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Errores del pasado — capítulo 4

Summary: La guerra y el dolor, sumándole claro un pedazo de alma de un mago tan oscuro como el infierno, pasan sin dudas la cuenta. ¿Por eso Hermione tiene aquellos extraños sueños con el archi enemigo de Harry, no? Hay secretos que son mejor no saber, y hay cosas que es mejor no presenciar Ver crearse un monstruo, es lo peor que alguien podría pasar. ¿Pero no es mas difícil, intentar controlar aquello? deberías probar...

¡Vamos! Solo debes... Evitar los errores del pasado.

De tu pasado, de su pasado... de aquello que los une.

*Dedicación:*Dedicado a todas aquellas preciosas personitas que se dieron el tiempo de comentar… y 

Disclaimer:¡TODITO ES DE LA FANTASTICA JK ROWLING!

[*] Cambio de escena ^^

Capitulo 4:

Hogwarts, septiembre 1943

Había pasado una semana, en la cual ella no habló con nadie que no fuera Minerva McGongall, quien ahora era su compañera de habitación. Lo cual hacia que la situación fuese aun mas surrealista de lo que ya era, después de todo estaba siendo amiga de su antigua jefa de casa, dios, era amiga de su mentora.

Varias veces al día, pensaba en ir a decirle toda la verdad a Dumbledore o incluso pedirle ayuda para matar a Riddle, pero había algo que se lo impedía. Gran parte por que quería descubrir por que razón aquel que no debe ser nombrado la envío en ese extraño viaje en el tiempo, y por que Dumbledore jamás le dijo nada sobre... sobre su pureza de sangre.

¡Solo Merlín sabia cuanto sufrió por los despectivos comentarios de los demás! Cuanto dolió escuchar las palabras de Malfoy, Zabini y todos los de su grupito.

Pero lo que más le preocupaba era él…

Tom Riddle.

Después de ese fatídico encuentro, ni uno de los dos volvieron a hablar, pero ella sabía que él la observaba de vez en cuando y a veces doblando por los pasillos se daba cuenta de que la seguían.

Y si, Hermione tenía miedo, miedo de que las cosas se salieran de control. De que se implique demasiado, sin siquiera saber que demonios tenia en mente Lord Voldemort.

Le aterraba la manera en que temblaba cuando en clases Tom respondía con aquella voz profunda que tenia tan veloz que ella apenas podía competir con él, la forma en que su corazón se agitaba cuando él estaba cerca.

Por que ella, mejor que nadie, sabía que eso no era producto del miedo...

Tal vez el embrujo de Riddle, el que tenía toda la gente loca por él, también la estaba afectando…

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La estaba observando, otra vez.

¿Como podía haber una mujer tan testaruda?

Tom frunció el ceño y caminó más rápido, maldijo en voz baja a Dipett por enviarlo hacer esto. Se planto frente a ella, pero estaba tan absorta en sus pensamientos que ni siquiera lo noto, él se tentó a leer sus pensamientos pero después recordó que no podía lo que logro enfurecerlo aun más.

—Granger, el director Dipett te espera en su despacho -dijo de manera cortante, ella se sobresalto. Y un leve sonrojo se instaló en sus mejillas. Tom pensó que era adorable, pero después desecho esa idea. ¿Por qué encontraria a alguien "adorable? ¡La chica era patetica, solo eso!

—Gracias Riddle, pero puedo ir sola -dijo levantándose de un salto, Tom no pudo evitar dar una corta mirada a sus piernas, a sus torneadas, firmes y tersas piernas. Bufando ante su desliz, la siguió.

—De hecho, Granger, pensé que ni siquiera conoces su despacho -dijo él rápidamente con voz sedosa. Ella se quedo en la mitad del pasillo antes de continuar más rápido.

—Pues, claro que lo se, Riddle.

—Oh, de todas formas te llevo, Granger -dijo tomando su brazo. Ambos se quedaron en silencio el resto del camino.

