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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 1

Se revolvió por centésima sobre su cama, intentando aplacar aquellos pensamientos que no dejaban de revolotear alrededor de su cabeza. Suspiró frustrada entendiendo que aquel había sido el peor verano de toda la historia.

No había podido pasar el verano en la Madriguera cómo lo había planeado, de hecho, apenas y tenía contacto con la familia Weasley.

Debía admitir que el segundo en que su madre le informó que irían a Estados Unidos a ver la estatua de la libertad no sintió ninguna otra cosa aparte de decepción, inclusive molestia hacia sus padres por tomar decisiones a último minuto… pero en el momento de ver la cara de felicidad que poseían se tuvo que tragar todos sus sentimientos, ignorando olímpicamente el hecho que no podría ver a sus dos mejores amigos hasta dentro de unos meses.

"Meses" repitió con frustración una voz dentro de su cabeza, cómo si fuera capaz de olvidarlo.  

—¡Hermione Granger o bajas a comer o subo a bajarte yo misma! —gritó su madre con tanta efusividad que estuvo a punto de caerse de la cama de la impresión. Jean Granger no era precisamente adorable cuando se molestaba.

—¡Mamá, no tengo hambre!—gritó de vuelta rogando a Merlín que no insistiera ésta vez, cómo era su costumbre.

Hubo una pequeña discusión entre madre e hija pero, finalmente la señora Granger cedió y dejándola tranquila con la condición de que cenara bien.

Mientras tanto la mente de Hermione iba y venía en lo que pasaría en un futuro, había estado de muy malos humos las últimas semanas y ni siquiera ella sabía el porqué, culpaba el hecho de que estaba a tan sólo dos semanas de volver a Hogwarts y se reclamaba mentalmente no haber hecho los deberes.

"¡Tú no eras así! Ahora, aparte de tener encima los útiles escolares, ¡tendrás los deberes!" se reprimía "Pero claro, sigue distrayéndote leyendo libros y escribiendo cartas a Ron…"

Las cartas… no era que se escribieran con regularidad, pero por lo menos estas le daban la seguridad que todo estaba bien en el mundo mágico y en la vida de la familia Weasley. Aunque varias veces había tenido que usar una lupa o poner la carta contra la luz del sol para descifrar la caligrafía de Ron, le gustaba recibirlas, ver la lechuza color gris picoteando su ventana era lo más emocionante que le había sucedido durante aquel verano.

Al pensar en Ron su mente, cómo acto reflejo, imaginó su otro mejor amigo… el que generalmente corría peligro de muerte y aun así poseía aquella sonrisa tan angelical en su rostro… agitó su cabeza intentando con todas sus fuerzas alejar aquella imagen. No quería volver a torturarse, no de nuevo. 

Harry Potter era probablemente la persona más egoísta, ególatra y orgullosa de todo el mundo… ni una visita, una carta, un mensaje de humo… nada, era prácticamente cómo si hubiera desaparecido. Suspiró con pudor dejando que finalmente aquellos pensamientos comenzaran a torturarla, no pasaba un solo día en el que no se preocupara por él.

¿Y si le había pasado algo?, ¿y si sus tíos finalmente lo habían echado de la casa?, ¿y si él había huido? Todos esos "y si" habían estado a punto de volverla loca, el año pasado había estado a punto de morir en el torneo de los tres magos, Cedric Diggory había muerto en las manos del mago más tenebroso del mundo… el mago que estaba tras de él, el mago que su única meta era asesinar -y posiblemente torturar—a Harry. Lord Voldemort.

Y Harry había desaparecido justo ese verano, exactamente después de que Voldemort regresara.  

Aún tenía que esperar una semana para ir a la Madriguera, una semana más y podría verlo… no sabía porque le importaba tanto, porque Harry siempre había sido su principal prioridad. En el cuarto curso ella casi había muerto de nervios y preocupación en el momento que se enfrentó al dragón, verlo ahí de pie y a punto de ser carbonizado había sido cómo si su peor temor se materializara. Incluso había jurado -para sus adentros—que si aquel Colacuerno Húngaro se atrevía a quemarle un solo mechón de cabello ella misma se encargaría de su muerte.

Pero ¿por qué?, sabía perfectamente que si Ron hubiera sido el expuesto al peligro ella sólo se hubiera refugiado en los brazos de Harry. Se hubiera preocupado, sí, mas estaba segura que no sentiría la adrenalina corriendo por todo su cuerpo y la imperiosa necesidad de ir a ayudarlo cómo había sentido con Harry… siempre había sido así, siempre era Harry Potter. Si algo llegaba a pasarle… no sabía que sería de ella.

Mordió su labio inferior dudando si debía hacer aquello, finalmente estiró su brazo para tomar la fotografía que segundos antes reposaba sobre la coqueta contigua a su cama. Una genuina sonrisa apareció al verla, era una imagen mágica, ella se estaba riendo mientras se veía cómo un azabache sonreía al tiempo que pasaba su brazo alrededor de los hombros de ella, ambos se miraban unos segundos sin dejar de reírse antes de que el cuadro se repitiera nuevamente. Aunque pareciera inverosímil aquella era la única fotografía que tenía de él… al menos de ellos dos solos, en las demás siempre había un pelirrojo interponiéndose, hecho que le molestaba de sobremanera. Y, por esa razón, aquella era su foto favorita, generalmente Hermione odiaba las fotografías pero esa era la excepción simplemente porque estaba con él.

