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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 44
Harry despertó en algún punto de la noche. Seguía tirado en el frío suelo de su habitación. Abrió los ojos tratando de mirar a su alrededor para ver en donde estaba. Su visión se desvaneció cuando movió la cabeza muy rápido. E chico se levantó con cuidado y gimió del horrible dolor que lo recorrió al ponerse d pie. Apenas si podía abrir los ojos debido a la fiebre.
Finalmente pudo llegar a la cama y colapsó sobre ésta. Ni siquiera se molestó en cambiar su ropa, sólo se recostó con todo puesto. Su boca estaba seca y su lengua se sentía áspera. Harry sabía que para poder tomar agua tendría que levantarse de nuevo, su magia sin varita no le ayudaría, al menos hasta que volviera a recuperar su magia. Sin importar lo sediento que estaba, Harry no podía volver a levantarse y en lugar de eso, se hizo bolita en a cama y cayó en otro sueño inducido por la fiebre.
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Damien ya no podía más de la preocupación. Su papá seguía en el hospital, el Sanador Davis había querido que se quedara a pasar la noche, sólo para asegurarse de que estuviera completamente sano. El Sanador se vio forzado, por ley, a reportar que Harry había estado en San Mungo. De inmediato, los medios de comunicación llegaron al hospital. Damien había sido interrumpido de su escape y había regresado a la habitación casi corriendo al ver el mar de periodistas. Todos los medios estaban presentes para reportar lo sucedido. Damien fue escoltado a casa rápidamente en caso de que los reporteros lo acosaran. Era un blanco fácil, siendo el hermano del Príncipe Oscuro y todo eso. Lily no lo apartaba de su vista ni un segundo.
A como sabía Damien, la familia Weasley seguía en el hospital con Bill. No les podía pedir ayuda a ellos. No se sentía bien pedirles ayuda cuando sufrían una crisis familiar por su parte.
Eso sólo dejaba a Hermione. Damien había tratado de llamarla en muchas ocasiones, pero los padres de la chica le decían que no había vuelto del hospital aún. Damien no sabía que hacer. Harry estaba probablemente en un terrible estado y necesitaba a alguien con él, pero Damien no podía salir de casa. Sus amigos no podían ir a ayudarlo tampoco.
Damien dejó a su madre en la cocina y se dirigió a su habitación en la planta alta. Necesitaba salir de ahí, pero no sabía como. Harry aún tenía la capa de invisibilidad, así que no podía contar con eso.
Damien se sentó en su cama tratando de encontrar una solución. Sacó su teléfono celular y le envió a Harry otro mensaje de texto. Quería saber si estaba bien. Tal vez el Sanador había exagerado las cosas. Tal vez Harry sólo se sentía un poco enfermo, pero estaba bien. Después de mandarle tres mensajes de texto a Harry y esperar por más de una hora, Damien comenzó a entrar en pánico. No respondía aún. Harry podía estar en serios problemas y estar muy enfermo. Damien decidió hacer lo que sentía que era correcto. Se levantó y se puso su capa. Estaba a punto de salir de la casa por la puerta principal, cuando escuchó la chimenea encenderse.
Damien corrió a la chimenea. Estaba seguro de que esa cabeza era la de Ginny Weasley, echó una mirada a la puerta de la cocina antes de agacharse frente a la chimenea. La chica se veía realmente exhausta y parecía que había llorado mucho ese día.
—¡Gin! ¿Estás bien? — preguntó Damien rápidamente.
—En realidad no, ¿cómo estás tú? — preguntó Ginny en voz baja.
—Estoy bien, considerando todo lo que pasó. ¿Cómo está Bill? — preguntó Damien preocupado.
—Sigue igual. Está en coma. El Sanador dijo que estará bien, pero…— Ginny pareció perder la voz.
—Ginny, lo siento mucho. ¿Cómo está la señora Weasley? — preguntó Damien sintiendo su corazón encogerse ante las noticias de Bill.
—Está en el Hospital, ella y Fleur se quedarán con él toda la noche. El resto de nosotros regresamos a casa. Hermione también está aquí. Sus padres dijeron que la llamaste.
—Sí, um… ¿escuchaste lo qué pasó en el hospital? — preguntó Damien sin estar seguro de querer sacar el tema en ese momento.
—¿Te refieres a qué él estuvo en el hospital? Sí, todos lo escuchamos. ¡Salvo a tu papá! Eso fue muy valiente de su parte.— dijo Ginny con voz baja.
—Bueno, sí, pero está en problemas. El Sanador dijo que al transferir su magia a papá, Harry se puso enfermo y débil. Necesita ayuda. Estaba a punto de ir a verlo a escondidas y tu llamaste.— dijo Damien rápidamente.
—Damien no puedes ir tu solo. No es seguro. ¿Qué tal si tu mamá ve que no estás? — dijo Ginny de inmediato.
—¡No importa! Puedo arreglármelas con mamá después, necesito ir a ayudar a Harry. ¡Está muy mal!— dijo Damien preocupado. Ginny pareció pensar por un minuto.
—Espera.— dijo y después desapareció del fuego.
Damien se quedó mirando el lugar en donde la cabeza de Ginny había estado un momento antes. De pronto, el fuego se extinguió para después saltar furioso de nuevo. Damien se movió del camino justo a tiempo para dejar que Ginny saliera de la chimenea. Se levantó rápidamente y la chica tomó la mano de Damien para correr a la habitación del chico en caso de que Lily hubiese escuchado. Al llegar arriba ambos se quedaron pegados a la puerta por unos minutos antes de relajarse. Damien le dedicó a la pelirroja una mirada graciosa.
