Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Harry Potter y la oscuridad · de

Harry Potter y la oscuridad — capítulo 41

Lord Voldemort no creía posible estar más molesto que como estaba en ese momento. Había pasado un mes desde que sus incompetentes Mortífagos habían dejado ir a Harry y aún no tenía ni una pista de donde podría estar. Voldemort no podía perder más tempo. Perdería la guerra sin Harry, y si las cosas seguían como iban en ese momento, el otro bando tendría a Harry antes que ellos.

Sin embargo, Lord Voldemort no quería admitir que una gran parte de él quería a Harry de vuelta por otra razón aparte de la guerra. Extrañaba a Harry, pero todo el numerito que el chico había hecho al destruir su Horrocrux estaba carcomiéndolo por dentro. Nunca en su vida había esperado que Harry hiciera algo como eso. Pero Voldemort sabía que el muchacho no sabía en donde estaban los demás Horrocruxes, así que no tenía de que preocuparse por eso. Harry sería castigado severamente antes de que le modificaran la memoria.

Esa era otra cosa que lo ponía furioso. Había pasado ya mucho tiempo como para simplemente lanzar un Oblivate a Harry. ¡Más de un mes! Eso significaba que debía capturar a Harry y él mismo tendría que hacer un poderoso hechizo para cambiar su memoria, ya que no podía arriesgarse a que alguien más jugara con la mente de Harry. Lord Voldemort sabía que información y cuáles memorias dejar y cuáles borrar.

El Lord Oscuro había dado instrucciones. Recompensaría a la persona que trajera a Harry de vuelta aumentando su poder. Obtendrían una fuente de poder de pura magia que podría ser usado con casi cualquier cosa. Eso había emocionado muchísimo a los Mortífagos. Ahora había una recompensa por la captura de Harry. Una recompensa que superaba por mucho los cinco mil Galeones del Ministerio. Eso motivaría más a los Mortífagos para atrapar al chico. Lord Voldemort miró a sus Mortífagos salir rápidamente de la habitación. "Pronto" pensó "Harry regresará conmigo pronto".

…..................................

Harry entró en el enorme edificio que era el Ministerio de Magia. Ron le había dicho todo lo que necesitaba saber sobre los pasillos del mismo. El pelirrojo y sus hermanos lo habían visitado tantas veces que lo tenían casi memorizado.

Después de entrar a la cabina telefónica, recordó los números que le había dado Ron, quién lo había memorizado después de ver a su padre y hermano, Percy, marcarlo varias veces. Harry presionó los números y escuchó la voz de una mujer llenar la caseta.

—"Bienvenido, por favor, ingrese su nombre y propósito de visita"**— Harry se aclaró la garganta antes de hablar.

—James Potter, Auror.— dijo claramente. Harry no sabía realmente si sonaba como James, pero después pensó que probablemente no hablaría mucho una vez dentro, así que se limitaría a ser su mejor imitación de James. La voz de la mujer llenó la caseta de nuevo.

—"Gracias. Esperamos que disfrute su día en el Ministerio de Magia".

Una pequeña tarjeta salió en el pequeño orificio de donde se suponía salían monedas y Harry la tomó rápidamente. De inmediato la cabina telefónica comenzó a moverse. Se movió hacia abajo, bajo tierra. Harry se quedó quieto, su corazón latía con fuerza en su pecho. Iba a entrar de contrabando al Ministerio. Si lo capturaban ahí ya nunca más podría salir, jamás. Toda persona dentro de ese edificio lo buscaba, y él les facilitaba las cosas entrando ahí.

—Espero que esto valga la pena.— murmuró para sí mismo.

La cabina telefónica llegó hasta el fondo y la puerta se abrió. Harry entró a un magnífico recibidor. Era muy grande y con montones de chimeneas a los lados, cubrían las paredes de alrededor. Había un escritorio en medio de todo y otro en una esquina, Ron le había dicho a Harry que el que estaba en el medio era para que los visitantes se anotaran y registraran sus varitas. El de la esquina era para trabajadores de Ministerio. Ya que James era un Auror no tenía que registrar su varita.

