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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 48
—¡No me importa! ¡Se lo merece! ¿En qué jodidos pensaba? ¡Lo voy a matar!
Sirius hizo otro intento de pasar a tres de sus compañeros Aurores para poder golpear a Blake.
—¡Black! ¡Siéntate! Tienes que calmarte.— gritó Kingsley mientras lanzaba a Sirius a una silla.
Sirius se sentó a regañadientes pero siguió mirando al Auror castaño con mirada asesina, Blake estaba en una esquina siendo atendido por uno de los Sanadores del Ministerio.
—Estarás bien.— dijo la enfermera regordeta al terminar de curar un corte en la frente del hombre. La enfermera se fue agradecida de poder salir de la habitación. La tensión era tanta que podía cortarla con un cuchillo.
—Ahora, explíquenme que sucedió.— dijo Kingsley con su profunda voz haciendo eco en la habitación.
—¡Por qué no le preguntas al idiota de la esquina! — exclamó Sirius. Estaba furioso con Blake. Por su culpa Harry había huido de nuevo. Había estado tan cerca de regresar a casa. Cada vez que pensaba en lo cerca que había estado de llevar a Harry a casa la rabia incrementaba dentro de él.
—¿Por qué demonios estabas ahí en primer lugar? — le gritó Sirius a Blake, quien seguía sorprendido porque Sirius le había dado una buena paliza, le había dejado un ojo morado, un labio partido y un feo corte en la frente.
—Estaba ahí bajo órdenes del Ministro. Me pidió que te acompañara a traer la espada de vuelta. No supe porque necesitarías la ayuda pero aparentemente la espada es demasiado cara e importante como para dejarle el trabajo a uno solo.— gritó de regreso Blake.
—Bueno, eso funcionó perfectamente.— dijo Sirius apenas despegando los dientes.
Blake le dedicó una mirada furiosa y siguió sosteniendo su cabeza con las manos, como si se le fuera caer si la dejaba.
—¡No tenías derecho de golpearme! — dijo después de una leve pausa. Se arrepintió inmediatamente, ya que Sirius se lanzó contra él nuevamente lanzando a los otros tres Aurores a un lado. Sirius tomó a Blake por el cuello de su túnica y lo sacudió violentamente.
—¿No tenía derecho? ¿Qué derecho tenías tú de mentirle de ese modo a Harry? ¿Qué creíste que iba a pasar?
Blake se encorvó mientras intentaba quitarse del agarre de Sirius. Kingsley se apresuró a tirar de Sirius para alejarlo de Blake y trató de calmar a ambos hombres.
—¡Más vale que escondas tu miserable rostro, Blake! ¡No quieres ni imaginarte lo que James te hará cuando se entere! — siseó Sirius sin dejar de forcejear contra Kingsley. Después de eso se sacudió del agarre del enorme Auror y salió de la habitación.
Apenas había puesto un pie fuera de la oficina cuando chocó contra alguien.
—¡Fíjate por dónde vas! — gruñó Sirius a la persona con la que había chocado.
—¡Oye! Tranquilo, Padfoot.
Sirius levantó la mirada para encontrarse con la de James.
—¿Por qué tan berrinchudo el día de hoy? — preguntó James al ver a su amigo con tan mal humor. Antes de que Sirius pudiera responder, James continó hablando.
—¡Escuche que le diste una buena a Blake! — dijo con una sonrisa.— ¿Qué hizo el idiota esta vez?
Sirius planeaba contarle todo a James por supuesto, pero no había planeado contarle todo en ese preciso momento. Miró a James y sintió el pecho comprimírsele. James se veía de mejor humor que el usual, no quería moléstalo con lo que había pasado.
—Prongs, creo que será mejor ir a mi oficina. No quiero hablar de esto en mitad del corredor.— dijo Sirius tratando de no mirar a su amigo a los ojos.
—Um… bien, si eso quieres.— dijo James, sabía que algo andaba mal. Para que Sirius se lanzara contra otro Auror, aunque fuera uno como Blake, tenía que tratarse de algo serio.
