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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 6
—¡Esto es simplemente tan injusto! — se quejó Damien. Estaba sentado en la mesa de Gryffindor, desayunando con sus compañeros Gryffindors pero su inusual mal humor no lo dejaba disfrutarlo.
—Lo sé, eso apesta amigo, ¿pero que puedes hacer?— dijo Ron antes de tomar media docena de panques y ponerlos en su plato, los llenó de miel hasta el tope.
—¡No puedo creer que me lo voy a perder! — continuó Damien —, esperé semanas para ir a la final de la Copa Mundial. ¡Papá me prometióque vendría por mí y ahora decide no presentarse! Digo, ni siquiera una lechuza diciendo que se cancelaba.
—¿Sigues quejándote por eso Damien? En serio, es sólo un juego. Tu padre tiene cosas más importantes que hacer, ¿sabes? — dijo Hermione mientras ella y Ginny se sentaban enseguida de Ron y Damien.
—¿Sólo un juego? — preguntó Damien —, obviamente no sabes mucho sobre Quidditch, Hermione. No me sorprende ya que no es algo que puedes aprender de los libros.
La prefecta de quinto curso pretendió no escuchar la última parte de lo que su joven amigo había dicho. En su lugar se sirvió un par de tostadas.
—Estoy segura de que al señor Potter le surgió algo importante,— consoló Ginny a Damien —, después de todo él tampoco se perdería un juego tan importante.
"*Ese es un buen punto"*pensó Damien. ¿Por qué su padre se había perdido el partido? Él era el fan número uno del Quidditch, tanto le gustaba que hasta había sido nombrado el mejor cazador de Gryffindor en sus días de escuela. El trofeo seguía en el salón de trofeos en el tercer piso.
Damien sólo había visto a su padre una vez desde que había regresado de sus misiones de Auror. Lucía muy cansado y desanimado, pero Damien conocía a su papá y sabía que no se quejaría. Amaba ser Auror. Damien sospechaba que su cansado padre probablemente seguía durmiendo, olvidándose por completo de la Copa Mundial.
—Si algo importante se hubiese presentado me debió de haber mandado una lechuza,— murmuró Damien —, así no me quedaría esperándolo.— Ron levantó la mirada de su plato y miró la desanimada expresión de su amigo. Damien era tres años más joven que él pero eran amigos desde que eran pequeños. Ya que los padres de Ron y los de Damien eran miembros de la Orden, se veían muy seguido. Molly y Lilly se veían frecuentemente en sus casas y habían animado a sus hijos a hacerse amigos. Como resultado, Ron y Damien se habían vuelto tan buenos amigos que a Ron no le importaba que el chico más joven anduviera con ellos. Estaba acostumbrado a que Damien anduviera junto con él.
—¡Anímate, hombre! — dijo Ron.— Estoy seguro que el señor Potter te lo compensara. Hay muchísimos juegos por venir.
Con un suspiro, Damien asintió. Volvió su atención a su desayuno moviendo sus panques de lado a lado en su plato.
—¿Qué debemos hacer hoy? — le preguntó a Ron.
—¿Vamos a ver a Hagrid y después tal vez practicar Quidditch?— respondió Ron.
—Si, genial,— dijo Damien con una pequeña sonrisa dibujándose en su rostro—, si no puedo ver el partido siempre puedo jugar uno.
—Que dices Ginny, ¿te apetece jugar? — preguntó Ron a su hermana. Ginny dejó su conversación a susurros que tenía con Hermione y miró a Ron.
—¿Qué? Oh, um… no… no, gracias. Tengo que ir a la biblioteca.— respondió sonrojándose un poco. Damien y Ron compartieron una mirada antes de suspirar y rodar los ojos.
—¡Ginny, ya déjalo! No vas a encontrarlo.— trató Ron de hacerla reaccionar.
—¡Como sea Ronald! Ocúpate de tus asuntos— exclamó la pelirroja. Ron suspiró. Se había divertido ridiculizando y molestando a la chica por los últimos dos meses, pero ahora estaba comenzando a sentir lastima por ella.
—Nunca lo vas a encontrar,— repitió Ron ganándose una mirada de muerte por parte de su hermana—, no sabes si quiera si él fue alumno en Hogwarts.