Harry caminó decididamente hacia el escritorio en la esquina. Trató de lucir lo más normal posible. No quería dar la impresión de que no sabía a donde iba.

Ron le había dicho que la persona que se sentaba en ese escritorio era Benjamin Hugh, pero todos lo llamaban Benjie. Era un hombre agradable, pero se enojaba con las personas que no le preguntaban sobre su familia. Tenía su esposa y tres hijos, y Damien le había dicho que su papá siempre le preguntaba a Benjie por sus hijos.

Harry se acercó al hombre y vio como le sonreía ampliamente.

—Buenas tardes, señor Potter. ¿Cómo está el día de hoy? — Harry le sonrió de vuelta a Benjie.

—Bien. ¿Cómo estás, Benjie? ¿Y tu esposa y tus hijos?

—Oh, están muy bien. Me iré de vacaciones pronto.— respondió el hombre.

—Bien, que bien. Sólo voy a recoger algo. Te veo luego.— dijo Harry rápidamente y se acercó a las enormes puertas detrás del escritorio.

Harry dejó salir un suspiro de alivio cuando entró en un corredor desierto. Estaba preocupado de que su padre se metiera en problemas si el Ministerio se daba cuenta de que la copa de Hufflepuff había desaparecido. Pero no planeaba que nadie más lo viera, o bueno, que no vieran a James tomar la copa e irse con ella. Con suerte, nadie se daría cuenta de lo que le había pasado a la copa. Y si de alguna manera James se involucraba con eso, habría muchísimas personas que declararían haberlo visto en el partido de Quidditch.

Harry se apresuró por el corredor y se dirigió a los elevadores.

De acuerdo al libro que tenía Hermione, la copa de Hufflepuff estaba en un área segura del edificio. Eso fue en lo único en lo que Ron y Damien no pudieron ayudarlo. No tenían idea de donde estaba la sección.

Harry entró al elevador y leyó los nombres de los departamentos. Encontró rápidamente el que más probabilidad tenía que ser. Se llamaba "Privado y Seguro, Sólo personal autorizado". Ese tenía que ser.

Harry presionó el botón para ir al piso 23. De verdad esperaba que su plan funcionara. No quería atraer mucha la atención. El elevador se abrió cuando iba en el piso 15. Un hombre alto con cabello castaño y ojos grises se subió al elevador. Harry mantuvo la mirada baja. No sabía a quienes conocía James y a quienes no, no quería que sospecharan de él.

—¿Qué sucede, Potter? ¿Intentas pasar desapercibido últimamente, no? — Harry levantó la mirada y miró al hombre que le hablaba.

—¿Qué? — respondió Harry. Harry podía decir, sólo por la forma en la que ese hombre le hablaba y lo miraba, que no era amigo de James.

—No te culpo. Si tuviera un hijo asesino yo también me escondería.— continuó el hombre.

Harry sintió como si alguien le hubiese lanzado una cubeta de agua fría encima. No podía creer lo que el hombre le acababa de decir. Harry cerró los puños fuertemente y se acercó un paso hacia el sujeto.

—¿Qué? ¿Te vas a lanzar sobre mí cómo lo hiciste con Keith? Tengo que recordarte, Potter, que no estoy diciendo nada malo. Tu hijo es un asesino. Debes acostumbrarte a que las personas lo llamen de ese modo.

Harry se sorprendió ante eso. Su padre pasaba por muchísimos maltratos por culpa suya. Las personas en su trabajo lo insultaban. Ese tal Keith ya había sufrido las consecuencias tras molestar a James, y ahora ese idiota también quería meterse en problemas.

—Tal vez, deberías mantener la boca cerrada o alguien vendrá y te la cerrará, permanentemente.— siseó Harry.

—¿Es eso una amenaza? — preguntó el hombre.

—¿Acaso suena cómo una? — devolvió la pregunta Harry.

—Será mejor que cuides tu espalda Potter. No todos desean lo mejor para tí.

Harry rodó los ojos. El estúpido hombre ni siquiera sabía como amenazar a alguien propiamente.

