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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 46
La Galería de Artefactos Mágicos estaba llena de magos y brujas de todas las edades. Había niños pequeños emocionados por ir a los juegos de aprendizaje mágicos en el tercer piso, mientras que los niños mayores observaban las diferentes armas utilizadas en las guerras. Los adultos tenían muchos objetos interesantes a los que prestarles atención.
Ron, Hermione, Ginny y Damien entraron al lugar, estaban bastante alegres y pasaron varios minutos mirando a su alrededor asombrados. Era un edificio magnífico en verdad. Con sus cúpulas de cristal y los pilares de oro sólidos. Ron miraba las joyas que decoraban las paredes, pequeñas piedras que le daban un toque más elegante.
Pronto encontraron el objeto por el que habían ido a ese lugar, la Pluma Dorada. En realidad no era tan difícil de encontrar, ya que estaba situada a mitad de la galería, en el primer piso. Era probablemente el objeto más hermoso que habían visto los chicos. Estaba hecha de oro sólido y corría el rumor de que la tinta también era de oro. Estaba cubierta por una urna de vidrio.
Los cuatro adolescentes se concentraron en las protecciones que tenía el objeto. Había muchos guardias en la galería y los cuatro sabían que sería imposible robarse algo y salir de ahí. Caminaron por toda la galería hasta que fue momento de que la galería cerrara.
Los guardias hicieron una última revisión antes de cerrar la galería. Siempre era el mismo procedimiento. En lo personal, los guardias no entendían por qué alguien se arriesgaría a robar algo de la galería. Era imposible escapar a los diferentes hechizos de protección. Al fin, los guardias pusieron el último hechizo para cerrar la puerta principal y se fueron a casa.
Dentro de la, ahora oscura, galería, Hermione y Ginny salieron de debajo de la campa de invisibilidad. Ron y Damien deshicieron el hechizo de camuflaje que se habían puesto. Los cuatro se miraron los entre sí en la oscuridad del pasillo en el que se encontraban. Todos los artefactos soltaban un ligero brillo que los iluminaba. Había muchas luces rojas y verdes, se cruzaban unas a otras, obviamente era un tipo de alarma para asegurarse de que nadie pasara por ahí.
—Bien, ¿ahora qué?— susurró Ron a Hermione.
—Ahora vamos por lo que vinimos.— respondió simplemente la chica.
Damien sacó una versión miniatura de su Nimbus y, en segundos, la escoba creció hasta llegar a su tamaño natural. Montó la escoba y se elevó con una sonrisa en los labios. Se elevó hasta casi tocar el techo y con mucho cuidado inspeccionó alrededor. El montón de luces rojas y verdes venían de una pequeña caja situada en una plataforma. Damien voló cuidadosamente hacia allá, cuidándose de que ninguna de las luces lo tocara, de otro modo, la alarma sonaría y estarían en muchos más problemas de los que podían imaginarse.
Finalmente, Damien aterrizó junto a la caja. Vio que había un pequeño agujero en donde debía insertar su varita para apagar la alarma. Damien sabía que no sólo una varita funcionaria con la caja, así que tenía que pensar en otro modo de desactivar la alarma. Damien respiró profundamente y abrió con cuidado la caja. Con cuidado, metió un tubo de plástico por el agujero, en minutos, el tubo se había derretido y cubría el interior de la caja. Fue entonces que el pequeño Potter metió su varita y la movió ligeramente a la derecha, las luces se apagaron de inmediato. Damien sonrió para sí mismo y cerró la caja.
El tubo de plástico era otro de los productos de Fred y George. Era llamado simplemente "La Llave". Era un producto revolucionario que garantizaba abrir la cerradura de cualquier objeto. Se derretía dentro de la cerradura cambiando la forma para que cualquier llave, o en ese caso varita, pudiese abrirla. El único problema era que el plástico era tan corrosivo que probablemente echaría a perder la cerradura y ahí no podría ser utilizado. "Algo en lo que aún trabajamos" le había dicho Fred cuando Damien le había preguntado. El pequeño Potter había llevado el tubo de plástico en caso de necesitarlo. Rápidamente quitó el residuo del plástico de la cerradura, no quería que los gemelos se metieran en problemas por algo que no tenían idea de que había pasado. Si los Aurores inspeccionaban la caja de control por alguna pista, no encontrarían nada que hubiese desactivado los sensores.
