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Crónicas de un amor - "Nunca te olvidaré" — capítulo 7

Después de despedir a Brooke desde la puerta, subí de nuevo a mi habitación, abajo era prácticamente imposible estar, puesto que Milo se deshacía en sus intentos de salir de nuevo de la casa. No entendía qué era lo que pasaba, incluso lo miré con detenimiento para estar segura de que era mi perro y no lo había confundido con el de alguien más. Pero no, era el mismo Milo que tenía desde hace aproximadamente dos años.

Eran cerca de las diez de la noche, y yo, a pesar de no haber trabajado aquel día me sentía bastante agotada. En algo culpaba la carrera que se llevó a cabo por culpa de mi perro.

Me puse el pijama y me metí a la cama, saboreando de las últimas horas de aquel relajante día. No quería dormir, sentía que más bien era como el despertar de un hermoso sueño, por que sabía que cuando abriera los ojos de nuevo, me esperaba mi vida diaria, aquella en la que tenía que trabajar y tratar de socializar con personas que me hacían mala cara.

Acababa de cerrar los ojos, cuando algo hizo que de nuevo los abriera de golpe. Aquello había sido un ruido, estaba segura, y provenía de la calle, pero con más exactitud, veía del jardín delantero. Me puse en pie rápidamente, tropezando con algunas cosas que estaban tiradas en el suelo, pero llegué hasta la ventana. Eché un vistazo por una pequeña y apenas visible rendija que abrí entre cortinas. Ahí había alguien. Lo sabía, estaba siendo observada.

Corrí escaleras abajo, con la sensación de triunfo corriendo por mis venas, ese tonto estaba atrapado. Al llegar a la puerta de entrada la abrí de golpe, y en eso, me topo con el cuerpo de un chico que estaba parado justo frente a mí.

-¡Aaay!- exclamé al caer hacía atrás por la fuerza del impacto.

Mi retaguardia golpeó fuertemente contra el piso y sentí como el piso se movía con fuerza, pero aquel con quien me había golpeado no se había movido ni un centímetro.

-Lo siento, ¿estas bien?- preguntó apresurándose a ayudarme.

Quité de un manotazo la mano que me tendía y me puse en pie lo más rápido que pude, para después enfrentarme a él.

-¿Qué es lo que…?- pero me quedé completamente callada al ver de quién se trataba-. ¿Brad?, ¿qué haces aquí?

El muchacho sonrió al ver mi expresión de asombro y se encogió de hombros, unos hombros muy bien trabajados por el ejercicio.

-Me enteré que tuviste el día libre y decidí venir a verte.

-Sí, en mi trabajo… Un momento- exclamé al ver que las cosas no cuadraban muy bien-. ¿Cómo has sabido que tenía el día libre?, y ¿Quién te dijo en donde vivía?, ¿tu eres quien me ha estado siguiendo?

-¿Qué?. No- dijo al instante apartándose un poco, intimidado por mis preguntas.

-¡Sí!, te he visto espiar mi casa por la ventada.

-Acabo de llegar, te lo juro.

-¿Entonces?. Exijo una explicación- dije cruzándome de brazos.

El muchacho se aclaró la garganta incomodo y entonces, después de un momento habló.

-Brooke- repuso mientras asentía-. Me la he topado hoy a la salida y me lo ha comentado y me ha dicho en donde vives. Pero me dijo que venga después de las nueve, creo que quería tenerte primero para ella.

Mi cara se tiñó de todos los colores habidos y por haber, estada tan avergonzada que ansiaba que en cualquier momento me tragara la tierra. Lo miré casi encogida, sintiéndome tan pequeña… no tenía valor para mirarlo a los ojos, iba a creer que era una completa chiflada.

-Brad, lo siento… enserio, es que…

-No te preocupes, no tienes por qué darme explicaciones- dijo él esbozando una sonrisa-. Imagino que los chicos te deben de espiar siempre.

-Claro que no.

-Que raro, siendo tan bonita como lo eres.

¿Había oído mal?. De seguro me había quedado dormida y todo aquello era un hermoso sueño. Traté de pellizcarme, pero sería demasiado evidente, seguro él se daba cuenta si lo hacía.

No contesté, simplemente me limité a sonreír y ponerme de mil colores una vez más.