—Escucha, es obvio lo que en verdad está sucediendo. Simplemente estás celoso de mí porque soy uno de los mejores Aurores a pesar de lo que sucede en mi vida personal, siempre seré de los mejores. Si no soportas el calor, mi amigo, te aconsejo que te alejes.— dijo Harry sonriendo de lado.

En cuanto la última línea dejó sus labios, Harry movió su mano y el hombre fue a dar contra una de las paredes de metal del elevador. El hombre estaba atontado pero seguía consciente.

-—¿Qué de… qué demonios crees que haces? — exclamó el hombre mientras trataba ponerse de pie.

Harry sonrió y se inclinó hacia adelante para mirar al hombre directamente a los ojos. Bajó un poco sus lentes para que sus brillantes esmeraldas se pudieran ver. El hombre abrió la boca horrorizado

—¡Tú… tú! ¡Eres él! — murmuó como pudo.

—De verdad deberías cuidar lo que dices. La próxima vez, un asesino podría venir y cerrarte la boca de por vida... ¡Estúpido bueno para nada! — dijo Harry venenosamente.

Harry le dio en la cabeza al tipo con la palma de su mano y lo mandó de espaldas al suelo. El adolorido hombre trató de sacar su varita, pero Harry fue más rápido y se la arrebató. El sujeto seguía en el suelo mientras Harry lo apuntaba con su propia varita.

—Umm… veamos ahora. ¿Qué debería hacer con una patética excusa de mago? Pensemos.— se burló Harry.

Sonrió traviesamente y movió la varita una vez. El hombre comenzó a encogerse y pronto se convirtió en un pequeñísimo escarabajo color negro.

—Perfecto.— sonrió Harry mientras el pequeño bicho intentaba escabullirse por las paredes metálicas del elevador para evitar ser aplastado.

—Ahora, puedes seguir comportándote como antes, esta forma te queda mucho mejor que la anterior— Harry soltó una risa.

En cuanto pudo, el pequeño escarabajo se escabulló por las puertas del elevador. Se lo merecía por haberle hablado así a James. Había sido sólo un pequeño hechizo de transfiguración y se quitaría en unas cuantas horas. Dicho hechizo iba pegado con un hechizo protector, mientras la persona estuviera convertida en animal o, en este caso, insecto, no podía sufrir daño alguno. Así que si alguien iba y pisaba al escarabajo, éste no moriría, simplemente lo lastimaría un poco.

—Al menos se mantendrá alejado de los Potter ahora.— murmuró Harry.

Harry llego al piso 23 y salió del elevador en cuanto las puertas se abrieron. Se alegró mucho cuando vio el corredor completamente desierto. Respiró profundo y se metió bajo la capa de invisibilidad. Vio las puertas que se dirigían a las diferentes habitaciones y se dio cuenta de que había cuatro Aurores cuidando dichas puertas. De verdad deseaba que eso funcionara, si alguno de esos hombres se daba cuenta de la capa de invisibilidad, Harry tendría que recurrir al plan B, y eso incluía a muchos Aurores muertos. Prefería no hacer eso en esos tiempos tan delicados.

Harry apuntó la varita hacia la esquina opuesta y causó que la ventana estallara. Dos de los Aurores estuvieron en posición de combate al instante y corrieron hacia la ventana con sus varitas en alto, listos para enfrentar lo que fuera que había causado eso. Los otros dos se pusieron frente a las puertas, protegiéndolas. Harry caminó lentamente hacia ellos. Era claro que no podían verlo. Se movió un poco más cerca hasta que estuvo frente a los dos Aurores. Trató de mantenerse lo más callado posible mientras sacaba una pequeña botella de sus ropas. Sin apartar sus ojos de los dos Aurores, Harry abrió la botella, de inmediato, un ruido tremendo se escuchó por todo el pasillo. Los dos Aurores pegaron un brinco y, tomando oportunidad de su distracción, Harry los pasó y abrió la puerta rápidamente. Había tirado la botella cuando había pasado junto a los Aurores, pero ellos no sabían de donde venía el ruido. Harry se metió por la puerta y se movió silenciosamente una vez adentro. Se quedó bajo al capa y corrió por el lugar. Se dio cuenta de que la habitación estaba repleta de hileras de estantes. Harry se apresuró a llegar hasta una copa de plata que estaba situada en la tercera hilera. Estaba dentro de una urna de cristal y se veía realmente hermosa.

