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Errores del pasado — capítulo 9

Summary: La guerra y el dolor, sumándole claro un pedazo de alma de un mago tan oscuro como el infierno, pasan sin dudas la cuenta. ¿Por eso Hermione tiene aquellos extraños sueños con el archi enemigo de Harry, no? Hay secretos que son mejor no saber, y hay cosas que es mejor no presenciar Ver crearse un monstruo, es lo peor que alguien podría pasar. ¿Pero no es más difícil, intentar controlar aquello? deberías probar...

¡Vamos! Solo debes... Evitar los errores del pasado.

De tu pasado, de su pasado... de aquello que los une.

*Dedicación:*Dedicado a todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar…

Lily Rosie Malfoy

debii_MalfoyRiddle97

bree_malfoy_cullen

Lady Granger90

vir lovegood

Disclaimer:¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!

Lamento mucho la tardanza. He tenido un montón de problemas, nada de tiempo libre y el capitulo parecía infinito. Espero que todavía hayan lectores por aquí ._.

Por fin…

Por fin…

Traigo respuestas :3

Hogwarts, octubre de 1944

Hermione miró el lugar con nostalgia, la imagen que bailaba en su mente era igual que la que se presentaba frente a ella. Estanterías repletas de libros, aquel exquisito olor que estaba grabado en su mente con fuego. Lamió sus labios y se giró en búsqueda de respuestas.

Respuestas que por fin tendría.

—No entiendo.

—Es mejor que te sientes, pequeña, tal vez todo esto sea demasiado para ti y te pase la cuenta. Veras, Perseus y Melina se conocieron aquí en casa, ella era la hija de una de las tutoras de mi hijo. Se amaban, o eso creímos todos, entonces, anunciaron su casamiento. Tu abuelo y yo les dimos nuestras bendiciones, y pocos meses después nos contaron que esperaban un niño. Eso era lo que esperaba él. Un niño. Pero naciste tú. -la señora Granger detuvo su monologo para darle un apretón a la mano de Hermione quien estaba demasiado concentrada para decir algún comentario, enseguida continuó:- Se desato el caos, aquel monstruo golpeo a la pobre Melina, y entonces, ella te tomó y escapó. No supe más de ustedes hasta que vino por ayuda. Sinceramente, les habíamos dado por muertas.

— ¿Nadie intentó buscarnos?

—Claro que lo intentamos, pero Melina, aquella astuta muchacha, sabía cómo esconderse sin dejar rastro. -un suspiro cansado salió de los labios de la señora Granger que continuó:- Tenía miedo, porque Perseus de alguna forma les había encontrado. Ella me pidió que te mantuviese lejos del monstruo que tengo por hijo. Así que… Yo lo hice. Te mandé a un lugar en que nadie pudiera dañarte.

Hermione reprimió algún acido comentario, mordisqueando sus labios y mirando fijamente a su abuela. Abuela. Oh, esto era tan complejo. El silencio fue cálido, tranquilo, dándole espacio a ambas para reflexionar.

—Entonces, ¿Cómo es que terminé aquí?

—Oh cariño, eso es tan fácil. ¿Cuál es el peor enemigo de la magia negra?

—El amor.

—Sí, cariño, el amor. Y el amor se puede demostrar de varias formas: Amistad, amor pasional, necesidad emocional, etc.

— ¿Necesidad emocional?

—Ajá. Yo… no sé si tenga mucho que ver pero un poco antes de que tú llegaras a Hogwarts, Melina falleció.

No.

No.

No.

Eso definitivamente no tenía que ver con su madre.

Hermione sintió que la fuerza comenzaba a abandonarle y con los ojos cargados de horror miró a su abuela.

— ¿En que cambia el futuro mi presencia en esta época?

—En absolutamente nada.

Eso*, si que tenía que ver.*

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Draco cruzó sus brazos y alzó una ceja con suavidad, el despacho estaba inusualmente silencioso, un par de horas antes había pedido una reunión con su madre. Ahora, esperaba respuestas, porque él quería comenzar a entender que sucedía y así poder mover sus piezas, después de todo Tom Riddle no podía jugar ajedrez solo.

Narcissa negó soltando un suspiro de sincera frustración:—No, Draco, ya te dije que no podías hacer eso.

—Solo quiero saber qué rayos sucede con Granger. -espetó él refrenando las ganas de zamarrear a su madre.

