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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 43

Salí de mi habitación unos minutos después de que Bianca se marchara. Quería asegurarme de que Renesmee se quedaba tranquila y de que no estuviera enfadada por la intromisión de la vampira. No parecía molesta. Al menos esa fue la impresión que ella me causo cuando me sonrió al salir de la habitación, prometiéndola que regresaría pronto para atenderla. Saber que ahora podíamos llevarnos mínimamente bien me aliviaba mucho, y que hubiera depositado su confianza en mí de nuevo me reconfortaba. Aunque no pudiera tenerla como me gustaría, me conformaba con eso. De momento. Quizás si le seguía demostrando que me importaba, acabaría por creer que realmente sentía algo fuerte y verdadero por ella. Y entonces pasaríamos al siguiente nivel.

Continúe caminando por los pasillos, buscando a mi hermana sin seguir un camino determinado. Estos ya habían sido liberados de escombros en su mayoría y algunas zonas estaban rehabilitadas. La senda solo estaba marcada por la necesidad de no cruzarme con Bianca mientras recorría el castillo. Me pregunte como hubiera reaccionado meses atrás si alguien me hubiera dicho que en el fututo yo iba a arriesgarme por la hibrida de los Cullen. Probablemente me hubiera reído de él, demostrándole lo inferior que me parecía como ser y lo patética que me parecía su opinión. Después era factible que lo hubiera asesinado por blasfemar así, eso dependiendo de si estaba de buen humor. Y seguidamente habría demostrado mi triunfo yendo de cacería y deleitándome del cuerpo de alguna hermosa muchacha. Ahora eso me resultaba impensable, y todo porque Renesmee había hecho cambiar mi perspectiva sobre la vida y la realidad. Es increíble lo que cambia tu manera de ser cuando encuentras a una persona que vale la pena, alguien a quien quieres cuidar y mantener a salvo. Me pasó algo a lo que yo creía ser inmune, y por primera vez en siglos, era feliz.

Jane no estaba en la biblioteca, a pesar de que era un lugar donde solía pasar el tiempo. Había brasas en la chimenea, por lo que supuse que había estado allí, observando el fuego. Arrugué la nariz y negué con la cabeza casi imperceptiblemente antes de volver a emprender mi camino en dirección su habitación. Quise evitarlo, pero durante el trayecto fui incapaz de no pensar en el embarazo de Renesmee. La verdad es que aun no había logrado asimilarlo del todo, y el asunto seguía confundiéndome. Era consciente de que era una realidad, pero seguía pareciéndome tan insólito que me costaba creerlo. Renesmee era sensible y más frágil que yo por simple naturaleza, y ahora el embarazo la había debilitado aun más. Era consciente de que esto se me podía ir de las manos en cualquier momento: no tenía ni idea de cómo iban las concepciones, ni de que necesidades vitales tendría una encinta, ni siquiera de cómo daba a luz una mujer. Ese tema siempre había permanecido aislado para mí porque nunca pensé que pudiera ocurrir en un entorno cercano. Y ahora esa ignorancia me estaba pasando factura.

Sinembargo, el tema que más me incomodaba, aunque intentaba por todos los medios que no fuera así, era la paternidad del bebé. Ella misma lo había dicho "El bebé podría ser de Jacob o… podría ser tuyo".La simple idea de que ella pudiera llevar en su interior algo del perro era insoportable. Yo iba a ayudarla fuera de quien fuera, sin dudarlo, pero pensar en eso me hacía mucho daño y me ponía rematadamente celoso. Sí era mío, me vería ligado a ella y al crío para siempre, podría proporcionarles todo lo que necesitaran. ¿Qué implicaría si fuera de Jacob? Que ella tendría que regresar con él, o que no me quisiera cerca. La interrogante era mortal. No podía hacer nada hasta que el bebé naciera y pudiera verlo. Al menos debía consolarme saber que ambos teníamos las mismas posibilidades de haberla embarazado, lo que implicaba un amplio espectro del 50% para mí. Pero… ¿Y si mentía? Tal vez ella supiese con certeza que el bebé era del metamorfo y solo hacía esto para que tuviera más presión y necesidad de ayudarla. Sabía que Renesmee no era así, siempre decía la verdad, y mentirme con esto sería muy cruel, aun así… quien sabe lo que hace una madre desesperada por el bien de su hijo.