Harry casi sintió pena al tener que destruirla. Se quitó la capa de invisibilidad, movió la varita y sintió la cantidad de hechizos de protección que tenía la copa. Movió su mano y la puso sobre la urna de cristal, debía quitar las protecciones sin varita, de otro modo activaría la alarma. Era igual que abrir una puerta si usar la varita. Sólo necesitabas saber cuales quitar primero. Cerró los ojos y se concentró en la magia frente a él. Logró quitar las protecciones rápidamente, sólo tres minutos de profunda concentración y el seguro estaba fuera. Escuchó el click cuando el hechizo desaparecía y la urna se abría.

Harry levantó el cristal y tomó la copa de plata. En cuanto sus dedos tocaron la copa, su cicatriz comenzó a dolerle. Tuvo que morderse los labios para que no escapara el quejido que provocó. La molestia en la cicatriz había disminuido notoriamente desde que había destruido el pendiente de Slytherin. Era ahora un dolor soportable, pero algunas veces incrementaba sin avisar. Harry pensaba que, ahora que no estaba con él, Voldemort se enfadaba mucho más seguido.

—Definitivamente es un Horrocrux.— murmuró para sí mismo mientras frotaba su cicatriz.

Metió la copa entre su ropa y volvió a meterse bajo la capa de invisibilidad antes de moverse discretamente hacia la puerta, llegó justo cuando tres de los Aurores entraban en la habitación.

"Mierda" pensó Harry apartándose del camino. Los Aurores lanzaban proyectiles azules que iluminaban diferentes objetos, era obvio que se trataba de un hechizo localizador para ver si alguien había entrado. El problema era que no sabían quien había entrado, así que lanzaban hechizos a ciegas. Harry apretó su agarre a la capa y se movió rápidamente esquivando los proyectiles azules. Si alguna de esas luces lo golpeaba, una luz lo cubriría y todos se darían cuenta de que estaba ahí.

Harry se movió a una velocidad increíble, rápidamente se las arregló para pasar a los tres Aurores. Se dio cuenta de que aún había un Auror afuera, se escabulló al lado de él y corrió a las escaleras. No se dio cuenta que había retenido el aliento hasta que llegó a las escaleras. Su pecho le dolía por no haber respirado en tanto tiempo, al fin pudo soltar el aire aliviado.

Se apresuró a bajar las escaleras y cuando llegó unos cuantos pisos abajo pudo usar el elevador para ir hasta el primer piso, la copa seguía metida en su bolsillo. No podía creer que había llegado tan lejos sin haber tenido algún problema mayor.

…........................................

Damien y Ron no podían creer su suerte. El partido había acabado en apenas 40 minutos. El estúpido Buscador había atrapado la Snitch demasiado rápido y el juego había terminado antes de que empezara propiamente. Iban de camino a casa y Damien y Ron rezaban porque Harry ya hubiera salido del Ministerio o siquiera que James no fuera al trabajo ese día.

—Papá, ¿no crees qué deberíamos salir a cenar esta noche? — dijo Damien a su papá mientras iban a casa.

—Sí, si tu quieres. Creo que sería bueno para tu mamá. Ha estado muy estresada últimamente.— dijo James en voz baja.

—Bien. Creo que deberías ir a casa y decírselo tu mismo. Siempre se emociona cuando la sorprendes llegando temprano.— dijo Damien rápidamente.

—De acuerdo.— río James.

Damien y Ron se relajaron en sus asientos, se alegraban de que James se dirigía directo al Valle de Godric. Justo cuando iniciaban una conversación entre ellos, Ron miró hacia la ventanilla detrás de Damien y jadeó de sorpresa.

—¿Qué? — preguntó Damien.

—¡Mira! — siseó Ron.

Damien se giró y vio con horror que estaban fuera del Ministerio de Magia. Su auto se dirigía hacia la cabina telefónica utilizada para ingresar al edificio.

