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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 5

-¿Qué tienes?- preguntó Billy cuando Chad hacía sus habituales cuentas antes de cerrar el negocio.

-Nada- respondí.

Pero lo cierto es que mentía. El resto del día lo había pasado pensando en las palabras de aquella mujer, y mi mente divagaba en todas aquellas personas a las que conocía, y por más que lo pensaba, no encontraba a alguien tan especial que sintiera algo tan fuerte por mí como aquella mujer me lo había hecho saber.

-Estás muy rara desde hace rato- repuso mi hermano mirándome con extrañeza.

-No tengo nada, en serio- dije yo esbozando una rala y poco convincente sonrisa.

-Bien- exclamó sin creérselo.

Me volví de nuevo hacía el frente, mirando a nada en particular, y a diferencia de mí, todos a mi alrededor hablaban y reían.

-¡Listo!- exclamó Chad apagando su computadora y tallándose los ojos-. Hora de irnos.

Todos empezaron a encaminarse hacía la puerta, y luego diciendo un "Buenas noches" o "Hasta mañana", se fueron alejando uno a uno por la acera, con rumbo a sus respectivas casas.

Y entonces, ahí fuera de la cafetería, a la intemperie, experimenté una nueva sensación… el de ser observada por alguien invisible. Rápidamente sacudí la cabeza en forma de negación, aquello tenía que deberse en gran parte a lo ocurrido, no podía ser posible.

-¿Nos vamos?- preguntó mi mamá poniendo una mano sobre mi hombro.

-¿Eh?... sí- contesté saliendo de mi ensimismamiento.

Billy, Chad, mi mamá y yo fuimos hasta el auto, y entonces el novio de mi mamá emprendió el camino de vuelta a casa.

Durante el trayecto, solo me lo pasé mirando por la ventana hacía nada en específico, con la mirada perdida en el vidrio que se había tornado oscuro a causa de la oscuridad del exterior. A mi lado, Billy me lanzó algunas miradas de preocupación, claro que el creía que yo no me había dado cuenta, pero sí lo hice.

El auto se detuvo en el exterior de una casa de tonos claros que parecía brillar en la oscuridad, se abrieron las puertas y todos empezaron a salir de auto sin demora.

-¿Qué le pasará ahora?- escuché que decía mi hermano.

Al poner atención pude saber de qué hablaba. Milo ladraba desde el patio con mucha fuerza e insistencia.

-Debe habernos escuchado llegar- dijo Chad encogiéndose de hombros.

-Se ha estado comportando muy raro los últimos días… es como si quisiera llamar nuestra atención de alguna forma- comentó Billy frunciendo el seño.

-Seguramente se siente solo.

Chad abría la puerta en aquel momento y todos entrabamos en el cálido interior de la casa.

Los ladridos desde ahí sonaban un poco más amortiguados por las paredes que nos rodeaban, pero seguían ahí, potentes y atronadores, ¿Qué le estaría pasando?. Fui hasta la puerta del jardín interior y la abrí sin pensarlo dos veces, y entonces Milo entró rápidamente, ladrando y corriendo en todas direcciones.

-¡Sam!- gritó mi mamá apartándose de un brinco del camino del can-. ¿Por qué lo has metido?

-Pensé que podría tener algo.

-Ya te lo he dicho, tal vez se siente solo…

-¿Cómo lo sabes?, ¿lees sus pensamientos? o tal vez te ha hablado y te lo ha dicho- exclamé sin poder evitarlo.

-Sam, no quiero que le hables así a tu madre- dijo Chad imponente.

Me volví hacía él y lo miré con gesto duro. Otra vez se volvía a meter en donde no lo llamaban, otra vez queriendo tomar el lugar de padre de familia, un lugar que no le pertenecía.

-He dicho solo la verdad- exclamé yo sin poder evitar ese tono frío que casi siempre empleaba para dirigirme hacía él.

-Es tu madre y…

-¿Por qué te metes donde no te llaman?

El silencio se hizo a nuestro alrededor cuando dije aquello, sentía la mirada de Billy y mi madre clavada en mi nuca, pero no corregí mi postura. Lo seguí mirando fijamente.

-Tampoco tienes por qué hablarme así.

-¿Entonces cómo?- preguntó con las cejas alzadas.

