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Harry y Bella Potter y La Orden del Fénix — capítulo 13

Edward Pov

Dumbledore lanzó el hechizo y de repente Bella se derrumbó en su asiento. Cayó hacia atrás, pero la rodeé con los brazos antes de que su frágil cuerpo resbalara hacia el suelo.

-¡Bella! -exclamé asustado. Dumbledore, sin embargo, no parecía asustado o perturbado, ni siquiera en un mínimo. Eso me enfureció. ¿Cómo podía estar sonriendo tan tranquilo cuando mi Bella acababa de desmayarse tan de repente, sin ninguna causa aparente?

Carlisle se levantó y se arrodilló frente a Bella, tomándole el pulso en las pálidas muñecas. Era normal, igual que su respiración. Miré interrogante a Dumbledore, que seguía sonriendo.

-¿¡Se puede saber a qué está esperando!? -bramé. Dumbledore me observó sin alterarse lo más mínimo.

-Por si no te has dado cuenta, joven Edward, ella solo... por decirlo de alguna manera... duerme -explicó mirándome por encima de los cristales de sus gafas metálicas de medialuna que se le resbalaban poco a poco por la larga y ganchuda nariz.

-¿Duerme? -preguntó Esme perpleja con un hilo de voz.

-Sí, y si no me equivoco, según mi teoría, ella ahora mismo está en medio de un viaje, por así decirlo, de sus recuerdos -explicó Dumbledore de nuevo, observándonos de hito en hito. -Y mis teorías casi siempre son correctas, puesto, que, permítanme decirlo, mi coeficiente intelectual es ligeramente más elevado al del promedio.

Miré a Bella de nuevo. Efectivamente, podía escuchar su corazón latir con regularidad, fuerte y sano; podía ver su piel blanca sin ninguna anomalía visible; y podía ver como su pecho se elevaba con cada respiración, que era perfectamente normal.

- Si mis sospechas son correctas, Bella despertará en unos segundos -murmuró el director.

Apenas pasaron treinta segundos desde que Dumbledore había hablado cuando Bella parpadeó ligeramente y se removió entre mis brazos. Se elevó con lentitud y miró confundida a su alrededor.

- ¿Bella? -la llamé lo más suavemente posible que pude. Ella dio un respingo en respuesta. Me miró y luego dirigió su vista a Dumbledore.

- Isabella, ¿sabes donde estás?

- En Hogwarts -respondió ella de inmediato. Dumbledore sonrió.

- ¿Y sabes quiénes son estás personas?

- Sí, son vampiros, los Cullen -sonreí pensando que nos había recordado, pero entonces completó la frase -: Estaban en el claro con tío Remus cuando desperté.

Dumbledore frunció el ceño ligeramente.

- ¿Estás completamente segura de que no los conoces de nada más? -preguntó en un tono algo altivo, clavando sus ojos azules en Bella. Ella le sostuvo la mirada firmemente.

- No, no los conozco, ahora ¿puedo marcharme?

- Por supuesto -Dumbledore suspiró y antes de que alguno de nosotros pudiese reaccionar, Bella se levantó y salió corriendo del despacho.

Bella Pov

Los recuerdos se habían arremolinado en mi mente, como mis tíos nos habían maltratado a Harry y a mí, como me había enterado de mis poderes, mis compañeros, los Weasley, la piedra filosofal, el basilisco, los dementores, Sirius Black, el Torneo de los Tres Magos, la muerte de Cedric, mi huida a Forks y mi... enamoramiento con un estúpido vampiro que se convertía en bola de discoteca cuando le daba la luz del sol.

Corrí hacia la sala común de Gryffindor. Llegué ante el retrato de la Señora Gorda y exclamé con voz estridente:

- Sanguijuela.

Ella me miró de hito en hito.

- ¿Te encuentras bien, querida?

- ¡¡SOLO ABRA!! -bramé mientras las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos.

- Bueno, bueno, que carácter -saltó mirándome boquiabierta. Ella se echó a un lado sin parar de refunfuñar y yo corrí por el hueco del retrato.

Al llegar a la Sala Común corrí por mitad de ella, notando como varios alumnos se volvían para mirarme conforme les apartaba a empujones, intentando abrirme sitio.

- ¡Bella! -gritó Harry al verme llorar así. Intentó cogerme de la túnica, pero me escabullí y subí las escaleras hasta el dormitorio de las chicas.

Abrí la puerta de un tirón y me encontré con Hermione paseando arriba y abajo. Abrió la boca para empezar a hacerme preguntas, pero, al parecer, verme la cara le bastó para cambiar de opinión.

Corrió a mi baúl, sacó mi capa de viaje, vino hacia mi y me la echó por los hombros. Desde luego, abrigaba, pero no era ese el calor que necesitaba en esos momentos. Hermione me guió hacia la cama y me sentó en ella, dejando que apoyase la cabeza en su hombro y mojara su túnica escarlata con mis lágrimas. Me rodeó con los brazos meciéndose hacia delante y atrás.

- Duérmete -susurró. -Tú solo cálmate y duerme.

Cerré los ojos, intentando calmarme, pero lo único que podía hacer era preguntarme que iba a hacer ahora que mi mundo había quedado reducido a cenizas y mi corazón estaba hecho pedazos.