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Historia 71085 — capítulo 32
--¡Hola Lysander!—chillaron Chloe y Zoe al mismo tiempo, con idéntico tono de quién quiere sobresaltar.
Pero la pelirroja ni se inmutó, se volvió hacia ellas, sonriendo tranquilamente. Algo que las desilusionó, jamás habían logrado su cometido. Jamás.
--Hola chicas—saludó plantándoles besos en cada mejilla— ¿Qué hacen?
--Aquí, tratando de hablar contigo—respondió Chloe inocentemente.
Lysander alzó una ceja, sin dejar de sonreír y volvió a su tarea de servirse fruta en su pequeño tazón.
--Queremos hablar contigo y con James—declaró Zoe hablando más alto, por si Lysander no la hubiera escuchado, y es que había aprendido a base de la experiencia que había ocasiones en que tenía que asegurase que Lysander hubiera captado el mensaje— ¿Lys?
--Victoire me ha hablado de lo que pretenden hacer—dijo ella sin mirarles.
--Es solo para archivarlo—decía Chloe algo apurada—nada de lo que debas preocuparte.
--¿En serio?—dijo Lysander sonriendo anchamente—conociéndolas, diría que no es así.
--Pero si somos más buenas que el pan—sentenció Zoe dolida—somos Pantristes, como nos dice mamá.
--¿Qué quieren saber?—preguntó James que llegaba a su lado, rodeaba a Lysander por la cintura y le daba una mordida a una manzana.
--¿Contestaras todo?—quiso saber Chloe alzando las cejas.
--Sí, yo no tengo nada que ocultar ¿o tú sí?—dijo mirando a Lysander que siempre parecía divertida con la presencia de las gemelas.
--No, nada.
--¡Genial!
--Ahora estamos aquí…--iba diciendo Zoe con la grabadora en la boca, frente a ella estaban James Sirius y Lysander, ambos comiendo fruta con chocolate; él sentado perezosamente, pero con un brazo sobre los hombros de la chica que se recogía el pelo con una liga, mientras Chloe sonreía malévolamente—con la nueva pareja.
--¿Pareja?—repitió James poniéndose rojo repentinamente, subiéndose las gafas, mirando a todos lados en busca de la ventana o la puerta, sin duda, para salir corriendo de ahí.
--Claro—dijo Chloe orgullosa de la actitud lograda.
--¿O qué es lo que son?—quiso saber Zoe mirando a Lysander.
--No nos gusta tener un título—contestó apretando la mano de James Sirius— ¿Cierto?
--Eh… sí, sí, claro—dijo sonriendo aliviado—cero títulos.
--Pero mucho compromiso, eso que ni qué—completó Lysander soñadoramente, haciendo que James comenzara a toser escandalosamente.
Tardaron alrededor de media hora en que el chico recobrara el aliento.
--Bueno, primera pregunta—decía Chloe.
--Dispara.
--¿Cómo fue que comenzó su relación?—preguntó Zoe rápidamente.
--En realidad…--Lysander se rasco la cabeza, pensativamente.
--Hace años—dijo James con la vista perdida en algún punto muerto.
--Bueno, Al, no puedo quedarme—iba diciendo un James Sirius de trece años, alborotándole el cabello a su pequeño hermano que le miraba con suplica— ¿Qué quieres? No pongas esa cara, vete por ahí con Rose a hacer amigos ¿quieres? No todo el tiempo vas a estar conmigo.
--Pero…
--¿Qué te he dicho?—lo cortó James con un ademán impaciente.
--Qué si quiero mi persona en buen estado…--Albus rodó los ojos, pero a su hermano mayor no le pasó por el alto el hecho de que la voz le tembló al hablar—no me meta en tus asuntos.
--Bien hecho—le alabó Freddie que venía llegando, con una gran sonrisa por supuesto; James se volvió hacia él para darle un fugaz abrazo— ¿Qué tal el verano?
--Genial—contestó James Sirius olvidando que Albus estaba ahí y que Rose venía llegando con una rubia—papá ha accedido a…
--¡Hola chicos!—saludó Rose acomodándose pomposamente su túnica nueva de Hogwarts.
--Pero que bien te queda, Rosie—le alabó Freddie recargándose perezosamente en la puerta de uno de los compartimientos del tren—te ves magnifica.
--Gracias—dijo ella sonrojándose levemente, con una mano invitó a la chica rubia para que se acercara—no seas tan penosa, Lys ¿o acaso ya nos los reconoces?
De pronto, James se fijó mejor en la niña rubia que tenía frente a él. Habían pasado ya bastantes años y era lógico que ella hubiera cambiado pero no la habría reconocido de no haber sido por la mirada que ella le dedico. Aquella mirada de complicidad, llena de amistad que tantas veces había soñado con volver a tener, y ahí estaba Lysander Scamander, sonriendo soñadoramente.