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Ella se había dado cuenta de lo amable y bondadoso que era con los demás. La forma en que los eclipsaba con sus sonrisas y sus palabras alentadoras, prometiendo cosas inalcanzables que en su boca parecían tan fáciles... Todos admiraban a Tom de una u otra forma, aunque había pocos que se daban cuenta de lo peligroso que era en verdad, uno de ellos era Minerva McGonagall.

Su compañera de cuarto le había dicho un par de veces que aquel Slytherin era la mismísima reencarnación del diablo. Y Hermione no pudo más que estar de acuerdo.

—Hermione... ¿me estas escuchando? -Preguntó el director, la chica se tensó y dio una rápida negación, sonrojándose profundamente.- Merlín, no me digas que comienzas a sentirte mal...

—No, no. No se preocupe, no me siento mal, es solo que pensaba… Perdón, ¿podría repetir lo que dijo? -rogó ella avergonzadísima. El director asintió.

—Lo que pasa es que los prefectos están organizando un baile, el problema es que el señor Potter tuvo que ir a su casa por asuntos personales. Y si no es mucha la molestia, me encantaría que ayudara a la señorita McGonagall con las tareas designadas.

—Oh, por supuesto. -dijo Hermione algo aturdida. Él asintió contento, juntando sus manos con una gran sonrisa.-

— ¡Muy bien! Ahora, Tom, aquí presente, te llevara a la sala de premios anuales.

— ¿Perdón? Y-yo no entiendo...

—El señor Potter es premio anual, y como usted tomara todas las responsabilidades de él... -el director Dipett se encogió de hombros. Hermione negó.

—No, no. Espere... ¡No puedo! Quiero decir, merlín, Minerva esta antes que yo... De seguro ella...

—Esta decidido, señorita Granger, ahora Tom, llévala a la sala.

Y Hermione supo que estaba condenada cuando Tom se levanto y estiro su mano con elegancia.

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Enero de 1998, Mansión Malfoy Manor

—Mi lord, todo esta como lo ordeno. Potter no esta comiendo ni bebiendo nada. Weasley, aun esta inconciente. -dijo Rodolphus Lestrange arrodillado frente a un aburrido Lord Voldemort.

—Oh. ¿Y Malfoy?

—Esta en la misión que ordenó, mi lord. Volverá en unas semanas...

— ¿Que hay de Hermione? -Masculló Nagini sonando enfadada- Amo, ya la extraño, se esta demorando más de la cuenta...

— ¡Cállate! -Espetó enojado Voldemort después suavizo su expresión y clavo la vista en la ventana- esta vez no me equivocare, Nagini, esta vez no la perderemos.

— ¡Así se habla, amo! Hermione, digo, el ama Hermione podrá hacerlo esta vez... si que lo hará.

—Ejem, ejem. Mi lord, respecto a la señorita a la cual busca, no hay avances, nadie parece conocerla. Incluso a los nuevos prisioneros les preguntamos, pero la única que dio señales de "reconocimiento" fue la niñita esta... Lovegood.

—Tráela. Ahora, Nagini, creo que tenemos una oportunidad de hacer más rápidas las cosas.

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Hogwarts, septiembre 1944

—Te. Dije. Que. Me. Sueltes -gruñó Hermione intentando nulamente zafarse del agarre de Tom. Él sonrío despectivamente y apretó aun más su brazo, haciendo que la chica apretara la mandíbula para no dejar escapar el gemido de dolor.

—Tks, Tks, Granger te dije que te quedaras callada y que caminaras rápido. ¿Que culpa tengo yo de que me desobedezcas? -dijo entre dientes. Hermione se detuvo y él la miro con furia.

— ¿Que maldita culpa tengo de que te creas un puto dios? -Ella se zafó de su agarre y frunció el ceño.- Riddle, puedo, perfectamente llegar yo sola a la sala de premiso anuales, ahora, con permiso.