Era por eso que no quería pensar en el tema. No quería creer que ella me engañaba, porque sabía que era casi imposible, pero estaba totalmente paranoico y desquiciado y al final mi subconsciente podía llegar a jugarme malas pasadas. Además, ella no se merecía que la juzgase por mentirosa. Por suerte no me dio tiempo a seguir pensando en todo esto, porque justo en ese instante llegué al cuarto de mi hermana. Llamé un par de veces a la puerta, aunque no espere a que contestara para entrar. Abrí y me la encontré sentada en uno de sus mullidos sillones. Tenía un libro azul en la mano, grueso y de páginas amarillentas. Su cara se petrifico por una mueca de sobresalto, y entonces intervine.

-¿Estás ocupada? Tengo que hablar contigo urgentemente.- inquirí, mirándola con impaciencia pero siendo cuidadoso de no mostrarme hostil o desesperado. Quería regresar cuanto antes con Renesmee.

Ella me observó unos segundos con la mirada atónita.

-Sí, claro. No ha problema, no estoy ocupada. Pero… ¿No estás enfadado conmigo?- preguntó. Yo camine hasta quedarme cerca de ella, para que la conversación fuera más cercana.

-¿Qué?- exclame sin comprender. Desconocía la razón por la cual tendría que estar enojado con mi hermana,- ¿Acaso debería estarlo?

-No lo sé… -vaciló pesarosamente,- Ya sabes, comenzaste a correr en cuanto te dije que Aro me había ordenado torturar a tu amiga. Pensé que me echabas la culpa y que estabas molesto conmigo por tener que hacerla daño. Te llame para que regresaras, pero no me hiciste caso, así que supuse que no querías hablar conmigo.

-No estoy enfadado, hermana. Tú no tienes la culpa de que te hayan ordenado este trabajo. Corrí porque quería avisarla de lo que se le venía encima, estaba tan ansioso de explicárselo que sinceramente no logre escuchar cómo me llamabas. Te aseguro que no era para nada mi intención el darte esa sensación. Perdóname por eso. Sé que no quieres usar tu don con ella, y eso me basta para saber que en realidad tus intenciones son buenas.- dije, y añadí,- Además, no vas a hacerle nada. No usaras tu don con ella.

-Alec, se que ella te importa, ¿Vale? No entiendo por qué y tampoco quiero que me lo expliques ahora mismo. Pero es lo que Aro desea, y ella podrá aguantar el dolor, aunque sea por poco tiempo. Te prometo que tratare de hacerle el menor daño posible.- insistió Jane con voz calmada.

-Mira Jane… no puedo explicártelo. Sé que suena raro, sospechoso e idiota, pero no puedes hacerle nada. Sé cómo te sientes porque hasta hace poco yo también ignoraba muchas cosas. Cosas que justifican el comportamiento de Renesmee. No debes usar tu don con ella jamás, no podría soportarlo. Te suplico que no preguntes nada y que simplement te dediques a hacer lo que te pido, confía ciegamente en mí. Yo sé porque lo hago y no te pediría esto sino fuera necesario.- suplique con sinceridad.

-Alec, sabes que yo haría cualquier cosa por ti, y de verdad que me gustaría hacer lo que me estas pidiendo. ¿Pero y Aro?, ¿Acaso crees que no se enfadara y tomara cartas en el asunto cuando lo descubra? No puedes ocultárselo para siempre, y lo sabes.

Jane tenía razón. Ese era un factor en el que no había pensado aun. Era obvio que no podía contárselo, y además debía evitar que se enterara por cualquier otra persona. Escabullirme para mí sería fácil: bastaba con decirle que no tenía ganas de que usara su don conmigo para que me dejara en paz, en ese ámbito me respetaba y nunca iba a desconfiar de mí. ¿Pero y Renesmee? Nadie podría evitar que descubriera lo que estaba pasando si algún día Aro decidía que quería saber que pasaba por su cabeza. Y si lo adivinaba, no iba a pasar nada bueno. Una muesca oscura en mi plan sin remedio: Yo muriendo en vidacuando creía haberla perdido, y velando por su seguridad día y noche, aun arriesgando mi estatus en la guardia por ocultarle algo así a Aro. ¿Estaba dispuesto a traicionar la guardia?, ¿Por ella? Totalmente. Debíamos confiar en tener buena suerte.

