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Historia 7220 — capítulo 1

1.Discutiendo los hechos

Cuando salieron los tres juntos de la casa al cabo de una hora, se encontraron con que los profesores que habían acompañado a Harry se habían retirado.

-Y ahora... ¿como entramos en el colegio sin que nos vean?

-No lo se- contesto Harry.- Lo más seguro es que estén en el despacho del director hablando.

En eso, un perro negro se les acerco meneando muy alegremente el rabo y con la lengua fuera.

-Canuto- le identificaron al momento los tres.

El perro, al sentirse reconocido ladró contestándoles. En seguida se puso a caminar en dirección al castillo. Se volteó, y al ver que no le seguían, ladró haciendo un ademán para que le alcanzaran. Se miraron entre si y soltaron una pequeña risa al mismo tiempo que le seguían con un sonrisa provocada, sin duda, por como actuaba su amigo. En el momento de llegar al castillo, Sirius se volvió a transformar en humano y metió la mano dentro de su túnica sacando una capa plateada.

-¡Mi vieja capa de invisibilidad!- grito James al ver a su “antigua” compañera de travesuras.- ¿De donde la sacaste?

-Me la dio a mi en primer año- aclaró Harry.

-Si y ahora Albus la ha cogido para que lleguéis a su despacho sin ser vistos- añadió Canuto.

-Bueno, Harry, mañana nos vemos ¿vale?-le dijo cariñosamente Lily.

-¿No os puedo acompañar?-preguntó poniendo cara de perrito abandonado.

Sirius viendo que sería difícil hacerle cambiar de parecer se le ocurrió una manera para que se fuera a dormir y hablar ya mañana.

-Harry, Remus me ha contado una cosa acerca de .............-empezó pasando el brazo por los hombros de su ahijado.

-¡CALLATE SIRIUS! –gritó enojado saliendo de su abrazo.

-¡EH! Yo quiero enterarme- dijo James como si fuera un niño pequeño.

-Bueno pues verás ....-comenzó dirigiéndose a su “hermano.”

-¡CALLATE!

-Venga, chicos, no le hagáis enojar- dijo Lily metiéndose en la conversación para sacar del apuro a su hijo.

-Gracias mamá por apoyarme- girándose donde su madre.

-Bueno pero luego me lo cuentas sin que estén estos pesados.

-Eres igual que ellos.

-No es verdad. Estos dos no pararían de molestarte pero yo no –dijo haciéndose la ofendida.

-Bueno mañana te lo cuento.

-Vale –dijo con cara de felicidad.

-Adiós papá, mamá, Sirius.

-Adiós Harry.

Entró por la puerta sintiendo que no podía ser más feliz. Tenía a sus padres a los que, a pesar de haberles conocido hace unas horas, sentía que conocía de toda la vida; tenía los mejores amigos que uno pudiese desear y una novia muy guapa a la que quería mucho.

Mientras, afuera, James cogió la capa de invisibilidad y la echó encima suyo y de Lils. Sirius se volvió a transformar en “Hocicos” y como Harry había dejado la puerta abierta entraron sin hacer ruido. Se deslizaron por los oscuros y fríos corredizos del pasillo. De repente al doblar la esquina oyeron un maullido. Provenía de una vieja gata flacucha de color polvoriento y con ojos saltones como pequeñas linternas.

-La señora Norris, mierda. ¿Qué hace aquí?- pensó James.

Un hombre se les apareció delante, era alto y delgado. Tenía cara de pocos amigos y el pelo largo que le caía sobre los hombros no ayudaba mucho. El hombre, al que enseguida reconocieron como Filch, el conserje del colegio, se quedo detenido detrás de la gata.

-¿Quién anda por ahí?- preguntó con voz siniestra.

Hocicos ladró para llamar la atención del conserje hacía él.

-Tranquila. Es solo el estúpido perro de Lupin.

Ambos se fueron dejándoles de nuevo el camino libre. Continuaron a través de los corredores hasta llegar a una estatua de piedra bastante fea que quería imitar a un fénix. Aquella era, sin duda, la puerta al despacho del director.

-Chocolate caliente- dijo Sirius a la estatua haciendo que esta empezara a moverse.

