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Historia 74019 — capítulo 3

CapítulosEl niño que vivióEl niño que vivió

Remus cogió el libro y comenzó a leer.- ``Harry Potter y la piedra Filosofal´´.

-Que es la piedra Filosofal?.- Pregunto Sirius.

-No tengo ni idea.- Dijo Remus.

-Profesor?- Pregunto ahora James.

-Supongo que la historia nos lo dirá.- Contesto este después de ver la cara de Harry. Y Remus continuo leyendo. El señor y la señora Dursley,

-Dursley.- Dijo Lily con miedo.

-Que pasa Lily?- Dijo James.

-Mi hermana se acaba de casar con un hombre, bueno mejor dicho una ballena.- ante esto todos los que habían visto a Vernon mas los merodeadores empezaron a reír.- que se apellidaba así. Espero que no sean ellos.

-Bueno no lo sabemos si no seguimos leyendo.- Así que Remus volvió a leer. que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales.-si seguro, dijo Lily.-*,*afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros.

*-*Que son taladros?- Preguntaron todos los sangre pura menos Sirius.

-Son unos cacharros que sirven para hacer agujeros.- Dijo Sirius.

-Y para que quieres hacer agujeros?- Pregunto James.

-No me preguntas para que yo tampoco lo entiendo.- Dijo Sirius.

-Realmente no sé porque tomaste estudios Muggles.- Dijo Lily.

-Solo lo hice porque sabía que eso cabrearía a mi amada madre.- Dijo Sirius haciendo reír a todos los del futuro más los merodeadores.- Valla parecen que conocen a mi madre.

-Sí, y a mí me quiere tanto como a ti.- Dijo Harry.

-Que te hizo.- Dijo esta vez Sirius con una mirada sombría.

-No más es lo que le hice yo a ella.- Dijo Harry, mientras todos los chicos del futuro reían. Y a Sirius se le formaba una sonrisa maligna en la cara.

-Cuenta todo lo que le pase a esa vieja arpía es bueno.

-Tendrás que esperar un poco.- Contesto Harry. Como Harry no iba a decir más Remus continuo leyendo.

Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso.- Suena agradable.- Dijo James antes de empezar a reír.- La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos.-Ahhhhhh son ellos. No tengo ninguna duda.

-Sin son ellos porque empieza el libro con ellos.- Dijo Remus.- El libro es sobre la vida de Harry no?

-Tienes razón Lunático, no sé que hacen ellos en el libro.- Dijo James.

-No.- Dijo Lily en un suspiro, sabia porque podía ser, pero no le gustaba nada esa idea. Como nadie decía nada mas, Remus continuo leyendo.-Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él..- Me apuesto lo que queráis a que mi ahijado es mejor.- Dijo Sirius.

-Querrías hacer el favor de callarte Canuto.- Dijo Remus.- Estoy intentando leer.

Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.- Que pasa con los Potter? Los Potter son los mejores.- Dijeron Remus y Sirius a la vez.

La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana,

-Que pero porque?.- Dijeron Remus, Sirius, James, Alice y Frank.

-Lily es la mejor persona del mundo no sé cómo alguien puede desear no tenerla de hermana.- Dijo Remus.

-Si es cierto la pelirroja es la mejor. Oh espera ahora hay dos pelirrojas en la sala. Te importa que te llame pelirroja dos?.- le pregunto Sirius a Ginny.

-Yo que tú no lo hacía, no tengo ningún problema con maldecirte.- Dijo Ginny.

-Y yo creo que voy a seguir el ejemplo de mi nuera.- Dijo Lily. Ante esto Sirius empezó a protestar pero antes de que dijese algo Remus empezó a leer. porque su hermana y su marido, un completo inútil.- Eh, Cornamenta no es un inútil, ha hecho cosas buenas, un poco tonto si pero no inútil.- Dijo Sirius.

-Gracias canuto, un placer tenerte comentando la historia, pero te importaría dejar de comentar cada frase.- Dijo Remus y continuo leyendo., eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar- Y menos mal porque sino… pero no pudo acabar la frase, ya que dos pelirrojas le hacían silenciado con sus varitas. Ante esto el empezó a hacer gestos con las manos. Ahora te quedaras unos minutos sin hablar por listo, dijeron ambas.. Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera.- Ante esto Sirius cogió un pergamino y escribió ``tenemos que hacerlo´´ . Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño, pero nunca lo habían visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél..- Pero si Harry es el mejor.- Dijeron todos los niños del futuro.- Estoy seguro que sería un niño monísimo.- Acabo diciendo Ginny. Ante esto Sirius hizo unos gesto como queriendo decir algo pero seguía sin poder hablar.

-Oh si estoy seguro lo de monísimo, un niño flacucho y con gafas, mas guapo imposible.- Dijo Hermione.

-Gracias prefecta perfecta Granger. Seguro que tu serias guapísima con esa mata de pelo castaño que tienes por pelo.- Dijo Harry, ante este intercambio, todos los niños del futuro empezaron a reír.

-Harry no trates así a la pobre chica!

-Pero mama.

-Ni mama ni gaitas a callar.- Ante esto todos rieron sin excepción.

Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región. El señor Dursley canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y la señora Dursley parloteaba alegremente mientras instalaba al ruidoso Dudley en la silla alta.

Ninguno vio la gran lechuza parda que pasaba volando por la ventana..- Vale eso es raro.- Dijo esta vez Frank.

