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Harry Potter y la oscuridad — capítulo 7
Harry caminó silenciosamente por los terrenos dirigiéndose hacia las puertas. Había pasado cinco horas entrenando en su sala personal y ahora entonces estaba completamente exhausto. Cansadamente se dirigió de vuelta a la mansión Riddle. Miró hacia el cielo, ya había caído la noche, así que la reunión de los Mortífagos ya debía de haber terminado. Sólo por precaución, Harry no dejó su máscara plateada, en caso de necesitarla.
Harry reprimió un bostezo, estaba mucho más que cansado. Nunca se tomaba tantas horas entrenando, pero últimamente eso era todo lo que quería. Sabía que era la frustración que se acumulaba dentro de él lo que quería salir y esa era la única forma para hacerlo. Bueno, eso o ir a sus misiones.
Harry siguió caminando por el área boscosa que separaba su terreno de entrenamiento de la mansión. Le faltaba poco para llegar cuando lo escuchó, un leve roce de hojas, unos débiles pasos que venían detrás de él. No se detuvo pero estuvo en estado de alerta de inmediato. Su varita guardada en la manga de sus ropas. Continuó caminando sin demostrar el hecho que sabía que había alguien siguiéndolo. Los pasos detrás de él se escucharon más fuertes.
Todo sucedió en un instante. En un fluido movimiento, Harry se puso la máscara y sacó su varita. Se dio media vuelta y sujetó fuertemente a la persona que lo estaba espiando. Su mano tomando el cuello de la persona antes de si quiera fijarse quien era. Harry lanzó a la persona contra el árbol más cercano antes de apuntar con la varita directo a su garganta.
—¡Ow! Un poco paranoico, ¿no Harry?— Harry estaba sorprendido al ver al chico rubio contra el árbol. Sonrió detrás de la máscara y soltó al chico antes de remover la máscara de su rostro.
—Draco, ¿por qué me estabas espiando?— preguntó Harry a su amigo. Draco Malfoy se sobaba la nuca y miró a Harry con enojo.
—¡No estaba espiando nada! Sólo estaba siendo cauteloso, es todo.— respondió. Harry sonrió en respuesta.
—¿Tenías miedo de que mi padre te atrapara?— preguntó Harry. No era un secreto el hecho de que Lord Voldemort no tenía mucha paciencia cuando se trataba de Draco Malfoy. Culpaba al chico por distraer a Harry de su entrenamiento y sus lecciones. Draco inspeccionó los alrededores.
—Ves, es por esto que tu deberías venir a mi casa.— dijo en un susurro. Harry rió y comenzaron a caminar hacia la mansión. Draco estaba más relajado ahora. Si estaba con Harry entonces estaba a salvo. Incluso darle la cara a Lord Voldemort era posible si Harry estaba a su lado. Si estaba solo, entonces estaba la posibilidad de que no regresaría a su casa.
Mientras se aproximaban al impresionante castillo que era la mansión Riddle, Harry sacó su máscara plateada y se la puso escondiendo su cara. Draco miró la acción pero no dijo nada, ya estaba acostumbrado. Los dos chicos se acercaron a las puertas y Harry gesticuló hacia los dos Mortífagos que vigilaban la entrada. Los hombres rápidamente cayeron de rodillas con sus frentes pegadas al suelo dándole la bienvenida a su Príncipe Oscuro. Harry apenas si los miró pero Draco sonrió abiertamente y caminó muy lentamente a propósito para que los dos hombres se vieran forzados a quedarse en esa incómoda posición.
—¡Draco!— gruñó Harry apresurándolo. En cuanto las puertas se cerraron Harry se dirigió hacia una de las paredes del recibidor yendo hacia el cuadro de una serpiente. Siseó una indicación y el retrato se abrió y dio acceso a una parte del castillo que era designado a él.