—¿Qué? — preguntó Ginny encogiéndose de hombres.
—Al menos me hubieras avisado que vendrías.— dijo Damien algo molesto.
—Iré contigo. Hermione me cubrirá en la Madriguera. Haré un hechizo para cubrirte a tí.—se apresuró a hacer un complicado hechizo sobre la cama de Damien que hizo un bulto aparecer bajo las cobijas. Ginny se aseguró de que pareciera la forma de Damien. Se apresuró hacia el chico y lo apuntó con su varita.
—Di algo.— le indicó.
—¿Cómo qué? — preguntó Damien sintiéndose tonto.
—Eso servirá.— respondió Ginny ahora dirigiendo su varita hacia el bulto en la cama de Damien. El chico miró como el bulto comenzaba a moverse de arriba abajo, como si estuviese respirando. Pensó que se veía algo terrorífico.
—Ahora, si tu mama viene verte, esta cosa responderá con tu voz. Dirá sólo unas palabras, como "Tengo sueño" o "hablamos mañana", George me lo enseñó. Es un hechizo bastante simple. Pero no puede responder preguntas complicadas, sólo cosas simples.
—¿Qué si mamá trata de sacarme de la cama y ve que no estoy ahí en realidad?— preguntó Damien.
—Entonces le explicarás a donde fuiste en la mañana.— dijo Ginny.
Ambos chicos salieron por la ventana y se lanzaron por la tubería de agua. Rápidamente se alejaron de la casa y llamaron al autobús Noctámbulo. Mientras esperaban llegar al pequeño pueblo Muggle donde estaba Harry, Damien le preguntó a Ginny algo que no se podía sacar de la cabeza.
—Gin, no viniste por mí, ¿cierto? Quiero decir, sé que tu familia está pasando por una tragedia. Yo entendería si tu hubieses querido quedarte con tu familia.— Ginny parecía a punto de soltar el llanto, pero no dejó ni una sóla lágrima salir.
—Si me quedaba en la Madriguera, hubiera llorado hasta enfermar. Necesitaba salir. Bill… Bill no querría ver a todos llorando por él. Sobrevivirá a esto, lo sé. Siempre ha sido el más valiente de la familia, ya sabes. Y bueno, después de que me dijiste lo de Harry.. ¡Me imaginé que sería de más ayuda con él que quedándome en mi cama llorando toda la noche!
Damien pasó un brazo por los hombros de la chica y le susurró un gracias al oído. Rápidamente llegaron al Travel Inn. Tuvieron que pasar a escondidas ya que el recepcionista no dejaría entrar a dos niños en su hotel tan tarde en la noche. Se apresuraron a llegar a la habitación de Harry y tocaron la puerta levemente. No hubo respuesta. Ginny trató de nuevo pero nadie respondió.
Damien sacó su varita pero Ginny lo detuvo.
—¡No, Damy! ¡Recuerda lo que dijo Harry! Nada de mágia.
—¿Cómo entramos entonces? — preguntó Damien metiendo su varita de nuevo en su bolsillo.
Ginny se concentró fuertemente por un momento. De pronto comenzó a revolver su cabello hasta al fin sacar un pequeño broche color café.
—¿Qué harás con eso? — preguntó Damien confundido.
—Vi esto en una película en la clase de estudios Muggles. Un ladrón entró en una casa usando uno de estos. No estoy segura de cómo lo hizo, pero es lo mejor que se me ocurre.— respondió Ginny algo incómoda.
Se arrodilló frente a la puerta y lo metió en la cerradura. Después de lo que pareció media hora, al fin la puerta se abrió.
—¡Al fin! Por Merlín, ¿por qué los Muggles deben de hacerse la vida tan difícil? ¡Deberían de inventar algo que se abra fácilmente! — dijo Damien ayudando a Ginny a ponerse de pie.
—Sí, porque los ladrones tienen que trabajar arduamente para poder meterse a robar. Definitivamente deberían hacer las cerraduras más fáciles.— dijo Ginny sarcásticamente.
Ambos chicos se apresuraron a entrar y cerrar la puerta lo más silenciosamente que pudieron. Se giraron y notaron el tembloroso cuerpo de Harry sobre la cama de inmediato. Damien y Ginny corrieron hacia él.
Harry estaba encogido sobre su cama y estaba empapado en sudor. Su cabello se pegaba a su frente y lucia realmente pálido. Ginny y Damien lo giraron suavemente hasta que estuvo boca arriba. Damien puso una mano en la frente de Harry y la preocupación invadió su joven rostro.
—¡Está hirviendo, tenemos que bajar la fiebre! — dijo de inmediato.
—Bien, deberíamos quitarle esta ropa primero. Debe estar rostizándose en este abrigo. Traeré agua fría para él.
Ginny fue hacia la pequeña nevera en la esquina de la habitación. Aparte de agua embotellada, no había nada de comida en el refrigerador. "¿Por Merlín, qué es lo que come?" pensó la pelirroja antes de abrir la puerta de arriba y encontraba lo que estaba buscando. Hielo, muchísimo hielo.
Buscó un pequeño contenedor, algo en lo que pudiera poner agua. Encontró un pequeño bote de plástico, parecía haber tenido arroz en algún momento. Rápidamente fue al baño y lo lavó antes de llenarlo con agua fría y ponerle hielo.
