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Alec Vulturi y Renesmee Cullen... ¿Dolce amore? — capítulo 42

Recorrí los pasillos con paso rápido, sin un destino fijo y haciendo caso omiso de cualquier cosa o cualquier persona que quisiera detenerme. Daba igual donde fuera, lo único que tenía que hacer era mantenerme ocupado el tiempo suficiente hasta que consiguiera relajarme del todo. En mi mente lo único que figuraba era seguir andando, a pesar de que un sinfín de pensamientos totalmente ajenos intentaba taladrarme la cabeza. No era consciente del tiempo que llevaba caminando; aunque contabilice que serian aproximadamente una media hora. Notaba mi cuerpo palpitar cada vez con menos frecuencia, por lo que comprendí que el paseo estaba funcionando. Andar resultaba efectivo a la hora bajar la libido, por suerte para mí. Nunca había tenido que aguantarme las ganas de sexo, y no estaba acostumbrado. Por suerte había logrado contenerme a tiempo.

Ignorar la sugerencia de Bianca no había sido fácil, ya que yo llevaba bastante tiempo sin tener relaciones, y ella era evidentemente atractiva. Pero yo nunca sería incapaz de engañar a Renesmee, y mucho menos en ese estado de salud. Ahora entendía que había errado al marcharme así de la habitación. Nunca debí dejarla sola, llorando y deprimida para marcharme con Bianca. ¿Cómo iba a ganarme su confianza si hacía cosas así? No entendía porque le molestaba si yo no era más que un simple amigo para ella, pero debía hacer el esfuerzo por entenderla. Porque la quería. Necesitaba verla, pero sabía que ahora estaría descansando, o tal vez llorando. No quería interrumpirla y que se enfadara más. Me moría por explicarle todo, pero era demasiado pronto. Me detuve confuso, y me pase la mano por el pelo. ¿Dónde iba a ir ahora para pasar el tiempo? La espera resultaba insoportable. Fruncí el ceño y tome aire. Entonces me di cuenta de que no estaba solo.

-Alec… ¿Qué haces ahí?- pregunto mi hermana con una mezcla de sorpresa y temor en la voz. Estaba a un par de metros de mi,- Supuse que estarías con…

-Necesitaba estar sola…- me apresure a contestar, y ella asintió, acercándose a mí,- Yo quería darle su espacio. Aun está algo delicada de salud.

-Entiendo… Pero…- vaciló antes de seguir,- ¿Tú estás bien?

Seguro que ya se había percatado de mi evidente cara de alma en pena. Menos mal que no me había encontrado unos minutos antes. Entonces tendría que haberle explicado porque estaba así de… Bueno, no importa. Era mejor así. A Jane no parecía gustarle demasiado Bianca. Siempre se mostraba recelosa ante las nuevas integrantes. Tenía miedo de que la desbancaran de cualquier modo.

-Sí, estoy bien, solo que…- mi respuesta resulto de todo menos precisa,- No importa, Jane. Gracias por preocuparte. ¿Necesitas algo?

-Bueno, en realidad supongo que si…- pareció nerviosa e inquieta al hablar,- Tenemos que hablar sobre algo seriamente.

-¿Sobre qué?- cuestione. Su aptitud me ponía nervioso,- ¿Y por qué estas tan seria?

-Es sobre Renesmee.- Respondió mirando al suelo. Nunca en mi vida le había escuchado llamarla por su nombre. Siempre se había referido a ella como hibrida. Y su voz estaba cargada de respeto.

Yo asentí para que ella comenzara a hablar. Algo extraño estaba pasando, y no parecía demasiado bueno. Y lo peor de todo era que Renesmee, mi Renesmee estaba metida en eso.