Harry siempre había sabido que su seguridad era muy importante, pero nunca había podido ignorar su deseo de explorar. Un incidente, sin embargo, cuando tenía siete años le había enseñado a la fuerza que debía mantenerse en secreto. Así que su padre le había dedicado toda una parte del castillo sólo a él. Cuando niño, Harry había pasado horas explorando su parte del castillo y tenía un sinfín de aventuras con Draco a su lado.
Una vez que salieron del pasillo secreto y el retrato había vuelto a cerrarse, Harry se quitó al máscara.
—¿Y cuándo regresaste?— preguntó Harry mientras caminaban por el corredor en dirección a la habitación de Harry.
—Las vacaciones de verano comenzaron hace unas semanas, pero mi padre me dijo que era mejor que me mantuviera fuera por un tiempo. Me dijo que estabas ocupado, así que simplemente me senté y me aburrí por unas cuantas semanas.— respondió Draco.
—Tuve misiones.— respondió Harry simplemente. Draco lo miró.
—Me gustaría ir a una misión contigo.— suspiró Draco. Harry resopló y le dio a Draco una mirada divertida.
—¿Tú? ¿En batalla? ¡Me gustaría ver eso!— dijo Harry disfrutando de la expresión de incredulidad en el rostro de su amigo.
—¿Por qué no? ¡Soy un buen duelista!— dijo Draco indignado.
—Probablemente te pondrías a preguntarle al enemigo si tu cabello se despeinó.— rió Harry. Draco le dedicó una mirada de disgusto.
—¡No es un crimen el verse bien, pero claro, tu no lo sabrías! ¿Cuándo fue la última vez que intentaste cepillar esa cosa que llamas cabello?— preguntó Draco. Harry simplemente se encogió de hombros y pasó una mano por su cabello.
—No todos tenemos un rango de mantenimiento tan alto, Draco.— Draco refunfuñó algo ilegible a lo que Harry simplemente rió.
Llegaron frente a un par de pesadas puertas de caoba, las cuales Harry abrió con un movimiento de su muñeca. La enorme habitación que era el cuarto de Harry tenía todo lo que pudiera necesitar. Su cama era tan grande como para que cuatro personas durmieran ahí cómodamente y un armario de ocho puertas estaba a lo largo de una de las paredes. Muebles muy costosos decoraban el lugar y una alta estantería tenía una selección de libros especial, muchos de ellos no estaban disponibles en ningún otro lugar de Inglaterra.
Draco caminó hasta el sofá y se tiró sobre el poniendo los pies encima. A Harry no pareció importarle cuando tiró la máscara y su capa sobre una de las sillas. Caminó hasta el enorme armario y lo abrió con un movimiento de su mano. Tomó un traje casual color azul oscuro para cambiarse el verde que traía.
—Mi padre estaba hablando de tí el otro día,— dijo Draco estirándose en el sofá de Harry—, no podía dejar de admirarte por tu maldición lacerativa.
—Maldición para lacerar.— lo corrigió Harry. Draco lo miró con ojos entrecerrados.
—¡Como sea!— dijo Draco.— Estaba hablando con mi madre sobre eso. ¡Te juro que ni siquiera notó que yo estaba ahí!
—Tal vez debiste de haberla conjurado hacia él. Te habría notado entonces.— respondió Harry con una sonrisa.
—¡Si claro!— dijo Draco rodando los ojos, pero una pequeña sonrisa se escapó de sus labios a regañadientes. Harry cerró las puertas de su armario y se miró en el espejo. Se quedó quieto un momento sólo mirando su reflejo. Nunca le había dado mucha importancia a su apariencia, así que era bueno que su guapura fuera natural. Aunque últimamente se le veía muy cansado. Se quitó el cabello de los ojos y le dio una mejor mirada a su rostro. La luz le dio a su inusual cicatriz y la resaltó en su frente. Harry recorrió lentamente su cicatriz con sus dedos. Era la única parte de su apariencia que le gustaba. Su cabello negro y revoltoso, sus brillantes ojos verdes y el resto de sus facciones eran lo que más odiaba. De nuevo, deseó que su padre lo hubiese dejado cambiar su apariencia, pero no importó cuanto rogó, Voldemort insistió en que Harry conservara su rostro verdadero.