Damien montó la escoba y bajó rápidamente. Los otros tres lo siguieron directo a la Pluma Dorada. Mientras más rápido salieran de ahí, mejor.
…..................................
Harry sintió sus pies golpear el suelo cuando aterrizó en el techo de la galería. Se enderezó y escuchó atentamente por si había algún sonido, quería asegurarse de que los guardias no lo habían escuchado. No había sonido alguno, sólo su propia respiración. Harry se apresuró a la puerta que había del otro lado del techo. Tuvo que rodear la cúpula de vidrio en mitad del techo para llegar a la puerta. Había tenido que saltar de su escoa para poder aterrizar a la orilla del techo. Paso su mano por la cerradura de la puerta para desactivar las protecciones que tenía.
Harry escuchó un click cuando la puerta se abrió y corrió escaleras abajo. Haba visitado la galería esa tarde, disfrazado por supuesto, y había visto en donde se encontraba la pluma. Todo lo que tenía que hacer era desactivar un par de hechizos y llegar a la pluma rápidamente antes de que los guardias entraran a hacer el recorrido de seguridad cada dos horas. Había muchos hechizos que protegían el camino hasta el primer piso.
En cuanto Harry llegó a la planta baja supo que no estaba solo. Podía escuchar los susurros de los cuatro adolescentes mientras se daban instrucciones entre ellos. Apenas llegó al primer piso, Harry vio a Damien aterrizar con su escoba. Trató de no molestarse por la estupidez de los muchachos. ¿Por qué no podían dejar las cosas cómo estaban? Eran tercos en involucrarse en todo eso.
Vio a los tres mayores darle palmadas a Damien en la espalda y susurrarle un "bien hecho". Harry rodó los ojos. Él había desactivado muchas protecciones ya, y aún faltaban muchas más. Caminó rápidamente hacia la urna de cristal de la pluma.
Harry tuvo mucho cuidado de no activar las otras alarmas, las ocultas dentro de las paredes. Las joyas que muchos visitantes admiraban eran en realidad sensores muy sensibles. Si alguno tocaba la pared cuando la Galería estaba cerrada, les enviaría una alarma silenciosa a los Aurores. Harry esperaba que ninguno de esos cuatro tocara la pared, o que se recargara en ella.
Harry se detuvo a unos cuantos metros de los adolescentes. Miraban la urna de cristal y discutían el mejor método para quitarla.
—Creo que un Wingardium Leviosa lo servirá.— sugirió Ron.
—No, eso probablemente mande una alarma porque la urna se movió. Creo que deberíamos perforar el cristal.— dijo Hermione.
—¿Cómo haremos eso? Creo que la idea de Ron es mejor.— respondió Damien.
—¿Por qué no sólo lo rompen? Eso les servirá.— dijo una sarcástica voz detrás de ellos.
Los cuatro se giraron en cuanto lo escucharon. No se esperaban encontrarse a Harry ahí de pie detrás de ellos.
—¿Harry? ¿Cómo es que…. qué estás haciendo aquí? — preguntó Ron.
Justo cuando las palabras salieron de su boca, Ron supo lo estúpido que había sonado.
—Solo pensé que podía venir a dar un paseo nocturno por la Galería. ¿Qué diablos crees que hago aquí?— exclamó Harry mirando al pelirrojo. Caminó hacia ellos y les dedicó una mirada furiosa.
—La pregunta debería ser, ¿qué demonios hacen ustedes aquí? — le preguntó Harry a Ron.
—Pues es bastante obvio, descubrimos que eso es un Horrocrux. Así que vinimos a destruirlo.— dijo Ron con voz segura. Harry alzó una ceja mirando al pelirrojo.
