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Errores del pasado — capítulo 11

Summary:La guerra y el dolor, sumándole claro un pedazo de alma de un mago tan oscuro como el infierno, pasan sin dudas la cuenta. ¿Por eso Hermione tiene aquellos extraños sueños con el archi enemigo de Harry, no? Hay secretos que son mejor no saber, y hay cosas que es mejor no presenciar Ver crearse un monstruo, es lo peor que alguien podría pasar. ¿Pero no es más difícil, intentar controlar aquello? deberías probar...

¡Vamos! Solo debes... Evitar los errores del pasado.

De tu pasado, de su pasado... de aquello que los une.

Dedicación*: Dedicado a todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar…*

Disclaimer:¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!

AN: No. No están delirando. Sí. Actualice… Las maravillas de estar totalmente desocupada, supongo. (:

También quiero aprovechar de agradecer los comentarios…  ¡Y los seguidores!  Soy un poco dramática, pero cada uno de los que leen esta historia, comenten o no, siempre van a estar en mi corazón. Gracias por su apoyo y disculpen si tardo tanto, ahora que salí del colegio intentaré poner las cosas en orden y poder actualizar todo. (Haber si mi inspiración alcanza para todas las ideas nuevas que tengo xD)

Capitulo once:

Mansión Granger, octubre de 1944

—Detente -rugió Hermione, intentando en vano, escapar del férreo control que Tom mantenía sobre ella, él la miró por unos instantes. Y luego sonrió lentamente, ella se estremeció*:- T-Tom,* enserio, detente.

Su boca se estrelló con la de ella, su lengua sumergiéndose profundamente. Sus dientes mordiendo su labio inferior lleno, chupando más profundo en su boca, ella devolvió el mordisco y no de una forma amorosa. Salvaje, esa era la palabra correcta para definir a esa maldita chica. La miró sin parpadear y ella devolvió la mirada de forma desafiante. Y Tom sintió su poder, latente, esperando a hervir, mantenido con una cuerda tan apretada que  él no se asombraría cuando explotara y consumiera a todo el que le rodeaba. Y Tom Riddle decidió que le gustaría quemarse en ese poder.

Ella era impresionante.

Podía sentir la magia de ambos crepitando, mientras el beso se volvía aun más intenso, las chispas literalmente volaban cuando sus manos exploraban ansiosamente el cuerpo del otro, Tom se separó fugazmente para ver a la chica, y tal como esperaba se encontraba sonrojada, su respiración estaba descontrolada, sus labios estaban entreabiertos, húmedos e hinchados, él había logrado desarmar ese estúpido peinado que llevaba.

¿Joder, cuando habían cerrado los ojos?

Antes de que ella reaccionara él la tomó de la cintura y volvió a besarla, alzándola sin esfuerzo alguno y dejándola sobre la mesa, abriendo sus piernas y empujándole más cerca de su cuerpo, Hermione gimió de una forma casi escandalosa y dejó caer su cabeza atrás cuando Tom rozó sus sexos, con una sonrisa satisfecha él se inclinó y mordisqueó su cuello.

Quería marcarla.

Quería demostrarle a ella y a todos que era suya y solo suya.

Se estremeció cuando ella desabrochó su camisa, odiaba el toque de otras personas, pero con Hermione era distinto. Inclusive cuando la maldijo, las cosas eran un poco descontroladas para ambos, al menos, para él sí que lo eran. Ansiaba tanto su toque que comenzaba a aterrarse.

Dejó que sus pequeñas manos se deslizaran por su pecho y sonrió con arrogancia al oír su gemido necesitado.

La puerta se abrió pero ambos fueron ajenos a eso, hasta que aclararon su garganta de forma educada, Hermione gritó sorprendida y apartó de un empujón a Tom que envió un rápido hechizo para volver a estar presentables. Con su rostro inexpresivo se giró a enfrentar a la maldita persona que les interrumpió, dispuesto a atacar por haber roto el único momento en que ella se había entregado por completo a él.

Sus mejillas, asombrosamente, se sonrojaron al ver la burlesca mirada de la Matriarca de los Granger. Apartó rápidamente su mirada, sintiendo algo que nunca había sentido: vergüenza.

Jodida familia, estaban sacando la parte sensible de él.