Una vez que Sirius tenía a James sentado y seguro dentro de su oficina, le contó todo. Como había estado tan cerca de traer a Harry a casa, como el chico lucia realmente exhausto y casi aliviado de que le pidieran que volviera a casa. James se quedó ahí, escuchando todo lo que Sirius e decía. Tenía las manos cerradas en fuertes puños. Apretaba los dientes tan fuerte que la quijada comenzaba a dolerle, James escuchó como Blake había saboteado el intento de Sirius de regresar a Harry. Como se lo esperaba, James saltó de la silla y se dirigió a la oficina de Blake, iba a partir a ese hombre en pedazos.
Para cuando James llegó a la oficina, le informaron que Blake se había ido a casa y que no regresaría en un par de días. Hirviendo de rabia, James salió de la oficina. No sabía como manejar lo que había pasado. Todo parecía salirle mal. El angustiado hombre se fue del Ministerio, no fue sino hasta entrada la noche que James llegó al Valle de Godric y por primera vez en su vida sintió que no le era posible hablar con Lily. Se encerró en su habitación y no salió hasta el día siguiente.
Lily, Sirius y Remus intentaron consolarlo, pero James no escuchaba a ninguno de ellos. Lo que le rompía el corazón no era el hecho de que Harry no hubiese regresado a casa. Sino que Harry si quería regresar y no podía.
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Harry se encontró pasando más y más tiempo con sus cuatro "amiguitos de estudio". Ahora que los cuatro Horrocruxes de los fundadores habían sido destruidos, los cinco adolescentes trataban de descifrar cual sería el último Horrocrux. La espada había sido destruida por Harry en cuanto había regresado de Hogwarts. Ahora trataba de descubrir cual sería el último. Sabían por la libreta de Riley que el diario negro era un Horrocrux, pero no podían pensar en cual sería el último.
Los cuatro Horrocruxes que eran de los fundadores de Hogwarts habían sido bastante fáciles de descubrir, pero ahora, no tenían idea de en donde estaría ese diario. Harry trataba de descubrir la identidad del último Horrocrux antes de pensar en el diario.
—¡Esto es inútil! ¿Qué vamos a hacer ahora? Es imposible que adivinemos lo que usó como Horrocrux.— dijo Ron golpeando la mesa con su mano haciendo que el montón de libros sobre ésta fueran a dar al suelo.
—Sólo tenemos que darle vueltas y más vueltas a los libros hasta encontrar algo. No hay mucho más que podamos hacer.— dijo Ginny tomando un libro que explicaba muchos objetos prohibidos y altamente peligrosos y que tenían un gran potencial de magia negra.
—Creo que es momento de volver a espiar a la Orden. El profesor Dumbledore también intenta descubrir cuales son los Horrocruxes. Tal vez ya encontró algo.— dijo Hermione dedicándole una mirada discreta a Harry.
Harry no creía que la Orden les sirviera de mucha ayuda. Después de todo, ellos cinco habían descubierto los cuatro Horrocruxes de los fundadores de Hogwarts y ellos no habían podido obtenerlos antes que Harry. Lo que molestaba a Harry era el hecho de que Voldemort probablemente hubiera escondido los otros dos Horrocruxes de forma discreta, ya que los otros cuatro ya habían sido destruidos. Harry sabía, debido a incremento en el dolor de su cicatriz, que Voldemort sabía que sus Horrocruxes habían sido destruidos. Se volvía cada vez más difícil lidiar con el dolor en su cicatriz. Las pociones para el dolor no ayudaban como antes y Harry sabía que no podía seguir bebiéndola en tanta cantidad. Pero ahora no tenía otra opción. Ya se ocuparía de su cicatriz después de deshacerse del sexto Horrocrux.
La reunión terminó cuando los chicos prometieron decirle cualquier información que obtuvieran de la Orden. El orbe espía seguía escondido en la habitación y registraban todo al final de cada reunión.
Harry estaba seguro que la Orden no sería de mucha ayuda. Pero no tenían muchas opciones ahora y tenían que aceptar lo que sea. En ese momento estaba sentado en su cama, tratando de pensar en los lugares en los que Voldemort podría esconder sus Horrocruxes. Sabía que el diario había sido de Marvolo Gaunt, abuelo de Voldemort.