—Lo que pase con esa señorita no debe importarte, Draco Lucius Malfoy Black, y espero que esta sea la última vez que lo repita.

—Vale. Como sea.

Narcissa le dio una extrañada mirada a su hijo, él jamás se rendía tan fácilmente ¿o estaba planeando algo? Desesperada tomó sus manos entre las suyas y lo miró fijamente.

—Por Merlín, Draco, esa niña es intocable.

La lenta sonrisa que apareció en el rostro de su hijo no hizo más que terminar por hacerle perder los nervios, histérica le dio una bofetada. Él no se movió, solo le dio una mirada perpleja, ella jamás le había levantado la mano, nunca, por más idiota o equivocado que se encontrara.

—Ella estuvo comprometida con tu abuelo.

— ¿Q-que? -preguntó el rubio horrorizado.

—Merlín, Draco, ella estuvo…

— ¡Escuché la maldita primera vez, mamá! ¿Cómo demonios es que estuvo comprometida…? -los cabos se ataron solos, él apretó sus puños y tembló con pura furia reprimida:- Sin embargo, no se casaron.

—No, no lo hicieron.

Porque ella eligió a Riddle. A Voldemort. Draco se estremeció, arrugando su nariz ante la simple idea de que Hermione escogiera a esa imitación de serpiente. Iugh.

—Entonces, aun tengo oportunidad.

— ¡Santo Merlín, Draco! ¿Es que no entiendes? Granger jamás, jamás te elegiría. Su destino está marcado y ese es estar al lado del Señor Oscuro.

Ya lo veremos, pensó Draco antes de girarse y mirar por la ventana.

Mansión Granger, octubre de 1944

— ¿Cómo que no influye en nada?

—Bueno, perteneces aquí y lo que viviste allá será como… si no hubieses pasado por aquella época. -la mujer se detuvo para ver a Hermione quien estaba pálida y la miraba con los ojos entornados:- Lo siento mucho, cariño, pero al regresar aquí los recuerdos de tu existencia se borraran.

— ¿Todos?

—No, no todos. -murmuró la mujer mayor calmando el estremecimiento de su nieta:- Las personas que realmente, que sinceramente, sentían algo por ti… Estarás en sus recuerdos, amor, pero si no piensan constantemente en ti… Ya no vivirás. No existirás para ellos.

Hermione se enderezó abruptamente y negó, horrorizada. Ella estaba mentalizada para que sus amigos pensaran que estaba muerta porque así estaría siempre estaría en sus corazones, ¿pero que no se acordaran de nada? No. No. Jadeo y negó de nuevo, levantándose y negándose a creer eso.

¡No podía dejar que sus amigos le olvidaran!

—Debe haber alguna forma de regresar.

—Puede que las haya, ¿pero realmente quieres regresar?

Aquella pregunta quemó en la mente de Hermione. ¿No debía tener la respuesta de inmediato? Es decir… hace poco, justo antes de que su abuela le dijera que ella ya no existía en el futuro, habría contestado con los ojos cerrados que sí, pero ahora, ahora… No. Ella no regresaría. No podía regresar. Su corazón latió tan fuerte que temió ser escuchada.

— ¿Cariño? ¿Me responderás?

—No.

Ambas supieron que era la respuesta, Jane suspiró con una sonrisa enorme y palmeó ligeramente la mano de Hermione, con sincero cariño.

—Bien, entonces, voy a aclarar tus dudas. -dijo la mujer, regresando a ese aire pensativo que había tenido desde que la vio:- Tus padres, Jean y Hugo Granger, solo eran una ilusión. Ellos jamás existieron, cariño, solo eran una reproducción de lo que quise que pensaras. ¿Serias tan amable de dejarme sacar un par de tus recuerdos? Quiero que lo veas tu misma.

—Yo… -Hermione dudó, luego negó:- No estoy segura de poder hacerlo.

— ¡Pussy sabe que el amo regresó! ¡El ama Hermione debe estar presentable!

¿Presentable? Hermione se miró y alzó una ceja confusa, frente a ella la señora Granger *-su abuela-*sonrió y movió su varita con fluidos movimientos. De inmediato, se dio cuenta de que estaba modificando su vestuario. Su uniforme desapareció momentáneamente y fue remplazado por un vestido simple de color negro, bastante más ajustado de lo que ella había visto -y sabía- usaban en aquella época. Y encima, apareció una capa verde. Verde Slytherin, bordada con plateado. Su ojo derecho tembló, pensando en lo que diría Ron si la viera vestida así, su estomagó se encogió al recordar que sus amigos ya no comentarían nada.

