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Real — capítulo 3
-Ehem, si te cocino otro pan, ¿Me dejarás saltear este turno? -Responde Peeta, logrando como siempre salvarme de ese mar de recuerdos y pesadillas que me acompañan en cada minuto de mi existencia. Sonrío, feliz de tener al chico del pan en mi vida.
-Ni por todo el pan delicioso que podrías llegar a cocinarme. Definitivamente no. -Le respondo, aun sonriendo. Pone cara de niño cuando le sacan el dulce, y yo no puedo evitar lanzar una carcajada.
-Entonces elijo consecuencia. Soy un hombre valiente y me atrevo hasta robarle la ropa interior a Haymitch. -Dice, levantándose de la cama donde estábamos sentados, en su casa de la Aldea de los Vencedores, y asumiendo la posición característica de un soldado.
-¿Ah, sí? Entonces hazlo. -Río de nuevo. ¿Hace cuánto que no me reía tanto? Sólo él podía hacerlo. Veo que su mueca de valentía se transforma en consternación.
-¿Hacer qué? No, -lanza una carcajada y lo amo aún más. -no pienso robarle los calzones a Haymitch. No estaba hablando en serio…
-Mellark, le robarás esos calzones a Haymitch o si no tendré que…
-¿Qué? -Me pregunta desafiándome, con esa sonrisa que me hace derretir. Se me va acercando peligrosamente, estoy a punto de darme por vencida, no puedo soportar estar a tan corta distancia y retener el inmenso deseo de besarlo…-Nada de besos hasta que no consigas los calzones de Haymitch. - Me controlo y giro mi cabeza para un lado, sonriendo. Le había ganado.
-Dos besos, sólo dos besos y saldré corriendo a buscar esos malditos calzones. -Dice, y no puedo evitar lanzar una carcajada. ¿Ya dije que lo amo, no?
-Uno. -Sé que no me voy a poder resistir nuevamente cuando veo que se me acerca peligrosamente.
-Dos. -Y ya no puedo resistirme más. Uno, dos, miles si él me lo pide así. Lo atraigo hacia mí sujetándolo del cuello y ambos nos besamos como si fuese la primera vez. Caemos sobre la cama, su cuerpo sobre el mío, como si encajasen perfectamente el uno con el otro. Seguimos así, besándonos y abrazados por quién sabe cuánto tiempo. -Te amo Katniss Everdeen. -Me susurra entre beso y beso, y siento como se me eriza la piel a causa de su susurro en mi oreja.
-Te amo Peeta Mellark. -Le respondo, y lo beso una vez más. Luego recuerdo nuestro juego y me resisto a besarlo una vez más. -Listo, -Mi cuerpo requiere un esfuerzo enorme, tanto físicamente como psicológicamente, para separarme unos centímetros más de mi chico del pan. -Ahora sí, quiero verte buscar esos calzoncillos.
-Por un momento pensé que había logrado hacerte olvidar de eso, lo juro. -Y ambos reímos. -Está bien, está bien. Tal vez tenga suerte y esté lo suficientemente borracho para no entender qué hago buscando calzones en su casa. -Y río otra vez, ya ni recuerdo la última vez que habían brotado de mis ojos lágrimas de felicidad. -Espera, ¿Y si no tiene calzones? Digo, puede ser que no use nada.
-Gracias por la imagen visual que me acabas de insertar en el cerebro. En serio. -Reímos juntos hasta que nos empiezan a caer lágrimas de nuevo, y ya no recuerdo la última vez que había reído hasta llorar. Tal vez nunca en mi vida lo había hecho.
-Está bien, está bien. Iré a buscar esos calzones de una vez… ¿Un último beso? -Y yo no puedo resistirme. Lo atrapo con mis manos en sus mejillas y le doy un beso corto.
-Ahora sí, te acompañaré así puedo reírme un rato. Quiero ver cómo lo logras. -Sonrió y tomados de la mano nos acercamos a la casa de Haymitch en la Aldea de los Vencedores. Es uno de esos días que se ven pocas veces en el Distrito, sol y algo de calor. Y Peeta.
Abrimos la puerta la cual permanecía entre abierta. Seguramente Haymitch debía de estar suficientemente ebrio como para olvidarse de echar llave. Caminamos hasta el salón, donde lo vemos recostado en un sillón, con una botella de licor en la mano y cantando una canción muy parecida a la típica de Feliz cumpleaños. Sólo que con la letra un poco alterada, haciendo referencia a un tal "Cacho, el borracho".
-¿Haymitch? -Peeta trata de atrapar su atención pasándole una mano por su campo visual, pero nuestro ex mentor no parece dar signos de estar en este mundo.
-Cacho, el borracho era feliz, salía a pasear con el auto de papá, con su cachacho. -Peeta me mira pidiendo auxilio, y yo me limito a reír.
-¡Vamos Haymitch, sólo necesito tus calzones!
-Cacho el borracho tenía calzones. Muchos calzones. Sucios y apestosos calzones de Cacho el borracho. -Y entonces se desmaya. Miro a Peeta expectante, todavía tiene que hacer la prenda.
-Oh no, preciosa, -Dice cuando entiende que aun estoy esperando -no desnudaré a Haymitch parar quitarle sus calzones. Eso sí que no lo haré. Ya lo hice una vez y te aseguro que la experiencia no fue nada reconfortante.
-Te estaré esperando afuera, cuando salgas te quiero ver con esos calzones Mellark. -Le doy un beso en la mejilla y salgo por la puerta, sonriendo.
Luego de unos minutos esperándolo afuera, cuando un horroroso olor a orina mezclado con otras cosas asquerosas se empieza a acercar a mí. Me doy vuelta y encuentro a Peeta, que agarra un tenedor del cual cuelga el calzoncillo de Haymitch.
-Oh no, aleja esa cosa de mí. -Digo, mientras retrocedo riendo.
-¡Oh, pensé que deseabas con ansias poder oler esta delicia! -Me responde también riendo, aun acercándose a mí.
-Haré lo que quieras si dejas de acercarte con esa cosa espantosa, lo juro.
-Con que cualquier cosa eh… Bueno, te obligaría a ir a robarle la ropa interior a Effie, pero dadas las circunstancias…Creo que me conformaré con un par de besos. -Y tira el calzón lejos de nuestro alcance. Yo corro hasta saltar sobre él y nos besamos entre risas. Esperen, ¿Ya dije que lo amo, verdad? Sí, creo que sí.