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Historia 74019 — capítulo 4
CapítulosEl vidrio que se desvanecióEl vidrio que se desvaneció
-Antes de empezar a leer.- Dijo Remus.- Harry que tiene el carácter de su Lily o el pasotismo de James?
-Mayormente el carácter de la señora Potter, realmente no quieres tener a un Harry enfadado en tu contra.-Dijo Neville mientras reía.
-O Neville por favor, llámame Lily, y tú que a tu madre o a tu padre.
-Neville es una gran persona, con un gran corazón que siempre esta hay cuando se le necesita y dispuesta a arriesgar todos por los que ama.
-Gracias Harry.- Dijo Neville que se había puesto colorado.- pero todo eso lo aprendí de ti.
-Nada, tonterías, tú ya eras así solo que no confiabas en ti mismo.
-En eso Harry tiene razón Nev. Siempre fuiste una buena persona, solo que te faltaba confianza.
-Gracias.- Dijo este.
-Estamos muy orgullosos de ti.- Dijo Alice.- Muy apreciado por tus amigos, y una chica muy guapa por novia.
-Frank si quieres empezar a leer.- Dijo Ron.
Y Frank Leyó, ``El vidrio que se desvaneció ´´
-Que quiere decir eso?- Pregunto Sirius.
-Probablemente sea magia accidental.- Razono Frank.
-Genial vamos a leer la magia accidental de cachorro.- Dijo Sirius.
Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casi exactamente el mismo que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre las lechuzas, una noche de hacía diez años.
-Diez años, eso significa que ya eres mayor, y tienes sobre once años- Le dijo Lily a Harry.
-Si supongo, me imagino de que episodio están hablando, y allí tenia 10 años.- Contesto este con una sonrisa.
Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores
-Porque le sacaban fotos a una pelota?-Pregunto Sirius.
-Canuto, me imagino que sería el hijo.- Contesto James.
, pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otro niño.
-No me gusta cómo suena eso.- Dijo Lily, mientras se apoyaba en el pecho de James.
Sin embargo, Harry Potter estaba todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.
—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
-Es no es forma de levantar a un niño.- Dijeron todas las chicas de la sala, incluyendo a Hermione que no pudo aguantarse.
Harry se despertó con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.
—¡Arriba! —chilló de nuevo.
-Oh, Tuney.- Dijo Lily.- No tendrías que pagar tus celos con el pobre niño. Ante eso Harry sonrió y pensó ``teoría confirmada, petunia tenia celos de mama y por eso era así´´
Harry oyó sus pasos en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón. El niño se dio la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba.
-Te acordabas de mi moto.- Pregunto Sirius emocionado
-Pues bueno, acordarme no, pero si había soñado con ella varias veces.- Contesto Harry. Haciendo que Sirius retomase su cancioncita de mi moto mi moto.
Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente.
Su tía volvió a la puerta.
—¿Ya estás levantado? —quiso saber.
—Casi —respondió Harry
-Mentiroso.- Dijo Sirius con una sonrisa en los labios.
-Tampoco mentí.- Respondió Harry.- Estaba a punto de levantarme, y no iba a tardar mucho, asique que no es una mentira.
-No solo es una de las verdades a medias de Potter.- Dijo Hermione, aunque le gustaba esa faceta de que nunca mentía.
-Gracias prefecta perfecta.- Contestaron los merodeadores mas Harry.
—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme.
-Qué? Sabes cocinar?- Pregunto Ron
-Sí y cocina muy bien a decir verdad.- Contesto Ginny con una sonrisa, que ya había probado los desayunos hechos por él.
-Y entonces porque…- pero no siguió porque Harry le corto antes de que metiera la pata.
-Solo se hacerlo a la forma muggle.- Respondió este acabando la discusión.
Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.
Harry gimió.
-Buena reacción cachorro.- Dijo Sirius.
—¿Qué has dicho? —gritó con ira desde el otro lado de la puerta.
—Nada, nada...
