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Historia 7235 — capítulo 5

Capítulo V

Una visita de cortesía

Los días que faltaban para terminar las vacaciones habían pasado y pronto se vieron envueltos en el ajetreo de la última noche antes de volver a Hogwarts.

Harry terminó de guardar las cosas para el colegio y sus objetos más preciados. En ese momento, la señora Weasley trajo las túnicas del colegio planchaditas para Ron y para éste y un par de tazas de chocolate caliente.

A la mañana siguiente La Madriguera casi no se demolía, pues es su interior todo mundo corría para no tener que llegar tarde a la estación King’s Cross. El señor Weasley salió de la casa para llamar al Autobús Noctámbulo y cuando llego Ayaname y la señora Weasley apuraron a los que estaban en la casa a subir.

Al llegar a la división de los ándenes nueve y diez la señora Weasley formó grupos para atravesar la pared que conducía al andén nueve y tres cuartos. Los primeros en pasar fueron Ron y Harry, después pasaron Hermione y Ginny y luego las diez hijas y ahijadas de la profesora Li. Fred, George, Bill, Charlie y los señores Weasley, quienes los acompañaban, fueron los últimos en pasar.

Cuando Harry salió del vagón, en donde había dejado su equipaje y a Hedwig, vio que al frente de él había una conglomeración de personas. Se encontró entre ellos a Ron y Hermione, así que se acercó hasta estos. Al llegar les dijo lo siguiente:

  • ¿Qué es lo que pasa?

  • Parece que una muchacha vino de sorpresa y le dijo a la profesora Li que era su hija – le respondió Ron.

  • La pobre profesora se asusto y se desmayó inmediatamente – agregó Hermione.

Harry intentó ver con más claridad y vio que sobre las piernas de la muchacha que había conocido en el Callejón Diagon se encontraba la profesora Li. Con mucho esfuerzo atravesó la multitud de personas que había en el lugar. Cuando pudo llegar fue directo hasta donde estaba Elisa y le dijo lo siguiente:

  • ¿Cómo es eso de que eres hija de Ayaname?

  • Sí, soy su hija perdida. Me separaron de ella cuando tenía apenas un año de edad. Desde ese entonces he vivido con mi padre y su familia.

  • ¿Y quién es tu padre?

  • Esté no es un buen lugar para decírtelo, pronto lo conocerás. ¿Me ayudas a despertar a mi madre, por favor? – le pidió sonriendo, tal cual lo hacía Ayaname. Al poco tiempo llegó la señora Weasley hizo presencia en el lugar con un frasco de cristal en una mano y el la otra un pedazo de algodón. Se lo pasó por la nariz a la profesora de Duelo, quien despertó inmediatamente. Elisa se alegró y la abrazó con fuerza. - ¿Ya te acuerdas, madre? – dijo. La aludida asintió con la cabeza y lloró sobre el hombro de su hija. Los que estaban alrededor aplaudieron con entusiasmo y luego se retiraron.

A los pocos minutos partió el expreso de Hogwarts y Harry, Ron, Hermione y Ginny se despidieron de los Weasley a través de la ventana. Dentro del vagón se encontraban Remus Lupin y Sirius (en forma de perro). Pasaron una linda velada mientras el tren se dirigía al colegio de magia.

Cuando llegaron a Hogwarts, la profesora McGonagall detuvo a Harry en la puerta y le dijo en todo recriminatorio que se dirigiera al despacho de Dumbledore. El muchacho, algo preocupado, pensaba que no había hecho nada malo como para que lo expulsaran del colegio. Al llegar, se encontró frente al director de Hogwarts quien le dijo lo siguiente:

  • Calma Harry, no te llame para expulsarte. Sabes que Sirius se encuentra en Hogwarts y no es muy oportuno tenerlo por ahí cuando no sabemos nada de Voldemort.

  • Sí, tienes usted razón. ¿Le va a dar hospedaje en el colegio?