—¡En serio! ¿Y cómo es exactamente que harán eso? — preguntó Harry cargado de sarcasmo.
—Oye, llegamos bastante lejos. Ya descubriremos como destruirlo después.— se unió Hermione. Harry rodó los ojos ante la estúpida respuesta y se esforzó por calmar su temperamento.
—¡Miren, ustedes no tienen idea de en qué se están metiendo! ¡La pluma no va a quedarse ahí esperando que alguien la tome! Esta protegida de una manera que les será imposible tomarla. Así que es mejor que los cuatro se vayan ahora, antes de que salgan heridos.
—¿Es una amenaza? — preguntó Ron sin saber realmente en lo que haría si en verdad Harry los estaba amenazando.
—¿Acaso suena cómo una? — le respondió Harry. Sinceramente, ¿por qué tenían que ser tan tercos?
—Mira, no creo que sea correcto que tu vengas y nos ordenes que salgamos de aquí. Llegamos bastante lejos, creo que podemos arreglárnoslas nosotros.— añadió Ginny.
Damien estaba muy callado. No quería discutir con Harry. Ya había pasado mucho tiempo desde que había visto a su hermano.
—¿No podemos hacer esto todos juntos? — preguntó Damien en voz baja. Todos se giraron hacia él. Los ojos esmeralda de Harry se fijaron en los avellana de su hermano y miró el dolor reflejado en ellos.
—¡Ya se los dije antes, este no es un proyecto escolar! Pueden salir realmente heridos. Ahora salgan de mi camino antes de que los obligue.— dijo Harry sacando su varita.
En realidad no quería utilizar su varita en contra de los cuatro adolescentes. Le habían ayudado mucho cuando había estado enfermo, pero tampoco podía arriesgarse a que activaran alguna alarma, perdería el Horrocrux si eso pasaba.
En cuanto Harry sacó su varita, Ron reaccionó de la peor manera posible. También sacó su varita al tiempo que le gritaba.
—¡Eso es típico de tí! Si no puedes hacerlo como tu quieres, simplemente maldecirás a cualquiera que se te cruce en el camino. ¡Nosotros hicimos el trabajo difícil y nosotros destruiremos el Horrocrux! ¡Voldemort también ha lastimado a otros, no sólo a tí! ¡Él es el responsable por lo qué le pasó a mi hermano! Tengo todo el derecho de destruir esto.
Antes de que alguien lo pudiera detener, el pelirrojo apuntó y lanzó un hechizo a la urna de cristal.
—¡REDUCTO! — gritó y de inmediato la urna se rompió en mil pedazos dejando la pluma completamente descubierta.
—¡NO! — gritó Harry, pero era demasiado tarde. Ron ya había tomado la pluma de entre los pedazos de cristal. El pelirrojo sostuvo la pluma triunfalmente y se la mostró a Harry y los demás.
—¡Ves, Harry! No fue tan difícil…— Ron no tuvo oportunidad de finalizar su discurso cuando un horrible sonido llenó la habitación.
Todos, a excepción de Harry, saltaron cuando el sonido se escuchó. Miraron hacia el techo, había muchas figuras volando hacia ellos. En tan solo unos segundos todo el salón estaba lleno de esas extrañas figuras. Vestían túnicas de combate llevaban espadas en sus manos, o lo que ellos creían eran manos. Los cuatro adolescentes miraron con horror que las espadas en realidad salían desde sus muñecas. ¡No tenían manos! Esas figuras estaban completamente cubiertas de ropas negras, aún sus rostros estaban cubiertos por un casco color negro y caminaban hacia los aterrorizados chicos, era claro que esas cosas no eran humanas. Caminaban de manera extrañamente mecánica.
Los cuatro adolescentes retrocedieron un par de pasos. Sin siquiera darse cuenta, se ocultaron detrás de Harry, quien era el único que no parecía sorprendido ante la presencia de esas criaturas.
—¡Qué demonios! ¿Qué son esas cosas? — preguntó Ron mientras se aferraba a un más a la pluma.
