. Hugo Weasley, el menor.
Esa noche, la situación parecía calma. La fría noche, no era un impedimento para una cálida chimenea, que permanecía encendida para calentar el salón. La noche estaba estrellada y era un miércoles de julio. Un día cualquiera.
-
¿Dónde está mi libro de transfiguración?- preguntó Rose, entrando en la cocina. Hermione estaba allí, dándole la espalda. Preparaba la cena. Cortaba tomates en un lado y picaba ajíes en otro.
-
Creo que lo vi en el salón. ¿No será el que tiene Hugo, cariño?
-
¿Por qué Hugo, tiene que tomar mis cosas?- preguntó su hija- Además, su copia ni siquiera es avanzada.
-
Hugo está en un curso menor que el tuyo. Tienes que entenderlo.
-
Pues que use su propio libro.
Hermione inspiró suavemente, mientras Rose caminaba hacia su hermano. Al momento en el que reclamó el libro, ella se dio la vuelta y continuó con sus quehaceres. Miró el tomate que ya estaba picado y al cuchillo, que flotando, lo agregaba a la gran cacerola de sofritos. Sonrió y continuó picando el ajo, que había comenzado a picar en la mañana. Había reunión familiar, ese día.
Estando en su trabajo, sintió un extraño aire detrás de ella y dos fuertes brazos, que se cerraron sobre su cintura. Quiso hablar, pero un par de gruesos labios, se cerraron sobre los suyos, delgados y suaves. El beso estaba impreso con tanta pasión y fuerza, que ella gimió suavemente en sus labios. Retrocedió ligeramente y sin darse cuenta, aferró su mano al filo del cuchillo, sobre la tabla. Se cortó el dedo.
- ¡Ay!- gimoteó y su esposo Ronald, la soltó en un santiamén.
Ella alzó su dedo y miró las gotas de sangre que resbalaban con lentitud, de su herida. Ron suspiró y tomó su mano con delicadeza. Abrió la llave de agua y colocó su dedo, para que el agua lavara la herida. Ardía más, el cuchillo estaba lleno de ajo.
-
Lo siento, ¿puedes perdonarme?- preguntó él, mientras ella secaba su mano húmeda.
-
Sobreviviré- le dijo ella, acariciando su rostro con su mano libre- ¿Cuándo llegaste?
-
A tiempo para evitar una pelea entre Rose y Hugo, por un libro de transformaciones.
-
¿Peleaban por el libro?
-
Hugo estaba muy interesado, pero Rose no quería que lo leyera, entonces Hugo lo tomó y miró adentro del libro y había una nota de Rose para un chico. Hugo se rió de Rose, Rose se enojó y le golpeó con el libro, Hugo también se enojó- dijo Ron, haciendo una pausa para respirar, con fuerza- Entonces ambos empezaron a golpearse y yo llegué a tiempo, para detenerlos.
Hermione sonrió, mientras Ron respiraba, sin aire. Suspirando, Se acercó a su esposo y se apegó a su cuerpo. Ron la rodeó con sus brazos y la contempló. Ella inspiró y lo miró.
-
¿Cuándo vienen nuestros queridos parientes?
-
En poco tiempo-comentó Ron, alzando la cabeza- Huele delicioso, eso que cocinas. ¿Qué es?
-
Una salsa para nuestro pavo. ¿Es que no te lo dije esta mañana?- Preguntó ella con una sonrisa y Ron meditó con calma.
-
Es cierto. Pavo, zanahoria y otros vegetales. Aderezado con salsa, contorno puré de patatas y... ¿Qué me falta?
-
Torta de calabaza con crema.
-
La que le gusta a Rose- sonrió Ron, besando la frente de su esposa.
Mientras plantaba un suave beso, sus dos hijos entraban en la cocina. Rose sonrió, pero Hugo hizo un gesto de asco con la lengua.
-
¡Papá! ¡Mamá!- gimoteó y Hermione, contempló a sus hijos.
-
¿Qué hay de malo? Adoro a su padre, lo amo- dijo y Hugo volvió a sacar la lengua- Y nos daremos muchos besos, hasta que quites esa expresión.
-
Comienza a gustarme esto- sonrió Ron, separándose de su esposa, para sentarse en la mesa con sus hijos.
Ron y Rose, estuvieron observando la tarea que ella tenía. Hablaba sobre las criaturas mágicas y tenía que aprenderse su nombre, ubicación y características. Estaba intentando entender, qué era unKappa.
-
No se escribe así- le dijo Ron- Una de las cosas que me ha quedado, de Minerva McGonagall.