—Siento haberles interrumpidos, queridos. -dijo la mujer con tranquilidad antes de caminar hasta su puesto y sentarse como si no hubiese visto aquella intima escena. Tom se sintió incomodo, *¿ella no iba a hacerle nada?*Es decir, era su nieta, y los había visto a punto de follar:- Hermione, cariño, arregla tu cabello. Perseus se suicidará si te ve tan despeinada.

Hermione asintió con su rostro tan rojo que casi le causó gracia a Tom, casi porque la vergüenza seguía presente en él. La mujer aclaró su garganta y apoyó su rostro en la palma de su mano.

—Tengo una buena noticia para ti. -dijo ella con tranquilidad dirigiéndose a su nieta:- Como sabes, el viernes va a ser la selección de tu prometido…

—Voy a escaparme… -amenazó sombríamente Hermione.

—Será distinto, Hermione. -continuó la mujer sin importarle la interrupción de su nieta:- Soy la cabeza de la familia, puedo elegir a uno de los competidores, aunque este pierda en el combate. Tu padre en cambio permitirá que el vencedor tome tu mano.

— ¿Dos? ¿Me comprometeré con dos personas?

Tom y la Señora Granger le enviaron una mirada que claramente demostraba que lo que acababa de decir era una soberana estupidez. Hermione se movió incomoda y sus mejillas enrojecieron, bajó su mirada a su regazo y suspiró.

Si al menos ella supiera algo sobre los compromisos… ¡Oh, pero claro, ¿Qué iba a saber ella?! Hasta hace un tiempo con de lo único que tenía certeza era de su pureza de sangre: Hija de muggles. ¿Quién pensaría que los Sangre Pura hacían tremendos jaleos para un matrimonio? Ella no.

—Bueno, después de esta selección, vamos a darte un tiempo para que compartas con los dos. -dijo ella con calma, miró a Tom por un segundo antes de volver su atención a su nieta:- Y tendrás que elegir.

—Muy bien, entonces es tiempo perdido. No voy a casarme.

—Hermione, ya hablamos sobre esto. -dijo su abuela con cansancio antes de sonreírle al chico:- ¿Cómo ha estado el colegio, Tom?

Tom inspiró profundamente y comenzó a narrarle a la mujer sobre las cosas que estaban estudiando actualmente, luego, se giró hacia Hermione y le contó los trabajos en los que estaba atrasada. También le comentó que los profesores aconsejaron que trabajaran juntos, y aunque eso era falso Tom lo dijo con tal seriedad y calma que ella le creyó sin chistar. Cosa que creó una punzada en el estomago del chico quien se dedicó a comer en silencio… ¿Por qué solo era hambre, verdad?

Sí, aquello no tenía nada que ver con la culpa y todo que ver con su maldito sistema digestivo.

Febrero de 1998, Mansión Granger.

Minerva caminó por los pasillos con expresión nostálgica, entró a una habitación y cerró con suavidad tras ella, sus ojos se llenaron de lágrimas y sus piernas cedieron mientras un fuerte sollozo salía del fondo de su alma. Lloró amargamente y alzó su mirada hacia un enorme cuadro desde donde la Señora Granger le miraba sentada en un lujoso sillón.

—Es bueno verte, Minerva. -dijo ella con su voz llena de amabilidad:- Por tu estado supongo que las cosas no están nada bien.

— ¿Sabías que todo esto sucedería? -preguntó Minerva con su voz quebrada:- ¿Sabías que la guerra sería así de cruel, que Tom perdería su cordura y que viviríamos esto más de una vez? ¿Lo sabías?

—Por supuesto que lo sabía -dijo la Señora Granger levantándose y paseando de un lado a otro de su cuadro, con sus manos moviéndose lentamente:- Sin embargo, jamás pensé que el daño iba a ser tan terrible. Siempre supe que mi nieta era suficiente para aplacar el dolor del alma de Tom.

— ¡Pero la gente…!

— ¡Cuando esto termine nadie, absolutamente nadie recordará lo que sucedió! ¡Nadie sabrá cuantas veces se ha repetido la historia! Incluso tú, Minerva, puedo apostar que ya no sabes cuantas veces has revivido tu amor con Abraxas…

—Doce. -dijo Minerva con lágrimas bajando por su rostro:- Y cada una ha sido más dolorosa.

—Estamos llegando al fin. -murmuró la Señora Granger cansada:- Cuando Tom comprenda… todo… por fin acabaremos y todo estará en paz.