Algunas personas pensarían que Voldemort había usado el diario por sentimentalismo, pero Harry sabía que no era el caso. Voldemort no era para nada sentimental. Probablemente había usado el diario porque era la única cosa que quedaba de su abuelo, y la familia Gaunt eran los únicos descendientes de Salazar Slytherin. Había marcado a Harry para continuar con la ancestral familia, pero Harry no era un descendiente directo.
Harry tocó su cicatriz con cuidado trazando el rayo con sus dedos. Aún seguía punzándole por el ataque que había sufrido hacia unas dos horas. No había tenido un ataque así desde hacia mucho. Le había sangrado la nariz. Voldemort había recibido más malas noticias seguramente. "Probablemente se enteró acerca de los Horrocruxes" pensó Harry.
Voldemort le había dicho a Harry que la cicatriz era el resultado del poder con el que él mismo lo había bendecido la noche que había llegado a la mansión Riddle. Harry se daba cuenta ahora que la cicatriz no era una bendición, sino una horrible maldición. Lo mantenía ligado a Voldemort. Le causaba dolor todo el tiempo. Sacudió la cabeza. No era tiempo de lidiar con todas las mentiras que le habían dicho. Tenía que concentrarse. Tenía que encontrar los dos últimos Horrocruxes.
Harry levantó la cabeza al escuchar un ligero toque en su puerta. Se puso de pie y sacó su varita del bolsillo. Caminó rápidamente hacia la puerta, listo para abrirla. No esperaba visitas de nadie. Los cuatro adolescentes no debían venir a verlo sin que él los llamara primero. Harry apretó el agarre a su varita a recordar como lo habían atacado Nott y los otros dos Mortífagos. Abrió la puerta de inmediato y miró dos cabezas pelirrojas frente a él. Abrió la puerta por completo para dejar que los cuatro adolescentes entraran.
Harry estrelló la puerta y se giró para mirar con ojos asesinos a los cuatro chicos.
—¿A qué diablos juegan? ¡Específicamente les dije qué nunca vinieran a verme al menos que yo los llamara! ¿Qué demonios hacen? — dijo Harry molesto.
Los cuatro adolescentes se miraron entre ellos y fue entonces que Harry lo notó. Los cuatro se veían pálidos y ansiosos por algo.
—¿Qué sucede? ¿Qué pasó? — preguntó Harry en un tono considerablemente más suave.
Ginny fue la primera en hablar.
—Sabíamos que venir a verte así no estaba bien, pero todos acordamos que deberías enterarte de lo que había pasado. Es mejor que lo sepas por nosotros que por los periódicos.
—¿De qué están hablando? ¿Enterarme de qué? — preguntó Harry. Comenzaba a sentir el pánico crecer en su interior por la forma en la que los otros cuatro lo miraban. Era como si esperaban que Harry hiciera erupción en cualquier segundo.
Ginny miró a Damien, el chico avanzó un par de pasos hacia su hermano.
—Estábamos espiando una de las reuniones de la Orden. Pudimos meter un par de Orejas Expansibles esta vez. Moody no estaba en la reunión así que no había peligro de que nos descubrieran. La reunión fue de emergencia, así que ninguno tuvo oportunidad de poner demasiada seguridad en la puerta. Pudimos escuchar que estaban muy emocionados. Resulto ser que la Orden había capturado a uno de los Mortífagos miembros del círculo interno de Voldemort.
Damien hizo una pausa, no estaba seguro de si debía continuar. Harry sentía la preocupación llenarlo cada vez más. ¿A quién había capturado la Orden?
—Harry, por favor, no te alteres…— comenzó Damien pero Harry lo interrumpió.
—Damy, por favor… sólo dime, ¿a quién atraparon? — Harry tenía un presentimiento sobre quien podría ser. Esperaba estar equivocado.
Damien miró preocupado a Harry antes de continuar.
—Es Bellatrix Lestrange.
