Yo soy Bella Potter — capítulo 9
En Hogwarts, más concretamente, en el despacho de
Albus Dumbledore, director del mismo.
-Señorita Granger -saludó el profesor Dumbledore a Hermione cuando cruzó la puerta echa un manojo de nervios.- ¿A qué se debe su visita?
-Nada específico profesor -tartamudeó.
-Bueno... ya que está aquí... ¿Me podría decir por qué cada vez que busco a la señorita Potter con uno de mis aparatos la veo tan... triste? -le dijo mirándola por encima de sus gafas de medialuna.
-N-no lo sé, señor -susurró Hermione retorciéndose las manos.
-¿Seguro? Ya sabes que las mentiras con el tiempo llevan a algo mucho peor -dijo el anciano elocuentemente.
-Bueno... es que... -Hermione no sabía que hacer. Bella era su amiga y estaba de acuerdo en que los chicos era unos completos patanes, y además con MAYÚSCULAS. Pero en el Ejército de Dumbledore habían echo un juramento de honor, que concernía los chivatazos de cualquier tipo.- Es que estaba enfadada con ella porque no va a volver a Hogwarts y solté muchas bobadas sin pensármelo.
-¿Estás segura? -preguntó el profesor y Hermione asintió.- Raro... teniendo en cuenta que ya sois como 5 distintos los que os lo adjudicáis. ¿Comparten méritos? -Hermione le miró estupefacta y luego se dio la vuelta para ver a Alicia Spinnet, Angelina Johnson, y Ginny y Ron Weasley allí sentados con cara de circunstancias.
-Tú tampoco aguantaste la culpabilidad ¿eh? -murmuró Ron.
-Ya he tenido suficiente -gritó Harry abriendo las puertas de golpe con Fred y George tras él.- Fuimos nosotros ¿Vale?
-Eso sí me lo creo -susurró Dumbledore.- Harry, tu hermana ha sufrido mucho...
-¿Y yo no? -gritó furioso.
-Ella más. Tú no has perdido a tu mejor amigo ¿verdad? -Harry miró a Ron y a Hermione y luego apretó los dientes.- Harry, deja que sea feliz. Ella tiene una familia ahora.
-¡Usted lo sabía! -gritó Fred.- ¡Usted sabía lo que pasaría, y por eso la envió a Forks! -¡Nosotros también somos su familia! -apostilló George.
-Chicos... vosotros la queréis como a una hermana pequeña ¿Verdad? -ambos asintieron.- Pues entonces dejadla ir. Si verdaderamente amas algo, déjalo libre, y si vuelve es porque siempre os perteneció.
EN FORKS
CASA DE CHARLIE ''SWAN''
Una figura recorría la habitación de Bella con la mirada. Cogió una camiseta de color rojo y se la llevó a la nariz. Aspiró con una sonrisa sádica en sus labios. Cogió un par de almohadas y pasó al salón de un ágil salto. Allí, Charlie dormía con la tele encendida retransmitiendo todavía un partido de béisbol. Los Sox de Boston contra los New York Yankies. El neófito sonrió de nuevo.
Sería tan fácil acabar con la vida de aquel humano... pero no, entonces aquel extraño clan de ojos amarillos lo sabría. Cerca, muy cerca, estaba el momento en que acabarían con ellos.
Los ojos borgoña del sádico vampiro se iluminaron con un brillo maníaco que solo podía provocarse por una cosa: venganza.
Mientras tanto, en la frontera de la Push.
-Bella -llamó Jacob.- Por favor, te lo ruego, perdóname.
-No puedo Jacob. Esta vez te has pasado de la raya. Y no puedes arreglarlo.
-Bella, es solo que... no lo entiendo... -susurró el chico Black.
-Bella -gritó Edward al otro lado de la frontera. Todos los Cullen estaban allí mirándolos preocupados, pero no por Jacob sino por la cara de odio y rabia que llevaba Bella.
-Déjame en paz Jacob -chilló Bella.- Estúpido chucho -siseó haciendo que Rosalie sonriera con orgullo.
-Siempre supe que bajo esa capa de chica tímida había una mujer con un buen par de ovarios en su sitio -murmuró para su familia.
-Pero Bella... es que... ¿Por qué le quieres? ¿Por qué amas a Edward?
-¿Por qué respiras? -murmuró Bella sin mirarle.
-Porque es necesario para vivir ¿y? -contestó Jacob confuso.