-No claro que no es raro.- Dijo James.

-Vale para nosotros sí, pero ese es un barrio muggle, y no es normal que las lechuzas se dejen ver así.

-El señor Longbotoon tiene razón, no es normal que una lechuza se muestre asi en un barrio muggle, me pregunto que habrá pasado, siga leyendo señor Lupin.

-Profesor ya hemos acabado la escuela puede llamarnos por nuestros nombre si quiere.- Dijo Remus antes de empezar ha leer.

A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, besó a la señora Dursley en la mejilla y trató de despedirse de Dudley con un beso, aunque no pudo, ya que el niño tenía un berrinche y estaba arrojando los cereales contra las paredes..-Ah, vaya niño mas consetido.- Dijeron Lily y Alice a la vez.

-Ni que lo digas.- Dijo Harry en un susurro.«Tunante», dijo entre dientes el señor Dursley mientras salía de la casa. Se metió en su coche y se alejó del número 4.

Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad.- McGonagall.- Dijo Sirius.- Bien he recuperado la voz.

-Y yo que tu tendría cuidado si no quieres perderla del todo.- Dijo Ginny.

-En serio cachorro, no podías haber elegido una con un poco menos de carácter.

-Na, yo creo que es perfecta.- Dijo Harry, ganándose una sonrisa y un beso por parte de Ginny.

-Awwwwwww.- Dijeron Alice y Lily.

-Lo tienes bien entrenado.- Le dijo Lily a Ginny.

-Si Potter, es gatito muy bien domesticado.- Dijo Hermione haciendo reír a todos los de la sala.

-Lunático sigue leyendo por favor.- Dijo Harry, el cual estaba colorado al igual que Ginny.

. Durante un segundo, el señor Dursley no se dio cuenta de lo que había visto, pero luego volvió la cabeza para mirar otra vez. Sí había un gato atigrado en la esquina de Privet Drive, pero no vio ningún plano. ¿En qué había estado pensando? Debía de haber sido una ilusión óptica. El señor Dursley parpadeó y contempló al gato. Éste le devolvió la mirada. Mientras el señor Dursley daba la vuelta a la esquina y subía por la calle, observó al gato por el espejo retrovisor: en aquel momento el felino estaba leyendo el rótulo que decía «Privet Drive» (no podía ser, los gatos no saben leer los rótulos ni los planos).-Tienes razón te has vuelto loco.- Dijo Sirius mientras se reía.

-Por cierto antes me has llamado cachorro.-Dijo Harry

-Si tienes algo en contra?

-Na, es bueno, aunque ha decir verdad los perros grandes, negros y con pulgas no me gustan mucho.- Dijo Harry, mientras los merodeadores, Ron y Ginny reían por los suelos y Hermione hacia todo lo que podía para no reír.

-Parece que lo sabe.- Dijo James.- Sabes todo no?

-Si lo sé, y si Remus, todos nosotros sabemos lo de todo tu pequeño problema peludo.- Dijo Harry haciendo reír a todos los merodeadores que dijeron - Igual que tú Cornamenta- a lo ambos Potter se irguieron con orgullo.

-Entonces todo lo sabéis?- Pregunto Lupin al resto.

-Si todos sabes, ese pequeño problema, Profesor Lupin.- Dijo Neville.

-Neville.- Gritaron los chicos del futuro

-Profesor, yo, profesor.

-Genial Lunático te dijimos que llegarías lejos.

-Remus sigue leyendo y si fuiste profesor. El mejor de todos.- Dijo Harry, con una sonrisa en sus labios, mientras veía como él se hinchaba de orgullo.

El señor Dursley meneó la cabeza y alejó al gato de sus pensamientos. Mientras iba a la ciudad en coche no pensó más que en los pedidos de taladros que esperaba conseguir aquel día.

Pero en las afueras ocurrió algo que apartó los taladros de su mente. Mientras esperaba en el habitual embotella-miento matutino, no pudo dejar de advertir una gran canti-dad de gente vestida de forma extraña. Individuos con capa.- No eso es normal.- Dijo James

-James estamos hablando del mundo muggle. Ellos no visten con capa.- Dijo LilyEl señor Dursley no soportaba a la gente que llevaba ropa ridícula. ¡Ah, los conjuntos que llevaban los jóvenes! Supuso que debía de ser una moda nueva. Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en unos extraños que estaban cerca de él. Cuchicheaban entre sí, muy excitados. El señor Dursley se enfureció al darse cuenta de que dos de los desconocidos no eran jóvenes. Vamos, uno era incluso mayor que él, ¡y vestía una capa verde esmeralda!- No un Slytherin.- Comento Sirius, y al instante volvió a perder la voz, y pateo el suelo enfadado.

-Arg, creo que es esa noche.- Dijo Harry en voz alta sin darse cuenta.

-Que noche?.- Preguntaron todos los del pasado.

-Ya os enterareis.- Dijo Harry, Ginny se apretó a su pecho con mas fuerza, sabiendo que la necesitaría.

-Espera no habéis leído los libros?- Pregunto Remus.

-Pues la verdad es que no. Es mi vida, y yo y leer no va muy bien junto. -``Como todo un Potter´´ se escucho a James por detrás el cual se gano una colleja por parte de Lily.- Eso es mas de la prefecta perfecta Granger.- Esta le miro con la misma mirada que le echaba cuando copiaba sus deberes.