  • Exacto, por eso quería que me acompañaras para que sepas donde queda su habitación.

Cuando llegaron a la habitación ya se encontraban en ella Lupin y Sirius. La habitación estaba protegida ante la vista de intrusos, todos aquellos que no habían sido elegidos por Dumbledore sólo vería una pared más del castillo. Al llegar Ayaname, el director de Hogwarts realizó un conjuro sobre los presentes y así quedo el pacto sellado.

Lupin, Ayaname, Dumbledore y Harry regresaron al Gran Comedor, en donde aún aguardaban algunos alumnos para ser elegidos a una casa. Cuando llegaron cada uno a sus respectivas mesas, la profesora McGonagall continuó:

  • ¡Ikari, Misao! – dijo. Una niña del tamaño de una de las hijas de Ayaname se sentó en el taburete. Ésta tenía el cabello blanco, los ojos plateados y la piel blanca. Poseía una mirada sería.

  • ¡Ravenclaw! – La mesa de Ravenclaw aplaudió con fuerza mientras que Misao se acercaba.

  • ¡Defoe, Daniel!

El Sombrero Seleccionador se quedó en silencio por algunos minutos hasta que selecciono a Daniel Defoe como nuevo estudiante de Slytherin. El chico no debía tener más de dieciséis años de edad. Tenía el cabello negro con algunos tonos azulados, los ojos eran de un color azul intenso (poseían bastante profundidad) y su piel era blanca. Cuando pasó por la mesa de Gryffindor para llegar a la de Slytherin se detuvo y sonrió en dirección a Harry, Ron, Hermione y Ginny. Miles de chicas (de primero hasta séptimo curso) se sonrojaron al mismo tiempo. Las únicas que parecían sentir lo mismo que Harry por el tal Defoe eran las ahijadas de la profesora Li, porque ellas no se habían sonrojado. Un poco después, la profesora McGonagall llamó la atención de los alumnos, aún faltaban tres alumnas más. Ésta dijo lo siguiente:

  • ¡Donizetti, Elizabeth! – Una niña de cabello castaño, ojos azules y tez blanca se puso el Sombrero Seleccionador.

  • ¡Gryffindor! – Elizabeth se quitó el sombrero y lo puso en el taburete. Asuka se paró en su asiento mientras llamaba a la chica para que viniera. Cuando ésta llegó se lanzó a sus brazos.

  • Yo sabía que mi madrinita te iba a traer. ¿Cómo estás? – dijo Asuka soltándola.

  • Muy bien, ¿y tú?

  • Perfectamente. Haber, déjame presentarte a los que conozco. Ella es Hermione Granger, éste es Ron Weasley y la muchacha pelirroja es Ginny Weasley. El personaje que está al frente de ti es nada menos que Harry Potter.

  • Mucho gusto – dijo haciendo una reverencia ante ellos.

  • Igualmente – respondieron estos.

  • ¿Has visto a Misato? – le preguntó Asuka.

  • Sí, pero no creo que ella esté muy feliz de verme.

  • Ah, claro que sí lo está, A la que mira con cierta molestia es a Misao.

  • ¡Rockwood, Erica! – continuó la profesora McGonagall. Una muchacha de cabello largo y castaño oscuro, con los ojos del mismo tono se acerco hasta el taburete. Su tez era blanco, algo pálida, y en su rostro se dibujaba una mirada fría. No tenía más de dieciséis años de edad.

  • ¡Gryffindor!

  • ¡Ryddle, Elisa! – La muchacha que todos conocían como la hija de la profesora Li se puso el Sombrero Seleccionador.

  • ¡Gryffindor! – Elisa se dirigió con rapidez a la mesa de su nueva casa y sentó al lado izquierdo de Harry (pues a su derecha estaba Hermione).