-
¿Qué cosa?- preguntó Hermione, acercándose para mirar el pergamino.
-
El escribir bien.
Hermione rió y escuchó el tintineo de su horno, que alertaba que el pavo ya estaba listo. Ron no tenía ningún inconveniente en convivir con aparatos muggles. A su padre le encantaba verlos, cuando iba de visita. En ese preciso momento, cuando ella sacaba el pavo del horno y mantenía todo sobre la mesa, las apariciones comenzaron a ocurrir. Harry y Ginny, estaban allí para la cena.
-
Buenas noches, supongo que no interrumpimos nada- dijo Ginny Weasley, con una sonrisa. Ron tomó su abrigo y su bufanda, mientras ella caminaba hacia Hermione, para abrazarla.
-
¡Tío Harry!- chillaron tanto Rose, como Hugo. Harry se dio la vuelta y se vio envuelto en un abrazo violento. Sonrió y los miró, acariciando sus cabezas.
-
Hola, pequeños...
-
¿No hay abrazos, para la tía Ginny?- preguntó Ginny con un suspiro de felicidad y ambos chicos se dirigieron a ella, a su regazo, mientras ella estaba sentada en el sofá- ¡Están tan grandes!
-
¿Y James y Albus? ¿Lily?
-
Se quedaron con mi madre. Lily se quedó dormida y fue imposible que la despertásemos, para traerla. Se veía tan cansada y dormía tan profundo, que no quisimos molestarla.
-
¿Estará bien, sola?- preguntó Ron. Aún era pequeña, comparada con sus hermanos. La misma edad de Hugo, pero era un poco más temerosa.
-
Creo que sí. Igual está con sus hermanos. ¿Necesitas ayuda con la cena, Hermione?- le preguntó la mujer y Hermione, asintió con una sonrisa. Ambas mujeres se levantaron, mientras Harry y Ron, se quedaron en el salón.
Ron caminó hacia una especie de mini bar que tenía, cerca de la chimenea. Lo abrió y con un gesto suave de su varita, los vasos y botellas, se movieron solos. Ladeó la cabeza hacia Harry.
-
¿Qué vas a tomar?
-
¿Qué tal un pequeño vaso de Whiskey de fuego, para comenzar?
-
Menos mal que hemos decidido aparecernos- dijo Ginny, desde la cocina- Si fueses a conducir, seguramente nos detendrían.
-
Eso mismo pensé yo- dijo Harry, tomando la bebida de las manos de Ron.
Mientras respiraba, Severus Snape tenía un mal presentimiento. Las cosas estaban poniéndose ligeramente complicadas y su señor ya no podía esperar mucho. Miró a su alrededor y se dijo, que mentía si no tenía miedo por lo que iba a suceder.
-
Ya confirmamos la ubicación de Harry- estalló Dolohov, con mucha felicidad. Severus apenas lo miró. Bellatrix esbozó una sonrisa suave y caminó hacia el mortífago, que estaba entre ella y Snape.
-
Entonces, Dolohov, ¿Qué estamos esperando?- musitó, mirando su varita- Me muero de impaciencia, por terminar esto.
La mujer ladeó la cabeza hacia Snape, quién seguía en su lugar, sin decir ni una sola palabra. Inspiró y relamió sus labios, ante la expresión que el mago, mantenía en su rostro. Pobre Severus.
-
Camina, Severus. ¿O quieres que le comente al seño tenebroso que estás asustado, como un pequeño gatito?
-
No estoy asustado- barbotó Snape, en un gruñido. Bellatrix sonrió y se detuvo junto a Amycus y Dolohov.
-
Entonces, andando...
Hermione y Ginny, habían terminado los preparativos y colocaban en la mesa, con la ayuda de sus respectivos esposos, la comida. Rose y Hugo, habían comenzado una interesante partida de ajedrez y no querían levantarse ni siquiera, para comer. Hermione sostuvo su varita y obligó a las piezas, a mantenerse en su lugar. Hugo la observó con un rostro de reproche.
-
Lo siento, es hora de la cena. Luego, juegan unos minutos más y a la cama.
-
¡Mamá, estamos de vacaciones!
-
Pero son unos niños en crecimiento y necesitan descansar. Además, tú Hugo, ni siquiera puedes quedarte despierto sino hasta las nueve.
-
¡No es cierto!
-
Cenarás y quedarás rendido en el sofá...Ya verás.
Ginny sonrió, mientras Hugo se sentaba a su lado y de mala gana. Con una sonrisa autosuficiente, Rose se sentó junto a Harry y comenzó a burlarse de su hermano. Hugo se cruzó de brazos y muy pronto, el salero amenazaba con alzarse de la mesa.