Volvió a la cama y vio que Damien ya había quitado el pesado abrigo y la camisa de Harry. Ahora sólo traía sus bóxers. La chica se acercó rápidamente a la cama y tomó la sábana, la mojó con el agua fría y la puso sobre la frente hirviendo de Harry. El chico gimió aún estando dormido y Ginny sintió que su corazón se encogía. Parecía estar sufriendo un gran dolor. Ginny deseaba que Harry mejorara pronto. Era horrible verlo sufrir de ese modo.
Damien había roto otra parte de la sábana y tomó una de las botellas de agua del refrigerador. Mojó un poco la sábana y se la pasó por los secos labios de Harry. Las gotas de agua cayeron dentro de la boca del chico y parecieron relajarlo. Su respiración, que era áspera e irregular, comenzó a calmarse.
Ginny se dio cuenta de la tela empapada en sangre que cubría la mano de Harry. Damien se apresuró a quitar la tela y miró el corte en la palma de su hermano. No lucia muy profunda, pero aún sangraba.
—¿Qué hacemos ahora? No tenemos nada para vendar su mano. Creo que necesitamos algo de antisépticos para empezar.— dijo Damien en un susurro preocupado.
Ginny se mordió el labio ansiosamente. No sabía nada sobre tratar heridas.
—Ron sabría que hacer. Incluso Hermione, ella sabría de tratamientos Muggle, y ahora que la magia no lo ayudará.— Ginny trataba de pensar en lo que podrían hacer.— Damien, sólo trata de limpiar la herida tanto como puedas, después envuélvelo con unas tiras de la sábana, ya la arruinamos de todos modos, nos servirá de venda.
Damien hizo lo que le dijeron. Cortó la sábana en tiras para que sirvieran como vendaje para la mano de Harry. Limpió la herida como pudo usando agua y después la envolvió con las tiras de sábana. Agradecía que Harry estuviera inconsciente, de otro modo el dolor habría sido demasiado para él.
La herida parecía rehusarse a dejar de sangrar. Después de dos horas, la venda estaba tan empapada de sangre que Damien tuvo que quitarla y limpiar la herida nuevamente, puso la venda esta vez un poco más apretada. Mientras Damien atendía la herida de Harry, Ginny continuaba tratando de bajar la temperatura del chico poniendo tela empapada en agua fría sobre su frente.
Aparte de bajar su temperatura e intentar que la herida dejara de sangrar, los dos adolescentes no sabían que más hacer. Trataron de despertar a Harry, pero no obtuvieron respuesta. La noche siguió y los dos chicos seguían tratando de bajar la fiebre con la tela fría.
Damien podía ver el sudor en el rostro de Harry, y aún así estaba temblando. Su piel estaba pálida y de vez en cuando soltaba un gemido aún dentro de su sueño inducido por la fiebre. La noche siguió, Ginny seguía mojando la tela con agua fría y poniéndola en la frente de Harry, todo el tiempo rezaba porque Harry se recuperara pronto. Damien seguía cambiando los vendajes de la mano herida de su hermano, se preocupaba más y más con cada segundo que pasaba.
—¡Debería de haber dejado de sangrar! ¡Está perdiendo mucha sangre! — dijo Damien con cansancio mientras cambiaba las vendas de Harry de nuevo, debía ser la octava vez esa noche.
Siguieron poniendo hielo en el trasto de plástico y todo el tiempo revisaban la temperatura de Harry. La mañana llegó y el chico aún no despertaba. Damien comenzó a entrar en pánico.
—¿Por qué no despierta? ¡Algo debe andar mal! Tal vez el hechizo no funcionó adecuadamente. ¡Debemos llevar a Harry al hospital!
—Damy, no podemos llevar a Harry al hospital. Lo sabes tan bien como yo, no tratan a Mortífagos y para ellos, Harry es el mayor Mortífago de todos. Estará bien. Su fiebre sigue alta, es por eso que no despierta. Sólo cálmate.— trató de calmar Ginny al preocupado chico.
Pronto salió el sol y Damien sabía que debía volver a casa. Su mama se daría cuenta de que había desaparecido si no lo hacía. Prometiendo que volvería en unas horas con medicamento, Damien se fue. Ginny siguió tratando de bajar la fiebre de Harry. Estaba completamente exausta. Había estado despierta toda la noche anterior preparando la boda de su hermano, y luego lo que había pasado durante la boda y lo del hospital la tenían cansada. Y encima de todo había pasado la noche al lado de Harry. Ginny apartó las lágrimas de tristeza ante el pensamiento de su hermano. Bill y Fleur iban a irse de luna de miel ese día, y en lugar de eso, Bill estaba en el hospital luchando por su vida mientras que su cuñada lloraba y rezaba porque les permitieran tener una vida juntos.
—No es justo.— susurró para sí misma. Bill era una buena persona, no merecía algo así.
Los ojos marrones de Ginny se fijaron en Harry. Parecía un poco más tranquilo a como había estado toda la noche. Ginny apartó la tela de la frente del chico y suavemente apartó los mechones negros del rostro de Harry.
"Míralo. Él tampoco se merece esto. Es una buena persona también. Mira lo que hizo por su padre. Y tiene que huir de todo el mundo. ¿Por qué? ¡Ni siquiera es su culpa! Nadie quiere darle una oportunidad. ¡No es justo!" pensó.
Ginny había pensado que sus sentimientos por Harry cambiarían con el tiempo. Y tenía razón. Sus sentimientos se habían intesificado en los últimos meses. Al principio Ginny pensó que lo amaba porque le había salvado la vida. Harry había sido su salvador. El chico del que había pasado tantas horas pensando. Pero cuando esos sentimientos salían a la superficie, se acobardaba, porque no quería presionarlo y pelearse con él. Harry era difícil de tratar, así que Ginny se dio por vencida.
