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Historia 71871 — capítulo 2

El comité de bienvenida

Severus permaneció mirando a Hermione, mientras ella mantenía sus brazos tras su cabeza y parecía rememorar el pasado. O hacía un par de meses, en su vida. Por supuesto que lo recordaba todo y con lujos de detalles. No podía olvidar desde aquel día.

"El comité de bienvenida". Anunciado por Lord Voldemort. Se reunió con un comité de bienvenida de la orden del fénix y exigió su separación, ruptura, disolución. Como fuera.

Por supuesto; ningún miembro cedió ante las presiones. El comité de bienvenida conformado por Bellatrix Lestrange, Fenrir Greyback y Dolohov, parecía divertido con las palabras de aliento que los pocos miembros de la orden del fénix, trataban de infundir en las masas.

No era entonces un comité mediador. No. Ellos solo proponían una renuncia amable y "pacífica", antes de destruirlo todo y a Hogwarts con ello. Pero bien, las esperanzas fueron las primeras en mantenerse. Y fueron las últimas en perderse.

Cuando ya la orden no pudo con Voldemort y su oleada, decidieron formular un plan. Una especie de sacrificio que para muchos, incluso Snape, era ilógico. Hermione y él se infiltrarían, descubrirían el talón de aquiles y los pocos que se salvaran luego, podrían utilizar esa información y esas ventajas, para sacar a Voldemort de circulación.

Pero incluso para Snape, que llevaba años en ese trabajo, era algo que no resultaba sencillo. El entrenamiento era arduo, no sabía si Hermione podría resistirlo.

Y soportó. Estoicamente soportó aquellos golpes, laceraciones que Bellatrix amaba realizar con un látigo. Y laceraciones verbales, incluso.

Severus fue lo más estricto que pudo, con ella. Como nunca antes había sido. Le enseñó a matar, a no temer a las sombras. Le enseñó cada hechizo que había inventado. Le permitió practicar con su cuerpo mismo. Casi lo mataba en una de sus prácticas. Pero para su suerte y la de Hermione incluso, ella se había echado a llorar y había soltado la varita en el último crucio. Cuando Snape no tenía otra opción que suplicar por su vida.

Vivió muchas pesadillas. Hurgó su mente hasta cansarse, mientras practicaban la oclumancia. Estaba prácticamente desnuda frente a él. Y tampoco hablaba de algo poco literal. La había visto sin ropa muchas veces, cuando tenía que reparar los daños que su entrenamiento había causado. La maldición cruciatus sobre su muñeca, miles de veces, hasta que aprendiera a controlarla.

Fuera como fuera, la mortífaga mejor entrenada que jamás había visto. Y Bellatrix daba fe de ello, en cuanto había pasado a sus manos. Hermione había aprendido a matar y de una forma maravillosa; empleaba su magia y su cerebro. Palabras de la bruja oscura, ella era la hija que siempre había querido tener.

Y Hermione la tenía que complacer en cualquier capricho. Así fuera; en matar a un hermoso conejo blanco y pequeño que se cruzara en su camino.

Entonces, Severus parpadeó y regresó a la realidad. Hermione estaba dormida. Respiró pesadamente y se preguntó, cuándo sus máscaras iban a caer. Cuándo esa dureza que ella fingía, se iba a quebrar en realidad. 

La había visto quebrarse, pero estaba seguro de que no faltaba mucho para que ella terminara por romperse y alejar aquella perspectiva, aquella idea de misión que tenía. Fuera lo que fuera que buscara dentro de ese lugar, no lo iba a obtener.

Se levantó de la cama, caminando cuidadosamente hacia ella. El suelo de madera del cobertizo, parecía ser muy frágil. Se inclinó para colocar su mano sobre su cabeza. Sustrajo su varita de su saco y la colocó cuidadosamente sobre su sien. No necesitaba aquellos horrendos recuerdos para dormir. Los sustrajo uno a uno, cuidadosamente. Sabía cómo hurgar, como verlo. Sabía qué buscar.

Y por impulso que no logró entender, se inclinó más aún y besó su cabeza. Cuidadosamente.

Que tuviera algo sano con lo que soñar. Así fuese un beso que solo le había dado él. Dudaba que incluso ella, tuviera futuro con alguien como Ronald Weasley o Harry Potter. Luego de que supieran qué había hecho. Todos creían la mentira de Albus. Aquella de que Hermione tenía una afección que Severus Snape le estaba curando.

Mentira. Ella estaba muy bien y luchando del lado equivocado.

Pensaba irse, pero entonces recordó que Hermione había implorado por su compañía. Que no la dejara sola. Y bien, ¿qué más iba a hacer? Si nadie se enteraba de que allí estaba, no tenía problemas en quedarse. Se dejó caer en la cama una vez más, con un resoplido. La cama soltó un rechinido molesto, que dio paso al comienzo de las "horas de sueño".

Horas de torturas con los ojos cerrados. Horas de tortura con recuerdos.

Y ya no iba a decir: "Al amanecer nos irá mejor".

Porque era una mentira bárbara.

— ¡No puedes estar hablando enserio, Albus! No puedes— Sirius Black parecía iracundo, mientras Albus permanecía sentado en la cocina de Grimmauld Place— ¡Les entregaste a Hermione! Les diste a Hermione Granger.

— Pero hemos ganado algo a cambio, Sirius. Anoche, mientras Remus y tú estaban de guardia, recibimos una visita. Otro pequeño comité, pero este era totalmente distinto. Alguien se rendía, Sirius. Y me temo que lo conoces muy bien.

— ¿Quién? ¿Quién ha decidido rendirse?

— Lucius Malfoy. Al parecer teme por su esposa y por su hijo. Ha dejado de representar para nosotros; una amenazada. Dice que su hijo, si le perdonamos la vida, podría trabajar para nosotros. Encubierto.

— Ya enviaste a Hermione. Además de que no podemos confiar en él.

Dumbledore respiró pesadamente. Él lo había propuesto, pero Hermione se había decidido por razones que no entendía.

— Ella dijo que lo haría, por sí misma. Que llevaría la marca tenebrosa por sí sola.

Y mientras dormía, Hermione Granger se preguntaba dónde demonios estaba y por qué no lo había visto. Llevaba días buscándolo, pero parecía que no estaba en ningún puesto. Además, no iba a ser tan estúpida para preguntárselo a Bellatrix Lestrange.

Tenía que encontrarlo o su plan aparte de arriesgado, para ayudar, iba a resultar una tristeza mucho mayor que la que ya tenía que soportar, con el hecho de matar gente.

Pero ¿dónde estaba?

— Draco Malfoy...nuevo miembro encubierto de la orden del fénix.

"Matarás a todo miembro de la orden del fénix que se te cruce"

"Encarcelarás y destruirás a todo mortífago que se te cruce"