-Si señor no queremos más prefectas perfectas, ya tenemos a Lily.- Dijo Sirius que había conseguido quitarse el hechizo de manera no verbal, pero ahora estaba silenciado por Hermione y no le sería tan fácil repetir la hazaña.¡Qué valor! Pero entonces se le ocurrió que debía de ser alguna tontería publicitaria; era evidente que aquella gente hacía una colecta para algo. Sí, tenía que ser eso. El tráfico avanzó y, unos minutos más tarde, el señor Dursley llegó al aparcamiento de Grunnings, pensando nuevamente en los taladros.- Gran pensamiento.- Dijo James

-Tú también quieres o que.- Le dijo Lily mientras le apuntaba con la varita, este negó con la cabeza.- Vaya par no leemos dos líneas y ya comentando.

El señor Dursley siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina del noveno piso. Si no lo hubiera hecho así, aquella mañana le habría costado concentrarse en los taladros. No vio las lechuzas que volaban en pleno día, aunque en la calle sí que las veían y las señalaban con la boca abierta, mientras las aves desfilaban una tras otra. La mayoría de aquellas personas no había visto una lechuza ni siquiera de noche..- Eso sigue siendo raro.- Comento Frank.- Tiene que haber pasado algo muy grande.Sin embargo, el señor Dursley tuvo una mañana perfectamente normal, sin lechuzas. Gritó a cinco personas. Hizo llamadas telefónicas importantes y volvió a gritar.- Lo que se hace todos los días vamos.- Dijo esta vez Remus.Estuvo de muy buen humor hasta la hora de la comida, cuando decidió estirar las piernas y dirigirse a la panadería que estaba en la acera de enfrente.

Había olvidado a la gente con capa hasta que pasó cerca de un grupo que estaba al lado de la panadería. Al pasar los miró enfadado. No sabía por qué, pero le ponían nervioso. Aquel grupo también susurraba con agitación y no llevaba ni una hucha. Cuando regresaba con un donut gigante en una bolsa de papel, alcanzó a oír unas pocas palabras de su conversación.

—Los Potter, eso es, eso es lo que he oído...

—Sí, su hijo, Harry....- Siii, Harry parece que es igual que tú, llamando la atención desde pequeño Cornamenta.- Dijo Sirius, que había conseguido quitarse otra vez el hechizo. Ante esto Lily negó pensativa, claro lo tenía si su hijo era igual de ególatra que su padre.

El señor Dursley se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo.

Se apresuró a cruzar la calle y echó a correr hasta su oficina.- Vaya no sabía que podía hacerlo, tuvo que ser entretenido ver moverse tanta grasa.- Dijo Harry, haciendo reír a todos los presentes*. Dijo a gritos a su secretaria que no quería que le molestaran, cogió el teléfono y, cuando casi había terminado de marcar los números de su casa, cambió de idea. Dejó el aparato y se atusó los bigotes mientras pensaba...*-Otra cosa que pensaba que no podía hacer.- Dijo Harry-No, se estaba comportando como un estúpido. Potter no era un apellido tan especial.- Solo él apellido mas especial del mundo mágico.- Dijeron a la vez Sirius, Harry y James. Haciendo reír a todos.-Estaba seguro de que había muchísimas personas que se llamaban Potter y que tenían un hijo llamado Harry. Y pensándolo mejor, ni siquiera estaba seguro de que su sobrino se llamara Harry. Nunca había visto al niño. Podría llamarse Harvey. O Harold.- Jamas llamaría a mi hijo esas cosas, en cambio Harry es un nombre muy bonito.

-Estoy de acuerdo dijo Ginny.

-Hijo me gusta tu novia.-Dijo Lily.- Has elegido bien.

-Gracias mama

No tenía sentido preocupar a la señora Dursley, siempre se trastornaba mucho ante cualquier mención de su hermana. Y no podía reprochárselo. ¡Si él hubiera tenido una hermana así...! Pero de todos modos, aquella gente de la capa... Aquella tarde le costó concentrarse en los taladros, y cuando dejó el edificio, a las cinco en punto, estaba todavía tan preocupado que, sin darse cuenta, chocó con un hombre que estaba en la puerta.

—Perdón —gruñó, mientras el diminuto viejo se tambaleaba y casi caía al suelo. Segundos después, el señor Dursley se dio cuenta de que el hombre llevaba una capa violeta. No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona que llamaba la atención de los que pasaban:

—¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien-usted-sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta losmugglescomo usted deberían celebrar este feliz día!.- Voldemort se ha ido.- Dijeron todos, mientras Dumbledore miraba pensativo a los chicos del futuro, seria cierto que había muerto, vio una mirada triste en los ojos de Harry, y se dijo que probablemente no estaba muerto, quizá débil pero no muerto.

Y el anciano abrazó al señor Dursley y se alejó.

El señor Dursley se quedó completamente helado. Lo había abrazado un desconocido. Y por si fuera poco le había llamadomuggle, no importaba lo que eso fuera. Estaba desconcertado. Se apresuró a subir a su coche y a dirigirse hacia su casa, deseando que todo fueran imaginaciones suyas (algo que nunca había deseado antes, porque no aprobaba la imaginación)..- Ni que lo digas.-susurro Harry, y Ginny le abrazo un poco mas fuerte.

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, pues tenía unas líneas idénticas alrededor de los ojos..- Sin duda alguna es McGonagall.- Dijo Sirius.

-Gracias Canuto por decirnos lo evidente.- Dijo Remus y continuo leyendo.

