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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 4
Abrí los ojos, el sol empezaba a salir lentamente, asomando sus rayos por encima de los techos de las muchas casas, como diciendo "¡Ey, flojos!, ¡ya es de mañana!".
Me estiré de pies a cabeza aún recostada sobre mi cómoda cama y miré por la ventana. El día era precisamente como lo había descrito Sam en su cuaderno: No parecía estar haciendo mucho calor, pero el frío aún no se intensificaba como para tener que llevar un abrigador suéter.
Caminé hasta el cuarto de baño y empecé a prepararme para ir a la escuela, apenas era miércoles y ya sentía una enorme flojera, puesto que ahora me quedaba un poco más lejos que antes.
-¿Estas lista?- preguntó mi mamá tomando las llaves del auto cuando mi plato estaba casi vacío.
-Sí, pero hoy quiero ir caminando- dije poniéndome en pie.
-Sí sabes que la escuela queda más lejos, ¿verdad?
-Lo sé, pero es que quiero meditar mientras camino hasta ella.
-Meditar- repitió mi mamá casi sin poderlo creer-. Está bien.
Y después de despedirme de ella salí a la fresca mañana de aquel día. Andando por la acera, recordando lo que la dueña del cuaderno que ahora llevaba en mi mochila había sentido. Todo aquello que ahora yo lo sentía en carne propia.
Las clases previas a la hora del descanso se me hicieron las más largas del mundo. Continuamente echaba una ojeada al interior de mi mochila y veía aquel viejo cuaderno, comprobando que aún seguía ahí. Y una vez que la campana sonó anunciando la hora del almuerzo, salí lo más rápido que pude del salón de Geometría Analítica.
-¡Alexa!- gritó mi amiga Rose al pie de la puerta-. ¡¿No nos acompañas?!
-¡Después!- exclamé parándome casi en seco-. ¡Te veo más tarde en clase!, ¡¿Vale?!
Corrí por los pasillos hasta encontrar un aula desocupada, entré, saqué el cuaderno y busqué la página en donde me había quedado.
-¿Bromeas?- exclamó Brooke en cuanto le conté lo que había pasado antes de entrar a clases con Brad, el chico nuevo.
-No, sabes que no.
-¡Es genial!- dijo ella con una enorme sonrisa.
-Pues la verdad no sé por que te emociona tanto- dije sin darle mucha importancia al hecho de que un chico nuevo socializara conmigo.
-¿Te sientes bien? Ese tipo está guapísimo, ¿y tú dices que no te importa?- preguntó con los ojos como platos.
-Solo digo que no es para tanto.
Mi amiga me miró con los ojos entornados como si me examinara cautelosamente, casi como si tuviera una extraña enfermedad a la cual ella tuviera que dar diagnostico.
-¿Sabes?, a veces creo que te falta más de un tornillo- repuso al fin asintiendo energéticamente.
-¡Ay, ya Brooke!- exclamé yo dándole un pequeño golpe en el hombro-. Si se te hace tanto guapo, ¿por qué no lo invitas a salir?
-Por que no es a mi a la que le ha hablado, si no a ti.
-Dejemos el tema, ¿sí?
Nos miramos fijamente y casi de la nada sonreímos al mismo tiempo.
No podía molestarme con ella, a pesar de ser una terca y querer siempre tener la razón, aunque debo admitir que la mayoría de las veces la tenía. Pero en aquella… no estaba segura. No podía negar que Brad era guapo, pero tampoco podía decir que estaba interesada en él, en realidad no podía decir que estuviera interesada en algún otro chico.
-Bien, dejemos el tema- aceptó ella-. Entonces hablando de algo más… ¿supiste que queda cancelada la feria de ciencias?
-No lo…
Estaba a punto de responder, cuando alguien llamó nuestra atención.
-Hola… otra vez.
Brooke y yo nos dimos vuelta casi al mismo tiempo, y observamos como hasta nosotras caminaba un muchacho. El mismo del que habíamos estado hablando hasta hace solo unos segundos.
-Hola- respondimos a la vez.
-Te vi pasar y quise saludarte de nuevo- dijo él con una amplia sonrisa.
-¿Sí?... pues…
No podía creerlo, me quedaba sin palabras, y tampoco ayudaba mucho que mi amiga me estuviera observando con una sonrisa ansiosa en su rostro.
-Sí…
Bueno, ahora me daba cuenta de que a él le pasaba exactamente lo mismo. Y al parecer no había sido yo la única que se había percatado de aquel detallito, pues de inmediato mi acompañante encontró una inteligente excusa para salir de ahí y dejarme a solas con Brad.
-¡Brooke!- la llamé yo mientras esta se alejaba rápidamente por el pasillo.
-¡Te busco más tarde!
La vi alejarse poco a poco de mí con horror y en cuanto dio vuelta y no se vio más, me di vuelta hacía mi nuevo compañero, pero este ni dijo absolutamente nada. ¿Tenía que ser yo quien diera el primer paso? Pues eso a mi no se me daba muy bien.
