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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 42
No había muchas cosas que dejaran a Albus Dumbledore sin palabras, pero después de escuchar a James y Sirius, Dumbledore se encontró imposibilitado de pronunciar ni una sóla palabra. Nunca se hubiera imaginado que Harry entrara al Ministerio tan fácilmente. El chico seguía siendo un misterio para Dumbledore, cada vez que el anciano pensaba que lo conocía bien, el muchacho iba y hacía algo como eso, completamente fuera de tono.
Lo que Dumbledore encontraba más interesante era el objeto que Harry había tomado, la copa de Helga Hufflepuff. ¿Por qué la copa? ¿Qué tenía de importante ese objeto como para que Harry tomara semejante riesgo por el? Había muchísimas otras cosas guardadas en el Ministerio, mucho menos seguras que la copa y que probablemente le dejarían más dinero. No, tenía que ser otra cosa.
Dumbledore se recargó en su silla y cerro sus ojos. ¿Podría ser? ¿Sería posible que la copa de Hufflepuff fuera Horrocrux? Eso tenía sentido. Harry había tomado la copa porque era un Horrocrux. ¿Pero cómo Voldemort había logrado poner sus manos en la copa? De cualquier modo, Voldemort la debió de haber usado para hacer el Horrocrux. ¡Era la única cosa por la qué Harry robaría la copa! Tenía que ser eso. Era lo único que se le ocurría para justificar a Harry entrando al Ministerio de Magia. Dumbledore abrió sus ojos y dejó salir un largo suspiro.
—Creo que sé por qué Harry entró al Ministerio.— dijo Dumbledore con voz cansada. James, Sirius, Remus y Lily se apresuraron a acercarse a él.— Harry fue por la copa de Hufflepuff. Eso lo sabemos bien. Pero creo que la verdadera pregunta es, por qué tomó la copa, — Dumbledore hizo una pausa,— la copa es un Horrocrux.— añadió simplemente. El jadeo general que siguió a esas palabras hubiese sido muy gracioso si la situación no fuese tan tensa.
—¿Cómo… cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar seguro? — preguntó Lily.
—No puedo estar seguro. Sin embargo es lo único que tiene sentido. Voldemort tiene muchos espías en el mundo mágico. Siembre he estado al tanto del hecho de que también están en el Ministerio. Es posible que Voldemort usara a uno de sus espías para robar la copa y ponerla de vuelta después de usarla. Es muy ingenioso en realidad. Uno de los Horrocruxes de Voldemort custodiado por el Ministerio. Los Aurores tratando de acabar con él eran los mismos que lo protegían.— James y Sirius se veían algo enfermos y pálidos ante las palabras del anciano.
—Entonces, ¿usted cree qué Harry tomó la copa por qué es un Horrocrux? — preguntó James.
—Creo que ese es el caso.— respondió Dumbledore.
—Entonces, Harry está detrás de los Horrocruxes también.— dijo Sirius.
—Desde que Harry huyó de Voldemort me he estado preguntando qué es lo que planea hacer. Harry siente que no puede volver a casa, a su verdadero hogar debido a su pasado. No puede comenzar una nueva vida en el mundo mágico porque todos lo reconocerían como el Príncipe Oscuro y lo entregarían al Ministerio. Harry no es de los que huiría y viviría su vida como Muggle. Así que eso facilita mi entendimiento. Ahora comprendo lo que Harry está haciendo. Esta es su venganza. Irá tras los Horrocruxes como venganza hacia Voldemort.— explicó Dumbledore.
James y Lily podían sentir sus corazones latir salvajemente en sus pechos. Harry iba con todo contra Voldemort, iba tras los Horrocruxes. En lugar de sentirse orgullosos o felices porque Harry al fin estuviera contra Voldemort, ambos padres sintieron verdadero miedo. Si Harry era atrapado por los Mortífagos, ¿qué le haría Voldemort? Snape les había dicho que Voldemort quería a Harry de vuelta para modificarle la memoria y tener de vuelta a su Príncipe Oscuro. Voldemort había criado a Harry como a un hijo y como Dumbledore había dicho, tal vez tenía una debilidad por el chico pero, ¿qué le haría el Lord Oscuro al chico que destruyó uno o más de sus amados Horrocruxes? James ni siquiera quería pensarlo.
