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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 11

Sirius fue a su habitación. Dumbledore se había ido para discutir con el Ministro la situación de Harry. Sirius se quedó solo mientras Madame Pomfrey se quedaba en la misma habitación que Harry, en caso de que despertara. Sirius estaba por entrar en pánico. ¿Cómo demonios le iba a decir a James sobre Harry? ¿Por qué tenía que ser Sirius quién le dijera a James? Sirius había estado ahí cuando Peter se había llevado a Harry.

Recordaba a James recuperándose en el hospital y como James había luchado contra la depresión ante la pérdida de Harry. Sirius dudaba que James hubiese logrado reponerse a la pérdida de Harry ya que era evidente que James le demostraba todo el amor, que habría sido para Harry, en Damien.

Sirius suspiró de nuevo, ¿qué pensaría Damien de todo eso? Ni siquiera sabía que había tenido un hermano que había sido supuestamente asesinado a la edad de quince meses. ¡Y ni que decir de Lily! Apenas una semana antes se había encerrado en su habitación por un día entero, ya que ese día era el cumpleaños número dieciséis de Harry. Damien y James habían estado fuera todo el día ya que Damien había sospechado al no ver a su madre por la casa. Lily había pasado todo ese día mirando las fotografías de Harry e imaginando como habría sido su vida si aún tuviera a su hijo de dieciséis años.

Sirius suspiró y pasó su mano rudamente por su cabello. Era cruel mostrarle a Lily y James a su hijo y después abruptamente quitárselos de vuelta. Sirius no sabía que tan seguro estaba Harry con ellos. Fudge podría venir en cualquier momento y llevárselo. O Voldemort podría venir a "rescatar a Harry". Sirius soltó una solitaria risa ante la ironía de la situación. Un hijo perdido hace mucho tiempo siento "rescatado" del enemigo por sus propios padres. Sirius colapsó en su cama y trató de relajar su mente. No podía darse el lujo de perder la cabeza. Debía mantenerse entero y sano por el bien de James y Lily. Iban a necesitar apoyo ahora más que nunca.

De pronto, un sonido escaleras abajo causó que Sirius se levantara abruptamente. Alguien había llegado al cuartel general. ¿Era James? ¿O era alguien que no era bienvenido? Sirius sacudió la cabeza. "Contrólate Sirius" se dijo a sí mismo. Después de todo era el cuartel de la Orden. Tomó su varita y se dirigió escaleras abajo en silencio. Suspiró aliviado al ver a Remus Lupin parado en la cocina buscando a alguien.

—¡Oh, Remus, gracias a Merlín que estás aquí!— Sirius rápidamente se acercó a su amigo y pudo haberlo abrazado por el alivio que sintió al verlo.

—¿Por qué? ¿Qué sucede?— Remus miró la preocupación y tristeza reflejada en el rostro de su amigo de la infancia, algo que era muy poco común en él. Sirius no perdió tiempo y comenzó a contarle la historia sobre el Príncipe Oscuro y quien resulto ser. Remus se puso aún más pálido y sintió que sus piernas temblaban. Se sentó en la mesa de la cocina y dejó su cabeza caer entre sus manos. Miró de nuevo a Sirius mientras terminaba la historia.

—… y ahora Dumbledore se fue a ver a Fudge, ¡Poppy está arriba con él y se supone que yo le tengo que decir a James!— terminó Sirius sin saber que hacer.

—¿Decirme qué?— dijo una voz detrás de ellos y los dos amigos se giraron rápidamente para encontrarse con un enojado James parado en la puerta.— ¿Decirme qué, Padfoot?— repitió James avanzando hacia ellos. Sirius sintió que la sangre abandonaba su rostro. "Demonios, ¿por qué James está de mal humor, se habrá enterado ya?" Sirius trató de apartar el pánico que sentía mientras trataba de hablarle a su mejor amigo con voz tranquila.

—¡James! Yo… no te escuché llegar.— dijo Sirius tratando de no tartamudear. James miró las caras pálidas de Sirius y Remus. Sabía que algo andaba mal.

—Padfoot, Moony, ¿qué sucede? Se ven trastornados.— James entró en la cocina y se sentó en una silla mirando a sus amigos.

—Oh… nada, sólo estamos cansados, ¿qué te pasó a tí? Te ves realmente molesto.— Sirius no creía que distraerlo fuera a ayudar, pero de verdad necesitaba calmar a James antes de lanzarle la bomba de la verdad. El enojo flasheó en los ojos de James nuevamente.