-
¡Hey hey!- dijo Ron, poniéndole una mano encima- ¿Recuerdas que no puedes hacer magia fuera de Hogwarts?- le reclamó y Hugo lo miró, resentido- Y tú Rose, deja a tu hermano en paz.
-
¿Qué has estado haciendo?- preguntó Hermione, mirando en dirección a Harry. El joven suspiró y meditó.
-
Mucho trabajo en las oficinas de los Aurores- dijo- más insurrecciones. Parece una plaga, un brote.
-
Ten mucho cuidado- mencionó Ginny- Eres padre de familia y tienes tres hijos- dijo ella suspirando. Harry asintió en silencio, colocando su mano sobre la de su esposa. Ron les miró con mucha calma.
-
Harry sabe cuidarse solo, Ginny- dijo el joven y Ginny lo miró de mala gana.
-
Hermione ha de sentir lo mismo, cuando tú te vas a trabajar.
-
Sí, lo he sentido- dijo ella, sin poder mentir- Pero sé que si me preocupo, todo podría ser peor
Severus se preguntaba si era el momento más idóneo para la intentona que estaba por comenzar. Por supuesto, Amycus, Bellatrix y Dolohov, no iban a retirarse. Iban a jugárselas todas. Introdujo una mano en sus bolsillos y tanteó una poción que había reservado para situaciones como esa. Se preguntó si podría utilizarla, luego de que ocurriera todo el asunto.
Luego de que ocurriera...
-
Estamos cerca- dijo Dolohov, sin poder ocultar la emoción en su voz.
-
Muy cerca- le contestó Amycus- y cierra la boca.
-
¿Severus?- preguntó Bellatrix, dándose la vuelta. En la oscuridad, agazapado, estaba el hombre. Mirando a través de los arbustos.
Estaban a punto de dar el golpe maestro.
-
Ha estado delicioso- dijo Ginny, inspirando, en el sofá- ¡Apenas podré caminar! No podía dejar de probar ese exquisito pastel de calabaza que has hecho.
-
Muchas gracias, una receta de la familia- mencionó ella- Aunque no sé si podría repetirse, con una tartaleta de limón.
-
Yo pienso que sí. Y puedes ponerle algo de brandy.
-
Señoritas, no hablen más de comidas- dijo Ron, con una mano en su boca- está provocándome un problema estomacal.
-
Lo siento, querido- sonrió Hermione- Es que cuando hablan de platillos.
-
Comienzas a enloquecer, como si hablaran de deberes escolares. Lo sé. Rose es así también. De vez en cuando.
-
¡Me voy a la cama!- suspiró la jovencita- ¡Vámonos Hugo!
-
Pero... ¿Por qué?
-
¡He dicho que vamos a la cama!- dijo ella con un suspiro, sosteniendo la camisa de su hermano- Buenas noches a todos- dijo, arrastrándolo hacia las habitaciones correspondientes.
-
¿Por qué Rose siempre actúa así, cuando...?- preguntó Ron y Hermione sonrió, acercándose a su esposo. Ron la miró con mucha curiosidad.
-
Por que hacemos cosas como estas- dijo, abrazándole y mirándole con una sonrisa suave.
Ron suspiró y besó su frente, acariciando sus castaños y rebeldes cabellos. Ladeó la cabeza hacia la ventana de su hogar y divisó el patio de aquella casa. Mientras miraba, algo extraño pasó entre los árboles. Una sombra.
-
¿Qué es eso?- preguntó y Hermione se dio la vuelta.
-
¿Qué cosa, Ronald?
-
En el patio, algo se mueve- dijo.
Antes de saberlo, Hermione Granger soltó un grito, cuando un hechizo fue directamente hacia ellos y colisionó con el vidrio de la enorme ventana, tras el sofá del salón. El hechizo impactó contra ella, que cayó al suelo de forma aparatosa. Mortífagos. En busca de Harry Potter.
-
¡Maldición!- rugió Ron- Los niños... ¡Llévatelos, Ginny!
-
¡Pero, Hermione...!
-
Maldita sea, ¡Llévate a los niños!- dijo Ron, esquivando un hechizo. Hermione estaba allí, en el suelo. Su rostro estaba ensangrentado y ella había dado contra la mesa, antes de caer al suelo. Se había fracturado algo.
-
¡Hermione, tenemos que sacarla!- gritó Harry y Bellatrix se interpuso en su camino.
-
¿A dónde vas, Potter? ¡Dolohov, encárgate del resto!