Me pase el dorso de la mano las dos mejillas, intentando deshacerme de los restos húmedos que habían dejado las lágrimas. No me había mirado en un espejo, pero aun así supe que debía de tener la cara llena de rojeces y los ojos hinchados y brillantes. No quería llorar más, porque sabía que eso no cambiaría nada, y ya me había desahogado lo suficiente. No había tenido el valor y la sensatez de pedirle que se quedara conmigo. No había sido capaz de tragarme mi orgullo y confesarle que no quería que se marchara. Y ahora él debía de estar en la habitación de Bianca, retozando en la cama con ella, y dándole el placer que me pertenecía a mí. Porque a pesar de todo lo que había pasado yo le quería. Tenía que olvidarlo, pero eso no implicaba que quisiera que eso ocurriese. Pero es que yo me lo había buscado, así que tendría que vivir con las consecuencias de mis actos.

Acaricie mi abdomen lentamente, casi con si fuera un auto reflejo. Era la única forma de no sentirme sola en estos momentos. Ahora el bebé estaba tranquilo, sumido completamente en su mundo. Y lo agradecí: que estuviese nervioso solo complicaría más las cosas. El pequeño se había removido molesto cuando Alec se había marchado, como si le reprochara con creces lo que estaba haciendo, parecía que el supiese que me estaba dañando. Había tardado unos minutos en calmarse. Creo que teníamos una especia de comunicación especial. A veces pensaba que yo usaba mi don con él de forma inconsciente. El bebe tocaba mi piel de algún modo, aunque fuese de forma interna. Y cuando mis sentimientos eran muy fuertes, no podía controlarlos y se los transmitía. Eso era en parte negativo, ya que le traspasaba mi estrés, pero también podía resultar bueno. Podía demostrarle lo mucho que le quería y todo lo que estaba dispuesta a hacer por él. Podía intentarlo, quizás así le convencería de que todo iba bien. Desconocía que edad mental tenía, pero desde luego parecía capaz de entender situaciones, y no perdía nada por intentarlo. Estaba a punto de comenzar con el experimento cuando escuche a alguien llamando a la puerta.

-¿Renesmee?- escuche la voz de Santiago al otro lado, tímida y agradable, como siempre,- ¿Puedo entrar?

Tarde unos segundos en poder reaccionar. Tome la sabana y me tape para que mi vientre quedara cubierto. Me apoye en el cabecero, me peine y me limpie los ojos de nuevo. Carraspee y entonces conteste.

-Sí, pasa.

Santiago me obedeció y abrió la puerta lentamente. Asomo primero la cabeza, y su rostro se petrifico momentáneamente en una expresión de lastima. Después volvió a componer sus amables y habituales facciones, que ahora parecían ensombrecidas por la preocupación y cerró la puerta tras de sí. Se encogió de hombros y frunció el labio, sin saber cómo proceder. Finalmente camino hasta mi cama y se sentó. El silencio inundo la habitación por unos segundos.

-¿Estás mejor?- preguntó con un hilo de voz, y comprendí que sabía que había estado llorando. Le notaba algo extraño.

-Sí, un poco mejor.- respondí, sin estar seguro. No sabía como estaba,- Descansar me está viniendo bien, aunque el brazo sigue dándome guerra.

-Es normal…- musitó de forma dura y osca, mirándome a los ojos,- ¿Cómo te cortas con un hierro forjado? Tienes suerte de que solo se te inflamara un poco. Si se te llega a infectar es probable que hubiéramos tenido que cortarte el brazo por la gangrena. ¿En qué pensabas?

Me miro arrepentido por su tono de voz y después me dedico una sonrisa cansada para suavizar la dureza de sus palabras.

-¿Qué te pasa?- pregunte dolida. Nunca pensé que él me trataría de una forma tan seca. Ni siquiera parecía feliz de que estuviera bien. ¿Dónde estaba el vampiro gritón que Alec había descrito?,- ¿Estas enfadado conmigo por escapar?, ¿Verdad?

-No, claro que no.- respondió sinceramente, haciendo un esfuerzo por sonar animado.- Me alegro de que estés bien, y por supuesto que no estoy molesto contigo por querer salir de aquí. Siendo haber sido tan brusco, supongo que aun estoy un pocogrogui por todo lo que ha pasado. Estás desesperada, no te culpo. Haría lo mismo si no fuera porque fuera de esta ciudad no tengo nada.

-¿Entonces porque estas así?- volví a preguntar. Había algo detrás de todo esto que le atormentaba.

