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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 47

Lord Voldemort ya se había acostumbrado a recibir malas noticias en cada una de sus reuniones. Cada vez que se paraba frente a sus Mortífagos, le confirmaban malas noticias. Cada que los Mortífagos iban a alguna misión o simplemente a armar un escándalo y los Aurores ya estaban ahí, listos para acabar con ellos. La mayoría de los nuevos reclutas ya habían sido capturados y enviados a Azkaban.

Lord Voldemort se sentó con los ojos cerrados, tratando de sacar la última reunión de su cabeza. Dos de sus peores Mortífagos habían llegado corriendo para decirle que alguien había entrado en la Galería de Artefactos Mágicos y el único objeto que habían robado había sido la Pluma Dorada. No es necesario mencionar que Voldemort mató a los Mortífagos al instante debido a la furia. Sabía que sus Korakilees no dejarían que la persona responsable del robo escapara. Si la Pluma no había sido recuperada sólo podía significar una cosa. ¡Su Horrocrux había sido destruido!

Lord Voldemort sabía que el único que podía tener oportunidad luchando contra los Korakilees y aparte destruir su Horrocruxe era nada más y nada menos que su propio Harry. No había contenido su ira esa vez. Dejó a su rabia inundarlo por completo. Harry había destruido otro de sus Horrocruxes. Ya iban dos. El pendiente de Slytherin y la Pluma de Ravenclaw.

¿Era eso lo qué Harry estaba planeando? ¡Se había ido para buscar los Horrocruxes y destruirlos! Muy en el fondo, Lord Voldemort no quería creer eso. Estaba seguro de que Harry regresaría a casa. Una vez que se diera cuenta que no pertenecía a ningún otro lugar, Harry no tendría otra alternativa más que regresar con él.

Pero ahora, Lord Voldemort se había visto forzado a aceptar que Harry le había declarado la guerra. Había enviado a sus Mortífagos con órdenes estrictas de traer a Harry de regreso. Si fallaban, él mismo se encargaría de darles muertes horribles.

Mientras Lord Voldemort estaba sentado detrás de su escritorio, pensando en como iba a lidiar con la traición de Harry, un suave toque en su puerta lo interrumpió. Levantó la mirada y con un movimiento de su mano abrió la puerta, miró la temblorosa figura avanzar hacia él hasta caer de rodillas a sus pies.

—¡M… mi Lord! — dijo una voz débil.

Lord Voldemort reconoció al hombre. Era un seguidor muy devoto y se le había dado la responsabilidad de atender muchas cosas. Usualmente se encargaba de mantener los tesoros de Voldemort bien escondidos. Lord Voldemort se había hecho de muchos objetos mágicos a lo largo de los años, cada uno tenía su propósito.

—De pie, Corbett. ¿Qué estás haciendo aquí? No envié a buscarte.— dijo Voldemort secamente. No estaba de humor para que lo molestaran.

—Mi… mil disculpas, mi Lord, pero he venido a informarle de algo terrible.

Lord Voldemort gruñó por lo bajo. ¿Qué había pasado ahora? No creía ser capaz de tolerar más malas noticias.

—¿Qué pasó? — preguntó mirando al tembloroso hombre frente a él.

—Mi Lord, j…. justo después de que el P… Príncipe O… Oscuro se fuera, él vino a mí. Dijo que tenía instruido llevarse una de sus posiciones. Dijo que estaba bajo sus órdenes. Yo… yo no quería dárselo, pero usted sabe lo… lo persuasivo que es.

Lord Voldemort sonrió, sí, Harry podía ser muy persuasivo. Después de todo, había aprendido el arte de la persuasión del mismo Voldemort.

—¿Qué se llevo? — preguntó Voldemort. Sabía que en ese tiempo, Harry aún le era leal. Lo que sea que se hubiese llevado no debía ser muy importante.

—¡Mi Lord, él…. él se llevó el… el Lahyoo Jisteen!

Lord Voldemort sintió una pequeña explosión justo en la boca de su estómago. "*¡El Lahyoo Jisten, Harry había tomado el Lahyoo Jisteen!"*Se puso de pie de inmediato acercándose rápidamente al tembloroso Corbett.