Por fin el momento tan esperado había llegado, estaba tan sólo a unas horas de irse de su casa, ningún otro verano había estado tan alegre por dejar su hogar… pero ese definitivamente era la excepción. Miró unos segundos a sus padres quienes se encontraban frente a ella dedicándoles una sonrisa tranquilizadora, sabedora que nunca les había gustado ver a su hija desaparecer por la chimenea envuelta en llamas verdes… abrazó a su padre rápidamente y le dedicó un beso en la mejilla a su madre, acelerando su partida al notar que los ojos de ésta estaban llenos de lágrimas contenidas.

—La Madriguera. —dijo con voz firme cuando estuvo bien colocada. Sintió aquel mareo y repentinamente todo comenzó a dar vueltas, sólo podía visualizar las figuras de sus padres dando vueltas hasta que todo oscureció. Al volver a abrir los ojos vio la cara de su pecoso amigo pelirrojo observándola con su sonrisa de oreja a oreja, cómo era su costumbre.

—Ron. —dijo sorprendiéndose al escuchar el júbilo en su propia voz, él la ayudó a levantarse y le dio un abrazo que le sacó el aire de los pulmones. —¡Por Merlín, Ronald, cuanto has crecido! 

—Claro, Herms. ¿Esperabas que me quedara enano el resto de mi vida? —contestó con su tono burlón.

Al escuchar aquel sobrenombre sintió una punzada de dolor, aquel era el apodo que Harry le había puesto desde segundo grado… y por algún motivo únicamente le gustaba cuando él lo decía.

Era sorpréndete cuanto había crecido Ron en el verano, medía aproximadamente 1.80m. su tez clara, sus pecas y su cabello rojo cómo el fuego le daban cierto aire a Archie el de los comics, cosa que una vez hizo notar la castaña pero no hubo reacción de su parte pues no tenía ni idea de quién era ese "Hermione deja esas cosas de muggles de una vez" solía decir el pelirrojo cada vez que Hermione se refería a algún objeto no—mágico.

—¡Hermione! —se giró justo para ver que era Ginny quien se lanzaba a sus brazos, dándole un empujón nada sofisticado a su hermano mayor para quitarlo del camino.

—¡Ginny! —respondió la aludida con la misma alegría y correspondiendo su abrazo.

Hermione fue saludando a todos los Weasley presentes, todos la recibieron con efusividad y se mostraron interesados en lo que había hecho ese verano. Pero, mientras daba una explicación con lujo de detalle de cómo era la estatua de la libertad, una alarma se encendió dentro de su mente. Desde que había puesto un pie dentro de la habitación había notado su ausencia pero había optado por sufrir en silencio unos segundos.

—¿Y don...?

—¡Vamos... te enseñare nuestra habitación! —interrumpió Ginny antes de que alcanzara a formular la pregunta.

La arrastró hacia su cuarto sin darle la oportunidad de objetar, aunque ya se sabía éste de memoria, contenía dos colchones y posters de los músicos mágicos, los cuales Hermione detestaba pues opinaba que cantar con ayuda de la magia no era cantar; estaba pintado de un suave color rosado con una enorme mancha negra de uno de los fallidos experimentos de los gemelos que Ginny había despistado poniendo un cartelón de un equipo de Quidditch encima.

—Hermione, te tengo una bomba.—dijo, dejándose caer sobre una de las camas mientras la castaña se sentaba en la otra temiendo lo que se venía, una conversación de dos horas acerca de la vida personal de Ginny. —¿Recuerdas a David? ¿Mi antiguo novio?

Así continúo toda la conversación, donde la ojimiel no tenía ni porque hablar, sólo asentía o confirmaba lo que Ginny decía en el momento indicado aunque no prestaba atención a una sola palabra de lo que decía.

—¡La cena está lista!—el grito de la señora Weasley fue la salvación para Hermione, necesitaba encontrar la manera de hablar a solas con Ron y preguntarle que sabía acerca de Harry. Pero cuando bajó, cualquier plan que había trazado había abandonado su mente, mientras que una expresión de espanto recorría su rostro.

—¿¡Qué haces aquí!?—vociferó con miedo y furia mezclados en la voz, se acercó a Sirius de una manera que intimidaría a cualquiera.

—Recorrí los mares y cielos para que me trates con desprecio. —contestó sin poder evitar retroceder unos pasos ante la bienvenida de Hermione, gesto que la hizo fruncir el ceño.

Sirius Black puso una expresión angelical extendiendo sus brazos hacia ella, resoplando y sin ninguna otra opción la castaña se acercó dándole un pequeño y casto abrazo, la verdad es que había cambiado mucho, tenía puesta ropa decente sin mencionar que se había cortado el pelo dándole el aire de un hombre común y corriente.