—¡Ese… ese Kingsley, de verdad no pudo encontrar un peor momento para molestar! Digo, acababa de llegar de la redada y todo lo que él quería era el papeleo completo. Demandó que todo el papeleo de cada Mortífago capturado fuera terminado antes de que dejara la oficina. ¿Puedes creerlo?— Sirius gruñó un poco. Él le había pedido Kingsley que mantuviera a James fuera del cuartel general, pero no creía que Kingsley enojaría a James en el proceso*. "Idiota"* pensó Sirius.— Así que, como sea, ¡Me estaba muriendo por volver! ¿Qué pasó? ¿En dónde está? ¿Han descubierto algo hasta ahora?— James miraba la reacción de sus mejores amigos con precaución. Con cada pregunta ellos parecían ponerse más pálidos y apartaban la vista de sus ojos.

—Um… si, él… él esta arriba y um… James necesito… necesito ex… explicarte a… algo…— Sirius se maldijo mentalmente por balbucear tanto. James miró a Sirius con expresión confundida.

—Padfoot, ¿qué sucede? ¿El chico está bien, verdad? Quiero decir, no le hicimos mucho daño, ¿cierto?— James pensaba que tal vez habían matado al chico y por eso sus dos amigos se miraban tan deprimidos. Incluso si el chico era un Mortífago, matar a un niño de dieciséis años caía muy pesado en la conciencia.

—Se rompió unos cuantos huesos y tiene heridas muy feas, pero estará bien. Madame Pomfrey está con él ahora.— respondió Sirius tristemente. James maldijo en voz baja. No le gustaba tener eso en la conciencia tampoco.

—Bueno, mejor voy y hablo con él entonces.— James lentamente se comenzó a poner de pie pero se detuvo cuando sus dos amigos se pusieron de pie de un brinco y lo detuvieron antes de si quiera terminara de ponerse de pie.

—¡NO! ¡James, sólo déjalo por ahora!

—James, aún no está en estado para hablar.

—¿Qué demonios está pasando? ¿Desde cuándo nos preocupa si los Mortífagos están aptos o no para interrogarlos?— James miró a Sirius sospechosamente. Sirius y Remus compartieron una mirada y soltaron a James al mismo tiempo.

—Bien Prongs, hay algo que necesitamos decirte.— Sirius se sentó seguido por Remus y James.

—¡Sirius! ¡Remus! ¿Qué está pasando? Ambos de veras me están asustando.— Sirius tomó un gran respiro y miró a Remus, quien asintió y puso una mano sobre el hombre de Sirius.

—James, lo que voy a decirte te caerá como un shock, pero trata de mantenerte calmado y… recuerda que todo saldrá bien al final.— Sirius vio a James rechinar los dientes "Nunca es una buena señal" pensó Sirius.

—¡Sirius, te lo advierto, sólo dime que demonios está pasando!

—Es el chico, el Príncipe Oscuro. Sabemos quien es. No viene de una familia oscura, él… él pertenece a una familia de luz.— Sirius esperó que James pudiese descifrarlo y posiblemente lo salvara de decirlo en voz alta.

—¿Quién es?— preguntó James en voz baja, intrigado. Sirius compartió una mirada con Remus y después miró directo en los ojos avellana de James.

—Es Harry.— James miró cuando Sirius dijo las palabras pero pensó que había entendido mal. Sirius no podía referirse a su Harry. No era posible. Debía ser otro Harry.

—¿Qué Harry, Harry quién?— preguntó tratando de luchar contra el pánico que rápidamente crecía dentro de él. Sirius miró a James fijamente a los ojos.

—James, es nuestroHarry.— James sólo se quedó ahí sentado y trató de digerir lo que le acababan de decir. Antes de que James pudiese abrir la boca para cuestionar a Sirius, un grito se escuchó escaleras arriba. Los tres hombres pegaron un brinco y se pusieron de pie con sus varitas en alto y corrieron hacia la fuente del sonido.

El grito se escuchó de nuevo junto con otra voz que trataba de calmarlo. James fue el primero en correr por la puerta seguido de cerca por Remus y Sirius. Lo que vieron al entrar los hizo paralizarse en la puerta. James vio a un joven de cabello alborotado tendido en la cama cubriéndose el rostro con ambas manos y gritando de dolor. Madame Pomfrey estaba tratando de apartar las manos del chico para poder ver que le causaba tanto dolor. Miró a los tres hombres que habían entrado por la puerta. Fijó sus ojos en James y se sorprendió un poco. Rápidamente se recuperó y habló directo a James.

—¿Me puedes echar una mano aquí?— tuvo que levantar la voz ya que los gritos del chico se hacían más y más fuertes. James vaciló un segundo pero después corrió hacia la cama y miró al adolescente de cabello negro que estaba frente a él. Las manos del chico cubrían su rostro mientras presionaba su frente y continuaba jadeando. Poppy miró a James y dijo.— Mira si puedes hacer que baje las manos, necesito ver cual es el problema.

