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Historia 7235 — capítulo 8
Capítulo VIII
Anhelo de sangre
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Buenos días, Harry – dijo una voz fría cerca de su oído. El chico despertó lentamente y al poder abrir los ojos observó que no se encontraba en un lugar conocido y que cerca de él estaba la persona que menos se imaginaria encontrar, Lord Voldemort.
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¿Qué haces aquí? – dijo incorporándose de manera brusca y mostrándose bastante tenso.
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¿No recuerdas lo que paso ayer?
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No. ¿Es de mucha importancia para ti que recuerde lo que paso ayer?
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Sí, muy importante. – Harry miró a Voldemort con cierta molestia mientras que éste se arremangaba la camisa y sacaba de su túnica (que se encontraba sobre el suelo) una afilada daga. Hizo con ella una pequeño corte en su brazo, del que inmediatamente salió un hilillo de sangre, lo cual le llamo mucho la atención a su compañero. – Tómala – dijo enseñándole la herida.
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¿Por…por qué habría que tomarla? – dijo el muchacho empezando a temblar.
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Harry, sabes muy bien que te has convertido en algún cierto porcentaje en mi igual, y creo mi sangre para ti será deliciosa – dijo mientras sonreía malignamente, haciendo que sus ojos rojos centellaran en el grisáceo paisaje de la habitación. El muchacho se acercó lentamente a su brazo hasta que sus labios probaron aquel líquido rojo, era verdad, le sabía muy bien, es más, sentía que la necesitaba. – Toma cuanta quieras, tengo muy buenas fuentes de donde sacar más.
No sabía cuanto tiempo había pasado, pero los pocos minutos se sintió satisfecho y dejo se tomar sangre de Voldemort. Al levantarse, un hilillo de sangre se marcó desde su boca hasta su mentón mientras que su compañero se limpiaba la sangre que tenía en su brazo y colocaba sobre ella una venda. Una vez que termino su labor, éste acercó uno de sus dedos largos y blancos hasta el labio de Harry y limpio la sangre que escurría por ella.
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Espero que hayas quedado satisfecho – dijo.
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Sí – le contestó Harry.
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Ten en cuenta que no siempre seré yo el que te proporcione de alimento, Harry, Tendrás que aprender cazar solo, sin mi ayuda.
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Entonces tendrás que enseñarme, pienso.
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Eso veré si he de hacerlo cuando tú aceptes un plan que te tengo que proponer. Ahora no puedo, porque tengo cosas muy importantes que hacer. Te visitare esta noche.
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¿A cual lugar, si se puede sabes? Yo en la noche estoy en la Sala Común de Gryffindor.
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Por si no te has dado cuenta, Elisa es mi hija.
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Entonces, ¿tuviste una hija con mi madrina al final de cuentas?
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Sí y me encargue de ella durante todos estos años y lo seguiré haciendo. En fin, como te iba diciendo, ella se encuentra en Gryffindor y me ha dado el pase a tu Sala Común muchas veces sin que nadie se de cuenta, ni siquiera Dumbledore. Bueno, ya me voy, será mejor que vayas a cambiarte que entre unas horas tienes clase.
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Sí, - Voldemort salió de la habitación dejando a un muy pensativo Harry dentro de ella. A los pocos minutos, éste hizo lo mismo y fue hasta su Sala Común.
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La hora de almorzar llegó con una lentitud no acostumbrada para los alumnos de Gryffindor. Entre la lluvia y el sopor la clase de Historia de la Magia ésta se hizo más pesada que nunca. Ya la mesa estaba servida con los más ricos manjares preparados por los elfos domésticos y Harry, en compañía de Ron y Hermione, se sentó en la mesa. Al sentarse, y no supo porque, le vino una arqueada de asco, como si quisiera vomitar.
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¿Harry, estás bien? – dijo Hermione preocupada.
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Sí, sólo me duele un poco el estómago, es todo. Mejor voy a descansar unos minutos en la Sala Común.
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Sí – le respondió la muchacha. – Descansa un poco antes que tengamos Defensa Contra las Artes Oscuras.
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¿Quieres que te acompañe, Harry? – le preguntó Ron también preocupado.
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No se preocupe señor Weasley, yo lo llevaré – dijo Ayaname, quien estaba detrás de Harry.
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Sí, será lo mejor – dijo Neville, que casi no se desmayaba.
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Lo traeré de vuelta como nuevo – dijo la profesora Li mientras sonreía.
Todos los Gryffindor vieron con preocupación a Harry, quien salía del Gran Comedor acompañado de la profesora Li. Cuando llegaron hasta el despacho de Ayaname, ésta se apresuró a ponerlo en un lugar cómodo en el que pudiera descansar y sirvió una taza de té caliente.
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Toma esto, Harry. Te hará bien – dijo la profesora agachándose cerca de donde él estaba mientras le entregaba la taza de té. El muchacho tomo un poco de aquel líquido, pero pronto se lo devolvió a Ayaname tan intacto como estaba. - ¿Qué te habrá hecho ahora? – En ese momento se abrió la puerta y por ella entraron el director de Hogwarts, la profesora McGonagall y Lupin.
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¿Qué pasa con Harry, Aya? – preguntó la profesora McGonagall altamente preocupada.
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No quiere probar bocado, ni siquiera tomar un poco de té y tiene mucha fiebre – le contestó Ayaname. Dumbledore llegó hasta donde estaba Harry y puso su mano sobre la frente del muchacho.