-Y bien…- exclamé sin saber qué más decir.
-¿Qué?
-¿Solo me veías a decir hola?- pregunté yo.
-Bueno… no- dijo él cambiando el peso de su cuerpo de un pie a otro.
No dije nada, me quedé mirándolo fijamente, en espera de que terminara de hablar.
-Quería saber si tienes algo que hacer hoy- dijo al fin.
-¿Estas invitándome a salir?
-Pues sí, algo así.
-Brad… de verdad lo siento mucho, pero no puedo- exclamé en verdad apenada. Ya de por si era vergonzoso cancelar a mi amiga, pero a un chico que acababa de conocer-. Tengo que trabajar y…
-No te preocupes- repuso tratando de sonreír.
-En verdad lo siento- repetí.
-No hay problema. Ya será para la próxima.
-Sí. La próxima será…
De nuevo se hizo aquel incómodo silencio que pareció gobernar no solo a nosotros dos, si no al pasillo en pleno.
-Entonces… ¿nos vemos?
-Sí- dije yo encogiéndome de hombros.
Y entonces, sin más, Brad me dedicó una última sonrisa y se dio vuelta para alejarse como había hecho Brooke.
Brooke… ojalá no me hubiera dejado ahí sóla, por que en lugar de haberme hecho un favor como ella había creído, era como si me hubiera subido personalmente a la plancha para ser lanzada a los tiburones.
El resto de mi día en la escuela fue igual, como si volviera a vivir el día anterior; y después, apresurarme para poder llegar a tiempo a la cafetería.
-¡Hola!- saludó Sherly pasando a mi lado con una charola repleta de panecillos.
-Hola, Sherly- respondí con una sonrisa-. ¿Cómo va todo?
-Como siempre, ya sabes… entran, salen, comen y se van- dijo ella mientras colocaba los panecillos en una mesa que parecía haber sido ocupada hasta hace pocos minutos.
-¿Y mi mamá?
-Ha ido con Chad a comprar servilletas y otras cosas.
-Bien.
Fui hasta un banco en la barra y me senté.
-Y a ti ¿Cómo te ha ido?- preguntó ella al alcanzarme. Se colocó tras la barra y tomó el trapo que usaba para limpiar los vasos.
-Bien- repuse encogiéndome de hombros.
-¿Solo bien?, ¿qué nunca tienes algo que contar?
-Bueno…- empecé preguntándome si debía contarle lo ocurrido en los pasillos.
-¿Bueno…?
-Alguien me invitó a salir hoy.
-¿Y es guapo?
-Creo- dije yo sin levantar la mirada.
-¿Qué le has dicho?
-Que no puedo…- respondí sintiendo el pesar de mis propias palabras.
Sherly lanzó un suspiro de exasperación y por poco pone los ojos en blanco al escucharme.
-¿Cuándo fue la última vez que saliste con un chico?
-No lo recuerdo…
-¿Por qué te haces esto?- preguntó ella casi con pena.
-Es que no hay tiempo. Entre la escuela y el trabajo yo…
-Sam- dijo ella cortando mis palabras-. No puedes seguir con esto, eres joven, sí, pero todo esto se acaba. Y no quiero que te des cuenta demasiado tarde.
-Es que…
Estaba a punto de contestar a aquellas palabras, cuando la puerta a mis espaldas se abrió.
-Sam- llamó alguien de pronto.
Me di vuelta casi al instante que Chad iba hasta mí con mi mamá al lado. Algo en su rostro hizo que me diera un poco de miedo.
-¿Cómo?- preguntó apoyando una mano en la barra, muy cerca de mí-. ¿Ni siquiera te has puesto el uniforme?
Bajé la mirada hasta mi ropa, y pude apreciar con horror cómo era verdad lo que Chad estaba diciendo. Llevaba en la cafetería aproximadamente veinte minutos y no me había molestado por empezar a trabajar, que era a lo que se suponía que iba.
-Perdón, yo…
-No me digas nada y por favor empieza tu trabajo- dijo él cortantemente.
Lo fulminé con la mirada por un momento, no me gustaba que me reprimiera de esa forma, no era su hija y no me quería que él pensara que era eso o algo parecido. Me puse en pie de un brinco y me colé tras la barra para luego dirigirme hacía el baño.
Ya dentro, me puse la ropa lo más lento que pude, tenía que alejar de mi toda aquella energía negativa, hacer tiempo para que mi enojo se fuera por completo. Me miré en el espejo, en momentos como aquellos deseaba estar en otro lugar. Sóla, sóla y sin nadie que me dijera que hacer o que no hacer. Deseaba estar en silencio por una vez en tanto tiempo, meditar… buscar en mi mente eso que parecía faltar en mi vida… ¿Qué era aquello?
-¡Sam!- dijo la voz de mi mamá tras la puerta-. ¿Estás ahí?
Abrí los ojos de golpe, los cuales por un extraño motivo se habían cerrado sin querer.