-¿Estás ocupada en este momento?

-¿Qué?- pregunté sin comprender.

-¿Quieres salir conmigo?- preguntó haciendo una pregunta más clara.

Me miré. Era claro que no estaba lista para salir en aquel momento, en realidad no había recordado hasta aquel momento que iba vestida con mi pijama.

-Bueno, está claro que no puedo salir- dije yo riendo con nervios.

-Puedo esperarte si quieres para que te arregles- propuso él al instante.

-Brad…- lancé un suspiro-. En serio no puedo.

La mirada del muchacho se entristeció notablemente, pero en sus labios se figuró una sonrisa, como si tratara de mostrar que no estaba tan afectado.

-¿Qué tal si lo dejamos para otro día?. En mi próximo día libre- exclamé tratando de levantar su ánimo-. En verdad lo siento.

-No te preocupes. Total, ya tengo un espacio en tu agenda.

-No te burles- dije yo sonriendo.

-No me burlo, en verdad me gustaría salir contigo- sonrió él también.

En ese preciso momento el auto de Chad se aparcaba en su lugar habitual en el jardín. La luz de los faros delanteros nos iluminaron por un momento y estos provocaron que mis pupilas de dilataron y yo entrecerré los ojos para protegerme de ellas.

-Entonces nos vemos mañana en la escuela, ¿no?- dijo él llamando mi atención.

-Sí, claro. Hasta mañana.

Dio un paso hacía atrás y entonces emprendió de nuevo su camino por la acera, alejándose poco a poco hasta perderse de vista entre la espesura de la oscuridad de aquella noche sin luna.

Por su parte, Billy, mi mamá y Chad, caminaban hacía mí, cargados de comida rápida, que obvio no era de Nichols food, la cafetería de Chad. Cuando se trataba de nuestros antojos no iban dirigidos a la comida que habíamos olido durante todo el día, siempre nos íbamos por otras opciones.

-¡Hemos traído la cena!- canturreó mi mamá con voz alegre.

-¿Qué pasa, Sam?- saludó Billy al pasar por mi lado.

-Hola- dije yo para todos en general.

Los seguí hasta la cocina y los vi desembolsar aquellos paquetes llenos de deliciosa comida.

-¿Cómo ha ido tu día libre?- preguntó mi mamá.

-Bien.

-¿Qué has hecho?

-Brooke ha venido esta tarde a pasarla viendo películas y eso- respondí encogiéndome de hombros.

Mi mamá sonrió en aprueba de aquello, pero había alguien más que ponía mucha atención en aquella plática, y no era mi hermano.

Chad me miraba de reojo, como si tratara de hacer una pregunta de la cual no se animaba, y hubiera dado todo por que no la hiciera, por que esta vez no se metiera en mis asuntos, pero no.

-Y… ¿quién era el chico con el que estabas ahorita?

-Un amigo de la escuela- repuse tratando de no poner los ojos en blanco para que no se molestara. No estaba segura de si se la había pasado ya el disgusto de la noche anterior.

-¿A pasado también el día contigo?- preguntó con el entrecejo fruncido.

No pude evitar lanzar un suspiro de exasperación.

-No- contesté al fin al ver que mi mamá se ponía tensa-. Acababa de llegar.

Nadie dijo nada, pero yo me encontraba completamente preparada para responder a cualquier otra pregunta que tuviera que hacerme de Brad o lo que fuera.

-Bueno- exclamé cuando comprendí que no diría nada más-. Me iré a dormir, mañana hay escuela y trabajo.

Me di media vuelta y fui hasta las escaleras, sintiendo una marea de sentimientos encontrados por aquel día. Felicidad por haber pasado un día con mi mejor amiga y por haber visto a Brad, aliviada físicamente ya que al fin había descansado mi cuerpo, y frustración por el nuevo altercado con Chad.

Me metí en la cama y me eché las mantas encima, aún sentía la fría sensación del aire frío que corría en la calle, el otoño estaba de lleno en el ambiente.

Al abrir los ojos la mañana siguiente me topé con que dentro de mi habitación se sentía una ligera corriente de aire. Me puse en pie y fui hasta la ventana, estaba abierta. ¿A caso yo la había abierto la noche anterior?. No. Estaba segura de que no, solo recordaba haber abierto solo un poco las cortinas para poder mirar a aquella persona que me miraba o eso había creído yo. Más sin embargo no le di importancia al asunto, cerré la ventana y me fui a arreglar para empezar aquel nuevo día.