—¡Fuera! —dijo el señor Dursley en voz alta.- No funcionara, y te pondrá en detención.- Dijo Sirius otra vez antes de quedarse sin voz.

El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa. El señor Dursley se preguntó si aquélla era una conducta normal en un gato.- De un gato no pero de McGonagall si.- Dijo James para quedarse también sin voz.-. Trató de calmarse y entró en la casa. Todavía seguía decidido a no decirle nada a su esposa.

La señora Dursley había tenido un día bueno y normal. Mientras comían, le informó de los problemas de la señora Puerta Contigua con su hija, y le contó que Dudley había aprendido una nueva frase («¡no lo haré!»).- Que niño tan adorable.- Dijeron sarcásticamente todas las chicas de la sala, excepto Luna, que todavía no había abierto la boca.-. El señor Dursley trató de comportarse con normalidad. Una vez que acostaron a Dudley, fue al salón a tiempo para ver el informativo de la noche.

—Y por último, observadores de pájaros de todas partes han informado de que hoy las lechuzas de la nación han tenido una conducta poco habitual. Pese a que las lechuzas habitualmente cazan durante la noche y es muy difícil verlas a la luz del día, se han producido cientos de avisos sobre el vuelo de estas aves en todas direcciones, desde la salida del sol. Los expertos son incapaces de explicar la causa por la que las lechuzas han cambiado sus horarios de sueño. —El locutor se permitió una mueca irónica—. Muy misterioso. Y ahora, de nuevo con Jim McGuffin y el pronóstico del tiempo. ¿Habrá más lluvias de lechuzas esta noche, Jim?

—Bueno, Ted —dijo el meteorólogo—, eso no lo sé, pero no sólo las lechuzas han tenido hoy una actitud extraña. Telespectadores de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee han telefoneado para decirme que en lugar de la lluvia que prometí ayer ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces!- Tenemos que aprender a hacer eso.- Saltaron a la vez Ron y Harry, mientras James y Sirius hacían gestos como diciendo que ellos también, mientras miraban orgullosos a ese par.Tal vez la gente ha comenzado a celebrar antes de tiempo la Noche de las Hogueras. ¡Es la semana que viene, señores! Pero puedo prometerles una noche lluviosa.

El señor Dursley se quedó congelado en su sillón. ¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Lechuzas volando a la luz del día? Y aquel rumor, aquel cuchicheo sobre los Potter... La señora Dursley entró en el comedor con dos tazas de té. Aquello no iba bien. Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo.

—Eh... Petunia, querida, ¿has sabido últimamente algo sobre tu hermana?

Como había esperado, la señora Dursley pareció moles-ta y enfadada. Después de todo, normalmente ellos fingían que ella no tenía hermana.-Oh Tuney.- Dijo Lily apenada, mientras era abrazada por James.

—No —respondió en tono cortante—. ¿Por qué?

—Hay cosas muy extrañas en las noticias —masculló el señor Dursley—. Lechuzas... estrellas fugaces... y hoy había en la ciudad una cantidad de gente con aspecto raro...

—¿Y qué? —interrumpió bruscamente la señora Dursley

—Bueno, pensé... quizá... que podría tener algo que ver con... ya sabes...su grupo.-Arg, dijeron todos!

La señora Dursley bebió su té con los labios fruncidos. El señor Dursley se preguntó si se atrevería a decirle que había oído el apellido «Potter». No, no se atrevería. En lugar de eso, dijo, tratando de parecer despreocupado:

—El hijo de ellos... debe de tener la edad de Dudley, ¿no?

—Eso creo —respondió la señora Dursley con rigidez.

—¿Y cómo se llamaba? Howard, ¿no?

—Harry. Un nombre vulgar y horrible, si quieres mi opinión.-No precioso y especial.- Dijeron Ginny y Lily a la vez.

—Oh, sí—dijo el señor Dursley, con una espantosa sensación de abatimiento—. Sí, estoy de acuerdo.

No dijo nada más sobre el tema, y subieron a acostarse. Mientras la señora Dursley estaba en el cuarto de baño, el señor Dursley se acercó lentamente hasta la ventana del dormitorio y escudriñó el jardín delantero. El gato todavía estaba allí. Miraba con atención hacia Privet Drive, como si estuviera esperando algo.

¿Se estaba imaginando cosas? ¿O podría todo aquello tener algo que ver con los Potter? Si fuera así... si se descubría que ellos eran parientes de unos... bueno, creía que no podría soportarlo.-Yo creo que seria mas al revés.- Dijo Sirius, una vez recuperada la voz.

-No dejarlo va a ser inútil, simplemente ignorarlo es lo mejor.- Dijo Remus.

Los Dursley se fueron a la cama. La señora Dursley se quedó dormida rápidamente, pero el señor Dursley perma-neció despierto, con todo aquello dando vueltas por su mente. Su último y consolador pensamiento antes de quedarse dormido fue que, aunque los Potter estuvieran implicados en los sucesos, no había razón para que se acercaran a él y a la señora Dursley. Los Potter sabían muy bien lo que él y Petunia pensaban de ellos y de los de su clase... No veía cómo a él y a Petunia podrían mezclarlos en algo que tuviera que ver (bostezó y se dio la vuelta)... No, no podría afectarlos a ellos...

¡Qué equivocado estaba!.- No me gusta como ha sonado eso- Dijo Lily.