—Se llaman Korakilees. Siguen órdenes de Voldemort para proteger su Horrocrux. Son criaturas creadas por él.— les explicó calmadamente Harry.
—¿Podemos contra ellos? — preguntó Hermione estudiando a los Korakilees con la mirada.
—Nosotros no. Si ustedes quieren luchar entonces adelante.— dijo Harry ácidamente.
—¡Harry! No nos vas a dejar aquí, ¿o si? — preguntó Ginny aferrándose al brazo de Damien buscando apoyo.
—Ustedes se las arreglaron muy bien sin mí, ¿por qué no siguen haciéndolo? Yo tomaré la pluma una vez que los Korakilees terminen con ustedes.— añadió Harry rudamente.
—Ya basta, Harry. No nos vas a dejar aquí solos, deja tus amenazas. Tu si puedes luchar contra ellos, ¿no? — pregunto Damien rápidamente.
Harry miró a su hermano y sintió una traicionera sonrisa dibujarse en sus labios. No planeaba dejarlos a su suerte con los Korakilees. La verdad era que ni siquiera sabía si él mismo podía contra los Korakilees.
—No puedo contra ellos, Damy. Fueron creados por Voldemort. No puedo matarlos porque no están realmente vivos.— dijo Harry.
Los cuatro adolescentes entraron en pánico ante eso. Los Korakilees seguían avanzando hacia ellos, que ahora estaban tan pegados que no podían retroceder ni un paso más. Había al menos cien Korakilees rodeándolos. Las criaturas se concentraban en Ron y la pluma. El pelirrojo se dio cuenta de que la pluma era lo que podría lograr que esas horribles criaturas retrocedieran. No quería hacerlo, pero no tenía otra opción. Extendió la mano en la que sostenía la pluma y se la tendió al Korakilee más cercano. Antes de que se la pudiera entregar, Harry tomó la mano de Ron.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? — siseó Harry.
—Tratando de sobrevivir.— siseó de vuelta Ron.
—Ellos no te perdonarán si les devuelves la pluma. Además, no voy a dejar que pierdas el Horrocrux ahora. La pluma será devuelta a Voldemort y entonces nadie más será capaz de obtenerla.— le respondió Harry.
—No importa lo que pase, no sueltes la pluma.— instruyó Harry a Ron.
El pelirrojo metió la pluma en su bolsillo y sacó su varita con manos temblorosas. Ahora estaban completamente rodeados de esas criaturas que se acercaban más y más a cada segundo.
—Cuando diga "ahora" comiencen a lanzar "Reducto" hacia ellos. Traten de apuntar a los cascos. Y pongan escudos a su alrededor.— susurró Harry a los cuatro chicos.
Hicieron lo que Harry les pidió y sacaron sus varitas. A pesar de que estaban temblando. Apuntaban lo mejor que podían hacia las figuras. Harry apuntó con su propia varita al Korakilee que estaba más cerca de ellos. "*Esto debe de funcionar"*pensó Harry. Con algo de suerte, los Korakilees se detendrían lo suficiente para dejarlos escapar.
—AHORA.— gritó Harry y de inmediato, cinco proyectiles de luz roja volaron hacia los Korakilees y les dieron directo en el rostro. Hermione gritó cuando se dio cuenta de que las criaturas no tenían cara. ¡Sólo había un enorme y oscuro agujero, sin ojos, sin nariz, ni boca, nada!
—¿Cómo es qué pueden vernos? — exclamó Hermione mientras lanzaba otro Reducto a los Korakilee.
—¡No pueden! Sólo sienten el objeto que deben de proteger.— le respondió Harry mientras luchaba contra tres Korakilees.
—¿Significa qué sólo pueden sentir la pluma? ¿O sea qué no pueden sentirnos a nosotros? — preguntó Damien, que también lanzaba hechizos como loco hacia las criaturas mientras se protegía lo mejor que podía con su escudo.
—¡No! Sienten la presencia de los seres vivos alrededor también.— dijo Harry antes de patear a uno de los Korakilees en la cabeza y lanzaba otro hechizo hacia el lado contrario.