Harry no dijo nada. Se quedó ahí tratando de asimilar lo que Damien había dicho. ¡La Orden había capturado a Bella! La habían capturado y seguramente la llevarían con los Dementores. Bella tenía el mismo castigo esperándola que el que tenía Harry. No le darían un juicio. No le darían la oportunidad a alguien como Bella de escapar al Beso. Ta vez había sido esa la razón del dolor que había sufrido Harry hacia unas horas. Voldemort estaba furioso porque habían capturado a Bella. No era simplemente un miembro sumamente importante del círculo interno, sino que Harry sabía que ella era la única Mortífago que había logrado hacerse un pequeño espacio en el frio corazón de Voldemort. Ella era probablemente la única persona por la cual Voldemort de verdad se preocupaba.
—La capturaron apenas hace unas dos horas. La tienen en el Ministerio.— Damien continuó hablando, pero Harry no lo escuchaba. Apenas lograba escuchar algo aparte de su corazón latiendo furiosamente.
—¿Cómo… cómo la atraparon? — preguntó Harry.
—Fue el profesor Dumbledore. La capturó durante un ataque en el pueblo de Kelso. Hay más, Harry, el profesor Dumbledore la había estado rastreando porque… ella… ella tiene uno de los Horrocruxes— dijo Damien lentamente.
Harry lo miró sorprendido. No esperaba ningún tipo de información sobre los Horrocruxes en ese momento.
—No sé como, pero el profesor Dumbledore descubrió que Bellatrix tiene un Horrocrux. Aón no sabemos que es. Tuvimos que irnos, pero mencionaron que ahora ella y el Horrocrux están a manos del Ministerio.
La mente de Harry estaba hecha un lío. Bella tenía un Horrocrux. ¿Qué podría ser?, tenía que ser algo pequeño, como para que lo llevara con ella a ese ataque. No tenía sentido.
De pronto, Harry se dio cuenta de lo que era el Horrocrux. No sabía como no se le pudo ocurrir antes.
—¡El anillo! ¡El anillo de la familia Black! Es la única joya que siempre lleva con ella. Pertenece a la familia Black que son Sangre Limpia y la mayoría de ellos son devotos seguidores de Voldemort.— dijo Harry. Hablaba más para sí mismo que para los demás.
—¡Eso debe ser! ¡El anillo de la familia Black es un Horrocrux! — dijo Harry mirando a Damien.
—Bueno, el Ministerio lo tiene ahora. Probablemente lo destruirán pronto.— añadió Hermione.
—¿Cuándo la trasladarán a Azkaban? ¿Dumbledore dijo algo sobre eso? — preguntó Harry.
De nuevo, los cuatro adolescentes se miraron entre sí, pero ninguno respondió. Era claro que esa era información que no querían decirle a Harry.
—¿Qué? — preguntó el chico molesto por la forma de actuar de los otros cuatro.
—Bueno… veras… esa es la cosa. No la llevarán a Azkaban. No quieren arriesgarse a que escape. Ellos… llevaran a los Dementores al Ministerio. Ordenaron el Beso para esta noche.— dijo Ron teniendo cuidado de no mirar a Harry a los ojos.
Harry sintió como si le hubieran sacado el aire. ¡Esa noche! Le darían el Beso a Bella esa noche. Harry no sabía que hacer. Su cabeza daba vueltas.
Sabía que Bella tenía la misma responsabilidad que Voldemort con la mentira que le habían dicho, pero aún así no podía dejar de preocuparse con ella. Harry sabía que Bella lo regresaría a Voldemort en la primera oportunidad, probablemente le lanzaría un hechizo para borrar su memoria para poder volver a usarlo y manipularlo. A pesar de eso, Harry no podía quedarse de brazos cruzados mientras ella moría.
Sin decir una palabra, Harry se giró y se dirigió a la puerta. De inmediato los cuatro adolescentes corrieron hacia él.
—¡Harry! ¿A dónde vas? — gritó Damien tratando de tomar a Harry por el brazo, pero su hermano simplemente se sacudió el agarre y siguió caminando.
—¡Harry! ¿A dónde vas? — repitió Damien tomando el brazo de su hermano nuevamente y tirando de él para poder verlo a la cara.
—Suéltame, Damien.— dijo tranquilamente Harry, pero Damien se aferró a él con ambas manos.