Los jóvenes esposos, bajo la capa de invisibilidad, se subieron a la escalera que subía junto con el movimiento de la estatua. Abrieron la puerta y se sorprendieron al encontrarse, no solo con el profesor Dumbledore y con Remus, sino, también, con una mujer alta de cabello negro y túnica verde esmeralda además de tener un rostro muy severo.

Se quitaron la capa y la profesora, al verles, dejo escapar un pequeño grito a la vez que unas finas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-James, Lily- dijo sin poder creérselo.- Creí...creí que se trataba de una broma.

-No es ninguna broma, tía Minerva.

La profesora McGonagall saltó a los brazos de su sobrino llorando.

-Pensé que no volvería a verte. Creí que te habías muerto James.

-Tranquila, he vuelto tiíta.

-Hay que escena tan conmovedora- Sirius simulando que se secaba unas lágrimas imaginarias con un trapo también imaginario.- Tía y sobrino.

-Black, cállate- le ordeno McGonagall lanzándole una fulminante mirada y separándose de James.

-Vale, vale. Era una broma- alejándose temiendo a su antigua profesora de transformaciones.

-¡James, Lily! –gritó detrás suyo la voz de Remus.

-¡Remus!- gritaran los aludidos acercándose a su amigo y abrazándolo con fuerza.- Que alegría verte de nuevo.

En eso, el profesor Dumbledore se levantó de su sillón y se acercó al matrimonio.

-Por favor será mejor que os sentéis-ofreciéndoles asiento delante de su mesa.

Ambos se sentaron pero Lily tenía mala cara y, Albus, al percatarse cambió de idea.

-Bien será mejor que os vayáis a la cama para que descanséis del largo viaje y ya mañana hablamos, ¿no os parece?

-Claro profesor- dijo James.

  • Y para eso nos hace sentarnos- pensó Lily un poco enojada.- ¿Y donde dormimos?

-No os preocupéis ya he hablado con los elfos. Ellos os han preparado una habitación cerca del despacho del profesor Lupin.

-Vale pues ya nos vamos- murmuró con voz apenas audible Lily.- Hoy a sido un día de grandes emociones. Necesito un descanso- se levantó mientras de sus ojos caían pequeñas lagrimas cristalinas que enseguida se secó para que nadie las viese.

Remus, que estaba cerca de Lil, pudo ver las lágrimas pero se callo no quería molestarla. Sabía que si preguntaba más tarde ella le contestaría. Siempre había sido su amigo y ella le había confiado muchos secretos y aconsejado acerca de lo que podía hacer.

James enseguida se acercó a su lado algo preocupado por la actitud de su esposa. Ella solía tener mucho carácter pero ese día la encontraba un poco apagada.

-Remus os acompañará- dijo abriendo la puerta y aguantándola hasta que salieron los cinco.

Después de bajar las escaleras, la profesora McGonagall se dispuso a irse en dirección contraria a la de los Merodeadores cuando, sin más, se giró.

-Por cierto, espero veros mañana después de que hayáis hablado con el profesor Dumbledore.

James se giró con una sonrisa.

-Claro tía.

Minerva, satisfecha, sonrió con los ojos brillantes de alegría. Se dio la vuelta y se fue caminando hacía su despacho que le servía de dormitorio. James se quedó mirándola hasta que se perdió entre las sombras de la noche para asegurarse que todo era como antes de que muriera.

-Es mejor darse prisa. Filch aún no os puede ver- les comentó Remus.

-No te preocupes – le cortó Lily.- Tenemos la capa de invisibilidad.

-Genial- se alegró.- Pero aún así vamonos que estoy cansado. Hace unos días fue luna llena y......

-Ya claro. Tienes razón- le apoyó James.

Se volvieron a poner la vieja capa y bajo ella, mientras andaban, Lilian se aferraba con más mucha fuerza a su esposo. Cuando al fin llegaron, se encontraron con una pequeña alcoba sumamente acogedora. Era de color rojo y llena de antiguos tapice pertenecientes a temas relacionados con Godric Gryffindor. A un lado se encontraba una pequeña chimenea que ya se encontraba encendida y que había hecho su trabajo pues la habitación se encontraba bastante caldeada. Justo al lado de la misma se hallaba una cama de matrimonio con un suave edredón con el escudo de la casa bordado en toda su extensión.