Todos se sentaron en la mesa, Hermione entre Ron y George dejando a Sirius y al señor Weasley a los extremos de la mesa. La cena se veía exquisita, era un festín digno de fotografía, había de todos los manjares que alguien puede imaginar. Hermione no había notado lo mucho que había extrañado la comida de la señora Weasley hasta el momento en que su estómago comenzó a rugir por tan sólo oler aquel banquete.

Después de unas preguntas acerca del viaje de Sirius que respondió con un vago "Estuvo bien, no hubo complicaciones" se formuló la pregunta que le había estado carcomiendo la garganta todo aquel tiempo.

—Y... ¿dónde está mi ahijado? Creí que estaba aquí. —dijo con cara de total desilusión en su rostro mientras se llevaba un poco de jugo de calabaza a la boca.

Un silencio sepulcral se hizo presente. El señor Weasley torció el gesto mirando apenado hacia la mesa, gesto que Sirius no pasó desapercibido y lo miró intimidadoramente.

—No-nosotros… no lo sabemos. —tartamudeó el señor Weasley con la vergüenza impregnándole la voz, un estremecimiento recorría la columna vertebral de Hermione mientras miraba con sorpresa a cada uno de los presentes y su mente se ponía en estado de alarma, todos tenían la mirada baja… excepto Sirius que tenía los ojos abiertos cómo platos y estaba apretando de manera colérica el tenedor.

—¿¡Qué!? —Gritó fuera de sus cabales, poniéndose tan bruscamente de pie que su silla cayó hacia atrás golpeando estrepitosamente el suelo.

—Sirius, ¡cálmate! Te lo explicaremos todo pero… no es el momento. —apaciguó el señor Weasley mientras su mirada se enfocaba en Hermione.

—Si lo dicen por mí, creo que tengo el mismo derecho que todos ustedes para saber que le paso a mi amigo. —dijo mientras sus mejillas se tornaban un carmín intenso, pero su voz fue tan firme y clara que todos los presentes se quedaron boquiabiertos.

—Claro que no es por ti, querida. —se apresuró a corregir Molly con su dulce tono de voz. —Pero tenemos que hablar con Dumbledore antes que nada…

—¡Tengo derecho a saberlo ahora mismo!—interrumpió Sirius.

En ese instante se escucharon unos débiles golpeteos en la puerta, Molly se apresuró a pararse yendo rápidamente hacia ella.

—¿Santo y seña? —preguntó.

—Chocolate de bombón—respondió la inconfundible voz de Dumbledore que inmediatamente entró a la habitación.

El ambiente se calmó ante su sola presencia, su barba caía libremente hasta llegar a casi rozar el suelo; sus gafas de media luna resbalaban lentamente por su nariz y su semblante era serio, cómo si acabara de entrar a un velorio. Todos seguían sus movimientos con la mirada, observando cómo tomaba asiento después de aparecer una silla y se remangaba la túnica azul celéste antes de sentarse y observar detenidamente a todos los presentes.

—Les debo bastantes explicaciones... pero me temo, que no tengo la información suficiente…—comenzó con aquella voz tan tranquila.

—¡Mi ahijado puede estar siendo torturado por Voldemort mientras que usted me dice que no tiene la información!—espetó Sirius, todos se estremecieron ante la sola idea. Los ojos de Hermione empezaban a llenarse lentamente de lágrimas y con sorpresa veía cómo los de Dumbledore también.

—Me temo Sirius, que no soy perfecto, a veces tengo fallas… y ésta vez cometí la falla más grande de toda mi vida. —se lamentó mientras unos cuantas lágrimas resbalaban por su mejilla, ahora todos estaban escuchándolo atentamente, por sus caras Hermione podía deducir que ninguno sabía que le paso verdaderamente a Harry.

—No sé qué pasó con él. El último día de clases, justo antes de abordar el expreso, lo vi. Pero se veía tan… diferente, tan perdido. Intenté comenzar una conversación con él, reconfortarlo por todo lo que acababa de suceder pero parecía que ni siquiera me escuchaba… su voz es algo que hasta el día de hoy sigue dándome vueltas por la cabeza… tan fría, tan gélida que incluso pensé que estaba bajo la maldición Imperius. —comenzó mientras se ponía de pie rondando alrededor de la mesa. —Ni siquiera miraba igual, juraría que me veía con tanto odio que estaba debatiéndose si matarme ahí mismo…

Hizo una pausa mientras jugaba despistadamente con su barba, cómo si aquel recuerdo lo hubiera hecho perder el hilo de la conversación unos segundos. Todos lo miraban boquiabiertos incluso dudando de la veracidad de sus palabras, es decir, ¡era Harry de quien hablaban! El niño que vivió, el que a pesar de pasar una vida traumática siempre tenía aquella sonrisa de picardía… e imaginarlo tan lleno de odio cómo para querer matar a Dumbledore era algo inverosímil.

—Creí que sería algo momentáneo, así que sólo lo dejé ir… sabiendo que algo se había roto dentro de él, lo dejé ir. Pero estaba preocupado, sabía que algo andaba simplemente mal. Un mes después fui a la casa de los Dursley… ellos me dijeron que hace tres días se había marchado con un tipo extraño presuntamente un auror.