-Espero volvamos a repetir lo del día de ayer- dijo mi amiga al encontrarnos por el pasillo aquella mañana.

-Bueno, pero no nos hagamos muchas ilusiones.

Faltaba muy poco para que la campanada de inicio de clases se hiciera presente.

-¡Brooke!- exclamé recordando.

-¡¿Qué?!- gritó ella asustada.

-Nada- dije tapándome un oído por el grito que había proferido mi amiga-. Solo era que quería reclamarte por haberle dado mi dirección a Brad y decirle que fuera a verme ayer.

-¿Eso?- preguntó ella haciendo un gesto de indiferencia-. ¿Te ha molestado?

La miré sin contestar, pero en mi rostro era claro que no había ni pizca de molestia, algo que ella pudo notar enseguida.

-Lo sabía, no estás molesta.

-No, pero…

-No me digas nada, se nota que mi idea ha ido como yo lo había planeado- exclamó con una sonrisa de satisfacción-. Y ¿A dónde salieron?

-A ninguna parte, yo ya llevaba puesta el pijama- dije yo encogiéndome de hombros.

Mi amiga lanzó un resoplido de exasperación.

-¿Sabes?, a veces me desesperas- dijo poniendo los ojos en blanco-. ¿Cuándo vas a aprender?

Yo reí por lo bajo, aunque sabía a la perfección que ella tenía razón. Si de chicos se trataba, era ella quien más sabía sobre el tema, yo que recordara, nunca antes había tenido una cita con alguno, a menos que fuera para que me ayudaran a ponerme al día con los deberes del colegio, pero debo admitir que ninguno de aquellos chicos había sido guapo, o por lo menos interesantes. Y también estaba claro que había perdido una gran oportunidad la noche anterior, y quien sabe si se volviera a repetir.

-¿Dijo algo sobre volverse a ver?- preguntó ella con insistencia.

-Sí, algo así de salir el próximo día libre que yo tenga.

-¿Como en unos diez años?

-¡No exageres!- dije yo-. A lo mucho serán en unos cinco.

Ambas reímos con mi comentario, tal parecía quelo que yo necesitaba era un día de libertad para cambiar un poco mi estado de ánimo. Pero este cambió por completo al notar la presencia de alguien en el colegio. Curt o como se llamara caminaba al lado de unos chicos que tenían la misma pinta que él - vestidos con ropa oscura o el cabello alborotado-. Este, en cuanto me miró lanzó una sonrisa divertida y siguió caminando al lado de sus amigos.

-¡Es él!- exclamé en voz alta.

-¿Quién?- preguntó mi amiga viendo hacía donde yo miraba.

-El chico del que te hablé ayer.

-¿En dónde está?

-Ahí va con aquellos chicos- dije apuntando con la cabeza en aquella dirección.

-Oh- fue todo lo que se le ocurrió decir a ella.

-Nunca antes lo había visto en la escuela- apunté yo con el entrecejo fruncido.

-Pero si ellos todo el tiempo están aquí, siempre los veo en el patio fumando a escondidas, o eso creen ellos.

No la escuché, clavé la vista en la espalda delmuchacho hasta que dio la vuelta en la esquina y se perdió con sus amigos. Era muy raro quenunca antes lo hubiera visto por ahí, aunque se podía tratar de un chico nuevo.

Al terminar las clases de aquel día me dirigí hacía la cafetería de Chad, sintiendo mucha más flojera y menos ganas de ir que otros días. Pero no había nada que hacer al respecto.

-¡Sam!- gritó Sherly haciendo un gesto de dolor al alzar su mano para saludarme.

-¡Hola!

Había olvidado lo mucho que la había extrañado durante el día anterior.

-¿Qué pasa?- pregunté yo al ver que se pasaba la mano por la espalda.

-No es nada- dijo con un ademan de que no pasaba nada-. Es solo que ayer me lastimé un poco la espalda al tratar de levantar una caja.

-Deberías ir a que te vean eso.

-Ya se lo he dicho yo, pero nome hace caso- dijo Billy yendo hasta la única mesa ocupada.