Ginny recordó cuando había conocido a Harry en los pasillos de Hogwarts. Cuando había chocado con él y el chico se había portado de lo más amable antes de que ella le dijera esas cosas horribles. Ginny sabía que Harry no la había perdonado por eso.
Sonrió al recordar a Harry usando el uniforme de Hogwarts. Se veía realmente apuesto, era de esperarse que todas las chicas estuviesen locas por él. Y su comportamiento cortante y misterioso sólo hacía que todas enloquecieran aún más.
Ginny volvió a mirar al chico recostado frente a ella. Se dio cuenta de que en los últimos meses que había convivido con él, había reforzado sus sentimientos hacia él. En realidad lo amaba. Aún cuando sabía que Harry nunca la amaría de vuelta, el pobre tenía demasiadas cosas en su cabeza en ese momento, pero aún así, Ginny no podía evitar enamorarse perdidamente de Harry.
Ginny volvió a poner la tela mojada en la frente de Harry y cerró los ojos con cansancio. Estaba tan cansada. En realidad no planeaba que pasara, pero pronto se acurrucó enseguida de Harry y cayó dormida profundamente.
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Harry despertó y gimió levemente cuando la luz golpeó sus ojos. Le tomó un momento recordar porque se sentía tan enfermo. El recuerdo de James y la magia que le había transferido flasheó en su mente. Levantó su mano herida hasta que pudo verla, se sorprendió al ver que había una tela rodeando la herida. Era una venda diferente a la que había usado. Harry estaba por sentarse cuando otro pedazo de tela cayo de su frente. Se lo quitó y lo miró confundido. "Que demonios…" pensó y miró a su alrededor. Fue entonces que captó el cabello pelirrojo enseguida de él. Si Harry no estuviera tan débil seguramente habría saltado fuera de la cama de la sorpresa que se llevó.
Miró más de cerca a la persona a su lado, dormía profundamente. Con cuidado apartó el cabello del rostro de su acompañante, aunque ya sabía de quien se trataba. Ginny Weasley dormía a su lado. El chico miró a la pelirroja y negó con la cabeza. "Damien tiene algo que ver con esto. Estoy seguro" pensó. Miró a su alrededor buscando a su hermano, pero no había nadie más en la habitación.
Harry trató de sentarse de nuevo, pero todo su cuerpo se quejó. Cerró los ojos y trató de respirar lentamente. Ginny se removió al sentir que la cama se movía. Abrió los ojos y rápidamente vio a Harry despierto. Se levantó y se quedó de pie junto a la cama luciendo de lo más avergonzada. ¡Se había quedado dormida enseguida de Harry! Nada podía ser más humillante para ella. Rápidamente corrió hacia el otro lado de la cama, al otro lado de Harry.
—¡Harry! Gracias a Merlín que despertaste. ¿Cómo te sientes? — dijo rápidamente rezando porque Harry se hubiese despertado apenas y no hubiese notado su presencia en la cama.
Harry le dedicó una mirada de pocos amigos a la sonrojada chica antes de intentar sentarse nuevamente. Rápidamente Ginny estiró la mano para ayudarle a detenerse. Harry la miró un poco molesto pero no dijo nada.
—Tu fiebre aún no baja. Damien volverá pronto. Fue a traer algo de medicina. Ron y Hermione no tardan también.— dijo Ginny tratando de convencer a Harry de que lo ayudarían a mejorar.
Harry, sin embargo, la miró molesto, provocando que la chica retrocediera un paso.
—¡No necesito ayuda! ¡Puedo cuidarme solo! — exclamó el chico. No quería que nadie lo viera cuando se encontraba tan débil y vulnerable.
Ginny pareció sorprenderse ante eso. ¡Había pasado toda la noche cuidándolo y eso era lo que le decía! Ginny no quería que él lo tomara en cuenta. Ni siquiera esperaba un agradecimiento, pero no quería escuchar a Harry decirle que no necesitaba ayuda. Eso la hería profundamente.
—Oh, lo siento Harry, olvidé que tu nunca necesitas ayuda. Simplemente eres un súper humano, ¿no? Nunca te lastimas, no sangras y nada te afecta como a los demás. ¿Estoy en lo cierto? Estabas perfectamente bien antes de que Damien y yo llegáramos anoche. Ni siquiera tenías una fiebre horrible y sangrabas incontrolablemente y claro que no estabas en las puertas del infierno anoche. Creo que sólo perdimos el tiempo cuidándote.— dijo Ginny sacando a relucir el famoso temperamento Weasley.
Harry simplemente la ignoró, seguía intentando hacer que su dolor de cabeza desapareciera.
—¿Por qué no dejas que nadie te ayude, Harry? Creí que ya te habías dado cuenta que todos nosotros nos preocupamos por tí. En verdad nos preocupamos. En lugar de empujarnos a todos fuera de tu vida todo el tiempo, tal vez deberías dejarnos entrar. Te darás cuenta que no es tan malo como crees.— dijo Ginny tratando de controlar su temperamento.
Harry simplemente miró a Ginny con cansancio antes de quitarse el cobertor de encima. Bajó las piernas de la cama y trató de ponerse de pie. De inmediato, Ginny extendió una mano para ayudarle, pero Harry empujó su mano bruscamente lejos de él.
—¡No estoy invalido! — siseó el chico.