En ese momento, Albus Dumbledore se levantó de su silla y el Gran Comedor se hizo un silencio total. Éste dijo lo siguiente:

  • Bienvenidos sean todos y todas al nuevo curso en Hogwarts. Antes de disfrutar de nuestro excelente banquete quiero presentarles a los nuevos profesores que nos acompañaran durante este año. Primero, quiero volver a darles la bienvenida a dos profesores que muchos de ustedes ya conocen. Primero, a Remus Lupin que nos va a impartir clases de Defensa Contra las Artes Oscuras (el aplauso para éste fue contundente, todos menos los Slytherin aplaudían). El segundo, a Gilderoy Lockhart que nos va a impartir clases de Cocina.

Éste saludó esperando un aplauso que nadie otorgo (ni siguiera Hermione). “- ¡¡¿¿QUÉ??!!” – pensaron Ron y Harry al mismo tiempo. Aunque nadie aplaudió, el profesor Lockhart hizo una reverencia y le dirigió una sonrisa a Ayaname que fue correspondido por una mirada fría por parte de Lupin. Hubo un momento de silencio antes de que Dumbledore volviera a hablar.

  • Y también quisiera presentarles a una persona que muchos de ustedes ya conocen, Fleur Delacour que nos va impartir clases de Literatura. – Todo el Gran Comedor se lleno de aplausos que fueron bien recibidos por la nueva profesora. – Ahora – continuó Dumbledore – que he presentado a los nuevos profesores será mejor que empecemos con nuestro delicioso banquete.

En ese momento en todas las mesas aparecieron manjares de los más deliciosos. Harry y Ron se sirvieron de todo lo que había porque se estaban muriendo de hambre. Luego llegaron los postres que estaban riquísimos, Después de dejar los platos tan inmaculados como estuvieron antes de comer, Dumbledore volvió a levantarse de su asiento y dijo lo siguiente:

  • Bueno, después de que todos hemos satisfecho nuestra hambre y sed quiero decirles algunas cosas. La primera es que se les recuerda a todos los alumnos que el bosque está en las cercanías del colegio esta prohibido para todo aquel que no quiera llevarse una terrible sorpresa. Lo segundo es, como muchos saben, no hemos tenido noticias de Voldemort (el Gran Comedor se convirtió en una ola de miedo) y por esta causa tienen que estar antes de las nueve en las instalaciones del castillo, y eso va muy enserio para aquellas personas que juegan Quidditch y deseen entrenar en las afueras. La tercera, y como se les explicó muy bien en la carta, los alumnos desde segundo hasta el séptimo curso tendrán exámenes para ver como están sus mentes de frescas sobre los años anteriores así que durante esta semana no tendremos clase. La cuarta, es que tengo la suma alegría de decirles que este año se celebraran Los Mundiales de Quidditch para Colegios de Magia y Gran Bretaña será la anfitriona para celebrarse estos juegos. Me alegraría mucho que aquella casa que quede como campeona de nuestra copa represente dignamente a Hogwarts en estas competencias.

Un murmullo de felicidad cruzó por todo el Gran Comedor.

  • Como se les recuerda a todos, ningún alumno de primer curso podrá jugar Quidditch. Para comenzar nuestro torneo debemos primero elegir a los jugadores que faltan en cada equipo (en las cuatro casas). Por eso hemos decidido que la señora Hooch, un jugador profesional y un juez imparcial elegirán a aquellos que deseen formar parte del Equipo de Quidditch de sus respectivas casas. Esto se realizara a partir del viernes de esta semana.

A continuación voy a leer el pergamino que contiene los premios para cada equipo, desde el último hasta el primero:

El equipo que llegue al cuarto lugar se le dará un trofeo por participar en la competencia y veinte galeones para cada jugador participante.

El equipo que llegue al tercer lugar se le dará un trofeo por participar, cincuenta galeones a cada jugador participante y cincuenta puntos para su casa.

El equipo que llegue al segundo lugar se le dará el Trofeo por Mejor Equipo, quinientos galeones para cada jugador participante y cien puntos para su casa.