—No te muevas -dijo autoritariamente. Hermione se tenso y se giró con tranquilidad, dispuesta a irse. Al segundo después estaba contra la pared, jadeando asombrada, Tom estaba cargado en ella y la apretaba con fuerza. Él no pudo morderse la legua cuando Hermione se movió, maldita sea, ¿no era consiente de la jodida erección que le estaba causando? - Te dije que no te movieras, primita. Ahora, ¿me harás caso o no?

Ella asintió con lágrimas en los ojos, su cara apretada contra la pared y su cuerpo indefenso ante Tom Riddle.

¿Que diablos hacia ella empujando a Voldemort a extremos de paciencia que bien sabia que él no poseía?

Suspiró asombrada y aterrada al sentir que Riddle la tomaba de la cintura y la guiaba a la torre de premios anuales. Al menos él no le hizo nada… ¡La podría haber matado!

O incluso peor, pensó, al recordar cuando sintió la erección de él. Y también estaba segura de que volvió a intentar introducirse a su mente.

Si, definitivamente él no confiaba en Hermione.

Quiso decirle que podía caminar sola, pero prefirió el silencio y una pequeña parte de su conciencia le dijo que no quería perder el calor que desprendía la mano que ahora tenia apoyada en su cadera, y eso no era bueno. Al contrario, era malísimo.

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Él frunció aun más el ceño.

¡Había quedado en comenzar a agradarle a Granger para saber que escondía!

Pero, maldita sea, la muy terca le quitaba la paciencia con un simple comentario. Sobo sus sienes recordando la mezcla de sentimientos que pasaron por la expresiva cara de la castaña. ¿Que maldita culpa tengo de que te creas un puto dios?

Sus palabras parecían estar grabadas en la mente del premio anual. Y todas sus preguntas volvían al principio, ¿quien era y que escondía aquella misteriosa castaña?

Por que demonios, él estaba seguro que ninguna mujer de aquella época era capaz de maldecir de esa forma.

—Hermione... Ey, espérame -dijo entretenida esa Gryffindor que le caía tan mal.

¡Es que él no entendía porque se llevaban tan bien si eran tan malditamente distintas! Hermione, aunque Tom no quisiera aceptarlo, era de una manera muy exótica y su llamativa forma de ser era como un imán para los hombres… La jodida chica era como un puto foco que irradiaba energía, y además su inteligencia opacaba a todas las chicas. Mientras McGonagall era... tan... ¿normal? ¿Corriente?

¿Entonces por que parecían llevarse de las mil maravillas ese parcito?

—Granger -masculló entre dientes con el ceño fruncido, Hermione dio un salto y él se dio cuenta aunque lo intentara esconder ella le tenia miedo. Tom siempre disfrutaba del miedo de los demás hacia él, del respeto con el cual lo miraban, pero por alguna razón el hecho de que Hermione lo mirara de esa forma, no le producía gracia. Se giró con lentitud a verlo, sin mostrar emoción alguna.- ¿Podrías acompañarme? Quiero que comencemos a pensar en ideas para el baile.

—Oh, claro. Es solo que... ¡Min! Ven conmigo, ayúdanos con esto del baile.

—No -masculló Tom sobresaltándola otra vez. Ella tomo aire y antes de que pudiese reclamar, él agrego:- No se si entiendes, Granger, pero solo te llame a ti… Como premio anual-

—Oh claro... yo... perdón, Min. Debo ir -dijo la castaña mirando a Minerva, la prefecta suspiró y asintió con desgano antes de mirar a Riddle con desconfianza, él le dio una suave y encantadora sonrisa que no logro tener el mismo efecto que con la otra gente del castillo.

—Cuídate, Hermione.