Suspirando, Harry dejó el espejo tallándose los ojos. Caminó hacia el baño para poder refrescarse después del entrenamiento y cambiarse de ropa. Draco se había sumergido en uno de los libros de artes oscuras de Harry ignorando a Harry en la ducha.
Harry se bañó rápidamente antes de vestirse con su ropa casual. Alto y delgado como era Harry, su entrenamiento físico extensivo había dejado sus brazos y pecho bien definidos y musculosos. Había trabajado duro para que su cuerpo estuviera así, horas interminables de práctica y entrenamiento habían resultado en unos muy bien formados cuerpo y mente de los cuales Harry no podía evitar sentirse orgulloso. Caminó fuera del cuarto de baño notando que Draco estaba sumergido en el libro. Caminó hacia él y le arrebató el libro de entre los dedos.
—¡Oye!— se quejó Draco.
—¿Has venido a leer?— preguntó Harry desvaneciendo el libro y volviéndolo a meter en la estantería con un movimiento de sus dedos. Draco suspiró.
—Es un buen libro.— dijo el rubio poniéndose de pie.
—Claro que lo es, es mío.— sonrió Harry.
—¡Tú no lo escribiste, tarado!— dijo Draco burlándose.
—No, pero escogí leerlo. Era obvio que resultaría bueno— respondió Harry. Draco sacó el tablero de ajedrez, el que tenían desde que eran niños, de la estantería y lo preparó en la mesa entre Harry y él.
—Creo que necesitamos un nuevo tablero de ajedrez.— dijo mirando el viejo y destartalado tablero. Harry negó con la cabeza.
—Me gusta este,— respondió—, lo hemos tenido por años.
—¡Exacto!— exclamó Draco.— La cosa se está cayendo a pedazos.
—Está bien. Funciona, es lo que importa.— dijo Harry encogiéndose de hombros. Draco miró a Harry y sonrió.
—Obviamente sabes que nunca me podrías ganar, es por eso que no quieres un set nuevo.
—¿Cómo sabes que no estoy dejándote ganar?— preguntó Harry con una sonrisa. Draco bufó.
—¡Si, claro! ¡Dejarme ganar! ¿Desde que teníamos seis?— exclamó.
—Técnicamente no sabíamos como jugar en ese entonces.— explicó Harry.
—¡Y aún así te pateé el trasero!— respondió Draco burlándose. Un flashazo de luz y Draco era impulsado hacia adelante por una fuerza estrellándose de frente contra la mesa. Gruñendo, Draco se levantó mirando la expresión de sorpresa de Harry. Se dio cuenta que no había sido Harry el que lo había empujado ya que el ataque había venido de atrás. Dando se media vuelta rápidamente y con temor, Draco vi a su padre parado en la puerta.
—¡Cuando aprenderás a controlar tu lengua, Draco!— Lucius regañó a su hijo mientras caminaba hacia él.— ¡Tu boca irrespetuosa te llevará a tu fin!— Draco se levantó e inclino la cabeza con un pequeño sonrojo asomando en sus mejillas. Odiaba que lo regañaran frente a Harry.
—Lo siento padre. No pretendía ofender.— se disculpó.
—¡Tuviste suerte de que fuera yo y no el Lord Oscuro el que entró por la puerta cuando hablabas de esa manera!— continuó Lucius. La mirada de temor de Draco se acentuó y un involuntario escalofrío lo recorrió. Habría estado muerto si ese hubiese sido el caso. Harry no estaba sorprendido de ver a Lucius en su puerta. Sólo había dos Mortífagos que podían entrar a su habitación sin dar la contraseña y uno de ellos era Lucius Malfoy.