-Ahí tienes la respuesta -repuso Bella.- Metete esa idea en tu enorme cabeza dura de perro, chucho pulgoso -le espetó saltando la línea divisoria. Jacob tembló de arriba a abajo y salió corriendo furioso hacia el bosque, donde entró en fase.
-Maldito perro -siseó Bella.
-¿Desde cuándo le insultas? -preguntó Alice.
-Desde hoy -repuso Bella.
-¿Y eso es por qué...? -dijo Emmett dándole pie a que siguiera.
-Ha sido culpa mía. No he debido decir lo que he dicho -murmuró ella.
-¿Qué has dicho cielo? -interrogó Esme.
-Le he dicho que algún día seré... como vosotros y no le ha sentado muy bien -dijo. El rostro de todos se relajó de comprensión.
-Eso ya lo sabías Bella. Es un lobo, es normal -repuso Jasper.
-¿Es normal que me haya dicho que preferiría que estuviera muerta? -los brazos de Edward se enrollaron alrededor de la cintura de Bella con rapidez.
-¿Qué piensas? -susurró ella al ver su rostro.
-Quizá te enfades -repuso él.- Podría... matarle, y lo digo en serio, por decirte eso. Quierohacerlo. Y Jasper y Emmett también me ayudarán.
-Me alegra que tengáis tan buen control -repuso Bella apoyando la cabeza en el pecho de Edward.
-Podríamos fallar -susurró Rosalie persuasivamente.
Bella rió.
-Pensé que os alegraríais chicos -admitió Bella.
-¿Alegrarnos de que hieran a alguien de nuestra familia, Bella? No creo que podamos alegrarnos nunca de algo así hija -repuso Carlisle tristemente.
-Vámonos para casa anda -dijo cogiendo la mano de Edward, él sonrió y la cargó en su espalda yendo hacia la mansión Cullen.
Horas después Bella estaba en el baño poniéndose 'su' pijama pensó con acritud. Un pijama Victoria's Secret de seda rosa que no dejaba nada a la imaginación, con camiseta de tirantes hasta el ombligo y shorts hasta la mitad del muslo.
-Alice, voy a hacerte pagar por esto-gritó Bella por las escaleras haciendo que todos rieran. Pero lo que no esperaba es ver a Edward, que estaba tirado en la amplia cama de matrimonio , en pijama cuando ella salió del baño.
Una camiseta negra ajustada remarcaba sus músculos y el pantalón azul de seda que llevaba le quedaba de infarto.
-Alice pensó que estarías más cómoda durmiendo conmigo si llevaba pijama yo también -repuso él. Bella sonrió y saltó hacia la cama, acomodándose sobre su frío pecho.
-Esto es mejor que el aire acondicionado -bromeó Bella. Edward rió y comenzó a tararear su nana en voz baja. Bella no podía dormir. Estaba pensando en la manera en que su vida había cambiado en año y medio, de depresiva a la persona más feliz del mundo.
-¿En qué piensas Bella? -susurró Edward al darse cuenta de que su amada aún estaba despierta.
-A veces... intento recordar qué era yo sin ti, pero la verdad es que a tu lado ya ha habido tantos momentos dignos de recordar que abandono enseguida, porque sin duda, no es nada comparado con lo que soy ahora mismo. Estoy tan feliz -Bella suspiró besando su mejilla.- Tú me has hecho ser quién soy en este instante en el que el mundo gira, y el segundero avanza milésima tras milésima. Y... tengo la certeza que es lo más grande que alguien ha podido hacer por mí, porque adoro quién soy ahora mismo, y no cambiaría lo que siento ni mis recuerdos por nada del mundo. Me gustaría transformar los segundos en horas y las semanas en días, y parar el tiempo para estar siempre a tu lado... O simplemente observarte, con tu sonrisa, tu voz, tu aliento o incluso el oxígeno que respiras, porque yo vivo de ti, como le he explicado a Jacob. Y de todo lo que tenga que ver contigo, ya que, hasta el detalle más insignificante, lo es absolutamente todo para mí. Por que cada una de las letras de tu nombre son la razón de mi existencia y le dan un nuevo sentido a mi vida.
Edward sonrió atónito. A Bella se le cerraban ya los ojos. Apoyó la cabeza contra la de Edward y suspiró.
-Me gustaría poder resumir lo que siento por ti en una frase, pero creo que con decirte que eres lo mejor que me ha ocurrido en la vida, te haces una idea. Te amo mi ángel.
-Te amo, mi único y verdadero amor -susurró Edward acariciando sus cabellos. Y con esa frase, Bella cayó en un mundo donde las cosas eran más fáciles, donde decir te quiero ya no era como decir ''hola''.