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Historia 71871 — capítulo 1

No me importaría

Se miraba el brazo y aún podía recordar ese pasado escabroso del que había formado parte alguna vez. Ahora, sentada en ese viejo banco. Llena de cal y sudorosa. Había luchado del lado equivocado del tablero, pero tenía que hacerlo. Tenía que ser fiel a lo que se le había impuesto. A lo que ella misma se había impuesto como miembro activo de la orden. O casi...activo.

Ex miembro ya.

Pero no había sido su culpa. Había querido ayuda a Harry miles de veces y sin embargo, venía con Bellatrix Lestrange. Habían invadido Hogwarts, habían acabado con millones de esperanzas. No entendía cuándo se habían hecho tan fuertes. Aún podía oír su grito en su cabeza, dando vueltas como una espiral llena de colores.

Y luego se había detenido, en blanco y negro.

"Granger...cubre la retaguardia. ¡Ahora! Mata a quien te encuentres frente a ti"

Esa voz, Bellatrix. Ella no confiaba en su nombre, pero tenía que darle órdenes. Y ella tenía que servirle. 

Recordaba haber herido a una niña de primer año. Recordaba haber tirado de un brazo, un chico de sexto año. Recordaba tanto que quería borrar.

Y entonces; soltó la varita que se iluminaba de color verde brillante. Lo había hecho. Por primera vez lo había hecho y ya no tenía lágrimas para sentir, para sentirse asquerosa. Para llorar por aquel que había derribado en la entrada, dándole paso a la bruja más mortífera del mundo.

Cuya vida ya le estaba debiendo. Ella la había convertido, ella la había adoptado y le había enseñado cuanto sabía sobre el arte de matar, aniquilar, despellejar. Como fuera.

Estaba hecho. Y permanecía sentada, apoyando sus brazos en sus muslos y su cabeza en sus manos. Mirando lo que había hecho. O lo que había cooperado para hacer.

Su cerebro ya tenía marca y precio. Al igual que su magia y su brazo.

— ¿¡Qué haces allí sentada, Granger!?— la voz de Snape rugió potente, mientras los mortífagos corrían. Tenían que escapar, pero ella estaba cansada de escapar de sí y del resto del mundo que la rodeaba. Severus apretó los dientes y negando con la cabeza, caminó hacia ella y la tomó de un brazo de forma abrupta. La levantó y ella apenas pudo tomar su varita. Siguió tirando de ella hasta la salida. Hasta que pudieran desaparecer.

— ¡Gracias querida Granger, por romper ese maldito hechizo anti apariciones. Ha sido muy brillante de tu parte! Sin duda alguna, eres un miembro tan valioso.— Bellatrix graznaba mientras alzaba su varita al aire y los mortífagos comenzaban a desaparecer bajo la terrible marca tenebrosa. La dueña de sus pesadillas, prácticamente.

Al reagruparse, Severus continuó halando su brazo hasta desaparecer por un pasillo oscuro y lúgubre. La miró, mientras la soltaba y ella se sobaba el brazo de forma inconsciente ya. Toda herida menor que aquella grande que tenía en el corazón, no dolía. No quemaba o ardía. Podía arder en ese mismo momento, en llamas, y jamás sentir algo peor.

— ¿Estás bien, Granger?

Snape, le tenía confianza desde la orden. Su relación había "madurado", por decirlo así. Él se había opuesto. Había sido el primero en decirle a Dumbledore que esa idea era alocada y estúpida. Que Hermione no resistiría dicha intervención. Pero soportaba estoicamente y era algo digno de admirar.

Además Snape nunca había mencionado que la odiara.

— Sí, señor. Estoy bien. Ajá.— dijo, mientras asentía con la cabeza y una sonrisa que no alentaba, se cruzaba por sus labios.

— Ven a verme si es necesario. No uses la entrada principal o sospecharán. Principalmente Bellatrix, que con su locura, quién sabe qué podría pensar. Cruza el patio de la mansión Malfoy y el cobertizo...

Hermione dio señales de querer interrumpirlo.

— ¿Podemos ir ahora? No quiero dormir sola esta noche.

— Muy bien. Algún arreglo podremos encontrar.

Lo siguió hasta el patio de la casa Malfoy. En la oscuridad; ambos parecían dos enormes murciélagos, bajo el reflejo de pobres faroles que apenas titilaban. Severus abrió la puerta y dejó que Hermione entrara allí. Cerró rápidamente y encendió su varita.

Una vieja habitación allí. Dos camas. Una fortuna.

— Recuérdeme por qué siguió con todo esto en primer lugar— dictaminó el hombre, sacudiendo las cobijas, mientras Hermione revisaba detrás de las camas. Odiaba las alimañas. Aunque estaba acostumbrada.

Ella era una.

— Usted sabe que por la orden, cualquier cosa. Y además...

Severus se había dejado caer en la cama, de forma tiesa. Apenas moviéndose. Ladeó la cabeza y miró en dirección a su ex estudiante.

— ¿Y además?

— Tengo que hacer algo con todo esto. Profesor Snape.