Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Yo soy Bella Potter · de

Yo soy Bella Potter — capítulo 59

En la torre más elevada de Hogwarts se encontraba Dumbledore, con un Draco Malfoy amenazaba su vida, azuzado por un grupo de Mortífagos. La mano en la que sostenía la varita le temblaba terriblemente, y sentía el sudor frío bajarle por la espalda.

-Es un cobarde -dijo uno de los mortífagos despectivamente.

-Como su padre -añadió su compañero, con una sonrisa sardónica pintada en sus crueles facciones.

Bellatrix se inclinó sobre su sobrino, cogiéndole fuértemente por los hombros. Draco sintió como las uñas de Bellatrix se le clavaban en la carne.

Bajo las escaleras, oculto de la vista, se encontraba un Harry Potter atemorizado, con la varita en ristre. Sentía fuertes pinchazos en todo el cuerpo, pues mantenía sus músculos tensos, listos para el ataque.

Bellatrix apretó más a Draco.

-Vamos Draco -graznó.- AHORA.

-No -interrumpió una voz firme y tranquila que Harry detestaba por encima de todo.

El profesor Snape hizo acto de presencia, irguiéndose cuan largo era sobre sus talones, con la capa negra ondeando tras él y con la varita preparada.

El rostro de Dumbledore pareció envejecer 20 años cuando le vio aparecer. Por primera vez en su vida, Harry creyó vislumbrar miedo en los ojos del anciano director.

-Severus... -susurró Dumbledore, clavando en él sus tristes ojos.

El silencio que se produjo a continuación fue escalofriante. Parecía que nadie respiraba. Draco observaba a Snape, con el miedo en los ojos; Bellatrix con el asco y la prepotencia en su mirada; y Snape... se limitaba a mirar a Dumbledore.

Entonces Harry sintió que todo se movía a cámara lenta, conforme la sangre se le helaba en las venas.

El profesor Dumbledore miró a Snape a los ojos e hizo una única plegaria: 

-Por favor...

-AVADA KEDAVRA -gritó Severus Snape al tiempo que un rayo de color verde surgía desde el extremo de su varita e impactaba en mitad del pecho del viejo director. Dumbledore se tambaleó y cayó hacia atrás, fuera de la torre, con el cuerpo flácido como si de una marioneta se tratase.

Los ojos de Harry se abrieron como platos y soltó todo el aire de golpe. Sintió las lágrimas aflorar a sus ojos verdes. Negó con la cabeza, sin creerse lo que acababa de ocurrir.

Draco se había quedado helado, con el rostro contraído en una mueca mezcla de dolor y pena, hasta que Snape le agarró del cuello y andó con él escaleras abajo. Mientras tanto, oyeron el grito de Bellatrix, que se había asomado a la abalaustrada de la torre y con un movimiento de varita había dibujado la cálavera con la serpiente en el cielo, con el fin de informar a todo el Mundo Mágico que Hogwarts había caído.

Y Dumbledore con él.

Finalmente, Harry se descongeló y echó a correr escaleras abajo en pos de aquellos sucios traidores.

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

El grupo de mortífagos caminó por los pasillos de Hogwarts, en dirección al gran comedor. Una vez allí, Bellatrix se subió a la mesa de Gryffindor y comenzó a pegar patadas a los platos y copas con el león tallado, que se hicieron añicos contra el suelo.

El resto de ellos siguió caminando, atravesando las puertas que llevaban a los inmensos jardines de Hogwarts, con Severus Snape a la cabeza.

Antes de salir, Bellatrix se dio la vuelta y con un potente grito, un rayo salió de su varita e hizo explotar las cristaleras del gran comedor.

Conforme se deslizaban como fantasmas en dirección al Bosque Prohibido, Bellatrix saltaba y gritaba, celebrando la caída de Dumbledore. Todos, salvo Draco, asustado, y Snape, impasible, estaban exultantes.

Con una carcajada de maníaca, Bellatrix prendió fuego a la cabaña de Hagrid.

Entonces se oyó un potente gritó tras ellos que reverberó en el valle y que hizo que tanto Snape como Draco se dieran la vuelta, sorprendidos.

-SNAPE -rugió Harry, dominado por una ira ciega.- ÉL CONFIABA EN USTED.

-VETE -le indicó Snape a Draco, empujándole hacia el resto de mortífagos.

Harry apretó los dientes.

-INCARCERUM -gritó Harry, agitando la varita. Unas gruesas cuerdas aparecieron en su extremo y se dirigieron hacia Snape, el cual las rechazó con un simple movimiento de muñeca, varita en ristre.

-LUCHA -Le recriminó el joven Potter. -COBARDE, LUCHA. MALDITO SEAS.

Bellatrix reaccionó y un rayo de luz roja impactó en el pecho de Harry, que cayó hacia atrás.

-NO -gritó Snape, deteniéndola de lanzar otra maldición.- Él pertenece al Señor Tenebroso.

