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Historia 72353 — capítulo 2

Asomada su nariz afilada sobre el pensadero, Albus Dumbledore observaba fijamente el recuerdo de aquello que descubrió mientras daba un paseo muggle al lado de la profesora Burbage: una página de internet, internet, ajá, internet, como interno, como eterno… como net; se le iban a la punta de la nariz las gafas de media luna y esos sus ojos azules brillantes, destellaban al reconocer palabras, frases, nombres. Además de lo entretenido que podía ser mirar imágenes de otros sitios o conocer gente en las salas de chat, Albus había descubierto otra ventaja del internet y se enfocaba en ella con frecuencia, había incluso leído todo aquello y luego depositado sus recuerdos ahí en su "recordadora", para tenerlos siempre a mano y poder volver, aunque tiempo después tuvo que emplear sus artimañas de buen mago, para acceder a todo lo actualizado. Había la opción de marcar aquello para tenerlo a mano como quería, pero no sería bien visto que entre tantas cosas locas que había ya en su oficina, se pusiera también un ordenador; después de todo, no iba a ser fácil mandar poner electricidad en el castillo, modificar cientos de años de magia para que esa cosa pudiera funcionar ahí, mucho menos iba a ser del gusto de Severus en el cuadro contiguo, ya bastante le incomodaba con sus pláticas sobre paseos matinales y sabores de helado.

Por eso optó mejor porque le pintaran ahí al lado un pensadero y se felicitaba por haber puesto, en efecto, ese encantamiento que le permitía ver las actualizaciones; ¿creería Harry alguna vez, o Hermione o Ron, que las sonrisas amplias que les dedicaba a veces al toparlos en un pasillo, se debían a que toda la noche había estado leyendo sus aventuras, esas de las que ellos ni siquiera tenían idea? Se regocijaba en su cuadro, ahora que era un viejo director muerto, y miraba a Severus en el de al lado, preguntándose si podría él imaginarse todas esas cosas que le hacían hacer, allá, en esa cosa que los muggles llaman "la red". Ninguno ahí tenía siquiera idea de lo que los muggles hacían, mucho menos de que pronto sería día de festejo; se asomó más dentro de su pensadero y puso su atención en aquella historia, la había leído ¿cuántas?, ¿ocho veces?, quizá más y seguía siendo igual de buena.

Entre tanto color claro y ese logotipo de tintero, Albus Dumbledore había vuelto a vivir, leía de nuevo su juventud, la de Harry, la de James, había sentido el dolor de las tres hermanas Black, la pasión de un encuentro desesperado entre Draco Malfoy y Hermione Granger y la loca tentación de Ronald Weasley besando a Luna Lovegood, cosas que lo hacían sonreír de encanto e inclinarse sobre le pensadero casi hasta que era posible meterse entero, como quien puede ver un recuerdo dentro de esa agua clara; había topado incluso alguna vez con una historia en que él era protagonista y las cosas con Gellert no salían tan mal, en esa ocasión tuvo que sacar un pañuelo y hacer caso omiso de la mirada extrañada de Severus, que fruncía el ceño y le miraba con cierto dejo de asco, mientras se sonaba la nariz con estruendo y le contaba lo hermosa de aquella escena de los dos en un atardecer.

Solía hacerse aparecer una bolsa de chocolates y sentarse a leer, se pegaba a mirar fijo esa letras bailarinas y se carcajeaba de lo lindo, llamando a Severus y a los demás directores que siempre le volvían una mirada de pena, como si fuera un pobre deschavetado; qué más daba, esos chicos muggles le habían devuelto una esperanza, le habían obsequiado a ese pobre director muerto y viejo una forma de ver las cosas desde otro ángulo, por un momento, Dumbledore llegó a pensar, que no era tinta de un solo tintero.

Hoy, que esa página festeja su aniversario, planeaba hacer una sola acción loca más, una última insensatez (como hubiera dicho Minerva), se valió de sus mañas de viejo y su conocimiento de magia, para desde su cuadro, hacer lo inaudito: registrarse en esa página; una vez haberlo hecho, dio el salto ahí, a la nota de aniversario y con unas simples palabras, se unió a todos esos jóvenes que, tras la pantalla, leían lo mismo que él y se emocionaban de la misma o incluso de mejor forma, junto a ellos, el anciano director muerto a manos de Severus Snape, su compañero de oficina, ofreció lo mejor que podía dar en ese día especial:

Felicidades por su séptimo aniversario Potterfics, ¿un caramelo de limón?

Seguramente pocos de esos chicos se darían cuenta que NarizRetorcida267 era él, el verdadero, el real Albus Dumbledore, o al menos no lo harían, hasta que al posar su cursor sobre la pregunta, un par de caramelos les aparecieran al lado del monitor.