—¡Debemos llegar a Harry! ¡Antes de qué Voldemort lo haga! — dijo James con la voz más controlada que pudo. Dumbledore, Sirius, Remus y Lily no podían estar más de acuerdo.
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—Bien, repíteme eso una vez más.— dijo Harry con voz cansada.
—¿Qué tiene de complicado? Me encuentras en el Valle de Godric y ambos vamos y buscamos tu varita mientras todos los demás están en la boda.— repitió Damien su fabuloso plan.
—Correcto, correcto. Espera, ¿la boda de quién? — preguntó Harry algo adormilado.
—¡Bill y Fleur! Harry, ¿alguna vez me escuchas? — preguntó Damien,— te dije de su boda la semana pasada, ¿recuerdas? ¡Bill Weasley, el hermano de Ron!
Harry sofocó otro bostezo y miró a su hermano menor con ojos cansados.
—Sí, ¿pero no crees que todos sospecharan de tu ausencia? — preguntó Harry.
—No, Ron y Hermione se encargaran de esa parte.— le dijo Damien señalando con la cabeza hacia los chicos que hablaban en voz baja en una esquina de la habitación. Harry simplemente asintió y se talló los ojos.— ¿Estás bien? Parece que no has dormido en días.— dijo Damien al ver los ojos enrojecidos de Harry y su rostro pálido y cansado.
—Estoy bien.— dijo Harry inmediatamente.
Damien decidió no presionarlo. En lugar de eso le preguntó algo que llevaba molestándolo por los últimos días.
—Harry, ¿por qué quieres esa varita en particular? Puedes conseguir una varita nueva. ¿Por qué estás obsesionado por conseguir tu vieja varita?
Harry dejó de tallarse los ojos y miró a Damien. Ron, Hermione y Ginny habían dejado sus cosas para mirar la reacción del chico.
—Esa varita es especial.— respondió Harry simplemente.
—¿Qué tiene de especial? — insistió Damien. Harry suspiró por lo bajo y miró a Damien.
—Esa varita fue hecha especialmente para mí. Nadie más puede utilizarla. Sólo responderá ante mí. Aunque pueda ser rastreada por Voldemort, la alteré para poder hackear ciertos hechizos sin que él se de cuenta.— respondió Harry.
—¿Qué clase de hechizos? — preguntó Damien sorprendido.
—Sólo cosas simples, nada como las Imperdonables, sólo hechizos para convocar cosas o transfigurar o cosas por el estilo.— respondió Harry.
Damien permaneció en silencio. Aparentemente Harry de verdad necesitaba esa varita. Había vivido sin usar magia por mucho tiempo.
—¿Dijiste hechizos de transfiguración? — preguntó Ginny.
Harry ni siquiera la había mirado. Las últimas semanas, Harry había pasado mucho tiempo con los cuatro adolescentes. Como resultado, los cuatro se habían vuelto bastante abiertos y les era muy fácil comunicarse con Harry. Pero ninguno se comparaba con lo mucho que había cambiado Ginny Weasley. Al principio apenas si hablaba, pero ahora se veía bastante cómoda hablando y preguntándole cosas a Harry todo el tiempo. Algo de lo que Harry comenzaba a arrepentirse.
—Sí, hechizos de transfiguración, ¿por qué? — dijo Harry sin levantar la mirada hacia Ginny.
—Bueno, es sólo que no necesitas una varita para eso, puedes transfigurar prácticamente lo que quieras— respondió simplemente la pelirroja. Harry giró la cabeza y la miró.
—No puedo transfigurarme a mí mismo. Puedo controlar y manipular objetos, pero para cambiar mi apariencia tengo que usar mi varita.