—¡Papá! ¿Qué estás haciendo? Pensé que no irías a trabajar hoy.— dijo Damien fingiendo voz calmada.

—No entraré a trabajar. Sólo entraré por un minuto. Necesito recoger algo.— dijo James estacionando el auto.

Ron y Damien compartieron una mirada de pánico. ¡Qué harían ahora! Su trabajo era mantener a James lejos del Ministerio. No podían dejarlo entrar. Probablemente Harry seguía adentro.

—Oh, de acuerdo.— dijo Damien y se giró hacia Ron gesticulando con los labios un "¡Oh, santísima mierda!". El pelirrojo también lucia al borde del colapso debido al pánico.

—Señor Potter, ¿está bien si hablamos con usted de un asuntito antes de que entre? — James terminó de estacionar el auto y se giró hacia los dos chicos en el asiento trasero.

—Claro.— Ron miró a Damien, obviamente esperando a que dijera algo. James miró a su hijo más joven.— ¿Sucede algo, Damy?

Damien miró a Ron con ojos entrecerrados y volvió a mirar a su padre.

—Um… si. De hecho, no sé como decirte esto, pero, um…— Damien trataba de descongelar su mente para poder pensar en una buena distracción.

—Damy, ¿es de verdad importante, o puede esperar a qué lleguemos a casa? — preguntó James quitándose el cinturón para salir del auto.

—¡NO! Me refiero a que, tengo que hablar de eso ahora. Si mama se entera, no sé si comprendería.— balbuceó Damien. Eso llamó la atención de James. Se giró de nuevo para poder mirar completamente a Damien.

—Damy, ¿qué sucede? — preguntó genuinamente preocupado ahora.

Damien se removió incómodo. Estaba preocupando a su papá sin necesidad.

—Um… veras. Me gusta… um… como que me gusta una persona. Sé que dices que no puedo salir con nadie hasta que crezca un poco más, así que no me he acercado demasiado a esta persona. Pero ahora que dejamos Hogwarts no se si tenga posibilidad de preguntarle si quiere salir más que ahora.— Damien decidió que era mejor ir por la media verdad.

—¡Oh! De acuerdo, ¿quién es esta persona? — preguntó James con una sonrisa.

—Bueno, es… Sam, en verdad me gusta Sam y creo que…— Damien se interrumpió cuando James se ahogó con su propia saliva.

—¡Sam! ¿Te gusta alguien llamado Sam?— preguntó James.

—Sí.— dijo rápidamente Damien sin saber el por qué la sangre había abandonado el rostro de su padre.

—Oh… um… creo que eso debemos de hablarlo en otro lado. No de esta manera.— dijo James, ahora su cara se volvía lentamente color rojo.

—Papá, quiero hablar de esto ahora. Sam vive cruzando la calle. Y si crees que está bien, me gustaría ir con ella a saludarla.— dijo Damien.

—¡Ella! Sam es un ella. ¡Sam es chica! — dijo James luciendo realmente aliviado. Damien se dio cuenta de lo que James había pensado cuando le dijo el nombre "Sam".

—Sí, Sam, ya sabes, diminutivo de Samantha. Vino a la casa el pasado julio, ¿recuerdas? — preguntó Damien amortiguando la risa que amenazaba con escapársele.

—Oh, si, si. Linda chica. Linda chica. Me agrada. Pero Damy, aún eres joven. Creo que debes esperarte a cumplir los quince años para comenzar a salir con alguien. ¿De acuerdo? — preguntó James luciendo avergonzado. No recordaba a nadie llamado Samantha, pero simplemente quería compensar su estúpido pensamiento.

—¡De acuerdo! Pero no le digas a mamá. Ella no parará de hablar de la responsabilidad que trae la pareja. Y Sam es su mejor estudiante.— le explicó Damien.

—No te preocupes.— respondió James.

La sonrisa de Damien se ensanchó capto con la mirada a Harry, lucia exactamente como su papá, salía de la cabina telefónica y se dirigía rápidamente en la bulliciosa calle perdiéndose rápidamente entre la gente.

James salió del coche y les dijo a los chicos que lo esperaran ahí mientras iba al Ministerio. Damien y Ron explotaron a carcajadas una vez que James se alejó un poco del auto.

