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El guardaespaldas Draco Malfoy — capítulo 3
Severus leía la prensa, sentado en un largo sofá, mientras Hermione estaba acurrucada allí, sobre sus piernas. Pasaba su mano sobre su hombro, distraídamente, mientras ella dormí. Era un día cualquiera mientras aún quedaban algunos días para el comienzo de las votaciones. Mientras tanto, Draco permanecía sentado en la lejanía, en el comedor. Mirándolos. Ella parecía ser más joven que él y sin embargo, lo amaba como nada en aquel universo. ¿Qué no se había fijado en la diferencia de edades y apariencias? Bueno, decían que el amor era ciego y responsable de sus actos, de vez en cuando. Supuso que ella no pensaba con su cerbero, sino con su corazón. E imaginaba que el hombre era una buena persona. Bien, desde que había entrado, lo había estado tratando como una especie de hijo. Paseos por campos de golf, charlas largas sobre la política. Supuso que era como aquel hijo que a su edad, no había podido tener y llenaba el vacío con una mujer joven como Hermione. Se distrajo, en el momento en el que Hermione despertaba y se acomodaba hasta sentarse. Ahogaba un bostezo y ladeaba la cabeza parar mirar a Severus, que continuaba leyendo la prensa diaria. — Mi amor...¿por qué no vienes a dormir un rato? Te hace falta descansar y yo quiero dormir en algo más cómodo que el sillón y tus piernas. No digo que no seas cómodo, pero...realmente... No contestó y asintiendo, se levantó del sofá y caminó mientras ella sostenía su mano y lo guiaba hasta la habitación principal, que en aquella casona pero que Snape había pedido que fuera modesta, aunque fuera grande, Draco no podía visitar. Era la única habitación que le estaba prohibida a menos que ocurriera una contingencia. Como fuera, los miró partir y encerrarse allí. Apoyó su cabeza sobre la mesa y se dijo que ese sería un día aburrido. Como los que tenía desde que había empezado. Pero al menos, nada grave estaba ocurriendo y no tenía que hacer mucho esfuerzo, más que seguir a Hermione hasta sus clases y en las compras. Inspiró, mientras miraba el mismo periódico que Snape había estado leyendo. Pasó largo rato leyendo la prensa, mientras esperaba nuevas órdenes. Seguramente nada llegaría. Seguramente estaban dormidos o haciendo esas cosas que no quería ni imaginar. Se levantó, harto de estar allí sentado y sin nada más que hacer que leer el mismo anuncio una y otra vez. Caminó por los pasillos que se dirigían a la última habitación. La habitación que no podía ni mirar. Pero la puerta estaba entre abierta. Miró dentro. Hermione dormía apoyada en su pecho, mientras Severus Snape, solo miraba el tejado, en silencio. Suponía que tantas cosas sobre la campaña, no le permitían dormir. Y antes de mirar más de cerca, Hermione había abierto los ojos y se había inclinado para mirarlo. — Oh...¡Severus, por favor! Tienes que dormir un poco. ¿Sí?— pero él no la estaba escuchando— mírame...— dijo, mientras tomaba su rostro con sus manos.— ¿Qué sucede? Sabes que puedes conversar conmigo. — Solo estaba pensando, nada más. No hay nada de qué preocuparse. Por supuesto que sí, si no podía conciliar el sueño. Ella había sonreído y depositado un beso en sus labios. Draco creyó que era demasiado para mirar. — Vamos a dormir, mi amor. Te hace falta descansar. Deberías dormir un poco o el día de tu nombramiento, algo malo te sucederá. Con la salud. Asintió y ella regresó a su posición inicial. Había cerrado los ojos y en media hora, había caído presa del sueño. Draco había cerrado la puerta y regresado a su habitación. Se dejó caer en su propia cama y se preguntó si tenía que hacer lo mismo que ellos. Pronto se quedó dormido de igual forma. Y tenía un extraño suceso en su cabeza. Estaba allí, echado, cuando de pronto escuchaba un ruido fuerte que provenía de la habitación principal que acababa de visitar. Se retiraba las sábanas de encima, rápidamente. El sonido se acrecentaba con el pasar de los segundos y comenzaba a volverlo loco. Sentía que nunca llegaría y que algo grave sucedía. Se detuvo a escasos centímetros de la puerta de aquella habitación, para mirar con asombro. Había un hombre allí y sostenía a Hermione, de forma violenta. Su brazo bajo su cuello, le impedía respirar. Caminó más aprisa. En la cama, Severus Snape sostenía un arma y apuntaba al "enemigo", pero su pulso temblaba con mucha fuerza. Supuso que cargaba un arma, mientras no tenía un custodio. Y parecía que nunca la había usado. Se preparó, buscando la suya entre sus bolsillos. Pero la había dejado en la habitación. Se maldijo a sí mismo y trató de entrar sin hacer ningún ruido. Considerando que estaba frente con el enemigo y sin posibilidad de volver por su arma. Estaba mucho más lejos. Y entonces escuchó el disparo en su cabeza. Y miró dentro.... Severus estaba herido pero su tiro...había fallado y había dado con el enemigo y también con... Con su prometida. Despertó entonces, sobresaltado y brincó en la cama, pasándose una mano por el rostro. Nervioso. Mientras se sentaba y respiraba en silencio, con su rostro entre sus manos, apoyados sus brazos en sus muslos, escuchó un sonido fuerte en la cocina. Algo que se quebraba en muchos trozos al mismo tiempo. Tomó su arma violentamente y corrió hasta la cocina. Entró allí, apuntando a la persona que estuviera dentro. Hermione comenzaba a darse la vuelta, mientras admiraba un par de tazas rotas, con cierta incomodidad. — ¡Ay, qué torpe y...! ¡Draco Malfoy...¿por qué me apuntas con un arma?! ¡Bájala en este instante...por favor! Eso había hecho...pero... ¿Por qué ese sueño tan repentino?