Los cuatro adolescentes entendieron entonces. ¡Por supuesto! Era por eso que Harry iba por ahí luciendo como él mismo. No era capaz de cambiar su apariencia. No podía aplicar un hechizo glamour sin su varita. Si Harry la tenía de vuelta estaría mucho más seguro ya que podría cambiar y así se ocultaría más fácilmente.
—Bien, entonces nos encontraremos en el Valle de Godric pasado mañana.— le dijo Harry a Damien.
Harry no podía esperar a tener de vuelta su varita. Ya había pasado demasiado tiempo sin usar magia.
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Damien no podía creer lo fácil que había sido escabullirse de la boda de Bill y Fleur. Todos los adultos estaban tan distraídos con la boda que nadie se había dado cuenta que Damien había entrado a la casa para usar la Red Flu e ir al Valle de Godric.
Damien se sacudió el hollín de sus ropas al llegar a su sala. Rápidamente se dirigió a la puerta de la casa. Justo como lo habían planeado, Harry estaba esperándolo ahí. Los dos chicos entraron en la casa y comenzaron a buscar la varita de Harry.
Damien sintió el ya familiar tirón de culpa invadirlo. Era la segunda vez que Harry entraba en el Valle de Godric y en ambas ocasiones Damien se lo había ocultado a sus padres. Pero Damien también sabía que no podía forzar a Harry a regresar a casa. No tenía sentido hacer que Harry se quedara en un lugar en el que no se sentía cómodo.
Buscaron por toda la casa hasta que al fin pudieron encontrar la varita, estaba escondida en un cajón escondido detrás de la mesita de noche de James. No la hubieran encontrado si Harry no se hubiese golpeado con el mueble y lo hubiese movido por accidente.
Harry sostuvo su varita de nuevo en su mano e inmediatamente sintió la magia recorrerlo por completo. Damien no pudo evitar sonreír al verlo. Era realmente bizarro lo mucho que un mago o bruja se apegaba tanto a su varita. En el caso de Harry, esa varita lo había salvado en un montón de ocasiones. Además, Harry se las había arreglado para alterarla para que funcionara sólo con él y tenía cierta libertad al usarla, Lord Voldemort no podría rastrearlo. Eso hacía la varita una de las cosas más importantes para Harry.
—¿Ahora qué? — preguntó Damien cuando su hermano metía su varita en el bolsillo.
—Ahora tu regresa con los Weasley, tengo unas cuantas cosas que hacer.— respondió Harry mientras se dirigían a la puerta.
Damien se dio cuenta lo absorto que se veía Harry con todo lo que le rodeaba. Ese era su hogar. Pero Harry no mostraba ningún interés por el.
—Harry, ¿te puedo preguntar algo? — dijo Damien pensando como decirle a Harry su duda.
—Hmm.—fue todo lo que respondió Harry mientras echaba un vistazo por la ventana para asegurarse de que nadie estuviera cerca cuando saliera.
—¿Tú… quiero decir, si tuvieras opción… te… ¿te gustaría regresar a casa? — preguntó Damien. Harry dejó de espiar afuera y miró a su hermano menor.
—¿Por qué lo preguntas?
—Es sólo… pensé que el Valle de Godric, te afectaría o algo así. Ya sabes, porque es nuestro hogar y todo eso, pero parece que no te importa.— dijo Damien un poco triste.
—Sólo porque no diga nada no quiere decir que no sienta nada. Regresaría a casa si pudiera. Es sólo que no es posible, así que no pierdo el tiempo pensando en eso y arrepintiéndome de cosas. Eso no ayudará.— dijo Harry un poco molesto con el comportamiento infantil de Damien.
—Cierto, sí. Lo siento. Sólo quería saber, perdón.— se disculpó el pequeño.
Harry revisó fuera de nuevo antes de instruirle a Damien que se fuera con los Weasley. Se fue después de ver a Damien desaparecer entre la llamarada verde, se apareció dentro de su habitación en el "Harley's Travel Inn".