No estaban.

No la recordaban.

Ella ya no existía.

—Ya estás lista. -susurró su abuela de forma apresurada:- No soy muy buena con las medidas, pero tendremos que esperar que la señora Potter venga y me temo que eso será en un par de días. Supongo que no te molesta el vestido, ¿verdad cariño?

—Claro que no, abuela.

Perseus Granger se detuvo en la puerta, y la miró calculadoramente de pies a cabeza, después de un segundo se encogió de hombros y siguió caminando hacia ellas.

—Buenas tardes, señoras.

—Buenas tardes, Perseus.

— ¿Y tú? -masculló Perseus girándose para ver a Hermione con la nariz arrugada:- ¿No saludas? Veo que tu madre no te enseñó absolutamente nada, eres tan mal educada como ella. ¿Y qué esperas? ¡Salúdame!

Hermione alzó una ceja, y miró al hombre con rencor, antes de estampar una estúpida sonrisa en su rostro a la vez que pestañeaba de forma exagerada. Hizo una reverencia y con voz chillona, una imitación perfecta de una Slytherin parecida a Parkinson saludó al hombre:- Buenas tardes, padre.

Y su abuela rió. Una risa explosiva y realmente divertida. Hermione se sonrojó, pero mantuvo la mirada. Perseus parecía estar furioso, y eso era lo que ella esperaba. Él debía darse cuenta de que no la iba a vencer. No la iban a casar jamás.

—Buenos días, hija -espetó él con desprecio, dándole una sonrisa arrogante miró a la mujer mayor:- Enseña a tu nieta a ser más sutil con el sarcasmo… Por cierto, comienza a prepararte, Hermione, el día viernes será la elección de tu prometido.

— ¿Elección? -preguntó ella consternada, Perseus sonrió de forma triunfadora antes de hacer una pequeña reverencia y marcharse del lugar con el mentón en alto:- ¿Qué elección abuela?

— ¿No lo sabes? -preguntó consternada, para luego poner sus ojos en blanco:- Oh, que estúpida, por supuesto que no lo sabes. Tu padre elegirá al menos a cinco chicos que puedan ser aceptables para ser tu esposo, ellos van a pelear para demostrar quién es el mejor. Eso es todo.

—No voy a aceptar que eso suceda. -dijo Hermione horrorizada:- Es algo arcaico y brutal.

—Lo sé, cariño, pero no podemos hacer nada contra ello…

—No me casaré con alguien a quien no amo.

—Pero con él si estarás a gusto. -susurró la mujer para sí misma, con una sonrisa misteriosa.

— ¿Dijiste algo? -preguntó Hermione curiosa. La mujer mayor negó y señaló el camino al despacho.

Era hora de afrontar la verdad.

Hogwarts, octubre de 1944

Minerva secó las palmas de sus manos en la capa y miró por encima de su hombro más molesta que asustada, tal como lo esperó chocó con unos fríos ojos grises. Apretó sus labios en una firme línea y se apresuró a llegar a su sala común, el único lugar que parecía estar tranquila y lejos de los ojos escrutadores de Abraxas Malfoy. Ese maldito bastardo…

Tanteó su bolsillo en busca de su varita y se sintió mejor al saber que podía protegerse. Las cosas en Hogwarts estaban cada segundo más extrañas, el grupito de Riddle parecía más agresivo más fuerte y él… Tom Riddle tenía marcada esa aura oscura que ahora parecía ser notada por más personas.

Daba miedo.

Escuchó un suave chasquido y su cuerpo se quedó mortalmente quieto, mientras una pitón se acercaba a ella siseando y enseñando sus colmillos de forma peligrosa. Retrocedió, asustada, y casi se cayó por las escaleras.

—Ten más cuidado, McGongall, no serías la primera estudiante en rodar escaleras abajo.

La voz de él produjo escalofríos en su cuerpo, no quería aceptarlo, pero le daba miedo. Tragó en seco y se aferró a su varita.

— ¿Qué es lo que quieres, Riddle?