El cumpleaños de Dudley... ¿cómo había podido olvidarlo? Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus calcetines. Encontró un par debajo de la cama
-Harry deberías ser más ordenado.- Le regaño su madre, pero él no contesto sabía lo que venía, lo iba a decir el libro y la sala se iba a volver loca.
y, después de sacar una araña de uno, se los puso
Ante esto Ron, estaba escondido detrás de un cojín y todos se fijaron en él, por suerte para Harry nadie diría nada acerca de las arañas en sus calcetines sino que se reirían de Ron
-Oh, el niño pequeño tiene miedo de las arañas.- Dijo Sirius.
-Calla.- Respondió este.
-Miedo no pánico.-Contesto Harry mientras reía recordando la aventura en el bosque de su segundo año.
. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía.
Al leer eso a Frank se le cayó el libro de las manos, y un silencio absoluto inundo la sala. La única que hizo algo fue Ginny, que se pego mas fuerte al cuerpo de Harry.
-No he tenido que leer mal.- Murmuro Frank, y se agacho a volver a coger el libro y Harry pensó que ojala eso fuera cierto.- y Frank volvió a leer.
. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía
Y el pánico se desato en la sala, los merodeadores se pusieron de pies gritando improperios contra los Dursley y diciendo que no sabían la que les venía encima. Lily por su parte se había unido a Ginny a la hora de abrazar a Harry. El resto tenía una mirada triste en el rostro, sabiendo que eso no tenia que vivirlo ningún niño y imaginándose la dura infancia de ese pequeño. Después de varios minutos más de insultos y murmullos de maldiciones, la lectura prosiguió.
Cuando estuvo vestido salió al recibidor y entró en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños de Dudley. Parecía que éste había conseguido el ordenador nuevo que quería, por no mencionar el segundo televisor y la bicicleta de carreras.
-Sigo sin entender para que la quería.- Dijo Harry
La razón exacta por la que Dudley podía querer una bicicleta era un misterio para Harry, ya que Dudley estaba muy gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto.
-Espero que no te pegase.- Dijo James con un brillo asesino en el rostro.
-Bueno intentaba cogerme, pero no le daba opción.- Dijo Harry.- Yo era un niño flacucho y rápido y él un niño grande y gordo.
El saco de boxeo favorito de Dudley era Harry, pero no podía atraparlo muy a menudo. Aunque no lo parecía, Harry era muy rápido.
-Eso ya lo ha dicho cachorro.- Dijo Sirius.
Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero Harry había sido siempre flaco y muy bajo para su edad.
-Lo siento, pero eso no es por vivir en un alacena. Eso es porque tu apellido es Potter y eres hijo de tu padre.- Dijo Sirius mientras empezaba a reir junto a Remus al recodar la primera vez que vieron a James.
-No somos flacuchos y bajitos.- Dijeron los dos Potter indignados.
-Si lo erais.- Dijo el resto de la sala, causando que los dos Potter se cabrearan.Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley, y su primo era cuatro veces más grande que él.
-Solo Cuatro.- Dijo Harry con una sonrisa que no le llego a los ojos.
Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante. Llevaba gafas redondas siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley le había pegado en la nariz. La única cosa que a Harry le gustaba de su apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago.
-Te gustaba tu cicatriz?- Preguntaron todos los chicos del futuro, sabiendo de sobra que Harry odiaba su fama y su cicatriz.
-Supongo que seria, porque eso me haría diferente, especial. Pero en cuanto aprendí como me la hice dejo de gustarme.- Dijo Harry, haciendo que Ginny le abrazara con fuerza, y que Lily enterrase su rostro en el pecho de James.
La tenía desde que podía acordarse, y lo primero que recordaba haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la había hecho.
-Entonces no te acuerdas de nosotros?- Pregunto James.
-No solo lo que otros me han dicho, por eso he decidido hacer todo esto para tener la oportunidad de tener mis propios recuerdos, y poder conoceros mejor.-Dijo Harry, mientras Lily le daba un abrazo.
—En el accidente de coche donde tus padres murieron —había dicho—. Y no hagas preguntas.
-Ni siquiera te dijeron la verdad!- Exclamaron todos, y como este negó con la cabeza, la lectura prosiguió.
«No hagas preguntas»: ésa era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los Dursley.
Y como se supone que va a aprender?- Pregunto Lupin.
-Ahí esta cosa, no querían que aprendiese nada.-Dijo Harry
Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta al tocino.
—¡Péinate! —bramó como saludo matinal.