—¡No, Harry! Ni siquiera pienses en ir por ella. ¡Está en el Ministerio! No puedes hacer nada para ayudarla.— trató de explicar Damien a su hermano, pero Harry se sacudió el agarre y lo miró enojado.
—¡No me voy a quedar aquí sentado mientras ella es destruida!
—Harry, por favor, se razonable. ¿Qué podrías hacer? No puedes entrar en el Ministerio, tomarla y salir como si nada. ¡Sólo te pondrás en peligro! — dijo Ginny, también trató de tomar a Harry por el brazo para impedir que fuera en una misión suicida.
—Sí, me refiero a que es Bellatrix. Ella también te traicionó, al igual que V… Voldemort. No tienes por que hacerle este favor— añadió Ron, aún seguía sintiéndose incómodo diciendo el nombre de Voldemort en voz alta. Harry se giró para mirar a Ron, tenía un gran dolor reflejado en los ojos.
—No espero que ustedes entiendan, ni siquiera lo entiendo yo mismo. Todo lo que sé es que no puedo dejar que le den el Beso a Bella. No podría vivir si no intento ayudarla, sólo esta vez.
Con esas palabras, los cuatro chicos se miraron entre sí. Hermione miró a Harry y luego se giró para mirar a Damien.
—De acuerdo Harry, si estas tan determinado entonces adelante. Pero no puedes simplemente ir al Ministerio en una misión de rescate sin planearlo primero. Necesitas pensar en lo que vas a hacer.— dijo Hermione determinada.
—¡Mione! ¡No vamos a ayudar a Harry a ayudar a un Mortífago a escapar! Nos mandarían de por vida a Azkaban! — exclamó Ron.
—No vamos a ayudarlo. Sólo nos aseguraremos de que Harry pueda salir.— explicó Hermione.
—Esta bien, Hermione. Sé exactamente lo que tengo que hacer.— dijo Harry antes de girarse para mirar a Damien. El pequeño Potter tragó saliva, ya sabía lo que esa mirada significaba.
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Bella estaba en su celda, temblando debido al frío que la rodeaba en ese momento. Estaba encadenada a la pared, llevaba ya una hora tratando de liberarse. El cómo la habían capturado seguía perturbando su mente. Un minuto estaba lanzando un Cruciatus a un estúpido Auror y el siguiente tenía cuerdas rodeando su cuerpo y caía directo en los brazos de Albus Dumbledore. ¡El anciano le había lanzado el hechizo de ataduras antes de que ella pudiera parpadear!
Pero eso no era lo que la molestaba, estaba más que dispuesta a enfrentar a los Dementores, todo para mantenerse fiel al Lord Oscuro. Después de todo, ese era un riesgo que todo Mortífago aceptaba al unirse al Lord Oscuro. No, lo que le molestaba era como se había enterado el Ministerio acerca de su anillo. Sabían que era un Horrocrux. ¿Pero cómo? Eso provocaba que un sudor frío cubriera su rostro. Le había fallado a su Amo. Él había confiado en ella para algo importante y ella le había fallado.
Bella hizo una mueca de dolor al mover sus manos encadenadas. El maldito Auror le había roto los dedos para poder quitarle el anillo. Había dado buena pelea, pero al final, si dedo roto no había podido detenerlo y ahora el anillo se había ido. Estaba sentada sin hacer ruido con su mente entrando en pánico, tan sumergida en sus pensamientos que no notó cuando la celda se abrió y alguien entró en silencio. Sólo levantó la mirada cuando alguien susurró un "Lumos".
Levantó la mirada para ver quien era su visitante. Vio el rostro del hombre frente a ella y escupió su nombre como si fuera una maldición.
—¡Black! ¿Qué es lo que quieres?
Sirius bajó la luz de su varita y miró a su prima. Le rompía el corazón saber que alguien que él conocía y había amado estaba sufriendo de ese modo. El Animago se sentó en el sucio suelo para poder estar al mismo nivel que Bella. La mujer sólo lo miró con ojos entrecerrados.
—¿Vienes a burlarte? ¿No me dirás "te lo dije"? Eres tan patético como el resto de ellos.— gritó Bella sin poder controlar sus emociones.