—¿Por qué no me informaste de inmediato? — siseó al Mortífago.

Corbett retrocedió un paso de inmediato al ver lo enfurecido que estaba el Lord Oscuro.

—Yo… yo pensé que el Príncipe había acudido bajo sus instrucciones. Fue apenas hoy que me enteré que el Príncipe había destruido otra de sus posesiones y comencé a pregúntame si me había mentido con respecto al Lahyoo Jisteen.

Lord Voldemort se quedó ahí, mirando al hombre encorvarse de temor. Eso no era bueno. El Lahyoo Jisteen era una piedra irremplazable. Sería utilizada en contra de Dumbledore. Lord Voldemort apuntó su varita hacia Corbett, quien dejó escapar un chillido de terror y rápidamente se lanzó a los pies de su Amo.

—¡Por favor! ¡Por favor mi Lord, perdóneme! ¡Yo no quería darle la piedra, pero el Príncipe no aceptaría un no como respuesta, lo siento! ¡Por favor perdóneme!

Voldemort entró en la mente del Mortífago y vio a Harry ordenarle que se le entregara la piedra inmediatamente. Sí, había mencionado que Lord Voldemort lo había ordenado. Salió de la memoria sintiéndose mucho más furioso de lo que se había sentido en años. No era sólo porque Harry le había robado una de sus posesiones, sino porque lo había hecho en el tiempo que se decía ser leal a su padre.

Voldemort le ordenó a Corbett que se fuera diciendo que pensaría en su castigo más tarde. Se sentó en su silla y se perdió de nuevo en sus pensamientos, en cómo Harry le había mentido y le había robado. ¿Por qué haría algo como eso? El Pendiente de Slytherin y la Pluma de Ravenclaw, los había destruido ¿por qué estaba furioso porque le habían mentido? Voldemort lo entendía. Aún seguía furioso con Harry por eso, pero aún así, las acciones del chico tenían sentido. Pero robar el Layhoo Jisteen no lo entendía. ¿Qué quería hacer Harry con esa piedra?

Lord Voldemort recordó cada detalle de la memoria que había presenciado. Harry estaba un tanto molesto, incluso incómodo, como si estuviera nervioso al robar la piedra. La mirada nerviosa en esos orbes verdes, ya lo había visto antes. De pronto, Voldemort recordó algo. El día en el que Voldemort le había preguntado a Harry por qué había salvado al "*niño Potter"*durante el ataque al Expreso de Hogwarts. Harry se había visto nervioso e incluso algo molesto cuando le indicó que no quería volver a verlo acercarse al muchacho. ¿Podría ser? ¿Acaso Harry había robado la piedra para vengarse por eso? No, Harry no era así. Harry obedecía todo lo que Voldemort dijera, sin importar si era algo de su agrado o no.

Lord Voldemort suspiró para aliviar el dolor en su pecho. Harry le había mentido. Harry no le era tan leal como había creído. Le había robado la piedra para un propósito, y era algo en lo que Voldemort no había estado de acuerdo, si no fuera así Harry no habría hecho todo eso a sus espaldas. ¿Qué quería Harry con la piedra? Esa pregunta lo carcomió durante el resto de la noche.

…....................................

Sirius masajeó sus sienes en un intento por aminorar el terrible dolor de cabeza que tenía en ese momento. No había estado durmiendo muy bien y ahora pagaba las consecuencias. Dumbledore estaba hablando en medio de una reunión de la Orden y a donde sea que mirara, lo único que veía eran rostros cansados. James estaba sentado junto a Padfoot y era el único que parecía seguir cada una de las palabras del anciano. En otra situación eso habría sido merecedor de una buena broma por parte de Sirius, ya que se burlaría de la atención excesiva que James le dedicaba a un profesor, pero la situación estaba demasiado tensa como para tener un poco de diversión. El Ministerio estaba convencido de que la Pluma Dorada y la Copa de Hufflepuff habían sido robadas por Harry. A pesar de que era verdad, el razonamiento del Ministerio estaba más errado que nunca. Según Cornelius Fudge, Harry había robado los dos invaluables objetos bajo las órdenes de Voldemort. No creía que Harry hubiese dejado a Voldemort y estaba convencido de que lo que quería era que sus Horrocruxes volvieran para tenerlos bajo su cuidado.