Antes de que pudieran hacer algo semejante, Ginny Weasley desaparecía con unos aterrados niños. Bellatrix trató de impedirlo, pero Harry Potter había sido más habilidoso.
-
A mi esposa no, Lestrange- le dijo y la mujer le observó con ira en cada facción de su rostro. Ron y Amycus, estaban en una batalla a muerte.
-
Eres deprimente- le confesó Amycus- Muy pero muy deprimente. Quizá tu esposa ya está muerta.
-
¡Cállate, imbécil!
Severus miraba a su alrededor, en el jardín. Quizá si tomaba la poción. ¡No, eso era muy apresurado! Estaba maquinando el plan de acción, cuando escuchó una explosión en aquella casa. Caminó unos pocos metros, pero las llamaradas incontrolables, salieron por la misma ventana. Retrocedió de inmediato y miró a través del fuego y el calor que irradiaban.
Ronald Weasley había caído.
-
¡Maldición!- estalló Harry, lanzándole un conjuro a Dolohov, quién había atacado a Ron por la espalda.
-
Será mejor que...- dijo Bella, pero la comunidad comenzaba a alarmarse- ¡Tenemos que irnos!
-
¿Qué importa si matamos o no, a un par de muggles con ellos en el proceso?- preguntó Amycus.
-
¿Dónde carajo está Snape?- dijo Dolohov y Bellatrix sonrió.
-
No importa, que él se haga cargo del resto- dijo Bellatrix- Lo importante es que...Hemos acabado con dos de ellos. ¿Qué será de ti, Potter?
Miró el rostro crispado de enojo, de Harry y luego, desapareció en el aire. Amycus y Dolohov, no tardaron en desaparecer también. Harry Potter permaneció allí, sintiéndose imbécil, mientras los mortífagos destrozaban y luego se iban, campantes y sin decir nada más que estupideces.
Apenas estuvo consciente de la situación, caminó hacia Hermione y se arrodilló junto a ella. Tenía un horrible hematoma y seguramente, muchas heridas más. Caminó hacia Ron y tomó su pulso.
Lo habían matado...
Sintió una impotencia terrible, se sintió...No sabía como expresarse. ¡Habían asesinado a su mejor amigo y posiblemente, a su esposa también! A su mejor amiga. Seguramente, dejaba huérfanos a sus hijos. Las llamaradas seguían consumiendo la casa y sabía que debía hacer aparecer los cuerpos o algo. No quería que se carbonizaran allí dentro. Sacó su varita, con torpeza y se preparó a disipar las llamaradas que surgían, cada vez más grandes. Pero ya alguien, hacía eso desde afuera. Alguien intentaba sofocarlas.
-
Hermione...- dijo, mirando hacia su cuerpo herido. Seguro ya había muerto como lo había hecho Ron- Perdóname...
-
Potter- escuchó tras él, un siseo débil y se dio la vuelta con violencia, sin soltar su varita. El humo y las llamas, comenzaban a disminuir, mientras aquel hombre, pasaba entre ellas. Con un suspiro suave, Severus lo miró- No vine a pelear con usted.
-
¿Qué es lo que quiere?
-
Quiero ayudarle.
¿Por qué demonios,Severus Snapeestaba en la mitad de la casa de su amigo, casi carbonizada?
Pero era él y realmente, necesitaba ayuda. Confiara en él o no.
Severus no pudo evitar mirar, el cuerpo de Hermione, en el suelo. El cuerpo de Ron no estaba muy lejos y lucía tan terrible, como el suyo. ¿Estaban muertos, en la realidad?
- Creo que murieron- fue lo que dijo Snape y Harry no se atrevió a levantar la cabeza.
Severus caminó, a través de un corto salón y se detuvo junto a un par de niños aterrados y a Ginny Weasley. Ginny le miró con el rostro fruncido y con un semblante de preocupación. ¿Qué hacía Severus Snape, en su casa?
-
Profesor Snape- dijo Ginny, con sorpresa- ¿Sucede algo? Algo que...
-
Sí. Ocurre algo- dijo el hombre, sin perder el tiempo- Verá, señorita Weasley. Su hermano y su esposa, la señorita Granger.
-
Weasley- declaró Ginny.
-
La señora Weasley. Están...Están muertos.
Ginny Weasley no dijo nada, aunque los pequeños fuesen los primeros en sentir el impacto de sus palabras. No, ella estaba procesando el asunto que acababa de oír. Lo entendió tiempo después.
-
Mi hermano no...Hermione...
-
Están muertos, ambos. Potter está con...