Sirius no dijo nada, simplemente apuntó su varita hacia la mano dañada de Bella.
—¿Qué estás haciendo? ¡Déjame en paz, Black! — siseó Bella tratando de alejarse de él, pero las cadenas no le permitían moverse mucho.
Sirius apuntó a la mano quebrada de Bella y susurró un hechizo para sanarla. De inmediato, Bella sintió que el dolor en sus dedos y mano desaparecían dejando una sensación cálida porque se esparcía hasta su muñeca. Cerró los ojos contra su voluntad y dejó salir un suspiro de alivio. Esa mano la había estado matando de dolor durante la última hora. Abrió sus ojos negros y miró a Sirius. La había ayudado. Bella había pensado que Sirius había ido a lastimarla, estaban en lados opuestos de la guerra, ¿qué más podía esperar de él?
—Bell.—susurró Sirius.
Bella pegó un brinquito y se alejó de él. Nadie la llamaba así. Era simplemente Bellatrix o Bella. Bell era el apodo con el que le llamaba Sirius cuando eran jóvenes.
—Bell, mírame. Por favor, mírame.— el susurro de Sirius la hicieron voltear a mirar esos ojos azules que la miraban fijamente.
—Nunca quise que esto pasara, Bell. Eso lo sabes. Te pedí muchas veces que lo dejaras y que volvieras con nosotros. Pero tu tenías fijos tus ideales. No es demasiado tarde, Bella. Déjalo. Pide perdón y ofrece información al Ministerio. Prometieron tener misericordia si lo haces.. ¡No te darán el Beso! Por favor, Bell...¡Considéralo cómo tu última oportunidad de escapar!
Sirius rogaba a Bella que tomara la oportunidad que el Ministerio le daba. Habían tomado varias horas de persuasión por parte de Sirius y Dumbledore para que el Ministerio considerara dar otra oportunidad a Bella. Pero antes de que las últimas palabras dejaran su boca, Sirius sabía que Bella no aceptaría esa opción. Ella sacudió la cabeza con una sonrisa maniática en los labios.
—¡Nunca lo dejare! Él es y siempre será mi Amo. Te tengo lástima, Sirius. Nunca lo entenderás. ¡Estabas demasiado embobado con esos Potter! Han metido cosas sin sentido en tu cabeza, todo eso de los Sangre Sucia y los Muggles. ¡Eras de una familia tan noble! ¡La familia Black! ¿Y qué hiciste tú? Desperdiciaste todo por ayudar a esos que son demasiado débiles y patéticos como para hacer las cosas por sí mismos. ¡Yo no necesito la ayuda de nadie, Black! Estoy feliz de morir por mi Amo, eso mostrará lo leal que soy y siempre seré.
Sirius no podía hacer nada más que mirar a su prima. Había ido demasiado lejos, y Sirius ya no podía hacer nada para ayudarla. Se levantó lentamete. Sirius sabía que no podía ayudar a Bella porque ella no quería ser ayudada, pero aún así sentía que la estaba abandonando en un momento que ella necesitaba ayuda desesperadamente.
Conteniendo las lágrimas, Sirius se levantó y miró a su prima. Caminó fuera de la celda deseando poder salir corriendo y no estar ahí cuando los Dementores vinieran por el alma de la mujer.
Bella también estaba luchando contra la urgencia de llorar. No porque quisiera que Sirius la ayudara, no, ella estaba segura de su lealtad a Voldemort. Estaba triste porque en verdad no quería morir. No dudaba que su muerte estaba cerca, Voldemort no la ayudaría, no cuando estaba justo en el corazón del Ministerio. Bella no quería que su Amo se arriesgara de ese modo, pero al mismo tiempo, deseaba que alguien la salvara del Beso. Que te sacaran el alma no era algo que se tomara a la ligera.
Escuchó pasos acercarse a la puerta y la celda se abrió por segunda vez. Esta vez era alguien que Bella ya esperaba, pero no estaba nada feliz deberlo.
—Es hora de irnos, Bellatrix.— dijo Fudge apuntándola con la varita.