Él parpadeó lentamente y después sonrió con aquella falsa inocencia que todos compraban.

— ¿Dónde está tu amiga?

—En su casa -respondió ella automáticamente, maldiciendo sin encontrar explicación a la verdad que salía de sus labios como si… ¿La había hechizado? Sus ojos se entornaron y lo miró de forma acusatoria, pero a él no le importó. La serpiente se deslizó por entre sus pies y siseó suavemente, como si intentara relajarle, cosa que lograba definitivamente todo lo contrario.

— ¿Y que fue hacer exactamente, McGongall?

Minerva apretó sus puños y su mandíbula, pero esto no fue suficiente para luchar contra la demanda de contestar.

—Fue a arreglar los preparativos para su boda -siseó entre dientes. Y apenas las palabras salieron de su boca, se escuchó un fuerte chillido de ave, el halcón sobrevoló hasta posarse en el hombro de Abraxas que miraba la escena con frío desinterés, los ojos grises del chico escanearon al plumífero y después con brusquedad quitó la carta de su pico.

Parpadeo, luego alzó su mirada hacia Riddle y después volvió a clavar sus ojos en la carta, silbando por lo bajo. La estiró, y Minerva de reojo pudo ver que constaba de solo cinco palabras: Te casas con una Granger.

Su estomago se anudo, como si le hubiesen dado un puñetazo, ¿Hermione casada con Malfoy? *¡No! ¡Eso era… era…!*Miró al chico, que más que entusiasmado parecía asustado. Su mirada viajo a Riddle y comprendió rápidamente la razón del miedo.

Tragó en seco, pero antes de formular una palabra, sintió que perdía el equilibrio y rodaba escalera abajo, lo último que vio fueron los ojos del bastardo a quien lamentablemente amaba.

[*]

Ahora lo entendía todo, Avery mordió la manzana que mantenía en su mano con lentitud, mirando la carta que estaba sobre su escritorio, sonrió con lentitud. *¿Cómo reaccionaría Riddle?*Es de esperar que no las tomara con él, eso lo fastidiaría todo.

Bueno, no estaba interesado en Granger y era suicida estarlo. Pero apostaba su vida a que los que iban a continuar adelante con eso terminarían rindiéndose. Hermione estaba después de todo destinada a Tom Riddle.

Ah, sí, él lo había comprendido cuando Lord Voldemort la miró como una igual y no como un ser inferior. El único problema hasta el momento era Alphard Black. Oh si ese tipo no iba con cuidado iba a terminar muerto, por interponerse en el camino de Tom.

La puerta de su habitación se abrió de golpe y por ella entró Abraxas respirando de forma entrecortada.

— ¡T-Tom nos llama!

Avery asintió y se levantó de golpe, guardando la carta en su bolsillo, Abraxas miró la acción con interés pero luego se puso más pálido.

— ¡Rápido!

Lord Voldemort lo sabía. Ahora, si todo salía como Avery pensaba lo mejor que podía hacer era comenzar a poner murallas imperceptibles en su mente. O terminaría muerto.

La sala común de Slytherin estaba silenciosa y la temperatura había bajado por lo menor unos catorce grados, cuatro personas estaban arrodilladas frente al señor oscuro quien se movía lentamente de derecha a izquierda.

Su mirada se posó en los recién llegados, y ambos no pudieron evitar estremecerse ante los ojos rojos llenos de furia.

Al mismo tiempo, bajaron su cabeza y se arrodillaron de forma respetuosa.

— ¡Bienvenidos! -espetó con sarcasmo, para después mover su brazo hacia los otros mortifagos:- si quieren, se unen a sus compañeros.

—C-claro mi lord.

—Avery, ¿algo que decirme?

—Sí, mi lord. -dijo Avery con lentitud, con la mirada clavada en el suelo, se detuvo momentáneamente para después aclarar su garganta y agregar:- Y he descubierto algo, mi señor. La chica Granger, ha estado buscando en la biblioteca un par de libros sobre teorías de…

—Silencio. Me lo dirás a solas. -espetó Riddle frunciendo oscuramente su ceño. Avery reprimió una sonrisa por puro instinto de supervivencia y luego, él continuó hablando:-Extiendan sus brazos izquierdos.

Nadie se negó a la brusca petición. Lo siguiente que se pudo oír en la habitación fueron agudos gritos de dolor.

