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Harry y Bella Potter y La Orden del Fénix — capítulo 12
Bella Pov
Era tarde. La sala común de Gryffindor era un alboroto. Fred y George estaban haciendo malabares con una gran pelota de color rojo, otras dos metálicas un poco más pequeña y una pequeña bolita dorada. Según lo que me habían contado, ese juego se llamaba Quidditch, la roja se llamaba quaffle, las metalicas bludgers y la dorada, snitch. Según ellos, yo jugaba en el equipo de Quidditch como Harry, mi hermano. Sin embargo, yo ni siquiera recordaba las reglas.
-¡¡Vamos, Bells!! -gritó Fred. -¡¡Anímate!!
Negué.
-Los Cullen dicen que soy muy patosa -dije refiriéndome a la familia que había visto nada más abrir los ojos. Todos estaban sentados a mi alrededor, en silencio.
Eran muy hermosos, con rostros pálidos y angulares, como los de las estatuas griegas, con una belleza imposible. El ángel de pelo broncíneo correspondía al nombre de Edward y no apartaba sus ojos dorados de mi, con un brillo anhelante en ellos. Me pregunté si estaba delirante.
-Los Cullen no tenían ni idea de quien eras hasta hace día y medio -espetó George. -Los Cullen no saben cómo eres. Lo de tu ''patosidad'' era parte del juego.
-¿Qué juego? -pregunté frunciendo el entrecejo. George gruñó poniendo una mirada desesperada y fulminó a Harry con la miradas.
-Esto es tu culpa -gruñó. -Debiste convencer a Dumbledore de que la dejara quedarse.
-¿Te crees que no lo intentó? -espetó Ron alzando las cejas.
-Todo el mundo a dormir -demandó Hermione cuando vio que Fred iba a replicar. -Acedme caso, soy prefecta.
Tres chicas, a las que identifiqué como Angelina, Katie y Alicia comenzaron a protestar, junto a más alumnos de quinto, sexto y séptimo, mientras los de los cursos inferiores obedecían como buenos chicos, salvo Ginny que se quedó allí, impertérrita.
-¡Pero no puedes.... !
-Puedo y lo haré. ¡AHORA A LA CAMA! -gritó de nuevo, fue respondida con abucheos y la puerta del retrato se abrió. Por el agujero del cuadro entró la profesora McGonagall.
-Señorita Potter -llamó. Miré a mi alrededor buscando a esa tal Potter. Ginny me miró con pena.
-Bella, es tu apellido.
-¡Oh! -exclamé, sonrojándome. Me levanté y miré a la profesora McGonagall.
-Acompáneme por favor. Señores Cullen, ustedes también -caminé hacia el hueco de la pared y salí tras ella, con los Cullen detrás de mí. Antes de que pudiese reaccionar, un brazo de Edward rodeó mi cintura con un brazo y me apretó contra él. Le miré interrogante.
-¿Qué haces? -murmuré. Él se encogió de hombros, pero el dolor en su rostro era claro.
Llegamos a una puerta ornamentada con una gárgola delante.
-Helado de fresa -dijo la profesora McGonagall. Pegué un respingo cuando la puerta se abrió y pasamos dentro, subiendo unas escaleras. -Señor director -saludó McGonagall después de llamar a la puerta. -Aquí los tiene -Dumbledore asintió y nos indicó que nos sentásemos en unas sillas que acababa de hacer aparecer.
Me senté y miré curiosa a mi alrededor. Era un despacho grande con muchos aparatos colgando en las estanterías, junto a millones de libros.
-Bella -llamó Dumbledore. Miré hacia él. -Bella, quiero pedirte un favor. -Fruncí el ceño en su dirección. -Mírame fijamente a los ojos -me pidió. Mi ceño se acentuó pero hice lo que me pedía, mirando a sus ojos de color azul claro. -Rélajate -me indicó. Pero yo no podía, mis músculos estaban tensos y no estaban dispuestos a cambiar de forma. De repente, sin saber por qué, sentí como la calma se extendía por todo mi cuerpo y me relajaba involuntariamente. Dumbledore levantó la varita y me apuntó. -¡Legeremens! -dijo y todo se volvió negro.
Hola! Sé que hace mucho que no actualizo. Pero tengo buenas razones (o eso creo) :
1 La inspiración para esta historia hizo PUFF! (si, como el pez de slughorn) y voló. Todavía no regresó pero hice lo que pude por los comentarios que recibi :)
2 Estoy muy liada con YSBP y El final de una era. Lo siento, intentaré retomar la historia (si todavía hay alguien que la lea)
PD: Se que no los merezco, pero ¿review?