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Historia 7235 — capítulo 7

Capítulo VII

Sangre Maldita

La primera semana de clase había transcurrido y desde que despuntó el sol en lo alto del cielo la profesora McGonagall empezó a entregar los resultados de los exámenes a cada uno de los alumnos.

A Harry no le había ido tan mal, es más, le fue mejor de lo que esperaba, pero lo que le dejó impresionado fue el resultado de su examen de pociones, había sacado muy buena nota, mejor que la de Hermione.

Aún sorprendido bajó a desayunar con Ron y Hermione, que también estaban tan sorprendidos como él. No se acordaba de lo que había pasado aquella tarde del jueves durante el examen, sólo que había despertado en la enfermería y que Ayaname estaba a su lado cuando despertó. Una vez que todos los alumnos estuvieron sentados en sus respectivas mesas el profesor Dumbledore se levantó de su asiento y dijo lo siguiente:

  • Buenos días, alumnos, espero que todos hayan dormido bien. Les quería informar que, antes de comenzar el nuevo curso, sus profesores y yo acordamos un plan que de seguro será de una gran utilidad para todos ustedes,

Decidimos que los estudiantes comprendidos entre el primer hasta el cuarto curso compartan clases con los grados superiores (quinto, sexto y séptimo), así que, gracias a esta decisión, los cursos quedaran distribuidos de la siguiente manera:

Séptimo y primer curso recibirán clases juntos, al igual que sexto y segundo, y tercero, cuarto y quinto año para que se puedan preparar mejor para el TIMO. Después del desayuno, sus profesores pasarán por sus puestos para entregarles los nuevos horarios.

Al sentarse el profesor Dumbledore, en las cinco mesas aparecieron las bandejas llenas de comida y el desayuno comenzó en el Gran Comedor. Mientras que Harry se servía una tostada, las puertas del salón se abrieron y entró al recinto Gilderoy Lockhart, vestido con una túnica azul marino. Se acercó hasta Ayaname y al llegar hasta ella le dio un ramo de rosas muy grande de color rojo y le sonrió. La profesora Li parecía que hacía un gran esfuerzo por sonreír y Lupin, que estaba a unas sillas de ésta, le miró con cara de odio, parecida a la de Snape. Y hablando del profesor de pociones, éste tampoco le dirigía una mirada muy linda.

Después de terminar con el desayuno, la profesora McGonagall pasó entregándoles los nuevos horarios a los Gryffindor. La primera clase que tenían era la de Adivinación, así que tanto los alumnos del segundo y sexto curso se levantaron para subir las miles de escalerillas y llegar a la parte más alta de la torre norte.

Dentro del salón de clase nada había cambiado. En la chimenea ardía un buen fuego, que junto a los inciensos y las velas daban al lugar un aire pesado y empalagoso, capaz de dormir a cualquiera. Las ventanas estaban tapadas con sus típicas cortinas rojas, haciendo que dentro del recinto el calor fuera insoportable. El piso del lugar no se veía entre el agrupamiento de las mesas y los cojines en donde los alumnos irían a estar y, donde siempre, se encontraba el asiento de la profesora Trelawney y sobre su mesa un mazo de cartas.

Cuando llegaron a la trampilla, los alumnos se apresuraron a buscar asiento mientras la profesora Trelawney los recibía con alegría. Al pasar Harry, Hermione y Ron, la profesora le dirigió una sonrisa muy especial a los dos primeros haciendo que el muchacho se sorprendiera y la muchacha abrazará a su novio con fuerza. Una vez que todos hubieron pasado y sentado, la maestra dijo lo siguiente:

  • Mis queridos niños, que bueno volverlos a ver por aquí. Veo nuevas caras – su mirada se dirigió a todo el segundo curso que la miraba con temor. – No teman queridos que no soy mala.

  • Sí, claro – dijo Hermione todavía escondida en los brazos de Ron.

  • Señorita Granger, ¿quiere usted aportar algo a la clase? – preguntó la profesora Trelawney.

  • No, profesora – dijo Ron. –Hermione no tiene que aportar nada a la clase.

  • Qué lastima, señor Weasley, seguro que la muchacha tenía algo importante que decir. Bueno, continuando con mi idea, tengo pensado ver en esta primera etapa la bola de cristal y algo de quiromancia, para que mis queridos niños de segundo curso aprendan las artes adivinatorias. Hoy me parece bien empezar con el Tarot – dijo mientras miraba a la multitud. – Señor Potter, acérquese por favor.