El señor Dursley cayó en un sueño intranquilo, pero el gato que estaba sentado en la pared del jardín no mostraba señales de adormecerse. Estaba tan inmóvil como una estatua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive. Apenas tembló cuando se cerró la puertezuela de un coche en la calle de al lado, ni cuando dos lechuzas volaron sobre su cabeza. La verdad es que el gato no se movió hasta la medianoche.

Un hombre apareció en la esquina que el gato había es-tado observando, y lo hizo tan súbita y silenciosamente que se podría pensar que había surgido de la tierra. La cola del gato se agitó y sus ojos se entornaron.

En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. El nombre de aquel hombre era Albus Dumbledore.- Eso no era necesario decirlo.- Dijeron los merodeadores a la vez.

Albus Dumbledore no parecía darse cuenta de que había llegado a una calle en donde todo lo suyo, desde su nombre hasta sus botas, era mal recibido. Estaba muy ocupado revolviendo en su capa, buscando algo, pero pareció darse cuenta de que lo observaban porque, de pronto, miró al gato, que todavía lo contemplaba con fijeza desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirlo. Rió entre dientes y murmuró:

—Debería haberlo sabido.

Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo sostuvo alto en el aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido.-Genial, eso es maravilloso, donde podemos comprar uno de esos.- Dijeron los merodeadores, sin notar la sonrisa de triunfo que tenía Ron el rostro.

-Lo siento chicos, pero eso no se puede comprar, es de invención propia.- Dijo Dumbledore con satisfacción.

-Podría dejárnoslo?- Preguntaron entonces.

-Lo siento pero no lo tengo conmigo.- Dijo Dumbledore, y Ron pareció ir a sacarlo, pero Harry le hizo un gesto con la cabeza y lo dejo donde estaba.

Lo encendió otra vez y la siguiente lámpara quedó a oscuras. Doce veces hizo funcionar el Apagador, hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fueron dos alfileres lejanos: los ojos del gato que lo observaba. Si alguien hubiera mirado por la ventana en aquel momento, aunque fuera la señora Dursley con sus ojos como cuentas, pequeños y brillantes, no habría podido ver lo que sucedía en la calle. Dumbledore volvió a guardar el Apagador dentro de su capa y fue hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No lo miró, pero después de un momento le dirigió la palabra..

—Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.

Se volvió para sonreír al gato, pero éste ya no estaba. En su lugar, le dirigía la sonrisa a una mujer de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada, que recordaban las líneas que había alrededor de los ojos del gato. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía claramente disgustada.-Pues eso lo dicho McGonagall, y encima está enfadada, profesor huya mientras pueda.- Dijo Sirius a lo que el respondió con una sonrisa

—¿Cómo ha sabido que era yo? —preguntó.

—Mi querida profesora, nunca he visto a un gato tan tieso.-Muy buena profesor.- Dijeron los merodeadores mas los chicos del futuro mientras reían.

-Ya sabía yo que Dumbledore era un bromista.

—Usted también estaría tieso si llevara todo el día sen-tado sobre una pared de ladrillo —respondió la profesora McGonagall.

—¿Todo el día? ¿Cuándo podría haber estado de fiesta? Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fiestas en mi camino hasta aquí.-McGonagall, de fiesta, antes un Sirius responsable.- Dijo James.

-Oye James, yo soy responsable.-Dijo Sirius.

-Si claro Sirius, claro.- Dijo Ginny a Sirius como si hablase a un niño pequeño, lo que hizo reír a todos y cabrearse a Sirius.

-No me gusta tu novia, cachorro.

-Calla, perro estrella.- Dijo Harry haciendo reir a los merodeadores.

-Esa nunca se nos había ocurrido.- Dijo Remus.

-Mi hijo es un merodeador.- Dijo James.

-No entiendo lo de perro estrella.- Dijo Lily.

-Bueno es que el segundo nombre de Sirius es Orión. ``estúpida manía de poner nombres de estrellas´´ dijo Sirius por detrás.- y a Sirius le gustan muchos los perros, asi que perro estrella, es genial. Dijo James a la que chocaba los cinco con su hijo.- Estoy muy orgulloso de ti.

-Si dice eso ahora, que dirá cuando se entere que matas a Voldemort.- le susurro Ginny en el oído a Harry.

-No se, estará igual de orgulloso digo yo.- Dijo Harry dándole un beso, ante la mirada de indignación de Ron.- no es culpa mía, lo de la maldición de las pelirrojas, y veras como se dan cuenta rápidamente.- Le susurro.

-Más te vale, porque si no, no me voy a aguantar.- Le susurro este devuelta.

La profesora McGonagall resopló enfadada.

—Oh, sí, todos estaban de fiesta, de acuerdo —dijo con impaciencia—. Yo creía que serían un poquito más prudentes, pero no... ¡Hasta losmugglesse han dado cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. —Terció la cabeza en dirección a la ventana del oscuro salón de los Dursley—. Lo he oído. Bandadas de lechuzas, estrellas fugaces... Bueno, no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent... Seguro que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común..- Ese hombre me cae muy bien. Tiene buen sentido del humor, y era buen amigo de mi padre.- Dijo James con una sonrisa.

-Si a mi también me cae bien, buen hombre.- Dijo Sirius.

-y muy valiente siempre dispuesto a luchar por sus creencias.- Dijo Dumbledore.