—Creo que no existe paz -dijo Minerva recostándose sobre la puerta:- Hoy cayeron tres de mi grupo, tengo a gente que está muriendo porque no hay suficiente recursos y…

—Ve con Tom. -sugirió la Señora Granger.

— ¿Perdón? -preguntó Minerva horrorizada ante la sugerencia. ¿Ir con el hombre que comenzó la guerra? Eso era… era… ¡Estúpido!

— ¡Oh, Minerva! Tú no eres idiota, olvida lo que Albus Dumbledore te enseñó. ¡Él es el culpable  de que todo esto esté sucediendo! Y lo sabes. ¡No existe el bando bueno y el malo! No existe magia mala o buena. La magia es magia y punto. Los bandos están compuestos por ideales y miedos…

—Nadie comprenderá…

— ¡Qué importa si comprenden o no! Eres la única capaz de unir las cosas. ¿Crees que basta solo con que Tom se esfuerce por arreglar el pasado? No, señorita, Hermione no volverá a esta época hasta que la guerra termine.

— ¿Estás sugiriendo que nos rindamos?

— ¡Minerva McGonagall! ¡Deja de estar tan ciega! ¡Te estoy diciendo que ocupes la maldita información! ¡Demuestra que aprendiste algo de tus amoríos con los Slytherin's!

Minerva entornó sus ojos y miró conmocionada a la Señora Granger, secó sus lágrimas y se levantó encuadrando sus hombros.

—Siempre creí que era una perra manipuladora, Señora, pero ahora que la conozco de verdad me cae mucho mejor que Albus.

Febrero de 1998, Malfoy Manor.

Lord Voldemort caminó de un lado a otro, con un sus labios apretados, Nagini le seguía en silencio. Hace una hora que había regresado de Hogwarts y el castillo no había sido tocado, los mortifagos simplemente buscaron de forma incansable los 'ocupantes' del castillo pero no había nadie.

Lo que indicaba que alguien le estaba traicionando.

—También pudo ser uno de los Malfoy.-dijo Nagini:- Probablemente Abraxas. ¿Había un cuadro de él en Hogwarts, cierto?

—Bella acabó con él. Abraxas Malfoy ya no existe.

—Es algo que siempre quiso hacer, amo. Los Malfoy's  eran un estorbo en su camino.

Las alarmas sonaron repentinamente, él apretó su mandíbula y se acercó a la ventana, movió la cortina mirando con curiosidad quien era lo suficientemente estúpido para acercarse tanto a la mansión.

Entonces vio como Minerva McGonagall esperaba pacientemente que alguien se acercara. Jodido Merlín, ¿quería morir? Pasó una mano por su cabello, la primera persona a quien querría ver Hermione a su regreso sería sin dudas esa terca bruja.

Desapareció y se plantó frente a la mujer alzando su mano y deteniendo los hechizos que estaban dispuestos a enviarles los atentos y vengativos mortifagos. Ella le miró con calma y él le devolvió la mirada entonces vio el brillo astuto en los ojos de la mujer.

—Hermione…

—Vamos hablar adentro, McGongall. -interrumpió él con brusquedad.

—Vuelves a ser tú, Riddle, no esa espantosa víbora que te habías vuelto por pura amargura. -dijo ella de forma que pareció claramente irrespetuosa para sus seguidores.

— ¡Cómo te atreves! -chilló Bellatrix abalanzándose contra la mujer mayor, antes de llegar, un hechizo la hizo retroceder.

—Minerva McGongall viene a rendirse. -anunció Lord Voldemort, dejando caer el manto que tapaba su cabeza. Su cabello salió desordenado y tal como dijo Minerva el rostro del hombre volvía a ser como en sus mejores años.

—No celebren, mortifagos, solo vengo a ver los puntos para el tratado de paz.

Minerva sonrió de forma triunfal cuando Tom la agarró del brazo y desapareció, obviamente los súbditos del señor oscuro no le tomaron en cuenta, demasiado preocupados en festejar.

— ¿Qué fue eso, McGonagall?

—Bueno, Riddle, las cosas son así: el mundo mágico tiene que estar lo menos afectado cuando Hermione regrese. -dijo Minerva con calma:- Ella no puede volver y enfrentarse a tal caos porque podría afectar su mente… o mucho peor, destruir nuestra realidad.

— ¿Así que quieres que me rinda?