-No va a funcionar!.- Dijeron divertidos los merodeadores mas Ron y Ginny.
Una vez por semana, tío Vernon miraba por encima de su periódico y gritaba que Harry necesitaba un corte de pelo. A Harry le habían cortado más veces el pelo que al resto de los niños de su clase todos juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.
-La otra maldición de los Potter.- Dijo James.- Todos tenemos un pelo que es un descontrol, pero nos gusta como es.- Dijo James con orgullo.
-Sabes Cornamenta que te encantaría tener mi pelo.- Dijo Sirius orgulloso.
-Calla si tienes pulgas.- le contesto James.
-Ya vale.- Dijo Lunático antes de que alguno de sus amigos metiese la pata.
Harry estaba friendo los huevos cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda.
-Vamos un cerdo con peluca en otras palabras.- Dijo James. Lo que hizo que Harry riese.
Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry decía a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.
-Muy hijo, me gusta cómo funciona tu mente.- Dijo James con orgullo, mientras Lily negaba con la cabeza.
Harry puso sobre la mesa los platos con huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.
—Treinta y seis —dijo, mirando a su madre y a su padre—. Dos menos que el año pasado.
-Niño consentido.- gritaron todos.
—Querido, no has contado el regalo de tía Marge.
-Harry esa es la que?- pregunto Ron y este asintió lo que hizo que todos los que conocían esa historia riesen.
Mira, está debajo de este grande de mamá y papá.
—Muy bien, treinta y siete entonces —dijo Dudley, poniéndose rojo.
Harry; que podía ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzó a comerse el beicon lo más rápido posible, por si volcaba la mesa.
Tía Petunia también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:
—Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien?
Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.
—Entonces tendré treinta y.. treinta y..
-Ah, ni siquiera sabe contar.- Dijo Hermione con desprecio.
—Treinta y nueve, dulzura —dijo tía Petunia.
—Oh —Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces está bien.
Tío Vernon rió entre dientes. —El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre.
-Mientras sea lo que vale y no lo que pese.- Dijo Ron, haciendo reír a todos.
¡Bravo, Dudley! —dijo, y revolvió el pelo de su hijo.
En aquel momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a cogerlo, mientras Harry y tío Vernon miraban a Dudley, que estaba desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión con control remoto, dieciséis juegos nuevos para el ordenador y un vídeo. Estaba rompiendo el envoltorio de un reloj de oro, cuando tía Petunia volvió, enfadada y preocupada ala vez.
—Malas noticias, Vernon —dijo—. La señora Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlo. —Volvió la cabeza en dirección a Harry.
-No hay una señora Figg en la orden?- Pregunto Frank.
-Así es, es una squib que está escondida entre muggles, nos es de mucha ayuda.- Dijo Dumbledore.
-Si es ella.- Acabo Harry.
La boca de Dudley se abrió con horror, pero el corazón de Harry dio un salto. Cada año, el día del cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día a un parque de atracciones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry se quedaba con la señora Figg, una anciana loca que vivía a dos manzanas. Harry no podía soportar ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg le hacía mirar las fotos de todos los gatos que había tenido.
-Si es ella y sabe quién eres, porque te hace pasar esos malos ratos.
-Porque si los Dursley se enteraban que me lo pasaba bien allí, no me dejarían volver.- Contesto Harry.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó tía Petunia, mirando con ira a Harry como si él lo hubiera planeado todo. Harry sabía que debería sentir pena por la pierna de la señora Figg, pero no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez aTibbles,Snowy, elSeñor PawsoTufty.
—Podemos llamar a Marge —sugirió tío Vernon.
—No seas tonto, Vernon, ella no aguanta al chico.
-Y yo no la aguanto a ella.
Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry de aquella manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que era tan tonto que no podía entenderlos, algo así como un gusano. —¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se llama... Yvonne?
—Está de vacaciones en Mallorca —respondió enfadada tía Petunia.
—Podéis dejarme aquí —sugirió esperanzado Harry. Podría ver lo que quisiera en la televisión, para variar, y tal vez incluso hasta jugaría con el ordenador de Dudley
Tía Petunia lo miró como si se hubiera tragado un limón.