Y así, la marca oscura fue grabada en los brazos de los primeros seguidores del gran Lord Voldemort.

Febrero de 1998, Mansión Malfoy Manor

Draco miró la estúpida serpiente con molestia, más no se atrevió a decir algo, apoyado en la muralla observo la habitación frente a él.

Hermione continuaba dormida.

Y él aun no obtenía respuestas.

Un leve carraspeo le llamó la atención, giró su cabeza hacia el sonido y su ceja se alzó con molestia. Solo era un estúpido cuadro. La persona volvió a carraspear y Draco molesto alzó su varita, la mujer del cuadro alzó sus manos, asustada.

— ¡Solo quería decirte que el señor Abraxas desea verte! -chilló ella con una voz aguda. Draco no pudo evitar compararla con Pansy, luego puso sus ojos en blanco y se acercó.

— ¿Dónde está?

—Tercer piso, cuarto pasillo, primera habitación.

Él se marchó con largas zancadas sin agradecer, ni darse cuenta de la serpiente que le seguía. Ignorando las personas que le rodeaban, Draco se escabulló por los oscuros pasillos, subiendo los escalones de dos en dos.

— ¿Abuelo?

—Draco Malfoy. Que grande estás, nieto.

Él puso sus ojos en blanco y metió sus manos en sus bolsillos, con fría indiferencia miró el cuadro de su abuelo quien lo observaba curioso. Eran iguales. Sus ojos y el cabello era lo único que les hacia diferenciar a uno de otro.

—He escuchado un par de conversaciones…

—No tengo tiempo para rumores estúpidos. -dijo Draco fastidiado y decidiendo que debía regresar a ver a Hermione antes de que Voldemort regresara.

—Sé cómo puedes llegar a Hermione Granger, Draco.

Los interesados ojos grises del rubio chocaron con los azules de su antepasado y una sonrisa se apoderó de sus labios, ladeó su cabeza con interés y luego asintió.

—Dime que tengo que hacer.

— ¿Qué estás dispuesto a hacer por Granger, Draco?

—Todo. -susurró Draco con sus ojos oscurecidos, clavados en los de Abraxas quien asintió satisfecho.

—Entonces, ¿estarías dispuesto cambiar mi lugar por el tuyo?

Draco parpadeó lentamente y luego enderezó su espalda, las palabras de su madre se clavaron en su mente como una canción pegajosa, y una lenta y satisfecha sonrisa se posó en sus labios.

Ella estuvo comprometida con tu abuelo.

Era la oportunidad que él esperaba. Podría cambiar las cosas. Podría estar con ella. Su corazón dio un salto, expectante, y luego se acercó a Abraxas.

— ¿Qué tengo que hacer?

[*]

Nagini se deslizó hacia Tom, siseando y moviendo su cola con brusquedad. Él la observó con tranquilidad, paciente.

—Draco y Abraxas Malfoy están planeando algo.

— ¿Algo? ¿Qué, Nagini?

—No pude escuchar, Draco silenció la habitación, pero…

— ¿Pero?

—Draco estuvo más de tres horas observando a Hermione, si antes tenía sospechas ahora se han confirmado, él está enamorado del ama.

Lord Voldemort parpadeó con lentitud y luego apoyó su mano en la ventana que crujió, sus ojos se volvieron rápidamente rojos y entonces, todo comenzó a temblar.

La puerta se abrió y Luna les miró con curiosidad.

—Qué bueno que has llegado, Lovegood, tu misión se adelantará.

— ¿uh?

Ella de pronto se vio envuelta en una esfera gris, sus ojos azules se posaron con suavidad en él y asintió.

— ¿Qué debo hacer?

—Hace que entre en razón.

Ella sonrió, y supo que no se refería exactamente a Hermione, asintió y supo que las cosas pronto iban acabar.

Lo malo, es que la Revenclaw, estaba equivocada.

Las cosas no estaban más que comenzando.

Su grito fue ahogado por la actividad de la noche.

Mansión Granger, octubre de 1944

Hermione miró la escena con incredulidad, ella lo recordaba a la perfección, la clínica dental de sus padres siempre acogedora estaba impregnada por el olor estéril que a ella silenciosamente le molestaba, su madre atendiendo a un cliente y su padre en el despacho, y la pequeña Hermione leyendo.