Llamé al ministerio de magia y ellos me confirmaron que no habían mandado a nadie a buscar a Harry Potter. Hice todas las investigaciones posibles, nada. Incluso hurgué en los recuerdos de los muggles, quien haya sido era muy listo puesto que distorsionó todos sus recuerdos haciéndolos ver cómo simples borrones… comencé a preocuparme. Entonces la respuesta llegó a mi… había estado ocupado buscando en los lugares más recónditos del mundo que nunca se me ocurrió en el más obvio… su habitación. Cuando llegue todo estaba impecable, cómo si nadie hubiera habitado ahí nunca… únicamente había una pequeña hoja muggle doblada sobre su cama, una pequeña pista de que seguía con vida. La leí, releí me la aprendí de memoria, examiné en todos los aspectos posibles pero… es una carta de despedida. —terminó la frase, todos dejaron de respirar, nadie podía dar crédito a lo que acababa de escuchar. La mente de la castaña entró en una clase de crisis mental, donde lo único que podía pensar era el nombre de Harry.

Dumbledore sacó una carta de su bolsillo, la miró con nostalgia unos segundos para finalmente depositarla sobre las manos de Sirius que lucía igual de impactado que todos. Hermione se paró y se puso detrás del mencionado viendo la inconfundible letra de su amigo… y comenzó a leer:

Dumbledore, sin duda serás tú quien encuentre esta carta. Y sé que me están buscando, no lo hagan.

Estoy bien, me fui por mi propia voluntad y no planeo regresar, agradezco su preocupación mas no la acepto. Me cansé de ser lo que ustedes quieren que sea… un héroe, seré muchas cosas pero definitivamente no un héroe… ingenuo es la palabra que más me describe.

Fue un placer conocerlos y por favor sigan con su vida, que de la mía yo me preocupare.

Harry

Cerró los ojos, no, no podía haberla escrito Harry… no sólo era una carta de despedida, sino una donde dejaba más que claro que no quería volver. Había ignorado todos los aspectos de la carta excepto el "y no planeo regresar" ¿Qué haría sin él?...

—Bueno, eso es todo lo que sé… seguiré buscando pero hace cuatro meses que no me entero de nada más, así que pido su ayuda y comprensión. —pidió la triste voz de Dumbledore.

—No está muerto. —dijo Sirius, tratando sacar algo positivo de la situación. —Pero él nunca haría algo así…

—Estoy de acuerdo. —secundó Dumbledore tratando de sonreír, pero era una sonrisa sin vida y llena de nostalgia. —Por eso seguiremos buscándolo, después de todo, estoy seguro de que no se perderá su quinto año en Hogwarts. 


Eran las 7 de la tarde cuando la señora Weasley les informó queojolocoMoody vendría para cenar junto con Dumbledore, Tonks y Lupin. Hermione no le interesaba mucho que ellos vinieran, eso sólo indicaba que sería otra cena aburrida, intentando evitar a toda costa el tema de Harry.

Realmente comenzaba a aborrecer aquel lugar, no podía soportar ver las caras de los señores Weasley con aquella sonrisa fingida ocupando sus labios; cómo Sirius apenas salía de su habitación y, de las remotas ocasiones que decidía cenar con ellos en lugar de en su cuarto, sus ojos poseían una hinchazón notable de tanto llorar; mientras que lo demás… ellos habían optado por fingir que nada estaba pasando… después de todo, los Weasley no eran precisamente expertos con el sentimentalismo. Pero ella no lo había soportado, después de enterarse, solía ir al viejo armario de escobas en las afueras de la casa y llorar, descargar toda su tristeza, rabia y frustración sin que nadie lo notara, sin demostrarle a nadie que Harry Potter siempre había sido su debilidad… su talón de Aquiles; que el pensamiento de que hubiera sido secuestrado por mortífagos hacía que la imperiosa necesidad de ayudar en su búsqueda surgiera; que moría lentamente por dentro al imaginar que nunca más lo vería; que culpaba internamente a todos los aurores -incluyendo a Moody, Tonks y Lupin- por ser tan poco eficientes, llegando incluso a aborrecerlos en silencio; que ni siquiera podía escuchar su nombre sin sentir un terrible vacío en su pecho.

Se dejó caer sobre la acolchonada superficie de la cama, decidiendo que ya había sufrido bastante por aquel día y no era necesario seguir martirizándose.

—Buenos días.

Abrió los ojos y se levantó tan rápidamente que se escuchó un sonido seco en sus caderas. Conocía esa voz, la reconocería en el mismísimo infierno. Contuvo la respiración al notar que no estaba sola en la habitación, se giró lentamente encontrándose aquella mirada ojijade.

—Harry. —murmuró aunque dudaba si lo había dicho en voz alta.

Por alguna extraña razón sabía que aquello no era real, estaba totalmente consciente de que en algún momento se había quedado dormida y aquello era un simple sueño. Harry no estaba ahí… era sólo su subconsciente, que materializaba su mayor anhelo… sin embargo, aquello era más que suficiente.

