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Confesatorio con Albus Dumbledore — capítulo 2
Severus se negaba todo el receso, pero los profesores insistían en que él fuese el primero. No sabían a qué atenerse. Minerva continuaba tras él, frente al despacho de Albus, mirándolo con ligero nerviosismo. Y si de pronto, Albus daba a conocer esos secretos que tanto se molestaban en esconder, ¿qué harían con ellos? ¿qué harían de saber esa verdad oculta durante tanto tiempo? Inspiró tratando de no pensar en las consecuencias. Tratando de pensar que Albus elegiría lo menos vergonzoso para decirlo. McGonagall mantenía sus manos sobre los hombros de Snape, comenzaba a apretar de forma dolorosa y Snape a quejarse de su agarre. — ¡Ya basta mujer! De acuerdo, seré el primero en esta ridiculez. Caminó dentro y se sentó en aquel confesionario de madera, Albus no estaba dentro del despacho. Mientras esperaba pacientemente, miles de formas de mentir, se le vinieron a la mente. Pero supuso que Albus había creado eso, ante toda defensa mental y mágica. Estando allí sentado, escuchó que la puerta del confesionario se abría y se quedó en silencio, esperando oír la voz de Albus. No sabía quién estaba sentado allí. Podía ser cualquiera. — ¿Albus? — Sí, Severus. Soy yo. Minerva me dijo que amablemente; te habías ofrecido para ser el primero. Entonces, quiero escuchar lo que vas a decir. Lo primero que quieras confesarme. Recuerda, no debes mentirme ni ocultar nada. Tendré formas de verificar que lo que dices, es cierto. Lo sabre. — ¿Entonces para qué lo preguntas si lo vas a saber de todos modos? — Para no tener que usar los métodos difíciles. Severus reprimió un escalofrío al preguntarse cuáles eran esos métodos difíciles. Con una sonrisa escueta, se acomodó en el asiento de madera y meditó qué secreto podía decir, que no lo comprometiera en palabras y acciones. Pensó por un largo rato, donde Dumbledore sonreía y esperaba pacientemente. — No lo pienses mucho, porque de todas formas me tendrás que decir el resto de tus secretos. — De acuerdo, de acuerdo. ¡Tengo un fetiche con molestar a los estudiantes! Me encanta hacerles sentir inferiores, de vez en cuando. Eso estaba mal. Albus asintió y Snape respiró. Bueno, se sentía algo mejor en decir las cosas. Aunque fuesen un poco vergonzosas. — Muy bien. ¿Qué más? — Ya sabes lo que pienso y pensaba sobre Lily, te pediré que en especial...¡no reveles ese secreto! Bueno...una vez y solo una vez, llegué a creer que Lucius Malfoy era....era...atractivo. Albus sonrió y Snape se llevó una mano a la frente, para disipar ese antiguo recuerdo de su infancia. El director no había dicho nada, pero Snape asumía que estaba pensando en algo gracioso al respecto. — ¡No soy lo que crees y no quiero que te rías al respecto! — No me río, Severus. Y sí, Lucius tiene sus dotes que a muchos les podría hacer pensar eso. No tienes por qué afligirte o preocuparte. Pero no se afligía. Sí le preocupaba su mente necia, que una vez había pensado en ello. Que Lucius resultaba atractivo. Además, pensaba que Albus resultaba preocupante, con haber dicho que todos podrían pensar que lo era. Guardó silencio, pensando en qué otra cosa podía decir para acabar con esas horas de tortura. — En un tiempo pasado, me enamoré de una estudiante.— dijo, murmuró y Albus asintió. Podía ver su sombra, a través del tejido a un lado. Como un típico confesionario muggle. — ¿De quién? ¿llegaron a algo, Severus? — No. A nada. Solo lo guardé, se veía muy bizarro y por demás, poco práctico. Ella es una estudiante de Gryffindor. Albus esperó por el resto. — Hermione Granger. Es muy inteligente. Más que el resto de mis estudiantes. Me gustaba corregir sus ensayos, sus deberes escolares. Sentía afinidad con ella. A ambos nos gustaba leer y nos gustaba pasar tiempo a "solas" con nuestros pensamientos. Además de lo estricta que solía ser con Potter y compañía. — Igual que Minerva. — Pero a ti te gusta Minerva. A mí no. Albus rió y Snape lo miró de mala gana, mientras éste continuaba riendo. Respiró y luego, volvió a enseriarse. — ¿Cómo sabes que las medias de Gryffindor son rojas? — ¿No lo son?— replicó Snape sin entender y Albus sonrió. — No todo lo que tú conoces. De todas formas, está bien que no haya sido mayores las cosas entre ustedes. Supongo. Severus respiró hondamente, mientras Albus meditaba. — ¿Algo más que quieras agregar? — Me gusta...pues...la comida fría, de vez en cuando- Y dormir pues bueno, supongo que entiendes eso. — No digas eso o muchas chicas irán a verte. — Por supuesto. Con el problema hormonal y pensando que yo podría resultar atractivo. Albus abrió la puerta del confesionario y Snape hizo igual, algo abochornado. No alzó la mirada, pese a que Dumbledore sonreía y lo miraba. — Sé que aún te quedan secretos. Estaré esperándolos, Severus. De todas formas, piensa bien cómo dices las cosas. No me gustaría que me mintieras. Severus se preguntó si en todo lo que había dicho, había dado a entender que mentía. Eran confesiones serias. Se sentía ultrajado. Desnudo. Más que cuando dormía en su cama. — Como quieras, Albus.