—No es cuestión de rendirnos, Riddle. Tendrás el poder, pero hay que comenzar la reconstrucción y las sanaciones cuanto antes.

—Supongo que la Señora Granger no te dijo que en el hechizo puse algo de mi parte. -dijo él con voz sedosa, Minerva tensó sus hombros y le miró con cautela:- No. No te lo dijo. Dame tu brazo, McGongall haremos un hechizo inquebrantable. Te daré recursos para sanar a tu gente y calmar al mundo, mágico y muggle.

— ¿A cambio?

—A cambio vas a ayudarme a asesinar a cada mortifago. -escupió él con calma, antes de sonreír de forma macabra:- Ya no les necesito.

En el fondo, Minerva sabía que aquello era por Hermione, pero ella no se atrevió a pensarlo, los años después de todo no le hicieron más estúpida. 

¿Qué coño estaba escondiendo Riddle?

¿Qué mierda cambió en el hechizo?

Mansión Granger, octubre de 1944

Hermione vio como Tom Riddle caminaba hacia el portón de entrada de la mansión hablando con calma con su abuela, movió la cortina para mejorar su visión y en ese mismo momento él alzó su vista y la clavó en ella, por un fugaz instante creyó ver una sonrisa bailando en sus labios. Con rapidez cerró la cortina y se lanzó sobre su cama, cubriendo su rostro.

¿Qué estaba haciendo? Ella no era así, no se comportaba como una adolescente hormonal, ella era racional. No se alteraba por una sonrisa, por un par de palabras y besos robados, por muy buenos que estos fuesen. ¡Todo era culpa de Tom Riddle! Él la había hecho caer en su hechizo. Es un asesino, Hermione. Recuérdalo.

Lamentablemente no importaba cuantas veces ella repitiera que Tom Riddle era un psicópata asesino porque aquello aminoraba los latidos de su corazón o la necesidad física que sentía por él.

Y ahora estaba en terreno desconocido, no comprendía si sus intenciones eran sinceras o él solo intentaba aprovecharse de la magia y fortuna de los Granger. No entendía por qué la había hecho retroceder y volver a su época.

Para ser sinceros estaba muerta de miedo. Temía por su cordura, temía por su compromiso, temía por su salud y temía por lo que Tom causaba en ella.

Se movió hacia el escritorio y miró de forma pensativa el diario que tenía sus iniciales y el sello de los Granger que era un complejo símbolo parecido a una runa antigua. Tomó una pluma y la sumergió delicadamente en la tinta, entonces ella comenzó a escribir.

Mi nombre es Hermione Granger y hace un mes nada de lo que estoy viviendo actualmente podría ser creíble e imaginable para mí. Repentinamente soy una sangre pura, debo comprometerme y no pertenezco de donde vengo.

No comprendo nada de lo que ocurre a mí alrededor, no sé porque estoy aquí, pero sé quien me trajo, pero a pesar de esa importante información sigo tan perdida como cuando llegué.

Y aunque pensé que sería inmune a sus falsos encantos, empiezo a caer desesperadamente en la imagen que muestra… Jamás había sentido tales reacciones por otra persona, él causa estragos en mi mente y en mi magia.

Sé que ninguna de mis palabras tiene sentido, pero escribir es una buena forma de escape, una forma de desahogo… Una forma de no volverme completamente loca.

El suave pero firme golpe en la puerta de su habitación interrumpió su escritura, ella dejó la pluma de lado y se levantó pasando sus manos sobre su vestido justo en el momento en que esta se abría y su abuela le daba una sabia mirada.

— ¿Bajamos a leer un poco, cariño? -sugirió su abuela con una sonrisa tranquila.

Lo que más le aterraba a Hermione era la perfecta forma en que encajaba con su nueva realidad.

En su verdadera realidad.

Ella sonrió a Pussy quien le miraba con atención, recordó que tenían una conversación pendiente y le hizo una seña para que hablaran más tarde, el elfo asintió exageradamente antes de desaparecer en silencio.

Perseus se paseó por la habitación, con sus manos tras su espalda, su mirada perdida en la nada, claramente reflexionando. Se sobresaltó al oír un pequeño movimiento en la cama, rápidamente giró y miró a  la chica rubia, quien comenzaba a sentarse.

—No debería moverse, Señorita. -susurró él con calma.