La realidad estaba lejos de ser así. El lugar era una habitación decorada por colores oscuros y lúgubres, en un rincón su abuela observaba por la ventana mientras Hermione leía un libro de… pociones.

Su corazón se agitó y la mano que sostenía la suya le dio un pequeño apretón.

—Tranquila, si no quieres ver más…

— ¿Realmente todo fue una ilusión?

—Lamentablemente, si. Yo te crié, creo -dijo la mujer mirando su yo mayor con el ceño levemente fruncido:- Como dije, tuve que arreglar tus recuerdos para que pensaras que te criaron padres muggles o corrías mucho peligro.

Hermione vio como el recuerdo cambiaba a otro con rapidez, hasta cuando Minerva McGonagall llegaba a su casa.

— ¡Mira! Es tu amiga.

La atención de Hermione se poso en la escena, sus manos temblaron, el sudor comenzó a formarse en su frente y una fuerte punzada se hizo presente en su sien derecha, pero no pudo quitar sus ojos de eso.

— ¿Eres realmente tú, Hermione?

La niña alzó la mirada por un segundo, sus ojos inocentes se iluminaron un par de segundos para luego volver a posarse en el libro.

—Oh por dios, es ella.

—Me temo que mi nieta no sabe de lo que hablas, ella no te conocerá hasta al parecer mucho tiempo adelante.

— ¿c-como…?

—Eso, tampoco se lo puedo explicar, Profesora McGongall. ¿Desea té o café?

—Whiskey de fuego, por favor.

—Por supuesto. ¿Hermione ha sido aceptada en Hogwarts?

—S-si.

—Oh, qué bueno. ¿Es usted la jefa de casa de Gryffindor?

—S-si.

—Muy bien -dijo la señora Granger satisfecha, alisando su vestido y llamando a Pussy:- Trae whiskey para Minerva y café para mí. Hermione, amor, ella será tu profesora. ¿Iras a Gryffindor, recuerdas?

—Sí, abuela, aunque me gusta más Slytherin.

—Lo sé, cariño, ¿pero recuerdas lo que te dije?

—Lo hago. -dijo ella asintiendo rápidamente, para después volver a leer:- Gryffindor no está mal.

Hermione gritó adolorida y ambas fueron expulsadas del recuerdo. ¡Eso jamás había sucedido! Ella… recordaba… Sus padres estaban ahí, la tasa de mamá se había caído al piso, papá había estado asombrado y ella… ella…

La castaña cayó al piso de rodillas, sollozando, con su rostro hundido entre sus manos. Escuchó un suspiro, antes de sentir la mano de su abuela sobre su hombro.

— ¿Necesitas estar a solas?

—P-por f-favor.

Ella se marchó en silencio, dejando a Hermione sumida en sus oscuros pensamientos.

Por fin, lo comprendía todo. Y nada de eso le gustaba.

Hogwarts, octubre de 1944

Tom asintió, indiferente, con sus ojos fijos en el brazo izquierdo de Avery.

— ¿Duele?

—Sí, pero es soportable.

—Eso espero, no quiero que alguien sepa que tienen esa marca o podríamos estar en líos.

—Me encargaré de eso, mi señor. -dijo Avery asintiendo, entonces, comprendió que era hora de cambiar el tema:- Los libros mantienen teorías de viaje en el tiempo.

— ¿Ah, sí?

—Eran alrededor de ocho, y los sacó de la sección prohibida. -Avery se detuvo e inspirando profundamente, se obligó a decirle a Tom:- Y mis padres me han enviado una carta en donde anuncian mi futuro compromiso con Granger.

—Ya veo -dijo Tom de forma pensativa, para luego alzar sus cejas y sonreír de forma macabra:- ¿Supiste el trágico accidente de McGongall?

—Sí. ¿Está bien?

—Por supuesto, ya que solo fue un pequeño aviso. -dijo Tom con su habitual indiferencia, para luego ladear su cabeza y mirarle con una perezosa sonrisa:- Espero que ni tu ni Abraxas sufra algo así, la pobre de Granger no soportaría eso, ¿verdad?

—Claro, Mi Lord. -dijo Avery viendo como Tom se marchaba silenciosamente. Eso era, él estaba advirtiéndoles, si hacían una estupidez como interesarse en el trato con los Granger's iban a terminar muertos. Miró a Abraxas que parecía inquieto.

Probablemente, ansioso.