Lo miró unos segundos, él estaba sentado a su lado y la observaba con el entrecejo levemente fruncido, las gafas se habían resbalado por su nariz, su corto cabello azabache seguía igual de indomable… era apuesto, sin duda alguna era la persona más bien parecida que conocía.

—Nunca he entendido cómo haces eso… dormirte con tanta facilidad. — bromeó poniendo los ojos en blanco y poniéndose de pie, comenzando a rondar por la habitación.

—Ni yo cómo tú desapareces con tanta facilidad. — contratacó sin perderlo de vista, haciéndolo reír… y ese sonido fue el sonido más hermoso y mágico que había escuchado jamás, definitivamente no quería despertar.

—Muy lista. —apremió guiñándole el ojo. —Aunque nunca fuiste muy intuitiva.

—Lo suficiente para saber que terminaras regresando. —dijo.

Era increíble, estaba discutiendo con Harry en su sueño, estaba discutiendo con una ilusión… y, lo más patético de todo, era la persona más feliz del mundo por estar ahí… con él.

—Quizá. — corroboró sonriendo.

Se quedaron mirando unos segundos, él lucía completamente relajado y ella extrañamente se sentía más completa y feliz que nunca, él la complementaba sin duda alguna… de alguna manera, sólo era ella cuando Harry estaba ahí.

— Te tengo un obsequio. — dijo abruptamente mientras su mano viajaba a su túnica, extrañamente traía puesto el uniforme del colegio.

— ¿Qué es? — inquirió mirando con curiosidad cómo éste sacaba algo brilloso de su bolsillo.

Se levantó caminando hacia él pero Harry retrocedió rápidamente dejando un espacio considerable entre ambos, impresionado por la repentina cercanía, gesto que Hermione no pasó desapercibido. Sonrió mientras se disculpaba con la mirada, empezó a estirar la mano hacia ella cuando repentinamente se tensó, giró a ver hacia la puerta con un semblante serio antes de mirarla nuevamente, pero aquel brillo tan distintivo de él había desaparecido.

—Ten. —estiró su mano dejando caer aquel objeto en la mano de Hermione, siendo sumamente cuidadoso en que estas no tuvieran ningún tipo de contacto. —Cuídate.

Antes de que ella pudiera comprender lo que estaba sucediendo Harry desapareció, se guardó aquel extraño artefacto en el bolsillo sin mirarlo si quiera antes echarse a correr tras él. No tenía ni idea a donde había ido, pero no le interesaba… sabía que no soportaría seguir así… no podía estar sin él en su vida…

—Hermione… despierta. —sintió que alguien estaba zarandeándola. Se levantó exaltada sentándose en la cama con los ojos muy abiertos, jadeaba profundamente cómo si acabara de correr un maratón. —¡Tranquila!

Vio que Ginny la observaba con una genuina cara de preocupación en su rostro, la escudriñó unos segundos intentando decidir si debía llamar a su madre para examinar a su amiga.

—Estoy bien. —mintió Hermione leyéndole el pensamiento.

—Ya lo veo. —contestó sarcásticamente, alzando ambas cejar sin dejar de examinarla, suspiró pesadamente antes de continuar. —Estabas teniendo una pesadilla… no dejabas de repetir el nombre de Harry…

—Sí… yo…—dijo apenada, intentando inventar alguna excusa que no sonara tan alocada cómo la verdad.

—No tienes que explicarme nada. —se apresuró a decir Ginny sonriendo. —Supongo que es normal… relájate, ¿vale?

—Vale. —vio cómo Ginny abandonaba la habitación cerrando la puerta.

Se puso de pie intentando no pensar en lo que acababa de soñar, intentando no pensar en él… se quedó paralizada al dar el primer paso hacia la salida, sintió algún extraño bulto dentro de su bolsillo que hizo que los pelos se le pusieran de punta y su corazón se acelerara a un ritmo inverosímil, ¿podría ser que…?

Se llevó la mano lentamente hacia el bolsillo, temerosa de que aquello no fuera más que una ilusión. Lo tomó en su mano sacando aquel objeto y tuvo que llevarse la mano libre a la boca para ahogar el gritó de impresión, era una piedra… la piedra más hermosa que había visto jamás… era del tamaño de un reloj de bolsillo con forma hexagonal y de un intenso color verde jade… idéntico al color de ojos de Harry. Sin embargo no era más que eso, una piedra. ¿Por qué Harry habría profanado su sueño para entregarle una piedra? Tenía que haber algo oculto en todo aquello.

—Revélate—murmuró viendo un déstello salir de su varita azotando contra aquella piedra… pero nada sucedió. ¿Por qué demonios Harry le dejaría una cosa así? Intentó comprender el significado de aquella piedra… pero nada, no había una solución lógica.

—Han llegado los invitados, bajen por favor. —escuchó la voz del señor Weasley llamándolos.

Hermione rápidamente se metió la piedra en el bolsillo de sus jeans y bajó la escalera. Tonks y Lupin se encontraban en el comedor, lucían cómo si no hubieran dormido bien en un buen tiempo, se les notaba a leguas que aquellos días no habían sido fáciles para ellos… aparentemente la desaparición de Harry Potter no sólo le afectaba a ella.