Bellatrix alternó miradas a Snape y Harry y, finalmente, echó a correr tras Draco. Harry se levantó costosamente del suelo y miró a Snape con una mirada cargada de auténtico odio.

Snape le dio la espalda lentamente y Harry le siguió a duras penas.

-SECTUMSEMPRA -exclamó Harry, pero el hechizo fue detenido de nuevo, y la onda expansivo tiró de nuevo a Harry contra el suelo.

Snape se acercó a un Harry semi-inconsciente y se agachó hasta quedar a su altura.

-¿Te atreves a usar mis propios conjuros contra mi, Potter? -inquirió Snape, mirándole desde arriba.

Harry le miró, sin saber si realmente quería decir lo que él pensaba. Ante la mirada de Harry, Snape apretó la mandíbula y anunció en voz susurrante: 

-Sí, Potter. Yo soy el Príncipe Mestizo.

Harry negó con la cabeza, sin poder creerlo. Antes de marcharse, Snape pegó una patada a la varita de Harry, que salió volando.

No fue hasta que Snape se alejó cuando Harry tomó conciencia de todo lo que había ocurrido. Dumbledore estaba muerto. Entendía las palabras, sabía su significado, pero juntas carecían de sentido. Era algo impensable, imposible. Dumbledore era un superviviente, era un luchador y un ganador, era imposible que algo tan trivial como la muerte hubiera acabado con él.

Apenas consciente de sus movimientos, se puso en pie y se dirigió hacia el pie de la torre desde donde Dumbledore se había precipitado al vacío.

El cielo se había llenado de unas feas nubes color gris oscuro donde se perfilaba la calavera y la serpiente. Harry sintió nauseas conforme se acercaba hacia el sitio donde Dumbledore había caído. Todo Hogwarts, tanto alumnos como profesores, estaban congregados mirando fijamente un punto en el duro suelo.

Harry se abrió paso a empellones, decidido a avanzar como fuese. La gente comenzó a hacerle paso, mirándole con distintas emociones en la multitud de rostros. Cuando finalmente llegó al centro, donde se situaban, entre otros, Ron, Hermione, Ginny, Hagrid y la profesora McGonagall, miró al suelo.

Y allí estaba, el cadáver de Dumbledore. Estaba tendido en el suelo cuan largo era, con los ojos cerrados y la barba blanca como la nieve. Harry se dejó caer de rodillas a su lado, sintiéndose derrotado y terriblemente solo.

En un gesto de increíble ternura, posó una mano sobre el pecho del anciano profesor, creyendo, quizá inconscientemente, que éste se levantaría de un momento a otro. Un sollozo escapó, temblando, de entre sus labios.

Aún permanecía, en su mano, el guardapelo de Salazar Slytherin. Lo apretó en su puño, sintiéndose roto por dentro.

Las lágrimas corrían por los rostros de sus amigos, pero él apenas fue consciente de lo que sucedía cuando sintió la pequeña pero fuerte mano de Ginny en su hombro. Le abrazó, y él lloró.

Lloró por él. Lloró por su hermana, que ni siquiera había podido despedirse de Dumbledore. Lloró por la profesora McGonagall, que había perdido un gran amigo y compañero. Lloró por Hagrid, cuyo único apoyo había sido Dumbledore durante muchísimos años. Lloró por Hermione, por Ron, por Ginny... por Ojoloco, por Tonks, por Sirius, por Lupin... pero sobre todo lloró porque Dumbledore se había ido.

Fue McGonagall, quien, haciendo de tripas corazón, levantó un puño desafiante con la varita en ristre hacia el cielo, con una luz brillando en la punta, desafiando a Voldemort y a sus seguidores como una última muestra de lealtad a Dumbledore.

Entre lágrimas, la señora Pomfrey levantó su varita hacia el cielo. Y siguiendo su ejemplo, así lo hicieron Luna Lovegood, Neville Longbottom, Seamus Finnigan, Dean Thomas, Ron Weasley, Hermione Granger.

Una a una, las varitas de Hogwarts se unieron para recordar al viejo profesor, caído en una guerra que ya había costado demasiadas vidas.

El resplandor de las varitas se unió, implosionando como una supernova, y, en el cielo, el símbolo de los mortífagos se deshizo en la nada, mientras en el suelo centenares de corazones, unidos por la pena, lloraban la pérdida de Albus Dumbledore.

LUMOS

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas

Hola gente. Este es mi homenaje al gran Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore. Creo que se lo merece.

Me gustaría saber si aún os interesa mi historia, ya que a tenor de los pocos reviews recibidos me da la impresión de que ya no. De ser así, me gustaría saberlo para no continuar escribiéndola y empezar otra de cero. Si aún os gusta, nada me haría más feliz que terminar este fic y comenzar su secuela. Así que... bueno, en vuestras manos está si queréis seguir leyéndome o no.

Un abrazo.

Ceci.

Travesura realizada

NOX