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Historia 72353 — capítulo 1

Había recurrido a un montón de libros para el hecho, los tenía apilados todos en la mesa a su costado, a mano, por si se le ofrecía citar algo, no fue sino hasta tener en mente a la perfección lo que diría, que se sentó frente al monitor, ahí delante a la ventana del estudio, justo con la cara mirando hacia los banderines naranjas con que él había decorado la pared frontal, en esa habitación a la que su marido iba sólo a buscarla, porque entre el cómodo sillón y los estantes con libros eruditos y variados, Ronald Weasley no se hallaba; Pig estaba en la ventana, esperando silenciosa algo que todavía no se le había pedido y que no podría realizar. El sonido de sus dedos sobre las teclas era el único en toda la casa, temprano todavía, los niños seguían dormidos y su marido les hacía segunda con un ronquido denso y matinal que lograba sacarla de la cama; de todas las posibles ideas en su cabeza y de las extraídas de los volúmenes que había consultado, Hermione Granger había elegido las más claras para escribir, quería ser lo más escueta y sincera posible para que la carta no fuera demasiado larga.

Sonreía con levedad a cada punto que insertaba, recordando los días de lectura en aquella página a la que hoy dedicaba unos minutos, en su aniversario; no podía evitar el escozor que le causaba el pensar en los múltiples universos que ahí convergían, en las múltiples vidas que podía tener paseando por esa web. A veces la posible monotonía de su vida actual se veía diluida por la luz de las vidas que ahí, en Potterfics, se encontraba, veía con emoción el mundo de posibilidades que había tenido delante, de haber elegido tal o cual camino en su vida; cada capítulo actualizado, cada nueva historia era una opción de mirar al pasillo y elegir una puerta distinta, otra vida qué vivir. Hermione Granger tenía a su disponibilidad un Aleph, bastaba asomar la mirada para conocerlo todo, otros universos, otras vidas, mundos, aventuras.

El ronquido cambió en la habitación contigua sacándole un susto, por un momento dejó las manos quietas a los lados del teclado, esperando a que los pasos densos de su marido le anunciaran que venía a mirar, pero no ocurrió; sintiéndose segura pudo seguir con lo que hacía y notar que la carta se había extendido ya mucho y que estaba llena de reflexiones que no convenía que otros leyeran; borrando aquello escrito, porque se trata de hacer una felicitación y no un ensayo con punto de vista personal, Hermione se dio la oportunidad de volver a pensar en todo aquello de antes, en recordar lo que había leído.

Esas historias donde se cambiaba de bando y traicionaba sus propios ideales, esas otras donde era tan distinta que le era imposible reconocerse del todo, esas aventuras en que podía dejar salir las frustraciones y ansiedades que en su vida habría sido imposible dejar escapar. Aquellos romances que le hacían fruncir el ceño, esos encuentros donde al lado de Malfoy, vivía cosas tan poéticas que le hacían mirar al hombre pelirrojo a su lado y preguntarse si habría elegido bien; se ponía roja al confesarse a sí misma esas dudas, que a veces no eran las únicas cuando se veía en otro plano emparejada con alguien más, Harry, Neville, Snape o cualquier otro, siendo feliz de otras formas; entonces miraba a su marido con pánico, buscaba un fic de ellos dos y se confirmaba que no había podido elegir mejor.

No sólo había dado un vistazo dentro de ese Aleph a su vida, sino también a la de los demás, a la de Ron, la de Harry, la de Ginny, había encontrado incluso la de sus hijos que hoy dormían todavía y que le parecían demasiado pequeños para tener ya sus propias aventuras; entonces se le encogía el corazón, pero leía con avidez, como quien quiere saber más para entender el miedo que le invade, para conocerlo y saber afrontarlo,¿cómo pensar en su pequeña Rose pasando cosas que a ella habrían puesto negra de espanto?

Tras dar un click al botón de"enviar", cerró los ojos y dejó ir su cabeza hacia atrás dando un suspiro, imaginando de nueva cuenta que todas esas vidas eran reales y en muchos otros planos, ella, Hermione Granger, era la heroína de mil novelas, de mil historias, de cientos de aventuras; entonces las manos fuertes descendieron por sus hombros y un beso se posó en su frente, sus ojos se encontraron al abrirse con los dos luceros azules por los que había dejado en su realidad todas esas cosas que, gracias a esa página de internet, le había sido posible conocer.

-¿Qué haces?

-Escribía una felicitación.

-¿Alguien especial?

-Alguien muy especial.