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En cuanto Damien volvió a la Madriguera supo que algo andaba terriblemente mal. En lugar del sonido de la buena música y la plática con risas, sólo había gritos de terror. Fleur estaba de pie en mitad del salón mirando como los miembros de la Orden se gritaban entre sí.
Al principio Damien no pudo entender lo que los adultos gritaban, pero después pudo captar unas cuantas palabras que sólo dejaron en shock.
"¡Atacado… debemos ayudar… Dumbledore se acaba de ir… no lo podemos contactar… cerca de cincuenta Mortífagos… debemos hacer algo!"
Damien sintió su corazón hundirse hasta su estómago. Había un ataque y los miembros de la Orden intentaban reunirse para ayudar a los Aurores del Ministerio. Los ojos de Damien escanearon la habitación hasta que vio a su padre y tíos de pie entre la multitud. Ya tenían sus varitas listas.
Damien se apresuró a acercarse a sus amigos.
—¿Qué sucedió? — preguntó en cuanto se acercó a los tres preocupados chicos.
—¡Gracias a Dios qué regresaste! ¡No puedo creer qué esté pasando esto! — dijo Hermione con voz preocupada.
—¿Qué sucedió, qué está pasando? — preguntó Damien.
—¡Ha habido un ataque! Es horrible. ¡Los Mortífagos asesinaron al menos a doscientas personas! El profesor Dumbledore no aparece por ningún lado. Se fue de la boda poco después que tu. Dijo que había recibido una llamada urgente y que tenía que irse, veinte minutos después la noticia del ataque llegó. Nadie ha podido contactar a Dumbledore, no saben en donde está.— finalizó Ron.
Damien sintió su boca seca ante las noticias. ¡Doscientas muertes! Nada como eso había sucedido antes. Miró a su papa darle un fuerte abrazo a su mamá antes de salir por la puerta con Arthur, Sirius, Remus, Kingsley y otros miembros de la Orden detrás de él. Miró otras dos figuras dirigirse a la puerta pero un grito los detuvo. Se dio cuenta de que Bill también seguía a los Aurores.
—¡Bill! ¡No puedes! ¡No puedes irte hoy, es tu boda! ¡Ni siquiera eres un Auror! — gritaba la señora Weasley a su hijo.
—Mamá, no puedo quedarme con los brazos cruzados. Puede que no sea un Auror, pero soy un mago capaz de ayudar, así que iré.— respondió Bill.
Antes de que la señora Weasley pudiera argumentar algo, Fleur avanzó hacia su ahora marido. Su hermoso rostro estaba lleno de miedo y tristeza, miró directamente a los ojos de Bill.
—Tengo que ir Fleur, debes entender. Es mi deber. Por favor, déjame ir. Prometo que regresaré.— le rogó Bill a su esposa. Fleur inclinó su cabeza y se apartó en silencio del camino. La mirada que reflejaban sus ojos era clara.
—Debes volveg.
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Cuando los miembros de la Orden al fin llegaron a donde los Aurores del Ministerio estaban siendo atacados por los Mortífagos, su primera impresión fue que no tenían esperanza. Había muchísimos Mortífagos. El suelo estaba lleno de la sangre de los inocentes que habían caído y a donde quiera que miraban no había más que devastación. Eso solía ser un pacífico y pequeño pueblo de magos pero ahora no era nada más que un infierno ardiente.
James saltó a la acción de inmediato. Comenzó a luchar contra un grupo de tres Mortífagos acabando con los tres rápidamente. Por primera vez en un largo tiempo, sintió una ola de ira recorrerlo cuando conjuró la maldición asesina en los Mortífagos. Ya no le importaba arrestarlos y mandarlos a juicio. Merecían morir, todos ellos.
James no sabía en donde estaban los demás Aurores o qué estaban haciendo. Todo lo que podía pensar era en los cuerpos de las víctimas inocentes esparcidos por todos lados. Casi todos los cadáveres eran de hombres jóvenes, había mujeres... ¡Incluso pequeños niños! Eso causó que la poca razón que seguía en él se esfumara. Les lanzó la maldición asesina a todos y cada uno de los Mortífagos que se le ponían enfrente mientras bloqueaba los hechizos que iban hacia él.