Él cerró los ojos unos segundos. Era mi mejor amigo aquí, y le conocía lo suficiente pasa saber que algo no era normal. Su rostro era trasparente para mí. Era capaz de leer todo lo que pasaba por esa alborotada cabecita con solo un vistazo. Sus pensamientos eran demasiado puros y claros. Tardaba en contestar, por lo que empecé a temer por lo que pasaba. ¿Era tan grave?

-Aro está furioso porque intentaste escapar.- sentencio con voz temblorosa mientras yo escuchaba con atención,- No es la primera vez que huyes, y su paciencia se ha agotado. Prometiste quedarte, y no estás cumpliéndolo, así que él cree que debes tener un escarmiento. Te libraste del otro castigo porque parecías realmente feliz y cómoda de quedarte, predispuesta a unirte a nosotros. Pero ahora él ya sabe que eso no es así. Quiere castigarte por lo que hiciste, Renesmee.

-Pero…- susurre, sin poder creerlo. No sabía que las consecuencias de mi fallida huida llegarían tan pronto,- Yo… ¿Qué quiere hacerme, Santiago?

Él bajó la mirada. Todo esto me estaba preocupando mucho, y me sentía mareada. Cuando por fin todo parecía mediantemente calmado, ocurría esto.

-Quizás este exagerando o algo así… pero eres mi amiga, y no sé cómo será tu reacción ante esto. -murmuró para el mismo,- Una de las formas más aplicadas por Aro para convencer y castigar es el dolor. Ya sabes, él es de los que creen en el lema de "La letra con sangre entra". Está convencido de que la única forma de que realmente seas fiel al clan es convencerte de que es lo mejor. Quiere que Jane te torture hasta que te rindas, o hasta que estés lo suficientemente débil para doblegarte a sus anchas.Es un castigo muy común, a mi me lo impusieron una vez cuando descubrieron que bebía sangre animal a escondidas. Te deja débil, es como si te rompiera por dentro. En grandes dosis puede ser mortal, y no sé cómo responderá tu cuerpo ante este ataque. Estas enferma y eres tan… pequeñita.

No fui capaz de responder o reaccionar en un primer momento. Me limite a observar con la mirada perdida el rostro demacrado de Santiago, que esperaba anhelante una respuesta. Me encogí sobre mí misma, temerosa, y finalmente fui capaz de hablar.

-Vete…- susurre con voz queda. Necesitaba estar sola.

-Renesmee, comprendo que estés asustada, pero…- quiso rebatir, pero yo no se lo permití.

-¡Lárgate, Santiago!- insistí, usando un tono bastante hiriente. No era mi intención, pero estaba demasiado conmocionada aun como para ser consciente de mis actos,- Por favor…- añadí, queriendo sonar menos ofensiva. Le mire a los ojos. Demasiado tarde, ya había herido sus sentimientos.

-Como quieras.- respondió él con tono seco, sin mirarme a la cara,- Pero yo solo quería ayudar.

Se levanto apresuradamente. Negó con la cabeza ofendido, y después camino hasta la puerta. Volvió la cabeza antes de salir, como si tuviera la esperanza de que dijera algo. En circunstancias normales, le hubiera suplicado que me perdonara por ser una maldita desagradecida, pero era tal la necesidad de estar sola para poder pensar en mi nueva situación que me callé. He de admitir que en ese momento no estaba en mis cabales y la cabeza me daba vueltas, pero aun así no era una excusa válida. Al ver que mi respuesta no llegaba, salió de la habitación, aunque cerró la puerta igual que siempre, de forma pacífica.

Escuche como se alejaba con pasos armónicos y relajados, y cuando deje de escuchar sus pisadas me desplome contra el cabecero. Apoye mi cabeza en la superficie de madera, y observe al techo de la mirada perdida. Sabía lo que significaba el castigo de Aro, sabía lo que implicaba. Pero no quería aceptarlo. No estaba dispuesta a perder aquello por lo que había luchado tanto. Era simplemente imposible de aceptar. ¿Por qué? Me preguntaba. ¿Acaso él lo merecía? Puede que yo si, después de todo lo malo que había hecho, pero… ¿Mi bebé? Su único pecado había sido existir en el momento inoportuno. Encogí las rodillas y abrace mi vientre con los dos brazos. Lo acaricie lentamente, y solo entonces fui consciente de lo grande que estaba ya. Había crecido y ni siquiera me había dado cuenta. Todo pasaba tan rápido que no tenía tiempo a reaccionar.

