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Historia 7235 — capítulo 1
El Fin de una Pesadilla
Capítulo I
Un cumpleaños tenebroso
Harry se levantó algo mareado. Ron lo zarandeaba con bastante ahínco y no sabía por qué. Cuando al fin abrió los ojos sintió una especie de vértigo y al poder ponerse las gafas vio que casi se caía de la cama. Se levantó con bastante esfuerzo mientras su amigo lo halaba de la manga del pijama.
-
¿A qué no sabes que día es hoy? – dijo Ron bastante emocionado.
-
Ni idea, ¿Qué quieres?, no soy adivino. Déjame dormir otro rato, tuve mal sueño – se volvió a recostar y a cerrar los ojos para echarse un sueñecito.
-
¡Eso si que no, Potter! ¡Levántate o tendré que tomar medidas en el asunto! ¿En serio no sabes que día es hoy?
-
¡No tengo ni la menor idea! – dijo Harry de mal talante mientras la puerta se abría y tras ella apareció Hermione con una sonrisa de oreja a oreja.
-
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, AMIGUITO! – dijo mientras corría hacía Harry y se lanzó sobre éste. Luego se sentó sobre sus piernas y lo abrazo de tal manera que sintió que se ahogaba.
-
Hermione, me ahorcas.
-
¡Ya cumples dieciséis años! – continuó la muchacha sin oír ni una palabra de lo que había dicho su amigo. - ¡Ahora vas a ser un chico maduro! ¿Verdad? – dijo poniéndole cara de pocos amigos a Harry.
-
Sí, amiguita.
-
¡Ah, que bien! – dijo la muchacha mientras abrazaba con más fuerza a Harry.
-
¿Y para mi no hay nada? – dijo Ron haciendo pucheros.
-
Claro, Ronnie.
-
¿Ronnie? – dijo Harry riéndose.
-
Sí, Hermione me puede llamar así.
-
Si por supuesto, “Ronnie”. Jajaja.
En ese momento alguien toco a la puerta y por ella entro Ayaname, quien estaba de visita por La Madriguera con sus diez hijas y ahijadas.
-
Buenos días – dijo sonriéndoles.
-
Buenos días – dijo Hermione. – Ron y yo vamos a dar un paseo, ¿verdad?
-
Sí, vamos.
Tanto Ron como Hermione salieron de la habitación dejando a Ayaname y a Harry solos. Ésta se acercó hasta a éste y se sentó sobre la cama. Por varios minutos un silencio neutral hizo presencia en el lugar hasta que el muchacho empezó a sollozar y, sorprendida la maestra de duelo, lo rodeó con sus brazos y lo abrazo con la ternura de una madre.
-
¿Qué pasa? – dijo Ayaname con preocupación, pues cuando lo abrazo, Harry lloró con más intensidad. – Dímelo, por favor.
-
Tengo miedo.
-
¿Miedo de qué?
-
De que pase algo que no quiero.
-
¿Y qué es lo que tiene que pasar?
-
Me…me llegó una carta de Voldemort. No le he dicho a nadie, y menos a Sirius, porque tengo miedo que la intercepte y pueda hacerle algún daño.
-
¿Dónde está la carta?, quiero leerla.
Ayaname libero a Harry de su abrazo y éste fue hasta la mesita de luz. Levantó la lámpara que se encontraba sobre ella y le alcanzó un sobre negro con el escudo en forma de la marca tenebrosa.
- Creo que ese escudo usted lo debe conocer muy bien – dijo con sarcasmo.
Ayaname lo miró con preocupación antes de abrir el sobre. El papel de la carta era también de color negro con la letra lo suficientemente roja para parecer sangre. Ésta decía lo siguiente:
Querido Harry:
No creo que sea necesario que te diga quien soy, lo sabes muy bien, él único que te puede mandar una carta con el objetivo que pueden causar mis palabras.
¿A qué siempre has querido saber que es lo que le pasa a tu querida profesora Ayaname Li?, pues es tan simple y tan complicado a la vez que no lo vas a creer. Es una unión de cuerpos. Para explicártelo mejor ella tiene un vínculo conmigo, sus pensamientos son los míos, su voluntad es mía y también algo muy importante para mí, su preciosa y valiosa sangre y su increíble poder oscuro.
Sé que el año pasado, cuando ataque a Hogwarts, para que nadie sospechara de mí y no movieran cielo y tierra para buscarme, que ella te dio gran parte de su energía. Cloro está, Aya no vino desde el Japón para verte morir en mis manos.
¿A que no te has preguntado porque vino a Gran Bretaña teniendo tanto que perder? Sólo para salvarte la vida, para no verte morir. Sé muy bien que está dispuesta a venir hasta mi castillo, que tú sabes donde queda, por salvarte a ti y a sus pequeñas hijas.