—Siéntense, siéntense. Ya les sirvo. —con un movimiento de varita la señora Weasley apareció todo un festín digno de reyes en la mesa. Todos se sentaron cómodamente empezando a servirse, Hermione tomó lugar entre Tonks y Ginny mientras la primera cambiaba su color de pelo a rosa chicle.

Sin poder evitarlo, escudriñó cuidadosamente a Tonks; unas ojeras se ceñían bajo sus ojos, siendo resaltadas por su color de pelo rosa chillón; se notaba más delgada de lo normal y aquello le preocupó al instante… ¿Por qué carajo Harry Potter se había convertido en algo tan fundamental?

—¿Han averiguado algo? —preguntó Sirius al tiempo que se sentaba en la mesa.

Todos sabían lo mal que la había estado pasando, perder a su único familiar no debía ser fácil, y por razones obvias, no podía salir a buscarlo, por lo que su único medio de enterarse de lo que pasaba eran las esporádicas ocasiones en las que Dumbledore los visitaba.

—Todavía nada, Sirius. —contestó Lupin con la tristeza denotándosele a cada palabra. —No podemos poner carteles de "Se busca" porque crearía una conmoción en el mundo mágico. Necesitamos ser más sutiles en cuanto a su búsqueda.

—No tengo idea porque se preocupan tanto, Harry se sabe cuidar solo. —dijo Tonks intentando apaciguar el ambiente, aunque había un deje de angustia en su voz.

—No es el hecho de que se sepa cuidar solo, Tonks, el problema es que El-que-no-debe-ser-nombrado esta tras de él. —rebatió el señor Weasley. —¡Aparte, irse sin avisar!

—Él sabía que no lo dejaríamos ir solo. —razonó Sirius. —Es igual a su madre en ese aspecto, cuando quiere conseguir algo lo hace, de una manera u otra.

—De cualquier modo, estoy segura de que se encuentra bien. —repitió Tonks. Hermione sabía que ésta le tenía mucho aprecio a Harry, lo veía cómo a su propio hijo y prefería mil veces vivir en la mentira de que estaba bien a aceptar que Harry los había dejado para siempre. —Hedwig tampoco estaba en su cuarto, por lo que se llevó con él a la lechuza.

—No creo que la lechuza lo pueda salvar contra Voldemort. —dijo Sirius con desdén. Tonks estaba a punto de rebatir cuando empezaron a tocar la puerta.

—¿Santo y seña? —preguntó el señor Weasley ya junto a la puerta.

—¿Santo y seña? ¡Qué patrañas son esas, Arthur! Ésta casa está protegida para que nadie la pueda ver a menos que sepa el hechizo y la manera correcta de entrar… ¡y aun así pides santo y seña!—gritó la inconfundible voz de Moody. Los presentes comenzaron a reír mientras que el señor Weasley se ponía rojo cómo tomate y lo dejaba entrar rápidamente, seguido de Dumbledore.

—¿Cómo les fue en el viaje?—inquirió Lupin con cordialidad mientras los aludidos tomaban asiento.

—Igual que siempre, Remus, igual que siempre. —respondió Dumbledore con voz melancólica. —No hay rastros de él… ni una mísera pista.

—Estamos hablando de Harry Potter, no nos enteraremos de nada que él no quiera. —dijo Moody con su tosca voz. —Ese chico… cada vez me sorprende más y más.

—¿Por qué? ¿Sabes algo de él?—dijo desesperado Sirius.

—Sé que se fue de la casa por su propia voluntad.

—Se los dije. —anunció Tonks con orgullo impregnado en la voz.

—No podemos estar tan seguros. —intervino Dumbledore. —conozco a Harry y él no es el tipo de chico que abandona su hogar de un día para otro.

—Toma en cuenta que él nunca vio a Privet Drive cómo su hogar, muy al contrario, lo detestaba. —observó Moody.

— Pudo haber acudido a nosotros. —opinó la señora Weasley, ofendida de quedarse rezagada de aquella conversación.  

—Quizá tenga razón. Bueno yo ya me tengo que marchar, han ocurrido unos problemas en el ministerio que... Uff... Bueno me voy. —murmuró apresuradamente Moody saliendo deprisa. Todos siguieron con una menuda plática cambiando de tema.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la tranquilidad de la Madriguera… ¿Ahora quien estaría tocando? No faltaba nadie, nadie más sabía la ubicación de la Madriguera. Todos los adultos se pusieron de pie apuntando la varita hacia la puerta, los menores de edad los imitaron al entender lo que pasaba.

—¡Identifíquese!—gritó con voz de autoridad Lupin. Cómo respuesta se escuchó al otro lado una risa melodiosa, se oía bastante bien a decir verdad, bastante varonil. —No lo repetiré una vez más, ¿Quién está ahí?

De nuevo, no hubo respuesta. Dumbledore se acercó a la puerta cuidadosamente con la varita levantada.

—Harry. —respondió una voz distante y fría, justo antes de que Dumbledore conjurara un hechizo, todos en la habitación contuvieron la respiración—Harry Potter.