Ginny retrocedió un par de pasos sin apartar la mirada de los ojos esmeralda de Harry. El chico apartó la mirada y se impulsó para ponerse de pie. Resistiendo el profundo dolor que sentía, corrió hacia el baño y estrelló la puerta. Colapsó en el suelo y se quedó sentado con los ojos cerrados por un minuto. Sabía que Ginny sólo trataba de ayudarlo, pero no quería que nadie lo viera ni lo ayudara cuando estaba así de vulnerable. Él no era débil, podía cuidarse solo.
Harry salió del baño sintiéndose peor que antes. Su cabeza daba vueltas y sentía nauseas apoderándose de él. Se dio cuenta de que nuevamente estaba solo. Ginny se había ido cuando él estaba en el baño. En lugar de sentirse aliviado porque la pelirroja se hubiera ido, Harry se molestó. No entendía porque se sentía de ese modo. Debería de estar feliz de que Ginny lo hubiese dejado, ahora tal vez podría descansar un poco. Pero en lugar de eso, se sentía casi triste por estar solo cuando se sentía tan enfermo. Meneó su cabeza y trató de aclarar su mente. "Debe ser la fiebre" pensó. De algún modo, la fiebre lo hacía sentirse necesitado de compañía para sentirse mejor. Harry sabía que no necesitaba a nadie cuando se sentía así de mal. No quería que nadie le tuviera lástima, y eso lo incluía a él mismo.
Se dirigió a la cama y se tendió en ella nuevamente. Hasta ese momentos se dio cuenta de que no llevaba camisa. Antes de que pudiera preguntarse que había pasado, cayó en otro sueño inducido por la fiebre.
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Harry despertó al escuchar una conmoción proveniente de la puerta de su habitación. Inmediatamente se sentó en la cama parpadeando furiosamente para apartar el sueño de sus ojos. Vio la forma de Ginny aparecer por la puerta sosteniendo un par de bolsas plásticas en sus manos.
—Sólo soy yo.— dijo en voz baja.
Harry se relajó y soltó un largo suspiro. Estaba muy alterado por alguna razón. Harry miró en silencio como Ginny cerraba la puerta y se acercaba a su cama. No lo miraba a él, buscaba algo dentro de las bolsas plásticas.
—¿A dónde fuiste? — preguntó Harry. No quería que su voz sonara como un susurro, pero su garganta le dolía bastante y su voz sonaba quebradiza.
Ginny lo miró antes de responder.
—Necesitas comida, comida de verdad.— dijo sacando un pequeño tazón con sopa. Se acerco a Harry y le tendió el tazón.
Harry estaba por decirle que no tenía hambre, pero el aroma de la sopa lo hizo cambiar de opinión. Podía tragarse su orgullo, sólo esta vez. En silencio tomó el tazón y se esforzó por ignorar a la chica en la habitación. Silenciosamente comió su sopa. Le supo a gloria. Ni siquiera estaba seguro de que tipo de sopa era, pero no le importó y su estómago se sintió mucho mejor después de comerla. Harry puso el tazón vacío en la mesita de noche.
Fue entonces que se dio cuenta de que su mano estaba empapada en sangre. Su mano aún le dolía y Harry sabía que eso no podía estar bien. Ni siquiera era un corte muy profundo.
—Ron llegará pronto. Estoy segura de que le echará un ojo a eso por tí.— dijo Ginny del otro lado de la habitación. Terminaba de comerse un sándwich. Harry se preguntó de donde había sacado dinero para comprar comida Muggle. Pero sacudió la pregunta fuera de su mente. En realidad no le importaba.
Se escuchó un pequeño golpeteo en la puerta y Ginny se apresuró a abrir. Ron, Hermione y Damien entraron en la habitación. Los tres adolescente se apresuraron a ir junto a Harry.
—¡Harry! ¡Gracias a Merlin que despertaste! Nos diste un buen susto anoche. ¿Cómo te sientes? ¿Estás mejor? — preguntó Damien.
Harry estaba realmente molesto con Damien por haber metido a los otros tres en todo eso. No quería que nadie lo viera estando enfermo, pero al escuchar la genuina preocupación en su voz lo hizo guardarse su molestia, por el momento.
—Estoy bien.— dijo Harry. Su voz sonaba mejor ahora. La sopa de verdad le había hecho bien.
—Bien, veamos esa mano.— dijo Ron en voz baja.
Harry miró el pálido rostro de Ron y se dio cuenta de que seguía preocupado por su hermano. Harry se preguntaba si Bill había sobrevivido esa noche. Ginny preguntó lo que Harry pensaba.
—¿Alguna noticia de Bill, Ron?
El rostro del pelirrojo palideció aún más antes de responder.
—Sigue igual. Anoche casi… casi lo pierden. Pero el Sanador Davis logró estabilizarlo de nuevo. Aún está recuperándose.
Harry no entendía como era que los dos Weasley insistían en quedarse junto a él cuando tenían ya una preocupación enorme con su hermano y su familia.
Ron quitó la tela empapada en sangre de la mano de Harry. La herida no mostraba signos de mejora. El pelirrojo abrió una pequeña caja que Hermione le había dado. Harry reconoció el kit de primeros auxilios Muggle. Hermione le tendía varios artículos a Ron mientras éste limpiaba silenciosamente y cubría apropiadamente la herida.