-Bien, aquí es. Venga mañana nos vemos-se despidió Remus dándoles una palmada en la espalda a James y un abrazo a Lily.- Venga Hocicos- dirigiéndose al perro, pero en su lugar se encontró con el humano.

-Vete tú. Yo me quedó aquí.

-Vale- dijo encogiéndose de hombros.- Pero te recuerdo que en mi cuarto ahí dos camas y aquí solo una. Tendrás que dormir en el suelo-observó su compañero.

-Bueno vale- poniendo cara de derrotado.

Se despidieron de sus amigos y se sin dejar de saludar aunque Sirius iban arrastrando los pies. Una vez dentro una duda les asaltó.

-Con que dormimos-se horrorizó.- No tenemos pijamas, no nos hemos traído los pijamas del hospital.

-Pues dormimos sin ropa- dijo James acercándose peligrosamente con una pícara mirada intentando que Lils dejara de pensar en aquello que la mantenía tan preocupada.- Después de todo estamos casados- acorralándola en la pared y besándola apasionadamente en los labios para pasar enseguida al cuello.

-James espera si que tenemos mira en la cama.

Se giró hacía donde señalaba y vio que era verdad. Al parecer, Albus se había dado cuenta del problema que tenían y había hecho aparecer dos pijamas uno de color verde a rayas y el otro azul también a rayas.

-Mierda -se quejó al mismo tiempo que Lily se le escapaba.

-James estoy un poco cansada dejémoslo para otro día.

-Vale, no te preocupes. Yo también estoy algo cansado.

Enseguida se cambiaron de ropa, Lily se quedó con el pijama de color verde y James con el azul. Se metieron en la cama y no tardaron en quedarse dormidos.

A la mañana siguiente cuando Lily se despertó tardo en darse cuenta de donde estaba cuando alguien se movió a su lado. Le miró y vio como su esposo dormía como un bebé. Le movió un poco intentando que despertara pero solo obtuvo un gruñido por respuesta al mismo tiempo que se tapaba con la almohada lo que produjo risas por parte de ella.

-James, venga, despierta.

-Vale ya voy- levantándose entre gruñidos.- Apropósito, ¿sabes si aquí hay un cuarto de baño?- Lily negó.

Miraron por toda la habitación en busca de otra puerta que no fuera por la que habían entrado. Rendidos, decidieron ir a preguntar a Remus si podían ducharse en su habitación. Cogieron la ropa que llevaban y que se encontraban limpias y perfectamente planchadas. Al abrir la puerta se dieron cuenta que en lugar de dar al pasillo daba a un precioso cuarto de baño.

-Menos mal- se alivió Lily –Así no tendré que pasearme por los pasillos en pijama.

-JAJA. Bueno yo voy primero. Después te metes tú ¿vale?- dijo al mismo tiempo que le daba un suave beso en la frente.

-Claro- entonces sintió como algo resbalaba por su cara. Miro lo que era y su alegre cara cambió por una de ira.- ¡JAMES ANDREW POTTER! ¡¿ES QUE NUNCA VAS A MADURAR?! ¡¿COMO TE ATREVES A PRINGARME CON SANGRE VERDE!?

Él no paraba de reír al tiempo que negaba con la cabeza.

-Venga, ve tu primero.

Lily hizo un gesto de resignación y se metió al baño murmurando algo incomprensible. Al poco rato salió vestida y, a pesar de ir vestida como el día anterior, perecía otra persona. Su pelo brillaba y toda ella, antes de aspecto cansada y algo vieja, ahora parecía más joven y con una sonrisa en la cara. James, que estaba sentado en una silla, al verla, casi se cae al suelo de la impresión.

-Lily, pero que guapa estas.

-Gracias- dijo algo sonrojada, sonrojo que aumentó cuando James la beso en los labios..

-Ahora me toca a mí. Luego vamos a hablar con el profesor Dumbledore.

-Vale.

Cuando al poco rato salió, él tampoco parecía el mismo. El pelo, que el otro día llegaba a la altura de los hombros, ahora le venía por detrás de las orejas. Las gafas algo rotas estaban arregladas. Sus ojos y su cara, que parecía un poco demacrada, brillaba y, de igual manera que su esposa, parecía más joven.