-Sí, ya salgo- contesté yo. Me puse el delantal y salí a enfrentarme a Chad.
Tomé libreta y pluma de una pequeña mesa y salí una vez más de la barra. Ahí, cerca de la barra, me encontré a Allison y Sherly con las cabezas juntas, como si no quisieran que alguien más las oyera.
-¿Qué hacen?- pregunté al llegar hasta ellas.
Al escuchar mi voz, dieron semejante salto y se golpearon las cabezas con fuerza.
-¡Ah! Eres tu- dijo Allison sobándose el lugar donde la cabeza de Sherly la había golpeado.
-Sí, soy yo- repuse recargando los codos en la barra y mirándolas atentamente-. ¿Qué hacen?
-Sherly me estaba contando algo… mira, ¿vez a aquella mujer?- exclamó la joven en un susurro apuntando velozmente con la cabeza en un punto.
Dirigí la vista en aquella dirección, una mujer de avanzada edad veía la carta con los ojos entornados tras unas gafas elegantes de montura fina. Tenía el cabello cano, el rostro surcado de arrugas, unos labios extremadamente delgados e iba vestida con un atuendo elegante, demasiado diferente al resto de la gente que ahí solía comer.
-Sí, ¿qué tiene?
-Es una adivina- dijo Sherly sin más.
-¿Una qué?- pregunté sin comprender del todo lo que me decía o a qué se refería.
-De esas que leen la mano y esas cosas- comentó ella con un poco de desesperación.
-¿Y cómo…?
Estaba a punto de formular por completo mi pregunta, cuando alguien volvió a hablar a mis espaldas.
-¿Pretenden pedir su orden telepáticamente?- preguntó Chad mirándonos con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Es que nosotras…- empezaron Sherly y Allison a disculparse, pero él las interrumpió antes.
-¿Nos haces el honor, Sam?- exclamó haciendo una seña con la mano en dirección a la mujer.
Lancé un resoplido que me fue imposible reprimir, me enderecé por completo y sin mirarlos fui hasta la mujer mientras sacaba la libreta para tomar su orden.
-¿Puedo ayudarla en algo?- pregunté casi en automático al llagar hasta ella.
Levantó la mirada, y entonces, unos ojos grises se posaron sobre mí. Aquellos ojos tenían algo que me inquietaban, era como si tuvieran rayos láser, unos rayos que me examinaban de pies a cabeza, o más bien, más allá de sólo mi apariencia. Era como si leyera mis pensamientos… mi mente. Sonrió al cado de un momento.
-Yo solo… quisiera tomar un refresco- dijo ella consultando la carta.
-Muy bien- lo apunté y me di vuelta, pero antes incluso de dar el primer paso, ella habló de nuevo.
-Querida…
-¿Sí?- exclamé yo volviéndome hacía ella.
-No es nada muy importante… es solo que noto en ti algo.
-¿Sí?, ¿qué cosa?- pregunté un tanto inquieta.
Lo que antes me había dicho Sherly me había dejado con curiosidad.
-Alguien… alguien en tu vida que te ama mucho- repuso ella entornando los ojos.
-Tal vez mi mamá- dije yo encogiéndome de hombros.
-No, este es alguien del sexo opuesto… y no, no es tu hermano- exclamó sonriendo.
-Mi papá nos abandonó hace años- repuse tomando un gesto sombrío por las declaraciones de ella.
-No hablo de él- comentó con un leve asentimiento y con una sonrisa paciente-. Es alguien que no te ha olvidado y está al pendiente de ti.
Aquella declaración me dejó impactada. ¿Quién podía ser aquella persona tan interesada en mí? Dudaba que existiera alguien además de mi familia o Brooke a la que le importara, nunca había sido una chica sociable y eso reducía bastante la lista de personas.
La mujer no apartaba su vista de mí, como si en cualquier momento yo recordara de quién me estaba hablando, pero no tenía nila más remota idea.
-En un momento le traigo su refresco- exclamé con voz ronca antes de darme vuelta e ir hasta la barra.
Después de llevarle su pedido, me quedé observándola a distancia. Esta solo dio unos cuantos sorbos a su refresco, y sin más se fue, no sin antes lanzarme una amable sonrisa al llegar a la puerta.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Sherly con curiosidad al ver aquello.
-Nada- respondí casi al instante, algo que significó más que un simple nada.
-No me pareció eso- dijo ella clavándome su mirada, como siempre que estaba dispuesta a sacarme la sopa-. He visto que se han quedado hablando.
-Solo preguntaba por la especialidad- mentí tratando de sonar convincente.
Sherly torció el gesto, tratando de captar si aquello era una mentira o si creer lo que había dicho sin rechistar.
-Bien- dijo al fin y se fue hasta la cocina.
El encuentro con aquella mujer aún me producía escalofríos, y no por que esta pareciera alguien frio o algo por lo parecido, al contrario, Era cálida y amable, pero sus palabras aún resonaban en mi mente, como un eco perturbador en una enorme y vacía habitación.