—Lucius,— habló Harry—, el como nos hablamos Draco y yo es asunto nuestro,— dijo—, no hagas un alboroto.— Lucius no dijo nada pero se giró para mirar a su hijo.
—Espérame afuera, Te acompañaré a casa.
—Pero si acabo de llegar.— comenzó Draco.
—Y ahora regresarás a casa.— lo interrumpió Lucius. Draco no argumentó más. Con una mirada a Harry, el chico se giró hacia la puerta.
—Si, padre.— Draco caminó fuera de la habitación de Harry haciéndose camino hacia el vestíbulo de la mansión Riddle. Lucius se giró para mirar a Harry en cuanto Draco se fue.
—No deberías darle animo,— dijo Lucius—, debe aprender a respetarte, a temerte.
Harry sonrió y se inclinó en su silla cruzando los brazos sobre el pecho.
—Yo no quiero que él me tema. Para eso tengo a los Mortífagos.— los labios de Lucius se movieron, pero logró reprimir la sonrisa que se le escapaba ante el usual tono juguetón de Harry.
—¡Sin embargo, él nunca aprenderá a respetarte si le sigues permitiendo que te hable de esa manera tan desagradable!
—Lucius cálmate,— dijo Harry mientras se levantaba—, como dije, la forma en la que nos hablamos es asunto nuestro. No tienes por que meterte.— Harry recogió el tablero de ajedrez y lo devolvió a su lugar. Debería esperar a perder contra Draco otro día.— ¿Entiendo que la reunión fue bien?
Lucius miró a Harry, primero con sorpresa y después sus ojos grises se posaron en la cicatriz de Harry y sonrió al darse cuenta. Claro, el dolor en la cicatriz de Harry le hubiera informado si el Lord Oscuro estaba enojado o contento.
—Si, fue muy bien,— respondió Lucius—, los Mortífagos tuvieron éxito en todas las misiones a las que fueron enviados.
—Mmm, bueno, los milagros pasan una que otra vez.— sonrió Harry. Lucius no pudo hacer más que sonreír ante la burla de Harry. Había conocido a Harry desde que había sido llevado ante Lord Voldemort y a lo largo de los años, había nacido en él una compasión hacia el joven de cabello azabache. Había sido él quien lo había llamado "Príncipe Oscuro" en un principio debido al comportamiento refinado del chico.
—Su éxito no es nada comparado con tu progreso,— dijo Lucius con orgullo—, nunca había escuchado de alguien que pudiera dominar la maldición para lacerar en sólo una sesión.
—No has escuchado de alguien que pudiera hacer la mitad de cosas que yo hago.— respondió Harry.
—Quisiera estar presente cuando hagas esa maldición.— dijo Lucius con precaución. Harry suspiró antes de mirar al rubio. Había intentado hablar de eso miles de veces.
—Ya te lo dije. Me gusta trabajar solo.—dijo Harry.
—Ya lo se, y respeto tu decisión. Es sólo que me gustaría mirarte en un duelo. Sería algo memorable.— dijo Lucius. Harry levantó una ceja.
—Bueno, no puedes. Acéptalo.— respondió Harry en tono cortante. Lucius no dijo más sobre el tema. Sabía que no debía discutir con Harry. La puerta de la habitación de Harry se abrió de nuevo y Lucius se giró irritado, sus cejas se juntaron y sus labios se curvaron listo para decirle a Draco que permaneciera en el recibidor, pero su expresión cambió cuando vio que no era Draco quien había entrado. Lord Voldemort estaba de pie en el marco de la puerta con los ojos fijos en Lucius. Sin decir una palabra, el aristócrata Malfoy cayó de rodillas e hizo una reverencia hacia su Amo.