-Sé que no podemos ocultárselo para siempre, aunque me gustaría.- respondí finalmente,- Lo que tienes que hacer es fingir que has cumplido con tu cometido, e intentar huir de forma discreta cuando quiera tomarte la mano. Yo hare lo mismo, e intentare que Renesmee también lo evite. Sé que es algo provisional, pero confió en que ella ya este segura cuando todo se descubra.

-¿Qué planeas exactamente, hermano?- inquirió frunciendo el ceño y con tono desconfiado.

-Nada que pueda contarte por ahora. Por eso te ruego que hagas lo que te pido. Pronto lo entenderás y…

-Cuando Aro se entere de lo que hemos hecho sabes que se enfadara mucho. Me estas pidiendo que traiciona a mi maestro, a nuestro maestro al que llevamos sirviendo fielmente siglos por una chica que apenas conocemos hace un mes y que no ha hecho otra cosa aparte de complicarnos la existencia desde que está aquí. Acabaremos pagando las consecuencias por ella.- su voz sonaba algo irritada, y por un momento temí no conseguir mi objetivo.

-Sí, soy consciente de que se enfadará y es probable también que le decepcionemos. Pero él te aprecia mucho, incluso más que a mí, y nunca te hará nada que pueda perjudicarte. Sabrá que todo fue mi plan y que yo te convencí, y al final el castigo que ponga lo asumiré yo. Sé donde me meto, y estoy dispuesto a arriesgarme.- dije. Tenía que convencerla, por Renesmee,- Se que no tienes que hacerlo por ella, porque no te cae bien ni nada de eso, pero… espero que lo hagas por mí.

Ella medito su respuesta por casi un minuto entero. Primero miro al suelo con cara pensativa y después sus ojos se clavaron en los míos con resolución, aunque no pude adivinar que había decidido.

-De acuerdo…- sentencio,- Hare lo que tú me digas, pero tienes que prometerme que me contaras todo lo que está pasando en cuanto puedas. Me dirás toda la verdad cuando llegué el momento de que lo sepa, y nada de mentiras. Júramelo.- exigió.

-Te lo juro, Jane. Algún día entenderás todo.- prometí con voz solemne.

-Más te vale hermanito que valga la pena… más te vale.- añadió ella con tono apesadumbrado,- Porque si no estamos mal.

Fue su última frase antes de que yo asintiera agradecido, le diera un beso en la mejilla con gratitud y saliera de su habitación para dejarla seguir con su lectura. Supuse que querría estar sola para pensar en lo que acababa de pasar. Intentaría hallar la razón oculta por sus propios medios, aunque nunca lograría adivinarla. Era mejor que estuviera entretenida, tampoco quería inmiscuirla en mis planes demasiado. Ella debía tener una vida tranquila. Eso deseaba yo.

Pase el resto del día con Renesmee, tratando de hacer su estancia en mi habitación amena y llevadera, e intentando concederle todo lo que ella precisaba a cada momento. Pasé un rato charlando con ella cuando regrese de la habitación de Jane. Le conté que había logrado salvarla del castigo de momento, aunque debíamos ser cauteloso y no bajar la guardia. Eso la animó bastante, aunque enseguida se sintió culpable porque quizás podría traerme problemas. Le asegure que no era necesario preocuparse por eso, y aunque ella acabo por aceptar lo que le decía, yo sabía que no le había convencido.