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Trae compresas frías, Aya y Remus algunas frazadas, por favor – los dos profesores hicieron lo que el profesor dijo mientras que éste inspeccionaba más a Harry. No encontró nada extraño que pudiera decirle cual era la causa de su enfermedad.
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¿Qué tiene, Albus? – preguntó Ayaname mientras ponía una compresa sobre la frente de Harry.
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Sólo fiebre, pero no tengo ningún indicio de cómo le haya podido dar. Y no hay ningún virus por esta zona, así que no entiendo.
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Hablare con los profesores para que sepan que Harry no podrá asistir a ninguna clase. – dijo está vez Remus.
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Si, muchas gracias Remus – dijo Ayaname sonriéndole. A los pocos minutos abandonaron el despacho para que Harry descansará tranquilo.
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Los rayos y los truenos eran la única luz que había en el lugar, ya que la luna no iluminaba con su hermoso esplendor el cielo por las nubes grises que la tapaban. Aún la lluvia caía con furor sobre el castillo, el lago se estaba por desbordar de su cause y las lechuza y búhos ululaban sin parar.
Al fin había llegado a la Torre de Gryffindor, se dijo a sí mismo cansado de tener que caminar en tan malas condiciones de salud. Al entrar en la Sala Común se desplomó en un sofá y cerró los ojos para descansar.
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Al fin llegaste – dijo una voz detrás de él, se trataba de Voldemort, algo molesto por el retraso de Harry.
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Lo siento, Ayaname me dejo en su despacho y hasta que no se durmió no pude salir de ahí. Me interesa saber lo que me tienes que proponer.
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Bueno, veo que vas directo al punto y si eso es lo que quieres te lo diré – dijo mientras se dirigía hacía la ventana. – Lo que vine a proponerte es que te unas a mis filas.
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¿Me estás pidiendo que sea un mortífago a tu entera disposición?
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No, para nada, algo mejor, quiero que seas como yo, un Lord Voldemort. – dijo mirando con deleite los rayos, que caían unos tras otro. – Quiero que los magos de todo el mundo se confundan, que se vuelvan locos y que no sepan cual de los dos es el verdadero. Además, quiero borrar esa fama de ti de niño bueno y pienso que tu también lo quieres así – volteó mientras le sonreía malignamente. Se acercó hasta el muchacho, quien mantenía la cabeza agachada gracias a las propuestas de su compañero. - ¿No quieres eso Harry? ¿A qué te molesta que todo el mundo te mire la cicatriz y se quede sorprendido porque eres el Gran Harry Potter?
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Sí, quisiera acabarlos a todos para que se den cuenta de que no soy el salvador de su mundo.
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Por eso y mucho más te invito a que te unas a mi bando y te alejes del de Albus Dumbledore.
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¿A cambio de qué? ¿Y qué te tengo que ofrecer?
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Cosas muy sencillas, pero muy útiles, Harry. Tú obtendrás de mí todos mis conocimientos y poderes para que me puedas ayudar, además de proporcionarte alimento fácil y una buena maestría en el arte de ser un vampiro, para que no sufras la fiebre que ahora posees. Y lo único que quiero de ti a cambio de esto son tres cosas: lealtad, que cumplas mis ordenes y sangre.
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Si eso es lo que quieres, no tengo porque oponerme a tus deseos. Sólo a cambio de otra cosa más.
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¿Y cuál será?
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¿Tú quieres mis poderes oscuros, no?
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Sí, ¿por qué me preguntas eso?
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Bueno, adjunta en la lista de lo que te tengo que ofrecer los poderes de la maldad y algo más que se que yo lo poseo; a cambio de que no toques a mis seres queridos.
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Está bien, así será. Pero si realmente no quieres que le haga daño a tus seres queridos, tú también procura no hacerlo.
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¿Por qué me lo dices?
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Ginny Weasley, Harry. ¿La quieres ver muerta por tu culpa? – El muchacho se sobresalto por aquella suposición de Voldemort.
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¿Y por qué tengo que hacerle daño a la persona que amo?
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Eres un vampiro y cuando tus instintos pidan sangre no vas a poder controlar de quien tomarla. ¿Y si la tomas de ella? ¿Y si la desangras hasta matarla?
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¿Quieres decir…?
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Que la elimines de tu vida, es por el bien de los dos. Hazlo, por favor.
En ese momento el retrato de la Dama Rosa se abrió y por ella paso Ginny, trayendo en sus manos unos cuantos libros. Voldemort puso su mano encima del hombro de Harry, quien asintió en silencio y con bastante tristeza.
De repente en la sala apareció Elisa, quien le guiño un ojo a su padre y se sentó cerca de Harry. Voldemort desapareció y entonces la muchacha tomo con sus manos el mentón del muchacho y lo besó, cosa que fue correspondida por éste.
Ginny levantó la mirada y se le cayeron los libros que llevaba y, con lágrimas en los ojos salió corriendo del lugar, sin tomar en cuenta en donde estaba o a donde iba. Salió del castillo y la lluvia la empezó a empaparla, confundiéndose sus sollozos con el agua del cielo.
De repente alguien la acercó, la tapó con su túnica y la abrazó fuertemente, lo cual fue correspondido por ella, lo que más necesitaba ahora es que alguien la consolara.
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Muy bien, Harry – dijo Voldemort volviendo a aparecer en la Sala Común de Gryffindor mientras que se iba Elisa a su habitación – será mejor que comencemos con el ritual, ¿no lo crees? – dijo extendiendo su mano fría y blanca hacía el muchacho.
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Sí – contestó mientras se secaba las lágrimas de los ojos – será mejor que comencemos de una buena vez.