-
¡Ellos no pueden estar muertos!- chilló Ginny con violencia, con rabia- ¡Déjese de bromas!
-
Tranquil...
-
¡No! ¡Quiero que me lleve con mi hermano, ahora!
Severus no dijo nada, iba a resultar imposible el poder dialogar con ella. Los pequeños estaban nerviosos, temblaban y no dejaban de llorar. Se habían quedado sin padres.
- Quiero ver a mamá- sollozó Hugo- ¡Quiero ver a mamá!
Harry Potter estaba allí, sentado junto al cuerpo de Hermione. Moverlo había sido todo un dilema, pensando que podría sobrevivir al ataque. Sin embargo, Harry presentía, que había muerto también.
- ¡Maldita sea!- se dijo, mirándola, acariciando su cabello- Lo siento, Hermione... ¡Maldición!
Severus regresó al poco tiempo y antes de que pudiera entrar, la puerta se abría con violencia. Ginny era la primera en entrar. Observó el cuerpo de Hermione, herido, sangrando. Se llevó las manos a la boca y trató de respirar.
-
¿Dónde está Ron? ¡Dime que Ronald está bien! ¡Vamos dilo!
-
Ron está muerto, Ginny- dijo Harry, sin vacilar- murió...
-
¿¡Dónde está mi hermano!?- le gritó ella y Harry, señaló una camilla al fondo. Ginny corrió hacia él y se detuvo a su lado. Sostuvo su mano y suspiró.- ¡Levántate Ronald, no es gracioso!
Pero no la oyeron.
-
¡Levántate Ronald Weasley!- gimoteó ella, pero no hubo cambio alguno. Su hermana se aferraba a su cuerpo muerto- ¡Maldita sea, te lo dije esta noche!
-
Está bien, Gin- dijo Harry, pero la joven no quiso escucharlo. Ginny miró hacia la camilla donde estaba Ron y se echó a llorar.
-
¡Diablos! Mi madre...Sus hijos... Hermione...
-
No podemos hacer nada más. No pude hacer algo más- se recriminó Harry y Snape, se detuvo para mirar a Hermione.
Estaba allí, muerta...
A la mañana siguiente, toda la familia conocía la verdad. Muchos estaban reunidos, compungidos, llorando en silencio. Los niños, eran alejados de aquel lugar, para evitar algún tipo de reacción. Era hora del entierro.
-
Una lástima, dijo Dumbledore. Miró ambos cuerpos en las camillas e inspiró- No pudimos darnos cuenta de.
-
No hubiésemos podido hacer nada. Ni siquiera yo mismo...
-
Lo sé. Me encargaré de consolar a la familia o al menos, decir unas palabras que necesitan- dijo Albus- quédate con ellos hasta que vengan a recogerlos.
-
Como guste.
Severus inspiró, mientras Dumbledore se iba. Ladeó la cabeza para mirar a Hermione y luego, para mirar a Ron. Ambos estaban allí, como dos muñecos rotos, con los que un niño ya no quería jugar.
-
¡Llévenme con mi madre! ¡Yo quiero verla!- podía oír los gritos de su hija, Rose Weasley- ¡Quiero ver a mis padres!
-
Señorita Weasley...- la voz de Minerva, sonaba aireada- ¡No puede pasar, no debe intervenir!
-
Quiero verla...
Severus volvió a ladear la cabeza hacia Hermione, con mucha calma. La miró detenidamente y suspiró. Nunca creyó presenciar algo, que estuviese tan cercano a su entorno.
- Granger- dijo, incapaz de creerlo- Entonces...
No continuó hablando y emitió un suspiro hondo. Mientras pensaba, observó que sus labios estaban entre abiertos. Al cuerpo, regularmente, le quedaba un poco de aire y por ende, a veces tenía ligeros movimientos.
- Espero que esto termine pronto- se dijo. ¿Cómo evitar no sentirse culpable, habiendo estado allí? Sí, tenía que cubrir su cuota de culpabilidad.
Estando allí sentado, junto a ella. Le pareció ver algo. Le pareció que sus párpados vibraron por un segundo. ¿Estaba viendo alucinaciones? Seguramente. No dijo nada y observó como los funcionarios del ministerio, entraban para llevárselos.
Se levantó de la cama, para no entorpecer el trabajo. Miró a un hombre muy fornido, levantar a Hermione. Su cabeza colgaba de forma fantasmal. Severus se quedó allí, mirando el camino hacia la puerta.
Sin embargo, antes de que salieran, Severus sintió que había escuchado algo de aquellos labios entre abiertos. Algo que le desconcertó en sumo grado.
"Ron..."