No importaba cuantos Korakilees atacaran entre los cinco, más y más seguían llegando. Aún los que ya no tenían puesto el casco regresaban hacia ellos.
—¡Tenemos qué salir de aquí! No podemos contra todos.— gritó Ginny antes de tomar a Damien del brazo y tirar de él para sacarlo de entre medio de dos Korakilee.
Como si los hubieran llamado, las puertas de la Galería se abrieron y tres guardias entraron, obviamente listos para hacer su rutina regular para inspeccionar que todo estuviera bajo control. Los guardias no esperaban encontrarse nada fuera de lo normal, así que quedaron bastante sorprendidos por lo que pasaba entre esos cinco chicos y las extrañas criaturas que los rodeaban. Antes de que los guardias pudieran hacer algo, Harry les gritó a los demás.
—¡CORRAN!
Harry tomó a Ginny y Damien y los cubrió con su escudo. La burbuja azul los protegió del ataque de los Korakilees. Sus espadas volaban en todas direcciones tratando de darle a los chicos, pero el escudo de Harry los protegía.
—¡Apresúrense! — les gritó Harry a Ron y Hermione. Los dos chicos corrieron manteniéndose lo más cerca posible del escudo de Harry. El escudo no podía cubrirlos a los cinco, apenas si podía con Harry, Ginny y Damien.
Los tres guardias comenzaron a luchar contra algunos de los Korakilees, pero no tenían mucho éxito deshaciéndose de esas extrañas criaturas. Una vez que los cinco chicos cruzaron la puerta, Ron se giró y les gritó a los guardias.
—¡Déjenlos, no podrán detenerlos!
Los tres guardias estuvieron inmediatamente de acuerdo con Ron, y en cuando miraron a los cinco chicos salir, se lanzaron fuera de la Galería y cerraron las puertas. Todos se quedaron ahí, jadeando e intentando calmar sus ásperas respiraciones. Los cuatro adolescentes no podían creer que habían sobrevivido a algo como eso sin un sólo rasguño.
—¿Qué demonios eran esas cosas? ¡No eran humanas! ¿Qué hacían allí dentro? — preguntó uno de los guardias entre jadeos.
De pronto, uno de los guardias vio a Harry y el color de su rostro se perdió al instante.
—¡Tú! ¡Eres él! ¡El… el Príncipe Oscuro! — tartamudeó mientras sacaba su varita y apuntaba directo a Harry.
De inmediato los cuatro adolescentes se interpusieron entre Harry y los guardias.
—¡No lo entienden! ¡Harry ya cambió! ¡Ya no está con él! — trató de explicar Damien, pero los frenéticos guardias ya estaban listos para cargar en contra de Harry.
—¡Quítense del camino, niños estúpidos! ¡No saben de lo qué es capaz! — les gritó uno de los guardias intentando apuntar a Harry.
Harry apartó suavemente a los cuatro chicos y caminó firmemente hacia el guardia que había dicho eso.
—¿Y exactamente de qué soy capaz? — preguntó Harry tranquilamente.
Los tres guardias apuntaban directo a Harry, pero ninguno parecía capaz de atacarlo.
—En realidad desearía que hubiera otro modo, desafortunadamente no la hay.— dijo Harry en voz baja.
Antes de que alguien pudiese reaccionar, Harry se acercó rápidamente y estampó su mano contra el rostro del guardia, noqueándolo al instante. Los otros dos guardias lanzaron maldiciones al chico, pero los dos fallaron cuando Harry se movió rápidamente. En tan sólo unos segundos, Harry tenía a los tres guardias en el suelo. Los cuatro chicos se quedaron en silencio mirando como Harry apuntaba a los guardias con su varita.
Ya habían visto a Harry asesinar a un Mortífago durante el ataque al Expreso de Hogwarts. Sabían que Harry era capaz de asesinar a los tres guardias ahí mismo. Pero sinceramente esperaban que Harry no lo hiciera. Esos guardias no eran amenaza para ellos. Harry pareció luchar en su mente para decidir que debería hacer con esos tres. Habían visto a los cuatro Gryffindor con él. Lo reportarían a los Aurores.