Inmediatamente la mano de Dumbledore tomó el pestillo.

—Pruébalo. —musitó. —Cuales fueron las palabras…

—¿Qué otra persona sabría la ubicación de éste lugar?—lo interrumpió, Hermione notó que su voz era hipnotizadora, tan varonil... le había cambiado definitivamente. Dumbledore comenzó a abrir la puerta lentamente, cómo temiendo que en cualquier momento un mortífago irrumpiera en la habitación.

Harry… era Harry, pero se veía tan diferente que cualquiera que no lo conociera tan bien cómo ellos no lo reconocería fácilmente. Su rostro había abandonado cualquier rastro de rasgos infantiles, ahora sus facciones se veían endurecidas y perfectas; sus hermosos ojos jade eran rodeados por unas ojeras de considerable tamaño, estaba recargado contra el marco de la puerta con expresión de total desinterés… y, por algún extraño motivo, se veía bien… demasiado bien. Tenía un aire misterioso y aventurero y, por extraño que parezca, las ojeras se veían bien en su rostro al resaltar aquellos ojos, su cabello le llegaba un poco menos del hombro igual de desordenado que siempre y se veía que definitivamente había estado ejercitándose… era sin lugar a dudas el hombre más apuesto que había visto jamás. Habría dudado de su juicio mental sino fuera porque no sólo a ella le había gustado su apariencia, con el rabillo del ojo logró visualizar cómo Ginny abría los ojos cómo platos y bajaba su varita, escudriñándolo de arriba abajo, mientras el cabello de Tonks se ponía de un rojo llameante igualmente observándolo boquiabierta. 

Harry no sonreía, muy al contrario, su cara no tenía expresión alguna, con las manos en los bolsillos de sus vaqueros y una mueca de indiferencia adornando su rostro entró a la Madriguera en la que el silencio adornaba la habitación. Todos fueron tranquilamente a la sala, cómo si aquella se tratara de una reunión cualquiera, sin embargo el hecho de que nadie perdía de vista a Harry demostraban lo contrario. Tomaron asiento mientras él se recargaba contra el extremo de la chimenea, mirando despreocupadamente hacia el suelo.

El corazón de Hermione latía a ritmo inverosímil mientras lo veía ahí, de pie… hacia cuatro meses que no sabía absolutamente nada de él y al momento de verlo había usado todo su control mental para no echarse a sus brazos llorando… pero había algo diferente en Harry… algo que, no podía negar, le atraía de sobremanera.

—¿Dónde has estado? —saltó Sirius mirándolo con los ojos desorbitados, definitivamente estaba molesto y estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse tranquilo. —Me he pasado cuatro meses sin saber dónde estabas, ¡Peor aún! Preocupado de que siguieras con vida.

—Creí que la carta había sido más que clara. —comentó él, sin mirarlo si quiera. —Por ahí.

—¿Donde? —presionó Tonks.

—Más bien con quien. —puntualizó Dumbledore, levantándose y acercándose a él con un caminar lento, una sonrisa se formó en los labios del aludido, pero era una sonrisa fría, carente de felicidad.

—Dumbledore, no es el momento. —se apresuró a decir Molly, mirando a los menores de edad presentes.

—Tranquila, no tengo intenciones de contar nada. —dijo Harry decidido y viendo retadoramente a Dumbledore.

Sus miradas se conectaron durante segundos que parecieron horas, el ambiente era tan tenso que incluso parecía que de un momento a otro empezarían a saltar maldiciones y hechizos por doquier.

—Nos contaras todo… por un medio u otro. —aseguró Dumbledore con un tono de voz que nunca había utilizado, tan intimidante que el mismo Voldemort lo hubiera obedecido.

—¿Por qué habría de hacerlo?—cuestionó Harry sin inmutarse, con la misma actitud indiferente que tuvo desde que entró.

—Ahora. —Dumbledore apuntó con su varita hacia Harry, pero éste no se intimido, muy al contrario una sonora carcajada salió de sus labios. —¡Nos has traicionado!

El profesor arremetió contra el aludido, arrinconándolo contra la pared poniendo su antebrazo sobre su cuello mientras su otra mano se aseguraba de enterrar su varita sobre la cien de Harry.

—¿Hablaremos de traiciones?—preguntó cómo si aquello le hiciera gracia, aun estando a punto de ser ahorcado y/o maldecido no lucía ni un poco intimidado.

Notó cómo Dumbledore ejercía más presión contra el cuello de Harry, esa fue la gota que derramo el vaso, Hermione no podía quedarse con los brazos cruzados, estaba a punto de ver cómo Dumbledore eliminaba a su mejor amigo.

—¡Basta!—saltó Tonks poniéndose de pie un segundo antes que Hermione lo hiciera. —¡Por favor, Dumbledore! ¡Cómo puedes siquiera pensar que Harry es un mortífago!

Entonces Hermione finalmente entendió por dónde iba aquella conversación, creían que Harry se había unido a Voldemort… pero ¿Por qué se uniría contra alguien que odia? Y ¿Por qué Dumbledore pensaría eso?

