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El guardaespaldas Draco Malfoy — capítulo 2

Hermione negaba con la cabeza, mientras sostenía uno de los brazos de Snape y miraba a los candidatos a convertirse en su guardaespaldas. No lo necesitaba, quizá Snape pensaba que era una mujer débil. Que cualquiera era capaz de hacerse con ella, de lastimarla. Pero si así él lo quería, pues así sería. — ¿Por qué crees tener aptitudes para proteger a mi prometida?— preguntó Snape con voz queda y uno de los jóvenes, en los que ella había puesto su mirada, carraspeó suavemente y suspiró contemplándolo sin vacilar. — Estoy perfectamente capacitado para dar mi vida por ella. Para ayudar si es necesario. No tengo miedo a nada. — Eres muy orgulloso, demasiado. Muy confiado. ¿Cómo te llamas? No recuerdo haberte visto en la agencia de seguridad que visité. — Draco Malfoy. No tengo mucho tiempo. Soy reasignado de otro país. Severus sonrió, mirándolo desdeñosamente. Por supuesto. Joven e inexperto, creyendo que se comería al mundo de un solo bocado. No era así, de hecho no era así en la vida real. Hombres con bombas, con armas, con cualquier cosa. Podía morir sin remedio y entonces, solo entonces, se daría cuenta de lo que estaba diciendo. — En la agencia, Severus, dicen que es el mejor que tienen. No hablaría, de no saber lo que dice. Supongo. — Déjame, Hermione. Yo encontraré el mejor para tu seguridad. Mientras paseaba mirando una larga fila de empleados, un hombre se acercó a él y sonrió suavemente. Severus se detuvo ante su expresión. Pestañeaba más de lo normal y señalaba con la cabeza, al joven que había estado mirando hacía unos minutos atrás. — Está muy bien entrenado. De hecho, es uno de los mejores a su edad. Su padre desde joven, trabajó en la seguridad de la casa blanca en estados unidos. Es de sangre, es puro linaje. Lo tiene en las venas. No puedes desperdiciarlo, Severus. — Supongo que sabes de lo que hablas, Dolohov. Parece un buen muchacho, pero muy altanero y orgulloso. Creo que Hermione no podrá hacerle acatar sus exigencias. Temo que desobedezca una orden y puedan resultar en dificultades. — Una vez que seas primer ministro, dudo que se atreva a desobedecerte. No, si lo envías a la cárcel. Se dio la vuelta. Hermione estaba cómodamente parada frente al joven Malfoy. Parecían hablar de algo que no podía escuchar. Ella sonrió y caminó hasta él, sosteniendo su brazo con suavidad e inclinándose para susurrarle sus impresiones. — De todos los que hemos visto hoy, creo que él sería un gran guardaespaldas. No estoy segura, pero parece un poco hostil, pero todo lo hostil tiene algo bueno y dulce en su interior. ¿Por qué no lo contratas? Parece que le has caído bien y además de joven, podrá ser tu pupilo. Podrías enseñarle algunas cosas. Creo que está ávido de aprender, de ser más que un simple guardaespaldas reasignado. ¿Si su padre estuvo en la casa blanca, por qué no ponerlo a cuidar al primer ministro de Inglaterra? Severus suspiró pesadamente. Como si pudiera decirle que no a su esposa en algo. Regresó sobre sus pasos y analizó a Draco de arriba hacia abajo. Sin decir palabra alguna, le hizo señas a Dolohov, el dueño de la compañía, para que le diera la información correspondiente al muchacho. — El itinerario de Hermione, no es muy complicado. Suele dar clases de ciencias, en una escuela estatal. No suele salir de compras, no mucho. Vive en un departamento, casi a las afueras de Londres. Suele ir a caminar y tiene un gato. Sale por las tardes a tomar café. A veces está conmigo. No necesitas hacer mucho cuando está conmigo. Draco asintió suavemente, mientras Severus dictaba las instrucciones. Hermione había sonreído ligeramente. — Podríamos darle una calurosa bienvenida, como hicimos con parte de tu equipo. Prepararé unas galletas de avena, son muy ricas. — Y eso también pasará. Que te invite a comer, si estás cuidándola. Tendrás que decirle que sí. Pero no te sobrepases. El joven no dijo nada y caminó hasta la cocina. La observó mientras le daba la espalda y mezclaba un gran bol de pasta para galletas. Sonreía y canturreaba una canción que no alcanzaba a escuchar. Que parecía no tener letras. — Ah, pero si aún no necesito protección— dijo ella en cuanto se dio la vuelta.— y las galletas tampoco están listas. Tendrás que ser más paciente. — Uno nunca sabe qué podría ocurrir. Podría explotar la cocina, podría cortarse con algo. — ¿No es eso muy exagerado? Hermione caminó hacia el horno que había pre calentado y se había inclinado para tomar la bandeja con galletas y llevarla dentro. Mientras lo hacía, su pierna izquierda había golpeado la puerta abierta del horno. Sin quererlo. Soltó un quejido suave. Estaba algo caliente, así que su rodilla estaba sonrojada. — Como eso— dijo Draco, mientras colocaba la bandeja dentro del horno y lo cerraba, mientras que con su otra mano, sostenía la cintura de Hermione y la mantenía alejada de la cocina. — Aún creo que exageras. — ¿Cómo se supone que puedo exagerar, si es mi trabajo? — Porque no tienes motivos para sostenerme. — Solo trato de hacer mi trabajo. ¡Para eso me pagan! — Pero esto ya es ¡demasiado! No la comprendía. Y era su primer día. ¿Ella era así de quejumbrosa y molesta? ¿Realmente tendría que escucharle decir que estaba bien, que no la tocara y que la dejara en paz? ¿Cómo iba a poder trabajar, con alguien así? Eso tenía que ser imposible. Bueno, pero por dinero tenía que llevarse bien con ella. Así fuera molesta e inquietante.