—¿Y volver y encontrar la casa en ruinas? —rezongó.
—No voy a quemar la casa —dijo Harry, pero no le escucharon.
—Supongo que podemos llevarlo al zoológico —dijo en voz baja tía Petunia—... y dejarlo en el coche...
-Mi hijo no es un perro, su padrino si pero mi hijo no.- Dijo James, mientras el resto asentía con la cabeza.
—El coche es nuevo, no se quedará allí solo...
Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.
—Mi pequeñito Dudley no llores, mamá no dejará que él te estropee tu día especial —exclamó, abrazándolo.
—¡Yo... no... quiero... que... él venga! —exclamó Dudley entre fingidos sollozos—. ¡Siempre lo estropea todo! —Le hizo una mueca burlona a Harry, desde los brazos de su madre.
Justo entonces, sonó el timbre de la puerta.
—¡Oh, Dios, ya están aquí! —dijo tía Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato. Media hora más tarde, Harry, que no podía creer en su suerte, estaba sentado en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en su vida. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harry.
—Te lo advierto —dijo, acercando su rostro grande y rojo al de Harry—. Te estoy avisando ahora, chico: cualquier cosa rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta la Navidad.
-Espero que sea una falsa amenaza.- Dijo Lily con pena.
—No voy a hacer nada —dijo Harry—. De verdad...
Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo hacía.
El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a los Dursley que él no las causaba.
-No sé si se refieren a que seas mago, o que seas un Potter. Porque los Potter tenemos tendencia a hacer cosas increíbles.- Dijo James con orgullo pero se gano una colleja por parte de Lily.
En una ocasión, tía Petunia, cansada de que Harry volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó «para ocultar la horrible cicatriz». Dudley se rió como un tonto, burlándose de Harry, que pasó la noche sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas.
-Los niños pueden ser realmente crueles.- Dijo Frank.- Y mas con un caso así.
-No digas cosas así.- Le dijo Lily con un hilito de voz.
Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que antes de que su tía lo cortara.
-Si bien hecho. Esa magia es impresionante, yo solo conseguía hacer levitar cosas.- Dijo Sirius.- Mi ahijado tiene que ser un gran mago.
Como castigo, lo encerraron en la alacena durante una semana, aunque intentó decirles que no podía explicar cómo le había crecido tan deprisa el pelo.
-Oh, Tuney, sabes perfectamente porque había sido, porque le castigas.- Dijo Lily desde su sitio en el pecho de James.
Otra vez, tía Petunia había tratado de meterlo dentro de un repugnante jersey viejo de Dudley (marrón, con manchas anaranjadas). Cuanto más intentaba pasárselo por la cabeza, más pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a una muñeca, pero no a Harry.
-Impresionante cachorro.- Dijeron Sirius y Remus.
Tía Petunia creyó que debía de haberse encogido al lavarlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.
-Ah, entonces quizá no quería castigarte si estaba ella sola, si no que lo hacía por su estúpido marido.- Dijo Lily un poco esperanzada.
-Probablemente tenga razón en eso.- Dijo Harry.- Siempre me castigaba él, Petunia no solía hacer nada.
Por otra parte, había tenido un problema terrible cuando lo encontraron en el techo de la cocina del colegio.
-Que hiciste?- Pregunto Sirius
El grupo de Dudley lo perseguía como de costumbre cuando, tanto para sorpresa de Harry como de los demás, se encontró sentado en la chimenea.
-Te apareciste!- Gritaron todos.
-Esa magia accidental es impresionante!- Dijo Lily.
-Estoy de acuerdo- Dijo Dumbledore.
-No estoy tan seguro de que apareciera.- Dijo Harry.
-Sino hiciste eso como llegaste allí arriba?- Pregunto ahora Sirius.
-Quizá volé.- Dijo Harry.
-Nadie puede volar sin escoba.- Dijo James.
-Eso no es del todo cierto, señor Potter, hay una magia muy poderosa que te permite volar sin escoba, pero sería incluso más impresionante que aparecerse.- Dijo Dumbledore, recordando aquella vez que vio a Voldemort salir huyendo volando sin escoba.
-Además mama cuando era pequeña también podía hacer algo parecido.
-Como sabes eso?- Pregunto esta extrañada.
