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Real — capítulo 2
Hace quién sabe cuántos días que no salgo de mi casa, en realidad, hace días que no pongo un pie fuera de mi cama. ¿Pero para qué hacerlo? Si de todas formas no voy a poder volver el tiempo atrás, no voy a volver a encontrarme con Prim sonriéndome todas las mañanas, ni tampoco a Gale esperándome para ir a cazar. No, ya no. Todo cambió. Me siento inútil, sola y desamparada. Nunca antes sentí un dolor semejante, ni siquiera en mis primeros Juegos del Hambre o en los Quarter Quell, porque en esos momentos tenía a Peeta.
Hace días, tal vez meses que no veo al chico del pan. Muy seguramente ya se había encontrado a una chica que lo ame, que le dé todo lo que yo nunca he podido darle. Suspiro. Ese pensamiento me hace sentir aún más sola y con menos ganas de salir de la cama. El sólo hecho de ver a otra mujer en los brazos de Peeta, eso sí terminaría por matarme. Así que me acurruco en mis sábanas, dispuesta a dormir.
-¿Katniss? -Su voz hace que mi corazón de un vuelco. Me dan ganas de gritar, de salir corriendo y abrazarlo, pero creo que no tengo la fuerza física y emocional que ese hecho necesita, así que me limito a quedarme callada. Unos minutos después, oigo el ruido de sus nudillos golpeando a mi puerta. Con una sola palabra le doy a entender que puede pasar. Me apoyo lentamente en el respaldo de mi cama y le hago un lugar para que se siente. -Te ves horrible. -Responde, mientras se sienta y suavemente me pasa un mechón de pelo detrás de la oreja. Ese simple movimiento hace que una corriente eléctrica recorra todo mi cuerpo.
-Gracias, ese es un lindo halago para decirle a una chica -Respondo y ambos reímos. Ya casi me había olvidado esa sensación, la de reírse. Quién sabe hace cuánto me había reído por última vez.
-No te voy a dejar que te quedes ni un minuto más en la cama. Hicimos la promesa de cuidarnos mutuamente, ¿Verdadero o no?
-Verdadero. -Respondo, sintiendo ese calorcito que se siente cuando alguien te cuida. Él simplemente asiente. Se para y me ofrece una mano. La acepto y me ayuda a levantarme lentamente, para no marearme.
-Date una ducha, vístete y te estaré esperando en la cocina-Antes de soltarme la mano, me da un suave apretón y luego se va. Sólo él podía sacarme de ese mundo de recuerdos el cual me estaba consumiendo, solamente el chico del pan sabía cómo hacerlo.
Me dirijo lentamente al baño, me desvisto y me doy una ducha de agua caliente que parece revivir cada célula de mi cuerpo. Nunca una ducha me había sentado tan bien. Ni siquiera recordaba la última vez que me había sentido tan renovada después de una ducha. Cuando termino, me visto, sin saber muy bien con qué ya que no tenía la más mínima idea de cómo estaba el clima durante esos días. Una vez hube terminado, me dirigí a la cocina, dónde Peeta me estaba esperando.
-Ahora te ves mucho mejor. -Dice al verme. -Ven. -Me ofrece su mano derecha y yo sin dudarlo la agarro. Salimos por la puerta trasera al jardín, donde Peeta había preparado un mantel en el pasto con una cesta sobre él. Sonrío. También me doy cuenta que hoy es uno de los pocos días con sol en el Distrito 12 del año. Continuamos caminando agarrados de la mano hasta que llegamos al lugar que Peeta había preparado, cerca de un árbol.
-Peeta…Gracias. -Susurro, mientras nos sentamos alrededor del mantel.
-No tienes por qué agradecérmelo, tú me salvaste la vida más de una vez. -Niego con la cabeza.
-Por mi culpa te torturaron, te sometieron al…
-Sh. Basta. -Dice, posando uno de sus dedos sobre mi boca. -Por un rato no pensemos en el pasado, disfrutemos del presente, ¿Sí? -Muevo mi cabeza como un gesto de afirmación, y luego siento sus brazos alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él, y sin duda alguna, me dejo abrazar por esos brazos que tanto añoraba. No puedo evitar volverme a sentir en casa, y hundo mi cabeza en su cuello, aspirando su aroma.
-No me sueltes. -Susurro, mientras siento su mano acariciando mi cabello.
-Nunca.
Nos quedamos así por varios minutos, horas, días quizás, yo acurrucada en su pecho, él rodeándome con sus fuertes brazos. Ninguno de los dos nos movíamos, simplemente disfrutábamos el hecho de poder estar así, tan cerca el uno del otro.
-Katniss…-Susurra a mi oído, cuando yo estaba a punto de sucumbir en el sueño. Respondo con un leve gemido. -No quiero que te duermas de nuevo, ya has dormido suficiente. A parte, tienes que comer algo. -Él suelta uno de sus brazos para ayudarme a incorporar.
-No. -Digo firmemente, mientras lo obligo a que ponga su brazo una vez más alrededor de mi cintura. Se ríe y luego me besa la frente.