—Le debo mi vida, Ron,— respondió Ginny—, al menos tengo que tratar de encontrarlo para agradecerle.
Ron no supo que responder ante eso. Ginny se giró hacia Hermione. Odiaba cuando Ron se burlaba de ella, pero odiaba mucho más cuando se burlaba de ella con esetema. "¡*Él no lo entiende!"*se decía a sí misma todo el tiempo "él no estuvo ahí."
Ron se había perdido la última visita a Hogsmeade hacia poco más de dos meses. Le había dado una Bludger en la cabeza y se había estado recuperando en la enfermería. Ginny había ido a Hogsmeade con el resto de los alumnos. Recordaba perfectamente ese día, había comenzado maravillosamente, había comprado en sus tiendas favoritas, había ido al café con Hermione y otros amigos. Sus padres y hermanos mayores habían ido para comer el almuerzo con ella. Había disfrutado mucho la historia de Charlie sobre el último dragón del que había estado a cargo, cuando escucharon un terrorífico disparo afuera, tan fuerte que hizo que el café temblara.
Aterrorizada y en pánico, Ginny sintió a Charlie y Bill tomarla y llevarla hacia el círculo de protección. Bill, Charlie, Arthur y Molly estaban de pie a su alrededor manteniéndola a salvo.
—¡Quédate aquí Ginny! — le había dicho Bill.
—¡Quédate cerca de nosotros! — Charlie tiró de Hermione y la dejó junto a Ginny poniéndose frente a ambas chicas. Se soltó un pandemónium cuando supieron que Hogsmeade estaba bajo un ataque de Mortífagos. Muchos Mortífagos tiraron la puerta y comenzaron a atacar a los clientes del lugar. Gritando de terror, ambas, Ginny y Hermione se agacharon buscando protección, Molly las dirigió lo mejor que pudo.
—¡Molly, saca a las chicas de aquí! — gritó Arthur mientras luchaba contra un hombre enmascarado. Todos los adultos en el café estaban haciendo lo mejor que podían para defenderse de los Mortífagos, incluidos Bill, Charlie y Arthur.
Molly tomó las manos de Ginny y Hermione y corrió por la puerta trasera. La mayoría de las personas en el café se dirigían hacia esa salida. Molly, Hermione y Ginny pelearon contra la multitud y salieron al callejón. Corrieron en dirección a Hogwarts tratando de llegar a la seguridad de la escuela. De pronto se encontraron con hombres enmascarados bloqueándoles el camino. Molly soltó a Ginny y Hermione y sacó su varita.
—¡Corran! — le dijo a su hija. Temiendo por la seguridad de su madre, Ginny dio media vuelta y corrió con Hermione a su lado. Ambas chicas corrieron tomadas de la mano intentando encontrar un lugar donde pudieran estar a salvo.
Un hechizo pasó rozando la cabeza de Ginny. Lanzó una mirada hacia atrás sin dejar de correr y vio a dos Mortífagos persiguiéndola. Hermione tiró de ella hacia otra dirección y giraron hacia un edificio viejo y aparentemente abandonado. Ambas chicas se apretujaron en la puerta que apenas si estaba en pie y corrieron escaleras arriba buscando algún lugar lo suficientemente oscuro para esconderse. Ginny escuchó un fuerte ruido detrás de ellas y supo que los Mortífagos las habían seguido dentro. Sin tiempo para pensar propiamente, las dos aterrorizadas chicas corrieron hacia la cima del edificio sólo pensando en que debían alejarse lo más posible de los Mortífagos.
Cuando llegaron al techo se dieron cuenta de que no tenían en donde esconderse. Estaban atrapadas. Ginny se giró a la puerta cuando ésta se abría de golpe y los dos Mortífagos caminaron hacia el techo. Burlándose y riéndose de ellas, los hombres se acercaron para agarrarlas a ella y a Hermione cuando fueron atacados por detrás. Ginny suspiró aliviada al ver a su hermano, Charlie, acercándose para rescatarlas.