—No puede reprochárselo —dijo Dumbledore con tono afable—. Hemos tenido tan poco que celebrar durante once años....- Eso hace que sucederá en dos años.- Dijo Lily mientras pensaba. Tenía diecinueve años ahora mismo, y si no se equivocaba por la expresión de su hijo, y los comentarios hechos, ella había muerto esa noche. Tan joven tendría un hijo, y tan joven perdería la vida, pensó con un deje de tristeza. Aun asi si era cierto lo que más lamentaba era no estar en la vida de su hijo.

—Ya lo sé —respondió irritada la profesora McGona-gall—. Pero ésa no es una razón para perder la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, sale a las calles a plena luz del día, ni siquiera se pone la ropa de losmuggles, intercambia rumores... Lanzó una mirada cortante y de soslayo hacia Dumbledore, como si esperara que éste le contestara algo. Pero como no lo hizo, continuó hablando.

—Sería extraordinario que el mismo día en que Quien-usted-sabe parece haber desaparecido al fin, losmuggleslo descubran todo sobre nosotros. Porque realmente se ha ido, ¿no, Dumbledore?

—Es lo que parece —dijo Dumbledore—. Tenemos mucho que agradecer. ¿Le gustaría tomar un caramelo de limón?

-Un que?- Dijeron todos los sangre pura, mientras Harry negaba con la cabeza ante las cosas de su antiguo director.

-Un caramelo de limón, es un dulce muggle, Harry me los dio a probar y son muy ricos, tomar siempre llevo algunos conmigo.- Dijo Ginny repartiendo uno a cada sangre pura.

-La joven Weasley tiene razón, es un buen dulce.- Dijo Dumbledore mientras le dirigía una sonrisa, la cual se la devolvió radiante. Pero mientras Lily pensaba, eso quiere decir que Harry ha vivido con muggles, eso quiere decir que lo que pienso es cierto, que James y yo estamos muertos y va a vivir con mi hermana, pobre Harry.

—¿Un qué?

—Un caramelo de limón. Es una clase de dulces de losmugglesque me gusta mucho.

—No, muchas gracias —respondió con frialdad la pro-fesora McGonagall, como si considerara que aquél no era un momento apropiado para caramelos—.-Oh venga, realmente están buenos, tienes mas?- Dijo Sirius mientras le echaba una mirada de perrito bueno a Ginny.

-Pensaba que no te gustaba.- Dijo Ginny mientras le lanzaba otro caramelo.

-No definitivamente ahora me gustas mas.- Le dijo Sirius con una sonrisa.

Como le decía, aunque Quien-usted-sabe se haya ido...

—Mi querida profesora, estoy seguro de que una perso-na sensata como usted puede llamarlo por su nombre, ¿verdad? Toda esa tontería de Quien-usted-sabe... Durante once años intenté persuadir a la gente para que lo llamara por su verdadero nombre, Voldemort. —La profesora McGonagall se echó hacia atrás con temor, pero Dumbledore, ocupado en desenvolver dos caramelos de limón, pareció no darse cuenta—. Todo se volverá muy confuso si seguimos diciendo «Quien-usted-sabe». Nunca he encontrado ningún motivo para temer pronunciar el nombre de Voldemort.

-Bien dicho, es solo un maldito nombre.- Dijeron los merodeadores mas Harry, que ya estaba harto de tanto repetirse.

—Sé que usted no tiene ese problema —observó la profesora McGonagall, entre la exasperación y la admiración—. Pero usted es diferente. Todos saben que usted es el único al que Quien-usted... Oh, bueno, Voldemort, tenía miedo.

Y eso se podía aplicar también a ti.- Le susurro Hermione a Harry y este se puso colorado.

—Me está halagando —dijo con calma Dumbledore—. Voldemort tenía poderes que yo nunca tuve.

-Solo porque usted no es un monstruo estúpido como él.- Dijo James, lo que hizo que Dumbledore le enviara una sonrisa.

—Sólo porque usted es demasiado... bueno... noble... para utilizarlos.

-Me gusta más la frase de mi amigo Cornamenta, aunque la de la profesora también está bien.- Dijo Sirius

—Menos mal que está oscuro. No me he ruborizado tanto desde que la señora Pomfrey me dijo que le gustaban mis nuevas orejeras.

-Ah, nosotros estábamos ese día, haciendo compañía a Lunático.- Dijeron Sirius y Remus.

La profesora McGonagall le lanzó una mirada dura, an-tes de hablar.

—Las lechuzas no son nada comparadas con los rumores que corren por ahí. ¿Sabe lo que todos dicen sobre la forma en que desapareció? ¿Sobre lo que finalmente lo detuvo?

Parecía que la profesora McGonagall había llegado al punto que más deseosa estaba por discutir, la verdadera ra-zón por la que había esperado todo el día en una fría pared pues, ni como gato ni como mujer, había mirado nunca a Dumbledore con tal intensidad como lo hacía en aquel momento. Era evidente que, fuera lo que fuera «aquello que todos decían», no lo iba a creer hasta que Dumbledore le dijera que era verdad. Dumbledore, sin embargo, estaba eligiendo otro caramelo y no le respondió.