Después me dijo que tenía ganas de tomar una ducha, así que yo la ofrecí ir a buscar comida para ella mientras estaba en el baño. Ella pareció encantada ante mi propuesta, y pensé que quizás realmente tuviera hambre pero no se había atrevido a decírmelo antes. Regrese a mi habitación casi cuarenta y cinco minutos después con una botella de sangre animal que Santiago me había proporcionado, una especie de sándwich de ensalada Cesar, algunas frutas y una caja de bombones idéntica a la que le había regalado poco tiempo atrás. Renesmee ya se había vestido con otro pijama, esta vez de color celeste y me esperaba metida en la cama y con el pelo chorreante de agua por la ducha y recogido en un moño alto. La observe aturdido engullir toda la comida, sentado a su lado en la cama; primero el jugoso emparedado salado, y después dos manzanas. Cuando termino saco la caja de los bombones con una gracia especial y observo el chocolate entusiasmada y sonriente. Había tomado ya una docena de dulces corazones de chocolate cuando me miro y se mordió el labio, que tenía una pequeña manchita de cacao en un lado.

-Toma uno, Alec.- dijo, mirándome fijamente y ofreciéndome un bombón con la mano,- Están muy ricos.- esa frase me recordó a cuando me ofreció alcohol tiempo atrás.

-No creo que sea muy buena idea…- respondí sorprendido por la proposición,- Ya sabes que a los vampiros no nos gusta la comida humana. Si nos gustara, seriamos humanos.

-¿Cómo vas a saber que no te gusta si jamás lo has probado?- inquirió con voz juguetona,- O tal vez lo que pasa es que tienes miedo de comerlo.

-¿Qué?- pregunte. Me estaba retando, y Renesmee sabía que si me desafiaban, acabaría cediendo,- No tengo miedo. Es solo chocolate.

-Demuéstramelo entonces.- finalizó sonriente, depositando el dulce en mi mano,- ¡Vamos, Alec!

Yo asentí y suspire fuertemente. Renesmee me observó expectante mientras me llevaba el bombón a la boca y lo masticaba lentamente. Yo tenía razón: tenía un sabor repulsivo. Era como mascar una bola de fango y hiervas muertas. Puse cara de disgusto e intente tragármelo lo más rápidamente que pude sin poder evitar soltar un quejido de fastidio. Ella rió, y me tendió la botella con la sangre. Yo la cogí agradecido, y comencé a beber de su interior. Tampoco es que el sabor de la sangre animal fuese mejor, pero al menos me limpio la garganta.

El resto de la tarde resulto algo más lenta, aunque no menos interesante. Al principio le preste uno de mis libros y ella comenzó a leerlo, pero cuando llevaba casi las doscientas páginas lo dejó porque decía que estaba cansada. Me pregunto por qué tenía tantas novelas en otros idiomas, y yo le explique que después de tantos siglos para instruirte, tus conocimientos van creciendo, y como yo solía viajar mucho, me había parecido oportuno aprender idiomas. Me pidió que le hiciera alguna demostración, así que recite algunos párrafos en alemán, francés e italiano y después los traduje a su idioma. Estuvo ojeando un libro de poemas en castellano por un rato, y finalmente me pidió que le intentara decir uno en voz alta para ver como sonaba. Yo acepte, era de Gustavo Adolfo Bécquer.

-Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... yo no sé qué te diera por un beso.- leí, traduciendo el texto en mi cabeza al mismo tiempo. Era un bonito poema, muy romántico.

-Es precioso…- dijo ella sonriendo, mirando el libro con añoranza,- Ese tal Bécquer escribía muy bien.

-Sí, tienes razón. Es uno de mis favoritos.- coincidí,- Pero ¿Cómo lo has entendido?

-Bueno, Eleazar y Carmen son españoles, me enseñan siempre algo cuando voy de visita a casa de los Denali.- me explico con valor,- Y mi padre también sabe hablarlo, así que supongo que poco a poco he ido adquiriendo conocimientos simples. Es un idioma muy cálido. ¿Sabes? Bécquer debía de amar mucho a alguna mujer si escribía cosas así sobre ella, ya sabes, debía de ser perfecta si inspiraba cosas así en un hombre.

Sonreí con ironía.

-En realidad Bécquer era muy mujeriego para esa época.- aclaré,- Conoció a varias féminas antes de casarse con su esposa. Cada poema estaba inspirado en una de ellas. Ya sabes, decía que el amor era su única felicidad.