Charlie luchaba contra dos hombres él sólo ya que ni Ginny ni Hermione tenían sus varitas. Era política de la escuela el dejar las varitas en Hogwarts durante los viajes a Hogsmeade. Demasiados estudiantes le habían dado mal uso a sus varitas a lo largo de los años, así que ahora estaba prohibido llevarlas a Hogsmeade durante las visitas escolares. Ginny y Hermione retrocedieron tanto como pudieron para que no pudieran alcanzarlas las maldiciones perdidas. Ginny estaba muy ocupada mirando y temiendo por la seguridad de su hermano que no se dio cuenta que un Cruciatus le había dado a la pared y se dirigía hacia ella.
—¡Ginny! Muévete! — gritó Hermione y en su vista periférica pudo ver el rayo de luz roja dirigiéndose hacia ella, retrocedió y salió del curso de la maldición. Desafortunadamente, ya estaba muy cerca del borde del edificio y tropezó en la orilla.
Por pura suerte se las arregló para sujetarse de un cable que colgaba borde del edificio. Se sujetó por su vida pero el cable no era lo suficientemente fuerte para sostener su peso. Gritó por Charlie, por Hermione para que vinieran a ayudarla, pero antes de que alguien pudiera ir a rescatarla, el cable del que se detenía Ginny se rompió.
Ginny se fue en caída libre hacia abajo. Su grito de terror hizo que Charlie y Hermione gritaran también. Ginny cerró los ojos, no quería ver el suelo, ni su muerte acercarse a ella rápidamente. Pero antes de que tocara el suelo, un par de fuertes manos la tomaron. Su cabeza chocó contra un fuerte pecho y ella instintivamente se agarró de la persona y se colgó de ella. Pudo sentir el aire golpear fuertemente su cara y supo que estaban volando.
Forzó a sus ojos cafés a abrirse para mirar a la persona que le había salvado la vida. Unos ojos esmeraldas se fijaron en los suyos e inmediatamente se perdió dentro de ellos. Parpadeó para deshacerse de las lágrimas sin estar segura de si eran por el viento o por su experiencia cercana a la muerte. Su salvador misterioso tenía su rostro cubierto por una máscara plateada y nada más que sus ojos era visible. Se dio cuenta que estaban volando en una escoba y la velocidad a la que iban era fenomenal. No podía abrir la boca para hablar. Había muchísimo aire corriendo alrededor. Giró su cara para quitarla de la dirección del viento y en su lugar la enterró en el pecho de su salvador. Aún con lo que acababa de pasar, se sintió muy cómoda con ese fuerte brazo alrededor de su cintura y lo cálido de ese cuerpo tan cerca del suyo.
Ginny sólo se dio cuenta de donde estaba cuando sus pies tocaron el suelo y fue gentilmente bajada de la escoba. Sus piernas no pudieron con su peso, no importó cuando intentó hacerlo. Terminó sentándose en el suelo respirando agitadamente, tratando de calmar su frenético corazón. Miró hacia arriba y se dio cuenta de que estaba sentada fuera de las puertas de Hogwarts. Pudo ver a los profesores a la distancia haciéndose camino hacia ella.
—¿Estás bien? — Ginny miró hacia el dueño de la voz, se dio cuenta que era su Salvador el que había hablado. No pudo detener el suspiro que salió de ella, su voz sonaba tan joven. Había pensado que era mucho mayor, ya que había salvado su vida y volaba como un jugador de Quidditch profesional. Su voz era gentil pero definitivamente fuerte. Antes de que pudiera responder el chico miró hacia los profesores de Hogwarts acercándose a ellos. Sin decir otra palabra, montó la escoba y pateó el suelo.
—¡Espera! — gritó Ginny, pero era muy tarde. El chico con los brillantes ojos esmeralda se había ido. Ginny ni siquiera se dio cuenta de cuando la profesora McGonagall y el profesor June llegaron hasta ella y la llevaron al castillo.
Desde entonces, Ginny se había obsesionado con su salvador. Se la pasaba horas hablando con Hermione, y con cualquier otro que quisiera escucharla, sobre él, y sobre sus hermosos ojos, lo fuerte de sus brazos, lo suave que era su voz. Hermione se sentía mal por ella. Podía ver que Ginny estaba ciegamente enamorada, ¿y por qué no habría de estarlo? Después de todo él le había salvado la vida. Hermione había decidido que la ayudaría en todo lo que pudiera para intentar encontrar la identidad de esa maravilla oji-verde.