Idiota, pensó Avery hundiéndose en el sillón afirmando con fuerza su brazo izquierdo*, si Abraxas seguía así iba a ser la perdición de los Malfoy´s.*

[*]

Minerva despertó aturdida, sin recordar muy bien lo que había sucedido, pero luego, todo cayó de golpe sobre ella. El miedo atenazó su estomago, y entonces se apresuró en mirar alrededor. Estaba en la enfermería.

La señorita Pomfrey corrió hasta llegar a su lado.

— ¡Qué bueno que ha despertado, señorita McGongall! ¿Se siente mejor?

—S-si.

—El señor Malfoy dijo que estaba usted muy mareada y que tropezó en la escalera. Gracias a Merlín estaba cerca, o nadie hubiese ayudado.

La molestia y el asco hizo un nudo en su estomago, sus ceño se frunció y luego se acomodó para quedarse un poco más sentada.

— ¿Podría escribir una nota?

—Por supuesto, aquí hay papel y pluma.

—Gracias.

Hermione, las cosas en Hogwarts están mal. ¿Recuerdas mis sospechas respecto a Riddle? Bien, se han confirmados, él me empujó por las escaleras… ¡No te preocupes! Estoy bien. Cuando regreses, espero que podamos conversar más.

P.D: Espero noticias sobre tu futuro no-esposo.

Besos y suerte,

Minerva.

Ella se la entregó a Madam Pomfrey y le regó que la enviase de inmediato, mientras ella salía de la habitación, Abraxas Malfoy entraba. Una ola de terror la recorrió por completo mientras él se acercaba, tanteó en búsqueda de su varita, pero no la encontró.

—Qué bueno que estés bien, me preocupe cuando caíste.

—Bastardo mentiroso -masculló ella furiosa, él ladeó su cabeza y luego se encogió de hombros apuntándola con su varita.

—Creí que no sería necesario, pero bah. Obvliate.

Cuando Minerva abrió sus ojos, estaba ligeramente desorientada y su cabeza se sentía abombada, lamió sus secos labios y por fin enfocó su vista en el lugar en el que se encontraba. ¿Qué había sucedido? Tardó un momento en darse cuenta que no estaba sola. Su espalda se tensó a la vez que enviaba una mirada asesina a Malfoy.

— ¿Qué haces tú aquí?

—Bueno, prácticamente salve tu vida, ¿y así me pagas? Que injusticia más grande, McGongall.

— ¿Salvar mi vida? ¡Tú no salvarías a nadie que no fueras tú! -acusó ella de forma despectiva, negándose a mirarlo a los ojos:- ¿Qué pasó exactamente?

— ¿No recuerdas nada, McGonagall? -él chasqueó su lengua y negó, como si estuviese decepcionado, para después pasar una de sus manos por su estúpido cabello:- Tropezaste, seguramente por los estúpidos libros que cargabas, y caíste como diez escalones. Tu tobillo se dobló y golpeaste tu cabeza. Agradece que te trajera hasta aquí o estarías aun desangrándote.

Ella parpadeó incomoda, y luego, asintió. Soltó un fugaz "gracias" y luego tocó su cabeza con cuidado. Abraxas apretó sus labios y luego se levantó de forma aireada.

—Me debes un favor.

Entonces, Minerva rió y apuntó su cabello, Abraxas soltó un gritó de furia. Los largos mechones cayeron al suelo con un sordo sonido.

— ¡¿Qué coño has hecho?

—Devolverte el favor, Abraxas. Arreglé ese desastre que tenias en la cabeza.

Él gruñó, furioso, y se abalanzó sobre ella.

Por milésima vez, Malfoy y McGongall terminaron la pelea con un enfurecido y desesperado beso.

Mansión Granger, octubre de 1944

Hermione tocó su reflejo y sin poder quitar aquella entumecida sensación de su pecho, ella no pertenecía realmente a ningún lugar. Vivió los primeros años de su vida en el tiempo actual, y luego, toda su crianza estuvo en el futuro al cual, seguramente, no podría regresar.

Lo cual la dejaba abandonada y sola.

Las lágrimas caían de forma silenciosa por su rostro y casi cedió al pensamiento de clavarse su varita en la sien y murmurar la peor de las maldiciones imperdonables. ¿Pero de que servía aquello? Solo de escapar como una cobarde. Y ella no era cobarde.