No era para menos, desde que Harry había comenzado a estudiar Adivinación siempre había sido el “conejillo de indias” de la profesora Trelawney. Se levantó de donde estaba y se acercó hasta ella, sentándose al lado de la mesa de ésta.

La profesora Trelawney le repartió un mazo de cartas de Tarot y le pidió que las revolviera. Éste hizo lo que se le había pedido y luego se las entregó. La maestra hizo una cruz con la baraja sobre la mesa y empezó a voltearlas mientras decía lo siguiente:

  • Veo que has pasado por muchas cosas y que otras aún más graves van a venir. Hay sangre, maldita y contaminada. Tú la posees y otro ser también. Observó oscuridad y muerte alrededor de ti y la patrocinas con una arma extranjera, a pesar de que ella también va a salvar a miles de personas de la destrucción y el caos.

Harry se le quedo viendo mitad escéptico, mitad como si le quisiera creer. La profesora Trelawney le dijo que se retirará a su asiento mientras que fruncía el ceño. Un poco después pidió a los alumnos que se unieran es grupos de dos o tres personas.

Harry, Ron y Hermione se colocaron juntos, pero la profesora Trelawney las separó y puso al primero con Lavander y Parvati. Cuando tuvieron su baraja en la mesa se pusieron a trabajar. Al final de la clase se les dejó dicho que tenían que ponerse en sus mismos equipos y hacer un estudio por medio de las caras de futuro que les deparaba a cada uno.

Después de salir de clase de Adivinación fueron a la de Literatura, en la cual Fleur les esperaba con una gran sonrisa, Cuando todos estuvieron colocados en sus respectivos asientos, ésta cerró la puerta y, al ponerse en el medio del aula, dijo lo siguiente:

  • muchachos, como hoy es nuestra primera clase juntos veremos antigua. Hoy leeremos La Ilíada de . ¿Quién desea leer para el salón el primer canto?

Muy pocas personas levantaron la mano. Fleur eligió a Asuka, que estaba más cercana a ella, a que se levantara al frente de la clase y leyera el primer canto de La Ilíada. Ésta tomó el libro en sus manos y leyó.

Asuka empezó a leer el canto, deteniéndose de vez en cuando para interpretar a un personaje o para decir una frase que le agradaba mucho. Harry se reía a mandíbula abierta de cada payasada de la niña, era como si le hubieran echado un encantamiento estimulante.

Cuando la niña termina de leer, Fleur le dio veinte puntos a Gryffindor por haber relatado de aquella manera tan profunda, Al final de la clase mando una tarea que consistía en hacer un resumen del primer capítulo de la Ilíada además de investigar todo lo que fuera posible sobre Homero.

Después de aquella clase fueron al Gran Comedor a tomar el almuerzo. A Harry las clases le dejaron muerto de hambre, así que se sirvió de todo un poco y comió con mucho gusto. Al terminar, Hermione busco su horario y vio que tenían…

  • Pociones, durante cuatro horas y con los Slytherin – dijo mientras su rostro se tornaba pálido.

  • ¿QUÉ? – dijo Ron. – CUATRO HORAS Y CON LOS SLYTHERIN.

  • Sí – le contestó Harry.

Era como si todo lo que habían comido se hubiera convertido en piedra. Bueno, las clases en donde Snape y los Slytherin se juntaban siempre eran malas, pero CUATRO HORAS, eso era un castigo.

Todos los de segundo y sexto curso de Gryffindor y Slytherin fueron a pasillo de la mazmorra, en donde los esperaba Snape con su cara maligna y llena de odio. Harry se puso con sus amigos, pero el profesor de pociones lo saco de ahí y lo mando a ponerse al frente de su escritorio. Copió los ingredientes en la pizarra y se sentó. Miro al chico con odio y le entregó un pergamino mientras decía:

  • No sé como te salvaste tan fácilmente de mi examen.

  • ¿Será que me preparé? – dijo viendo el pergamino que le había entregado Snape, en donde habían unos ingredientes totalmente diferentes.

  • ¿Tú, Potter, te preparaste para mi examen? Alguien te tuvo que ayudar.