Dumbledore les explicaba que había intentado convencer al Ministro de que ese no era el caso, pero Fudge no estaba listo para escuchar nada de lo que Dumbledore dijera acerca de Harry. Según Fudge, Dumbledore protegía a Harry debido a que creía que era el Elegido. Claro que el Ministro no creía esa sarta de porquerías como las profecías, por esa razón no quería escuchar a Dumbledore.

—Me temo que es todo por ahora, Harry tiene otros dos cargos en su contra, robo de dos artefactos invaluables.— les dijo Dumbledore a los presentes.

Sirius miró a James cerrar los ojos y respirar lentamente. Trataba de controlar su temperamento. Sintió como su pecho se comprimía al ver a su amigo de la infancia luchar contra sus emociones. No era justo que James estuviese sufriendo tanto. No sólo tenía que sufrir el trauma emocional de perder a su hijo de nuevo, tenía que sufrir sabiendo que Harry podía ser capturado en cualquier minuto y sería castigado, ya fuese por Voldemort o por el Ministerio.

Su búsqueda por "Alex" no iba nada bien. Parecía que Harry no había usado su alias en un buen rato. La reunión terminó y Sirius se puso de pie rápidamente para irse a casa, necesitaba desesperadamente meterse en su cama y acabar con ese dolor de cabeza.

—¡Sirius! Espera un momento, necesito hablar contigo.— escuchó la voz de Dumbledore. A regañadientes, el Animago se giró y regresó a su lugar.

Una vez que sólo quedaron Dumbledore, James, Remus y Sirius, el anciano habló.

—Me temo que les tengo más malas noticias.— dijo con voz tranquila.

Sirius sintió que su corazón se detenía, "¡Más malas noticias! ¿Cómo podría empeorar esto?".

—Fue a ver si podía hablar con John y Fiona acerca de Alex, tal vez ellos lo habían visto recientemente. Pero al parecer han desaparecido.

James levantó la cabeza inmediatamente al escucharlo.

—¿Desaparecieron? ¿Qué quiere decir con que desaparecieron? ¿Cómo pasó eso? Dijiste que tendría a alguien vigilándolos todo el tiempo. ¿Cómo pudo pasar algo como eso? — preguntó James con su voz llena de rabia.

Dumbledore bajó la cabeza, estaba avergonzado, no había duda, respondió con voz triste.

—No los tenía bajo estricta vigilancia. El cómo pasó no es muy claro aún. Parece que "John y Fiona" cambiaron de locación, y no está en Gran Bretaña. Por la información que he conseguido, parece que se movieron hacia otro continente. Consiguieron un contrato que no podían rechazar y se mudaron.

Sirius se quedó ahí sentado asimilando la noticia. Los habían perdido. Habían tenido la defensa perfecta para Harry, una que tal vez reduciría la sentencia del Ministerio, pero la habían pedido. Ahora sería imposible encontrar a Frank y Alice. Era difícil encontrar a dos personas que vivían moviéndose constantemente dentro del país, pero ahora buscarlos en otro país.. ¡Era imposible! No podían rastrearlos como Muggles y mucho menos como magos.

—¿Qué trata de decir? ¡Se fueron! La única cosa que podía salvar la vida de mi hijo, las dos personas que eran cruciales para salvar a Harry han desaparecido. ¡No puedo creerlo! — gritó James.

—James, encontraré la forma de traerlo de vuelta. Siempre hay una salida. La encontraré, te lo prometo.— dijo Dumbledore tranquilamente intentando calmar al enfurecido padre. James dejó salir un gruñido furioso y se puso de pie volteando la mesa en el proceso.

—¡YA BASTA! ¡Deja de darme falsas esperanzas! No hay nada que pueda hacer. Nunca debí escucharlo en primer lugar. ¿Qué era lo que había dicho?, "Hogwarts es el lugar más seguro para Harry, Voldemort nunca se atreverá a ir ahí" ¿Y qué pasó? ¡No pudo detener a los Mortífagos qué se llevaron a Harry justo en la puerta principal del Castillo! No los pudo detener. Y ahora perdió a Frank y Alice. ¡Cómo vamos a probar que Harry no los asesinó! ¡Qué en realidad les salvó la vida y aún intentó mantenerlos a salvo!