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Damien se sentó con Hermione, Ginny y Ron en una de las mesas. La atmósfera era pesada y terrible*. "Vaya día de bodas"* pensó Damien tristemente mirando a la novia. Fleur estaba rodeada de su familia mientras todos los demás trataban de calmar a la señora Weasley, Arthur, Charlie y Bill habían ido a ayudar a los Aurores. Los gemelos también habían querido ir pero los detuvieron al no tener mucha experiencia con duelos reales.
—¿Creen… creen qué debamos decirle? — susurró Ginny.
—Estaba pensando lo mismo,— respondió Ron,— tenemos el teléfono. Podríamos enviarle un mensaje a él.— continuó.
—No podemos.— les dijo Hermione rápidamente.
—¿Por qué no? — preguntó Damien, sabía que Harry se pondría furioso si no le informaban del ataque. Tal vez podría ir a ayudar contra los Mortífagos.
—¡Piénsalo! Si él se entera entonces él querrá ir a ayudar. Eso sólo significaría que él sea atrapado ya sea por los Mortífagos o por el Ministerio. Aún usando un hechizo glamour, es muy peligroso. Sólo lo pondríamos en peligro. La Orden podrá con esto. No hay que decirle nada.— finalizó Hermione.
Damien se quedó analizando las palabras de Hermione. Tenía razón. Era demasiado riesgoso. ¿Qué pasaría si Harry era atrapado por accidente? Había muchos hechizos que podrían quitarle su glamour por accidente. ¡Harry correría mucho riesgo! No, era mejor mantener a Harry a salvo y no decirle nada. Además, Dumbledore ya debía de haber sido informado, todo saldría bien, o eso esperaba Damien.
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James estaba luchando arduamente contra los Mortífagos. Su rabia le había dado nueva fuerza. De pronto, sintió una maldición golpear su escudo y causó que se sacudiera. Apenas si logro permanecer en su lugar. James se giró para encarar a la persona responsable de enviar semejante maldición. James sabía que había sólo unos cuantos magos capaces de realizar una maldición tan poderosa, uno de ellos era Dumbledore, y el otro… James se giró rápidamente y se encontró con unos rojos ojos llenos de malicia. ¡Voldemort!
Todo pequeño enojo que yacía dentro de James se perdió al instante. Ahora lo invadía rabia pura. El odio que sentía por ese hombre era tan intenso, que el suelo bajo sus pies comenzó a temblar. Voldemort miró la rabia en los ojos de James y sonrió de lado. El Animago sintió un latigazo de furia cuando vio que la sonrisa de Voldemort era exactamente la misma que hacia Harry.
—Usualmente no causo este efecto en nadie. Debes tener fuertes sentimientos hacia mí.— dijo Voldemort calmadamente refiriéndose al temblor en el suelo. James apenas si podía hablar debido a la rabia.
—No todos han sufrido por tu culpa como yo he sufrido.— dijo James entre dientes.
—De verdad, no recuerdo haberte puesto una mano encima. Te aseguro que de haberlo hecho no estarías aquí hoy.— continuó Voldemort con su misma voz calmada.
James apretó la mandíbula rechinando los dientes y caminó hacia el Lord Oscuro. Ese hombre era la razón por la que su familia estaba incompleta. Él era la razón por la que Harry había crecido sin infancia. Era la razón por la que Harry había hecho cosas horribles y ahora era uno de los magos más buscados y sin futuro alguno, todo era por culpa de ese hombre. James apretó su varita más fuertemente.
—¡El abuso físico no es nada comparado con las heridas que me has causado! — dijo James listo para esquivar cualquier maldición que Voldemort enviara hacia él, pero el Lord Oscuro parecía estar disfrutando la conversación y no parecía querer atacar a James.
