Yo soy Bella Potter — capítulo 10
Bella se despertó con un suspiro de felicidad y sintió a Edward hacer circulitos en su cintura con el pulgar. Besó su cuello helado como la nieve y fue subiendo hasta sus labios donde le besó con ternura.
-Hola -susurró Bella adormilada, dándole una pequeña sonrisa con
carita de sueño.
Edward sonrió y besó a Bella en la frente.
-Soy la persona más feliz del mundo cuando me dices "Hola" o
sonríes, porque se que, aunque haya sido un solo segundo, has pensado en mi -dijo acariciando su mejilla caliente con el dorso de la mano.
-Siempre pienso en ti. Te quiero. Eres mi mundo -Bella sonrió y se impulsó hacia delante para juntar sus labios de nuevo. Estaban tan cerca el uno del otro...
Justo en ese instante en el que se encontraba con esa persona, su alma gemela, en el momento que estaba a cinco simples milímetros de él, justo en esos cinco segundos antes de besarle, es el momento en él que la miró a los ojos y no dijo nada. Pero, ¿para qué decir algo? Ya su mirada lo dice todo y es en ese momento en el que Bella se da cuenta, que se habla tanto y en los momentos más maravillosos de la vida, y no es necesario decir nada, porque una vez más repito: una mirada vale más que mil palabras, un silencio vale más que mil versos, una caricia vale más que mil explicaciones y es que el idioma del amor sólo lo hablan los corazones.
Y Bella se dio cuenta que le quería, incluso más que antes, justo en el momento en que su sonrisa brilló, justo en el segundo en el que Edward la miró porque ella considera que lo más bonito de sus ojos es el reflejo de los suyos dorados, tan llenos de amor.
Sus labios se movieron sincronizados, fuego y hielo conviviendo en una perfecta armonía. Bella enroscó los dedos en el cabello broncíneo de Edward y le acercó más a él, haciendo que Edward ronroneara de puro placer. Se oyeron tres golpes en la pared contigua.
-¡LOS TÓRTOLOS QUE PAREN, QUE NOS CORTAN EL ROLLO A ROSE Y A MI! -gritó Emmett haciendo que Bella y Edward se separan riendo.
-Debería... debería ir a mi casa con Charlie -dijo Bella acariciando los labios de su novio. Edward suspiró.
-Te llevo a casa, vístete mi amor.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
Más tarde, en casa con Charlie
-Papá -gritó Bella acostumbrada a llamarle así a su tío, aunque no lo considerara como tal.- No debes poner una lata de metal dentro del microondas -le regañó.
-¿Por qué?
-Déjame pensar... PORQUE EXPLOTARÍA -Charlie sonrió avergonzado, Bella sacó la lata del microondas para ver que se trataba de salsa de tomate.- Los espaquetis al menos están bien -dijo al verlos en los platos. Echo salsa en ambos platos y se sentó a comer hambrienta. Acababa de meterse en la boca el primer bocado de pasta cuando Charlie habló.
-Bella. Dumbledore ha llamado -Bella se atragantó al escuchar eso, empezando a toser.- Dice que te ve muy triste últimamente. Es por Cedric ¿verdad? Diggory, siempre Diggory -murmuró Charlie triste.
-Cuando él murió, estuve muy triste, Charlie. Era mi mejor amigo. Duele usar el término pasado -tartamudeó. Luego sonrió-: Pero tengo una razón por la cual sentirme contenta. Se llama Edward Cullen. He retomado el control de mi vida y sigo viviendo. Levanto la cabeza y me seco las lágrimas. Y si algún día vuelvo a llorar espero que sea de felicidad.
-Bella... se que no lo digo muy a menudo, pero quiero que sepas que te quiero y estoy orgulloso de ti. Te pareces a tu madre, menos los ojos, tienes los de tu padre -Bella sonrió y le abrazó.- Aún los hecho de menos. Eran unos grandes magos y muy buenas personas, pero sobre todo, eran unos grandísimos padres. Ellos te querían, más que a su propia vida -Bella asintió con la garganta hinchada.
-Lo sé.
-Vete a la cama, Bella. Por cierto, Jacob te ha llamado. Dice que no pretendía decir lo que dijo y que lo siente -Charlie suspiró.
-Sí seguro -resopló Bella.
-Bella, el metamorfo te quiere, y es solo un chavalín. Perdónale. Perdonar y olvidar es de sabios -añadió.