Si Aro me sometía a ese castigo, teniendo en cuenta el deplorable estado en el que estaba; lo más segura era que no sobreviviese. El líder Vulturi estaba chiflado, y seguro que no dudaría en matarme con tal de demostrar su poder. El problema no era mi muerte, eso me resultaba extrañamente indiferente. ? No temía al dolor, solo a las consecuencias. El inconveniente era que si yo moría, mi bebé también. Aunque eso no sería lo peor ni de lejos. Si eso ocurría, ambos dejaríamos de sufrir. Pero había la posibilidad de que yo sobreviviera, pero mi bebe no. No podría soportar eso. Santiago había dicho "Te deja débil, es como si te rompiera por dentro". Si hacía eso con un vampiro normal, ¿Qué no haría conmigo?

No iba a llorar, debía controlar mis emociones, o el bebé se enteraría de lo que estaba pasando. Apreté los dientes, y respire hondo para relajarme. Me obligue a mi misma a sonreír, aunque realmente no tuviera un motivo. En ese momento me acorde de mi madre, de toda mi familia. ¿Qué estarían haciendo?, ¿Seguirían con sus vidas? Al menos no habían dado señales de vida desde que estaba en Italia. ¿Abrielle Y Nicolás estarían con ellos?, ¿Se acordarían de mí? Fuere como fuere deseaba que fueran felices, aunque me hubiera abandonado. Fui injusta con ellos al pagar con mi mal comportamiento algo que no era su culpa. Me imagine la cara de mí si supiera que estaba embarazada. Primero iría a La Push a matar a Jacob, y luego me podría un cinturón de castidad o algo así. Diría que el bebé era suyo para aparentar, y yo quedaría recluida en casa para siempre. Finalmente, no pude evitar que una lágrima cayera por mi rostro al comprender que eso sería algo que jamás vería.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió rápidamente de forma repentina. Mire en esa dirección sobresaltada, sin darme tiempo a secarme las lágrimas. Me quede congelada al ver a Alec en el marco de la puerta, respirando entrecortadamente y con el pelo despeinado de correr. Buscó mi mirada, y cuando nuestros ojos se encontraron fue como si el tiempo se detuviera por unos instantes. Me basto un vistazo, un atisbo a su coloreado iris para saber que él también sabía todo. Su cara era la viva imagen de la angustia y la inquietud, su boca estaba desfigurada por la preocupación. No sabía quién se lo había contado, y tampoco sabía a qué se debía esa reacción tan exagerada. Ni siquiera comprendía que hacía allí cuando debería estar con Bianca revolcándose en su cama. Él no acababa tan rápido… lo sabía por experiencia propia.

Se quedo quieto, debatiéndose entre entrar o no. Yo tampoco sabía cómo responder, así que me limite a escogerme de hombros, a punto de derrumbarme. Él dio un paso dentro de la habitación y cerró la puerta. Yo no pude aguantar más, no tenía fuerzas para seguir haciéndome la valiente. Verle así era demasiado, no me lo merecía. Necesitaba su apoyo, y si tenía que tragarme mi orgullo para tenerlo, me lo tragaría. Estalle en un llanto silencioso, como el de una niña pequeña. Me quede quieta, mirándole a los ojos con las lágrimas ardientes resbalando por mis mejillas. Alec no lo dudo ni un segundo. Se acerco a mí lo más deprisa que pudo, con los brazos abiertos y se dejo caer a mi lado. Yo me entregué a sus brazos apoyando mi frente en su hombro. Rodee su abdomen con mis extremidades y gire la cabeza para poder respirar. Sus fuertes y fibrosos brazos se cernieron sobre mí enseguida, y una de sus manos se posó en mi pelo, para presionarme aun más contra él. Le estaba manchando la camisa de lágrimas, pero sinceramente parecía no importarle. Su pecho subía y bajaba rápidamente, como desesperado. Me sentía protegida a su lado, como si nadie pudiera tocarme. Adoraba su capacidad para consolarme.