Desde ese día en que fui a Hogwarts y nos enfrentamos, pude notar en ti los poderes de la oscuridad. ¿Cómo te los ofreció?, creo que te acuerdas muy bien lo que paso esa noche, no tengo que recordártelo, pienso.
En fin, como Ayaname te eligió sucesor de sus poderes, es mi deber, o más bien, un placer hacerte una visita de cortesía como se la hice a Aya hace ya bastante tiempo. Creo que con mi explicación sabes cual es mi objetivo. Ninguna maña por desacerté de tu destino hará que mis planes no se cumplan, recuerda que parte de mí vive dentro de ti hace ya quince años.
Nos veremos en Hogwarts, pronto te visitare y a Ayaname también. Hasta muy pronto.
-
¿Qué tanta verdad hay en esa carta? – dijo Harry empezando a enojarse. Ayaname volvió a ver la carta antes de contestar, no podía creer lo que estaba sucediendo.
-
¡Dígamelo! – agregó el muchacho.
-
Increíblemente – dijo riendo con ironía – es tanta la verdad que no puedo creer que él haya hecho esto.
-
Entonces, ¿es verdad lo de la unión de cuerpos? – dijo fuera de sí. – Con razón tantos desmayos, siempre encontrar su despacho con un charco de sangre. ¡¿Por qué no me dijo nada?! – esto último lo dijo con tanta furia que Ayaname se sorprendió.
-
¿Sabes por qué no te lo dije? ¿Te crees lo suficientemente maduro para entender mis problemas?
-
No, pero…- ahora Harry era él que la veía con preocupación.
-
¡Tuve que vivir con este dolor desde que tenía un año, por una maldita unión de cuerpos que Voldemort puso sobre mí y te crees con el derecho de preguntarme por qué no te dije nada! – había empezado a sollozar lo que hizo que Harry se preocupara más.
-
Yo…sé que no tengo derecho a preguntarle eso, pero tengo libertad de saber que le pasa.
-
¡Fue por ti que vine a sacrificar mi vida y me pagas con eso! ¡¿Tienes la menor idea de lo que es llevar a Voldemort junto a ti, de que no puedas hacer nada sin que él lo sepa, de morir un poco cada día porque no sabe hasta donde llega el juego de la vida de los demás?!
-
Yo…
-
¿Sabes? – dijo mientras le acariciaba la mejilla – Estoy dispuesta a dar mi vida por ti, con tal que vivas feliz y que tengas una vida prospera y no como la mía. Voldemort va a tener que pasar sobre mi cadáver para hacerte algo, no lo voy a permitir.
-
Gracias, pero no llores más, todo es mi culpa.
-
Claro que no – dijo mientras abrazaba a Harry. – Toda la culpa es de él, quería que el vínculo que tenemos nosotros se rompiera para que fuera hasta su castillo.
-
Pero, ¿por qué, si sólo desea su sangre y el poder oscuro que posee?
-
No creas eso, el busca algo más de mí, por eso mató a mi esposo y casi mata a Misado, Rei y Chiharu.
-
Tiene un gran problema encima.
-
No te preocupes por eso – dijo sonriéndole. – Además, hoy es tu cumpleaños y se que Hermione y Ron no se fueron a dar un paseo, hay mucha gente esperándote allá abajo. No te preocupes más, todo va a salir bien.
Harry le respondió esto último con una sonrisa y busco sus cosas para vestirse mientras Ayaname salía de la habitación. Una vez pronto, bajo hasta la cocina en donde la señora Weasley, como siempre, lo esperaba contenta y un plato lleno de comida.
-
Feliz cumpleaños, cariño – dijo. – Si comes todo allá en la sala de estar te espera una gran sorpresa.
-
Sí – tomó entre sus manos el plato y se dispuso a desayunar.
Al terminar de desayunar, Harry se dirigió a la sala de estar, en donde se encontraban Ayaname y las diez hijas y ahijadas de éstas. La primera en acercarse fue Asuka, quien intentando darle un abrazo, se fue directo a su cuello y se encaramo en su espalda.
-
¡Feliz Cumpleaños!
-
Gracias. Perdona, pero te puedes bajar que me estás ahorcando.
-
Jejeje – se soltó del cuello de Harry y se junto con sus primas y hermanas.
Harry se acercó hasta Ayaname y se sentó a su lado.
-
¿Por qué no abres tus regalos?
-
Porque necesito disculparme con usted.
-
Hay algo muy importante que no te he dicho.
-
¿Y qué será? – dijo Harry mostrando en su rostro bastante preocupación.