El equipo que llegue de primer lugar se le dará la Copa de Quidditch, mil galeones para cada jugador participante, trescientos puntos para su casa y, como dije antes, representar a Hogwarts en Los Mundiales de Quidditch para Colegios de Magia.

Además también entregaremos premios individuales y estos serán:

Para el mejor cazador mil galeones.

Para el mejor bateador dos mil galeones.

Para el mejor guardián tres mil galeones.

Para el mejor buscador cuatro mil galeones.

Para el mejor capitán cinco mil galeones.

El próximo domingo serán presentados ante el juez imparcial aquellas personas que hayan pasado los entrenamientos, que además seleccionara al capitán del equipo entre los jugadores ya veteranos.

Ahora será mejor que todos vayan a sus respectivas habitaciones para conciliar las delicias del sueño.


Como había dicho Dumbledore, los exámenes para medir los conocimientos de los alumnos de los cursos anteriores no se hizo esperar. El segundo día de clase, durante el desayuno, la profesora McGonagall pasó por la mesa de Gryffindor entregaron el horario del nuevo curso y una lista tan larga como la de los materiales con todas las pruebas que iban a presentar durante el año escolar.

El primer examen fue el de Adivinación, que por pura suerte Hermione no presentaba, en donde tenían que elegir tres cartas del Tarot, decir que significaba cada una y relacionarlas entre sí. A Harry le tocaron el Seis de Copas, El Loco y El Rey de Oros. Con algo de ingenio logró pasar la prueba impuesta por la profesora Trelawney.

El siguiente examen fue el de Herbología, en el cual la profesora Sprout fue por los pupitres entregándole a cada alumno las hojas de exámenes y las plumas anticopia. La primera hoja que entregó pedía que se hablara sobre La Mandrágora, todo lo que se sabía de ella y la segunda sobre el Pus de Bubotuberculo, desde como se extrae hasta las propiedades curativas que tiene.

Después de almorzar, a Hermione le tocaba presentar el examen de Aritmancia, así que Harry y Ron fueron a la Sala Común a jugar un partidito de ajedrez con el nuevo tablero del primero. Dos horas más tarde, todos los Gryffindor del sexto curso tuvieron examen de Historia de la Magia, en el cual le pidieron que respondiera todo lo que sabía de los duendes.

Al día siguiente, después de desayunar, les toco examen de Encantamientos, en el cual tenían que realizar una serie de hechizos perfectamente ante el profesor, Gracias a la experiencia adquirida a lo largo de seis años, Harry no tuvo ningún problema en hacer lo que le habían pedido.

Luego tuvieron examen de Defensa Contra las Artes Oscura, que al igual que en el tercer curso, el profesor Lupin le mando como examen hacer uso de sus habilidades en un laberinto llenos de criaturas y maléficos; al igual que en Cuidado de las Criaturas Mágicas, el cual presentaron después del almuerzo. El último examen del día fue el de Estudios Muggles, pero como Harry, Ron y Hermione no tenían que presentarlo se fueron a descansar.

El jueves por la mañana les tocó hacer el examen de Transformaciones, en el cual tenían que transformar una escultura de piedra en una maceta con alguna flor al menos. Como el examen era para todo las casas se hizo bastante largo para todos.

Para cuando terminaron ya era hora del almuerzo, así que todos se apuraron para disfrutar del delicioso banquete.

Cuando terminaron de almorzar, el sexto curso de las cuatro casas se dirigieron a las mazmorras para presentar el examen de Pociones. Mientras caminaba, Harry sentía como si alguien o algo lo estuviera observando, pero no le dio mucha importancia.

Al llegar, un cuervo voló con rapidez por encima de las cabezas de los estupefactos alumnos hasta internarse en la oscuridad. En ese momento, Snape abrió una de las mazmorras más grandes y ordenó a los alumnos que se sentarán en las mesas que les iría a asignar. Los últimos en ser nombrados fueron Harry y Malfoy, quienes se sentaron en la mesa que quedaba al frente del escritorio de Snape.