Harry lo miró un poco disgustado. No se sentía cómodo cuando las otras personas se inclinaban ante otras. Recordaba como Bella y Lucius se inclinaban ante él cuando era sólo un niño. Le tomó mucho tiempo hacer que pararan.
—Déjanos.— dijo Voldemort entrando en la habitación. Rápidamente Lucius Malfoy se puso de pie y salió sin mirar atrás. Una vez que la puerta se cerró tras el rubio, Voldemort miró a Harry, sus ojos rojos se suavizaron sólo un poco al ver a su hijo.
—Veo que el mocoso de Lucius ha vuelto,— dijo Voldemort acercándose a Harry—, lo vi esperando en el recibidor. Asumo que le dijiste que permaneciera en su propia casa. No me gusta verlo a tu alrededor por mucho tiempo.
—¿Te asusta que sea una mala influencia para mí?— preguntó Harry con una sonrisa. Voldemort no se sorprendió.
—No quiero que te distraigas.— Harry suspiró.
—¿Qué problema tienes con Draco?— preguntó.
—No tengo ningún problema con él. No me agrada la forma irrespetuosa en la que te habla.— Lord Voldemort había escuchado muchas conversaciones para saber la forma en que Draco Malfoy le hablaba a Harry. Como lo provocaba y algunas veces ridiculizaba. Tomó toda la paciencia de Voldemort, y la intervención de Harry, para asegurar que los miembros de Draco Malfoy siguieran intactos.
—Bueno, eso es entre Draco y yo.— dijo Harry repitiendo lo que le había dicho a Lucius hacia unos momentos. Queriendo cambiar de tema Harry preguntó sobre la reunión.— ¿Lucius me dijo que la reunión fue bien?
Voldemort caminó hacia la ventana de la habitación de Harry mirando el largo y desierto terreno que se extendía más allá de lo que sus ojos podían ver.
—Fue satisfactorio.— respondió.— ¿Qué hiciste durante la reunión?— preguntó aún mirando por la ventana.
—Entrené.— respondió Harry. Voldemort se giró para mirar a Harry más de cerca.
—Has estado entrenando mucho más los últimos días.— comentó. Harry se encogió de hombros.
—No es malo estar preparado.— Voldemort no dijo nada al principio, pero su mirada se fijó en Harry mirando los pequeños detalles que otros como Bella y Lucius se perdían. Miró el cansancio en Harry; su tono pálido y unas leves ojeras bajo sus ojos.
—Normalmente no te alentaría a trabajar demasiado,— dijo Voldemort alejándose de la ventana y acercándose más a Harry—, pero al parecer necesitas el entrenamiento adicional,— sus ojos se fijaron en los de Harry y miró la reacción de sus palabras—, después de todo es muy inusual que tus ataques fallen al objetivo. ¿Asumo que tu intención era dejar a James Potter con vida?
El nombre trajo una reacción en Harry que sólo Voldemort podía detectar.
—¿Por qué asumes eso?— preguntó Harry con su voz tranquila pero furiosa.
—Es comprensible que no pudieras matarlo,— comenzó Voldemort acercándose unos cuantos pasos más—, él es tu padre después de todo.— los ojos de Harry se abrieron como platos antes de llenarse de furia.
—¡Retira lo dicho!— siseó Harry. Voldemort sonrió en respuesta.
—Harry…
—¡Retira lo dicho!— repitió Harry.— ¡Yo no soy su hijo! ¡Soy tu hijo y sólo tuyo! No soy un Potter, nunca lo he sido.
Voldemort sabía que Harry nunca tendría compasión por Potter. Sólo lo había dicho por que sabía que Harry reaccionaría de esa manera. Y eso le causaba gran satisfacción. Voldemort se acercó a Harry y posó sus manos en los hombros del muchacho.
—Eso ya lo sé. Tu siempre serás mi hijo. Nadie podrá cambiarlo.— dijo tranquilamente. Harry se calmó con esas simples palabras.