Pasaron unos cuantos minutos, pero podía haber estado así horas y horas. Su mano acariciaba mi espalda con suavidad, de arriba abajo, deteniéndose algunas veces en mí pelo adularlo entre sus dedos.Las lágrimas habían parado de salir de mis ojos casi por completo. Para ser sincera, ente abrazo superaba con creces al que habíamos tenido hace un rato; era más sincero y menos forzado. Era simplemente genial. Pero no podía ser eterno, y algún día teníamos que enfrentarnos a la realidad. Y Alec fue quien despertó primero.

-No te preocupes…- susurró, y me beso el pelo,- Todo saldrá bien, pasara antes de lo que piensas. Podía haberte ido peor, seguro que mi hermana será compasiva contigo.

Lo que dijo me sorprendió, he hizo que me revolviera entre sus brazos. ¿Cómo podía decir eso?, ¿Qué pasaría antes de lo que pensaba y que no me preocupara?, ¿Qué Jane sería compasiva?, ¿Es que no se daba cuenta del peligro en el que estaba el futuro de mi bebé con todo eso?, ¿Mi futuro teniendo en cuenta mi embarazo? El bebe moriría, y yo también por estar tan débil. Estaba diciendo una sandez, pensé que lucharía más por mi seguridad. Entonces recordé que él no sabía nada. Ambos veíamos la situación de dos formas muy diferentes. Yo como una triste ejecución y asesinato, él como un mal rato. ¿Cómo podía ser objetivo si no lo sabía?

-No Alec…- respondí, poniéndome recta para poder mirarle, pero sin dejar de abrazarnos,- No lo entiendes. Tú no sabes lo que pasara si me hacen eso, no tienes ni idea, pues… no estoy segura, pero sé que no debo, me resulta imposible ahora, yo…

-Eh…- dijo muy bajito, para calmarme,- Tranquila. Sé que es duro, pero tienes que aceptar que es una realidad. Negarlo no valdrá de nada, piensa que cuando te hayas querido dar cuenta, habrá terminado.

-No puedo.- suplique mordiéndome el labio,- No puedo recibir esa tortura de Jane ahora. Créeme cuando te digo que soy incapaz.

-Me confundes Renesmee.- respondió confuso,- Siento que no te entiendo, hay algo que me falta, un punto desconocido para comprender tu angustia. Sé que eres valiente, y tiene que haber alguna razón para que me supliques así que detenga todo eso. ¿Es por esa cosa que me estas ocultando?, ¿Lo que no me quieres decir?

-Si- admití. ¿Para qué mentirle? No iba a ayudarme en nada.

-No puedo ayudarte si no me lo dices, Renesmee. Juro que intento comprenderlo, o encontrar la respuesta, pero no puedo.- me dijo, tomando una de mis manos,- Si no eres sincera conmigo, no puedo hacer más.

Vacile unos instantes. Tenía razón. ¿Cómo iba a ayudarme si no sabía lo que estaba pasando? No podía arriesgar todo solo porque yo se lo pidiera, tenía que darle razones. ¿Contárselo?, ¿Sería tan malo? Podría ser el padre, quizás si lograba hacérselo entender, querría evitar mi tortura tanto como yo. Tenía que hacerlo, por la criatura. Solo por eso.

-Estoy embarazada.- dije de repente, sin pensármelo mucho.- Y si Jane me tortura, es muy probable que ni yo ni el bebe logremos sobrevivir.

Él me miro a los ojos, asimilando lo que había dicho. Su rostro parecía decir, *"¿Es una broma, verdad?"*Pero al ver que mi cara seguía siendo igual de seria, comprendió que era totalmente cierto. Me soltó suavemente, dejándome con cuidado apoyada en el cabecero, y se llevo una mano a la frente. Miro a la nada unos segundos, y se paso los dedos por el pelo con desesperación. ¿Estaba enfadado, triste o simplemente anonadado? Espere.