Después de que cada alumno estuvo sentado y con sus elementos principales para realizar una poción, el profesor Snape escribió en el pizarrón los ingredientes de la pócima que tenían que hacer, así que todos se apuraron a copiar en el pergamino todo lo necesario.

Cuando Harry se disponía a prender la hornalla, sintió una presencia detrás de sí y al voltearse vio que se trataba nada menos que de Voldemort, pero más joven, como lo había conocido en su segundo curso, como Tom Ryddle. Sus ojos, rojos de media luna, estaban ocultos por su cabello, el cual era de color negro. Estaba vestido completamente de negro, exceptuado la camisa, que a través de su chaqueta se veía que era blanca. De repente, ante los ojos del muchacho todo se volvió niebla, espesa y fría, la cual no le permitía ver a nadie, sólo a aquel ser.

  • ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué no puedo ver a nadie? – preguntó Harry bastante molesto.

  • Calma tus ánimos que no he venido a hacerte daño y he puesto niebla ante tus ojos para poder decirte algo muy importante y son interrupciones. Y será mejor que voltees y disimula que estás muy concentrado en tu poción o Snape no dudará en bajarle algunos punto a Gryffindor – dijo Voldemort con voz sería.

  • ¿Y qué será lo que quieres? –dijo mientras ponía el caldero al fuego.

  • Hacer un trato contigo. Creo que en la carta que te envié te dije que te iba a hacer una pequeña visita.

  • Sí, me acuerdo, pero no veo porque tienes que venir a mitad del examen de pociones.

  • No podía hablar contigo si tu madrina o Dumbledore te estuvieran vigilando.

  • ¿Y cuál es el trato que me quieres proponer?

  • Pues, como sabes muy bien, tú conservas la mayoría de los poderes oscuros de la Diosa de la Maldad que con mucho sacrificio te los ofreció Aya.

  • ¿Y eso que tiene que ver?

  • Parece que Aya no te ha hablado sobre la última conversación que tuvimos. En fin, quiero que me des los poderes que te ofreció tu madrina.

  • ¿A cambio de qué?

  • De una buena porción de mis conocimientos y poderes. ¿No te parece justo? Además, te ayudaré con tu examen para que no lo pierdas por mi culpa.

  • ¿Cómo piensas que le devolveré los poderes de la oscuridad y por qué he de aceptar tu trato?

  • Con sangre, y mucha, pero no te preocupes que no te la quitare de un solo golpe si te unes a mi. En cambio si no aceptas me iré, pero volveré, cuando estés desprevenido y falto de fuerzas, y tomaré hasta tu última gota de sangre y no sólo la tuya sino también la de tu persona más querida, Ginny Weasley – al terminar de decir esto, Voldemort se rió con frialdad. Harry hizo tanta fuerza sobre la mesa con sus dedos que sus nudillos se tiñeron de blanco. - Bueno, creo que no quieres aceptar lo que te ofrezco así que me voy – dijo esto último mientras desvanecía.

  • ¡No, no te vayas!

  • ¿Entonces aceptas?

  • Sí, con tal de que no toques a Ginny.

  • Nunca le pondré un dedo encima. Bueno, si así son las cosas te ayudaré a terminar la poción.

Voldemort puso sus manos blancas y frías sobre las de Harry y éste, en vez de molestarse y sentirse incomodo por aquello, se calmo y siguió al pie de la letra todas las indicaciones de éste. Nadie, ni siquiera Snape, se hubiera imaginado que detrás del niño que una vez había salvado a los magos de todo el mundo se encontraba con el Señor Tenebroso.