—No fue mi intención dejarlo con vida,— comenzó Harry sintiendo la necesidad de explicarse ante su padre—, no estaba concentrado. No esperaba verlo y admito, que me tomó con la guardia baja.
—Debiste haber anticipado que alguna vez lo verías de nuevo. Estaba destinado a pasar, tarde o temprano.— respondió Voldemort. Harry asintió.
—Lo sé.— Voldemort apretó el agarre al hombro del chico haciéndolo que lo mirara.
—No importa, hijo. La próxima vez que veas a Potter será su último día.— y de nuevo Harry asintió, esta vez una emoción llenó sus ojos.
—Lo será.— afirmó a su padre. Voldemort sonrió, en sus ojos se reflejó una victoria silenciosa.
—Quería darte algo para ayudarte a enfocarte durante tus misiones.— Harry inclinó la cabeza hacia un lado cuestionando a su padre. Voldemort buscó entre sus ropas y sacó una pequeña caja. La sostuvo en sus manos un momento sólo mirándola antes de posar su mirada en Harry. Le tendió la caja.
Harry tomó la caja entre sus manos y la abrió. Dentro de la pequeña caja había un collar de plata; en forma de una serpiente que tenía dos cabezas. Los ojos de la serpiente eran color verde brillante que tenían cierta belleza hipnótica. Harry interrogó a su padre con la mirada.
—Esto perteneció a nuestro gran ancestro, Salazar Slytherin. Quiero que lo tengas,— explicó Voldemort—, pero este pendiente es mucho más que una simple herencia familiar. Tiene un pedazo de mi alma en el. Es uno de mis Horrocruxes. La expresión de Harry cambió y ahora miraba el collar como si fuera un niño con juguete nuevo, estaba asombrado. Su agarre a la caja cambió instantáneamente, sostuvo la caja con mucho cuidado.
—¿Por qué me lo estás dando a mí?— preguntó.
—Eres mi hijo, mi mano derecha,— respondió Voldemort—, creo que es apropiado que tengas mi Horrocruxe contigo para ayudarte a concentrarte durante tus misiones, para que siempre recuerdes quien eres y cuanto significas para mí.
Harry tomó el hermoso collar entre sus manos. Pasó la cadena por su cabeza y dejó que el pendiente, el Horrocrux de su padre, descansara sobre su pecho, justo al lado de su corazón. Si quitar los ojos de su padre, Harry habló.
—Nunca podría olvidar quien soy,— respondió—, siempre seré tu hijo. No necesito un recordatorio,— miró el pendiente antes de volver a mirar a Voldemort con una sonrisa—, pero muchas gracias padre. Lo mantendré a salvo, lo prometo.— de pronto, algo surgió en su mente y una mirada de pánico cruzó su rostro.— ¡Mis misiones! ¿Y si algo le pasa en alguna de mis misiones? ¿Y si se hace daño? ¿Qué tal si…
—No te preocupes, ese pendiente tiene muchos encantamientos en el, incluido uno anti-ruptura. Solamente tú o yo somos capaces de quitarlo una vez que lo tengas puesto. No importa lo que pase, nadie más te lo puede quitar.— le aseguró Voldemort. La expresión preocupada de Harry desapareció y sonrió aliviado. Metió el pendiente entre sus ropas.
—No le digas a Bella que me lo diste. No creo que logre recuperarse emocionalmente.— dijo Harry con una sonrisa juguetona.
—¿Cómo sabes que ella no tiene uno también?— preguntó Voldemort con una sonrisa. La sonrisa de Harry desapareció de su rostro.
—¿Qué? ¿Ella tuvo uno antes que yo?— Voldemort rió, algo que sólo Harry podía lograr que hiciera.
—Tal vez.— dijo burlonamente.
—¿Padre? Eso es injusto. ¡Soy tu hijo!— Harry corrió tras Voldemort discutiendo juguetonamente con él mientras se dirigían hacia el comedor.