-¿Perdonar y olvidar? Mira, Charlie, no soy Dios, ni tengo alzheimer -le espetó.- ¿Por qué no perdonas tú a Edward?
Charlie frunció el ceño.
-Jacob tiene tu edad. Edward no.
-El amor no tiene edad. Charlie, soy la compañera de Edward, admítelo de una vez -rogó Bella.
-¿Por qué le amas? -dijo Charlie. Bella sonrió tontamente.
-Es que es tan inteligente, tan dulce, tan atento, me trata tan bien, cada vez que me mira sus ojos demuestran tanto... amor -Charlie observó sus ojos y su sonrisa enamorada y no pudo evitar sonreír él también.
-¿Sabes que tienes seis sonrisas Bella? -le preguntó Charlie haciendo que Bella se sobresaltara . -¿Qué? -Que tienes seis sonrisas, ¿lo sabías?
-No ¿cuáles? -interrogó curiosa.
-Una cuando te ríes porque algo te hace gracia de verdad y otra cuando sólo lo haces por cortesía. Una cuando te sientes incómoda y otra cuando te ríes de ti misma. Otra cuando algo te sorprende y otra cuando piensas en... -¿En qué? -En él.
Bella rió.
-Sonrisa tonta ¿no? -dijo ella bromeando.
-Sí, y ahora, vete a la cama. Harás mucho mañana. Buenas noches Bella -murmuró Charlie. Bella se levantó y subió los escalones de dos en dos hasta su habitación.
Se tumbó y suspiró.
Estaba muy cansada y Edward no llegaba.
Los ojos le pesaban cada vez más...
Y de repente ya no era Bella Potter. La casa era pequeña, bonita y antigua. Una mujer se encontraba frente a ella.
-Únete a mi -siseó su propia voz, aguda y fría.
-Nunca -repuso la mujer del suelo. Era rubia, de tez pálida y rostro ovalado con las mejillas sonrosadas. La reconoció enseguida: la madre de Hannah Abbott.
-Tsk, Tsk, Tsk -Bella meneó un dedo largo y pálido de una lado para otro negando.- Mala elección, señorita Abbott. ¡Avada Kedavra!
La luz verde iluminó la habitación y un cuerpo pesado e interte cayó al suelo con un golpe sordo.
-¡¡NO!! -Bella se levantó de un salto. Un par de ojos dorados la observaban con preocupación desde una habitación que no era la suya. El chico tenía pelo negro ensortijado y una cara de preocupación que aún así hacía visible sus hoyuelos.
-¿Emmett? -susurró Bella incrédula. Intentó levantarse pero vio que estaba sujeta con un par de cables a un gotero. Agujas. Hizo una mueca.
-¿Estás bien? ¿Te duele algo? -dijo Emmett angustiado.- ¡Carlisle!
-¿Carlisle? -dijo Bella incrédula.
-Aquí estoy, hija -susurró su segundo padre viniendo corriendo por las escaleras.- ¿Cómo te encuentras?
-¿Por qué estoy aquí? -inquirió.
-Edward fue a verte, y estabas teniendo convulsiones y fiebre alta. Te hemos traído aquí porque tengo material médico -repuso.
-¿Y Charlie?
-Le hemos dicho que te llevaba al hospital a hacerte un chequeo y que luego dormirías aquí -explicó Emmett.
-¿Dónde está Edward? -preguntó ella mirando alrededor.
-En ese instante la puerta se abrió, dejando ver al vampiro que era en ese momento pura agonía y desesperación.
-¡¡Bella!! Oh, Bella, mi amor. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? Oh Dios, Bella, pensé... pensé que te perdía -sollozó.- Lo siento, corazón, no debía dejarte sola. Lo siento tanto.
-Shhh, estoy bien Edward. Estoy bien ¿y lo demás?
-Alice, Esme, Rose y Jazz han ido a comprarte medicinas y algo de comida. Regresarán pronto -Edward besó la frente de su amada y se arrodilló al lado de su cama acariciando su cabello.
Bella recargó la cabeza en la vasija de su cuello y cerró los ojos. Oyó a Carlisle inyectando algo en el gotero y sintió ganas de dormir.
-Buenas noches, hermanita -oyó decir a Emmett.
-Buenas noches, hija, Me has dado un buen susto -suspiró Carlisle.
Bella sintió su cuerpo entumecerse y cayó en los brazos de Morfeo sin ofrecer resistencia, deseando con desesperación escapar de la realidad.