Pareció que por un momento este reclamaba mi actitud nuevamente, pero solo titubeó por un momento y después relajó el semblante al notar también la mirada de los otros dos.

-Yo me voy- me di vuelta y me encaminé hasta la escalera de madera.

-Aún tenemos pendiente una plática acerca de tu trabajo.

-¿Piensas despedirme?- pregunté dándome vuelta repentinamente a mitad de las escaleras.

-No…- dijo él con los ojos muy abiertos.

-Entonces ya te he dicho que no volverá a pasar. Buenas noches.

Subí hasta mi habitación y cerré la puerta, aunque no eché el cerrojo, mi mamá odiaba que lo hiciera. Me recosté en la cama y me quedé contemplando el techo. Por primera vez en mi vida sentía la extraña sensación de querer ser otra persona, de haber tenido una vida distinta, de divertirme hasta más no poder, de tener novio, de no querer alejarme del resto de la gente, de saber más sobre mi vida, ¿Cómo podía ser posible que yo misma me sintiera dudosa a cerca de ella?

Se escucharon unos pasos fuera de la habitación, y levanté la mirada antes de que mi mamá apareciera.

-El que no esté cerrada por completo no quiere decir que puedas pasar así como así- dije con la vista en el techo nuevamente.

-Lo siento, lo haré la próxima vez- se disculpó ella sentándose a mi lado.

Por un momento pensé que estaría molesta conmigo, pero no lo parecía así. Pasó una mano por mi cabello, acariciándolo suavemente.

-¿Qué es lo que pasa?- preguntó con voz tierna.

-Nada.

-Nada, ¿o no quieres decírmelo?- insistió.

-No pasa nada- dije yo dándole la espalda al recostarme en un costado.

-No lo creo- dijo ella dando un largo suspiro-. Te he notado triste y distante…

-Te he dicho que no tengo nada- repliqué.

-¿Por qué insistes en alejarme de tu vida, Sam?... me preocupo mucho por ti, ¿en qué piensas?

-Mamá- exclamé con exasperación-. No me pasa nada, y no tengo ganas de hablar por el momento. Estoy exhausta… por favor.

Se hizo otro silencio en el que siguió pasando sus dedos entre mi cabello. Quería que se fuera, que me dejara sola por un momento.

Sentí como el peso de su cuerpo se aligeró sobre la cama, escuché sus pasos sobre el piso de madera, seguido de una puerta que se cierra, pero no fue hasta pasados un par de minutos que me di vuelta y seguí con la vista fija en el techo.

No podía creer que las palabras de aquello mujer me hubieran importado tanto. Y sobre todo pude deducirlo cuando, antes de dormir tuve que cerrar la venta y sus cortinas, pues sentía la sensación de que alguien me observaba desde fuera. Entré de nuevo a la cama y me quedé recostada entre la penumbra, mirando las cortinas corridas de la enorme ventana de mi habitación, hasta que sin darme cuenta, me quedé dormida.

Iba de camino hacía la escuela, a mi alrededor había más hojarasca tirada en los patios de los vecinos, y pude observar como algunos las recogían para impedir que manchara el buen ver de sus hogares. Incluso me pareció ver que un joven que vivía un par de cuadras más allá de mi casa me sonreía mientras iba hasta el contenedor de basura cargando una enorme bolsa llena de basura. Pero debió de tratarse de algo que solo me lo había figurado, puesto que yo no tenía ningún tipo de contacto con nadie de por ahí.

Seguí andando por la acera, disfrutando de la fresca brisa del ya llegado otoño sobre mi piel y despeinando suavemente mi cabello. Y minutos más tarde, sin sentirlo y quererlo prácticamente llegué al instituto.

-¡Hola!

Brooke corría hacía mi con su mochila oscilando peligrosamente de su hombro.

-Hola- contesté yo con una sonrisa mucho menos entusiasta que la suya

-Pero ¿qué te pasa?. Luces… mal.

-Gracias por no decir horrenda- dije yo con una risa forzada.

-De nada.

-Lo cierto es que no he podido dormir muy bien- comuniqué antes de que me preguntara el motivo de mi aspecto, del cual estaba completamente al tanto. Me veía horrible.

-¿Por qué?- preguntó ella con curiosidad.