-Aprovecha que hay poca gente y pídele a Chad que…

Estaba a punto de terminar mi frase, cuando el susodicho hizo aparición en el local.

-¿Me hablaban?- preguntó observándonos atentamente.

-Le decíamos a Sherly que te pidiera el día para ver a un medico por lo de su espalda- dije yo al instante.

-Pero si ya de por sí somos pocos... Allison ha pedido el día también- apuntó ella.

-Pero la clientela también es escasa hoy- dijo Billy llegando con la charola vacía.

-Creo que tienen razón los muchachos- coincidió Chad asintiendo con decisión-. Ve a que te chequen eso.

La mujer abrió la boca para protestar, pero eso le provocó otro dolor en la espalda, por lo que solo se limitó a asentir levemente y dio la vuelta lentamente para ir por su bolso.

Aquel día hubo muy poca clientela, cosa que todos aprovecharon a su manera: Chad fue a terminar algunos asuntos que tenía pendientes fuera, Billy se encerró en el baño para hablar con su novia por móvil, mi mamá fue a casa a limpiar un poco (ya que se encontraba bastante sucia). Y yo, me quedé al frente de la cafetería, puesto que podía arreglármelas sola, y aparte que quería ponerme al corriente por el día anterior.

Revisaba algunos mensajes de texto que Brooke acababa de mandarme al móvil, cuando escuché cómo la puerta se abría, haciendo resonar las campanillas situadas encima de ella.

-Buenas tardes- saludé yo sin quitar la vista de la pequeña pantalla.

-Hola, Sam- dijo una voz vagamente familiar.

Al escuchar aquella voz levanté la mirada rápidamente, para toparme con unos ojos almendrados. Curt me miró con una sonrisa divertida, una sonrisa idéntica a la que me había dedicado en el pasillo de la escuela.

-¿Qué haces aquí?- pregunté yo secamente.

-Es un lugar abierto al público, ¿no?

-Sí- apunté yo sin dejar el tono mordaz-. Pero es mucha coincidencia, ¿no lo crees?

-¿El qué?- preguntó con tono inocente.

-El que vengas aquí precisamente, a donde estoy yo. Habiendo tantos otros locales de comida rápida en la ciudad.

-Pero este es el único en el que trabajas tú- dijo él recargándose en la barra.

-¿Lo has hecho a propósito?

-¿Es demasiado evidente?- preguntó con una gran sonrisa dibujada en su cara.

-¡No puedo creerlo!, ¿Desde cuando me sigues?- pregunté con indignación.

-¿En verdad quieres que te conteste?

-Claro… Un momento- empecé yo observándolo atentamente-. ¡Eras tú!, ¡Tú eras el que me seguía!

No contestó, pero era evidente que yo tenía razón esta vez.

Lo miré fijamente con los ojos entornados, mientras él miraba una carta del menú de la cafetería. Su cabello castaño caía por su cara, casi cubriéndole los ojos,

-¿Te han dicho antes que eres una persona bastante molesta?- pregunté moviendo la cabeza negativamente.

-Creo que sí- dijo sin molestarse.

-Pues tienen toda la razón.

Por un momento pensé que se molestaría, pero no lo hizo, simplemente se limitó a reír.

-Ya, enserio. ¿Qué haces aquí?- pregunté yo cruzándome de brazos-. No creo que vengas a comer una hamburguesa.

-En realidad no- dijo poniendo la carta a su lado.

-¿Entonces?

-La verdad es que venía con la intensión de pedirte una cita- contestó cruzándose de brazos también.

-¿Una cita?- pregunté yo sin comprender.

¿Una cita?, ¿estaba pidiendo que saliéramos juntos?. Nada cuadraba en todo aquello, ¿qué era lo que podíamos tener en común yo y aquel muchacho?. Se notaba claramente que éramos totalmente distintos, no teníamos nada, nada en común. Por un lado, él era extrovertido, se creía divertido y se notaba que tenía muchos amigos; yo por el contrario era del tipo de chicas que no hablan mucho sobre ellas, era seria y contaba con muy pocos amigos en mi lista.

-Sí, tú y yo… una cita- dijo él sonriendo-. ¿Qué dices?, ¿Sales conmigo?