  • ¿Y quién me va a ayudar? – dijo mientras que empezaba a machacar en el mortero un par de escarabajos.

  • No lo sé, pero tú no pasas fácilmente mi examen. Si haces la poción bien con los ingredientes que te di vas a tener unos puntos de más para tu examen, pero si la haces mal te anulo la prueba.

  • Esta bien, me parece un buen trato.

Durante toda la clase Snape lo miró con odio a Harry que preparaba la poción. Mientras éste hacía su labor en su mente se empezaron a dibujar imágenes raras. En ellas veía a Voldemort, a sí mismo, como si estuviera sufriendo por algo. También vio por su cuello correr algunos hilillos de sangre y después no había nada más. Para cuando se dio cuenta, ya había terminado la poción y un sorprendido Snape recibió en sus manos la muestra que le dio el muchacho. La hora de la cena no tardo en llegar y tanto los Slytherin como los Gryffindor se fueron al Gran Comedor.


  • Ya es muy tarde, Harry, será mejor que vuelvas a la Sala Común de Gryffindor – le dijo Sirius.

  • Sí, nos veremos en otra ocasión.

  • Gracias por hacerme compañía.

  • No hay de que, buenas noches.

  • Buenas noches para ti también.

Harry se retiró del recinto en donde se encontraba Sirius y empezó a caminar en dirección a su Sala Común. La luz de la luna se filtraba por los ventanales del castillo dándole un poco de vida al pasillo por el que transitaba. De repente sintió como si algo lo persiguiera y al darse vuelta chocó con un cuerpo.

  • Buenas noches, Harry.

  • ¿Qué haces aquí? – dijo reconociendo a la persona que la estaba persiguiendo, se trataba de Voldemort.

  • Parece que no te acuerdas de lo que sucedió durante tu examen de pociones, ¿quieres que te lo recuerde?

  • ¿Y por qué habría que recordarlo? – preguntó de manera desafiante.

  • Pues, porque es muy importante que lo recuerdes. Insisto en que debo hacerte recodar lo que paso – sus ojos rojos centellaron en la oscuridad.

En un abrir y cerrar de ojos Harry se vio sentado sobre el frió suelo y sintiendo una horrible opresión en el cuello mientras que sentía como si su sangre fuera absorbida con bastante facilidad.

De repente, y no supo porque, deseo sangre, obtenerla de la primera persona que estuviera cerca de él, sentirla escurrir por sus labios y tanto fue su deseo que, sin darse cuenta, había penetrado sobre el cuello de aquel ser que una vez había hecho lo mismo con él. Era un dolor indescriptible, pensaba Voldemort, que miraba a Harry como se alimentaba con su sangre.

Cuando Harry terminó con su trabajo una lluvia torrencial se hizo presente en las afueras del castillo mientras que Voldemort se recostaba por en la pared para recuperar un poco su respiración y limpiarse la sangre que el muchacho había dejado en su cuello.

  • ¿Estás satisfecho con lo que hiciste?

  • No lo sé, sólo sentí la necesidad de tomar la sangre de cualquier persona que estuviera a mi vista.

  • Ah, Harry. No sabes la que se te viene encima. ¿Por qué me tenías que morder a mí?

  • ¿Y que hay de malo en morderte a ti?

  • Pues, si no te has dado cuenta, soy un ser en busca de sangre y si mal no recuerdas tome la tuya aquel día durante tu examen de pociones. Gracias a lo que hiciste ahora tendrás que ser como yo, tomar sangre de cualquier persona y cada vez que tu instinto así lo pida.

  • Bueno, no me eches la culpa, tú eres el culpable.

  • ¡¿Qué yo soy el culpable?!

  • Sí, nadie te manda a morderme, para que yo te mordiera a ti y me convirtiera en este preciso momento en un vampiro y Snape no me estuviera matando por el resultado del examen de pociones.

  • ¿Qué, sacaste tan mala nota?

  • No, salí muy bien. Por eso me quiere matar.

  • Cómo te odia Snape, ¿no?

  • Sí, bastante.

  • Bueno, será mejor que me vaya y… - Voldemort se quedó sorprendido, Harry dormía placidamente sobre su pecho. Se sacó la capa y se la puso como frazada al muchacho. - ¿Qué pensaría tu madrina si te viera así?