Las cadenas se abrieron al instante y Bella se puso de pie lentamente. Sintió como si sus pies no pudieran sostenerla, sentía las piernas débiles y temblorosas, pero Bella juntó toda su fuerza y caminó hasta la puerta. Se sorprendió al ver que el Ministro estaba solo, no venía ningún Auror acompañándolo. También se sorprendió al ver que no había ningún Dementor. ¿Qué estaba pasando?
—¡No intentes nada o lo lamentarás! — dijo el Ministro Fudge mientras ponía una esposa en la muñeca de Bella y sostenía la otra él mismo. Llevó a una confundida Bella fuera de las celdas y se dirigió hacia las escaleras.
Bella estaba demasiado confundida como para decir algo, así que sólo lo siguió en silencio. Trataba de encontrar fuerzas para enfrentar a los Dementores y estaba perdida en sus pensamientos. Fue sólo cuando escuchó pasos apresurados detrás de ellos y luego el sonido de alguien gritando órdenes que se dio cuenta de que algo no estaba bien.
—¡Se fue! — dijo una voz a lo lejos. Fudge se detuvo y escuchó con atención las voces.
—¿Qué quieres decir con qué se ha ido? ¿Quién la dejó salir de la celda? — exclamo otra voz, esta vez le sonó bastante familiar a Bella.
—Bueno… um… fue usted, Ministro.— respondió la primera voz.
Bella se giró rápidamente para mirar al Fudge que estaba de pie junto a ella. Él aún escuchaba las voces a lo lejos.
—¿De qué estás hablando? ¡Yo no la he visto desde que la trajeron!— explotó la voz del Ministro.
—Pero…pero, señor, yo lo vi. Usted vino hace unos minutos y se la llevó con usted.— respondió la primera voz algo vacilante.
El Ministro que estaba con Bella se giró rápidamente hacia ella.
—¡Tenemos que movernos, vamos!
Ambos comenzaron a correr por el pasillo y se dirigieron rápidamente a la puerta al final. Se detuvieron enseguida de una pequeña puerta, respiraban pesadamente debido a los nervios y a su carrera.
—¿Quién… quién eres? — preguntó Bella, pero antes de que el Ministro le respondiera, la figura del hombre comenzó a cambiar.
Bella miró como la redonda figura de Fudge comenzaba a encogerse y adelgazar. El cabello fue reemplazado por una mata de rebelde cabello negro y los ojos azules del Ministro cambiaron hasta convertirse en las ya familiares esmeraldas.
Bella se quedó sin aliento viendo como el falso Ministro se quitaba las enormes ropas para quedar en un simple conjunto Muggle color negro. El chico frente a ella removió rápidamente las esposas de sus manos y las lanzó lejos.
—¿H… Harry? — preguntó Bella sin poder creer que en verdad el muchacho estuviese ahí con ella.
El moreno la miró pero no dijo nada.
El chico la tomó de la mano y comenzaron a correr nuevamente, no pararon hasta que se encontraron con dos pasillos. Harry esperó un par de segundos antes de tirar de Bella y llevarla por el pasillo de la derecha. Justo frente a ellos estaba un pequeño elevador. Era muy viejo y se veía inseguro, pero era la única forma de salir.
Harry y Bella se metieron en el viejo elevador, y Harry presionó una combinación de botones que los llevaría a la sala secreta del edificio que Ron le había dicho. Esperaba que Ron le hubiera dicho la verdad.
Bella trató de hablar con Harry de nuevo, pero el chico seguía ignorándola, su corazón latía fuertemente en su pecho. Estaban tan cerca de escapar. Todo lo que tenía que hacer era llegar a la pequeña habitación y después salir del edificio. Esperaba poder hacerlo a tiempo.
En cuanto el elevador se abrió, Harry y Bella corrieron hacia la puerta para poder salir de la habitación. Eso los llevaría a una parte del edificio en la que no había nadie, de ahí sólo tenían que usar una salida de emergencia.
Pero antes de que pudieran llegar a la puerta, ésta se abrió y Harry y Bella se detuvieron. De pie frente a ellos, bloqueando la puerta y apuntándolos con su varita, estaba Sirius Black.