Harry apunto al primer guardia y siseó un "Oblivate". Hizo lo mismo con los otros dos guardias. No miró a ninguno de los otros a los otros cuando se dio la vuelta y se alejó del lugar. Los tres guardias se levantaron, como si estuvieran dentro de un sueño y se alejaron de la Galería. Parecía que iban hacia sus hogares.
—Bueno, eso pudo ir peor.— dijo Ron sacando la pluma para admirarla. Todos habían alcanzado a Harry rápidamente.
—¿Cómo podría haber sido peor? — preguntó Ginny un poco molesta.
Antes de que alguien pudiera responder, las puertas de la Galería se abrieron de golpe al mismo tiempo que las ventanas estallaban y una nube negra llenaba toda la calle. Los Korakilees no habían terminado aún.
—¡TenÍas que preguntar! — le dijo Harry a Ginny antes de girarse y correr calle abajo. La Galería quedó muy atrás, pero los Korakilees aún los seguían. Era inútil. Los Korakilees los habían rodeado de nuevo en cuestión de segundos ¡Eran muy rápidos! Era como si se hubiesen aparecido alrededor de los cinco exhaustos chicos.
—¡Por Dios! ¿Qué hacemos ahora? — gritó Hermione mirando a su alrededor, no había manera de escapar de ahí.
Harry miró un automóvil Muggle estacionado cerca de ellos. Harry sabía que probablemente era su única vía de escape.
—¡Rápido, entren al auto! — gritó Harry mientras corría hacia el vehículo y usaba su varita para abrir las puertas para que los demás pudieran entrar.
Hermione, Ginny y Damien entraron en el asiento trasero y cerraron la puerta rápidamente mientras Harry se metía al asiento del conductor. Apenas si se dio cuenta de que Ron se había encaramado en el asiento del copiloto cuando puso su varita en el tablero y echó a andar el auto.
Harry aplastó el acelerador con el pie y las llantas chillaron antes de que el automóvil saliera disparado. Miraron a los Korakilees correr detrás de ellos. Algunos habían podido agarrarse de la parte trasera del auto e intentaban entrar en el. Damien se agachó al tiempo que la ventana junto a él se hacia pedazos por culpa de una de las espadas. Hermione le lanzó un "Reducto" y pudo hacer que la criatura se soltara. La ventana enseguida de Harry también se rompió y el chico sintió los pedazos de vidrio lloverle encima. De inmediato, Harry golpeó con su codo hacia la ventana y le dio en el casco a un Korakilee. La negra figura se soltó y cayó al pavimento. Harry forzó el auto al máximo mientras trataba de deshacerse de los Korakilees que se acercaban a la parte delantera del auto.
—¡Harry! ¿En dónde aprendiste a conducir? — preguntó Ron mientras se sostenía con uñas y dientes de su asiento.
—¡No sé conducir! — respondió Harry antes de dar una pronunciada curva que envió a los ocupantes del asiento trasero directo a aplastar a Ginny.
Los Korakilees aún seguían el auto, sin importar lo rápido que condujera Harry, las criaturas no mostraban seña de cansancio. De pronto, Harry escuchó un sonido sordo desde el techo del auto.
—¡AGÁCHENSE! — gritó Harry justo al tiempo que el techo del auto se partía por una espada que por poco y le da a Ron en la cabeza. Harry movió el auto violentamente intentando hacer que el Korakilee se cayera.
La espada salió del techo y volvió a atacar, esta vez en la parte trasera del vehículo, las dos chicas y Damien se fundieron con el piso del auto para poder salvarse.
—¡Ron! ¡Toma el volante! — gritó Harry mientras transformaba su varita en espada y comenzaba a salir por la ventana rota.
Ron miró como Harry desaparecía por la ventana hacia el techo del auto. El pelirrojo se apresuró a pasarse hacia el asiento del conductor para mantener la velocidad alta. Trató de no hacer que el auto se moviera mucho, no quería que Harry se cayera, no quería ni imaginarse lo que Harry le haría si eso pasaba.