-¿En serio?- preguntó, y yo asentí,- Nunca pensé que alguien que escribe algo así pudiera tener a varias mujeres diferentes en el corazón. Idealizaba el beso de la persona a la que amaba como si fuese lo más perfecto del mundo.

-Las personas no son siempre como aparentan, Renesmee.- masculle,-A veces… son peores, pero también pueden ser mejores. El quiz está en permitirles demostrar lo que valen. Tal vez él amaba a cada una de esas damas de una forma especial, o tal vez jugaba con ellas. Nadie lo sabe. Lo que está claro es que le inspiraban palabras puras de amor, y eso es lo único que podemos juzgar ahora. Ya sabes: Por un beso... yo no sé qué te diera por un beso.

Ella no respondió inmediatamente. Miro al frente, mordiéndose ligeramente la lengua y meditando sobre lo que acababa de decir. Yo suspire, valorando si lo que le había explicado realmente era pertinente. Tal vez me había inspirado demasiado en mí, y puede que ella captara las indirectas que le había mandado inconscientemente. Me encogí de hombros y entonces ella pareció haber terminado de sacar conclusiones sobre mi impresión. Me miro a los ojos, y asintió casi imperceptiblemente a la vista. Aquellas pupilas negras como el carbón, rodeadas por un aro de delicado chocolate me hicieron sentir una repentina sensación de calidez, y entonces, solo entonces, me di cuenta de que realmente nuestros rostros no estaban tan lejos.

Nuestros labios se juntaron inevitablemente fundiéndose en uno tan solo unos pocos segundos. Durante esos instantes la frase de Bécquer recorrió mi cabeza sin cesar, repitiéndose como si fuera inacabable. "Por un beso... yo no sé qué te diera por un beso, por un beso... yo no sé qué te diera por un beso, por un beso... yo no sé qué te diera por un beso." Y realmente no sabía como agradecerla a Renesmee estos maravillosos segundos que me acababa de regalar. Desee que no se acabara nunca, pero sabía que ella realmente solo me besaba por un momento de debilidad, necesidad de cariño. Se inclinó hacia atrás, sin mirarme a los ojos y con las mejillas teñidas de un suave color melocotón. Permanecimos en silencio unos pocos minutos, sin que ninguno se atreviera a comentar nada de lo que había pasado. Al final ella tomo el libro y continúo leyendo. Ambos hicimos como si no hubiera pasado nada y cuando volvimos a entablar conversación sobre los poemas, ninguno hizo referencia al beso.

Ya era de noche cuando ella decidió que tenía hambre de nuevo. Tomó el resto de frutas que le había traído, ingirió la poca sangre que quedaba en la botella y después termino con la caja de bombones. Temí que enfermara por comer tanto dulce, pero se la veía tan feliz degustando el cacao que no dije nada aparte de mencionarle de vez en cuando que tenía la comisura del labio manchada. Ella rápidamente se llevaba la mano a los labios, sonriendo avergonzada y se limpiaba con el dedo para luego relamerlo con la lengua. Note que estaba cansada cuando sus parpados apenas se sostenían cuando pasaba las páginas del libro que había comenzado a leer por la tarde. Le sugerí que se fuera a dormir, que ya era de noche y que yo podía marcharme si ella lo deseaba. Le asegure que no me importaba salir a pasear por ahí toda la noche, pero ella no quiso incomodarme y me afirmo que no le molestaba, que quizás dormir en compañía sería tranquilizador para ella. Así que la observe mientras se metía entre las sabanas y cerraba los ojos. Su corazón empezó a latir con más lentitud, relajándose y preparándose para el sueño. Su rostro estaba en paz, con las facciones totalmente en calma. Como una estatua angelical sin preocupaciones. Era hermoso verla dormir; así tenía la certeza de dejaba de agitarse por todo lo que estaba pasando. Se merecía descansar después de todo lo que había pasado. Y yo le proporcionaría la seguridad necesaria para que Morfeo se la llevara de la forma más pacifica posible.