Todo quedó en silencio después de eso. James estaba de pie con los puños cerrados y respirando pesadamente, como si hubiese corrido una larga distancia.

—James, en verdad no sé que decirte para hacerte sentir mejor…— comenzó Dumbledore pero James lo interrumpió.

—¿Mejor? ¿En verdad cree qué puede hacerme sentir mejor? ¿Cómo se supone que hará eso? ¿Cómo alguien podría hacer sentir mejor a un padre cuando su niño de dieciséis años está destinado a morir? ¡Mi hijo probablemente no llegue a cumplir diecisiete años, Dumbledore! Explíqueme, ¿cómo quiere qué me sienta mejor?

Dicho eso, James salió de la habitación estrellando la puerta fuertemente al salir. Remus y Sirius se quedaron en silencio sin saber que decir. Finalmente Remus rompió el incómodo silencio.

—Dumbledore, no se moleste, James está bajo mucha presión. En realidad no quería decir eso.

Dumbledore miró al hombre lobo y le dedicó una pequeña sonrisa.

—Sí, si lo quería decir, pero no lo culpo. Me equivoqué con James y Harry. Pero planeo arreglarlo todo. Harry sobrevivirá a esto. ¡No sólo celebrará su cumpleaños número diecisiete, sino que celebrará el número setenta también! Y lo celebrará en su hogar, junto a su familia. Eso lo prometo.

….........................................

Harry gimió al escuchar la persistente voz en su oreja. Abrió sus ojos inyectados de sangre y se giró para mirar a Hermione. La castaña lo miraba fijamente.

—Y bien, ¿estás de acuerdo? — le preguntó de nuevo.

—¿De acuerdo con qué? — preguntó Harry gruñonamente.

—¿Estás de acuerdo con el Horrocrux de Gryffindor?

Ante la confundida mirada de Harry, Hermione siguió.

—¿Me escuchabas acaso? ¿Te dormiste de nuevo? Por Dios, Harry, ¿no duermes nada en la noche? — le preguntó.

Harry la miró mal unos segundos antes de volver a pegar su frente a la fría superficie de la mesa y cubrir su rostro con sus brazos. El vidrio frío aminoraba un poco el ardor de su cicatriz. Era como si su cicatriz estuviera ardiendo constantemente. Algunas veces era tanto el dolor que Harry se desmayaba y despertaba unas horas más tarde con un dolor de cabeza tremendo. Pensándolo bien, no recordaba la última vez que se había calmado el dolor. Había empeorado desde el día que había destruido la Pluma Dorada.

—¿Harry?

El chico levantó la cabeza de nuevo para mirar a Hermione.

—¿Qué ocurre, Harry? No me estás prestando atención. ¿Estás enfermo?

Harry rodó los ojos, al fin la tonta chica se daba cuenta de algo.

—Sí lo estás, ¿verdad? Tus ojos están rojos. ¿Qué sucede? ¿Te duele la cabeza? ¿Tienes gripe? — preguntó Hermione preocupada.

—No, no tengo gripe. Estoy bien, es sólo que no he dormido muy bien.— mintió Harry.

Se enderezó en su lugar y vio a todos mirarlo preocupados. Ron y Ginny parecían estudiar a Harry con la mirada, ambos también pensaban que el chico estaba enfermo, mientras que Damien ya se acercaba para revisar la temperatura de su hermano. Harry manoteó para quitar la mano de su hermano cuando intentó ponerla en su frente.

—¡Basta! Ya te lo dije, estoy bien. Deja de molestar y vuelve a hacer lo que sea que estabas haciendo.

Damien lo ignoró y volvió a poner su mano en la frente de su hermano. De inmediato, Harry siseó de dolor cuando los dedos de Damien tocaron su cicatriz.

—Parece que está bien, a excepción de la cicatriz.— dijo Damien para que todos lo escucharan.

—Tal vez…. Tal vez debas recostarte un rato. Duerme un poco.— dijo Ginny en voz baja. También había notado lo rojos que estaban los ojos de Harry.