--¿Lysander?—dijo entonces Freddie sacando a James Sirius de sus pensamientos— ¿Eres tú?
--Supongo—respondió bajando la vista, posándola sobre sus pies—hola.
--¡Lys!—gritó James loco de la emoción, con una sonrisa de oreja a oreja empujó a su moreno primo para llegar hasta la niña para estrujarla en un fuerte abrazo que quería darle desde hacía mucho tiempo.
--¡Ternuritas!—exclamó Zoe extasiada, sintiéndose un poco extraña por ver como James miraba a Lysander, como si no existiera nadie más a su alrededor.
--Espera, espera, espera—intervino Chloe negando rotundamente con la cabeza— ¡No nos jodan!
--¿Eh?—Lysander la miro sin comprender— ¿Por qué…?
--Hicimos una pregunta y no nos la contestaron—replicó Chloe frunciendo el ceño— ¿Eso que tiene que ver, eh, Jamsie? ¿Vas a decirme que estabas enamorado de Lys desde que eras un pibé del tamaño de un cien pies?—a cada palabra, se iba inclinando más hacia el chico que sonreía burlonamente.
--Claro que no ¿Por quién me tomas?—dijo él en una postura muy digna.
--¿Entonces?—dijeron las gemelas al tiempo, ansiosas.
--Solo les digo que cuando regresé volvimos a ser los mejores amigos—respondió ella metiéndose un pedazo de fruta a la boca, no volvió a hablar hasta que se lo trago—y pasamos demasiadas cosas juntos…
--¡Lorcan!—gritaba James Sirius abriéndose paso entre el gentío del Gran Comedor para llegar hasta la mesa de Ravenclaw donde ya atisbaba ver una melena de un rubio demasiado exagerado— ¡Lorcan!
--Hey ¿Qué pasa, amigo?—dijo el chico jalándolo por el brazo, ayudándolo a librarse del montoncito de chicas de Hufflepaff que siempre acosaba a James Sirius; claro, el hecho de ser el mejor cazador de Gryffindor y el hijo mayor de Harry Potter contribuían a tal éxito, sin dejar de lado el físico que volvía loca a más de una— ¿Qué sucede?—preguntó Lorcan sonriéndole tan anchamente como siempre.
--Estoy huyendo—declaró poniéndose la capucha de la túnica—quiero decir, me gustaría compartir los sagrados alimentos contigo.
--¿Qué pasó?—inquirió pasándole un plato a rebosar de comida ante las miraditas indiscretas de los Ravenclaw; aunque ya no se les hacía raro ver a un Gryffindor en su mesa, de hecho, de ninguna casa ya que ahora cada alumno podía comer donde quisiera.
--Eh… nada, nada—dijo metiéndose la cuchara a la boca— ¿Has visto a Lysander?
--Se ha quedado en la sala común—respondió él encogiéndose de hombros—está terminando una redacción de no sé qué ¿Por qué?
--Es solo que…
--¡Siriusin!—chilló alguien justo frente a ellos.
James casi se va de espaldas, atragantándose con su comida. Mientras que Lorcan abría los ojos como platos. Todo en el Gran Comedor se quedaron en silencio, girando sus cabezas para ver con curiosidad la escena que se llevaba a cabo.
--Yo…—balbuceaba James mirando en busca de alguien que lo ayudara a salir de aquel lío; porque quien había gritado era nada más y nada menos que Miranda Edgecombe, una loca Slytherin que lo seguía a todos lados diciendo que era su novia.
--¡Buenos días!—saludó Lysander sentándose junto a James que se puso más rojo que un tomate.
--¿Quién es esta?—preguntó Miranda de mala gana.
--Ya llevo aquí un año y no me habías visto, que raro—decía Lysander sin inmutarse, sirviéndose jugo de calabaza—soy Lysander Scamander, mucho gusto.
--Quítate de ahí—le ordeno apretando los dientes, alrededor de ellos estaba formándose un corro.
--No, no me muevo cuando estoy comiendo—afirmó la chica dándole un largo trago a su jugo; Lorcan se mantenía sereno mientras que James Sirius temblaba de pies a cabeza— ¿Qué te pasa, Jamsie? Estas muy raro, oye se me ha ocurrido algo fantástico que…
--¿Por qué rayos te llama Jamsie?—chilló Miranda al borde del colapso.
—Relájate—murmuró Lysander—tus amistades, James—y echó a reír a carcajadas.
--¿Qué?—gritó la otra chica sacando rápidamente la varita.
--¡No!—saltó James poniéndose de pie de un brinco.