Antes de contestar miré a mi alrededor para asegurarme de que no había nadie que pudiera escucharnos.

-Me sentía observada.

-¿Bromeas?- exclamó con un gesto confuso entre el pánico y divertido.

-Hablo enserio. Es como si me hubieran estando observando desde frente a mi ventana- expliqué en casi un susurro.

-Pero si tu habitación está en el segundo piso- dijo soltando una carcajada.

-Sí, lo sé…

-Yo más bien creo que tanto trabajo está por ponerte paranoica.

-Es que…- empecé yo a protestar, pero no me hizo caso.

-¡Vamos!, despreocúpate. No creo que alguien te esté observando- dijo ella sin darle mucha importancia-. Mejor vayamos a clases antes de que nos cierren la puerta.

La verdad es que me molestó que mi amiga tomara todo aquello como una broma, cuando para mí era algo de preocuparse, y ya no solo era una sensación de recuerdo, ahora sentía que a donde quiera que iba alguien me observaba.

-Brooke.

-¿Qué?- preguntó ella.

Nos encontrábamos en nuestra mesa habitual comiendo nuestro almuerzo.

-¿Alguien nos observa?

-¿Sigues con eso?- exclamó ella ya un poco harta del asunto.

-Dímelo- la apremié yo-. ¿Alguien nos observa?

-¿Cómo voy a saberlo?, la cafetería está a rebozar… Pero aún así no lo creo, ¿no te das cuenta?. Somos Sam y Brooke, las menos sociales de la escuela.

Esbocé una apenada sonrisa, en parte tenía razón, ¿quién se iba a interesar por lo que estuviéramos haciendo?. Esa pregunta podía contestarla yo misma. Nadie.

-Pero así es mejor- continuó ella con una sonrisa de satisfacción-. No me gusta tener los ojos de los demás puestos en mí.

-Tienes razón, no me hagas caso.

Ambas reímos y seguimos comiendo.

Por lo general mi amiga tenía chistes bastante buenos, pero yo le había pedido que los contara una vez que termináramos el almuerzo, pues en una ocasión casi me ahogo con un trozo de galleta por querer tragar y reír al mismo tiempo.

-O…

-¿O qué?- pregunté al verla pensativa.

-Tal vez tengas razón en eso de que te observan.

-¿Por qué lo dices?

-Por que hay alguien observándote en este preciso momento- dijo ella con una sonrisa.

No pude evitar voltear hacía donde mi amiga miraba, y al hacerlo, me topé con un par de ojos verdes que me miraban desde el otro lado de la cafetería. Brad sonrió tímidamente e hizo un gesto con la mano en forma de saludo, al cual yo respondí al instante.

-No está mal, ¿eh?- exclamó mi amiga con una sonrisa picara.

-Sí, pero…

-¿Qué?

-No lo sé...- empecé yo pensando en las posibilidades.

-¿No sabes qué?, ese chico está bastante guapo y es obvio que le interesas.

-No empecemos con el tema, Brooke. Por favor.

-Está bien- dijo ella poniendo los ojos en blanco.

El resto del día no mencionamos de nuevo a Brad, pero era claro que mi amiga quería hablar sobre él, por que parecía tener la esperanza que haciéndolo yo me animara a salir con el muchacho. Y aunque sí deseaba salir con él, sabía también en parte que no tenía el tiempo.

El horario de clases de aquel día había terminado, y como era habitual, yo me dirigía hacía el restaurante de Chad, dispuesta en parte a pasar todo un día tomando ordenes y llevando hamburguesas a mesas repletas de adolescentes que hablan y se diviertes como yo no lo había hecho hacía años. En eso me encontraba pensando, cuando de nuevo me llegó aquello a la mente. Alguien me mirada, lo sabía. Me quedé inmóvil por un momento, tratando de adivinar por mi instinto, dónde se ocultaba aquella persona, y de pronto, como si lo hubiera calculado me di vuelta, bastante rápido como para alcanzar a ver una cabeza que se ocultaba tras un árbol en un parque cercano. Había llegado la hora, por fin sabría quién era aquella persona que me observaba.

Contuve la respiración y vacilé por un momento, pero al fin me decidí, no podía seguir con aquella duda el resto de mi vida. Y entonces, crucé la calle y me dirigí hacía el árbol donde lo había visto.