-
Quiero que mires esta tarjeta y te darás cuenta – dijo Ayaname mientras le entregaba un
sobre blanco pequeño. Harry lo abrió y se dio cuenta que era una invitación para su
bautismo, en donde los padrinos eran Sirius Back y…
-
Usted…usted es mi madrina, perdón tú.
-
Sí. Lily me mando esa invitación a los pocos días de haber llegado a Japón, sólo que no pude ir porque ya sabes quien me hizo una visita ese día.
-
Usted es mi madrina, ¡que bien! Esto lo tiene que saber todo Hogwarts.
-
Prefería que se quedará entre tú y yo.
-
Está bien – dijo, pero cruzando los dedos detrás de su espalda. Ayaname se rió, sabía que le estaba mintiendo.
-
Será mejor que habrás tus regalos.
-
Sí – se rió por un momento, aún no podía creer que existía un vínculo tan fuerte como el de Ayaname y él.
Harry se acercó hasta la mesa que estaba detrás del sillón en que se encontraba Ayaname y agarró una de las cajas que estaba sobre el objeto. La abrió, y de ella cayeron un libro y una tarjeta. Éste tomó entre sus manos el sobre y lo abrió. El papel en su interior decía lo siguiente:
Pocas cosas se pueden encontrar en una tarjeta, pero siempre es una gran sorpresa. Si abres el libro veras que nada malo sucederá.
Harry se quedo sorprendido por aquel mensaje que parecía una broma bastante pesada. Busco la mirada de Ayaname, pero ésta no se la correspondía.
-
¿Qué hago? – dijo.
-
Abre el libro.
Harry tomó el libro entre sus manos y lo abrió detenidamente. Al terminar de abrirlo, encontró un botón rojo. Volvió a dirigir su mirada a Ayaname, pero ésta simplemente asintió en silencio. Con sumo cuidado hundió aquel dispositivo.
- Que tengas un muy feliz cumpleaños, Harry – dijo Ayaname.
En un abrir y cerrar de ojos la casa se transformo en un magnánimo campo de Quidditch, Harry no lo podía creer, ésta era su sorpresa. En una pantalla que estaba al frente de sí aparecieron las palabras: “FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY”, he inmediatamente miles de voces salieron desde diferentes direcciones pronunciando bien claro y fuerte lo que dibujaba el objeto.
Harry estaba parado en el medio del campo, anonadado. ¡Cumplir dieciséis años y celebrarlo en un campo de Quidditch era fantástico! Muchos de sus amigos de Gryffindor lo felicitaron. Ron y Hermione se acercaron para felicitarlo igualmente.
-
¡Muy bien oculto me lo tenían! – dijo Harry fingiendo estar molesto.
-
Ah vamos, Harry. A que nunca los Dursley te hubieran hecho esto por ti. Es tu fiesta de cumpleaños, disfrútala – dijo Ron.
-
Bueno…
También muchos dependientes del Callejón Diagon vinieron a la fiesta y colaborando con muchas cosas. Ejemplo de esto era el señor Florean Fortescue, quien trajo helado en montones para todos los invitados, y claro, para el cumpleañero. También Madame Malkin trajo a Las Brujas Macbeth, quienes pusieron a bailar a muchos (sobre todo a los más jóvenes).
También Percy y su esposa (Penélope Clearwater o, mejor dicho, Penélope Weasley), Bill, Charlie, Fred y George lo felicitaron. Los padres de muchos de sus amigos también le desearon un muy feliz cumpleaños y, por supuesto, los señores Weasley.
-
Feliz cumpleaños, cariño – dijo la señora Weasley.
-
Muchas gracias, me supieron ocultar muy bien todo esto.
-
No hay nada que agradecer, Harry. Tú te mereces todo esto – dijo el señor Weasley guiñándole el ojo.
También había venido Cho, quien se le acercó tan rápidamente como lo vio.
-
Feliz cumpleaños, Harry – dijo
-
Muchas gracias, Cho. Que bueno verte por aquí.
-
Es que no podía faltar a tu fiesta, tú me has ayudado mucho con lo de Cedric y te lo tengo que agradecer de alguna manera.
-
No hay nada que agradecer. Además, sabes que en cualquier momento puedes contar conmigo, para eso somos amigos ¿no?
-
Sí, lo mismo digo. Para cualquier problema ahí esta Cho, jejeje.
Cho se fue a los pocos minutos y Harry se dirigió a otra parte, pero al voltear se encontró con una gran sorpresa. En una de las gradas estaban Albus Dumbledore, Remus Lupin y al lado de éste un gran perro negro, sin duda ese era Sirius. Sin pensarlo dos veces salió corriendo hasta el lugar y el primero en verlo fue el director de Hogwarts, quien dijo lo siguiente:
-
Feliz cumpleaños, Harry.