Y tras esta frase se marchó, McGonagall. Tom espero que desapareciera de su vista para observar el extraño comportamiento de Granger... Ella parecía un ratoncito perdido, y a él de todas sus facetas esta fue la que más le disgusto. Dio un paso y ella levanto la mirada confundida, Tom se inclinó y al darse cuenta de la cercanía su corazón se acelero, algo que con certeza no entendió. Jamás reaccionaba así con una chica, de hecho, con nadie. Nunca, nadie lo hacía sentir como esta estúpida castaña (que de estúpida no tenía nada) y eso lo descolocaba.

— ¿Vamos? -dijo con su típica voz sedosa.

—V-vamos.**-**respondió ella en un agudo chillido que logro hacerlo sonreír divertido.

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Hermione sabia que la estaba observando, como siempre. No podía tener un minuto de soledad ni siquiera en su habitación por que él siempre estaba ahí cuando sus ojos se cerraban y sus sueños estaban repletos de él.

Solo él.

Lo peor es que la pobre castaña no había encontrado ni una sola pista del por que estaba aquí, y Dumbledore cada vez que la veía sus ojos se llenaban de dudas, si hasta ella misma comenzaba a dudar de todo esto. Después de todo, no te enteras que eres sangre pura de un día para otro, y ahora su mundo parecía colocarse patas arriba solo por… Tom Riddle.

— ¿Por qué intentaste la otra vez leer mi mente? -dijo con brusquedad Hermione, deteniendo su paso y por ende el de él. Riddle frunció ligeramente el ceño antes de darle una de esas típicas sonrisas falsas que siempre le daba a todo el mundo, pero ambos sabían que la castaña no se las tragaba.

—Curiosidad. Solo sentía curiosidad, Hermione. ¿Por qué preguntas? -dijo en voz baja, letal, que envío descargas de electricidad por el cuerpo de Hermione que instintivamente retrocedió un paso. Mierda, ella no quería demostrarle el terror que sentía por él.

—Curiosidad -respondió Hermione aclarando su garganta y logrando un tono de indiferencia que por suerte sonó de lo más real.- Después de todo nadie parece saber mucho de ti, Riddle.

—Tampoco de ti, Granger. Nadie sabe por que estas aquí ¿no es cierto?

—Si, nadie sabe por que estoy aquí -murmuró para si misma Hermione cerrando por un instante sus ojos, y pensando irónicamente que ni siquiera ella tenia idea de saber por que razón se encontraba aquí.

—Apresúrate, no me gusta hablar en los pasillos es vulgar, tú mejor que nadie debería saberlo ¿verdad?

—C-claro -susurró dudosa, antes de dejar que él la guiara una vez más a la sala de premios anuales. Antes de llegar Hermione se detuvo otra vez con una respiración entrecortada, él frunció el ceño y la miro con ojo crítico. Su corazón volvió a latir rápido, ah, si, estaba ansioso… Su plan estaba funcionando perfectamente.

— ¿Te encuentras bien? -dijo él con su voz preocupada. Hermione apoyo una mano en el muro inhalando profundamente

—No yo…

Hermione se tambaleo peligrosamente y habría caído al suelo de no ser por el ágil movimiento de Tom que la salvo de chocar contra el piso.

Sus ojos se abrieron con pánico antes de caer inconciente sobre los brazos de Tom Riddle. Él sonrío, pasando una mano por el cabello de la castaña. Con un suspiro largo, dijo la contraseña de su sala común y entró con Hermione en sus brazos.

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Pasó su mano derecha por su rostro, delineando sus labios. Una absurda idea apareció en su mente, ¿Qué se sentiría besarla?, pero enseguida la dejo pasar, él no era un debilucho que se dejaba llevar por las emociones y mucho menos por las hormonas. Bien era hora de actuar. Miró la hora, ella debía estar despertando en unos segundos.

— ¿Hermione?