Retrocedió, cerrando la puerta tras ella, y sin mirar la lujosa habitación se dejo caer en la gran cama. Sus ojos se cerraron y por inercia se acurruco hacia el calor que había estado compartiendo las noches anteriores… pero luego recordó que estaba sola. Y que el bastardo con el que se quería acurrucar era uno de los peores megalómanos que podían existir en el mundo mágico.

Se congeló y soltó una risa que sonó más a un sollozo.

Estaba perdida.

Su cabeza por fin había perdido la razón. Se había vuelto loca.

Porque incluso una maldición de mano de aquel bastardo arrogante y loco, le hubiese servido para sentirse viva.

Deslizó la mano por las suaves sabanas y cerró sus ojos, cayendo en un inquieto y oscuro sueño.

Hermione Granger aun no sabía si eran las pesadillas por las noches, o en los días que actualmente vivía.

[*]

— ¿Quieres té, cariño?

—No, abuela, gracias -dijo Hermione con una tensa sonrisa, la mujer le ignoró sirviendo ella misma una taza de té en la fina porcelana. Después trozó un pedazo de pastel y lo deslizó hacia ella, con sus ojos pendiente de sus acciones.

—La lista es pequeña, cariño, y conoces a la mayoría de los chicos. -expresó la mujer, al ver la mirada de su nieta suspiró y estiro su mano hasta posarla sobre la de Hermione:- Los candidatos para ser tu esposo, de eso hablo.

— ¿Pequeña?

—Solo seis candidatos, cariño…

— ¿Seis? ¿Y eso es poco?

—La mayoría de veces los candidatos son más de diez. Tu padre fue bastante riguroso con la elección. -la mujer se detuvo para acomodarse sobre el asiento y beber un poco de su té, Hermione imitó la acción para no mover sus manos y demostrar lo nerviosa que se encontraba:- *Black.*Malfoy. Rosier. Nott. Dolohov. Avery.

La tasa que Hermione tenía en su mano se deslizó hacia el suelo, rompiéndose con un fuerte sonido que resonó en el lugar. Mortifagos. Todos ellos eran mortifagos. Su cabeza giró en círculos, y la oscuridad la abrumó, entonces, la mano de su abuela se aferró a la suya.

—Bien, Hermione, respira, cariño. Eso es. Inhala. Exhala. Esto no es tan grave. Vamos a arreglar las cosas… no tienes que casarte. No es necesario.

Y sin embargo, Hermione sabía que las palabras de su abuela eran una mentira para calmarle. Uno de esos locos hombres sería su esposo.

Ella estaba jodida.

[*]

Perseus alzó la ceja al leer la carta, Minerva McGongall. ¿Una mestiza? Arrugó su nariz y lanzó la carta al fuego. Él no permitiría que su hija tuviese una amiga que compartiera sangre muggle. Era asqueroso.

Hermione tenía que ser perfecta. Y para eso, comenzaría por enseñarle su lugar, estaba harto de que fuese tan contestadora como su madre.

Melina…

*Maldita mujer. Había arruinado su vida.*El vaso que Perseus tenía en su mano explotó por la furia que sentía. *Ella, era la culpable de que los Granger no continuasen adelante.*Por suerte, había exigido a los padres de los candidatos que el apellido que tomasen fuese el suyo. Granger primero. El ministerio iba a tener que aceptarlo. O iban a recibir un buen golpe.

No les convenía tener a Los Granger contra ellos.

Aunque solo quedase Perseus.

Inspiró profundamente y sonrió. Hermione era la salvadora. Ella sería la que se encargaría de seguir el linaje Granger.

Pussy miró la carta quemada y desapareció de forma insonora, era tiempo de que la locura de su amo se acabase.

La señorita Hermione merecía algo más que un compromiso forzoso.

Merecía algo más que la soñadora Melina.

Y él le ayudaría.

La decisión del pequeño elfo, traería sin dudas un montón más de problemas… Pero con esa firme convicción cambiaria a favor de la castaña las cosas.

Por fin las cosas cambiarían.

Redoble de tambores

¡¿Les ha gustado?

Grillos Grillos Grillos

Bien, si...

Lo siento :C

No merezco review... pero si me lo das, alegrarías mi vida.

¿Un beso de Tom por un review?

Escritora aplastada por las fans, que ruegan su recompensa

Bye bye.