Después de unos minutos, Harry apareció. Se metió por la ventana del asiento del copiloto y se sentó jadeando para recuperar el aliento. Tenía un feo corte en su brazo, pero se veía bien aparte de eso.
—¿Estás bien? — preguntó Ron sin dejar de mirar al frente.
—Si.— dijo Harry entre jadeos.
Ron no dijo nada, pero jadeó audiblemente al ver lo que se aproximaba por delante. Justo enfrente de ellos había una pared de capas negras bloqueando el camino completamente. Los Korakilees se habían unido formando una impenetrable pared. No había modo de que el auto pudiera pasar por entre todas las criaturas. ¡Había al menos trescientos de ellos!
—Harry.— dijo Ron con voz temblorosa. Hermione, Ginny y Damien miraban todo desde el asiento trasero. Nadie dijo nada, probablemente por el miedo que los invadía. El auto estaba a punto de dar con la masa de Korakilees, si eso pasaba los aplastarían.— ¿Qué hacemos ahora?
—Sigue conduciendo.— su voz no tenía ni pizca de temor, sino pura determinación. Ron miró a Harry pero siguió su orden.
—La pluma.— dijo Harry y el pelirrojo le dio la pluma dorada sin decir palabra.
Harry tomó la pluma y se concentró en ella. La pluma era la razón por la que esas cosas los seguían. Si no había pluma, entonces no habría razón para que los atacaran. Los Korakilees no entendían lo que era la venganza, o el miedo. Sólo habían sido creados para proteger. Eso era todo. Cuando el objetivo que protegían ya no existía, ellos dejarían de existir también. O al menos eso esperaba Harry.
Harry bloqueó a todos fuera de su mente. Miró directamente la pluma dorada y se concentró en lo que ese objeto era. Era Voldemort. Era una parte de Voldemort. El mismo que había destruido la vida de Harry. La misma persona que le había mentido, engañado y traicionado. Harry pensó en todas las cosas horribles que Voldemort le había hecho. Sintió la ya familiar rabia brotar en él. Harry recordó la imagen de James lanzando al aire a un risueño bebé Harry antes de atraparlo. Recordó los pequeños besos que el daba al bebé en la nariz. Rápidamente la imagen cambió hasta que un muy enojado James tomaba a un Harry de tres años y lo lanzaba al suelo para después quitarse el cinturón y golpearlo repetidas veces. Harry casi podía sentir la hebilla dándole en la espalda. "*Lo hizo Voldemort, todo eso lo hizo Voldemort"*pensó Harry furioso.
Los ojos de Harry se volvieron completamente negros y la pluma comenzó a quemarse justo frente a los ojos de los cuatro adolescentes, pronto sólo quedaron cenizas. Justo en ese momento, el auto llegó a la barrera de Korakilees. El auto impactó contra muchísimas espadas, pero en el momento en el que el Horrocrux se había destruido, los Korakilees se volvieron simples nubes negras. Pasaron por ellos como si nada, los cinco chicos miraron la sombra de los Korakilees desaparecer rápidamente.
Ron dejó salir un gran suspiro de alivio. Había obedecido a Harry sin siquiera pensarlo. Había confiado en él y el resultado era que estaban todos sanos y salvos. Ron había ido directo hacia los Korailees sin saber que era lo que Harry tenía planeado. Miró al exhausto chico enseguida de él. Sabía que sin Harry no hubieran sobrevivido a eso.
"De ahora en adelante dejaremos que Harry se encargue de los Horrocruxes" pensó Ron. Estaba conforme con ayudarlo a saber cuales eran sus objetivos. Eso era suficiente para él.
—Entonces, ¿a dónde vamos ahora? — preguntó Ron en voz baja.
—Sólo sigue conduciendo.— respondió Harry, sonaba realmente cansado.
Ron asintió con la cabeza y siguió el camino sin saber muy bien a donde los llevaría.