-Ah…- susurró él, con la mirada perdida. Tenía la boca abierta,- Y… ¿Jacob es el padre?

Suspire profundamente. Era una noticia demasiado fuerte. Tardaría en asimilarlo.

-No lo sé, en realidad.- respondió finalmente, encogiéndome de hombros,- He estado haciendo cálculos, y aunque los resultados no son irrefutables, la conclusión que he sacado es que el bebe podría ser de Jacob o… podría ser tuyo.

-Ya.- dijo él, aun en otro mundo,- Entiendo.

-Lo siento mucho.- respondí, sin saber que más decir.

-No tienes que disculparte… es normal que… bueno, ya sabes, que estuvieras asustada.- su voz seguía siendo igual de neutra y me estaba poniendo enferma,- Yo, no sé que más decir.

-A mí también me costó asimilarlo. Te dije que sería difícil. Debí decírtelo de otra forma.- me excuse.

-Todo encaja. -añadió para él mismo, sin hacer caso de lo que había dicho,- Los mareos, tus caídas, dolores de cabeza y altercados de su salud. La sangre que te cubrió cuando te trajeron. Tenía que haberlo supuesto. ¿Desde cuándo lo sabes?

-Más o menos desde que regresamos de la misión. Empecé a sangrar y… note por primera vez el vuelto en mi tripa. Luego fue creciendo, y lo confirme. - dije, y note como él desviaba su mirada hacia mi vientre.

Quería verlo. Quizás no me creyera y estuviese deseando cerciorarse de si es solo que decía era verdad o no. Así que cogí una punta de la sabanay con un suave movimiento la eche para otro lado. La forma esférica del bulto ya era visible bajo la fina tela del pijama. Alec solo un jadeo casi insonoro y lo miro con atención. Estuvo así unos minutos, algo impaciente y tímido. Tome su mano, y lentamente la guie hasta mi tripa. La metí debajo de la tela de la camiseta del pijama, e hice que la apoyara sobre la piel de mi estomago. Estaba congelada, y el bebé se revolvió, aunque más emocionado que asustado. Alec acaricio el bulto una vez, recorriendo todo su perímetro, con el rostro totalmente sumido en la una inquebrantable concentración. No parecía muy feliz, y eso me hizo sentir mal. Tampoco esperaba que se pusiera a dar saltos de alegría, pero podía ser su padre. Cuando considero que había tocado suficiente, saco la mano y me coloco la manta de nuevo encima. Me miro a los ojos, y estiro la mano con la que me había acariciado para tomar la mía. Entrelazo mis dedos con los suyos, y pude apreciar algo de luz en sus pupilas. No estaba triste, ni decepcionado. Solo preocupado.

-No estás sola en esto.- sentencio seguro de sí mismo,- Pase lo que pase. Y no voy a permitir que nadie os haga daño.

Yo sonreí, y apreté mis dedos contra los suyos. Había esperado tanto para oír eso. Algo que me diera garantías de estar segura, de que el bebé estuviera seguro. ¿Cómo había podido creer que él iba a reaccionar mal? Llevaba días sufriendo, cuando todo podría haber sido más fácil. Con su ayuda, esto era posible. Me sentía feliz por un momento, como si todos los problemas que había tenido, todo lo malo que me había preocupado se marchasen de golpe. Él acerco la mano que quedaba libre hacia mi barbilla, y dio un toquecito con sus dedos, como cuando un adulto quiere llamar la atención de una niña pequeña. Eso solo provoco que mi sonrisa se agrandara, y cuando su mano descendía, volví a unirla con la mía. Me miro a los ojos y justo cuando iba a agradecerle todo lo que estaba haciendo por mí, la puerta se abrió pausadamente.

Apreté los dientes al ver a Bianca aparecer. ¿Acaso tenía un don especial para aguarme los momentos bonitos? Suspire, soltando la mano de Alec. Este la miro irritado, y no sabía por qué. Antes se llevaban muy bien, o eso creía. Ella entró en la habitación sin esperar invitación, y adopto una postura retadora y provocativa.