—Por Merlín, Damien. ¡Pensé que le causarías un paro cardiaco! — exclamó Ron.

—Fue lo único que se me ocurrió. Y no estaba mintiendo. Sam está buenísima.— dijo Damien sonriendo.

—¡Está en mi año! — dijo Ron riendo de nuevo.

—¿Y? ¿No puede gustarme sólo por qué es tres años mayor que yo? — argumentó Damien.

—De acuerdo, de acuerdo, te puede gustar quien quieras. Así que, Harry logró salir a tiempo.— dijo Ron mirando por la ventana.

—Sí, esperemos que todo saliera conforme al plan.— dijo Damien en voz baja.

James entró al recibidor y rápidamente si dirigió a hacia Benjie.

—Hola Benjie, ¿Cómo estás? ¿Cómo están tu esposa y tus hijos? — preguntó James deteniéndose a saludar al recepcionista. Benjie le dedicó a James una mirada extraña.

—Estoy bien, Señor Potter. Pero creo que usted está perdiendo la memoria. Ya me preguntó como estaba esta tarde.— James miró a Benjie, confundido.

—¿De qué estás hablando? Acabo de entrar por primera vez en el día.— dijo James soltando una risa.

—No, es la segunda vez que viene hoy. De hecho, acaba de irse hace dos minutos. Incluso se despidió de mí.— dijo Benjie mirando algo molesto a James.

—¿Pero qué estás…— de pronto, todo tuvo sentido para James.

James corrió hacia la cabina telefónica para salir al mundo Muggle. Se metió dentro y presionó los botones maldiciendo y deseando que el estúpido aparato fuera más rapido. Harry había entrado al Ministerio. Se había hecho pasar por él para poder entrar sin ser reconocido. Benjie le había dicho que se había ido apenas unos minutos antes. Tal vez aún podría alcanzarlo.

James salió rápidamente de la cabina y corrió a la esquina. Sus ojos buscaban a Harry por todos lados, pero no había señal de su hijo mayor. Damien y Ron miraban todo desde el asiento del auto y sintieron sus corazones hundirse al mirar a James correr de un lado para otro claramente buscando a alguien.

—No sabemos nada.— susurró Ron a Damien cuando James se dirigía rápidamente hacia ellos.

Damien y Ron pronto estuvieron sentados en uno de los estudios del Ministerio. James no sospechaba de ellos para nada. Había corrido al auto y los había dirigido al Ministerio. Había ocurrido algo que tenía que solucionar antes de regresar a casa.

La tensión se sentía aplastante en ese momento. Todo el Ministerio estaba alterado ante el hecho de que alguien hubiese podido entrar al Ministerio tan fácilmente, y el hecho de que había sido el Príncipe Oscuro era muchísimo más inquietante. James había tratado de mantener todo bajo control, pero Benjie ya había lanzado la alarma cuando él había entrado de nuevo al Ministerio.

—¡Un chico entra en el Ministerio! ¡Viene tranquilamente y hace lo qué sea que haya venido a hacer y se va sin que nadie se de cuenta! ¡Explíquenme como es eso posible! — rugió el Ministro Fudge.

James se removió incómodo, no por lo que el Ministro estaba gritando, sino porque había escupido saliva hacia todos lados.

"¿Pero quién fue el idiota que le dijo?" pensó James furioso. Sólo quería saber por qué Harry había entrado al Ministerio. ¿Qué propósito lo llevaría a hacer semejante cosa tan peligrosa para él? Rápidamente la razón por la que el chico había ido se hizo clara. Después de que se soltara la alarma, todos los departamentos fueron cuestionados por si algo fuera de lo común había pasado en la última hora. Ahí fue cuando los Aurores en el piso 23 se adelantaron y explicaron lo que había sucedido esa tarde. Después de una búsqueda rigurosa, reportaron que la invaluable copa de Helga Hufflepuff estaba desaparecida.

Eso hizo que la situación explotara aún más. El Ministro Fudge entró en pánico al no saber como explicaría eso. Ordenó que nadie más se enterara de lo que había pasado más que los cuatro Aurores y las personas en esa oficina. Bajo ninguna circunstancia la población mágica debía de enterarse de que el Príncipe Oscuro se había robado un valioso artefacto frente a las narices del Ministro.