Harry los ignoró, tomó un libro y comenzó a pasar las páginas para distraerse. No estaba leyendo. La verdad era es que apenas podía ver. Su visión comenzaba a ponerse borrosa. Después de unos minutos finalmente admitió su derrota, lentamente se levantó del piso.

—¡Cállate! — le dijo a Damien cuando le dedicó una mirada de "te lo dije".

Harry se metió en su cama y cayó dormido al instante. Los cuatro adolescentes no podían creer que estaban de nuevo en la habitación de Harry. El chico no había estado muy seguro de dejarlos volver a donde se quedaba, pero los cuatro se las habían arreglado para convencerlo. Le prometieron que tendrían mucho cuidado cuando fueran a visitarlo.

Al final fue la capa de invisibilidad lo que terminó por convencer a Harry. Damien y Ginny podían entrar perfectamente bajo la capa, Ron y Hermione podían disfrazarse. Era bastante embarazoso, ya que Ron siempre se transformaba en una mujer mayor. Era el único hechizo de transfiguración que le salía bien. Hermione se transformaba en un hombre joven, usualmente con bigote y un traje bastante costoso. Aún así ambos chicos cambiaban de imagen regularmente. Hermione realizaba el hechizo a Ron.

Harry estaba de acuerdo con esos ajustes, pero aún así cambaba de locación cada tres días.

—¿Creen que esté bien? — susurró Ginny.

—No lo sé. Luce realmente cansado. Como si estuviera luchando contra algo constantemente.— dijo Hermione mirando al chico preocupada.

—Deberíamos traerle algo para su cicatriz. Es obvio que le molesta. Tal vez un poco de poción para dolor y una para dormir sin sueños.— dijo Ron en voz baja.

Los otros tres asintieron y siguieron trabajando en silencio para dejar que el exhausto chico durmiera.

Las pociones parecieron funcionar. Cuando Harry tomó la poción se dio cuenta de que su cicatriz dejó de molestarle unas cuantas horas. En esas horas Harry hacía todo lo que tenía que hacer antes de que el dolor regresara*. "Tengo que encontrar una solución para esto"* pensó Harry antes de beberse la quinta poción del día. Sabía que la poción para el dolor era muy adictiva, y lo último que necesitaba era volverse adicto. Se le acababa el dinero y no se sentía muy bien como para pelear y ganar un poco más.

—¡Harry, creo que ya lo descifré! — la voz de Hermione lo sacó de sus pensamientos.

Harry caminó hacia la emocionada chica, que estaba escondida detrás de un enorme libro.

—¡Mira Harry! ¡La espada! ¡El rubí incrustado en la espada de Gryffindor! Tiene que ser un Horrocrux. Encaja en la descripción perfectamente.— dijo Hermione emocionada.

—Bueno, eso podría ser.. ¡Pero qué hay del Sombrero Seleccionador! Perteneció a Godric Gryffindor también, ¿no? — dijo Ron.

—Sí, pero no creo que hiciera un Horrocrux que pudiera hablar por sí mismo. No sería muy seguro, ¿o si? Me refiero a que podría decirle a todo el mundo que tiene un pedazo del alma de Voldemort dentro— añadió Ginny.

Harry miró la fotografía en blanco y negro de la brillante espada. En realidad se veía magnifica. Hermione tenía razón. Encajaba a la perfección con los demás Horrocruxes. Era hermosa, un objeto de increíble poder e historia mágica, además de que pertenecía a uno de los fundadores de Hogwarts.

—Bien, ¿alguna idea de dónde guardan esta hermosura?— preguntó Harry a los cuatro adolescentes.

Hermione se removió en su lugar algo incómoda y le contestó sin mirarlo a los ojos.

—Um… si, de hecho. La guardan en… um… en Hogwarts.

…................................

Sirius no sabía por qué era siempre él el que tenía que hacer las cosas difíciles. Bueno, en ese caso si lo sabía, Remus se estaba recuperando de su transformación, James seguía molesto con Dumbledore y no haría nada por él, y Dumbledore estaba muy ocupado intentando tener otra reunión con Fudge.