Ginny estaba convencida de que el chico debió de haber asistido a Hogwarts en algún punto ya que, juzgando por la voz, él debía ser sólo unos cuantos años mayor que ella. Ginny no podía quitarse ese sentimiento de haber visto los mismos ojos verdes antes. Pensó que tal vez era un estudiante mayor que había visto en los corredores del colegio o alguien que había ido a la escuela en los tiempos de Billy, Charlie y había ido a la Madriguera en algún momento.
Se había vuelto desesperadamente impaciente en su búsqueda, pasaba cada momento disponible revisando los anuarios que había en la librería, buscándolo, buscando esos brillantes ojos esmeralda. Hermione había intentado hacerla recapacitar ya que no había visto la cara del chico y no podría reconocerlo en la fotografía, pero Ginny no le había hecho caso insistiendo en que reconocería esos ojos esmeraldas en el momento que los viera de nuevo.
—Entonces Hermione,— comenzó Ginny ignorando a su hermano por el momento—, ¿vienes conmigo a la librería?
—Claro,— respondió Hermione sonriéndole—, podemos intentar buscar de nuevo si quieres.
—Gin, ¿has considerado la posibilidad de que ese chico sea realmente feo? — preguntó Ron con una sonrisa en el rostro. Ginny se giró rápidamente para mirarlo de mal modo.
—¿Qué?
—Tal vez es por eso que usaba máscara— explicó Ron sonriendo ante la mirada de enojo de Ginny. Ginny buscó su varita sacándola de su bolso. Ron subió ambas manos riendo y sacudiendo la cabeza gesticulando que no había sido su intención.
—¡Te lo juro Ronald! ¡Dices eso una vez más y la maldición que te lanzaré te durará hasta el siguiente siglo! — le advirtió Ginny. Ron simplemente soltó una risa sorprendido por la reacción de su hermana.
—Vamos Ginny.— dijo Hermione haciendo que la furiosa chica se pusiera de pie. Antes de que las dos pudieran salir del gran comedor, una Lily Potter con el cabello esponjado y mirada preocupada corrió dentro mirando frenéticamente hacia la mesa de Gryffindor. Encontró a Damien inmediatamente y corrió hacia él casi golpeando a las dos chicas en el proceso.
—¡Oh, lo siento chicas… perdón! — murmuró antes de girarse hacia Damien.— ¡Damien, ven conmigo! ¡De prisa! — dijo la pelirroja completamente ignorando al resto de los Gryffindors que los miraban curiosos.
—Buenos días a tí también, mamá.— respondió Damien con una leve sonrisa. Miró el rostro preocupado de su madre y sus mejillas manchadas por lágrimas y su sonrisa se borró al instante.—Mamá, ¿qué sucede?— preguntó mientras se levantaba de su silla.
—Profesora Potter, ¿está todo bien? — preguntó Ron. Lily o no escuchó o lo ignoró por completo.
—¡Damien, ven conmigo, ahora! ¡Debemos irnos! — repitió la pelirroja gesticulando para que viniera hacia ella. Damien se levantó de su silla y sin decir palabra siguió a su madre hacia el vestíbulo sin mirar atrás hacia los preocupados rostros de sus amigos. Una vez que madre e hijo estuvieron fuera del gran comedor, Lily sacó una pelotita de colores.
—Portus,— susurró—, Damy, detente de la pelota, se activa en cinco segundos.
Damien obedeció y tres segundos después sintió la familiar sensación de que alguien tiraba de su ombligo mientras él y su madre se trasladaban fuera de Hogwarts. Los pies de Damien tocaron el suelo y momentáneamente perdió el equilibrio. Se levantó antes de mirar en donde se encontraban, al darse cuenta de donde estaban su corazón se hundió hasta su estómago. Estaba de pie en el recibidor del Hospital San Mungo.
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—¿Mamá, que pasó? ¿Por qué estamos en San Mungo? — preguntó Damien tratando de no entrar en pánico, pero la preocupación de su madre y sus manos temblorosas lo estaban poniendo muy nervioso.
—Ven conmigo.— susurro Lily tomándolo de la mano, se dirigieron hacia los elevadores del otro lado de la sala. Una vez que estuvieron dentro de un elevador, Damien le preguntó de nuevo a Lily que sucedía.— Es tu papá,— respondió Lily con voz apagada—, fue herido anoche.