James miró de nuevo al chico y con cuidado tomó las muñecas den muchacho entre sus manos. Podía ver que estaban vendadas y no quería poner mucha presión sobre ellas. Lo más cuidadoso que pudo, James apartó las manos del chico de su rostro. El muchacho luchó, no quería apartar sus manos de su frente, pero James se las arregló para apartarlas del camino. El chico apenas si aprecia estar consiente.

James jadeó y dejó de respirar inmediatamente. El rostro que las manos dejaron a la vista era una exacta copia de él más joven. Los ojos del chico estaban cerrados fuertemente por el dolor, así que James sólo pudo ver los ojos esmeraldas que eran iguales a los de su esposa, Lily. James miró las facciones del chico y sintió sus rodillas temblar. Su corazón latía tan fuertemente que pensó que se le saldría del pecho.

—¿Harry?— susurró como pudo.

Su hijo, Harry, no lo escuchó. Estaba sintiendo muchísimo dolor. Su cabeza se sentía como si se fuera a partir en dos. Trataba de retener los gritos de dolor pero no podía hacerlo. Su padre, Voldemort, nunca había estado tan enojado. "Debe haberse enterado de mi captura" intentó explicarse a sí mismo. James vio con horror como su hijo se retorcía de dolor con los ojos aún fuertemente cerrados. Miró a Harry morderse el labio para evitar que más gritos salieran y James sintió su corazón romperse ante la visión.

—¡Harry! ¿Harry qué te está pasando?— escuchó James exclamar a Madame Pomfrey. James estaba a punto de gritarle lo estúpida que sonaba su pregunta cuando, para su sorpresa, Harry respondió.

—¡Mi… mi cicatriz… duele!— dijo con voz áspera. Al parecer todos los gritos habían dejado su garganta adolorida. Harry aún no había abierto los ojos y no se había dado cuenta de que era James el que lo sostenía.

Madame Pomfrey apartó el cabello de la frente de Harry y miró la cicatriz, justo encima de su ojo izquierdo. James vio la cicatriz en forma de rayo en la frente de Harry y sintió la furia explotar dentro de él. Madame Pomfrey puso una mano suavemente sobre la cicatriz y escuchó a Harry sisear de dolor. James quiso gritarle que se detuviera pero sabía que ella era una profesional en la medicina y probablemente sabía lo que estaba haciendo.

—Estás ardiendo en fiebre.— le dijo a Harry mientras hurgaba en su bolso de pociones. Sacó dos pequeños frascos. Suavemente levantó la cabeza de Harry y lo hizo beber ambas pociones. Harry obedeció sin resistirse, no es que pudiera, ya que sus brazos estaban retenidos. Después de un momento Harry pareció relajarse y caer dormido.

—¿Qué le estaba pasando?— preguntó James cuando entraba en la cocina junto a Poppy y los otros dos hombres.

—Bueno, no estoy completamente segura. Creo que lo que tiene es una cicatriz de maldición, son muy raras pero se sabe que se activan de vez en cuando.— respondió Poppy mientras conjuraba un poco de té para todos. Necesitaba beber uno desesperadamente.

—¿Qué fue lo que causó que le doliera?— preguntó Sirius.

—No lo sé, estaba durmiendo profundamente y de la nada se llevó las manos a la frente y comenzó a gritar.— explicó Poppy. James aún estaba sentado en su silla y sosteniendo su taza de té sin intenciones de tomarlo. Su cabeza daba vueltas y no podía quitarse de la cabeza la imagen de Harry retorciéndose de dolor. Ni siquiera escuchó cuando Poppy volvía escaleras arriba. Sirius fue y se sentó a su lado. Tomó la taza de té intacta de las manos de James y miró a su mejor amigo.

—¿Estás bien amigo— preguntó mientras intentaba calmar su propio corazón. James levantó la cabeza y miró a su amigo. Negó con la cabeza tristemente.

—No, no estoy bien.— miró alrededor, Remus ahora estaba sentado a su otro lado. James se alegraba de haber sido bendecido con tan buenos amigos. Nunca lo dejaban solo, sin importar la situación.— ¿Qué hago ahora? ¿Qué le digo a los demás? ¡Mi propio hijo es nuestro enemigo, el príncipe Oscuro es mi propia sangre! Y Lily, ¿cómo se lo digo? ¡Y qué hay de Damien! Oh Merlín, es una maldita pesadilla.— James dejó caer su cabeza entre sus manos e intentó furiosamente luchar contra las lágrimas que estaban por salir. "Lily no soportará esto" pensó preocupado.

—Prongs, debes decirles a ambos antes de que se enteren por alguien más.— dijo Remus en voz baja. James levantó la cabeza y miró a Remus.