"¿Por qué no se rinde de una vez? ¡Fudge no lo escuchará ahora!" pensó Sirius gruñonamente mientras subía por la enorme escalera.

Sirius no quería pensar en la última vez que había estado en Hogwarts. Había sido el día en el que Harry había escapado de regreso con Voldemort. Sirius sacudió su largo cabello para apartarlo de sus ojos. Estaba tan concentrado en ayudar a James, Lily y Damien con su dolor al perder a Harry que no se había puesto a pensar lo mucho que le afectaba a él. Sirius era el padrino de Harry. Antes de que el niño fuese tomado por Peter, Harry era muy apegado a Sirius. Amaba jugar con su cabello negro, solía tomarlo con sus dos manitas y no lo soltaba hasta que Lily o James llegaban a su rescate.

Sirius sonrió al recordar eso. Nunca habría pensado que ese pequeño crecería para convertirse en el segundo mago más temido en el mundo Mágico. Y aún así, él sabía que Harry tenía buen corazón. Lo que había hecho por James. Había arriesgado su propia vida donándole su magia. ¡Y ni qué decir de Damien! Harry se había arriesgado a ser capturado al ir y darle esa piedra para protegerlo. Debido a esa piedra, Damien estaba a salvo de casi todo. Sirius iba perdido en sus pensamientos y pronto llegó frente a la pared que ocultaba la Sala de los Menesteres.

Sirius aún no creía lo que Dumbledore le había dicho esa mañana, que había descifrado cual era el Horrocrux de Gryffindor. No era que dudara del anciano. No, era sólo el hecho de que Voldemort hubiese puesto el Horrocrux justo frente las narices de Dumbledore y durante todos esos años nadie, ni siquiera Dumbledore, se había enterado.

La espada de Godric Gryffindor. Era demasiado en verdad. ¿Cómo era posible que Dumbledore no hubiese presentido que algo no estaba bien? ¿Cómo no se dio cuenta de la presencia del alma de Voldemort? Sirius sacudió la cabea. No era justo dejarle toda la responsabilidad al anciano Director. Aún un genio como Dumbledore tiene que saber lo que busca antes de encontrarlo. Y sólo se había enterado de los Horrocruxes de Voldemort hacia unos meses.

Sirius se concentró en la espada y pasó por el pasillo tres veces, justo como se lo explicaron. De inmediato, una puerta se materializó frente a él. El Animago abrió la puerta y entró en la habitación agradeciendo a Merlín que todo fuera de acuerdo al plan. Sin embargo, una vez dentro, Sirius se dio cuenta de lo equivocado que estaba.

—¡Hola, Black! ¿Buscabas esto?

Harry levantó la espada con incrustaciones de rubí y miró la mirada sorprendida de Sirius. Lo había escuchado paseándose fuera de la puerta y sabía que alguien entraría.

Harry había sido informado de la sala de los Menesteres gracias a que los hermanos gemelos de Ron le habían pasado esa sabiduría a su hermanito. Harry simplemente había tenido suerte al pensar en la espada al pasar por ahí. Hermione le había dicho que la sala de los Menesteres le daría a Harry lo que sea que le pidiera, siempre y cuando estuviese dentro de Hogwarts.

Sirius miraba con los ojos muy abiertos al chico frente a él. Harry lucia muy diferente. Había perdido peso y parecía que no había dormido muy bien. Sus ojos esmeralda lucian cansados y su joven rostro ya mostraba signos de estrés.

—¡Harry! — dijo Sirius terminando de entrar en la habitación.— ¿Qué… qué estás haciendo aquí?

Harry miró a Sirius con ojos cansados. Una pequeña sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.

—No pude mantenerme alejado de este lugar. Ya sabes, es verdad, una vez que vienes a Hogwarts no puedes resistir volver.— dijo Harry con sarcasmo. Levantó la espada para que Sirius la viera.

—¡Vamos, Black! Vine por la misma razón que tu. ¡La espada de Gryffindor! — dijo Harry.

—Harry, no puedes arriesgarte de este modo. Si los Aurores te encuentran…— Harry lo interrumpió.

—¿Aurores? Ya me encontré con un Auror. La última vez que chequé era un Auror oficial del Ministerio.— dijo Harry tranquilamente, no había apartado la mirada del adulto en todo el tiempo.

