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Harry y Bella Potter y La Orden del Fénix — capítulo 11
EDWAR'D POV
¿Conocéis esa sensación de que te equivocas siempre en cualquier cosa que hagas? ¿Esa sensación de que has cometido un error garrafal que no tiene perdón y que no podrás arreglar? A veces me digo a mi mismo como puedo ser tan idiota, como teniendo un siglo de vida puedo seguir cometiendo errores de quinceañero.
Después de aquel episodio, habíamos tomado un avión hacia el Reino Unido, concretamente hacia Londres, Inglaterra. Y ahora nos encontrábamos ante una enorme casa que se separó con un estrépito. Era un número 12, en Grimmauld Place. Primero nos habían enseñado el lugar en un papel escrito con una caligrafía cuidada y elaborada (la de Dumbledore :P), y después aquella casa se hizo visible.
Remus se adelantó y abrió la puerta con cuidado.
-Primero vosotros -nos pidió y pasamos despacio siguiendo el pasillo hasta un comedor. Un grupo de gente se nos quedó mirando asombradísimos. Entonces oímos gritos en el pasillo y salimos corriendo hacia allí, eran los gritos de Bella.
-Oh cielo, estás aquí -gritaba una mujer bajita y pelirroja.- Estás aquí, mi bebé, mi nena -sollozó abrazándola.
-¿Señora Weasly? -genial. Se acuerda de ella y de nosotros no. Esto era para pegarse de cabeza contra la pared.
-Oh cielo, ¿cómo estás? -le preguntó.
-Bueno, me duele un poco la cabeza, y los recuerdos están empezando a llegar -le replicó.
-Ah si, el golpe -comentó fulminando a Remus con la mirada que agachó la cabeza.
-¿Quién está ahí? -preguntó un hombre de pelo revuelto y rizado saliendo de la habitación.
-¿SIRIUS? -preguntó Bella abriendo muchísimo los ojos.
-¿No vas a abrazar a tu padrino? -le preguntó con una sonrisa enorme abriendo los brazos.
-Sirius -gritó ella con alegría y corrió a refugiarse entre sus brazos.
-No esperábamos visita -comentó un señor alto y con vestigios de pelo pelirrojo en la cabeza, no tan poblada como la de el tal ''Sirius''. Bella saltó a sus brazos y el hombre rió.
-Hola, señor Weasly.
-Arthur, Bella, llámame Arthur. El señor Weasly era mi padre -le dijo guiñándole un ojo.
-Mi compi metamorfamaga -gritó una chia delgada y bajita de pelo corto y pinchudo y de un color rosa brillante mientras pasaba un brazo por los hombros de Bella.- Te eché de menos, Lily-Bells.
-Hola, Potter -saludó un hombre que tenía un ojo saltón de color azul eléctrico que nos recorrió de arriba a abajo.
-Profesor Moody -saludó Bella respetuosa.
''Me da la sensación de que el cerebro de Bella nos está bloqueando -pensó Carlisle''.
-No sé si deberías llamarme profesor, no es que llegara a enseñar mucho realmente -gruñó.- Y no lo hice muy bien, porque si te juntas con sanguijuelas -añadió mirándonos de reojo.
-Alastor, son inofensivos, y Bella es... amiga suya -vi que dudaba al decir la palabra amiga, ya que sería más apropiado decir familia.
-No seas cascarrabias Ojoloco. ¿Qué Bella? ¿Para tu hermano mayor no hay abrazo? -un chico de pelo largo y rojo atado en una coleta la miró sonriente.
-Charlie -gritó. Pasaba de unos brazos a otros, esto no era normal. Ella debería estar en MIS brazos.
-''Y de quién es la culpa don ''no arriesgaré tu alma para no perderte pero vuelvo porque me preocupo a pesar de que debía ser como si nunca hubiese existido''-me regañó una vocecita en mi cabeza.
-Bella debe dormir. Estará agotada -dijo el Charlie pelirrojo y tomó a Bella en brazos para luego ponerla sobre sus hombros. Bella reía como una niña de cinco años, encantada.- Vamos a la cama Bellsie -gritó y subió las escaleras corriendo.