—¿Cómo? ¿Qué es lo que diré? Esto es algo que ni Lily ni yo habíamos soñado que sucediera, un milagro que nos devolviera a nuestro hijo pero nunca imaginé que sería de esta manera.— James no trató de ocultar las lágrimas que recorrían rápidamente sus mejillas. Sirius no sabía que hacer. Solamente había visto a James llorar una vez, y eso fue cuando Harry había sido secuestrado. Sirius trató de consolar a su amigo pero James solamente lo alejó de él. Remus también trató de consolar a su amigo completamente deshecho.

—Prongs, él aún es tu hijo, ese Harry inocente al que todos amamos aún está con vida. Solamente lo han forzado a crecer de una manera diferente y muy rápidamente, es todo.— dijo Remus. James se sentó con la mirada baja. Intentaba componer sus pensamientos y pensar en como decirle a su esposa sobre Harry. Decidió que tenía que decírselo esa misma noche.

…..............................

Harry despertó sintiendo como si cada uno de los huesos de su cuerpo estuviera ardiendo. Miró a su alrededor y comenzó a entrar en pánico al ver que no reconocía el lugar. Le tomó un momento recordar lo que había sucedido y el como había llegado ahí. La ira brotó en su interior al recordar que lo habían capturado. Trató de levantarse pero se dio cuenta que apenas si podía levantar la cabeza, su cuerpo comenzó a dolerle terriblemente forzándolo a recostarse de nuevo. Gimió levemente y sintió su garganta como una lija cuando el sonido salió. Madame Pomfrey escuchó a Harry gemir y corrió a su lado.

—Harry, oh, que bueno que despertaste.— Madame Pomfrey se detuvo a su lado y comenzó a mirar las diferentes pociones en la mesita.— ¿Cómo te sientes ahora? Probablemente aún estés adolorido por ese horrible incidente.— Harry la miró en silencio, divertido al ver como ella hacía una pregunta y luego se contestaba sola.

—¿En dónde estoy?— dijo Harry con voz rasposa.

—No te preocupes Harry, estás a salvo.

—Necesito regresar a casa.— Harry intentó levantarse una vez más pero desistió rápidamente en cuanto el dolor invadió su espalda.

—Solo recuéstate.— Poppy puso una mano suavemente sobre el pecho de Harry cuando intentó levantarse de nuevo. Harry desistió su infructuoso intento por ponerse de pie y obedeció a Poppy. Miró la habitación en la que se encontraba. Estaba medio vacía, sólo estaba la cama en la que se encontraba recostado, un guardarropa de dos puertas en una esquina, un pequeño escritorio con su silla y un pequeño sofá junto a la chimenea. Harry preguntó una vez más.

—¿En dónde estoy, Poppy?

—Estás en la casa de Sirius Black.— respondió Poppy intentando no mirar a Harry a los ojos. Harry sintió una burbuja de ira crecer dentro de él una vez más.

—Necesito irme de aquí, por favor Poppy, debes dejarme ir.— Harry intentó suplicarle ya que sabía que de ninguna manera podría escapar por cuenta propia en ese estado.

—Lo lamento Harry, pero no puedo llevarte a ningún lado aún. Sólo descansa y podremos hablar al respecto más tarde, ¿de acuerdo?— Harry asintió con la cabeza y trató de cerrar los ojos y dormir, pero aún podía sentir el enojo burbujeando dentro de él. Estaba en la casa de un enemigo, a su merced.

"¡Esto no es bueno!" pensó antes de caer en un ligero sueño.

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Lord Voldemort estaba sentado en su trono, pero se veía diferente a como usualmente lo hacía. Su cuerpo no estaba erguido como siempre, sino todo lo contrario. Cabizbajo parecía estar repitiendo un mantra muy profundamente. Bella estaba de pie no muy lejos con lágrimas recorriendo sus mejillas. Seguía repitiéndose a sí misma en voz baja "Por favor que esté bien, por favor, por favor que no le hagan daño a Harry, por favor"

Lord Voldemort levantó la cabeza y miró directamente a los Mortífagos frente a él. Vió con enojo a Bella y Lucius e inmediatamente después volvió a su mantra para mantenerse calmado. Le había tomado unos buenos veinte minutos para calmarse. No quería que su enojo lastimara a Harry de nuevo. Sólo Merlín sabía en que condiciones se encontraba Harry en ese momento. Había perdido el control cuando Lucius le había informado que la Orden había herido a Harry gravemente. ¡Herido a su hijo! Lord Voldemort nunca había sentido tanta ira. Les habló a ambos Mortífagos, quienes estaban temblorosamente de pie frente a su Amo.

—Saben lo que quiero, y ya saben qué hacer. ¡No quiero ver sus miserables rostros hasta que esté hecho!— ordenó Lord Voldemort con veneno.

—Si, Amo.— respondieron los Mortífagos al mismo tiempo. Lord Voldemort se puso de pie y se retiró a su habitación. No perdería a Harry, no ahora. Si importar el costo, Harry tenía que volver con él y tenía que volver pronto.