Sirius miró a su ahijado y sintió su corazón romperse.

—Harry, soy tu padrino antes que nada. Por favor, tienes que confiar en mí. Ven conmigo antes de que alguien más te encuentre.— Sirius esperaba que Harry no luchara contra él. Lucia exhausto, de verdad necesitaba ayuda.

Harry, sin embargo, retrocedió un par de pasos y apretó el agarre a la espada.

—No puedo.— respondió simplemente.

—¡Si puedes, Harry! No tienes por qué hacer esto solo. No puedes hacer esto solo. Mírate. ¡Estás exhausto! Por favor, ven conmigo.— Sirius dio un par de pasos hacia Harry y se alegró al ver que el chico no retrocedió esa vez.

—No puedes ayudarme.— dijo Harry en voz baja mirando al Animago a los ojos por primera vez.

—¡Tal vez yo no pueda, pero James sí puede! Lily puede. Por favor, Harry, sólo vuelve a casa. Te prometo que el Ministerio no se enterará.— Sirius dio otro paso hacia el chico.

—¿Qué hay de Dumbledore? — preguntó Harry de repente. Sirius sintió su corazón latir emocionado ante las palabras de Harry. De verdad consideraba ir con él.

—No tiene por qué enterarse si tu no quieres.— respondió Sirius.

Harry se sorprendió con esa respuesta. Esperaba que Sirius le dijera que Dumbledore necesitaba saber si regresaba a casa. Por un momento, Harry se quedó ahí, con la espada en una mano y su varita en la otra. Sirius se acercó lentamente al chico hasta quedar justo frente a él.

—Vamos, Harry. Es hora de ir a casa.— le dijo tranquilamente.

Harry miró a Sirius y por primera vez entendió lo que Damien le había platicado. Sirius de verdad tenía la capacidad de hacerte sentir mejor tan sólo con unas cuantas palabras.

—No tengo un hogar. Lo perdí hace quince años. Lo siento, pero no puedo ir contigo. Necesito terminar lo que inicié.— dijo Harry apretando el agarre a la espada mientras hablaba.

Sirius miró desesperado al terco chico, ¿por qué tenía que hacerse la vida tan difícil?

—Sé como te sientes. Yo también quiero vengarme, y Lily y James también, incluso Dumbledore. Vamos, Harry, todos estamos del mismo lado ahora. Podemos luchar juntos.

—No.— Harry negó rápidamente y retrocedió. Parecía luchar contra la urgencia de irse con Sirius.

—Tengo que hacerlo por mí mismo. Tengo una razón diferente para la lucha que ustedes. No me uniré a ustedes. Esa no es la razón por la que estoy en contra de él.— le dijo Harry.

Sirius comenzaba a perder la paciencia ahora, comenzaba a considerar abrazar al chico y usar un trasladar para sacarlo de Hogwarts y el campo anti aparición. Trató desesperadamente de llegar a un acuerdo con el muchacho.

—Bien, no tienes que luchar junto a nosotros. Al menos dame algún modo de poder contactarte. O sólo ven conmigo para ver a James y Lily, sólo una vez. Están desesperados por verte, por asegurarse de que estés bien. Especialmente después de la transferencia de magia.

Harry giró su cabeza rápidamente y miró a Sirius.

—¿Saben sobre eso? — susurró Harry.

—¡Claro que sí! El Sanador nos dijo que tenía que ser un familiar el que hiciera la transferencia, además, encontramos tu sangre por todo el suelo de la habitación, eso ayudó mucho a resolver el misterio.— dijo Sirius sarcásticamente.

Harry se veía algo incómodo al saber que todos se habían enterado de lo que había hecho por James. Se suponía que era algo privado entre él y su padre.

-—Mira, Harry, todo lo que te pido son una horas. Ven a ver a James y Lily. No te forzarán a quedarte si tu no quieres. Por favor, ven conmigo.

Pareció funcionar. Harry miró la espada en su mano y después miró a Sirius. Estaba claro que intentaba descifrar si Sirius decía la verdad o no. Finalmente, el chico asintió levemente. Sirius sintió que su corazón iba a explotar de alegría. Harry volvería a casa. Lily y James podrían convencerlo de quedarse, sabía que Harry cedería ante la petición de sus padres. No los dejaría una vez que los volviera a ver.