Hermione le dio a Damien las medicinas que habia traído. Todos sabían que las pociones no ayudarían a Harry, no hasta que su magia estuviese restaurada. Había llevado de todo, desde jarabe para la tos hasta cápsulas para la fiebre. Hermione le dijo a Harry cuantas debía tomar al día, pero el chico no la escuchaba. Su mente estaba siendo invadida por la fiebre de nuevo. Cerró los ojos y se recostó sobre las almohadas. Quería volver a dormir. Vagamente escuchaba a Hermione llamarlo por su nombre pero cayó inconsciente antes de poder responder.
Hermione se retiró junto a los otros tres en una esquina de la habitación. Harry había caído inconsciente debido a la fiebre de nuevo.
—Chicos, esto nos sobrepasa. No podemos ayudar a Harry. Necesitamos tratamiento médico propio. No deberíamos pretender que podemos cuidarlo si no sabemos lo que estamos haciendo. Ni siquiera se si las medicina Muggles ayudaran a Harry o no.— dijo Hermione preocupada.
—¿Qué podemos hacer? N podemos llevarlo a San Mungo, y no sé que más podríamos hacer.— dijo Ginny, claramente molesta de que Ron y Hermione no pudieran ayudar mejor a Harry.
—Tal vez… tal vez debamos decirle a mis padres. Tal vez ellos son los únicos que pueden ayudarlo. No dejaran que nadie lo lastime.— dijo Damien resignado. En realidad no quería abusar de la confianza de Harry de esa manera, pero no sabía que más podía hacer. Harry necesitaba ayuda. Había colapsado debido a la fiebre en varias ocasiones ya. No importaba lo que hicieran la fiebre no bajaba.
Los otros tres adolescentes se miraron entre sí. Ninguno estaba seguro de si Damien debía decírselo a sus padres. Sabían que Harry estaría más que furioso si le decían a alguien en donde se encontraba. Dumbledore probablemente lo encontraría y se aseguraría de que no desapareciera después de recuperarse. Esa no era una opción para Harry. Él escaparía y entonces ellos cuatro nunca podrían volver a ayudarlo.
—No, no debemos decirle nada a los adultos. Podemos con esto. Sólo debemos concentrarnos en un problema a la vez.— dijo Ron.
Todos se giraron para mirar a Ron. Era la primera vez que el pelirrojo decía algo con tanta autoridad. Nadie discutió con él. Estaba claro que el ataque a Bill había cambiado a Ron.
—El problema mayor es la fiebre. Debemos esperar a ver si las medicinas Muggle tienen efecto. Ginny, sigue poniendo la tela fría en su frente. Yo seguiré vigilando su mano. Debe de estar bien ahora que la cubrimos propiamente.— continuó Ron.
Ginny se apresuró a seguir poniendo la tela mojada en la frente de Harry. Damien la remplazó unas horas después para que la chica pudiera dormir.
Los días pasaron y para el cuarto día, la fiebre de Harry había bajado dramáticamente. Aún seguía débil y apenas si podía mantenerse despierto. Pero no se quejaba. Después de las palabras que le dirigió Ginny el primer día, se quedaba quieto y dejaba que los otros lo atendieran. Sabía que necesitaba ayuda, pero nunca lo admitiría en voz alta. Estaba agradecido de que los otros cuatro no hicieran mucho escándalo por lo enfermo que estaba. No lo molestaban más que para lo que era necesario. Lo dejaban solo por la noche para que descansara y luego pasaban todo el día con él ateniéndolo.
Harry despertó por el sonido de un fuerte golpe en su puerta. Se levantó y lentamente se dirigió a la puerta. Se preguntaba cuando se quitaría esa terrible fatiga que sentía. La medicina Muggle estaba funcionando, pero muy lentamente. Harry llegó a la puerta y la abrió sin siquiera pensarlo. Pensaba que los cuatro adolescentes habían venido un poco más temprano ese día. Pero en lugar de los cuatro adolescentes, la puerta estaba bloqueada por tres hombres vestidos con ropas negras.
Harry apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió un hechizo golpearlo en el pecho. Golpeó violentamente el suelo debido a la fuerza del hechizo. Levantó la mirada para ver a los tres Mortífagos entrar en la habitación y cerrar la puerta detrás de ellos.
—Hola Príncipe, cuanto tiempo.— dijo Nott mientras apuntaba su varita al pecho de Harry.
Harry miró alarmado a los tres Mortífagos acercarse a él. Sabía que apenas si podía mantenerse en pie, ¿cómo se suponía que iba a enfrentarse a ellos? Su magia no era lo suficientemente fuerte para luchar contra los tres. Sus hechizos serían patéticamente débiles.
Se puso de pie lentamente tratando de no rendirse ante el ardor que sentía en el pecho. Los tres Mortífagos apuntaron sus varitas hacia él. Harry reconoció a los tres de inmediato. Nott, Kerr y Reid, se puso lo más derecho que pudo, podía estar débil físicamente, pero eso no significaba que les temiera.
—Sigues teniendo el mal hábito de atacar a las personas fuera de guardia, ¿Nott? — dijo Harry con su voz más fuerte.
Nott miró a Harry con la felicidad desbordando de su ser. Podía ver que el chico estaba enfermo, su piel pálida y manos temblorosas se lo decían.
—¿Qué sucede, Príncipe? ¿Te dio catarro debido al clima? — se burló Nott.
Harry cerró los puños con furia y miró a Nott con mirada asesina. Ese era el Mortífago que Harry odiaba más que a todos. La única razón por la que Harry lo dejaba vivir era por que Voldemort le había dicho que era de mucha ayuda.
—Y bien, ¿cómo me encontraron? Les tomó demasiado tiempo.— dijo Harry. Tenía que mantenerlos distraídos para poder pensar en como salir de ese lío.