-
Buenos días, director, muchas gracias.
-
Fuera de Hogwarts soy Albus Dumbledore, y tienes todo el derecho de llamarme por mi nombre.
-
Sí…Albus.
-
Hola, Harry. Feliz Cumpleaños – dijo está vez Lupin.
-
Muchas gracias.
-
¿Qué tal te la estás pasando?
-
Muy, pero muy bien. Todo esto es una gran sorpresa para mí.
-
Que bueno – Un hombre vestido con una capa negra se le acercó.
-
¿Por qué no me escribiste ninguna carta? Ni un: “hola Sirius, ¿cómo estás? – dijo está vez su padrino.
-
Perdón, pero tenía miedo que Voldemort las interceptaras y te hiciera algún daño – dijo Harry poniendo cara inocente.
-
Buena excusa, pero no te salvas – dijo Sirius en un tono amenazador.
-
Ya Sirius, felicita a tu ahijado, ya se a puesto bastante grande – dijo Remus riendo.
-
Feliz cumpleaños.
-
Muchas gracias. Por cierto, tengo algo que preguntarte.
-
¿Y qué será?
-
¿Tú sabías que Ayaname era mi madrina? – Dumbledore, Sirius y Lupin se miraron sorprendidos mientras Harry esperaba una respuesta.
-
Claro que sabía – dijo Ayaname, quien se había acercado silenciosamente para no ser descubierta – sólo que no quería competencia. ¿Verdad, Sirius?
-
Sí, lo reconozco. No quería competencia, por eso no te dije nada.
Harry se rió con ganas y tanto Sirius como Ayaname se sintieron muy felices por su ahijado. Los otros profesores de Hogwarts también le felicitaron, entre ellos la profesora M.McGonagall, el profesor Flitwich y, raramente, también Snape. De repente, una voz estridente se dejó oír por todo el estadio y este era su mensaje:
- ¡Señoras y señores, a continuación, y en ocasión al cumpleaños de Harry Potter, traemos ante ustedes al EQUIPO DE QUIDDITCH DE INGLATERRA!
Siete escobas surcaron el cielo a gran velocidad y todos lo presentes se subieron a las gradas más altas para ver el espectáculo. El equipo de Quidditch de Inglaterra presentó sus mejores jugadas y técnicas, mientras el público aplaudía fuertemente.
Cuando terminaron, todos los miembros del equipo le hicieron a Harry varios regalos. Repartieron numerosos obsequios y luego se fueron, pues tenían varios compromisos.
Cuando la noche llegó y las luces del estadio fueron encendidas, una gran torta en forma de campo de Quidditch, la cual traía escrito en el medio con letras doradas: “FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY”, llego al lugar de manos de la señora Weasley... Todos se reunieron para cantarle el cumpleaños feliz a Harry, quien estaba muy contento.
A Harry, quien no concebía tanta felicidad, le estaba por llegar una gran sorpresa cuando Hedwig le dejó una carta sobre sus manos y, dándole un piquete cariñoso en el dedo, se fue para que pudiera leer lo que le había llegado. En ella decía lo siguiente:
Harry, encuéntrame en las afueras del campo de Quidditch, tengo algo que decirte.
Ginny
Harry salió del estadio procurando no ser visto. Ginny estaba volteada, mirando a un lago que había en la zona. Éste se le acercó sigilosamente y la rodeó por el talle, pero cuando lo hizo ésta se asusto y se volteó hasta quedar frente a él.
-
Ah Harry, que susto me diste.
-
Lo siento, no quise asustarte, ¿me querías decir algo?
-
Sí, quiero darte un objeto que es muy significativo para mí y como tu novia quiero que lo tengas tú – dijo dándole una caja alargada.
-
Pero Ginny…
-
Nada de pero, o me voy a molestar y tú no quieres que pase eso, ¿no? – Harry negó con la cabeza y Ginny sonrió. – Entonces guarda esa caja y ábrela cuando estés solo.
-
Con una condición.
-
¿Un besito? – dijo riendo.
-
Sí, pero no un simple besito.
Harry tomó entre sus manos el mentón de Ginny y la besó con ternura mientras ésta le correspondía.
Unas horas después, los presentes se fueron despidiendo y, con bastante ayuda, Harry logró llevar todos los regalos que le habían obsequiado y, gracias a Ayaname y al señor Weasley, La Madriguera volvía a retornar a su estado original.
Cansado, pero muy feliz, Harry pensó que éste fue el mejor cumpleaños que tuvo en su vida.