Cerró la puerta sin hacer ruido y se acercó a Lily por detrás y la cogió por la cintura provocando que lanzar un grito.

-James, no vuelvas a hacer eso te lo prohíbo- intentando sonar convincente porque en verdad estaba a punto de reír.

-Vale, vale.

Salieron y mientras se dirigían al despacho se encontraron con sus dos amigos y su hijo.

-Papá, Mamá- gritó al verles.

-Harry. ¿Qué haces aquí?

-Yo también me quiero enterar.

-Cotilla.

-Pues lo he sacado de vosotros- se defendió.-Os queréis enterar de cosas de mi vida privada y...

-Pues claro somos tus padres. Además Sirius y Remus ya lo saben. No es justo que no lo sepamos.

-Bueno, venga dejad de pelear que ya hemos llegado.

-Lo que pasa es que Harry tiene novia.

-¡SIRIUS!

-No es tan malo. Acaso creías que me iba a enfadar.

-No pero...

-James y yo nos hicimos novios a tu edad no es para tanto- le guiño el ojo Lily.- Por ¿cierto quien es?

-Es....

No pudo acabar porque el profesor Dumbledore llegaba en esos momentos.

-Ah, veo que ya estáis aquí- se sorprendió al verles. – Será mejor que pasemos a mi despacho.

Al llegar tomaron asiento alrededor de una mesa redonda. Sirius se sentó al lado de James y Remus al lado de Lil, Harry, por su parte, se sentó entre sus padres. Antes de empezar a hablar el anciano director hizo aparecer el desayuno que lo tomaron con mucho gusto, en especial James y Lily que el día anterior que apenas probaron bocado.

-Bien ahora que hemos desayunado, me gustaría preguntaros como lograsteis salvados si no es molestia.

-No claro que no. Bueno yo creo que fue por el patrunos que lancé en el momento del ataque.

-Curioso muy curioso- murmuró Albus.- Si es verdad lo que me cuentas habrá que extender el aprendizaje del patronus a cursos mas pequeños. Bueno y ¿tu Lily?

-No lo se lo único que recuerdo es que sonaba la canción de cuna que cantaba a Harry.

-Es posible que fuera eso después de todo apenas conocemos la magia que utilizaban nuestros antepasados- pensando se metió en sus pensamientos cuando recordó una cosa.- Y decidme ¿de donde la sacasteis?

-La melodía la sacamos de un viejo libro de música....

-La letra nos la inventamos porque no tenía.

-Eso debió ser.

-Apropósito cuando lo decimos. Estoy deseando ser libre.

-Todo a su tiempo- le calmó Albus.- Avisaré a los del ministerio y les contaré la verdad. No será necesario que os interroguen con que os vean espero que sea suficiente.

-Bien pues nosotros nos vamos. Le prometí a mi tía irla a ver- se levantó dispuesto a ir.- Harry te vienes.

-Claro- levantándose él también

-Apropósito se me ha ocurrido que cuando todo se haya aclarado podrías haceros profesores-sugirió.- Lily ocuparía el puesto de Encantamientos puesto que el profesor Flitwick desea jubilarse y tú, James, podrías ocupar el de Defensa cuando convenza a Fudge de quitar a tu prima del puesto.

-¡SSSSIIIII!- chilló Harry lleno de alegría.

-¿Y yo?- se entristeció Sirius.

-Me ayudarías con mis clase cuando haya luna llena.

-Bien entonces todo está bien- levantándose para despedirles.

-Si.

Una vez en el pasillo Sirius decidió irse a ver Ron y Hermione para explicarles lo que había pasado. Cuando Harry, James y Lily se disponían a irse a hablar con Minerva McGonagall, Remus les detuvo.

-Esperad, ¿puedo hablar contigo Lily?- preguntó Remus.

-Claro. Ahora vuelvo.

Notas de la autora:

¿Qué querrá Remus? ¿Por qué lloraba Lily? ¿Lograran que el ministerio les crea? ¿James le quitará el puesto a su prima? Continuación de Una pequeña ¿resurrección? Espero que les guste este capitulo y por favor dejen comentarios los tendré en cuenta.