—Fue realmente fácil, todo lo que tuvimos que hacer fue seguir ese patético hermano tuyo. Lo espíamos por unos días y vimos que venía aquí con regularidad en los últimos días. No fue difícil en verdad.— dijo Nott con un deje de burla en la voz.
Harry contó hasta cinco en su cabeza, no podía enojarse con Damien en ese momento, tenía que sobrevivir a esos Mortífagos.. ¡Después mataría a Damien! Harry miró a su alrededor, la única ruta de escape era la puerta detrás de los tres hombres. Harry luchaba por mantenerse de pie, no podía luchar con tres hombres para escapar. Miró desesperadamente a su alrededor buscando otra ruta de escape. Su varita estaba muy lejos de él.
—Vamos Harry. No crees qué en verdad puedes contra nosotros cuándo estás en ese estado, ¿o si? La confianza en ti mismo es una cosa, pero eso sería simplemente estúpido.— dijo Kerr con una media sonrisa.
—Vámonos.— dijo Reid y estiró el brazo para tomar a Harry.
Harry tomó esa oportunidad. En cuanto Reid se acercó para tomarlo, Harry se movió lo más rápido que pudo y logró atinarle una patada a Reid en la pierna. Reid aulló de dolor y Harry le quitó la varita antes de que el hombre cayera al suelo.
De inmediato, Harry se encontraba contra dos Mortífagos. Sabía que era completamente inútil usar la varita en ese momento, pero los Mortífagos no lo sabían. Podían darse cuenta de que Harry estaba mal físicamente, pero no sabían nada sobre la transferencia de magia. O al menos Harry esperaba que no lo supieran. Pero como últimamente esos días, la suerte no estaba de su lado. Nott soltó una carcajada mientras Harry se acercaba a la puerta.
—Vamos, Harry. Todos sabemos que desperdiciaste tu magia en Potter. No puedes hacer nada para salvarte. Ven con nosotros pacíficamente y no te lastimaremos… demasiado.— dijo Nott con una sonrisa retorcida.
—Olvídalo. No iré a ningún lado con ustedes.— Harry reunía desesperadamente cualquier pequeña cantidad de magia dentro de su ser. Habían pasado unos cuantos días desde la transferencia, su magia se reponía poco a poco, pero no era ni la mitad de su nivel normal aún. Si Harry reunía suficiente magia en ese momento, tendría una oportunidad de escapar, y es era todo, una sóla oportunidad.
Harry respiró hondo. No podía realizar la maldición asesina. Sabía que no tenía suficiente magia en su cuerpo. Miró a Nott a los ojos antes de lanzar una maldición hacia el suelo.
—MOMENTUM EXPUR.— gritó Harry con la voz más firme que pudo.
El suelo comenzó a sacudirse en ese momento, los tres Mortífagos se distrajeron tratando de mantenerse en pie. Ese era todo el tiempo que Harry necesitaba. Ya había llegado a la puerta antes de conjurar el hechizo. Abrió la puerta de la habitación y corrió lo más fuerte que su adolorido cuerpo se lo permitió.
Harry sentía los hechizos pasando por su lado y sobre su cabeza mientras corría por el pasillo y las escaleras. Corrió desesperadamente hasta que llegó a la puerta principal. Debido a que estaba enfermo, Harry no había podido cambiarse a otro hotel. Nunca se quedaba en el mismo lugar por más de tres días. Corrió por la calle y buscó desesperadamente a su alrededor. ¿A dónde iría? Tenía que alejarse de los Muggles, lo más que pudiera. Los Mortífagos estarían felices de matar a tantos como pudieran, sólo necesitaban una excusa.
Corrió hacia la derecha y cruzó una calle, apenas si se salvó de ser golpeado por un auto y se apresuró a llegar a la otra acera. No miraba atrás para ver si los tres hombres seguían detrás de él. Pero escuchaba pisadas fuertes detrás, así que daba por hecho que lo estaban persiguiendo. Su respiración comenzó a lastimarle el pecho mientras luchaba por ir más rápido. Vio un proyectil rojo golpear la ventana de una tienda. ¡Seguían lanzando hechizos contra él!
Harry comenzó a bajar la velocidad. Su cuerpo no podía más. Forzó los músculos de sus piernas para que siguieran trabajando. Su pecho dolía y comenzaba a sentirse a punto de desmayarse. Se forzó más diciéndose a sí mismo que no podía permitirse colapsar en ese momento. No podía volver con Voldemort. No sería su marioneta de nuevo.
Harry miró las puertas de un parque abiertas. Corrió hacia allá rápidamente. El parque era muy grande y tenía mucha área boscosa. Muchísimos árboles le daban oportunidad de ocultarse. Entró al parque y se dirigió a los árboles. Tenía que esconderse.
Sólo cuando estuvo seguro de estar bajo la segura oscuridad de los árboles, Harry dejó de correr. Se recargó en uno de los árboles y trató de respirar normalmente. Sentía que sus rodillas temblaban, cayó al piso en silencio. Se limpió el sudor de la frente y cerró los ojos. Todo lo que podía escuchar era su propio corazón latiendo furiosamente. Era muy temprano en la mañana y el parque estaba desierto, los Muggles estarían en el trabajo, o en la escuela. Sabía que no habría Muggles alrededor, así que los Mortífagos no podrían descargar su frustración con gente inocente.