—Mmm… ¿Harry, eres tú? -los ojos adormilados de Hermione se clavaron en los suyos, pero sabia que ella no lo miraba realmente, aún así le molesto el hecho de que no lo reconociera. Y por alguna aun mas extraña razón, ese chico "Harry" hizo que se enojara.

—Si, soy yo.

— ¿Dónde estamos? ¿Hogwarts? ¡Harry, te dije que no debíamos venir a Hogwarts! ¿Y Ronald, donde diablos se metió? -ella se sentó rápidamente sobre el sillón sobando sus sienes, mirándolo con sus ojos muy abiertos.

—Hermione, tranquilízate ¿si?

— ¡Como quieres que me tranquilice, estamos en guerra! Y nos siguen…

—Hermione, silencio o alguien podría oírnos… relájate porque voy a leer tu mente

— ¿Qué? ¿Por qué diablos haces este tipo de broma? Sabes que no hay tiempo para esto debes destruir los horro… -de golpe se quedo callada; parpadeo mirando sus ojos como si acabase de darse cuenta de algo importante.- T-tus ojos. Tus ojos están negros.

Mierda. Mierda. Debió haber pensado en que ella se daría cuenta, frunció su ceño antes de suspirar cansinamente, Hermione se levanto boqueando y buscando disimuladamente su varita. Tom sonrió de lado y metió su mano al bolsillo.

— ¿Buscas esto, verdad Hermione?

— ¡Devuélvela!

—Ven por ella -dijo él encogiéndose de hombros, Hermione se abalanzo contra Tom y ágilmente el la sujeto contra su cuerpo mientras ella pataleaba e intentaba tomar la varita de su mano. Sin poder evitarlo, inhalo de su perfume, no era como el de las otras chicas de Hogwarts, era mas bien suave y casi imperceptible, pero exquisito. Cerro los ojos y apretó su mandíbula, ordenándose a si mismo no gemir ante los movimientos de Hermione contra su cuerpo. ¿Por qué razón lo colocaba de aquella forma? - Quédate quieta, Granger.

Ella en vez de seguir su orden continúo peleando murmurando que él no era Harry, y no se que cosa estúpida, Tom la empujó con suavidad contra el sillón y Hermione cayó soltando un gritito de susto, rápidamente se coloco sobre ella.

— ¡Suéltame! -Siseó ella en parsel, arqueando su cuerpo para intentar salir de su improvisada prisión, pero lo único que logro fue que su sexo rozara la erección de Tom.- ¡¿Qué, mierda haces? ¡Suel-!

Antes de que Hermione pudiese terminar de reclamar, él la callo con un fogoso beso.

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—Ama, Pussy ha vuelto…

— ¿Cómo te ha ido en Hogwarts, elfo?

—Bien, ama. Pussy ha encontrado a la niña que buscaba el ama… Y ella realmente lleva la misma sangre que el ama corriendo por sus venas, Pussy lo sintió, Pussy lo vio

— ¿Con que no es una impostora, eh? Eso es interesante… una heredera. ¿Cuál es su nombre, elfo?

—Pussy escucho que la niña se llama Hermione, ama.

—Her-Mio-ne. Lindo nombre… prepara equipaje para dos días, Pussy, iremos a Hogwarts a visitar a mi viejo amigo Dipett.

—Si, ama, Pussy hará lo que ama Granger ordene.

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Enero de 1998, Mansión Malfoy Manor

— ¿Eres Luna Lovegood?

—Si, lo soy.

—Ah, y tú, Lovegood, dices saber quien es Hermione Granger.

—Lo se.

— ¿Quién es?

— ¿Para que pregunta algo que ya sabe?

—Me cae bien, amo. -siseo Nagini arrastrándose hacia Luna quien la miro con sus grandes ojos azules, sin temor aparente.

—De todas formas, contéstame Lovegood.

—Hermione Granger es mi mejor amiga, ella es inteligente, valiente y razonable, no se deja pasar a llevar por nadie… es Gryffindor, tiene 19 y usted la ama.