-Te cociné pan de queso. -Entonces recordé que no había comido nada hacía muchas horas ya, y mi estómago ruge al escuchar las palabras de Peeta. Lentamente vuelve a soltar su brazo de mi cintura para agarrar la cesta, y saca de ella un trozo de mi pan favorito. Abro lentamente los ojos y lo observo, mientras mi boca se hace agua al oler su olor característico. Levanto una mano para poder agarrarlo, pero Peeta es más rápido que yo y logra esquivar mi mano.
-¡Mío! -Susurro, mientras intento agarrar el pan. Peeta ríe al verme intentar llegar al pan sin separarme de él ni siquiera por un minuto. -No me separaré de ti aunque tenga que morir de hambre. -Digo, y después de unos segundos, caigo en lo que acababa de decir.
-Tengo que admitir que esa es la cosa más tierna que te he escuchado decir. Y me encanta. Pero no quiero que mueras de hambre, así que te prometo que cuando termines de comer no me separaré de ti ni por un segundo, ¿Está bien? -Asiento, y lentamente y dolorosamente me voy separando del calor de su cuerpo y me siento.
-¿Mi pan? -Sonríe y me doy cuenta de cómo me gusta cuando sonríe…se ve tan natural.
-Aquí tienes tu pan. -Me responde, depositando el pan de queso en mis manos. Me devoro el pan en menos de un minuto y luego lo miro expectante, con ansias de más. Una vez más se vuelve a reír. -No, no quiero que te alimentes sólo de pan, así que te traje algo un poco más saludable. -Luego saca de la cesta dos sánguches, uno para él y el otro para mí.
-¡Un día de campo y ustedes no invitan al tío Haymitch!
-Pensamos que estarías lo suficientemente ebrio para no poder levantarte de tu silla. -Dice Peeta, y ambos reímos.
-Já, já, muy gracioso chico. Para que sepas se me acabó mi reserva y era eso lo que venía a pedirle a Katniss, pero visto y hecho de que están comiendo sin mi compañía, decidí venir a acompañarlos. Pero nada de besos en mi presencia, ¿Sí?
-Has visto tantos por televisión, ¿Qué te molestaría verlos en vivo? -Responde Peeta, guiñándome un ojo. Sonrío y no puedo evitar ponerme colorada.
-Simplemente porque tengo una gran cantidad de alcohol en mi estómago y puedo asegurarles que no será una bella imagen verme devolverlo.
-Nada de besos, nada de besos. -Responde Peeta, y los tres reímos. -Tienes suerte que preparé otro sanguche. Toma. -Para cuando Haymitch comienza a comer, Peeta y yo ya terminamos, así que no dudo un segundo al volverme a acurrucar en su pecho. Sus brazos me vuelven a rodear. Vuelvo a sentirme en casa, y sé que nunca antes había sentido algo tan real por alguien…a excepción de esos dos besos, el de la cueva y el de la playa.
Al recordar esos besos, esos besos que me dejaron con ganas de más, no puedo evitar morderme el labio para no besar a Peeta en este mismo instante: no era ni el momento ni ninguno de los dos quería ver a Haymitch vomitando.
-¿Puedes dejar de morderte el labio? Me estás volviendo loco, preciosa. -Me susurra a mi oído, y una vez más esa electricidad me recorre el cuerpo. Sonrío y me acurruco más en su cuerpo y sus brazos me rodean más fuerte que antes. De pronto una idea de cómo deshacerme de Haymitch viene a mi mente.
-Haymitch, ve a buscar adentro, creo que quedaron unas botellas sin terminar de licor. -Los ojos de Haymitch brillan al escuchar la palabra licor y se levanta de inmediato.
-¿Dónde?
-En el mueble del comedor. -Cuando sale disparado para la casa, le guiño un ojo a Peeta, el cual me libera de sus brazos y voy detrás de Haymitch. Una vez abre la puerta trasera, espero unos segundos y también yo me adentro en la casa. Me dirijo al lugar de la cocina donde cuelgan las llaves y agarro la de la puerta trasera. Salgo y la cierro con llave, para que nadie más nos interrumpa.
-Buena jugada. -Ríe Peeta, y yo nuevamente me acurruco contra su cuerpo. Pero luego recuerdo esa hambre que no se saciaba al comer ningún alimento o parecido, si no al besarlo.
-Peeta, fui una tarada. -Él me mira sin entender y me deja continuar. -Todos estos años nunca me di cuenta realmente de cuanto te necesitaba así, junto a mi lado. Fui una tarada al desperdiciar todo este tiempo. Nunca antes había estado enamorada, no sabía lo que eso significaba, no sabía qué se sentía. Hubo dos veces, sí, dos veces…Una en la cueva y la otra en la playa… Dos…besos, que me hicieron sentir lo que realmente eras para mí, y recién ahora me doy cuenta de eso.
De pronto, no sé cómo, pero ambos nos estamos besando, pero ningún beso de antes fue parecido a este, ni siquiera el de la playa, no. Porque luego de este beso, hubo un segundo, un tercero, un cuarto, y así quién sabe por cuánto tiempo, aunque nos tomábamos unos segundos para tomar aire.
-No sabes cuánto tiempo esperé este momento.-Susurra en mi oído y otra vez esa corriente eléctrica. Nos volvemos a besar, nuestros labios de nuevo se funden y nuestras bocas se dejan explorar por la otra. Me aferro a su cuerpo y deseo poder congelar este momento para siempre, no separarme jamás de MI chico del pan.