Damien sintió que su corazón dejó de latir. Su padre había sido herido antes, siendo un Auror eran gajes del oficio, pero nunca había visto a su madre tan preocupada. Eso lo hacía pensar lo peor.
—¿Qué le pasó? — preguntó queriendo calmar sus miedos.
—Fue herido durante un duelo cuando estaba en servicio.— Lily trataba de mantener su mejor compostura pero no podía ocultar su preocupación por completo.
—¿Qué servicio? — preguntó Damien, sabiendo que su madre entendería la verdadera pregunta, Auror u Orden.
—El primero.— dijo ya que nunca decía las palabras "Orden del Fénix" en público. Ella sabía que su hijo siempre se refería a la Orden como el segundo trabajo de James.
Las puertas del elevador se abrieron permitiendo a Lily y Damien correr por los pasillos hacia la habitación número cinco. No les sorprendió ver a un muy cansado y malhumorado Sirius sentado a un lado de James. Damien respiró un gran suspiro cuando miró a su padre sentado en su cama mientras hablaba animadamente con Sirius. Se veía pálido, como cuando se mira alguien cuando pierde mucha sangre. Había un vendaje alrededor de su cuello y uno en su antebrazo. Pero aparte de verse muy cansado se veía perfectamente bien.
James miró a los dos recién llegados y en su rostro se dibujó una sonrisa. Sirius también lucía como si hubiera ido hasta el infierno y regresado, pero dejó que en su apuesto rostro se reflejara una sonrisa al mirar a Lily y Damien.
—Hola chicos, adelante, entren.— exclamó James y extendió su mano para tomar la de Lily cuando corrió hasta su lado. Damien se quedó quieto en la puerta recargándose sobre ésta para componerse. Su corazón se rompió un poco al ver a su padre y tío en ese estado.
—Hey pequeñajo, ven aquí.— le dijo Sirius dándole una de sus usuales sonrisa. Damien caminó lentamente y se sentó junto a su padre.
—¡Anímense chicos! Estoy bien.— río James.
—¡Bien! ¿A esto le llamas bien? ¡Por Dios, James! ¡Pudieron haberte matado! — Lily se detuvo de golpe al darse cuanta que Damien estaba presente. Lo miró como disculpa.— Lo siento Damy. No debí sacarte de la escuela de esa manera. Apenas me había enterado de lo de tu padre y actué sin pensar.
Damien miró a su madre.
—Esta bien mamá. Me alegro que me hubieras traído. Sólo no le grites a papá, luce como si hubiera vivido un infierno.
—¡Oh, gracias hijo, recordaré eso!— sonrió James tratando de lucir ofendido. Damien sonrió de vuelta.
—Entonces, ¿nos van a decir que les pasó a ustedes dos? — preguntó Damien imaginando la pregunta.
—No podemos pequeñajo, es ultra secreto y esas cosas, seguro entiendes.— respondió Sirius con la voz aburrida con la que siempre le respondía a Damien las preguntas que hacía sobre la Orden. Damien miró a su padre.
—¿Papá?— James sonrió de nuevo a su hijo.
—De verdad Damy, es algo muy aburrido, nada interesante.— Damien bufó un poco sentándose con sus brazos cruzados sobre su pecho. Los tres adultos comenzaron a hablar, más que nada sobre el Ministerio y cuantos días tendrían James y Sirius permitido faltar por enfermedad. Damien se comenzaba a aburrir mucho. Unos minutos después, Lily le pidió a Damien que fuera a la sala de comida en el quinto piso para que trajera algunos refrigerios. Damien felizmente se levantó y salió de la habitación. En cuanto salió de la habitación Lily conjuró un hechizo silenciador en la habitación y se giró hacia Sirius y James.
—Bien, escúpanlo. ¿Qué pasó anoche?— una sombra de vergüenza cruzó el rostro de ambos hombres.
—Bueno, supongo que no hay otra forma de decirlo pero… um… creo que, como que subestimamos al enemigo.— respondió un avergonzado Sirius.
—¿A qué te refieres con "subestimamos"? ¿Había demasiados Mortífagos? ¿Cuántos había en el lugar? — preguntó Lily tratando de imaginarse a cinco Aurores luchando contra un ejercito de quince o más Mortífagos. Eso definitivamente explicaría las heridas.