Mis parpados se cerraron por completo. Tome una bocanada de airejusto antes de dejar de dormitar para sumirme en un profundo sueño. Deje de escuchar todo lo que había a mi alrededor, que antes había llegado a mis oídos de forma amortiguada, aislándome del mundo y de todas las preocupaciones que llevaban días oprimiéndome el pecho. La paz me inundo, a pesar de que no estaba consciente. Cada segundo de tranquilidad me rehabilitaba por dentro. Hacía mucho tiempo que no lograba descansar así. Pero toda esa calma se vio interrumpida por el cumulo de sensaciones y pensamientos de mi mente, que quería obligarme a seguir pensando en la realidad, advirtiéndome que no todos los problemas habían pasado.

<< Abrí los ojos con lentitud, y la luz del sol me cegó casi instantáneamente. Hacía semanas, quizás más de un mes desde que mis pupilas no captaban tanta intensidad de rayos de sol. Estaba tumbada sobre algo mullido, fresco y que desprendía un delicioso aroma primaveral. Acaricie con mi mano la superficie que tenía debajo, y entre mis dedos se deslizaron unas cuantas briznas de hierba lozana. Me levante lentamente, algo confusa. No me sentía nerviosa, nada en absoluto. Una apacible sensación de calma y seguridad me embargaba. Suspire, al tiempo que me incorporaba para quedar sentada en el pasto, y mire a mí alrededor. Estaba en un prado, coloreado de césped verde y con la pradera entendiéndose más de lo que la vista alcanzaba. Florecillas rojas y violetas adornaban algunas partes del terreno. Mire al cielo, que estaba teñido de un azul radiante, sin nubes. ¿Dónde estaba? No importaba mucho. Era el lugar más maravilloso que había visitado nunca.

De pronto escuche un ruido sordo, como el de una rama seca al partirse por la mitad. Mi mano se dirigió inconscientemente hacia mi vientre con intención de proteger el bebé. Pero no estaba. Solté un jadeo, palpando mi tripa repetidas veces. El bulto había desaparecido sin dejar rastro. El ruido volvió a repetirse, seguido de una risa cantarina y algo inusual. Y entonces, escuche una voz que me sonaba totalmente familiar.

-Estas aquí Rens, llevamos una hora intentando dar contigo y tú mientras aquí dormida.- su voz era suave, pacifica, y no fui capaz de encontrar una pizca de reproche en ninguna palabra.

-¿Alec?- pregunte al girarme. Abrí los ojos como platos al verle.- ¿Qué?, ¿Dónde estamos?, ¿Qué está ocurriendo?

Alec frunció el ceño, como si realmente mis palabras le sorprendieran. Me dedico una sonrisa casi imperceptible y después negó con la cabeza. Estaba de pie, inmóvil a unos cuantos metros de mí. Al principio no fui capaz de reconocerle a decir verdad, porque su ropa no era la que siempre solía usar. Un traje totalmente blanco marfil había sustituido al de color negro. Mi cara se petrifico en una mueca de confusión, y me pase las manos por los ojos, intentando averiguar qué estaba pasando allí.

-¿Te encuentras bien, Rens?- inquirió, acercándose a mí y agachándose a mi lado,- No tienes muy buena cara.

-No lo sé, yo… No sé donde estamos, ni tampoco sé la razón de porque estoy aquí. ¿Y tú?, ¿Por qué no estás en Volterra?- mi voz sonaba impaciente.

-¿Es que no te alegras de verme o algo así?- susurró, y su rostro se inclino hacia el mío, dejándome cohibida,- Sabía que las siestas te sentaban fatal, pero no sabía hasta que punto.

Yo no pude contestar, y me quede observando su delicado rostro con la boca abierta. Estaba tan cerca, y aquel traje claro le había hecho estar más apuesto que nunca... Sus labios presionaron los míos una vez, de forma dulce y tranquila. Pero no se separo de mí. Su nariz permaneció rozando la mía unos segundos más hasta que mi cordura reapareció.

-¿Y el bebé?- pregunte, apretando el hueco vacio de mi abdomen y separándome un poco para poder mirarlo a los ojos,- ¿Dónde está, Alec?

-Todo está bien Rens. Todos estamos a salvo, no te preocupes.- contesto, mordiéndose el labio y entornando la cabeza. Intento besarme otra vez, pero yo le esquive. Primero quería una respuesta seria.- Tranquila.