-He visto ciertas memorias.- Dijo Harry
-Ah, vale, pero lo mío era caer con estilo.- Dijo Lily mientras le dirigía una sonrisa.
Los Dursley recibieron una carta amenazadora de la directora del colegio, diciéndoles que Harry andaba trepando por los techos del colegio. Pero lo único que trataba de hacer (como le gritó a tío Vernon a través de la puerta cerrada de la alacena) fue saltar los grandes cubos que estaban detrás de la puerta de la cocina. Harry suponía que el viento lo había levantado en medio de su salto.
-En serio cachorro, tienes que aprender mejores escusas.
-Ni que las tuyas fuesen mejores.- Dijeron Remus y James.
-Además con la práctica se aprende.- Dijo Harry.
-Es cierto, mejoramos mucho al final.- Dijo Ron.
Pero aquel día nada iba a salir mal. Incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su alacena, o en el salón de la señora Figg, con su olor a repollo.
Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harry, el ayuntamiento, Harry, el banco y Harry eran algunos de sus temas favoritos. Aquella mañana le tocó a los motoristas.
-Parece que le dabas tema de conversación cachorro.- Dijo Sirius mientras reía, lo que hizo que se ganara una colleja.
—... haciendo ruido como locos esos gamberros —dijo, mientras una moto los adelantaba.
—Tuve un sueño sobre una moto —dijo Harry recordando de pronto—. Estaba volando.
-Mal movimiento.- Dijo Alice.
-Cachorro estoy orgulloso de que te acuerdes de mi moto, pero de hay ha mencionarlo.- Dijo Sirius.
-Si lo sé, pero estaba feliz en ese momento, y no pensó.-Contesto Harry.
-Tú nunca piensas solo actúas.- Dijo Hermione con orgullo, y Harry bajo un poco la cabeza aceptando el cumplido.
Tío Vernon casi chocó con el coche que iba delante del suyo. Se dio la vuelta en el asiento y gritó a Harry:
—¡LAS MOTOS NO VUELAN!
Su rostro era como una gigantesca remolacha con bigotes. Dudley y Piers se rieron disimuladamente.
—Ya sé que no lo hacen —dijo Harry—. Fue sólo un sueño.
Pero deseó no haber dicho nada. Si había algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que Harry hacía, era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma indebida, no importa que fuera un sueño o un dibujo animado. Parecían pensar que podía llegar a tener ideas peligrosas.
-Lo de las ideas peligrosas viene de series con Potter.- Dijo Hermione, recordando todas las aventuras en las que se habían metido por culpa de Harry, aunque eso no quiere decir que no estuviese orgullosa de él.
-Como todo un merodeador.- Dijeron los merodeadores con orgullo.
Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, como la sonriente señora del puesto preguntó a Harry qué quería antes de que pudieran alejarse, le compraron un polo de limón, que era más barato.
-Pero si están muy buenos.- Dijeron Ginny y Lily.
-Si lo sé. También son mis favoritos, pero si les hacia aprecio me lo quitarían.- Dijo Harry.
Aquello tampoco estaba mal, pensó Harry, chupándolo mientras observaban a un gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.
-Muy bueno.- Dijeron todos mientras reían.
-Desde cuando eres tan gracioso.- Dijo Ron.
-Ron Harry siempre ha sido gracioso.- Dijo Ginny.
-Cierto.- Respondió este.
Fue la mejor mañana que Harry había pasado en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar un poco alejado de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle a él. Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar el primero.
Más tarde, Harry pensó que debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.
-No me gusta cómo suena eso.- Dijo Lily en un susurro.
Después de comer fueron a ver los reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Podía haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.
Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.
—Haz que se mueva —le exigió a su padre.
Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió.
—Hazlo de nuevo —ordenó Dudley.
Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.
—Esto es aburrido —se quejó Dudley. Se alejó arrastrando los pies.
Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro, sin duda se habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa.
De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry.
Guiñó un ojo.
-Que!- Gritaron todos.
-Harry, aléjate de ella es una serpiente, las serpientes no son buenas.- Dijo James.
Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Nadie le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y también le guiñó un ojo.
La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:
—Me pasa esto constantemente.
—Lo sé —murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo—. Debe de ser realmente molesto.