Harry no escuchó a los tres hombres acercarse por detras. Su mente seguía luchando contra la fiebre que comenzaba a subir de nuevo. Abrió los ojos e intentó ponerse de pie, en cuanto lo logró, sintió que alguien lo tomaba por la espalda. Alguien había pasado su brazo alrededor de su cuello y con la otra mano habían aprisionado la mano con la que sostenía la varita de Reid. Harry reacionó por puro instinto, lanzó su codo al estómago del hombre y trató de liberarse. Desafortunadamente, su fuerza no era suficiente y el hombre simplemente se sacudió del ataque de Harry antes de lanzarlo al piso para que quedara de rodillas. Harry cayó al suelo de inmediato. Lo habían pateado duramente en las costillas y habia caído de espaldas. Se dio cuenta de que había sido Reid el que lo había atacado.
Ya no le quedaban fuerzas. No pudo quitarse del camino cuando Nott y Kerr le lanzaron maldiciones Cruciatus. Harry nunca había sido golpeado por un Cruciatus antes. Luchó por no gritar pero no pudo contenerlo. Un grito perforador salió de su boca mientras se convulsionaba de agonía en el suelo. La herida en su mano se abrió de nuevo y comenzó a sangrar. Después de un buen rato, los Mortífagos quitaron la maldición y dejaron a Harry jadeando por tomar aire. Su cabeza dolía horrores. Parpadeó rápidamente intentando quitar los puntos negros que cubrían su visión. Harry escupió un montón de sangre y tomó grandes respiros intentando dejar de temblar.
—Es suficiente, llevémoslo de vuelta antes de que lo perdamos de nuevo.— le dijo Kerr a Nott.
—Relájate, no irá a ningún lado. Míralo. El patético chico ni siquiera puede permanecer de pie, mucho menos escapar.— dijo Nott acercándose un paso al cuerpo de Harry.— He esperado mucho por mi venganza. No voy a dejar pasar esta oportunidad.— dijo con voz amenazante.
Apuntó con su varita a Harry y de inmediato el chico sintió algo alrededor de su cuello. Jadeó intentando mover sus manos para liberarse. Pero en ese momento, Harry sintió sus manos siendo atadas a su espalda y sintió ataduras inmovilizarlo. Miró a Nott con sus ojos esmeralda sin creer lo que iba a hacer.
Nott le dedicó una sádica sonrisa al chico antes de levantar su varita. De inmediato, Harry fue levantado del suelo por la cuerda atada a su cuello. Sintió sus pies dejar el piso. Harry comenzó a jadear y removerse cuando su vía respiratoria se vio cubierta. Trató de liberar sus manos pero estaban atadas muy fuertemente. No podía creer lo que Nott le estaba haciendo, pero entendía porque lo hacía. Una vez que Harry fuera entregado a Voldemort, su memoria sería modificada, nadie podría lastimarlo. De esa forma, Nott estaba tomando venganza antes de entregarlo a su Amo.
Harry jadeó fuertemente mientras trataba de liberarse, pero no lograba nada. No podía respirar. La cuerda bloqueaba todo acceso de aire. La visión de Harry comenzó a oscurecerse, sabía que se desmayaría pronto. Todo lo que escuchaba era el sonido de las risas de los tres Mortífagos.
De pronto, Harry sintió que caía rudamente al piso. Sintió el frío suelo del bosque bajo él y al fin pudo respirar. Jadeó ruidosamente intentando tomar todo el aire posible. Su visión estaba borrosa, pero pudo escuchar el sonido de los tres Mortífagos cayendo al suelo inconscientes. Alguien los había atacado. "*Conociendo mi suerte probablemente sean los Aurores, seguro detectaron magia en un lugar Muggle"*pensó amargamente.
Sintió un par de manos girarlo para que quedara de espaldas y miró el borroso rostro de Damien, se veía de lo más preocupado. La mente de Harry le indicó que se relajara antes de desmayarse.
Damien gritaba el nombre de su hermano, pero el chico ya se había desmayado. Ginny le desataba las manos mientras Damien le quitaba la horrible cuerda del cuello. Damien no podía creer lo que esos Mortífagos le estaban haciendo.
Ron y Hermione se apresuraron a revisar el cuerpo de Harry con sus varitas. Harry seguía respirando, pero estaba terriblemente herido. Sus heridas sangraban y la fiebre había subido terriblemente. Su respiración era áspera y dificultosa.
Ginny agradecía su suerte al haber visto a los tres Mortífagos entrar en el parque justo cuando se dirigían al hotel con Harry. Vestían ropas negras y eran fáciles de reconocer como Mortífagos. Los cuatro adolescentes habían ido tras ellos para espiarlos y ver por que estaban en el mundo Muggle. No habían esperado encontrar a Harry también, cubierto de sangre y siendo torturado por Mortífagos.
—¿Qué hacemos ahora? ¡No podemos quedarnos en el mundo Muggle ahora! Voldemort lo sabe. ¿Qué vamos a hacer? — preguntó Hermione preocupada.
Damien pensaba lo mismo. Harry necesitaba ayuda, no sólo para recuperar su salud, sino para permanecer escondido.
—No tenemos otra opción. Creo que debemos llevarlo a casa.— dijo Ron después de un momento de silencio.
—Pero, ¿qué hay de Dumbledore? ¿Y Harry?, él no estará feliz de que les digamos a los adultos.— dijo Ginny mientras limpiaba la sangre de la boca del chico.
—No dije nada sobre decirle a los adultos. Harry no ira al Valle de Godric. A lo que me refería era que Harry irá a casa con nosotros, a la Madriguera.— dijo Ron dejando sorprendidos a los otros tres chicos.