—Lo que están diciendo —insistió— es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter. El rumor es que Lily y James Potter están... están... bueno, que están muertos.-Nooooooooooooo.- Gritaron tanto Sirius como Remus.- No puede ser, no ellos no, como ha podido pasar. Lily había comenzado a llorar en el pecho de James, el cual hundió su cara en el cabello de la pelirroja. Alice y Frank estaban en una situación parecida a la de Lily. Dumbledore no podía esconder la pena de sus ojos. Harry abrazo con fuerza a Ginny, y ellas le devolvió el abrazo. El resto de los chicos estaban mirando al suelo con pena en los ojos. Después de varios minutos y muchos abrazos de consolación, la lectura prosiguió, pero Remus no pudo evitar que el dolor desapareciera de su voz.

Dumbledore inclinó la cabeza. La profesora McGonagall se quedó boquiabierta.

—Lily y James... no puedo creerlo... No quiero creerlo... Oh, Albus...

-Bueno al parecer era cierto, McGonagall si que nos quería.- Dijo James el cual había decidido actuar como si nada hubiera ocurrido.

-No te creas Cornamenta, será más por lo de Lily.- Dijo Sirius con una sonrisa que no le llego a los ojos.

Dumbledore se acercó y le dio una palmada en la espalda.

—Lo sé... lo sé... —dijo con tristeza. La voz de la profesora McGonagall temblaba cuando continuó.

—Eso no es todo. Dicen que quiso matar al hijo de los Potter, a Harry.- Nooooo.- Dijeron esta vez James y Lily, y esta última le abrazo con fuerza.Pero no pudo. No pudo matar a ese niño. Nadie sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo matarlo, el poder de Voldemort se rompió... y que ésa es la razón por la que se ha ido.

Dumbledore asintió con la cabeza, apesadumbrado.

—¿Es... es verdad? —tartamudeó la profesora McGonagall—. Después de todo lo que hizo... de toda la gente que mató... ¿no pudo matar a un niño? Es asombroso... entre todas las cosas que podrían detenerlo... Pero ¿cómo sobrevivió Harry en nombre del cielo?

—Sólo podemos hacer conjeturas —dijo Dumbledore—. Tal vez nunca lo sepamos.

-Yo creo que ya lo sabía en ese momento y podría saberlo en este momento también.- Dijo Harry mientras miraba a su profesor.

-Si probablemente, lo único que pudo parar a Voldemort seria la mas grande e impredecible y maravillosa de todas la magias.

-El amor.- Dijo Lily en un susurro.

-Exacto Lily, el amor de una madre hacia un hijo, un sacrificio de amor.- Dijo Dumbledore.- Me equivoco?- Pregunto mirando a Harry.

-Alguna vez se ha equivocado?- Preguntó este a su vez, con una sonrisa.

-Eso quiere decir que Lily acabo realmente con Voldemort.

-Exacto ella me puso la protección necesaria para que Voldemort no pudiese matarme.- Ese cambio de frase no paso desapercibido por Dumbledore, o sea que Voldemort no estaba del todo muerto.- Mama es maravillosa.- Acabo Harry con una sonrisa.

-Harry tiene razón, eres maravillosa.- Dijo James mientras la abrazaba.

La profesora McGonagall sacó un pañuelo con puntilla y se lo pasó por los ojos, por detrás de las gafas. Dumbledore resopló mientras sacaba un reloj de oro del bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro. Tenía doce manecillas y ningún número; pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo. Pero para Dumbledore debía de tener sentido, porque lo guardó y dijo:

—Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no?

—Sí —dijo la profesora McGonagall—. Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, tenía que venir precisamente aquí.

—He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora.-Nooooooo.- Dijeron esta vez todos.- no puede entregarlo a esos muggles.- Le reprocharon a Dumbledore.

-No sé qué piensa mi futuro yo, pero estoy seguro que tengo una buena idea de porque lo hace, y creo que es lo más adecuado.

-Y que hay de mi.- Dijo Sirius.- Entre Lunático y yo podemos cuidarlo.

-Bueno, esa noche era una de esas noches, y Sirius tu tienes una muy buena razón para no quedarte conmigo.- Le dijo Harry con una sonrisa tranquilizadora.- Y como bien a dicho el profesor Dumbledore, era lo mejor para mi.- Aunque esto último lo dijo con un deje de tristeza, que fue interpretado por Lily, Ginny y Hermione, esta última tuvo que poner todo su fuerza de voluntad, para no ir a abrazar a su amigo, que era casi como su hermano.

—¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! —gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4—. Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!

—Es el mejor lugar para él —dijo Dumbledore con fir-meza—. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.- Se poco sirvió.- dijo Harry bajito, de manera que solo Ginny lo escucho y le abrazo con fuerza consolándole.

—¿Una carta? —repitió la profesora McGonagall, vol-viendo a sentarse—. Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso... una leyenda... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry... todos los niños del mundo conocerán su nombre.-No el día de Harry Potter es tu cumpleaños.- Le susurro Ginny con una sonrisa y este bufo.

*—Exactamente —dijo Dumbledore, con mirada muy seria por encima de sus gafas—. Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar! ¡Famoso por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?*Si esperemos que no salga a su padre.- Dijo Lily.

-Va, Potter es un ególatra rompedor de reglas.- Dijo Hermione.- Cosa que hizo que Lily y Dumbledore negaran con la cabeza.

-Como todo un merodeador.- Dijeron los merodeadores.

La profesora McGonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo:

—Sí... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo va a llegar el niño hasta aquí, Dumbledore? —De pronto observó la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry.

—Hagrid lo traerá.

—¿Le parece... sensato... confiar a Hagrid algo tan im-portante como eso?

-A Hagrid, le confiaría mi vida.- Dijo Harry.

-Nosotros también.- Dijeron los merodeadores.