Pero antes de que Miranda pudiera hacerle algo a Lysander, la rubia de doce años le había dado un pequeño golpe, en un lugar específico, que la dejo en el suelo, inconsciente. Los curiosos se alejaron instintivamente de Lysander que volvió a su desayuno, mientras que la prefecta de Slytherin se acercaba para ver lo que había sucedido.
--Pero…
--Algo que aprendimos en medio oriente—explicó como si nada Lorcan ante la pregunta no hecha de James Sirius que no parpadeaba.
James se giró para ver como Lysander le sonreía abiertamente.
--¿Podrías enseñarnos?—chillaban las gemelas brincoteando alrededor de Lysander que sonreía de lado, para orgullo de James— ¿Sí? Por favor, por favor.
--Serían un peligro en potencia—declaró Sirius con autosuficiencia—aprendan ustedes solas, mugrosas.
--¡Oye!—se quejaron ofendidas, para que Chloe continuara—esta es una transacción de sabiduría entre Lys y nosotras, así que cierra tu bocaza.
--Tía boluda tiene razón—dijo James—cada día son más mal habladas, Merlín nos libre de ustedes.
--Nos extrañas cada que no tienes nuestra necesaria presencia—alegó Chloe a lo que Zoe asintió muy digna—tú nos necesitas más a nosotras que nosotras a ti.
--Bueno, bueno ya ¿no?—las cortó James rápidamente, antes de que esas dos se pusieran a parlotear y sacaran cosas a la luz que nadie debía saber—¿Qué más quieren saber?
--Hum… quiero saber porque tienes el pelo rojo, Lys—dijo Zoe pensativamente—siempre fuiste rubia ¿Qué paso? ¿Usaste el mismo tinte que la abuela McLaggen?
--¿Tinte?—repitió Lysander—no, ni siquiera sé que es eso ¿Es que tomas un crayón y te pintas el cabello?—y se echó a reír, acompañada de la atronadora risa de James Sirius.
--Realmente necesitaste tomar la clase de Estudios Muggles—dijo Chloe severamente.
--Mejor ya cuéntanos.
--De acuerdo—dijo Lysander dejando de reír—yo tenía diecisiete, entonces el abuelo Lovegood me regaló un curioso artefacto…
--¿Te gusta, cariño?—preguntaba Xenophilius Lovegood a su nieta que miraba sonriendo la pequeña caja que tenía ante sí.
--Sí, pero… ¿Qué es?—preguntó Lysander acercando su cara al artefacto, para mirarlo mejor.
--Oh, es una máquina que ayuda a encontrar Snornacks de cuernos arrugados—informó el abuelo abrazándola con cariño—me ha llevado más de dos armarla, porque no encontraba por ningún lado alas de…
--¿Funciona?—quiso saber la chica curiosamente, mirando un gran botón rojo, que le invitaba a presionarlo.
--Probémoslo—dijo el abuelo, entusiasmado—tu presionas el botón y yo digo el hechizo ¿vale?
Lysander asintió contenta, entonces el abuelo cogió su varita; la chica puso un dedo sobre el botón y cuando su abuelo comenzaba a decir el hechizo, ella presionó se adelantó y presionó el pequeño y rojo botón. Provocando que una ola de luz brillante la lanzara lejos, golpeándose con la pared.
--¡LYSANDER!—chilló el abuelo Lovegood corriendo hacia donde su nieta.
Lo que vio lo dejo pasmado.
--¿Eh?—las gemelas se miraban sin comprender.
—No sé qué hizo el abuelo, aún no lo averiguó—explicaba Lysander pasándose una mano por su largo cabello pelirrojo—pero después de eso no volví a ser la misma.
--¿A qué te refieres con exactitud?—preguntó Zoe mirándola con interés.
--Pues el color de mi cabello cambió—contesto con simpleza—además que ahora huelo colores.
--¿Eso exist…? ¡Auch!—se quejó Chloe sobándose la pierna derecha; pues James le había metido una buena patada para evitar que siguiera hablando.
—Pues claro que se puede—dijo James como si fuera lo más obvio.
--¡Claro que no!—zanjó Zoe mirándola recelosa—eso es imposible…
--Bueno ¿Eso es todo o…?—James se puso de pie, muy digno, obligando a Lysander a imitarlo—tenemos que terminar las maletas.
--Solo una cosa más—dijo Chloe sonriendo maquiavélicamente.
— ¿Le hiciste caso a Lysander solo porque ahora es pelirroja?—preguntó Zoe.
—Mira que buena pregunta—comentó Lysander—responde.
—Pues… pues…
James Sirius se puso más rojo que el cabello de su novia, bajó la vista antes de seguir hablando.