—Uno.— respondió James sin mirar a Lily a los ojos.
—¿Uno?— repitió Lily.
—Sip, uno.— respondieron James y Sirius al mismo tiempo.
—No lo entiendo. ¿Cómo es que un sólo Mortífago pudo contra cinco Aurores y puso a dos de ellos en el hospital?— pregunto Lily.
—Cuatro.— dijo una pequeña voz que sorprendentemente pertenecía a Sirius.
—¿Disculpa?— preguntó Lily, avergonzada por la cantidad de heridos de la Orden a manos de un sólo Mortífago.
—Liam y Kingsley están aquí también junto conmigo y James.— respondió Sirius.
—¿Kingsley?— cuestionó Lily con las cejas alzadas.— ¿Cómo Kingsley Shacklebolt? El Auror de metro ochenta y no sé qué al que tres Mortífagos no pudieron vencer, ¿ese Kingsley?— preguntó Lily incrédula. Ambos hombres simplemente asintieron con la cabeza.— ¿Qué demonios pasó?
—¡Ese maldito niño fue lo que pasó!— exclamó Sirius, no se tomaba su fracaso muy bien que digamos.
—¿Niño? ¿Qué niño?— preguntó Lily frunciendo el entrecejo.
—El niño de Voldemort.— respondió James con voz apagada. Lily se paralizó, su cuerpo se puso rígido ante las palabras de James. En silencio se giró para mirar a su esposo.
—¿Qué?— preguntó en una voz apenas más elevada que un susurro.
—Voldemort tiene un hijo.— repitió James. Lily no dijo nada pero su sorpresa y shock eran fáciles de ver.
—Por lo menos fue lo que dijo el otro Mortífago.— dijo Sirius. Lily lo miró.
—¿Pero no dijeron que sólo había un Mortífago?— preguntó confundida.
—Lo había, al menos al principio,— explicó Sirius—, cuando llegamos al edificio vimos sólo a un Mortífago escondido en una esquina. De la nada este chico llegó e hizo que el Mortífago casi se orinara en los pantalones.— Sirius hizo una mueca, arrugó la nariz y frunció el ceño.— ¡Maldito cobarde!— murmuró refiriéndose al Mortífago.— Estaba rogando y suplicando por su vida. Ni siquiera trató de atacar al chico.
—¿Chico?— repitió Lily con sus ojos verdes muy abiertos de incredulidad.— Espera, todos ustedes están aquí, en un hospital, ¿por culpa de un chico?
—Sé como suena,— comenzó James—, pero es una historia muy diferente. Se veía como un chico, se escuchaba como un chico, pero Lily, no era un chico.
—¿A qué te refieres?— preguntó Lily sintiendo un frío miedo en su estomago.
—Él era… fenomenal.— dijo James sin encontrar otra palabra para describirlo. Miró a Sirius y lo vio asentir aceptándolo aunque un poco a regañadientes. James continuó.— La forma en que luchaba, era tan rápido. Era sólo una figura borrosa por momentos. ¡Hacía magia sin varita y su escudo! Por Merlín, Lily, nunca había visto algo como eso antes. ¡Lo podía convocar con un simple movimiento de varita y lo cubría de pies a cabeza!— James negó con la cabeza.— No había nada en esa lucha que dijera que era un chico.
—Y no sólo luchaba como mago, nos estaba pateando el trasero al estilo Muggle,— agrego Sirius—, en serio Lily, fue la cosa más rara. El hijo del Lord Oscuro peleando al estilo Muggle para derrotarnos.
—Y no se veía intimidado en lo más mínimo por el hecho de enfrentarse a cinco Aurores adultos. Simplemente barrió el suelo con nosotros.— dijo James con un leve sonrojo asomando en sus mejillas. Lily escuchaba con la boca abierta.
—¿Por qué el Mortífago le tenía miedo?— preguntó aún sin entender esa parte.
—Sabía que el chico iba a matarlo. Lo supo desde el momento en que lo vió.— respondió James.
—¿Y lo hizo?— volvió a preguntar la pelirroja.— Matarlo, quiero decir.