—A Hagrid, le confiaría mi vida—dijo Dumbledore.

-Genial, Dumbledore podría ser un merodeador también.- Dijo Sirius.

-Lo siento señor Black, pero a mi no me gusta dar paseos por las noches como a ustedes.

-Por favor profesor llámeme Canuto o Sirius.

—No estoy diciendo que su corazón no esté donde debe estar —dijo a regañadientes la profesora McGonagall—. Pero no me dirá que no es descuidado. Tiene la costumbre de... ¿Qué ha sido eso?

Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellos miraban a ambos lados de la calle, buscando alguna luz. Aumentó hasta ser un rugido mientras los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos.

-Mi moto!- Exclamo Sirius.

La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete.

-Es es mi moto. Mi moto, mi moto.- empezó a canturrear Sirius.

Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho. Se podía decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado... Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín. En sus enormes brazos musculosos sostenía un bulto envuelto en mantas.

—Hagrid —dijo aliviado Dumbledore—. Por fin. ¿Y dónde conseguiste esa moto?

-Que es mi moto.- Dijo Sirius, y volvió a empezar a cantar.

-Oye Harry, esa es la misma moto en la que me llevas de paseo?- Pregunto Ginny.

-Sí, tu padre la arreglo y me la regalo.- Contesto Harry con una sonrisa.

—Me la han prestado; profesor Dumbledore —contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras hablaba—. El joven Sirius Black me la dejó.

-Lo sabia, mi moto.- Dijo Sirius.

Lo he traído, señor.

—¿No ha habido problemas por allí?

—No, señor. La casa estaba casi destruida, pero lo saqué antes de que losmugglescomenzaran a aparecer. Se quedó dormido mientras volábamos sobre Bristol.

-Aw.- Dijeron todas las chicas. Y Ginny le deposito un fugaz beso.

Dumbledore y la profesora McGonagall se inclinaron sobre las mantas. Entre ellas se veía un niño pequeño, pro-fundamente dormido. Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago.

—¿Fue allí...? —susurró la profesora McGonagall. —Sí —respondió Dumbledore—. Tendrá esa cicatriz para siempre.

—¿No puede hacer nada, Dumbledore?

—Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una en la rodilla izquierda que es un diagrama perfecto del metro de Londres.

-demasiada información.- Dijeron todos los chicos a coro.

-O esa es una nueva cicatriz, seguro que será de ayuda.- Dijo el profesor Dumbledore, haciendo reír a todos los de la sala.

Bueno, déjalo aquí, Hagrid, es mejor que terminemos con esto.

Dumbledore se volvió hacia la casa de los Dursley

—¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? —preguntó Hagrid.

-Awb.- Volvieron a decir todas las chicas.

Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba. Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

-Aw.- Repitieron las chicas

-Realmente me siento ofendido por eso.- Dijo Sirius a la que se ganaba un codazo por parte de James y Remus.

—¡Shhh! —dijo la profesora McGonagall—. ¡Vas a despertar a losmuggles!

—Lo... siento —lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo—. Pero no puedo soportarlo... Lily y James muertos... y el pobrecito Harry tendrá que vivir conmuggles...

—Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos —susurró la profesora McGonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que había enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los otros dos. Durante un largo minuto los tres contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La profesora McGonagall parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado.

—Bueno —dijo finalmente Dumbledore—, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

-Así lo dejas en el umbral.- Le grito Lily a Dumbledore.

-Mama, seguro que puso hechizos defensivos o algo.- Aunque la verdad es que eso tampoco se lo esperaba.

-Te todas maneras lo dejas así.- Dijo Sirius.- La carta tuvo que ser memorable. Hola soy Dumbledore mediante esta carta te informo, que el mayor capullo del mundo mágico ha matado a tu hermana y su esposo. Ah este es su hijo Harry, espero que lo cuiden como un hijo propio, porque no tiene mas familia que ustedes. Mejores deseos. Realmente profesor esta loco.- Ante esto nadie dijo nada, ya que había decaído el espíritu de todos así que Remus siguió leyendo.

—Ajá —respondió Hagrid con voz ronca—. Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con un estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.

—Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall —dijo Dumbledore, saludándola con una inclinación de cabeza. La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta.

Dumbledore se volvió y se marchó calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó el Apagador de plata. Lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudo ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

—Buena suerte, Harry —murmuró. Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció.-Créeme que la necesite.- Dijo Harry bajito, pero los oídos que la escucharon se retorcieron incómodos en sus asientos.

Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La ca-lle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo

-Aw.- Dijeron todas las chicas. Y Harry deseo con todas su fuerzas que no quedase mucho de su tiempo cuando era pequeño.

, sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche. Ni que iba a pasar las próximas semanas pinchado y pellizcado por su primo Dudley.

-Maldita sea.- Dijeron unos cuantas personas.

No podía saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: «¡Por Harry Potter... el niño que vivió!».

-Hagamos nosotros lo mismo.- Propuso Lily.- Y empezó a repartir un vaso a cada uno.

-Si realmente vamos a brindar por mí, preferiría que fuera, por Harry Potter, uno de los mayores alborotadores de Hogwarts.

-Eso es hijo, así se habla.- Dijo James. Y después de brindar volvieron todos a sus asientos. Bueno quien quiere leer ahora.

  • Yo leeré.- Dijo Frank arrebatándole el libro a Remus.

-Muy bien sigamos con la lectura.