--¿Qué haces, Sirius?—le preguntó Molly sentándose a su lado, quintándole sin previo aviso, el regaliz que tenía en el mano— ¿Cómo?—dijo alzando una ceja— ¿No vas a pelear igual que siempre?
--No, pienso reivindicarme—contestó distraídamente.
—Algo te pasa—aseguró su loca prima; él estaba mirando el mar pues estaban en el Refugio, ahora se le hacía casi imposible asistir a la cena familiar de cada mes puesto que el entrenamiento de auror lo tenía a tope— ¿Qué te sucede?—inquirió poniéndose seria—esto de tener diecinueve te tiene mal ¿no es así?
—Solo un poco—admitió sacando una rana de chocolate de su bolsillo—es algo más.
— ¿Quieres hablar de ello?
Molly sabía perfectamente que James Sirius era la clase de chicos que arma mucho lío en casi todo lo que hacen, era más atinado decir que le gustaba llamar la atención. Pero también sabía que su primo hablaba poco de sus sentimientos, y cuando se animaba a hacerlo, era con ciertas personas, una de ellas era ella misma. Algo que le gustaba mucho.
— ¿Has oído hablar de que a los Potter nos gustan pelirrojas?—soltó sin previo aviso, tomando a Molly en curva.
—Un poco—dijo carraspeando un poco, escondiendo su sonrisa pues sabía de qué iba eso—solo sé que la mamá del tío Harry era pelirroja, que tía Ginny es pelirroja… no sé si la señora Dorea Potter también fuera pelirroja ¿lo era?
—Recuerdo que la señora Narcisa dijo algo de ella alguna vez—decía James Sirius pensativamente—me parece que sí, no sé bien realmente.
— ¿Entonces?—le apremió Molly acostándose perezosamente— ¿Cuál era el punto?
—Nunca he tenido una novia pelirroja—contaba James arrancando pasto—siempre creí que eso era una bobería, pero ahora…
—Si me permites decirlo, ella se ve realmente bien con ese color, le va.
—Es que… no sé qué pensar—dijo él mirando sobre su hombro; ahí estaba Lysander Scamander con diecisiete años, riendo a carcajadas con Victoire y Rose—no quiero que sean así las cosas.
— ¿Crees que te guste solo porque es pelirroja?—se extrañó Molly, su primo dio una seca cabezada—pues yo no lo veo de esa forma.
—Si yo no estoy seguro ¿Tú cómo puedes estarlo?—le retó poniendo los ojos en blanco.
—Hay una forma muy sencilla de comprobártelo—Molly se puso de pie y se fue caminando hacia la casa, dejando a James muy confundido, pensando que ella estaba loca. Pero no tardo ni cinco minutos en volver, y no venía sola—he aquí la prueba fehaciente.
— ¿Qué pasa?—preguntó Albus mirando a James.
—Al ¿tú qué opinas de James y Lysander?—dijo Molly cruzándose de brazos, con aquella actitud de superioridad que le recalcaba el parentesco con su padre.
—Se gustan—contestó Albus como si nada, haciendo que James se quedara blanco— ¿Por qué?
— ¿Tú qué opinas, Dominique?
—Eso ha sido desde pequeños—dijo la rubia sonriéndole a su primo—bueno, no tanto pero desde que éramos niños ustedes siempre andaban juntos.
—Y cuando llegamos al colegio fue peor—aportó Freddie—esos dos terminan juntos, eso si Lysander no lo manda al diablo—y echo la cabeza hacia atrás, riendo burlón.
—Ahí lo tienes—dijo Molly con suficiencia— ¿Eso contesta tu duda?
— ¿Entonces?—dijo Chloe— ¿Cuándo te enamoraste de ella?
—No me di cuenta—afirmó James dándole un beso a Lysander en la mejilla—pero mejor así, nada de títulos y nada de parámetros, así me gusta.
—Y al parecer ella esta lo bastante loca como para aceptarlo—murmuró Zoe—bueno, creo que eso es todo.
— ¿Seguras?—Lysander se puso de pie, caminando hacia la puerta del jardín.
—Sí, no te preocupes.
—Bien, iré con Rose.
Lysander le alboroto el cabello a James antes de salir con su caminar tan peculiar.
—Entonces… pequeñas pantristes, me voy.
— ¿Cuántas novias tuviste, Jamsie?—le preguntó Chloe alzando las cejas.
— ¡Ja! No me alcanzan los dedos para contarlos—respondió muy pagado de sí.
— ¿Un aproximado?—Zoe le miraba con un brillito extraño en los ojos.
—Hum… unas dos o tres…
— ¿En serio?—dijeron, desanimadas.
— ¡Unas dos o tres docenas!—exclamó James Sirius riendo, antes de comenzar guerra de cosquillas con las pequeñas monstruas que no habían puesto stopa la grabación.