—Lo mató justo frente a mí,— respondió James—, era tan poderoso Lily, no había nada que yo pudiera hacer. Me mandó a volar por los aires sin usar su varita y la forma en que trató con Hunt, ¡Fue tan frío! ¡Simplemente lo mató, sin importarle nada, sin remordimiento, nada!
—¿Por qué estás tan sorprendido?— preguntó Sirius.— Él no sabría lo que es el remordimiento. Es el hijo del mismísimo demonio.
James no dijo nada pero su corazón brincó ante las palabras de Sirius. Su expresión debió de haber demostrado su angustia ya que sintió a Lily tocar si mano.
—¿Que sucede?— preguntó Lily.
—No lo se,— respondió James sinceramente—, hay algo en él que me hace sentir… inquieto.
—¿Inquieto? ¿Cómo?— preguntó su esposa. James levantó el rostro para verlos a ella y a Sirius preguntándose si debía decir lo que cruzaba por su mente.
—No tiene sentido,— dijo al fin—, nada en ese chico tiene sentido. Reaccionó muy mal cuando le llamé Mortífago. Sus palabras exactas fueron "¡*No soy un sucio Mortífago!" ¿*Tiene algún sentido?— ni Lily ni Sirius dijeron algo. James continuó.— Y cuando estaba luchando no uso ninguna Maldición Imperdonable, sólo los hechizos estándar. No mató a nadie más que a Hunt. Eso no tiene sentido tampoco. Voldemort es todo numerous. Sus ataques dejan cientos de muertos y heridos. Los Mortífagos matan y torturan a tantos como pueden. Pero este chico, simplemente se enfrentó con nosotros y fue tras Hunt. No causó ningún otro daño.
—¡Pudo haberlo hecho!— intervino Sirius mirando a James.— Tuviste suerte de que ese… ese… cuchillo, daga, cosa estrella que te tiró no hizo un corte muy profundo, de otra forma…— Sirius no pudo terminar. Miró hacia otro lado intentando borrar de su cabeza la imagen de su amigo tendido sobre un charco de su propia sangre.
—Sé que trató de matarme, pero creo que de verdad no pretendía hacerlo,— le dijo James a Sirius,— me dijo que me apartara del camino. No fue sino hasta que yo lo ataqué que tomó represalias. Digo, si le hice un corte en el brazo…
—¡Por qué demonios estás excusándolo!— exclamó Lily.— ¡Trató de matarte y tu intentas decir que fue obligado a hacerlo!
James cerró la boca y dejó caer su cabeza. ¿Por qué estaba inventando excusas? Había visto claramente la rabia en los ojos del muchacho. Sabía que el chico lo había atacado con la intención de matarlo pero algo dentro de él simplemente no quería creerlo. Además, estaba el hecho de que el muchacho le parecía muy familiar. James no sabía como era posible pero sentía que lo conocía de algún lado. Su voz había enviado escalofríos por todo su cuerpo. No quería admitirlo, pero la voz del chico le recordaba mucho a Damien.
—Creo que simplemente no quiero creer que un niño pueda ser tan malo.— les dijo James. Lily consoló a su marido y Sirius miró hacia el suelo metido en sus pensamientos. Él entendía a lo que se refería james. No sólo lo desconcertaba, si no que se le partía el corazón el ver a un chico tan joven en una batalla y quitándole la vida a otros sin tener piedad. A este punto, Damien apareció en el cuarto sosteniendo un montón de refrigerios en sus brazos. Miró a su madre con sus brazos alrededor de su padre quien se veía derrotado y muy cansado. Su tío Sirius también se veía molesto.
—¿Está todo bien?— preguntó mientras tiraba las golosinas sobre la cama de su padre.
—Bueno, ¡Lo está ahora que trajiste las ranas de chocolate y los sorbetes de limón!— dijo su padre mientras tomaba uno de cada uno de sus dulces favoritos y veía a Damien con grandes ojos y una sonrisa a juego. Damien suspiró cuando los adultos tomaban sus dulces favoritos. Tomó una rana de chocolate y rasgó el papel para abrirla. La rana brincó y aterrizó en la cama de su padre. Damien miró como su padre, actuando como un niño de cinco años, tomó la rana en una mano y tiró un puñetazo al aire celebrando como si hubiese cumplido una misión imposible. Honestamente, Damien pensaba que su padre nunca maduraría.