—¡Me quitaste a mi hijo! Lo convertiste en un asesino. ¡Robaste su inocencia y destruiste su futuro! ¡Eso es lo peor qué le puedes hacer a un padre! — Voldemort sonrió de nuevo, obviamente le divertía el sufrimiento de James.
—Entonces, ¿qué Potter? ¿Tienes una pequeña venganza planeada? — preguntó Voldemort al ver que los nudillos de James estaban blancos de lo fuerte que apretaba su varita. Ahora fue turno de James para sonreir.
—No es necesario. Al parecer el destino ya comenzó a tomar revancha. Tu me robaste a mi hijo. El destino lo ha apartado de tí también.
La sonrisa de Voldemort desapareció de su rostro y se quedó de pie escuchando las palabras de James, quien sonrió y siguió su discurso.
—Sufrí mucho, pero ahora tu sufres del mismo modo. Tal vez te llevase a Harry con un propósito diferente, pero cometiste el error de acercarte tanto a él. En verdad comenzaste a encariñarte con Harry. Harry se volvió tu hijo. ¡Y ahora Harry te ha dejado y nunca regresará a tu lado! Perdiste a tu hijo justo como yo lo perdí.
James no vio la varita que ahora lo apuntaba, solamente se dio cuenta de lo que pasaba una vez que el dolor del Cruciatus lo invadió. Cayó al suelo pero se negó a gritar de dolor. Voldemort quitó la maldición y miro fijamente al hombre frente a él.
—¡Cómo te atreves! ¡Cómo te atreves a insultarme! No sabes nada de mí y tampoco conoces a Harry. Él regresará conmigo. Una vez que se calme él regresará.— declaró Voldemort con un extraño brillo en sus ojos rubí. Volvió a lanzarle la maldición a James pero esta vez el hombre estaba listo. James se lanzó hacia un lado y evadió la maldición de Voldemort. Eso sólo enfureció al Lord Oscuro aún más y de nuevo tuvo a James tumbado en el suelo retorciéndose de dolor.
James luchó por poder sentarse una vez que la maldición fue removida. Sus miembros le dolían y no pudo evitar el grito de dolor que se le escapó cuando trató de ponerse de pie. Miró a Voldemort y soltó una risita mientras se levantaba lenta y dolorosamente escupiendo sangre de su boca.
—Tu eres el que no conoce a Harry. Harry tiene mi sangre. Siempre será reconocido como mi hijo… ¡Potter! Esa es su identidad. Tu me lo quitaste, pero no pudiste evitar que creciera y se pareciera a mí. Le quitaste su inocencia pero no pudiste quitarle su compasión por otros. Trataste de enseñarle cosas malas, pero Harry se las arregló para aprender algunas cosas buenas también. ¡Harry nunca será tuyo, siempre será un Potter!
James sintió un agudo dolor en su pierna cuando Voldemort partió su hueso con una maldición. Golpeó el suelo instantáneamente gruñendo por el dolor. Sabía que nunca sería capaz de derrotar a Voldemort. No era posible, pero James quería decirle todas esas cosas, aunque significara que tendría una muerte horrible y dolorosa. Al menos le mostraría a Voldemort quien era el verdadero padre de Harry.
Voldemort estaba de pie frente al cuerpo de James. Sus ojos rojos tenían un brillo maniático en ellos. Levantó su varita y apuntó directamente al pecho de James. Murmuró una maldición que causó que la mente del Animago explotara de dolor. Gritó en agonía. Sentía como si le estuvieran arrancando la piel. Sentía que su piel quemaba horriblemente. La sangre salía por su nariz y boca provocando que tosiera y se ahogara con su propia sangre. Voldemort quitó la maldición y miró el ensangrentado cuerpo de James Potter.
—Que mal que no podrás decirle adiós a tu mocoso.— dijo con la voz llena de crueldad.
Apuntó directo a la cabeza de James.
—¡AVADA KEDAVRA!
Cientos de millas lejos de ahí, en un pequeño pueblo Muggle, un chico de cabello negro dejaba escapar un grito de agonía. Harry apretó su cicatriz y dejó escapar otro grito lleno de dolor.