-¿En serio?, ¿Estás seguro?- insistí de nuevo. La idea de seguir besándole era tentadora. Muy tentadora.

-Te lo prometo, Rens. Sabes que yo nunca permitiría que le pasase nada.-Sus repentinos ojos cristalinos parecían estar siendo sinceros.- Sabes que te quiero.

-Vale, está bien.- dije, y llevé mis manos hasta el cuello de su camisa para empujarlo hacía mi. Le di un beso pequeño en la comisura del labio, y entonces, como si se tratase de un auto-reflejo añadí,- Yo también te quiero.

Alec rió y esta vez fue él el que tomo las riendas de la situación. Comenzó a besarme más pasionalmente, aunque sus labios expresaban un claro sentimiento de cariño y dulzura. No recordaba que me hubiera besado así nunca, entremezclando el afecto y la fogosidad, pero resultaba delicioso. Su mano se deslizo debajo del vestido blanco que yo llevaba puesto, fabricado con una fina tela de lino veraniego, y acaricio mi muslo apaciblemente. Yo coloque una de mis manos sobre su pecho, y otra acaricio su pelo, suave y sedoso. Lentamente nos dejamos caer sobre el césped, y su enorme cuerpo quedo colocado encima de mí, impidiéndome moverme con libertad. No me hacía daño, ya que tenía mucho cuidado de aguantar su propio peso, pero sí que me sentía algo ahogada entre sus brazos. Aunque a decir verdad resultaba agradable. Sus besos y caricias se vieron interrumpidos por el sonido de unos pasos. No reconocí el aroma, así que me limite a quedarme inmóvil, mirando hacia arriba y viendo únicamente la frente cubierta de flequillo de Alec.

-¡Papá, por fin has encontrado a mamá!- escuche una voz a los lejos, tan amortiguada e infantil que no pude distinguir si se trataba de una niña o un niño.

Solté un jadeo, y eche la cabeza para atrás para que Alec parara de besarme. Este sonrió cansadamente, aunque en sus ojos se podía ver reflejado el cariño por la persona que acababa de hablar. Se levantó, dejándome libre y se sacudió el traje con las manos. Después se alejo de mí, caminando en la dirección de la voz, y entonces me dispuse a seguirle. Pero no fui capaz de levantarme. En realidad no pude hacer ningún movimiento. Intente abrir la boca para pedirles ayuda, pero de mis labios lo único que salió fue un poco de aire. Ordene a mis brazos moverse, pero no se inmutaron, y permanecieron pegados al pasto como si fueran de piedra. Hice un último esfuerzo para girar la cabeza. Quería ver al bebe, a ella o a él, daba igual. Solo necesitaba comprobar que estaba bien. Ver cómo era. Sentía como me ahogaba lentamente, y como la impotencia de no poder moverme cada vez me oprimía más la zona de los pulmones. Entonces todo comenzó a verse borroso y difuminado. El cielo se oscureció, los sonidos desaparecieron, y todo se sumió en una espiral de confusión y asfixia.**>>

Me levante sobresaltada, incorporándome hacia delante de forma brusca, y tomando aire como si llevara sin aspirar oxigeno por varios minutos. Solté un quejido al darme cuenta de que todo había pasado, y me llevé las manos a la cara para aclararme los ojos después de aquel sueño tan confuso. Mis mejillas estaban empapadas de lágrimas y mi respiración estaba acelerada. Mire hacía el otro lado de la cama, y vi como Alec me observaba de forma cautelosa sentado justo en la punta del colchón. Parecía estupefacto y asustado por lo que acababa de pasar, y solo pudo reaccionar cuando pasaron unos segundos

-Tranquila, Renesmee.- susurró, acercándose a mi lentamente, como temiendo una mala reacción,- Solo ha sido un sueño, nada es real. No tienes que preocuparte.