-Así que vampiros ¿no? -preguntó Sirius.
-Así es. Me llamo Carlisle y esta es mi familia -le dijo mi padre con una sonrisa. Todos comenzaron a hablar con nosotros y eran muy amables, Sirius incluso demasiado.
Ya se habían retirado todos cuando se nos acercó y me palmeó el hombro. Entonces se agachó y sus ojos se oscurecieron.
-Os lo diré una sola vez, chupasangres. Si Bella vuelve a sufrir por vuestra culpa, no me hago responsable de mis actos. Y si tú -esta vez me señaló a mi.- le rompes de nuevo el corazón, te arrancó la cabeza y la uso de pisapapeles. Pero antes te daré tal paliza que la patada más suave te mandará a Katmandú, en Nepal. ¿Comprendido? -susurró. Yo asentí manteniendo su mirada. Él rió encantado.- Veo que nos entendemos -comentó y después se fue.
o.O.o.O.o.O.o
La noche pasó rápido, me la pasé escuchando el corazón de Bella que latía suavemente.
A la mañana siguiente, fuimos al colegio de Bella, Hogwarts.
Esa mañana mismo había llegado una lechuza llamada Errol con la carta de Bella, que debía haberle llagado hacía 3 semanas, y nos dirigimos allí de fijo.
Nos enviaron unos coches especiales del Ministerio de Magia, el gobierno de los Magos. Un perro negro que en realidad era Sirius, nos siguió durante un kilómetro hasta que el coche aceleró de verdad. Bella lo observaba hacer cabriolas y reía encantada, pero a mi no me hacía ni pizca de gracia cuando, cada vez que Bella se volvía, nos enseñaba los dientes.
Eran las dos cuando llegamos a un castillo, que se imponía con un aire señorial trepando por las almenas de las torres como las enredaderas por sus paredes de piedra gris. Era realmente digno de verse. Depués de hablar con Dumbledore, que era amigo de Carlisle, se nos permitió estar en el colegio. Íbamos camino del bullicioso comedor,
-No encuentro a la lechuza de Percy, Harry, va a matarme. Pobre Errol -gemía dentro un niño por encima del resto de voves.
Más cuando Bella abrió las puertas todos guardaron silencio repentinamente.
-Siento haberme retrasado, pero no me llegó la carta. La llevaba un maldito pajarraco llamado Errol -añadió fulminando con la mirada a un chico pelirrojo que hizo una mueca.
-Bella -gritó un fantasma viniendo volando hacia nosotros. Me estremecí.
-Hola Sir Nicholar -saludó mi Bella.
-Bella -gritó una chica de pelo marrón poniéndose de pie. Las dos echaron a correr y se abrazaron. Repitió el proceso con un chico con gafas y pelo negro y luego con el pelirrojo, que se sonrojó.
-Ya vale, hermanita -dijo y ambos se separaron y se dieron la mano. Todos los miraban fijamente. Dumbledore se encontraba en la mesa de los profesores sonriendo ante la estupefacción de los rostros de su alrededor.
- He echado de menos Hogwarts, no soy nada sin él -susurró y yo la miré fijamente sorprendido.
-Te equivocas Bella -dijeron dos chicos gemelos poniéndose de pie a la vez.- Hogwarts...
-NO ES NADA SIN TI -concluyó el chico de las gafas y después la abrazó.
Dumbledore se puso en pie y aplaudió lentamente, seguido del resto de los profesores. Los alumnos de la mesa de Bella se levantaron y aplaudieron. Todos empezaron a levantarse y a aplaudir. La sala se llenó de gritos de ánimo y de lloros de alegría. Fue un día memorable. Pero lo más sorprendente de esa día fue sin duda que con el estruendo de los aplausos el colegio no se cayera. Aunque de fondo, entre los gritos de Emmett y Alice cuando subieron a Bella a hombros, me pareció oír el resquebraje de las paredes, engullido por la alegría que sentía por Bella. Por fin estaba en su verdadero hogar.