Ambos caminaron en silencio hacia los terrenos del Castillo. Al llegar a la enorme puerta de entrada, todo se volvió un desastre. Harry fue lanzado hacia atrás por un proyectil azul que le dio directo en el pecho. Ambos, Sirius y Harry estaban perdidos en sus pensamientos como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. El hecho de que nadie más que ellos estuviesen en el Castillo los había hecho confiarse más.

Por instinto, Sirius corrió hacia Harry para ayudarlo. Tenía un enorme corte en su ropa, alguien le había lanzado un hechizo cortante. Harry y Sirius miraron hacia afuera y vieron al menos a diez Aurores de pie en la entrada. Sus varitas estaban listas y apuntaban a Harry. Sirius estaba más que sorprendido. Les dedicó una mirada asesina a todos los Aurores, pero antes de que pudiera hacer algo, uno de los hombres dio un paso al frente y comenzó a reírse de ellos. La furia de Sirius se intensificó cuando vio quien era el Auror idiota frente a ellos. Era Blake y lucia como si la Navidad hubiese llegado antes.

Harry se levantó lentamente aferrando el Horrocrux en una mano y su varita en la otra.

—Bueno, nunca pensé que funcionaría, pero tengo que aceptarlo Black.. ¡Tu plan funcionó a la perfección! — dijo Blake con voz alegre.

Sirius gruñó fuertemente antes de gritarle.

—¿De qué demonios estás hablando?

La sonrisa de Blake se expandió aún más al responder.

—Cuando nos dijiste que nos quedáramos aquí y que tu traerías al joven Potter, pensé que no funcionaría. Pero en verdad eres un genio. Lo hiciste que cediera fácilmente. Dime, ¿cuál es tu secreto?

Sirius no podía creer lo que escuchaba. ¡Blake mentía horriblemente! Sirius no sabía que Blake estaba ahí, ni siquiera se atrevería a trabajar con él, ni aunque su vida dependiese de ello. Blake sólo trataba de hacer que Harry creyera que Sirius lo había engañado. Todos sabían que Sirius era el padrino del chico y como Blake había decidido que su misión sería volver las vidas de Sirius y James un infierno, esta era la forma en la que rompería la conexión entre Sirius y Harry.

Sirius se giró para mirar a Harry, el chico lo miraba sorprendido y parecía no creer lo que escuchaba. Sirius sintió su estómago revolverse al ver el dolor reflejado en los ojos esmeralda de Harry.

—¡Harry! ¡No, yo no… está mintiendo!

Pero en cuando exclamó eso, Harry dio un paso hacia atrás, alejándose de él y la mirada furiosa que le dedicaba estaba haciendo que Sirius comenzara a sudar. Era claro que Harry había perdido la poca confianza que tenía en Sirius. Negó con la cabeza mirando al Animago y el dolor reflejado en la mirada del chico provocó que Sirius quisiera arrancar la garganta de Blake con sus propias manos.

—Venga con nosotros, Señor Potter. No le queda otra opción.— dijo Blake riendo burlonamente.

Sirius miró la mano de Harry desaparecer entre sus ropas, pero antes de que pudiera hacer o decir algo para detenerlo, Harry ya había actuado.

—Te lo dije antes, si no soportas el calor, deberías alejarte.

Al decir eso, Harry tiró un objeto triangular al piso casi con pereza. El objeto golpeó el suelo frente a los Aurores y de inmediato una explosión hizo que todo temblara. Sirius se tiró al suelo al ver las llamas ir hacia él. Los Aurores salieron disparados por la fuerza de la explosión. El recibidor de Hogwarts quedó lleno de una capa de grueso humo negro que hacía imposible ver algo.

Fue un milagro que nadie muriera durante la explosión, los Aurores salieron del Castillo tosiendo y jadeando en busca de aire fresco, controlaron el fuego a duras penas. El fuego mágico era difícil de controlar, pero una de las protecciones del colegio ayudó a apagarlo. El fuego había desaparecido, al igual que Harry y la espada de Gryffindor.