James y Sirius estaban en estado de pánico también. Harry se había arriesgado muchísimo al venir al Ministerio. ¿Por qué? ¿Por qué Harry querría la copa de Hufflepuff? Sabían que Dumbledore ya lo sabría. Tal vez él les podría dar más información.

Ron y Damien estaban en la habitación absolutamente absortos de todo lo que pasaba afuera. Sólo estaban agradecidos de que nadie sospechase de ellos. Estaban a salvo. De pronto un grito hizo que ambos chicos saltaran de sus lugares y corrieran hacia la puerta. Damien miró a su papá y su tío Sirius discutiendo acaloradamente con un hombre alto de cabello castaño. El hombre era un Auror, ambos chicos lo reconocieron como Charles Blake. Era muy arrogante y pomposo y amaba pelearse con otra gente. Odiaba a James y Sirius desde sus días en Hogwarts juntos. Sirius una vez le había dicho a Damien que Blake sólo se había vuelto Auror para copiarles a James y a él.

—¡Te estoy diciendo que él estuvo aquí y yo lo vi! — gritó con frustración Blake a James.

—¿Quién? ¿Quién estuvo aquí? ¡Habla con sentido, quieres! — le gritó de vuelta el de gafas.

—¡Tu hijo! Estuvo aquí. ¡Me atacó! — gritó de vuelta Blake. Su rostro estaba rojo de rabia.

—¿De qué estás hablando? Si lo viste, ¿por qué lo dejaste ir? — interrumpió Kingsley Shacklebolt.

—¡Lo hubiera arrestado! Pero él… él… yo…— Blake dejó de hablar. Aparentemente lo que sea que le había hecho Harry para callarlo había sido bastante eficiente. La verdad era que el hombre estaba avergonzado porque se había dejado convertir en escarabajo por un niño de dieciséis años. Si eso lograba salir a la luz, nunca se recuperaría de la vergüenza. Así que simplemente se giró y se alejó dando zancadas. Le dedicó a James una mirada de muerte antes de retirarse. Se juró a sí mismo que se la pagaría, aunque fuera lo último que hiciera.

…...................................

Harry abrió la puerta de su habitación y entró rápidamente. Cerró la puerta y se dirigió a la cama antes de sacar la copa y sostenerla en su mano. Al parecer Voldemort se había calmado, ya que su cicatriz ya no le dolía. Harry examinó la copa. Era realmente hermosa. Se sintió hipnotizado por la copa, tal y como le había pasado con el pendiente de Slytherin. Al fin pudo apartar la mirada y la puso junto a él sobre la cama.

Se pasó una mano por el cabello. Había obtenido la copa pero no estaba seguro de si podría destruirla. El pendiente había sido diferente, había podido destruirlo en un momento de ira. Pero ahora no era lo mismo No sabía que hechizo usar para destruirlo. Harry pensó en lo molesto que se había sentido antes de destruir el pendiente de plata y que se convirtiera en polvo. Su ira había causado eso.

Harry tomó la copa en sus manos de nuevo y se concentró en ella. Pensó en todas las veces que Voldemort le había mostrado cariño, todas las veces que le había dicho lo poderoso que era y que era por eso que sus "padres" no lo amaban, porque era demasiado poderoso. Recordaba las palabras de Voldemort perfectamente.

"Tienes oscuridad dentro de tí, Harry. Una oscuridad que te da poder puro. Es por eso que tus padres te odiaban. No podían entenderlo. La oscuridad dentro de tí será la responsable de nuestra victoria."

Los ojos de Harry se volvieron completamente negros por un instante y la copa en sus manos comenzó a incendiarse antes de explotar en una nube de polvo. Los ojos de Harry volvieron a ser brillantes esmeraldas después de eso. Miró la pila de polvo en sus manos y las cerró para evitar que el polvo cayera.

—Estabas equivocado, Voldemort, la oscuridad dentro de mí no será responsable de nuestra victoria, sino de tu caída.