Asentí, y él me pasó uno de sus brazos por encima de mí para rodearme. Me arrimo hacia él,y yo no opuse resistencia. Me apoye en su pecho, aun algo inquieta y con mano que le quedaba libre término de abrazarme. Me sentí un poco mejor en sus brazos, principalmente porque así tenía la certeza de que el sueño había terminado. Me dio un beso en el pelo, con ademán protector y entonces recordé esa escena tan ardiente que había imaginado unos instantes antes, cuando ambos habíamos caído en el pasto. No pude comprobar si me había puesto roja, aunque lo más seguro era que sí. Fuere como fuere, el no se dio cuenta, o quizás prefirió no decir nada. Entonces también recordé que el sueño no solo tenía la romántica parte de los besos y "te quieros". También estaba mi bebé sin cara y nombre, y aquella falta de oxigeno. Me revolví incomoda por esa sensación de ignorancia, y Alec aflojó un poco su abrazo pensando que estaba incomoda. Pero no, eso no era ni de lejos lo que me disgustaba.

Baje la mirada discretamente hasta mi vientre, algo preocupada. Una agradable sensación de alivio me embargó cuando pude ver al bulto justo en su sitio, debajo de la tela del pijama. Llevé la mano para posarla sobre la superficie de tela verde, y quedarme más tranquila, cercenándome por mis propios sentidos de que todo estaba bien. Sonreí. Estaba allí, como siempre. Y de pronto, una helada sensación de frio me embargo a través de la mano. La quite apresuradamente, aterrada, y volví a colocarla unos segundos después, intentando auto-convencerme de que todo había sido mi imaginación. Pero no fue así. Pude sentir el frio cuando lo coloque de nuevo. Algo sutil, tan suave como una pequeña honda de hielo, quizás arraigado por el sueño que acababa de tener.

Eso no estaba antes, ¿Verdad? Juraría que cuando me acosté el vientre tenía una temperatura corriente. ¿Cómo era posible que de un minuto a otro el bebé irradiara tanto frio? Puede que estuviera enfermo, o tal vez… que después del sueño mi cerebro estuviera como paranoico y se percatara mejor de las cosas, interpretara mejor las señales. El bebé desde luego no se quejaba, estaba totalmente tranquilo y cómodo. Y el sueño… ¿Y si tenía algún significado? En mi menté, Alec estaba feliz, y nos protegía a los dos. Puede que quizás… Sentí un impulso irrefrenable de verle. Levante la cabeza para mirar a Alec a los ojos, y me tope con sus iris color borgoña. Me evaluaban atentamente, intentando adivinar que pasaba por i cabeza.

-¿Qué soñabas, Renesmee?- inquirió, con tono paciente.

-Nada, solo mi familia, estaban en Forks y… bueno, no es agradable de contar.- mentí con un hilo de voz y él asintió, acunándome suavemente para consolarme.

Ya sabía el significado del sueño, y en ese momento no fui capaz de definir si mi conclusión era buena, o por el contrario, totalmente pésima. Pero había algo totalmente claro: no podía decírselo a Alec.

¡Hola chicas!

¡Aquí está el capítulo! He tardado más de lo planeado, y lo siento mucho por ello. Me salieron muchos planes inesperados, y otros compromisos que junto con la falta de inspiración, impidieron que publicara antes. Pero al final pude escribir, y espero que os guste, que es lo importante. **=)**Alec está celosito perdido, y Renesmee a descifrado el significado de su sueño… veremos cómo se desarrollan las cosas. **La pista del siguiente cap.:*Digamos que Bianca no quiere dejar las cosas así, y puede que logre dañar a Renesmee y confundir a Alec… ¡Uh, uh uh!Espero que os paséis por el blog; he colgado un mini-relato, (Hay cuernos ^^) y seguro que os gustara ---> . Quiero dedicarles el capítulo especialmente a las chicas que comentaron el anterior capítulo, ¡21 Comentarios! Y a los que estuvieron atentos a mi página de Facebook, (donde colgué un adelanto de capítulo para amenizar la espera ---> (). A todos por igual, pero cabe recalcar a , Sol Guzman y  por las cosas tan bonitas que dijeron sobre la historia. ¡Me hace mucha milu-ilu! :3Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios,porque cada vez que no comentáis… Alec sufre y punto final.Y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬¡Y comentad!

Comentad. =)!