-Hola Renesmee, Alec…- dijo con tono meloso. Yo le fulmine con la mirada Y Alec debía de hacer lo mismo,- Tranquilos, solo será un momento.

-¿Qué quieres Bianca?- pregunto Alec cortante. La aludida sonrió.

-Solo… felicitarte por lo de antes. Ha sido genial, una de las mejores experiencias de mi vida. Ya sabes, breve pero intenso. Alec, tienes tantos talentos, y tan grandesrecursos…

Yo sentí una punzada en el pecho. Había estado tan preocupada por el castigo que había olvidado que Bianca y Alec se habían acostado y estaban comprometidos de alguna forma por ello. Me encogí, intentando soltarme de las manos de Alec, pero este presiono mis dedos y no lo permitió.

-No mientas.- siseó,- Ya te hubiera gustado a ti tener algo conmigo, o disfrutar de mis grandes recursos. ¿Lo pasaste bien con Demetri?

-Eres un idiota.- respondió, mirándole con odio. Después sus ojos taladraron los míos,- No quiere admitirlo porque sabe que te hará daño, pero lo hemos hecho. Estaba tan excitado, y a su vez era tan excitante verle así a él. Aunque supongo que eso tú ya lo sabes.

-Mejor que tú.- repuso Alec, y ella se mordió el labio,- Y ahora lárgate antes de que se me agote la paciencia.

-Claro.-Respondió Bianca sin rebatirse. Ya había conseguido lo que quería, que era picarme,- Nos vemos pronto.

Cuando estuvo fuera, la atmosfera de la habitación se volvió algo incomoda. Alec seguía con mis manos unidas a las suyas, aunque mi mirada estaba dirigida a la colcha, como si tuviera algo apasionante. Suspire, y entonces una de sus manos se desprecio de la mía. Mire para ver que había pasado, y observe un poco confusa como Alec dirigió su extremidad hacia mi brazo vendado. Acaricio la herida lentamente, para no hacerme daño, y después clavo sus ojos en los míos. Fue como mirar a un ángel, una estatua de canon perfecto, como el hombre de Vitrubio. Era hermoso, se podría decir. Aunque estaba atormentado. Se chupo el labio y volvió a tomarme la mano.

-No hicimos nada.- murmuro bajito, con la voz cargada de sinceridad.

-Te creo.- respondí sin pensarlo. No mentía, lo veía en sus ojos,- Tú aguantas más.

El sonrió y negó con la cabeza. Yo balancee nuestras manos huidas, pensando en lo mucho que me aliviaba saber que no había pasado anda entre ellos. Las cosas se tornaban más sencillas, aunque la verdadera cuestión era: ¿Cuándo aguantarían así?

¡Muy importante!(Léelo sino quieres que Alec muera ¬¬).

¡Hola chicas!

¡Aquí está el capítulo! Fue duro de escribir, y puede que quedara un poco aburrido, aunque al menos ya no se odian =) ¿Os imagináis la cara de Alec al enterarse? El pobre aun está un poco confuso con todo, aunque tendréis que esperar a que haya un Pov. Alec para ver qué es lo que realmente piensa, y os sorprenderá. Uh Uh Uh. **La pista del siguiente cap.:**Pues… si quieres saber la pista, seguir leyendo. Porque en la parte importante esta la respuesta.Y otra cosita, como siempre os pido pasaros por **"The meaning of your life",**quien lo haga recibirá una GRAN recompensa. Para saber cuál es, leer la parte importante. =) Cliquea aquí para visitar el blog ---> http://amoradosbandas-rebeca.blogspot.com/ Y ya si me decís que os parece, mucho mejor.

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Próximo capítulo pronto, eso sí, si dejáis comentarios, (Y me gusta), **porque cada vez que no comentáis…**House le pega un bastonazo el Dr. Chase, que esta to' bueno. Y no queremos eso… ¿A qué no? Próximo cap. pronto… ¬¬ ¡Y comentad!

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