Al lado de Harry se encontraba Malfoy, quien le susurraba cosas al oído, pero éste no oía nada de aquello mientras terminaba su poción ayudado por Voldemort. Cuando al fin pusieron un contenido de ésta en un tubo de ensayo como muestra para el profesor el Señor Tenebroso le dijo lo siguiente:

  • Antes de empezar quisiera decirte algunas cosas.

  • ¿Y qué será?

  • La primera es que la espada que recibiste en tu cumpleaños yo te la envié.

  • ¡¿Qué?! – preguntó Harry sorprendido.

  • Sí, pensaba que aceptarías mi trato y no me equivoque. Te servirá de mucho, después entenderás todo.

  • ¿Y la segunda?

  • La segunda es que sólo sentirás un pequeña incisión, espero que no te duela mucho.- Acercó su boca hasta el cuello de Harry y éste, de repente, sintió dos colmillos clavándoseles en aquella parte. Era un dolor indescriptible, más allá de lo soportable. Al poco tiempo de haberse suscitado esto, el muchacho sintió que sus piernas ya no serían capaces de soportar el peso de su cuerpo y cayó sobre el pecho de Voldemort. El Señor Tenebroso desapareció después de haber terminado con su trabajo, dejando a su víctima apoyada pobremente de la mesa.

  • ¡Eh, Potter! – lo llamó Malfoy. Éste tocó el brazo de Harry, que no tardo ni un minuto en desplomarse sobre el frío suelo de la mazmorra.

  • ¡Harry! – gritaron Ron, Hermione y Neville que estaban en la mesa de atrás.

  • ¿Qué le hiciste Malfoy? – le preguntó amenazadoramente Hermione.

  • No le he hecho nada, Potter se cayó solo cuando lo toque. Seguro que está fingiendo.

  • Lo mismo opino, señor Malfoy – dijo Snape acercándose. Se arrodilló hasta donde estaba Harry y lo zarandeó pronunciando alto y fuerte el nombre del muchacho. No había pasado ni un minuto cuando todos los presentes hicieron un círculo entre el profesor y el chico.

  • ¿Verdad que no le pasa nada? – preguntó Hermione asustada. Snape volteó el rostro de Harry para ver su cuello y se encontró con dos incisiones profundas cubiertas de sangre. Todos los alumnos exclamaron con terror mientras la puerta se abría de un golpe y por ella paso Ayaname bastante preocupada.

  • Déjame llevarme a Harry, por favor Severus.

  • Sí, no te preocupes. El señor Weasley y la señorita Granger llevan sus cosas hasta su Sala Común – Ron y Hermione asintieron.

  • Muchas gracias – dijo Ayaname mientras salía del lugar.

  • Lo más sorprendente – dijo Malfoy cuando Ayaname se fue – es que Potter termino su poción. – Todos los presentes miraron sorprendidos al pupitre en donde estaba Harry. Aún se conservaba el tubo de ensayo con su nombre y la pócima.

Ayaname corrió con rapidez, llevando a Harry en brazos, hasta las afueras del castillo y se sentó bajo un árbol. Llamó al muchacho, pero nada que despertaba.

  • No creo que así puedas despertarlo mi querida Ayaname – dijo una voz fría frente a sí.

  • ¿Qué le hiciste, Tom? – preguntó Ayaname al ser que acaba de aparecer. Se trataba de Voldemort.

  • Tú sabes que iba a hacer esto, te di un mes para que le pidieras al chico que te devolviera tus poderes. Si me dejas yo lo despierto. – Ayaname, algo dudosa, puso sobre los brazos de aquel ser el cuerpo inerte de Harry, que al llegar hasta manos de Voldemort despertó inmediatamente.

  • ¿Co…cómo hiciste…?

  • Sólo me gane su confianza – Harry, que no estaba totalmente conciente, mantenía su rostro sobre el pecho de Voldemort. – Me he de ir Aya, pronto nos veremos y responderé a todas tus preguntas. Cuídalo por mí – dijo regresando al muchacho a los brazos de su madrina y desapareció.