— ¿Qué sucedió? -preguntó ella sobando su sien, mirando confundida alrededor:- ¿Dónde estoy?

—En la mansión Granger. ¿Quién es usted?

—Mi nombre es Luna… -dijo ella con calma antes de aclarar su garganta y sonrojarse ante la atenta mirada del hombre, recordó el plan y agregó:- Luna Malfoy. V-vine a ver a Hermione.

— ¿Usted usó Aparición sola? -preguntó él con visible interés.

—Sí… -respondió Luna antes de maldecirse internamente, en 1940 no era normal que las mujeres viajaran solas:- Nadie podía acompañarme y necesito hablar con ella. Es algo urgente.

—Temo que no puedo dejarla ir. -dijo él soltando un suspiro cansado, girándose a ver por la ventana:- No todavía.

— ¿Perdón? -preguntó Luna entornando sus ojos apartando las sabanas y luchando por levantarse, sin embargo, no pudo pisar el suelo.

—He puesto un hechizo sobre usted, no puede salir de la cama hasta que yo lo decida. -dijo él con tranquilidad, aun sin verla, soltó otro suspiro y negó:- No puedo permitir que te vayas de mi lado.

Luna miró el techo con impotencia y maldijo a Tom Riddle, ¿por qué él no le dijo que tendría que llegar a esta época y enfrentar este feo problema?

Estúpido Slytherin y sus típicos juegos de poder.

Hogwarts, octubre de 1944

Minerva tomó sus maletas y cerró la puerta de su habitación con un hechizo complejo, no quería a nadie curioseando en su pieza. Suspiró decepcionada al darse cuenta que había pasado otro día sin que Hermione contestara su carta, pero luego se dijo a si misma que probablemente su amiga estaba demasiado ocupada intentando zafarse del compromiso. Salió de la sala común devolviendo las amables sonrisas.

Bajó las escaleras con rapidez, sin parar a tomar un descanso o a saludar a los cuadros, desde hace algún tiempo que no le gustaba hacer eso. Sentía un profundo miedo tan solo al pensar detenerse. Movió su cabeza para despejar sus oscuros pensamientos, y se sobresaltó al oír un cercano carraspeo.

—Hola, McGonagall. -dijo Alphard con una sonrisa ladeada, ella cabeceó a modo de saludo y luego continuó con su camino:- ¿Quieres que te ayude con eso?

—Oh, no te preocupes, puedo sola. -declaró ella con tranquilidad:- ¿Por qué saliste de la enfermería? Tenías descanso hasta mañana.

—Ya me siento mejor, supongo que es porque una guapa aspirante a medimaga me ayudó. -dijo él guiñándole un ojo.

Alphard estaba coqueteando descaradamente con ella, Minerva le miró boquiabierta antes de chasquear su lengua y negar:- Deberías dejar que te revisen la cabeza, Black.

—Puede que esté loco. -admitió Alphard encogiéndose de hombros, riendo al ver su sorprendido rostro y le quitó las maletas:-¿Dónde vas?

—A casa -dijo ella con desconfianza.

Ninguno de los dos agregó algo más, sin embargo, el silencio fue algo cómodo y relajante, cosa que fue observada por unos fríos ojos grises.

— ¿Otra vez siguiendo a McGongall, Abraxas? -preguntó Tom repentinamente haciendo saltar al rubio quien bajó su cabeza, entre avergonzado y respetuoso.

—Creí que era una buena idea seguir sus pasos, después de todo es la amiga de Granger... -dijo Abraxas con calma, se giró para enfrentar a Riddle quien estaba recostado contra la pared viéndose mucho más relajado que… Bueno, era la primera vez que él realmente parecía estar relajado:- ¿Cómo t-te fue en tu salida, T-Tom?

Tom se encogió de hombros con indiferencia, pero Abraxas juró ver en sus ojos algo más:- Tengo la mano de Granger. No le digas a nadie, Malfoy, o la pobre McGongall podría tener algo más que una simple caída por las escaleras.

Abraxas asintió, Tom le dio una plana mirada antes de alejarse solo entonces, el rubio se giró para ver a la chica en cuestión que ondeaba su mano a modo de despedida… *para Alphard.*Estrechó sus ojos cuando ella rió divertida al ver que Black le lanzaba besos arrancando carcajadas nerviosa por parte de la chica. Perra. Con ese pensamiento, Abraxas fue a buscar algo que lo distrajera.