-Por favor dime que no hablas parsel.- Dijo James en un susurro.
-Por aquel entonces si podía hablar parsel.- Contesto Harry.
-Noo.- Grito James.- Pero cómo es posible, quiero decir en mi familia nadie habla parsel, y Lily es nacida de muggles, y el parsel se transmite por reproducción, no es posible que Harry hable parsel.
-Probablemente lo averigüemos con la lectura.- dijo Dumbledore, el cual estaba pensando que allí había algo raro, Harry había dicho, que en ese tiempo podía hablar, lo que significa que ahora no podía. Que podría haber pasado ahí. Voldemort podía tener algo que ver con eso, ya que hoy en día él es el único hablante de parsel.
La serpiente asintió vigorosamente.
—A propósito, ¿de dónde vienes? —preguntó Harry
La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.
«Boa Constrictor, Brasil.»
—¿Era bonito aquello?
La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».
—Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?
Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
—¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.
—Quita de en medio —dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento.
-Devuélvesela cachorro.- Dijo Sirius con una sonrisa maliciosa en el rostro.
Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror.
Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido. La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.
-Si bien hecho cachorro. Crea el caos.- Dijo Sirius.
Mientras la serpiente se deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:
—Brasil, allá voy... Gracias, amigo.
-Parece una serpiente maja.- Dijo Sirius.- Y eso que yo odio a las serpientes.
-Por supuesto señor Black, no todas las serpientes son malas.-Dijo Dumbledore.
El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.
—Pero... ¿y el vidrio? —repetía—. ¿Adónde ha ido el vidrio?
El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que había intentado estrangularlo. Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:
—Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?
-Niño idiota ahora meterá a cachorro en problemas.
Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.
—Ve... alacena... quédate... no hay comida —pudo decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle una copa de brandy.
Mucho más tarde, Harry estaba acostado en su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía qué hora era y no podía estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podía arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.
-Bueno por lo menos tiene una mente merodeadora y no se va a quedar quieto.- Dijo James.
Había vivido con los Dursley casi diez años, diez años desgraciados, hasta donde podía acordarse, desde que era un niño pequeño y sus padres habían muerto en un accidente de coche. No podía recordar haber estado en el coche cuando sus padres murieron. Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante las largas horas en su alacena, tenía una extraña visión, un relámpago cegador de luz verde y un dolor como el de una quemadura en su frente.
-Sobreviviste a una maldición asesina.- Dijo Frank con la boca abierta.
Aquello debía de ser el choque, suponía, aunque no podía imaginar de dónde procedía la luz verde. Y no podía recordar nada de sus padres. Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenía prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa.
Cuando era más pequeño, Harry soñaba una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárselo, pero eso nunca sucedió: los Dursley eran su única familia. Pero a veces pensaba (tal vez era más bien que lo deseaba) que había personas desconocidas que se comportaban como si lo conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Un hombrecito con un sombrero violeta lo había saludado, cuando estaba de compras con tía Petunia y Dudley Después de preguntarle con ira si conocía al hombre, tía Petunia se los había llevado de la tienda, sin comprar nada. Una mujer anciana con aspecto estrafalario, toda vestida de verde, también lo había saludado alegremente en un autobús. Un hombre calvo, con un abrigo largo, color púrpura, le había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían desaparecer en el momento en que Harry trataba de acercarse.
-Se aparecerían.- Dijo Alice.
En el colegio, Harry no tenía amigos. Todos sabían que el grupo de Dudley odiaba a aquel extraño Harry Potter, con su ropa vieja y holgada y sus gafas rotas, y a nadie le gustaba estar en contra de la banda de Dudley.
-Malditos abusones.- Dijo Sirius.
-Mira quien fue a hablar.- Dijo Lily.
-Vamos pelirroja, sabes que nosotros, lo hacíamos por divertirnos, hasta a los que le tocaban la broma se reían. Y solo teníamos un objetivo marcado, y era porque el jugaba igual de sucio con nosotros.- Dijo Sirius.
-Eso es cierto.- Dijo Lily.
-Bueno hasta aquí el capitulo.- Dijo Frank.- Quien quiere leer?
-Yo leeré.-Dijo Alice a la que cogía el libro.