Cuando puso atención nuevamente la escena había cambiado, Tonks estaba apuntando amenazadoramente a Dumbledore mientras éste miraba a Harry quien caminaba tranquilamente por la sala completamente ajeno a lo que sucedía.

—¿Qué no lo notaste? Esa frialdad al hablar, ese cinismo…

— No por eso tiene que ser un mortífago, Albus. —opinó la señora Weasley parándose también.

—Entonces que lo pruebe. —terció Sirius, levantándose y apuntándolo con la varita. —Si no eres uno de ellos no tendrás nada que esconder.

Todo era confuso, las cosas habían sucedido tan rápidamente que de repente todos los adultos estaban levantados excepto el señor Weasley y Lupin quienes miraban la escena con gesto de sorpresa. Los menores estaban sentados en el sillón, sin creer lo que estaban viendo.

—¿Y qué pasaría si lo fuera?—preguntó él con una media sonrisa—¿Que harían?

—Te juro que no volverías a pisar ésta casa jamás. —retó Sirius viéndolo de manera amenazante.

—¡Aquí siempre será bienvenido!—gruñó Molly, apuntando su varita hacia Sirius. —¡No te atrevas a hablar por los Weasley!

—Mi casa será su casa también. —dijo Tonks levantando su varita hacia Dumbledore.

—Harry siempre ha sido mi alumno, y me ha apoyado cuando lo necesite… pero algo así no lo perdonaría. —habló Lupin levándose y apuntando su varita hacia Harry quien tenía una mueca indescifrable en su rostro.

Nymphadora miró a Lupin con decepción grabada en los ojos mas no dijo nada ni bajó la varita.

—No permitiré que le toquen un solo cabello. —aseguró Tonks haciendo que la vista del ojijade se fijara rápidamente sobre ella, pero su mirada estaba vacía… completamente carente de emociones.

—No tienen por qué pelearse, aun así no planeo volver a poner un pie aquí. —sentenció con su mirada perdida en la nada, los demás al escucharlo bajaron las varitas, incluso Dumbledore tenía gesto de confusión.

—Y… ¿Por qué no? —cuestionó.

—Tengo otros planes. —respondió vagamente. —Sólo vine a decir que estaba con vida.

—¿Y cuáles planes?... cabe informarte que sigues siendo un menor de edad de quince años. —agregó Dumbledore al notar que no tenía intenciones de hablar—y sé que ya no vives más con tus tíos.

—No necesito a nadie que me cuide. —respondió. Aquello no había manera de rebatirlo, prácticamente desde que nació había tenido que criarse en la soledad, era obvio que podía cargar con lo suyo.

—¿Sabes a los peligros que estás expuesto? ¡Voldemort te sigue buscando!

—Pues que así sea. —tajó mirando las llamas de la chimenea.

—No podrías contra él, no tienes idea de los poderes oscuros que posee. —exaspero el director levantando la voz y mirándolo.

— Usted tampoco tiene idea de los míos, ¿acaso creyó que he estado perdiendo mi tiempo?—cada palabra que decía dolían cómo acido, los ojos de Dumbledore se humedecieron. Ese no era Harry… ese no era su Harry. —Pues no, Dumbledore, estoy más que cansado de ser aquel niñato protegido.

—¿Qué te pasó?—preguntó Hermione, más para ella misma que para los demás.

Pudo observar cómo las miradas se clavaban en ella, pudo notar cómo sus propios ojos se humedecían, el aludido se acercó lentamente a ella.

 —Vamos, ¿que no me reconoces?—dijo sonriendo con frialdad al tiempo que se detenía frente a ella y la miraba directamente a los ojos, jade y ámbar se encontraron, Hermione sintió cómo todas su fuerzas la abandonaban y su corazón se aceleraba.

—Si le pones un dedo encima te juro que te mato. —dijo Ron empujando agresivamente a Harry hacia atrás y apuntándolo con la varita, de nuevo éste no su inmutó.

—¿Me matarás? —repitió, con el desafío de que lo hiciera implícito en la voz. Se acercó unos pasos a él, se notaba cómo el nerviosismo de Ron aumentaba ante la cercanía, el tembloteo de su mano lo delataba.

—¡Suficiente! Ustedes cinco, a la cama. —dijo la señora Weasley amenazándolos con la mirada a Hermione, Ron, George, Fred y Ginny.

—¿Qué? Claro que no. —dijeron los gemelos al unisonó

—Yo tampoco me iré. —dijo Ginny

—Pienso igual. —Terció Ron, bajando su varita y sentándose junto a Hermione protectoramente con la mirada puesta en Harry.

—¡Ahora!—rugió Molly y se levantó poniendo las manos en su cintura y mirándolos, acto seguido los cuatro Weasley se pusieron de pie quejándose pero empezando a abandonar la estancia.

Hermione se levantó echándole una última mirada a Harry… pero éste ya había girado el rostro viendo las llamas de la chimenea, sin otra opción Hermione se fue a dormir con la idea deque nunca sabría de lo que hablaron esa noche y con la esperanza de que Harry seguiría ahí al día siguiente.