Marzo de 1998, Malfoy Manor

Nagini se enroscó en la pierna de su amo, notando como él parecía estar profundamente perdido en sus pensamientos, cosa extraña tomando en cuenta que aparte de ellos había otra persona en la habitación**. Minerva McGongall.**Nagini era inteligente, y sabía que la mujer había venido hablar con su Amo porque era conveniente y además porque era amiga de su Ama Hermione. Sin embargo, eso no explicaba por qué la mujer comenzaba a rejuvenecer con tal rapidez.

Su amo tocó descuidadamente su cabeza antes de asentir de forma tranquila, indicándole que era una persona de confianza: —Es una de las que debe sobrevivir.

—Es porque el Ama no estaría feliz sin ella.

—Sí.

— ¿Pero por qué está volviéndose joven?-preguntó Nagini con sincera curiosidad:- Creí que eso sucedería solo con usted, Amo.

—Eso me estaba preguntando.-admitió su Amo con calma, antes de entrecerrar sus ojos mirando a la mujer con los ojos entrecerrados:- *Esto tiene una sola explicación.*McGongall.

Ella alzó su cabeza, sin soltar la pálida mano de Hermione, y le miró con sus ojos llenos de lágrimas:- ¿Si, Riddle?

— ¿Hiciste un pacto sanguíneo con Alphard Black?

— ¿Un qué?

Él entrecerró sus ojos y suspiró furioso, no, Black no hubiese hecho un compromiso con ella sin haberle informado, entonces…

Maldito Malfoy.

Jodido bastardo traicionero.

— ¡LUCIUS! -rugió Lord Voldemort con fiereza, el hombre en cuestión apareció con su rostro lleno de temor, se arrodilló y con voz temblorosa preguntó que se le ofrecía:- ¿Tu hijo?

—Aun no le encuentran, Mi señor.

— ¿Aparte de la mansión y Hogwarts hay otro lugar que pueda tener cuadros de tu maldito padre? -preguntó Lord Voldemort alargando la última parte.

—N-no l-lo s-sé…

—Avada Kadavra. -susurró Lord Voldemort hacia Lucius quien abrió sus ojos, horrorizado, justo antes de que su cuerpo cayera sin vida por el hechizo asesino. Minerva le vio con la boca abierta, aferrada a la mano de su amiga:- Alégrate, McGongall, Abraxas Malfoy no tardará en llegar a buscarte.

— ¿Q-qué? -preguntó Minerva confundida.

—Malfoy envió a su nieto al pasado. -anunció Lord Voldemort frunciendo su ceño, su voz temblando de pura furia:- Prepárate. Hoy terminaremos con la guerra.

Ella asintió, demasiado conmocionada para hablar, se giró a ver a su amiga y juró que vio una leve sonrisa en sus labios. Pero luego lo atribuyó a su imaginación. Esa noche iban a terminar con los mortifagos.

—No te alegres tanto. También hay personas de tu bando a las que hay que eliminar -anunció Voldemort con calma. Nagini siseó sacando su lengua y asintiendo, ante la cara de sorpresa de Minerva:- ¿No creerías que no hay espías de tu lado, cierto? Me asombra la ingenuidad Gryffindor. Incluso sé que están en la Mansión Granger, y es de quién menos te lo esperas, McGongall.

Hogwarts, octubre de 1944

Tom caminó de un lado a otro, como una fiera enjaulada, giró su varita entre sus dedos con expresión pensativa, sus ojos sin embargo estaban brillando de una forma malévola, a unos pasos de la puerta Avery estaba arrodillado y tras él Orion temblaba como una hoja de papel, con la cabeza gacha.

— ¿Hablaste con Alphard? -preguntó con voz sedosa, interrumpiendo su caminata. Orion tragó en seco y negó.

—M-Mi señor, A-Alphard estuvo en la enfermería y-y después no pude encontrarlo.

—Ya veo -susurró Tom con calma antes de apretar sus labios y mirar fijamente a Black quien boqueó como pez:- ¿Y no se te ocurrió buscar a… no sé… su estúpida enamorada?

—Mi señor -susurró Avery con cautela:- Abraxas habló con Alphard, por eso terminó en la enfermería, él se niega a... dar un paso al costado.

— ¿Por qué, me preguntó yo, quiere a Hermione Granger si está tras las faldas de McGongall?

—Poder, quizás. -susurró Orion de forma temblorosa. Tom puso sus ojos en blanco y soltó una carcajada fría que estremeció a ambos chicos.

—Me asombra tu nivel de estupidez, Orion. -escupió Tom con fiereza:- Alphard es tu medio hermano y aún no te das cuenta que solo lo hace para joderme. Ese chico está buscando desaparecer del mapa. O tal vez, intenta que acabe contigo.

Orion se colocó pálido y balbuceó, rogó, para que Tom perdonara las constantes equivocaciones de Alphard. El mago oscuro alzó su varita, dispuesto a castigarle, pero entonces, con un chasquido apareció un elfo domestico. Riddle apretó su mandíbula para no descargar su furia con el duende que le miraba con sus acusadores ojos saltones.

—Mi Ama lo espera, señorito Riddle.

—Dile a tu ama que enseguida voy, Pussy -escupió él, el elfo asintió antes de darles una mirada a los otros magos y desaparecer:- Avery, encárgate de Black y espérame. Tú y yo tenemos una charla pendiente.

Avery le dio una sonrisa torcida y asintió de forma respetuosa antes de apuntar descuidadamente a Orion y susurrar un oscuro hechizo. Sus gritos fueron aplacados por la protección de Tom, quien se marchó con su ceño fruncido.

¿Qué mierda quería la señora Granger ahora?

Ella estaba sentada frente a la chimenea bebiendo un vino, a su lado, Pussy se removía inquieto, Tom aclaró su garganta para que notaran su presencia, sin embargo, presintió que ella lo había sentido antes de bajar. Se giró para verlo y notó que su rostro parecía algo sombrío.

— ¿A cuántas personas has asesinado, Tom?

Él sintió que cada parte de su cuerpo se congelaba, un escalofrío pasó por su espalda, y caminó lentamente hasta el fuego.

—No sé de lo que habla, Señora. -aseguró él, sonando ultrajado, la mujer le dio una mirada de diversión y luego suspiró, moviendo su varita de forma perezosa, Tom se giró viéndola con desconfianza:- ¿Por qué me acusa de algo tan… bajo… como eso?

—No es necesario que te comportes así conmigo -dijo ella encogiéndose levemente de hombros antes de beber otro sorbo de su vino y observarle con atención:- Fue muy inteligente de tu parte culpar a otra persona de tu crimen, en especial a tu tío quien podía vengar la injusta y triste muerte de tu madre. Nadie podría sospechar de ti, ¿por qué lo harían? Se supone que tú ni siquiera sabías de tu herencia sanguínea hasta que tu padre falleció. Creo que fue brillante, Tom, pero bastante… sentimental.

—Insisto, señora, no sé de lo que habla. -susurró Tom sin dar signos de molestia por aquella firme declaración, sin embargo, estaba hecho un lío. Nadie, ni siquiera sus 'seguidores' sabían que él era culpable de la muerte de su padre:- Morfin Gaunt estaba desquiciado y hasta donde sé tenía una nada sana obsesión hacia mi madre, él asesinó a mi padre…

—Ahórrame tu show, Tom, necesito decirte algo importante que tiene que ver con ese asesinato en especial. -espetó la Señora Granger levantándose y dejando su copa con fuerza sobre una mesita, él le miró sorprendido, porque hasta el momento ella no había sido tan agresiva:- Por eso necesito que me contestes: ¿A cuántas personas has asesinado hasta el momento, Tom?

—Los Riddle, mi padre y mi abuelo. -susurró él, antes de entornar sus ojos y mirar a la bruja sorprendido. ¿Qué mierda? Apretó sus puños y ella sonrió y se encogió de hombros.

—No te he hechizado, Tom. Esto se llama confianza. No te preocupes no se lo diré a nadie -dijo ella antes de mirar al olvidado elfo y sonreír:- Ve a casa, Pussy, esta conversación será más larga de lo esperado.

El elfo le dio una desconfiada a Tom antes de jalar la capa de su ama y mirarle con preocupación:- ¿Está segura, Ama?

—Completamente, Pussy, ve a cuidar de Hermione. -dijo ella dándole una palmadita a la mano de su elfo quien asintió y después de darle una grosera mirada a Tom desapareció. Enseguida la atención de la mujer mayor fue puesta en el chico quien le miró con frialdad:- ¿Sabes lo que es un Horcrux, Tom?